LIBRO: DESMONTANDO LA VASCONIZACIÓN TARDÍA (A LA VENTA EN AMAZON 10 EUROS)


DESMONTANDO LA VASCONIZACIÓN TARDÍA

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1. INTRODUCCIÓN A LA HIPÓTESIS Y AL DOCUMENTAL
2. HACE 400 AÑOS DE LA PRIMERA HIPÓTESIS DE UNA VASCONIZACIÓN TARDÍA
3. LA HIPOTESIS DE UNA VASCONIZACIÓN TARDÍA EN EL SIGLO XX
4. LA HIPOTESIS DE LA VASCONIZACIÓN TARDÍA, NUEVA VERSIÓN EN EL SIGLO XXI
5. EL CELTISMO EN LA HIPÓTESIS DE LA BASKONIZACIÓN TARDÍA
6. LAS PRIMERAS PALABRAS EN EUSKERA CONTRADICEN LA HIPÓTESIS DE LA “BASKONIZACIÓN TARDÍA”
7. ¿CUÁL ES LA PALABRA ESCRITA EN EUSKERA MÁS ANTIGUA?
8. IRUÑA DE OKA, LA CIUDAD ROMANA DE VELEIA
9. LOS NOMBRES DE LOS PUEBLOS PRERROMANOS DE BASKONIA Y SU IDIOMA
10. LA ARQUEOLOGÍA DESMONTA LA HIPÓTESIS DE LA BASKONIZACIÓN TARDÍA
11. LA SIDERURGIA ALTO MEDIEVAL Y EL HORNO VASCO
12. LA ESVÁSTICA Y EL LAUBURU NO SON CELTAS
13. LO QUE NO ES CELTA EN NUESTRA TOPONIMIA
14. EL ENIGMA DE LOS MAIRUBARATZ, UNA EXPLICACIÓN
15. GÉNESIS DE LA NACIÓN VASCA o NABARRA
16. LA TEMPRANA BASKONIZACIÓN
17. LOS BASKONES DOMINARON A LOS GODOS UNA Y OTRA VEZ




1. INTRODUCCIÓN A LA HIPÓTESIS Y AL DOCUMENTAL





El documental “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía” ha sido dirigido por Josu Venero y fue presentado en el Festival de Cine de San Sebastián del 2014. Después se han emitido una serie de documentales siguiendo el mismo hilo argumental en la EiTB. El único protagonista de esta serie es el historiador Alberto Santana y se basa en la hipótesis de partida del celtismo de una parte de Euskal Herria: "La hipótesis dice algo aparentemente tan brutal y conflictivo como que en Gipuzkoa, Bizkaia y Álava la lengua propia y original antes de los romanos no era el euskera, sino que probablemente era un idioma celta”. Esta hipótesis casi centenaria fue renovada con los trabajos de Joseba K. Abaitua Odriozola y Miguel Unzueta Portilla: “Ponderación bibliográfica en historiografía lingüística. El caso de la vasconización tardía”.

Según explica en su web la propia EiTB: “El documental mantiene la hipótesis de que antes del siglo VI en la Vasconia occidental no se hablaba euskera y afirma, que a partir de esta época el euskera se consolidó en el entorno de la ciudad de Pamplona, procedente de los valles pirenaicos, desde donde se extendió por todo el territorio de Vasconia. "No es una hipótesis definitiva", señala Santana, pero en su opinión es la hipótesis que mejor explica esa etapa de nuestro pasado. Además de los datos que recaba y los vestigios que muestra “Vasconiako historia bat”, el documental recoge las palabras de Joseba Abaitua, lingüista de la Universidad de Deusto y co-guionista del documental; Joaquín Gorrotxategi, catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad del País Vasco; Juan José Larrea, profesor de Historia Medieval de la Universidad del País Vasco; Concepción de la Rúa, catedrática de Antropología Biológica de la Universidad del País Vasco, y Agustin Azcárate, catedrático de Arqueología de la Universidad del País Vasco”.

La directora de la EiTb Maite Iturbe explica que: "La teoría que presenta el documental sobre el origen del euskera no está muy extendida, pero investigadores de diferentes campos han puesto sobre la mesa importantes descubrimientos y reflexiones. Este trabajo divulgativo es una aportación que contribuye a enriquecer el debate científico".

La sinopsis de la película tiene claroscuros que podemos ir desgranando. La primera parte es actual y correcta: “Desde hace 25 años en Santimamiñe, en Finaga, en Buzaga y, sobre todo, en Aldaieta, se descubren nuevos cementerios de familias de guerreros armados con terribles hachas de combate y espadones de doble filo que han dado la vuelta a todo lo que creíamos saber sobre los años oscuros desde la caída del Imperio Romano y los tiempos de los visigodos. Los expertos creen que es probable que en estos años se creara una Vasconia de influencia germánica, no goda (…)”.

Como escribía el jefe de las excavaciones de Aldaieta Agustín Azcarate: “Lo sorprendente es que esta gente se entierra con unos ritos funerarios y unos materiales que no tienen nada que ver con la Hispania visigótica, sino más bien con el mundo franco del norte de los Pirineos”. Es sorprende para el que buscaba otra cosa (la fábula del origen godo de España) y normal para las historiografía baskona-nabarra. Pero hay que hacer un importante matiz, los arqueólogos franceses, entre los que se encuentran N. Aberg, E. James o S. Lerenter, distinguen perfectamente en las distintas excavaciones que han realizado, un conjunto de caracteres arqueológicos definido como “facies vascona” o “aquitana”, diferenciable de otros calificados como “septentrional o franca”. Es decir, tras la caída del Imperio Romano Occidental, los restos de los lugares mencionados y otros como Pamplona-Iruñea y Tafalla en Alta Navarra, Argiñeta y Mesterika en Bizkaia o los de Zornoztegi, Aistra y Alegría-Dulantzi en Alaba, nos hablan de una comunidad de gentes, Pueblo o nación, diferente a la goda y a la franca llamada en las crónicas baskona, con su epicentro político en el río Garona (Burdeos-Toulouse) donde residían los príncipes y condes baskones cuyo poder llegaba hasta el río Ebro y más al sur, tal y como veremos al describir someramente lo encontrado en dichas excavaciones.

Después viene la parte oscura de la sinopsis de la película que está también recogida en el título, “euskaldunización tardía: (…) una Vasconia que extendió el euskera de los vascones hasta los territorios occidentales de Euskal Herria, la actual Comunidad Autónoma Vasca (sic.)”. Esta teoría se contradice con la arqueología, la lingüística, la etnografía, la toponimia, los textos históricos (inexistentes) y, encima, su fundamento primigenio, es totalmente anacrónico como veremos.


2. HACE 400 AÑOS DE LA PRIMERA HIPÓTESIS DE UNA VASCONIZACIÓN TARDÍA



Arnault Oihenart (Maule 1592-Donapaleu 1667) era miembro en Donapaleu del último Parlamento de Nabarra libre (Baja Nabarra, Iribarren en su nombre original). El rey de Francia Luis XIII no fue aceptado como rey de Nabarra y ayudado por el cardenal Berulle, entró el 15 de Octubre de 1620 con su ejército en Pau (capital del Bearne), y disolvió también el Parlamento de Nabarra, para proclamar su unión a la corona francesa: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Nabarra y nuestro país y soberanía de Bearn, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”. El reino pirenaico reunido en Juntas rechazó el “Edicto de unión”, pero fue incapaz de hacer frente al poderoso ejército francés.

El jurista e historiador Arnault de Oihenart escribió después uno de los primeros libros en euskera de la historia con el título “Les Proverbes Basques recueillis par le Sr. D'Oihenart, plus les poésies du mesme auteur” (1657). En realidad esta obra comprende dos partes: “Atsotitzac edo Refrauac” y “Oten gastaroa neurthizeatan”; la primera parte más extensa es una colección de refranes y la segunda contiene poemas, la mayoría de carácter amatorio y en algún caso religioso.

Pero la obra más conocida de Oihenart es sin duda “Notitia Utriusque Vasconiae, tum ibericae, tum aquitanicae” escrita en latín. En ella se cuestionó por primera vez la hipótesis sobre el origen de los vascos conocida como “el vasco-cantabrismo” y se formuló también por primera vez una nueva hipótesis que será conocida como “la vasconización tardía”.

En el siglo XVII estaba en boga la hipótesis del vasco-cantabrismo, que partía de la referencia a la estoica defensa de la que hablaban los textos grecolatinos frente a las legiones romanas de los “cántabros”, lo cuales, según esta teoría, eran en realidad los “vascones” prerromanos, lo que explicaría la supervivencia del euskera de aquellos “cántabros” sin romanizar.

La primera mención a esta cuestión es del historiador leonés Lucas de Tuy “el Tudense” (fallecido en 1249) en su “Chronicon mundi”, el cual llamó “rey de Cantabria” al rey de Nabarra y “cantábricos” a todos sus súbditos, cuando ya los reyes de Nabarra no usaban el término que en los siglos X-XI se empleó para denominar a una parte de La Rioja y no a todo el reino de Nabarra, debido a la repoblación de la Sonsierra con cántabros vencidos en época romana y donde una población hoy abandonada aún lleva el nombre de “Cantabria”.

Serían las primeras referencias historiográficas conocidas a la cuestión del “cantabrismo” de los baskones. Según recoge la Enciclopedia Auñamendi, existió toda una corriente historiográfica que comenzaba por el cronista soriano Alonso Fernández de Palencia (conocido como Alfonso de Palencia, 1423-1492), el cual llamó «Regum Cantabriae» al reino de Nabarra en su Crónica del rey castellano Enrique IV “Gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis”. Del mismo modo, el Obispo de Gerona Juan Margarit Pau (1421-1484) de la corona de Aragón, en su “Paralipómenon Hispaniae”, expresó en latín que “la Cantabria contenía todo el reino de Nabarra, y tenía los tres pueblos de várdulos, vascones y berones”.

El literato Fray Antonio de Guevara al escribir en 1539 sus “Epístolas familiares”, tenía bien claro dónde estuvo Cantabria: “el oráculo de los hispanos era Proserpina, cuyo templo estaba en Cantabria, que ahora se llama Navarra”. Los historiadores discutieron hasta el siglo XIX sobre esta cuestión, y la palabra cántabro pasó de significar “nabarro”, a “vasco” en general, a sólo “vasco occidental” e incluso a “euskaldun” (en la terminología actual), según el autor y época. Así tenemos que vascos tan dispares en su procedencia y siglo como San Francisco de Xabier (alto nabarro) o San Ignacio (gipuzkoano) en el s. XVI y el zuberotarra Agosti Xaho en el siglo XIX digan que son “cantaber”. La polémica incluso “saltó el charco” pues Balthasar Echave "el Viejo" escribió su “Discurso de la antigüedad de la lengua cántabra” en México en el año 1607, el cual era una encendida defensa del uso del euskara entre los vasco-americanos, en este autor, la lengua cántabra es el euskera.

(Para más información se pueden leer los artículos:
https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/08/las-seis-cantabrias-y-los-baskones.html
https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/09/el-nabarro-cantabrismo.html
https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/10/historiografia-sobre-el-vasco.html)


El historiador tolosarra Pablo Gorosabel (1803-1868) en su libro “Noticias de las cosas de memorables de Guipúzcoa” (1868) comentaba cómo fue Oihenart el que puso los cimientos para desmantelar la hipótesis vasco-cantabrista: “Este distinguido escritor trató de probar en ella que el límite oriental de dicha región en tiempo de los romanos era tirando una línea desde los montes de Oca hasta la villa de Laredo, con lo cual excluye de esta comarca a Guipúzcoa, Vizcaya, Alava, Navarra y Rioja (…) Por lo que hace a la época de la denominación de los godos y sarracenos, reconoce Oihenart que el nombre de Cantabria se aplicó al territorio de la Rioja”.

Arnault Oihenart rechazó por tanto y por primera vez en su obra “Notitia Utriusque Vasconiae” el vasco-cantabrismo, el cual había sido el eje central de la historiografía de los baskones hasta entonces y lo será durante dos siglos más: “que en latín se denominan cántabros a los que los franceses llaman vascos o vizcaínos y los españoles vascongados”. Todavía no se empleaba de manera general la voz “vasco” que extendió el etnólogo y naturalista alemán Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX, usada entonces por los franceses o el Vaticano tan sólo para los vascos continentales.



Si Oihenart puso los cimientos para descartar la falsa hipótesis del vasco-cantabrimo, creó sin embargo en el libro mencionado sobre la historia del Pueblo vasco otra nueva falsa hipótesis sobre un posible corrimiento del Pueblo de los “vascones” del sur pirenaico hacia el continente a Novempopulania-Aquitania donde habitaban los Ausko (en plural latino “ausci” de donde deriva el nombre). La hipótesis tenía como base la confusión entre los “vascones” prerromanos y los “vascones” medievales, nombre éste que desde el siglo V con Idacio abarcaba a todas las gentes euskaldunas desde los ríos Garona al Ebro.

La documentación que podía apoyar la hipótesis de Oihenart es escasa, por ejemplo se sabe el caso de San Beltrán de Commiges al pie del valle de Aran (origen del río Garona-Garonne), el cual fue repoblado con los baskones que Pompeyo Strabón, padre de Pompeyo el Magno, llevó a esas tierras en los primeros años del siglo I a.C. (Lugdunm Convenarun), al menos es lo que apuntaba tardíamente San Jerónimo (372-420, balcánico), el cual matizaba además que eran baskones de la “sojuzgada Pamplona” (75 a.C.).

También existe una frase mucho más tardía en “Historia Francorum” de Gregorio Tours del año 587, la cual se puede considerar la base de esta hipótesis: “Irrumpieron los vascos de entre las montañas, bajaron a los llanos, devastaron viñas y campos, incendiando las casas, llevándose a muchos cautivos con sus ganados. Contra los cuales actuó a menudo el duque Austrovaldo, pero causándoles poco daño”.

La hipótesis sobre la invasión de los baskones sur pirenaicos sobre Aquitania y también a los territorios occidentales donde habitaron bardulos, karistios y autrigones (aproximadamente desde el río Asón hasta el Urumea), dice Oihenart que aconteció en el siglo V y lo explicaba así: “Dije en el primer libro de esta obra que los Vascos (en referencia a los vascones prerromanos mencionados) habitaron en el lado citerior del Pirineo, en Hispania, en tiempo antiguo, y de esto no existe entre los doctos controversia alguna (…). Después de la muerte de Graciano, decaído y tendido al fin el dominio de Roma en la Galia y en Hispania, y particularmente devastada la región pirenaica por los alanos, vándalos, suevos…que dos años antes de la toma de Roma…atravesando el Rhin, había invadido la Galia, y llegado hasta el Pirineo: y detenidos algún tiempo por este obstáculo, se habían derramado por las vecinas comarcas…, no fue difícil a los Vascos (en referencia otra vez a los vascones), pueblo belicoso y deseoso de dilatar sus fronteras, el enseñorearse de aquel país montañoso, que está al pie del Pirineo por el lado de la Galia. Cuánto adelantaron en aquel ímpetu, difícilmente nadie podrá determinar”.



Entre otros muchos, Julio Caro Baroja escribió contra esta hipótesis original de “la vasconización tardía” en su libro “Sobre la lengua vasca y el vasco iberismo” (1988): “Yo no me explico cómo teniendo a la vista varios textos de Estrabón, varios autores se han empeñado en sostener que la existencia de la lengua vasca en Francia (sic.) es debida a invasiones medievales, idea que ya mantuvo Oihenart (…)”.

La arqueología desmontó por completo la hipótesis de Oihenart como el propio historiador zuberotarra desmontó la hipótesis del vasco o nabarro-cantabrismo. Se ha demostrado que esta primera hipótesis de la “vasconización tardía” es falsa ya que han aparecido en Aquitania unos 400 antropónimos y 70 teónimos euskera en lápidas y aras votivas, por lo que ha aquedado acreditado que los “ausko”, el Pueblo que habitaba Novempopulania-Aquitania romana, tenía el euskera por idioma.

Sin embargo, lo curioso es que, siglos después de Oihenart, nuevos escritores, algunos historiadores y filólogos españoles, siguen sosteniendo nuevas versiones de ésta varias veces centenaria hipótesis de la “vasconización tardía” que nos recuerda mucho a lo acontecido con la historiografía sobre el “vasco-cantabrismo”.




3. LA HIPOTESIS DE UNA VASCONIZACIÓN TARDÍA EN EL SIGLO XX



Esta tesis que planteó Arnault de Oihenart en 1638 fue retomada por el conocido historiador y arqueólogo iberista Manuel Gómez-Moreno (Granada 1870-Madrid 1970), el cual en 1925 decía que “Las modernas provincias Vascongadas, con el distrito de Estella en Navarra, no varían de sus colindantes occidentales por el aspecto de las estelas votivas y funerarias, símbolos, nombres etc….Sobre todo, la nomenclatura personal admite comparación de valor definitivo, probatorias de que allí vivían gentes de raza cántabro-astur, sin el más leve rastro de vasquismo perceptible. Es, por consiguiente, seguro que tan sólo después de la época romana sobrevino un corrimiento de vascones hacía allá, como también para Gascuña (…)”. Por tanto era un calco de la hipótesis de Oihenart pero que aportaba como prueba la onomástica de la llanada Alabesa.

Pero fue su fundamental valedor Claudio Sánchez-Albornoz (Madrid 1893-Ávila 1983), catedrático de historia en las universidades de Madrid, Barcelona y Buenos Aires, así como presidente en el exilio de la Segunda República española. Sánchez Albornoz era conocido entre nosotros por su “vascofobia”, más si cabe hacia el Lehendakari Agirre, el cual no quiso entrar en el Gobierno español en el exilio que presidía Claudio Sánchez-Albornoz y contra el que el insigne madrileño dijo cosas durante la represión franquista como: “Pero yo le decía al presidente del Gobierno vasco cuando yo era presidente de la República en el exilio: hablen el vasco, si es que pueden, porque la mayoría no lo saben, pero a pagar impuestos como todos los españoles".

La hipótesis defendida con vehemencia por Sánchez Albornoz y sobre el que gira la película, era que el Pueblo prerrománico de los baskones se expandió tras la caída del Imperio Romano Occidental (año 476) hacia territorios de la actual Comunidad Autónoma Vasca (Bizkaia, Gipuzkoa y Alaba), pero sin olvidar otros como la Cantabria oriental, norte de Burgos desde Atapuerca y La Rioja.

Pero, ¿cuál era el territorio originario de esos baskones prerrománicos? Tampoco sería “sólo” la actual Comunidad Foral Navarra. Los límites aproximados serían los siguientes: su núcleo principal estaría efectivamente en Alta Navarra, pero ampliada por los extremos hacía el Aragón moderno, incluyendo los suesetanos de las “Cinco Villas” de influencia céltica en el sur que estarían bajo su dominio hasta el municipio de Alagón, llegando por tanto hasta casi la misma Zaragoza (Salduba en el idioma nativo). Por el Este, todo el Canal del Berdún hasta Jaca y la jacetania que también era baskona o estaba bajo su dominio. Por el Suroeste, ciudades de la actual Rioja Baja como Calahorra o Alfaro (antigua “Ilurcis”) se consideran baskonas, así como la cuenca del río Cidacos en Soria. Los baskones bajarían por el río Gallego, el río Aragón y el Arba hasta los montes de Castejón. La Rioja alabesa actual y San Vicente de la Sonsierra-Ávalos, según Caro Baroja, pudieran ser también baskonas, así como el occidente alabés (otros autores los clasifican como berones, infuidos por las demarcaciones políticas actuales que no por documentos de la época). Por último, de los ríos Oria al Bidasoa en Gipuzkoa y más al noreste todo Lapurdi hasta Baiona (lapurdenses) también estaría bajo su dominio según el historiador Manex Goyenetche (1942-2004).

Enciclopedia Auñamendi: “Parte componente de la nación aquitana que César situaba a lo largo de la costa atlántica hasta Bayona y las Landas. Por el interior llegarían hasta Zuberoa (Subola). Su ciudad más importante fue Aquae Tarbellicae, actual Dax, célebre por sus termas (civitas aquensium). Ptolomeo (II, 7, 8) señala hasta los Pirineos como límite meridional a los «Tarbelli», con las aguas (Dax) famosas”.

La teoría de una expansión altomedieval de estos baskones para llegar a todos los territorios de habla vasca altomedieval que antes no lo eran, es fácilmente rebatible si se va al detalle de la misma, pues se basa principalmente en algo tan poco consistente como la palabra “vasconizae” (de donde vendría “vascongado”), que interpretaba Sánchez Albornoz como que fueron “vasconizados”, cuando en “romanzae” no ve que fueron “romanzados” sino que hablaban un idioma romance. Euskaltzaindia lo explica así en su “Libro Blanco del euskera”: “Vascongado hay que interpretarlo como romanzado con romance, es decir, el que sabe euskera” (no que ha sido “vasconizado” por alguien).

Koldo Mitxelena, el lingüista más importante en temas vascos del siglo pasado, lo tenía claro en su libro “La lengua vasca”: “Los argumentos con que se ha apoyado esta teoría no tienen fuerza bastante. Si se dejan a un lado los textos, que nada dicen de lo que se les ha querido hacer decir, ésta en primer lugar la onomástica personal, de carácter indoeuropeo, señalada por Gómez-Moreno. No obstante, la prueba es incompleta, porque nada dice de Guipúzcoa y muy poco de Vizcaya, además de ser excesiva, ya que en parte de (Alta) Navarra se descubren los mismos nombres que en la llanada alavesa. No hay que olvidar tampoco que la onomástica personal está demasiado sujeta a modas”. Es incluso más contundente en “Sobre la lengua vasca en Alava durante la Edad Media” (1982) cuando el gipuzkoano escribió: "Se puede sostener que várdulos y caristios, al menos en la parte norte del territorio, hablaban la misma lengua que los vascones septentrionales”. Otro ilustre lingüista como fue el alabés Henrique Knörr (1947-2008), especialista en onomástica y toponimia vasca, también se oponía a esta tesis.

Los datos arqueológicos son también contundentes. Si hubiera habido esa invasión, los restos arqueológicos anteriores nos hablarían de gente de tipo celta que no aparece por ningún lado, por ejemplo en las numerosas excavaciones sobre castros de la Edad de Bronce llevadas a cabo en Gipuzkoa por Xabier Peñalver recogidas en libros como “La Edad de Hierro, los vascones y sus vecinos”. 

La mina de Arritzaga de Amezketa es de la Edad de Bronce, del 1.500 a.C., es una de las más grande de toda Europa y está a la altura de Riotinto en Huelva o una mina asturiana de la época. El equipo de arqueólogos encabezados por Mertxe Urteaga y Txomin Ugalde, encontró un lingote de cobre que prueba que en esa época ya los bárdulos hacían coladas de este metal, no se documentan en ningún cata arqueológica la supuesta posterior invasión celta.


El propio Julio Caro Baroja, el etnólogo español más importante del siglo XX, también se manifestó contra esta tesis de la invasión de los territorios occidentales de forma muy contundente:
“No me explico cómo se puede sostener tal tesis si se observan los hechos:
Que en la provincia de Guipúzcoa, es decir, donde se ha conservado en total hasta el presente (el euskara), es donde menos vestigios romanos hay de toda España.
Que en la provincia de Vizcaya hay algunos más, pero siempre de poca consideración.
Que en la provincia de Álava, donde ya desde antiguo el castellano ha tenido grandes extensiones, la romanización resulta mucho más intensa, a juzgar por los vestigios arqueológicos.
Que en la provincia de Navarra la zona donde se ha conservado el vasco más fue la menos romanizada y donde se ha conservado menos fue la más romanizada.
Para admitir un corrimiento del vasco a las provincias en tiempo medieval habría que afirmar que del territorio sur de Pamplona y el Ebro, lleno de grandes ciudades y de memorias de la lengua latina, del territorio vascón según la clasificación clásica, las gentes romanizadas habían subido al norte e imponer una lengua no latina a no se sabe quién. Lo más probable es todo lo contrario, o sea que a partir del siglo IV los habitantes de la montañas, muy poco civilizados siempre, aprovechándose de la debilidad del Imperio, bajaran al sur”.

En cuanto a los documentos históricos, ninguno menciona la cuestión de la “invasión”, es más, las cronologías asturianas del siglo IX hablan de Alaba y Bizkaia en los siglos anteriores como “tierras siempre poseídas por sus moradores”, además de Orduña, Aiala, Berrueza, Deio y Pamplona-Iruñea. Entre los historiadores que más ha profundizado en la historia altomedieval baskona está sin duda B. Estornés Lasa, el cual en el libro mencionado, era también muy contundente y habla de la burda politización de la cuestión: “Se ha querido, con propósitos partidistas, presentar a los vascongados como gentes “vasconizadas” por alguna invasión de los vascones navarros sobre el occidente vardulo pero es precisamente en (alta) Navarra donde vienen empleándose este adjetivo para y por los navarros mismos. Y, aun fuera de ella, lo vemos en la misma literatura castellana refiriéndose a los navarros ya desde el siglo XIV”. Más claro es aún el hecho que ya un siglo antes Idacio (449) hablaba de "Baskonias" en referencia tanto a la norpirenaica como al territorio al sur de ésta cordillera montañosa. En el 581 los francos y los godos ya lo hacen en singular "Baskonia".

Frente a los historiadores favorables a la tesis de la “vasconización” (ninguno de renombre en la historiografía vasca), existe en contra de la misma un conjunto de historiadores muy cualificados como: Arturo Campión, Juan Plazaola, Antonio Tovar, José María Jimeno Jurio etc.

Es más, la tesis resulta anacrónica si se observa que hay que esperar por primera vez al siglo XVIII para que se les llamarán “Provincias Vascongadas” a Alaba, Gipuzkoa y Bizkaia y “vascongados” sólo a sus habitantes. De hecho, la nueva denominación parcial no cuajó hasta el siglo XX y en los textos de las Guerras Carlistas del siglo XIX e incluso después, es común llamar vascongados también a los alto navarros. El principal historiador bizkaíno del siglo XX, Andrés de Mañaricúa (1911-1988) lo explicaba así: "Vascongado no era el que no siendo vasco fue vasconizado, como muchos pensaban apoyados en una etimología que lo derivaban del latín vasconicatus, y que se ha repetido hasta hoy. Era el hombre de habla vasca: así un (alto) navarro vascoparlante era vascongado”.

El medievalista gascón Achille Luchaire en el último cuarto del siglo XIX se percató de la abundante presencia del euskera en el materia onomástico indígena (nombres de personas y divinidades) de aras y lápidas aquitanas dentro de sus textos latinos por lo que a los “vascones” prerromanos se incorporaron los “ausko” o aquitanos como núcleo expansionista del euskera.

Ulrich Schmoll en su libro sobre las lenguas prerromanas de Hispania (1959), creía que la población de Baskonia prerromana debía de ser indoeuropea al ser escasa, añadiendo que al ser tan abundante en Aquitania, el euskera habría venido de allí en algún momento temprano de la Edad Media.

Sin embargo, tal como comenta el catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad del País Vasco y del Instituto de Ciencias de la Antigüedad Joaquín Gorrochategui  en su trabajo “Las lenguas de Álava (y alrededores) en la antigüedad” (2016) donde aclara su intervención en el documental y su opinión contraria a la hipótesis de la “vasconización tardía”:
“A partir de los años 60 del siglo pasado han ido apareciendo en diversos lugares del País Vasco meridional, especialmente en Navarra, nombres de persona y de divinidades que muestras evidentes similitudes con nombres aquitanos del norte de los Pirineos, y que los estudiosos clasifican como nombres “vascones”, claramente diferenciados de los celtas y también de los íberos (…)
En los últimos años ha aumentado la nómina de personas de nombre vascón atestiguada en tierras navarras, que se explican lingüísticamente desde el lado vasco-aquitano (…)
Estos nombres de aspecto vascón no se limitan solamente a la zona navarra, solar de los antiguos vascones, sino que se han hallado nombres en S. Millán de San Román (Álava) y también en Tierras Altas de Soria (…).

No sólo han aparecido nombres de personas de origen vascón-aquitano en zonas de Navarra, en el oriente de Álava y La Rioja-Soria, sino también en Tierra Estella, donde según la documentación conocida por Gómez Moreno en 1925 sólo se documentaban nombres de persona célticos, han aparecido en los últimos años varios votivos dedicados a divinidades vasconas. A las cuales se puede añadir la que apareció en una altar votivo de Miñano Mayor (Álava) (…) Resulta de ello una constatación curiosa: que en el territorio donde Gomez Moreno había observado una presencia exclusiva de nombre de personas de origen céltico, hallamos ahora una evidente presencia de nombre de divinidad vascones (…) existen incluso dedicaciones a estas divinidades hechas por devotos que portan nombre de difusión indoeuropea (…)” Lo que confirma la crítica mencionada de Koldo Mitxelena: "No hay que olvidar tampoco que la onomástica personal está demasiado sujeta a modas".




3. LA HIPOTESIS DE LA VASCONIZACIÓN TARDÍA, NUEVA VERSIÓN EN EL SIGLO XXI POR ALBERTO SANTANA, JOSEBA ABAITUA Y MIKEL UNZUETA




En el documental “Una historia de Baskonia: euskaldunización tardía”, Alberto Santana reformula la vieja hipótesis para poderla adaptar a las pruebas arqueológicas, epigráficas en incluso de estudios genéticos que la anulan (3 de octubre del 2016):

"Resulta que en ningún momento hablo de la supuesta "vasconización tardía", que es lo que algunos injustamente me han achacado. El programa se titula, a posta, "la euskaldunización tardía" y habla sobre la difusión de la lengua vasca, no sobre la invasión de los vascones o aquitanos. Las tesis invasionistas o de coerción impositiva por parte de gentes exteriores al actual País Vasco occidental para explicar la difusión del euskera tuvieron sus defensores en el siglo XX, pero hoy están siendo muy cuestionadas. Yo, desde luego, no las comparto. El programa plantea una aculturación de la población local (que ni inmigra, ni es sustituida, ni desaparece) promovida por grupos de élite dominante, que copian formas de vestir, armamento, rituales funerarios y... posiblemente el idioma de otras gentes instaladas en la antigua Aquitania."

A estas gentes autóctonas de Navarra, Álava, Bizkaia que adoptan modas aquitanas es a las que las fuentes medievales visigodas del siglo VI y VII llaman "los vascones", pero ¡atención!!! ¡No son los mismos vascones del siglo I antes de Cristo que habían conocido los romanos!!! Es una coincidencia de nombre inventada por intelectuales que no les conocen directamente y tal vez sería bueno, para evitar confusiones, empezar a llamarles los "neo-vascones", aunque no sé si esto la lía más. La expansión del euskera hacia occidente se produce sobre unas tierras en las que las evidencias de que se hubiera hablado alguna lengua euskara anteriormente -antes de los romanos- son muy tenues y donde, sin embargo, hay huellas de un sustrato lingüístico celta anterior al latín. Esta hipótesis casa bastante bien con la convicción de los lingüístas desde mediados del siglo XX de que los diferentes euskalkis o dialectos del euskera no son pervivencias de unos pueblos prerromanos con hablas diferenciados, sino que proceden todos de un solo tronco o "euskera común" que se creó después de la caída del Imperio Romano y que pudo difundirse aprovechando el vacío de poder y la pérdida de prestigio que sufrió el latín al no tener a una administración o un ejército potente que la respaldase. Por el contrario, los francos eran un poder en alza y un modelo a imitar en formas de vestir, armamento y costumbres rituales públicas.

Las poblaciones del sur de los Pirineos, enfrentadas frecuentemente a los visigodos, tenían contacto con sus vecinos aquitanos, que a pesar de estar bajo dominio franco habían conservado su variante propia del euskera, y pudieron adoptar, por emulación y contacto imitativo entre las élites, algunas de sus manifestaciones culturales más atractivas, incluyendo no solo el idioma, sino tal vez hasta el catolicismo, en oposición al cristianismo arriano de los visigodos. Así que nos queda el siguiente trabalenguas: el euskera arcaico superviviente de los aquitanos fue adoptado por las élites neo-vasconas de Navarra, olvidando su propio protoeuskera, si este todavía se mantenía en uso, y creando un nuevo "euskera común" en torno a la ciudad episcopal de Pamplona, y difundiendo esta nueva lengua hacia las élites locales de los pueblos del Oeste y el Sur en varias oleadas, en tierras donde no hay rastros importantes de que se hablara antiguamente, y acompañándolo de un kit de elementos de prestigio que los arqueólogos encuentran sobre todo en las tumbas de hombres armados”.

Por tanto Alberto Santana reformula la hipótesis original de “Las tesis invasionistas o de coerción impositiva por parte de gentes exteriores al actual País Vasco occidental para explicar la difusión del euskera tuvieron sus defensores en el siglo XX, pero hoy están siendo muy cuestionadas”, sino que “El programa plantea una aculturación de la población local (que ni inmigra, ni es sustituida, ni desaparece) promovida por grupos de élite dominante, que copian formas de vestir, armamento, rituales funerarios y... posiblemente el idioma de otras gentes instaladas en la antigua Aquitania”.

Es decir, hoy hablamos euskera porque en el siglo VI a nuestras élites del sur les resultó muy atractivo al oírlo de gentes aquitanas y ver su superioridad tecnológica. A esto Santana le llama “euskaldunización tardía” pero no “vasconización tardía”, porque no hubo desplazamiento de población. Santana reduce el euskera aquitano al territorio que va desde el valle Arán y el nacimiento del río Garona, hasta el occidente pirenaico pero sin llegar a la costa, es decir, tampoco acepta que el euskera se hablase en las llanadas de Gascuña o en la costa vasca de Lapurdi.

¿Qué hablábamos entonces en todo el sur pirenaico al comienzo de la Edad Media? Según Alberto Santana hablábamos latín o si no un desconocido idioma romance, frente a un desconocido idioma celta que habríamos hablado antes de la llegada de los romanos. Entonces, pese a hablar el idioma de toda manifestación científica y cultural europea hasta el siglo XVII, de la administración en general y de la Iglesia Católica en particular, el latín (o una corrupción del mismo), a nuestros antepasados les resultó más atractivo el euskera del Pirineo de Aquitania y abandonaron el latín o un idioma romance para hablar el idioma euskérico de estas gentes que, se supone, les resultaría mucho más culto (es una pena que Santana no nos aporte prueba alguna).

Es más, tampoco los vascones protorromanos hablarían para entonces euskera o muy poco y resume el historiador bilbaíno: “Así que nos queda el siguiente trabalenguas: el euskera arcaico superviviente de los aquitanos fue adoptado por las élites neo-vasconas de Navarra (sic.), olvidando su propio protoeuskera, si este todavía se mantenía en uso (sic.), y creando un nuevo "euskera común" en torno a la ciudad episcopal de Pamplona, y difundiendo esta nueva lengua hacia las élites locales de los pueblos del Oeste y el Sur en varias oleadas”.

El catedrático en Lingüística Indoeropea de la UPV Joaquín Gorrochategui en su trabajo mencionado “Las lenguas de Álava (y alrededores) en la antigüedad” (2016) es muy contundente cuando afirma: “se deduce que la hipótesis extrema de la vasconización tardía del País Vasco meridional, que sostiene que la presencia la lengua vasca en la península ibérica (Euskadi y Navarra) tiene su origen en una migración con origen en Aquitania, especialmente de Bigorra o Comminges, en la Alta Edad Media, carece de justificación. Una presentación gráfica de la mencionada hipótesis se ve en el documental “Vasconiako historia bat: euskalduntze berantiarra” (…)”.

Esta tesis tiene muchos problemas insalvables, pero frente a la “vasconización tardía” la nueva “euskadunización tardía” añade otro más importante si cabe: no se conoce en el mundo ni en la historia un ejemplo en el cual un Pueblo deja de hablar voluntariamente su idioma “sin coerción”.





5. EL CELTISMO EN LA HIPÓTESIS DE LA BASKONIZACIÓN TARDÍA





El origen de los celtas hay que buscarlo en Anatolia, Mar Negro y Caspio. Pueblos con una cultura común que llegaron a los Alpes hacia el año 1.200 a.C., época de una revolución en la fundición del hierro conocida como Hallstatt o Primera Edad de Hierro. En el siglo V a.C. (época La Tene o Segunda Edad de Hierro) son identificados diferentes Pueblos en las crónicas griegas a los que llaman keltoi o “gente oculta”, también llamados Pueblos hiperbóreos. El arqueólogo británico Andrew Colin Renfrew (1937) es la mayor inminencia mundial en lo que a estos Pueblos indoeuropeos se refiere y los sitúa en la península ibérica a partir de la II Edad del Hierro sobre el año 350 a.C., aunque otros autores señalan fechas anteriores. Estos Pueblos tendrían un sustrato técnico-cultural común y unos idiomas emparentados sí sin que se pueda determinar el grado, pero no una unidad política.


Colin Renfrew en su libro traducido al euskera como “Arkeologia eta mintzaira”, recoge el trabajo de Enri Hubert para comentar que es muy dudoso que alguna vez los habitantes de Irlanda hayan usado ese nombre para sí mismos. El propio Renfrew comenta que la extensión del término “celta” pudiera provenir de la colonia de Massilia (Marsella) en la costa Gala, colonizada por griegos y después por romanos, los cuales tendrían relaciones comerciales o guerras con los bárbaros de la zona a los que llamaban “keltoi”, para luego los propios griegos usar el nombre de manera genérica extendiéndola otros Pueblos sin relación con el primero y que no se llamaban así mismos con ese nombre. El desinterés por concretar de manera detallada los idiomas o etnias de los Pueblos que conquistaban o subyugaban, es común a casi toda la biografía grecolatina, la cual es muy etnocéntrica y cosmogónica.

Entre los Pueblos celtas llegados a la península ibérica, algunos adquirirán una fuerte influencia de los íberos mediterráneos por lo que recibirán el nombre de celtíberos, que son los más cercanos a los Pueblos euskaros por el sur. Plinio el Viejo en su libro “Historia Natural” nos dice que Celtiberia acaba en Clunia “Celtiberiae finis” (Coruña del Conde –en la provincia de Burgos-) y también “caput Celtiberiae” en Segóbriga (Saelices en Cuenca). El griego Estrabón en su obra “Geografía” escrito sobre el año 29 a.C. detalla su territorio: "Pasando la Idubeda (sistema ibérico con los Picos de Urbión –entre La Rioja, Soria y Burgos actuales- y el Moncayo –oeste de la provincia de Zaragoza-) se llega enseguida a la Celtiberia (por tanto no ha llegado), que es grande y desigual, siendo su mayor parte áspera y bañada por ríos, ya que por esta región va el Anas (Guadiana) y el Tagus (Tajo) y los ríos que siguen (...) De ellos el Dorius (Duero) corre por Numancia y Serguntia”. Se asentaron por tanto los celtíberos entre los ríos Duero-Tajo-Guadiana.

La Celtiberia según Estrabón sería un país pobre y dividido en cuatro partes de donde habitan los arévacos, lusones, bellos y tittos, comarca con muy poca densidad poblacional. Otros Pueblos celtas se diseminaron por el centro peninsular serían: los vacceos (cuenca central del Duero), los vetones (Salamanca, Ávila y parte de Cáceres, Toledo y Zamora), lusitanos (Portugal del Duero a Extremadura-Alentejo), celtici (al sur de los anteriores), carpetanos (centro peninsular), turones (Teruel) etc.



Sobre la presencia de estos Pueblos en la península ibérica, es importante resaltar lo que comentaba sobre Pueblos celtas y Pueblos con “rasgos” celtas el prestigioso historiador y arqueólogo español Antonio García y Bellido (Ciudad Real 1903- Madrid 1972) en su libro “La Península ibérica en los comienzos de su historia”: “Ahora bien, tales pueblos no eran celtas, ni lo fueron nunca, aunque su cultura se nos aparezca hoy con claros rasgos de celtización. La razón de ello es la efectiva presencia en estas tierras o en sus proximidades de elementos celtas inmigrados y porteadores de una cultura superior (vivían ya en posesión de hierro) que acabaron de celtizar a los indígenas precélticos”. Idea que también remarca Colin Renfrew que habla de una “irradiación cultural” por encima de una migración física.

Es decir, los celtas se asentaron en numerosos puntos de Europa incluida la Península ibérica desde donde pudieron extender su influencia sobre otros Pueblos técnicamente menos desarrollados, por lo que hay que diferenciar esta circunstancia de la existencia de un Pueblo celta. Hoy en día los historiadores hablan de celtas, pero también de idiomas celtas que se imponen a poblaciones autóctonas o del uso de técnicas aprendidas a los celtas por Pueblos diferentes a éstos, sin que estas dos últimas circunstancias supongan un desplazamiento de gentes.


En nuestro caso, es conocida y documentada la presencia de Pueblos Celtas al norte del río Garona (como los galos de “Bello Gallico”, Julio César) y en la ribera del río Duero (los celtíberos), desde donde habrían extendido su influencia (como la más clara de los íberos desde el mediterráneo), pero cuya presencia física fuera de estos ríos antes de la llegada de los romanos no está demostrada.

El texto mencionado de Estrabón lo deja muy claro: “Al norte de los celtíberos están los berones (...) Lindan también con los bardyetas, que hoy se llaman bárdulos”. Por tanto, los Pueblos euskaros de berones y bardietas o bárdulos no son celtíberos y tampoco los sitúa como celtas como queda claro en este texto. Estrabón conoce perfectamente a los celtas y celtíberos pues Roma los acaba de conquistar y cuando escribe son los años de la Guerras Cántabras.

Era el modo de proceder habitual de Roma: tras conquistar a los Pueblos celtas y celtíberos entre los años 181 al 133 a.C. que acaba con la destrucción de Numancia (conocidas como las tres Guerras Celtíberas), incorporaron a los hombres celtas y celtíberos a su ejército para que les sirvan en la legión en la siguiente guerra, la conquista del Ebro baskón: que empezaría en el 179 a.C. con la creación de Gracurris sobre la Ilurcis indígena (Alfaro, La Rioja, ili/uri= ciudad) y que acabó con las Guerras Sertorianas (77-72 a.C.) y la fundación de Pamplona con la población indígena de Iruñea y los legionarios veteranos de estas guerras (Pompailun, 75 a.C.). Después vinieron unos años de relajamiento y mediante las llamadas Guerras Cántabras terminaron los romanos con la conquista de toda la península ibérica (años 29-19 a.C.), lo que incluiría los últimos reductos de los Pueblo euskaros del cantábrico y sus montañas. Está documentado y arqueológicamente contrastado como veremos, que los celtas llegaron con estas legiones romanas para conquistar a los Pueblos aquí asentados (el territorio de la Baskonia alto medieval), así como la repoblación parcial del territorio con esos legionarios.

También está documentado avance del Pueblo baskón frente a los celtíberos en la comarca del Ebro que estos dominaban: entre Varea (berones, castro hallado a las afueras de Logroño) y Alagón (baskones, Ribera Alta del Ebro a 25 km de Zaragoza). Todo parece indicar que este Pueblo sí “pactó” con las legiones romanas o colaboró en la conquista romana como el caso documentado de Calagurris (Calahorra, tomada en el 72 a.C.), siendo incluso la guardia personal de César Augusto, lo que les permitió ensanchar su territorio a costa de los celtíberos que les estaban presionando e intentando ocupar sus territorios.

Tito Livio en el año 75 a.C. al hablar de la Campaña del general romano Sertorio cuando se dirige a Varea, dice: “per vasconum agrum ducto exercita”. La segunda noticia que se tiene de la palabra "baskones" es del historiador y político Salustio Cayo Crispo (86-35 a. C.) en su obra "Ora Marítima", el cual al hablar del Ebro dice: "Quod inquietos baskones proelabiur". Cuatrocientos años después Calahorra y el Ebro era baskón con Marco Aurelio Prudencio (348-410), el poeta cristiano en latín más grande de todos los tiempos y que además fue gobernador romano de la Tarroconensis. Prudencio de Calahorra dice del río Ebro: “nos vasco hiberus dividit”, el Ebro vasco.

Respecto a la situación de los berones y autrigones que siguen a los baskones Ebro arriba, el profesor de Historia Antigua de la Universidad de La Rioja y su antiguo rector, Urbano Espinosa (1945), sobre las 19 estelas halladas de esta época en la comarca de la Rioja (depresión del río Ebro), comenta en el trabajo más importante realizado sobre ellas que: “la elementalidad teórica de ejecución y la distancia geográfica y cronológica entre algunos ejemplares no pueden pertenecer a una “officina lapidaria”, sino que deben derivar de la homogeneidad social y cultural de las gentes que las tallaron, lo que indica un reducto del iberismo (se refiere a los Pueblos euskaros) en estos espacios serranos. El no celtismo se ve en los temas, símbolos y onomástica. En ellas, el uso del latín en ocasiones denuncia su ausencia de conocimiento escrito”. Por tanto los arqueólogos descartan el celtismo de estas estelas del Ebro riojano y son productos de los ritos de los indígenas de los diferentes Pueblos euskaros prerromanos de la zona (simbología común), qué decir más al norte de la misma. Pero en otros casos, tras la conquista vino la repoblación con gentes celtas.

Si seguimos remontando el Ebro, el catedrático Rufino Gómez Villar (Belorado 1952) experto en historia de la comarca, sobre la población romana de La Mesa en Belorado (riojilla burgalesa, río Tirón afluente del Ebro), fundada después de la conquista del territorio a los autrigones por Roma, comenta que: “esta civitas fue un asentamiento levantado ex novo por parte de alguna unidad militar romana, compuesta de tropas itálicas o de celtas hispanos medianamente romanizados, en un número suficiente para subsumir a la población autóctona». En ella ha aparecido la típica “tesera hospitalis”, un pez en bronce con textos en celtíbero pero grafía íbera, fíbulas de caballito, hebillas etc. todas ellas típicas de enterramientos celtas. Todo ello nos permiten: “constatar que en la región se desarrolló en los siglos cercanos al comienzo de la era cristiana un foco cultural característico del área celtibérica, sin puntos de contacto, aparentemente, con el mundo vasco.
Dicho esto, no puede descartarse totalmente la posibilidad de que la colonización lingüística y material de tipo indoeuropeo haya afectado profundamente a las zonas bajas e intermedias del Tirón, más apropiadas para la creación de asentamientos urbanos, mientras que en el sector montañoso pudo haber seguido perviviendo entre las gentes un substrato indígena de raigambre vasco-ibérica”. Esta apreciación fue ya apercibida anteriormente por Julio Caro Baroja.


Es decir, El Pueblo celta llamado celtíbero llegó a las depresiones beronas y autrigonas del Ebro con las repoblaciones romanas y se situó en las cuencas de los ríos más importantes, pero la población indígena se retiró en gran parte hacia la montaña. Otras poblaciones romanas de repoblación celta en la comarca serían al menos Tenobriga (¿?) o Deobriga (cerca de Miranda de Ebro, territorio autrigón). La palabra “Briga” sería una “Ciudad, fortaleza en alto”, pero sólo aparece en diversa toponimia romana de la península ibérica y no fuera de ella.



A continuación se muestra el mapa de la "p" inicial y entre vocales de época prerromana atribuida a los idiomas celtas, donde se ve que todos ellos aparecen fuera de los territorios de los Pueblos euskaros salvo excepciones en la zona de contacto que era río Ebro.


Respecto a la conquista de la costa vasca actual (de Oeste a Este: autrigones, karistios, bárdulos y auskos), tenemos los restos de un campamento de dos legiones romanas (sobre 5.000 soldados) del siglo I a.C. en Ilunzar frente al castro indígena de Maruleza en Arrola (municipio de Nabarniz, cerca de Gernika), campamento de legionarios que ocupaban de forma permanente una extensión de 8 hectáreas y que habrían formado una primera línea de ataque para la conquista del territorio de los karistios costeros (que no bárdulos como aparece por error en el documental de Santana sobre la Edad de Bronce, salvo que sea una nueva hipótesis).

La fecha aproximada de la invasión de la costa vasca también se puede datar, así como la presencia de tropas romanas compuestas por legionarios celtas. Por el norte, las Galias fueron dominadas por Julio César, entre los Pueblos que se rindieron al romano estaba el Pueblo euskaro de los ausko, cuyo gentilicio era aquitano (plural de ausko: auski+tano), y que se rindieron con su rey Adietuanus y sus mejores 600 soldados en Sos de Albert en el 56 a. C. Entre los años 39 al 38 a.C. se producen nuevas rebeliones de los ausko que contaron con los cántabros y diferentes Pueblos euskaros. Hubo nuevas campañas contra ellos por Agripa, yerno de Augusto, y del 28 al 27 a.C. Roma mandó a Valerius Corvinus Messala a Aquitania para sofocar otra sublevación, de nuevo de los tarbelli (comarca del río Atturri-Adour, capital Akize-Dax, Aquae), que antes también habían sido los más constantes en su instigación a Roma (comarcas actuales de Lapurdi y parte de Baja Navarra).

Por el sur, en la Batalla de Andagoste los legionarios romanos de origen galo de entre 1.200-1.800 hombres, fueron derrotados probablemente por los karistios que habitaban el Valle de Kuartango en la actual oeste de Alaba hacia el año 38 a.C. (Cuadrilla de Añana), por tanto, poco antes de las Guerras Cántabras (29-19 a.C.) que habrían acabado con los últimos reductos de resistencia en las cadenas montañosas de toda la costa del Cantábrico (toda ella llamada “Pirineo” por los historiadores romanos). Es decir, la conquista definitiva de la costa vasca es posterior a esta batalla y a la conquista del Ebro baskón.

En la costa vasca, tenemos el caso conocido de Flaviobriga, repoblación celta sobre el indígena Portus Amanum (¿Ría de Bilbao o Castro Urdiales?). Los soldados que controlaban el importante puerto de Forua también serían de origen celta en todo o en parte. La población romana de Forua con restos de un templo romano bajo la actual iglesia de San Martín de Tours, empezó su existencia probablemente como asentamiento militar en una colina deshabitada de una legión compuesta por soldados de diferentes lugares del Imperio, algunos de ellos italianos según una lápida encontrada, el asentamiento data de los siglos I al IV d.C. El arqueólogo experto en época romana Fermín Pérez Losada (2002) comenta al respecto: “Forua como derivado del término latino forum (lugar de comercio e intercambios). Los fora surgirían por voluntad directa de Roma encaminada a proporcionar a comunidades dispersas de un centro cívico que acumule las funciones político-administrativas y comerciales (). Los fora se crean en regiones en proceso de integración y romanización en fechas tempranas (…). Forua es el ejemplo mejor conocido de este tipo de ocupaciones en el norte peninsular”.

En los siguientes capítulos repasaremos qué más sabemos sobre estos Pueblos euskaros para que no puedan ser celtas como propone Santana sino euskaros. Hipótesis de celtismo que veremos que resulta imposible remontar al siglo VI, siglo en el que Santana propone que los baskones conquistaron a estos Pueblos euskaros occidentales (autrigones, karistios, berones y bárdulos). También veremos qué ocurrió en Baskonia entre los siglos III al VI, lo cual, para la mayoría de los historiadores especializados en ésta época, se conoce relativamente bien en su generalidad.





6. LAS PRIMERAS PALABRAS EN EUSKERA CONTRADICEN LA HIPÓTESIS DE LA “BASKONIZACIÓN TARDÍA”





Las estelas funerarias o “gizon-harri” se asemejan muchas de ellas a cabezas enterradas por su forma donde estaba "gogo", el alma, y no son más que lápidas funerarias con símbolos astrales, cuya principal característica es la simetría de las mismas. La mayoría son concéntricas, es decir del centro salen el resto de las figuras, y simétricas.

Pedro Zarrabeitia Miñaur en su libro “Estelas discoidales de Euskal Herria” (edit. Pamiela 2011) comenta que en Zuberoa las estelas son “hilargiak”, de donde viene “hilarriak”, pues eran, según la tradición, representaciones de la luna llena para que el alma de los difuntos no volase hacia el astro nocturno. Pero lo más aceptado es que son antropomorfas, con cuello y hombro. Este libro reproduce muchísimas estelas con fotos y dibujos donde se puede apreciar la riqueza y variedad simbólica de nuestros ancestros: “serían envolturas antropomorfas de símbolos astrales (…). En un proceso mental muy esquemático y representativo, con una capacidad para la abstracción sorprendente, nuestros antepasados identificaban la forma y el movimiento del sol, la luna y los astros con círculos, arcos, ruedas, lazos y espirales sin principio ni fin; la luz solar con flores de seis o más pétalos y estrellas de múltiples puntas; los ciclos y ritmos del día y de la noche o la estaciones y los períodos lunares con líneas onduladas o en zig-zag, con trazos repetidos y cenefas de pequeñas triángulos alternados”.

Aunque la mayoría están desubicadas, se cree que miraban al Este, al nacimiento de la diosa Eki o Eguzki, dentro de la religión matriarcalista vasca frente a las patriarcales indoeuropeas de celtas o de romanos por ejemplo. El sol pasó de ser una representación astral a la representación del Dios cristiano, la luz del Espíritu Santo que vence a las tinieblas. También hay estelas con lunas crecientes o con estrellas de seis puntas. Las primeras estelas tenían por tanto motivos astrales propios y fácilmente diferenciables de otros Pueblos, sobre todo de los indoeuropeos y de los íberos.

Sobre este tipo de estelas el documental de la EiTB “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía” ve una "extraordinaria abundancia" en la zona del Alto Garona (Gascuña) de "documentos (¿?) y lápidas escritas en piedra y en mármol" de época prerromana que "sólo pueden ser interpretados desde el euskera (…) cuando en el occidente de la actual Euskal Herria no hay ninguna prueba" de ello. Veamos qué hay de cierto en esta afirmación.

En el territorio actual del País Vasco, hay 5.000 estelas localizadas de diferentes siglos y otras rotas o semiderruidas de hace más de 2.000 años, una cantidad muy superior al resto de Europa. Existen unas 2.500 perfectamente catalogados y otros 2.500 a la espera de serlo, muchos en manos de particulares. De época prerromana se han documentado 26 en Bizkaia (enteras), 64 en Gipuzkoa, 31 en Alaba, 257 en Alta Navarra, 358 en Baja Navarra, 213 en Lapurdi, 204 en Zuberoa y también son muy frecuentes en Gascuña (la Baskonia romanzada continental). Fuera de Baskonia, donde más estelas se han encontrado es en Portugal con unas 1.000 y en el norte de Catalunya (pero donde aún existe toponimia euskérica y se habló euskera hasta por lo menos el siglo XII http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2015/09/hasta-cuando-se-hablo-euskera-en.html Catalunya y Andorra).

En lo que a Bizkaia respecta, por ejemplo en la necrópolis de Berreaga, entre Mungia-Gamiz-Fika-Zamudio, se han hallado varias estelas y 149 fragmentos de las mismas del Pueblo euskaro de los karietas o karistios, todas ellas decoradas con temas geométricos y astrales, con formas trapezoidales (el 90%) o discoideas (el 10% restante). Esta necrópolis y poblado (del 350 a.C. al año 100), es de los más importantes de los hallados en territorio bizkaíno de la Edad de los Hierro. En esta excavación se ha encontrado cerámica autóctona, otra más elaborada similar a la de los celtíberos (comarca de los ríos Tajo-Duero-Guadiana) y otra romana o “terra sigilata”, estas dos últimas obtenidas probablemente mediante el intercambio comercial, pues el poblado es anterior a la conquista romana de la comarca.

El jesuita teólogo y Filósofo y sobre todo investigador de la historia vasca Juan Plazaola Artola (1919 San Sebastián -2005) en su libro "Historia del arte vasco”, comenta la no adscripción de estas estelas al arte celta y la existencia de un estilo propio: “A propósito de las formas que se ven e las estelas prehistóricas y de su adscripción al arte céltico, se ha observado justamente que esa misma geometrización sobre la morfología natural distingue al arte de nuestro país. En principio, no se podría hablar de una carácter específico del arte vasco, Pero cuando se observa la fidelidad milenaria que, desde la edad el Bronce hasta nuestros días, el vasco ha mantenido este tipo de decoración labrada en sus estelas discoidales de los cementerios y en las tallas de sus mesas, sus kutxas, y sus muebles cotidianos. No puede uno evitar la idea de que el alma vasca ha encontrado ese género de decoración abstracta la más natural y necesaria salida para su imaginación creadora”.

San Pedro de Elorriaga en Lemoa (valle de Arratia) recoge el principal conjunto de epígrafes romanos de Bizkaia (con inscripciones), pudiéndose apreciar un total de nueve estelas de los s. III-IV d.C. Tres de ellas están inscritas en latín: APRILIS VIT/ALEI FILIO AN/NORUMX/VI (April lo dedica a su hijo Vital, muerto a los 16 años). Sólo la clase alta romana sabía escribir, la cual preferentemente vivía en las grandes urbes del “Ager” (pasará lo mismo en toda la Alta Edad Media). Usaban el latín como escritura común y el griego como lengua de cultura. Junto a estas tres estelas hay otras 6 de clara simbología nativa explicada al principio del artículo.



La cuestión es que en unas pocas de estas estelas o lápidas aparecen unas pocas palabras en euskera en relación a nombres de dioses personales (teonimia) o nombres de personas (antroponimia) que no se pueden traducir al latín, de ahí que nos hayan llegado escritas en el idioma que hablaba aquella población; como pasará en la Alta Edad Media, por ejemplo en el Fuero Viejo de Nabarra con los nombres de los impuestos o en las glosas emilianeses. La mayoría son lápidas de tumbas o “aras votivas” donde se hacían las ofrendas a estos dioses indígenas o “manes” como es el caso de “Lakubegi” de Uxue (Alta Nabarra), el balcón de las Bardenas. Luis Nuñez Astrain en el libro “El euskera arcaico” (2002) comenta que esta situación no es nada extraordinaria: “Advierte el mismo Gorrochategui en 1988 que el antiguo carácter ágrafo del euskera lo compartió igualmente el idioma celta del sudoeste de Inglaterra, el galés, allí la única lengua del pueblo y que, sin embargo, no dejó rastro alguno escrito. Y además, siendo dos lenguas que no se escribían –ironías del destino–: - tanto el galés como el euskera son las dos únicas lenguas de Europa occidental que, habiendo estado bajo el poder de Roma, han sobrevivido hasta nuestros días”.

El historiador Antonio Tovar comentaba como en el territorio Quetzua los textos de la lápidas de difuntos indígenas así como los nombres de los mismos están en español, lo cual no significa que todos ellos hablasen sólo español y ni siquiera que este idioma fuese el preponderante, sino más bien el idioma del imperio, de sus funcionarios y de su administración frente a la agrafía y persecución a la que se vio sometido el idioma hasta entonces hegemónico que era el quetzua. Esta situación nos es familiar, sólo tenemos que mirar la Euskal Herria bajo el régimen franquista.

Es más, la no presencia de epigrafía celta en las estelas es aún más significativa que la no aparición de palabras en euskera, ya que la epigrafía celta es muy frecuente en toda celtiberia pues eran los celtas Pueblos poseedores de la escritura. Decía Koldo Mitxelena que la “Lengua escrita, como podemos comprobar sin trabajo en toda la historia del país, no significa lengua única, ni siquiera lengua corriente y usual. Pero sí supone un cierto bilingüismo, al menos en algunas clases o grupos de una comunidad”. Que todos los escritos entre los Pueblos euskaros en idiomas indoeuropeos sean de época romana y que no haya de épocas anteriores como ocurre en el resto de la península, nos hace creer que sean legionarios y funcionarios romanos sus autores como así se puede confirmar en numerosos casos.

El historiador ronkalés Estornés Lasa (Isaba 1907-Donostia 1999) explicaba que existen en las estelas funerarias numerosas palabras en euskera entre los “ausko” de lo que era la provincia romana de Aquitania I. En total se han encontrado en Aquitania aproximadamente unos 400 antropónimos y 70 teónimos, muchos de ellos en euskera en todo o en parte. Se calcula que sólo el 25% aproximadamente del euskera inscrito en los mismos se entiende a través del euskera actual, por lo que es muy probable que estemos descartando palabras que sí son euskera por ser términos ya perdidos. Los sitios de aparición de estos nombres son: Baudéan (Hautes-Pyrénées), Saint-Aventin, Haute-Garonne, Saint-Bertrand-de- Comminges (Haute-Garonne), monte Gar (Haute-Garonne), Luchon (Haute-Garonne), Cadéac (Hautes-Pyrénées), Ardiège (Haute-Garonne), Sain-Gaudens (Haute-Garonne), Loudenvielle (Hautes Pyrénées), Cardeilhac (Haute-Garonne), Saint-Pée-d'Ardet (Haute-Garonne), St.-Béat (Haute-Garonne), Gourdan (Haute-Garonne).

El caso de San Beltrán de Commiges, al pie del valle de Aran leridano (origen del río Garona-Garonne), es especial, pues fue repoblado con los baskones que Pompeyo Strabón, padre de Pompeyo el Magno, llevó a esas tierras en los primeros años del siglo I a.C. (Lugdunm Convenarun), al menos es lo que apuntaba tardíamente San Jerónimo (372-420, balcánico), el cual matizaba además que eran baskones de la “sojuzgada Pamplona” (75 a.C.).

Luis Nuñez Astrain en el libro mencionado comentaba al respecto: “Esta comarca soportaba en época romana una población alta y un comercio intenso por el río Garona con Burdeos como principal puerto. El profesor Joaquín Gorrochategui ha estudiado comparativamente la densidad de nombres vascos y de nombres galos en las lápidas latinas de cada zona de Aquitania y ha llegado a la conclusión clara de que la lengua vasca era netamente dominante en la cuenca del Adur (Baiona-Dax/Akize, pueblo de los tarbelli, los más rebeldes a la conquista romana) y en las zonas altas próximas a los Pirineos -oeste y sur de Aquitania- mientras que la lengua céltica de los galos penetraba desde su territorio propio en Toulouse y orilla derecha del Garona hacia la orilla izquierda -norte y este de Aquitania-, desvasquizándola”.

Tal y como recoge Estornés Lasa en sus libros sobre los “Orígenes de los vascos”, un resumen de esas primeras palabras escritas en euskera sería: “Aher Ama Amoena Andere Arix Arte Asto Atta Bai Begi Bele Bels Berri Bihox Bihox Buru Erdi Erri Garr Gison Har Gorri Idi Ili Illun Ilur Itur Ituri Lapur Larra Larra Lehen Lur Neska Sembe Osto Lex Oia Ocho Vasco Viriatu etc. De estas palabras coinciden con el euskera actual sus propios sufijos y la sintaxis de composición cuando se trata de nombres compuestos o de nombre y adjetivo como enhar belz”. El filólogo gipuzkoano Koldo Mitxelena (1961-1962) demostró en el trabajo “Los nombres indígenas de la inscripción de Lerga” que el uso frecuente de la “h” sería indicador del euskera, como en la lápida encontrada en esa población de Alta Nabarra (baskones): Umme Sahar fi[lius] Narhungesi Abisunhari filio. Anno XXX (Hijo mayor, hijo de Narhunges, hijo de Abizunhar)”. Luis Nuñez Astrain en el libro mencionado comentaba que: “Es muy característica del euskera arcaico la existencia de la h (signo de aspiración), porque no existía en ninguno de los idiomas circundantes (idiomas celtas e íbero), lo cual facilita grandemente la identificación de una palabra arcaica como vasca”.



En la actual Bizkaia (en territorio karistio) hay una sola lápida con un nombre en euskera y lo mismo en Gipuzkoa (en territorio baskón), por lo cual, se ha creído que podría no hablarse euskera, pero esto es un anacronismo pues lo que no hay que olvidar es que estos territorios en realidad se crean en la Edad Media dentro del ducado de Baskonia y el reino de Nabarra (s. VII-XI) y que en época romana pertenecían a los Pueblos autrigones o karistios (Bizkaia y la comarca del Deba) y bardulos o baskones (Gipuzkoa central y al Este del río Urumea –Oarso-), en cuyo “ager” (zona agrícola) sí que van apareciendo palabras en euskera, en la llanada de Alaba y Alta Nabarra Occidental (demarcaciones igualmente medievales). Del mismo modo, no se han encontrado en Lapurdi ni en Baja Nabarra lápidas o aras con nombres en euskera y hay una sola en Zuberoa en pleno Pirineo, pero donde nadie discute se hablaba euskera al pertenecer en su conjunto al Pueblo de los aquitanos o “ausko” mencionados (lapurdenses-tarbelli y sibuzate respectivamente).

Debemos además ponderar que los propios romanos hicieron bajar a los Pueblos prerromanos a los llanos, lo que hizo que el “ager” -donde ya habría más población- se creasen grandes ciudades, como en la Llanada Alabesa o en la comarca del Ebro, por donde discurría un gran comercio siguiendo las calzadas, con una élite social local que sabría escribir en sus grandes ciudades frente a la mucho más pobre zona de bosques del Pirineo y montes vascos que para los romanos configuraban una misma cadena montañosa (siendo además geológicamente cierto pues el Pirineo geológico acaba en Punta Angulo, entre Artziniega –Ayala, Alaba- y Mena –Burgos-).

Dentro de la Euskal Herria actual reducida a sus siete territorios, tenemos estas estelas en euskera, lo que abarca todas los Pueblos prerromanos euskaros:

Zuberoa: Atharratze-Tardets, Pueblo de los aquitanos o ausko (Herauscorritsehe).
Gipuzkoa: Oiartzun baskón (conocida como Andrearriaga, “Valerio Beltesonis”).
Bizkaia: Forua, «ara votiva» karistia con un teónimo en euskera (Iviliae). Ara funeraria encontrada en los terrenos del convento que en la localidad poseen los franciscanos, la cual durante un tiempo realizó las funciones de pila de agua bendita bautismal en el pórtico de la iglesia parroquial de San Martín de Forua: «Iviliae sacrum M(arcus) Caecilius Montanus pro salute Fusci fili(i) sui posuit. Rai(us) quintio fecit». (Marco Cecilio Montano, de la Sagrada Ivilia, estableció aquí a su hijo Fusco por su seguridad. Lo hizo Raio Quint”). Datable del siglo I d. C. tallada en mármol rojo del cercano monte Ereño.
Alaba: Miñao Goien karistio (Helasse), Iruña de Oka karistio (Illuna), Ollabarre karistio (Aittia), S. Román de S. Millán bardulo (Lutbelscottio, Luntbelsar), Angostina bardulo, Alegria-Dulantzi bardulo, Araia bardulo y Artziniega en Ayala autrigón (teónimo Vinumburus) etc.
Goi Nafarroa, baskones: Uxue (Lacubegi), Barbarin (Selatse), Gares, Lerga, Izkue (Itsacvrrinne), Andion (Errensae), Lerate (Losae), Zirauki (Losae/ Loxae), Argiñariz de Guirguillano (Urde), Larraga (Errensae), Izkua (Itsacurrinne), Gesalaz (Larahe/ Larrahi), Eslaba, Zangotza, Lerga (Abisunhari), Urbiola (Edsuri), Muez (Or[du]netsi), Andelos-Medigorria (Urchatetelli), Tafalla (Agirseni), Ziraurki (Losae), Arguiñáriz (Loxae) etc.

Fuera de estos territorios pero perteneciente a los diferentes Pueblos eúskaros o la Baskonia histórica tenemos estelas con palabras en euskera en:
Zaragoza: Comarca baskona de cinco Villas y cercanías como en Ejea, Valpalmas (Serhuhoris), Sofuentes (Dusanharis y Argitanus), Los Bañales de Uncastillo pero cerca de Sádaba (antigua Tarraca Irurcidarin y Ederetta,) o el teónimo “Eihar” de la “Tabla de Contrebia” dentro de los bronces de Botarrita, a 22 Km de la capital.
Cantabria oriental: Otañes, autrigones (Salus Umeritana).

Errioxa: Tal y como mencionamos en el capítulo han aparecido de momento 19 estelas. Por ejemplo en San Andrés de Cameros (Agirsaris), berones. U. Espinosa en el trabajo más importante realizado sobre estas estelas aclara: “la elementalidad teórica de ejecución y la distancia geográfica y cronológica entre algunos ejemplares no pueden pertenecer a una “officina lapidaria”, sino que deben derivar de la homogeneidad social y cultural de las gentes que las tallaron, lo que indica in reducto del iberismo (se refiere a los pueblos vascos) en estos espacios serranos. El no celtismo se ve en los temas, símbolos y onomástica. En ellas, el uso del latín en ocasiones denuncia su ausencia de conocimiento escrito”. Por tanto los arqueólogos descartan el celtismo de estas estelas del Ebro y son productos de los ritos de los indígenas de los diferentes pueblos euskaros prerromanos de la zona. Estas estelas tienen una continuidad en la Edad Media de otras 54 estelas con los mismo motivos indígenas por lo que la supervivencia de la población euskaldún quedaría demostrada. Las palabras en euskera en toda La Rioja primeros siglos: Agirseni, Lesuridantar, Aemilia, Onso, Oandissen, Aranciris, Arathar, Sesenco, Onse, Agirsar, Attasis (Atta con el genitivo latino) etc.
Luis Nuñez Astrain en el libro mencionado es de la misma opinión: “las inscripciones halladas en los valles altos de los ríos Iregua y Leza (Agirsar, por ejemplo, aparece cerca del nacimiento del Iregua) apoyan una posible presencia vasca antigua en territorio berón”.

Soria: Rioja soriana (baskones) en Valloria (Oandiseen), río Cidacos.
Lleida: en Guissona (la Segarra) jacetanos baskones (Iessó), Florejacs (Lavrbeles), Val de Aran auskos y en Isona en Pallars (Aeso).

Ninguna de estas estelas de Baskonia tiene los conocidos símbolos y adornos celtas prerromanos y después tampoco las conocidas cruces celtas laureadas, por tanto, no tienen relación con estos Pueblos. En los Concilios de Toledo de los siglos V-VII, se emitieron órdenes expresas para prohibir el uso de las estelas funerarias sin conseguirlo del todo. En el siglo XI con el cambio de milenio, se expandió la cultura autóctona de estelas por toda Nabarra coincidiendo con el primer románico introducido en la Península Ibérica desde el monasterio de Leire por el rey nabarro Sancho III el Mayor (1005-35). Con la Reforma protestante, tomaron de nuevo fuerza las estelas por todo Iparralde en el siglo XVI. Las últimas estelas funerarias coinciden en Hegoalde con el final de la invasión española en el siglo XVI sobre Nabarra y en Iparralde con la masacre o genocidio sobre la población vasca por no ser “aristócratas” y por no saber francés tras la Revolución Francesa (1789).

Aunque es indudable que en las comarcas fronterizas (los ríos Garona y Ebro) habría amplias zonas bilingües o asentamientos de gentes con idiomas celtas e íberos (a las que se les uniría las poblaciones creadas o repobladas con los legionarios romanos), estas estelas con teónimos y antropónimos en euskera entre autrigones, karistios, bardulos y berones entre otros, desmontarían la posibilidad de una “baskonización tardía” o invasión del Pueblo de los baskones en los siglos V o VI al resto de Pueblos mencionados y a los que habrían llevado el euskera, hipótesis de principios del siglo pasado retomada por el historiador Alberto Santana en el documental de la EiTB “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía”, menos aún antes de estos siglos como vimos un capítulo anterior

Pero no son las palabras en euskera más antiguas como veremos en el siguiente capítulo.


7. ¿CUÁL ES LA PALABRA ESCRITA EN EUSKERA MÁS ANTIGUA?




Un bronce hallado en una tumba en Roma en el año 1908 conservada en el museo Capitolino y que data del 89 a.C., habla de jinetes de la “Tvrma Sallvtana” (“u” y “v” se leen igual) que participan en las legiones romanas a los que se les concede la ciudadanía por haber ayudado a Cneo Pompeyo el Magno en la toma de la ciudad italiana Ascoli o Ásculo, por lo que es conocido como “El bronce de Ascoli”. Estos jinetes eran legionarios de Cesaraugusta-Zaragoza (Salduba) y su comarca hasta Segia (Ejea de los Caballeros), pero del Pueblo o gentes baskonas-suesetanas, además de otras poblaciones río arriba del Ebro como los libenses de Libia, municipio actual de Herremelluri-Leiva que eran berones (-Oliva- en La Rioja sobre el río Tirón). En el listado hay nombres euskéricos -sobre todo entre los padres mientras que los hijos aparecen romanizados- y otros íberos o de influencia íbera; significativamente también, ninguno celta. Los soldados berones de Libia son: “Umarillun, Adimels, Tarbantu y Bastugitas”, los primeros claramente euskaros, lo que haría difícil o imposible una vez más la hipótesis de una “baskonización tardía”, tal y como hemos ido viendo.

Según el historiador nabarro Manex Goyhenetche (1942-2004) en su libro “Historia General de País Vasco” están en euskera: Cacusin chadar, Sosinaden sosinasae, Sosimilud sosinasae, Urgidar Luspanar, Gurtano Bituro, Elandus Enneges, Agirhes Bennables, Nalbeaden Agerdo, Arranes Arbiscar, Umargibas Luspangig, Beles Umarbeles y Balciadin Balcibil. La deformación o adaptación al latín de los nombres indígenas es también manifiesta. Tenemos un “Enneges” y “Ennegensis” por ejemplo (raíz Eneko), nombre que reaparecerá como Ennecus entre los primeros reyes baskones del reino de Pamplona-Nabarra en el siglo IX (romanzado después como Iñigo).


El poeta latino Rufo Festo Avieno del s. IV d.C. y natural de Etruria en Italia, en su obra "Ora Marítima" describe la costa europea desde Britania en verso (se conservan tan sólo 713 versos), mezclando diferentes textos antiguos griegos, fenicios y romanos desde el siglo VII al I a.C. Uno de los versos al hablar del Ebro dice: "Quod inquietos uascones proelabiur". Pero se puede datar mejor un texto de Marco Terencio Varrón (116 a.C. al 27 a.C.), el cual sobre el año 50 a. C. habla de "uascos". Varrón fue el director de las primeras bibliotecas públicas de Roma, polígrafo, escritor latino y lugarteniente de Pompeyo el Magno, fundador de Pamplona sobre un asentamiento baskón en el 75 a.C. Unos años después, la palabra “vascon” es utilizada por Tito Livio (59 a. C a14 d. C) en “Historia de Roma” al describir la campaña de Sertorio (78-72 a.C.) por el Ebro hasta “Calagurris” (Calahorra): “per vasconum agrum ducto exercita”. Julio Caro Baroja señala en su libro “Los vascones y sus vecinos” que “vascones” sería el plural de “vascus” (vasco). Pero este nombre en euskera se puede datar 50 años antes a través de la numismática.

Las primeras monedas halladas en el mundo son las del rey Creso, inmensamente rico, que reinó en Asia Menor en el siglo VIII a.C. Las monedas se usaban desde el siglo VI a.C. en Grecia. En península ibérica, se observa una mayor concentración de cecas en aquellas zonas más conflictivas, por lo que se puede considerar que estas acuñaciones surgen como respuesta a una estrategia política de atraerse la fidelidad de los Pueblos o de premiar sus servicios. Estas cecas desaparecen con César Augusto (63 a.C.-14 d.C.) para usar las comunes a las del Imperio, aunque con las particularidades de los diferentes talleres imperiales. Con todo, Roma se reservó siempre el derecho de acuñar en metales nobles y sólo algunas ciudades fueron autorizadas a emitir en plata.

Es así como los romanos introdujeron la moneda entre los baskones, se cree que para pagarles por su ayuda en la lucha contra los diferentes Pueblos celtas que estaban presionando e intentando hacerse con territorio baskón en la comarca del Ebro medio (especialmente los celtíberos), por lo que los romanos concedieron el privilegio a una serie de ciudades o comunidades de los territorios sometidos para acuñar monedas. Otra serie de monedas y cecas provienen de las luchas por el poder entre los generales Sertorio y Pampeyo (78-72 a.C.) que terminaron de dominar a los Pueblos de la depresión del Ebro medio y hasta el Pirineo.

Los ilerdenses y celtíberos apoyaron al Pretor romano Quinto Sertorio que se alzó contra Roma cuando en ésta se impuso una dictadura. Sertorio, contrario a la facción vencedora por el poder romano, se atrincheró con su ejército en Calahorra, Huesca y Lleida. El Senado romano mandó a Cneo Pompeyo el Magno. El mencionado historiador romano Tito Livio de Padua sobre lo ocurrido en los años 75-76 a.C. describe: “Sertorio decide marchar contra los berones y los autrigones, que eran partidarios de Pompeyo, arrasa los territorios de los bursaones (Borja), los cascantinos (Cascante) y graccurritanos (Alfaro, Rioja Baja), llegando hasta Calahorra Nassica, su aliada (todos ellos baskones). Conduce su ejército a través del territorio de los baskones y llega a la frontera de los berones que estaban ayudados por la caballería de los autrigones (…) Él mismo había determinado marchar contra los berones y autrigones, llegó a Vareia, la más fuerte ciudad de esta región. Aunque era de noche, sus habitantes no fueron cogidos por sorpresa, pues habían llamado en su auxilio a todo la caballería de su país y de los autrigones”.

Por tanto, estos Pueblos eran aliados entre sí y ya hemos visto que eran además euskaros. Calahorra fue la última ciudad en caer, fue fiel a Sertorio hasta el final, su habitantes llegaron a comer carne humana para subsistir (de ahí el “hambre calagurritana”); para no ser llevados como esclavos, muchos se suicidaron y los pocos que quedaron fueron degollados por los romanos como ocurriera en Numancia (actual Garray) más de medio siglo antes, ciudad celtíbera de los arévacos hasta su total aniquilación en el 133 a.C.

Estas monedas realizadas en estas cecas baskonas tienen varias peculiaridades. En el libro “El Euskera arcaico” (2002) Luis Nuñez Astrain comentaba al respecto: “Entre los 103 lugares de Hispania que el lingüista alemán Jürgen Untermann catalogó como emisores de moneda en escritura paleohispánica, unos 70 pertenecen al área ibérica, unos 24 al área celtibérica y el resto, unos 10, de los siglos II y I a.C., pertenecen al norte del Ebro, en concreto a (Alta) Navarra y Alto Aragón (territorios de los baskones y baskones-jacetanos por tanto). Sus características de todo tipo como monedas son bastante peculiares y su lengua puede ser alguna de las dos anteriores (ibérico o el celtibérico), con algún rasgo vascoide; si la leyenda de alguna de las monedas fuese euskera arcaico, entonces serían probablemente las únicas palabras vascas conservadas escritas en caracteres distintos de los latinos, concretamente en caracteres paleohispánicos: Arsakoson, Arsaos cerca de Pamplona; Ba(r)skunes también cerca de Pamplona, cuya posible etimología ha hecho correr ríos de tinta; Bentian Bolskan en latín Osca, en castellano Huesca; Iaka: en latín Iaca, en castellano Jaca (provincia de Huesca); Olkairun para Tovar (se refiere al filólogo vallisoletano Antonio Tovar 1911-1985), Olka sería celta e Irun el nombre vasco de ciudad, pero esto último es poco probable, ya que en aquellas fechas esta palabra tendría que ser todavía -ilun, por no haberse producido aún el paso posterior l > r (como en Pompailu(n)-Pompaelo hoy Pamplona); Ontikes Sekia en latín Segia, en castellano Ejea de los Caballeros (provincia de Zaragoza), palabra indoeuropea que traduce la idea de "victoria" Sesars Tirsos Umbanbaate”.

La primera ceca o centro de acuñación de monedas de “barskunes” (al estar en grafía íbera es sólo una transcripción al alfabeto latino -ver la foto del artículo-) data de los años 140-80 a.C. y hay otra ceca diferente de “baskunes” de los años 120-80 a.C. La ceca de “benkota” es del 120-80 a.C. y la de “olkairum” de 120-40 a.C. Todas ellas son cecas dentro del territorio baskón que nos señalan la época de conquista del territorio por los romanos.

Unos años después, dentro de las “Guerras Sertorianas”, aparecen monedas del año 74 a.C. de la mayor ceca del norte peninsular sita en Pamplona o cercanías, tanto denarios como ases en alfabeto ibérico. En todas estas monedas tenemos la leyenda “Ba(r)skunes” o “Barsonnes” y en los anversos “Bengoda” con algunas variantes. El que fuera catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Deusto y de Historia del Derecho en la UPV, J.L. Orellá Unzué (Pamplona 1935), en su libro “Historia de Euskal Herria” concreta la procedencia de las monedas: “Barscunes ceca de Pamplona o Biana. Bentian a orillas de Arga, además de Cascaita, Olcarium y Otices. La ceca del jinete ibérico, la más numerosa de la península, es de Kalakorikos (Calahorra, Rioja Baja), han aparecido en el nordeste, levante y sur peninsular, son leíbles pero no se saben interpretar. Las cecas del jinete ibérico estaban sobre todo en Calahorra, pero también en Alagón, Huesca, Borja, Jaca, Ejea, Tarazona y Zaragoza. Estaría acuñadas entre el 120 y el 20 a.C.”.

No puede ser que haya dudas sobre que sean baskonas y no celtíberas viendo la procedencia de las cecas en territorio baskón (la frontera estaba en Alagón-Alaone a 15 Km. de Zaragoza-Caesaragusta), el uso del alfabeto ibérico y con palabras en este idioma, la historia conocida y que hemos relatado, el mantenimiento de su acuñación en el tiempo hasta los años 20 a.C. cuando ya los celtíberos y demás Pueblos celtas estaría muy romanizados o desaparecidos de la historia tras las tres Guerras Celtíberas (181-133 a.C.) o por su apoyo a Sertorio (78-72 a.C.), pero sobre todo, por las palabras aparecidas en euskera en todo o en parte de algunas de ellas, aunque no conozcamos probablemente más que aproximadamente el 25% del euskera prerromano. Son por tanto cecas baskonas en alfabeto íbero, Pueblo del cual los baskones aprendieron la escritura ya que los íberos habitaban el mediterráneo, desde donde probablemente les llegó la misma (habitaban la comarca entre el río Narbona a Játiva y la cuenca del río Jalón de forma resumida).

En Gipuzkoa han aparecido estas monedas en Usategi (Ataun) y en el caso de Bizkaia en el monte Lejartza en Larrabetzu, donde en el año 1767 se descubrió un tesoro de ciento veintiún denarios y joyas de plata. Las cecas llevaban el nombre de “arekopata, sekobirikes, baskunes, benkota, turiasa, arsaos y bolskan”. Las piezas más numerosas pertenecen a la emisión de baskunes relacionadas con las lucha entre Pompeyo y Sertorio. Cuando menos “baskunes” o “turiasa” parecen estar en euskera (probablemente alguna más). Fuera de territorio baskón, las monedas con la inscripción “baskunes” han aparecido en Palencia, Córdoba (Molino de Marrubial), Jaén (denarios) o en Fuenmayor (La Rioja Media, berones). Pero no son las palabras más antiguas escritas en euskera.

Entre estas monedas tenemos las mencionadas de la ceca de Kalakorikos (Calahorra), que es una de las ciudades mejor documentadas de la provincia Tarraconense. Sabemos que fue el municipio donde se aplicó de forma más temprana el derecho romano en el interior de la Península y que Augusto ejerció un efectivo patronazgo sobre él; éste emperador romano incluso tuvo escoltas baskones procedentes probablemente de esta población. La ciudadanía y el rango municipal que recibieron los calagurritanos a la altura del 31 ó 30 a.C., era un efectivo privilegio otorgado por entonces de modo muy selectivo; nombrada por primera vez durante el proconsulado de L. Manlio Acidino Belarra, emitía monedas en su ceca con el nombre de Kalakorikos en el año 171 a.C.. El nombre vendría de “cala” roca (interpretación posible) y “gorri” roja o pelada (más fundamentada). Pero sería la tercera palabra en euskera conocida hasta el momento.

Es más que probable que los topónimos prerromano y romano de su vecina Alfaro (Rioja Baja) estén en euskera. Reconocida por los historiadores grecolatinos como “ciudad baskona”, fue fundada en el año 179 a.C. en honor a su conquistador Tiberio Sempronio Gracco, por lo que fue rebautizada como “Graccurris” pero se asentó sobre la población indígena “Ilurcis”, ruinas encontradas cerca de esta población en el río Alhama. Ambos topónimos tienen el término “ili/uri” ciudad en su variedad dialectal según Julio Caro Baroja, sería el primer topónimo en euskera y estaba en territorio de los baskones, aunque la referencia es tardía, del historiador griego Plutarco (46-120 d.C.). Pero puede que haya palabras en euskera anteriores a estos nombres que nos da la numismática.

Se encontró en Liria (actual Valencia) un vaso de alfarería donde, a modo de caricatura, dos personajes desde dos barcas diferentes están combatiendo y otro desde tierra amenaza con una lanza. En este vaso aparece escrito con caracteres ibéricos "gudua deitzdea", traducible como “llamada a la guerra” y está datado también del s. II a.C. (ver la foto que ilustra este artículo).

Es probable que las diferentes inscripciones en íbero escondan nuevas palabras en euskera, más si vemos la fuerte influencia técnica, en la onomástica personal, cultural e idiomática que éstos ejercieron sobre los Pueblos euskaros colindantes y de la Llanada alabesa, así como la existencia de unas aparentemente mejores relaciones que con los diferentes Pueblos celtas. La relación areal, bilingüismo o influencia del íbero sobre el euskera y viceversa (por qué no) parece clara, como en los numerales. Así en íbero, aunque no sabemos su correspondencia, existen los numerales: ban, bi/bin, irur, laur, borste/bors, sei, sisbi, sorse…abar u orkei; en euskera el orden de los numerales es: bat, bi, hiru, lau, bost, sei, zazpi, zortzi…hamar u hogei.

Por tanto, cuando en el documental de la EiTB “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía” comenta que “antes del siglo VI en la Vasconia occidental no se hablaba euskera y afirma, que a partir de esta época el euskera se consolidó en el entorno de la ciudad de Pamplona”, no se sabe bien de qué habla.


8. IRUÑA DE OKA, LA CIUDAD ROMANA DE VELEIA




Los principales opinadores y acusadores de falsedad de las ostracas euskaldunas encontradas en Iruña de Oka en el asentamiento romano de Veleia en año 2006, se repiten en gran parte en la hipótesis de "la vasconización tardía" (renombrada como "euskaldunización tardía") del programa de EITB "Una historia de Vasconia" del año 2014, escrita y presentada por el historiador bilbaíno Alberto Santana.

Las 180 palabras en euskera así como 10 frases de estas ostracas, no encajan en las dos hipótesis principales de los acusadores: la primera hipótesis es de cómo podía ser el euskera hablado al comienzo de nuestra Era y la segunda es la hipótesis de la "vasconización tardía", sin olvidar la cuestión nada secundaria de la temprana cristianización de la Llanada alabesa (aunque en este caso también había antes pruebas más que suficientes). Ninguno de los acusadores de falsedad ha podido probar nada ante el juzgado por falta de pruebas científicas porque se niegan a realizarlas, lo que quita valor a sus acusaciones y cierne sobre ellos una oscura sombra (aunque aún no hay una resolución judicial).


Sin embargo, todos ellos olvidan las dos inscripciones en el concejo de Trespuentes (Transpontem) del municipio de Iruña de Oka que fueron descubiertas mucho antes que las ostracas encontradas por la empresa LURMEN en el 2006. En una casa cercana al yacimiento aparecieron en el siglo XIX dos lápidas con las inscripciones “Illuna” y “Tichia”, citado por el Padre Fidel Fita (1883) testigo de su existencia ya que después desaparecieron: Rhodanus Atili f(ilius) servos an(norum) L Tychia uxor [Ill?] una socra. I(c) e(st). (Aquí yace Ródano, siervo, hijo de Atilio, de 50 años de edad. Pusiéronle esta memoria su mujer “Tychia” y su suegra “Illuna”). Era Veleia la ciudad eúskara más importante y la tercera ciudad de la provincia Tarraconense, después de la capital Tarraco y Caesaragusta, albergando hasta 10.000 habitantes en su momento de máximo esplendor.

Desde el 2006 han aparecido otras dos palabras "imposibles": VELEIA(N) (escrita con "V", lo cual uno de los acusadores dictaminó que era imposible en tan temprana época y encima declinada en euskera) y UR (ver fotos). Sin embargo, nadie se ha atrevido a acusar a los nuevos arqueólogos de falsedad en los mismos (aunque han sido cesados temporalmente sin que nadie sepa el motivo más que ellos mismos). Esto que se sepa, pues se ha enseñado muy poco de lo excavado en los últimos años.


LA CIUDAD ROMANA DE VELEIA




El astrónomo, geógrafo y matemático greco-egipcio de época romana Ptlomeo (vivió en Alejandría-Egipto en el s. I d.C.) en su libro “Geografica (II.6.(7) comenta que “los autrigones son contiguos de los cántabros en la costa y tienen la desembocadura en el río Nerua (Nervión) y la ciudad de Flaviobriga” (…)

“Cerca de los autrigones, entre el río Ebro y Pirineo, se encuentran los caristios, y sus ciudades interiores Suestasion, Tullica y Veleia (II.6.(53))”.

“Al oriente de los caristios están los vardulos y sus ciudades Gebala, Tullinion (Alegría-Dulantzi), Alba, Segastia, Penámica, Tritio Tubóricon y Taberca (II.6.(66)). Más allá están los vascones y sus ciudades (…)”. Existe además una importante inscripción a César Augusto en Veleia dedicada por los “cariete y venneses”, al cual deja bien claro a qué Pueblo prerromano pertenecía Veleia en la actual Iruña de Oka.

Esta descripción rompe el nuevo mapa de Pueblos o tribus planteado por "Una historia de Vasconia" de Alberto Santana, asesorado por el filólogo en lenguas modernas Joseba Abaitua (el único que junto a Santana defiende la hipótesis en el documental) y el arqueólogo de la Diputación Mikel Unzueta. Joseba Abaitua es además el controlador de la entrada de la Wikipedia sobre Iruña-Veleia, pese a estar especializado como hemos dicho en lenguas modernas y no se le conoce trabajo alguno sobre lenguas antiguas.


Mapa tradicional de los Pueblos euskaros:


Extraño mapa propuesto en "Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía":




La calzada Akitania-Hispania atravesaba los Pirineos por Urkulu y Turisa (alto de Orreaga, Auritzberri-El Espinal) y bajaba a la capital baskona, Pamplona, por Alantore, Araceli, Alba, Tullinio y Suessatio llegaba a la karistia Veleia (el pueblo actual de Iruña de Oka), para seguir hacia la capital autrigona, Briviesca, dirección Asturica Augusta (Astorga).

El nacimiento de las ciudades de época romana es descrito por Julio Caro Baroja en su libro “Problemas vascos de ayer y hoy”: “Los romanos tenían por principio el de hacer bajar las poblaciones vencidas de sus asentamientos en la altura y que poblaran más los llanos, con dos objetos: el de controlarlas mejor y el de aumentar la producción del suelo, el origen de la parte de las aldeas del Occidente Europeo”.

Había tres grandes ciudades en la provincia Tarraconense de época romana con el nombre “Irun”, “ciudad”, en lo que hoy es el País Vasco: Iruña de Oka (Llanada alabesa, cerca de Vitoria-Gasteiz, llamada Veleia por los romanos), Irun en la costa (Oiasso, Gipuzkoa) y la capital baskona Iruña (Pamplona).

Era Veleia la ciudad romana en tierras vasca más grande al sur de los Pirineos con 10.000 habitantes en su momento de máximo esplendor, con una cohorte permanente, sólo superada en habitantes en la provincia Tarraconense por Zaragoza (César Augusta) y Tarragona (Tarraco) con 20.0000 habitantes cada una y en la península hispánica era Mérida (Emerita Augusta) la ciudad romana más grande con 25.000 habitantes. Por tanto Veleia era “enorme” para su época.

“El yacimiento de Iruña de Oka (Veleia) está situado en una posición centrada en la Llanada alabesa. Ocupaba unos 100 Ha., delimitadas por un meandro del río Zadorra que era salvado por dos puentes -los actuales de Trespuentes y Víllodas-, uno en cada extremo del espolón.

Iruña fue ante todo un gran poblado indígena que ocupaba desde el espolón de Arkiz hasta la base de la colina de Iruña. Sus orígenes se remontan al siglo VIII antes de Cristo, en el final de la Edad de Bronce y continúa habitado en la IIª Edad del Hierro (en el siglo IV a.C.). Sus viviendas, rectangulares y circulares, se parecían a las excavadas en el cercano poblado de Atxa (Vitoria-Gasteiz). Se trataba de cabañas asentadas en la roca natural del terreno, con paredes de adobe, tapial y ramajes y techumbres vegetales. En muchas ocupaciones romanas se da una continuidad entre los poblamientos indígenas y las nuevas ciudades romanas, como en la ciudad de Veleia.

En Iruña de Oka (Veleia), en la primera mitad del siglo I.d.C.-época tardoaugustea o julio-claudia-las cabañas del poblado son sustituidas por las primeras casas hechas "a la romana". Las habitaciones de de estas viviendas urbanas o domus rodeaban un patio central dotado de cisterna de opus caementitium u hormigón romano. El final de ese siglo -época flavia- constituye para la ciudad de Iruña/Veleia su momento de mayor esplendor. Algunas de las domus se rehacen completamente, edificándose con mayor porte. Espacios y edificios públicos completaban este espacio típicamente urbano.

Conocemos mejor la ciudad de fines de siglo III y mediados del IV d.C.-época tardoantigua-. La recesión económica del momento hizo que paulatinamente se abordaran edificios antes ocupados. Es en estos años cuando se emprende la última gran obra pública en Veleia, la construcción de la muralla que delimita una ciudad de algo más de 11 Ha. Veleia, al igual que otros privilegiados núcleos urbanos de la vía entre Asturica Augusta (Astorga) y Burdigala (Burdeos) se amuralla. La irrupción de los bárbaros en la península a principios del siglo V d.C. no supuso un corte total en la historia de Veleia. Los últimos datos arqueológicos sobre la ciudad corresponden a enterramientos de finales del siglo V d.C. ocupando espacios de habitación ya abandonados”. Diputación Foral de Alaba.

La muralla tenía entre 4,5 y 5,5 metros de ancho y 8 de alto (el doble que una muralla medieval normal por ejemplo), aunque no está claro contra quién defendía la ciudad, pues además de los bárbaros del norte, es época de movimientos bagaudas, masas de campesinos descontentos que se organizan militarmente y que provocan un caos inicial en Baskonia y territorios adyacentes.

Veleia era el principal centro de consumo y sobre todo de distribución de mercancías del País Vasco peninsular interior, como en la costa lo era Forua (también del pueblo karieta o caristio, pero donde no había una ciudad). Veleia debió de ejercer una influencia política y comercial importante en el mundo vasco de época romana.

Notitia Dignitatum escrita en la primera mitad del siglo V, es la única fuente para conocer algo de la organización militar en Baskonia, por la cual sabemos que la fortaleza de Baiona (Lapurdum) había una cohorte (600 hombres) y un tribuno, por el norte el siguiente destacamento era ya en la frontera con los “bárbaros” germánicos en las Galias del norte, sobre el río Rhin.

El tribuno de la cohorte Primera Gálica de la Tarroconense residía en Veleia. En toda la península hispánica sólo había tropas romanas en Séptima Gemina (ciudad de León), en Zamora (Royinos de Vidriales), Lugo, Juliobriga (cerca de Reinosa, los cántabros y asturianos no fueron conquistados hasta el año 26 a.C.) y en otro lugar de Galicia, todas en el norte peninsular y en zonas rebeldes durante años a la ocupación romana ("Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX" Alberto Pérez de Laborda).

Por tanto, tanta presencia armada en nuestro territorio es cuando menos sospechosa, más si se ven los acontecimientos que siguieron a las invasiones bárbaras del siglo V donde el pueblo llano vasco se alzó en armas y llegó a tomar ciudades amuralladas como Tarazona o sembró el terror en la mismísima Zaragoza, los mencionados “bagaudas”.

Con todo, en la vida cotidiana se impusieron las costumbres romanas. En la dieta diaria, se incorporó la fruta en variedad, siendo los melocotones una de las más consumidas. Con la llegada de los romanos se produce una expansión brutal de todo tipo de técnicas de horticultura. El comercio y la dieta de los antiguos vascos era de una variedad impresionante.

Parece muy difícil de averiguar si estas ciudades, donde sólo la clase dirigente sabría latín, tuvieron la influencia que después tendrán Vitoria o Pamplona sobre el euskera, pero la lógica nos dice que debió de ser así. Incluso mucha de esa clase dirigente, sobre todo fuera de las grandes ciudades (los “possesor” o latifundistas), hablarían el latín como segundo idioma. Ausonio (s.IV), en una carta asevera que en la ciudad de Dax su abuela habla euskera, así como todos los “salvajes” habitantes del campo (“saltus vasconum”).

La importancia del Imperio romano en los idiomas se refleja en que sólo el euskera y el gaélico sobrevivieron en Europa a su devastadora maquinaria bélica y burocrática y religiosa después.

Los hallazgos en Iruña de Oka de ostracas con textos en euskara, confirmarían que el idioma de las ciudades vascas de época romana era el euskera, incluso entre la clase dirigente que serían básicamente nativos como el claro ejemplo del baskón y proconsul romano de la Tarraconensis, Aurelio Prudencio , nacido en Calahorra en 348, por tanto se trataría una situación parecida a la que vivimos tras la invasión castellana de la Nabarra Occidental en 1200 o en Alta Nabarra en 1512-24 y 1620 en Baja Nabarra.

No serían las de Iruña de Oka, ni mucho menos, las palabras más antiguas en euskera, pero darían mucha luz al desconocimiento que tenemos sobre la evolución de nuestra lengua, como el posible temprano uso del artículo “-a” frente a lo que pensaban muchos lingüistas, también reforzaría la idea del uso de la “h” aspirada en todo el territorio euskaldun, nos hablaría de la antigüedad de muchas palabras y otros elementos gramaticales de enorme interés filológico, incluida la posible dialectización en época romana entre el sur (Tarraconensis) y el norte (Novempopulania o Akitania I) donde hay sobre 400 palabras en euskera cincelados en lápidas, aras o similares.

La romanización de la tierra vasca se ve claramente en la gran influencia del latín en el euskera. La raíz latina aparece en muchas palabras vascas, según una tesis de Luis María Mujika más de la mitad del vocabulario tradicional del euskera en los últimos siglos es latino o románico, pero hay que distinguir las recibidas con sustrato antiguo importante de las recibidas durante los siglos en los que imperó el latín en la liturgia de la Iglesia o las que vienen del castellano.

Según Gerhard Rohlfs, el primer sedimento de palabras trasvasadas al euskera son de carácter jurídico (unas 30), luego fueron palabras de culto cristiano (unas 50), relacionadas con fiestas (unas 30), por influencia de maestros romanos (unas 30, maestros que usaban ostracas o piezas lisas de cerámica y un punzón a modo de “pizarra y tiza”, como las encontradas en Veleia) y otras 15 de contenido abstracto.

La mayoría de las palabras de origen latino hacen referencia a técnicas de todo tipo, productos agrícolas introducidos por los romanos, cuestiones de organización, economía y actividad textil; no así para animales domésticos (salvo aves de corral), árboles y hortalizas.

Las palabras de origen latino en euskera son muchas: "eta" (conjunción "y"), "zeru" (cielo, frente al "ortzi" anterior), "pago" (pagus), "errota" (molino, de "rotar"), eliza (iglesia), aingeru (ángel), sekula (nunca), gaztaña (castaneam), piku (ficum, higo), geriza (caereseam), golde (culter), akulu (aculum), aingura (acorum), solairu (solarium), gaztelu (castellum), kate (catenam), errege (rex, regem), lege (legem), katu (gato, animal procedente de Egipto), bake (pacen, pax), foru (forum, en un principio designaba un mercado público, no confundir con las leyes), meta (montón de grano), zekale (centeno), txertatu (injertar), Deusto (barrio de Bilbao), Donostia, berba (verbum) etc.

El latín incluso influyó en la gramática del euskera de forma notable, sufijos, declinaciones etc., o la creación de infinitivos con terminaciones –tu y –du, según defendía, entre otros, Caro Baroja, como: piztu, hartu, gurtu etc. Antes del contacto con el latín no habría un signo para el infinitivo sino que cada verbo tendría una terminación como hoy ocurre en contados casos como en los verbos más significativos: egin (hacer), joan (ir), ekarri (traer), eraman o eroan (llevar), izan (ser) y egon (estar).

Del latín vendría también "agur" (adiós), de "auguri" (buena suerte), de donde viene también la palabra en castellano "augurio".

Varios libros del arqueólogo Xabier Peñalver, revelan la existencia de castros vascos amurallados anteriores a la invasión romana con restos de hasta hace 5.000 años y prestos para la defensa del territorio siguiendo los grandes ejes de los valles fluviales, en sitios elevados y con el terreno previamente preparado para acoger la posterior edificación Estos castros estarían relacionados entre sí (se sitúan en altos con una vista natural los unos de los otros), autónomos en recursos naturales, pastoriles (guardaban el ganado dentro de las murallas) y agrícolas (se han hallado todo tipo de cereales propios de la época, dentro y fuera de la muralla), todos ellos en las actuales provincias occidentales de Bizkaia, Gipuzkoa y norte de Alaba, pero también en el norte de Lapurdi, Baja Nabarra y Zuberoa, iguales que los que hacían sus vecinos celtas, astures y cántabros.



Han aparecido de momento 2 de estos castros en el norte de Alaba, 8 en Bizkaia, 8 en Gipuzkoa, 10 en el norte de Lapurdi, 28 en el centro y norte de Baja Nabarra y 17 en Zuberoa, éstos en plenos montes Pirineos. En todos ellos se observa una continuidad en la población. En estos castros de Pueblos euskaros no hay teseras, armas ni simbología que se pueda atribuir a celtas y si abundante simbología autóctona, como cruciformes o estelas dentadas que tienen una continuidad altomedieval y, sobre todo, aproximadamente una docena de palabras en euskera (ninguna en idioma celta). En el siguiente mapa se ve bien a las claras la máxima expansión del idioma celta, siempre fuera de los Pueblos euskaros.

Conclusión

La importancia que tendría para el conocimiento del euskera en los primeros siglos de la Era cristiana, las ostracas de Iruña de Oka (Veleia) desmantelarían definitivamente esta teoría usada para negar la existencia de euskaldunes en gran parte de nuestro País hasta la caída el Imperio Romano Occidental y también la supuesta pervivencia del euskera en base a su aislamiento frente al mundo romano y la escasa romanización del territorio, por lo que urge una segunda datación de carbono 14 para confirmar o no la manipulación de las mismas.





9. LOS NOMBRES DE LOS PUEBLOS PRERROMANOS DE BASKONIA Y SU IDIOMA





Respecto a los Pueblos que habitaban el territorio occidental de lo que en la Alta Edad Media será el ducado de Baskonia, el griego Ptlomeo de Alejandría en el s. II d. C en su libro “Geographica” nos aclara cuales eran: “los autrigones son contiguos de los cántabros en la costa y tienen la desembocadura en el río Nerua (…) Cerca de los autrigones, entre el río Ebro y Pirineo, se encuentran los caristios (…) Al oriente de los caristios están los bardulos”.

Otro geógrafo griego Estrabón (64 a.C al 24 d.C), coetáneo a la conquista de la cornisa cantábrica (Guerras Cántabras 29-19 a.C.), nos dice que: “Al norte de los celtíberos están los berones (...) Lindan también con los bardyetas, que hoy se llaman bárdulos. Por el oeste están algunos de los astures y de los callaicos (…)”. Ningún texto romano habla de que sean Pueblos celtas, los cuales conocen muy bien como vimos en el capítulo anterior.

Sobre los idiomas que hablaban estos Pueblos, las referencias de los autores romanos son muy vagas, así Estrabón nos deja escrito: “a los cuales dejamos por inconsonancia de los nombres, porque no se pueden explicar”. Pomponio Mela tampoco es muy explícito a este respecto en su "De Chorographia" (Baética, sur de Hispania año 40): “cuyos nombres en nuestra boca no se pueden concebir”. Para los romanos los idiomas de los celtas eran “incomprensibles” y la de los Pueblos euskaros “inconsonantes” o “inconcebibles”. Es lógico pensar que hubiera zonas bilingües al igual que las habría con los íberos por Este.

Por tanto, según explicaba el antropólogo español Julio Caro Baroja (Madrid 1914-Bera 1995) en su libro “Sobre la lengua vasca”: “En suma desde épocas remotas la lengua vasca se caracteriza por ser aquella que se hablaba y se habla por un pueblo colocado a las dos vertientes de la cordillera pirenaica, y con probabilidad también de su continuación, o sea la cordillera cantábrica”. En otro texto decía el antropólogo: “Que es lícito pensar que en el norte se hablaba una lengua difícil a oídos griegos y latinos, que pudiera ser la generadora del vasco. Que en la región pirenaica es donde se encuentran los vestigios más claros de que se habló un idioma parecido al vasco”. El historiador Ramón Menéndez Pidal (La Coruña 1869- Madrid 1968) en su trabajo “Del elemento vasco en la lengua española” era de la misma opinión: “(…) lo hablan descendientes de pueblos antiguos como los várdulos y caristios que nunca se confundieron con los vascones”.

El catedrático en historia José Luis Orella Unzué en su libro “Sancho III el Mayor” comentaba que: “Estas tierras del noroeste de Castilla eran en la cultura anterior a la romanizada, como igualmente lo testifica la arqueología, tierras autrigonas, por tanto en estrecha relación con el ámbito de la lengua vasca. Además estas tierras gozaban en su derecho privado unas instituciones típicas del sistema jurídico pirenaico, lo mismo que todas las tierras que estaban a su costado oriental”.

Más recientemente M.M. Sáez de Jubera y J.M. G. Perujo en su libro “Onomástica vasca en la Rioja” (1998) son del mismo parecer y mencionan a Julio Caro Baroja para decir que: “se mostró también a favor de la continuidad de la lengua vasca, desde la época de los autrigones, en área entre el Cantábrico y La Demanda. De esta misma opinión fue Antonio Tovar (Filólogo y Lingüista, Valladolid 1911-Madrid 1985)”. Incluso en la actual capital riojana, Logroño (berones): “la permanencia cultural indígena es mucho mayor”. El último trabajo importante sobre el euskera en el territorio de los berones y autrigones es del antropólogo de Fitero Eduardo Aznar Martínez en “El euskera en La Rioja” (2011), donde comenta al respecto: “…la existencia de un amplio conjunto toponímico y onomástico vasco medieval en todo el territorio autrigón, y que al igual que en el caso riojano (en referencia a los berones), es bastante difícil que haya surgido de una repoblación tardía y apresurada”. Por tanto, según los investigadores más prestigiosos del siglo XX y los nuevos del siglo XXI, el euskera o un protoeuskera es el idioma de todos estos Pueblos.

Hay quien quiere ver nombres celtas en estos Pueblos euskaros, sin embargo, si los analizamos a la luz de lo que hoy sabemos, nada de esto se puede deducir. Respecto a su significado, en muchos casos es evidente que es euskera:

Vasco(nes): No hay duda de que está en euskera. Julio Caro Baroja señala en su libro “Los vascones y sus vecinos” que “vascones” sería el plural de “vascus” (vasco).

Aquitanos: en singular “ausko”, cuyo plural latino (i) sería auski o ausci (se pronuncian igual en latín) más el gentilicio -tano. Julio Caro Baroja explica: en su libro “Sobre historia y etnografía vasca”: “Que uasc-, vasc- esté en relación con eusk o con ausc- (en los ausci de la Novempopulania), es muy probable” el paréntesis es del propio Caro Baroja. El historiador ronkalés Bernardo Estornés Lasa (Isaba 1907-Donostia 1999) también apuntaba a que Eusko, Vasco y Ausko sean lo mismo.

El general romano Julio César (Roma 100 a.C.-44 a. C), conquistador de Hispania y de la Galia, nos dejó escrito que: "los aquitanos, eran de parecido físico, lengua y costumbres iguales que la provincia vecina, La Hispania Citerior". Esta apreciación es expuesta después por Estrabón (Amasia 65 a.C.-24 d.C.) y Julio Caro Baroja aclara: "es lógico pensar que los aquitanos fueran, en primer término, semejantes en lengua y aspecto a sus vecinos de la Península, que Estrabón llama Iberia en general, es decir, a los vascones". Aunque ni Estrabón ni Julio César delimitan los Pueblos a los que son “semejantes en lengua y aspecto” los ausko, lo que sí dejan claro es que no son celtas.

Bardulos o realmente Barduli: “Bar” sería frontera, conservado en el romance baskón o gascón como “Bararte” (donde –arte es “hasta” en euskera) más “Uli”, que es ciudad o población en euskera, el propio J. Caro Baroja en su libro “Sobre historia y etnografia vasca” es el que nos da esta referencia (Mella escribe “Varduli” y Plinio “Vardulli”).

Berones en la zona La Rioja media actual con capital en Varea (municipio de Logroño): El río Iregua era llamado “Bero” y contendría el término que sería euskeriko, así como quizás el municipio de Briones cercano a Haro. Ya hemos visto que, aunque está documentado que se volvió a repoblar en la Alta Edad Media con euskaros del ducado de Baskonia y después del reino de Nabarra, nunca dejó de hablarse euskera al menos en la zona boscosa y de la montaña riojana.


Es más difícil el caso de los dos siguientes:

Autrigones/al(l)otrigues: no se ha encontrado una respuesta satisfactoria para traducir este nombre que Ptolomeo deforma, pero que sí tiene significado en griego de manera muy clarificadora: “extraños”. Estrabón llama a este pueblo "al(l)otrigues" y Floro "Autrigonas" con capital Briviesca (La Bureba, actual provincia de Burgos). Recordemos, por ejemplo, que el vocablo “celta” en realidad no está en un idioma celta sino en griego y significa: “gente oculta”; por lo que este tipo de adecuaciones fonéticas al griego o de nombres “ex novo” no son nada extraños en los geógrafos grecolatinos.

Karisti/Kariete/Καριστοί: Ocurre lo mismo que con el anterior, no parece tener traducción sin forzarlo en exceso a ningún idioma (ni euskaro, ni celta, ni íbero), pero sí que existe una población con este nombre en isla griega de Eubea, por lo que pudiera ser que el geógrafo o el escribano esté aproximando el nombre euskaro al término que más se parece en su idioma o poniéndole uno nuevo. También se ha creído que estos nombres podrían tomarlos los romanos de los propios celtíberos que sí los conocen y que acababan de ser conquistados e integrados en las legiones que invaden los Pueblos euskaros.

La realidad es que es imposible asegurar que éstos sean realmente los nombres de estos Pueblos. El hecho de que un Pueblo tenga un nombre diferente al que se da a sí mismo es muy frecuente y tiene su lógica en el desconocimiento del idioma que tiene el observador que muchas veces es en realidad un invasor, más cuando estos nombres, como dicen los geógrafos grecoromanos, son “inconsonantes” e “inconcebibles”. Algunos ejemplos de lo que menciono son: Grecia (Hellás o Elláda), Germany o Alemania (Deutchland), Albania (Shqiperia), Georgia (Kartveli), Armenia (Hayastan), Hungría (Magyarország, Hungría viene de los Hunos que allí se asentaron), Japón (Nipón, Japón está en chino), China (Zhongguó), Corea Sur (Daehan Minguk), Corea Norte (Joseon Minjujuei), Finlandés (Suomi), Esquimal (Inuit), Bereber (Imagizen), Navajos (Dineh), Apaches (Inder) etc.

Para los siglos IV-V ya no se mencionan los Pueblos euskaros. Idacio de Gallaecia (norte de Hispania) nombra en el año 456 a los bárdulos por última vez ("Las costas de los cántabros y de los bárdulos fueron cruelmente devastadas" por los hérulos) y las últimas referencias a los autrigones son del Cronógrafo en el año 354, del mismo año es la última referencia a los karistios. El propio Idacio (449) hablaba por primera vez de "Baskonias" en referencia tanto a la norpirenaica como al territorio al sur de ésta cordillera montañosa, por lo que ya podríamos hablar de la existencia de una unidad al menos cultural-idiomática para esas fechas y no antes. En el 581 los germánicos francos y los godos ya lo hacen en singular: "Baskonia".

En el documental de EITB “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía”, Alberto Santana habla de que el Pueblo de los baskones invadió en el siglo VI a los supuestos celtas de las actuales Bizkaia, Gipuzkoa y Alaba (salvo Oarso Aldea que era baskón, así como rioja alabesa o la montaña), lo cual es ciertamente imposible, pues, para entonces…no había celtas dentro del Imperio Romano (salvo los galeses) y ni siquiera, aparentemente, diferentes Pueblos euskaros. Esta es una afirmación comúnmente aceptada por toda la historiografía, pues los celtas aceptaron de manera muy rápida las costumbres romanas, por lo que, según la hipótesis de Santana, en Bizkaia, Gipuzkoa y Alaba en el siglo VI los invadidos serían gentes totalmente romanizadas que hablaría latín o un dialecto-romance del mismo, lo cual es muy difícil o imposible.


El territorio de todos estos Pueblos, es aproximadamente el del Estado que en la Alta Edad Media se llamará ducado de Baskonia y después reino de Nabarra, según la territorialidad marcada en el Pacto de 1016 entre Nabarra y Castilla del documento 166 del Cartulario de San Millán de la Cogolla y ratificado en el Tratado de Tamara de 1127.





10. LA ARQUEOLOGÍA DESMONTA LA HIPÓTESIS DE LA BASKONIZACIÓN TARDÍA




Este es quizás el apartado más sorprendente del documental que Josu Venero y Alberto Santana firmaron con dinero público para EiTB y donde se intenta buscar un origen externo a las tumbas con impresionantes armas de hierro del siglo VI encontradas en Alaba que justifiquen esta antigua hipótesis (1925), sin embargo, también la arqueología está en su contra.

Existen las excavaciones mencionadas en Alaba en Aldaieta del año 1999 de la primera época Alto Medieval entre los siglos V-VIII encabezadas por el arqueólogo bizkaíno Agustín Azcárate Garai (asentamiento de Nanclares de Ganboa) y en Bagoeta en Luko (Arrazua-Ubarrundia, fundición de hierro y un asentamiento), además de otras excavaciones alabesas con dataciones similares en la Llanada alabesa como Zornoztegi (Salvatierra-Agurain), Aistra (Zalduondo) o Alegria-Dulantzi cuyos resultados vamos a ver a continuación.

El ajuar de Aldaieta es el más extraordinario de los mencionados, se trata de 100 tumbas simples y probablemente unas 400 en la zona abnegada por el actual pantano, no se ha encontrado el asentamiento de esas gentes por la misma razón. Las tumbas son familiares con personas de ambos sexos y parten de un primer individuo o tumba fundacional sobre el que se va enterrando el resto, bien en paralelo o bien encima. El ajuar (lo que los muertos llevaban encima) es muy interesante: 60 lanzas, 30 hachas con impresionantes “franciscas” (hachas arrojadizas de guerra cuya invención se considera de origen germánico), cuchillos, espadas para usar a caballo por los dirigentes o scramasaxes (espadas de un solo filo y punta afilada cuya invención se considera de origen germánico), anillos, collares, fíbulas, vasos de cristal, hebillas de cinturón etc., exclusivas en esos siglos de los grandes dirigentes; hechas tanto en bronce, plata e incluso en oro en el caso de una hebilla, con aleaciones de bronce-estaño de una calidad extraordinaria y que demuestran un gran manejo del arte de la siderurgia con una calidad de acabado que aún hoy cuesta superar.



En las diferentes excavaciones del municipio de Alegría-Dulantzi en la Llanada alabesa podemos ver toda esta evolución de 2000 años, pues se han encontrado restos de un poblamiento bardulo de la Edad Bronce situado en el montículo de Henaio (1000-100 a.C.), después, tras hacer bajar a la población al llano sobre el siglo I a.C., se construirá el poblamiento romano de Tullonia mencionado en el Itinerario de Antonino, junto a la calzada romana Burdeos-Astorga (iter XXXXIV ab Asturicam Burdigala). En la Edad Media el asentamiento estaría cercano a dos rutas comercial vitales: la “Ruta del vino y del pescado” que enlazaba la costa con el interior, empezaba en la capital bizkaína Bermeo e iba a Logroño, pasando por el Santuario de Estibaliz y Elburgo-Burgelu cercano a Alegría-Dulantzi, donde haría uno con el Camino de Santiago Vasco del interior o Ruta de Baiona, el cual entre los s. IX-XIII era el más importante y que entraba desde Gipuzkoa por el paso de Lizarrate o San Adrián en Zegama a Zalduondo en la Llanada Alabesa (Cuadrilla de Salvatierra-Agurain), para discurrir después por mencionada calzada romana Burdeos-Astorga. Los arqueólogos responsables de la excavación de Alegría-Dulantzi Miguel Loza Uriarte y Javier Niso Lorenzo (2010), los cuales han encontrado construcciones, enterramientos con ajuar desde el siglo VI en adelante, son muy contundentes: "una vez más ha quedado claro que los habitantes de los Pueblos históricos alabeses son la herencia directa de sus antepasados premedievales”.

La estratigrafía en Aistra en la Llanada Alabesa occidental nos da la misma situación cronológica, como no podía ser de otra manera (despoblado entre los municipios de Araia y Zalduondo). Esta población era cercana al paso de Lizarrate mencionado en la sierra de Urkilla, tiene restos romanos de lápidas y cerámica (no se ha encontrado aún el asentamiento), después han aparecido terrazas agrícolas y silos en cuevas de los V y VI, restos de un “longhouse” del siglo VII y otro del siglo siguiente, para terminar de configurarse la población con una iglesia románica con cementerio anexo. Aistra se despobló hacia el siglo XIV según se describe en “El entorno vegetal del yacimiento medieval de Aistra a través de su estudio paleo palinológico” de Begoña Hernández Beloqui.

El contexto histórico que se concluye de las excavaciones de Zornoztegi es igual a los anteriores (descampado perteneciente a la villa de Salvatierra-Agurain), con una cabaña de la Edad de Bronce en el promontorio de Ubaide (habitado desde el III. milenio a.C.), después se han hallado restos tardo romanos del siglo V en el llano para volver para una mejor defensa del territorio la población a la colina de Ubaide en una etapa Alto Medieval con un asentamiento de hectárea y media, el cual se volvió inestable por la invasiones bárbaras tras la caída del Imperio Romano Occidental, sobre todo a finales del siglo V; la población se terminó de constituir con una iglesia románica del siglo XI fruto de la reforma eclesial y social impulsada desde el monasterio de Leire por el rey baskón Sancho III el Mayor; Zornoztegi fue abandonada poco a poco probablemente al fundarse la villa de Salvatierra-Agurain en el siglo XII, todavía dentro del reino de Nabarra, tras una nueva reforma de villas y tenencias impulsada por Sancho VI El Sabio, lo que conllevó el abandono de numerosas aldeas y la concentración de la población en estas villas fortificadas, las cuales eran mucho mejores para la defensa del territorio ante los ataques de nuevos invasores o enemigos: los castellanos. En toda Alaba hay más de 300 despoblados como estos aún no excavados.

La tesis doctoral del mencionado arqueólogo José Luis Solaun Bustinza complementa el estudio de los hallazgos pues versa sobre la cerámica alabesa alto medieval (“La cerámica medieval del País Vasco, siglos VIII-XIII” Diputación Foral de Álava 2005) y donde como conclusión remarca que: “Al menos durante la primera mitad del siglo VI, una continuidad de las series y sistemas productivos romanos que presentan en este siglo como un período de transición hacia la centuria siguiente. Así, a mediados del siglo VI y gran parte de la centuria siguiente contamos con el material cerámico recuperado en la necrópolis de Aldaieta, cuyas producciones evidencian ya un predominio absoluto de la cerámica común local y la consiguiente desaparición de las producciones finas”. Es decir, hay una continuidad poblacional y se pasó de una producción de “terra sigilata” romana a otra más simple e indígena tras la caída del Imperio Romano Occidental (ver fotos), pero no hay ni rastro de una posible invasión por nuevas gentes que habría destruido todo lo anterior y que diera pie a pensar en una “baskonización tardía”.



El historiador afincado en Agurain Fernando Sánchez Aranaz, ahonda en la cuestión de los siglos V-VIII en la Llanada alabesa en el artículo “Las fronteras de Vasconia”: “Hasta ese momento el ducado de Vasconia y el reino godo de Hispania (s.VI-VIII) habían mantenido una oscilante frontera militar, cuya retaguardia, según nos revela la arqueología, se determina por la presencia de necrópolis de claro carácter guerrero, relacionadas con tipologías aquitanas, que marcan una línea entre Buzaga (valle de Elorz), Pamplona, San Pelayo (Alegría-Dulantzi), Aldaieta (Langraitz Ganboa), en la Llanada Alavesa (…)”. Por tanto, todas estas excavaciones de la Llanada alabesa demuestran que éstas serían poblaciones fronterizas con godos y después con musulmanes, de ahí que sus gentes estuvieran fuertemente armadas y con una población elevada para la época, bien organizadas y con un alto dominio de la siderurgia, pero con un centro político muy al norte sobre el río Garona desde donde irradiaría el poder baskón siguiendo las antiguas calzadas romanas como vamos a ver. Es más, todas estas excavaciones mencionadas demuestran una nula influencia goda en la zona boscosa de Baskonia (s. V-VIII), en la Llanada Alabesa y al norte de Herriberri-Olite, ya que los godos nunca se enterraban con armas en las más de 500 tumbas encontradas debido a su creencia de que el viaje hacia el más allá no podía hacerse con las mismas.

El ajuar de los enterramientos encontrados en Alaba son iguales o similares a los encontrados en Bizkaia en las excavaciones de Finaga (Basauri), Argiñeta (Elorrio), Mesterika (Meñaka) o el hallazgo de una francisca (hacha guerrera) en Kortezubi en la ermita de Santimamiñe; significativamente, junto a una estela indígena. Este ajuar es también similar al encontrado en Alta Nabarra como en las excavaciones de Buzaga (valle de Elortz), Tafalla, Iruña y el Pirineo, cordillera en la cual Iñaki Sagredo Garde en su libro “Vascones. Poblamiento defensivo en el Pirineo” (2011) describe que pasado el siglo III de las primeras incursiones bárbaras "cuando existían situaciones de peligro, las gentes de Burgui o de Isaba, se refugiaban en antiguos poblados o incluso vivían en ellos".


La influencia “aquitana” observable, sobre todo en las armas encontradas (franciscas y scramasaxes cuyo diseño se atribuye a los germánicos), supone para algunos autores que la hipótesis de la “baskonización tardía” bascule a una hipótesis de una “aquitanización tardía”: una supuesta invasión de los aquitanos o “auskos” que habrían llevado con ellos nuevas técnicas de trabajar los metales y el euskera, lo cual, en el caso del territorio de los baskones prerromanos es muy contradictorio por la abundancia de nombres en euskera que, como hemos visto, también los hay entre berones, karistios, bardulos y autrigones.

En realidad, la influencia en todas las excavaciones del sur pirenaico es de la Baskonia continental (del río Garona al Pirineo, actuales País Vasco y Gascuña) y la que luego será Aquitania (ríos Garona-Loira), territorio todo él conocido entonces con el nombre de ducado de Baskonia (s. VI-VIII). En el norte de este ducado es donde se encontraban las tierras más ricas, los obispos y fuerzas eclesiales más importantes y desde donde irradiaba el poder a toda Baskonia incluido el sur. Significativamente, la capital de ducado de Baskonia era Toulouse (Tolosa) desde el siglo VI tras la derrota de los godos ante los francos del rey Clodoveo ayudado por los baskones en la Batalla de Vouillé (507) y hasta el año 768, cuando, tras el asesinato del conde baskón Waifre y el secuestro de su familia, el ducado de Baskonia siguió su rumbo independiente del ducado de Aquitania y surgieron fuerzas convergentes en el sur baskón entre los “nauarri” de las crónicas francas que aparecen en el año 769, los cuales fundarán el reino o Estado de Nabarra tras las dos Batallas de Orreaga-Roncesvalles contra los francos (años 778 y 824 respectivamente). Conquistada y dominada la Aquitania medieval (entre los río Garona al Loira), durante el reinado del gran rey franco Carlomagno, la frontera entre éste y los baskones era el río Garona, donde significativamente los ejércitos carolingios en el año 769 situaban junto a Burdeos la fortaleza de “Franciacum”, frontera por tanto entre baskones libres y los franco-aquitanos del “Primer Reich”.

Eginardo (años 770-840), cronista del emperador Carlomagno comenta: “Amplió... ciertamente el reino de los Francos... Ya que, sin anteriormente este se limitaba a la parte de la Galia que se extiende entre el Rhin y el Loira, y el Poniente y el mar baleárico, ya parte de Germania… él, mediante las guerras referidas, se anexionó Aquitania y Vasconia y toda la altura del monte Pirineo, y hasta el río Ebro, el que naciendo en territorio de los Nabarros y tras discurrir por los fertilísimos campos de Hispania, se derrama en el mar baleárico bajo las murallas de la ciudad de Tortosa; luego toda la Italia…”. Por tanto los nabarros llegaban hasta el nacedero del río Ebro, es decir, era la denominación para todos los baskones del sur pirenaico.

Se alzaba independiente el ducado de Baskonia desde el siglo VII, tal y como comentaban la crónicas francas: “Entonces (año 660) surgió un individuo, llamado Lupus (Otsoa), (…) nobilísimo e ilustre patricio de la ciudad de Toulouse, que extendía su principado sobre todas la ciudades hasta los montes Pirineos y sobre la raza perversa de los wascones” (Liber ex Miraculis S. Martialis «Monumenta Germaniae Historica, Scriptorum» s. VIII-IX). Al menos desde esta fecha, la capital baskona será Toulouse sobre el río Garona.

El centro político de la Alta Edad Media baskona estaba al norte de la Baskonia continental, sin olvidar que los arqueólogos franceses, entre los que se encuentran N. Aberg, E. James o S. Lerenter, distinguen perfectamente en las distintas excavaciones que han realizado, un conjunto de caracteres arqueológicos definido como “facies baskona” o “aquitana”, diferenciable de otra calificada como “septentrional o franca” (“Navarra estado europeo” Tomás Urzainqui Mina 2003).

Algunos autores se apoyan en un texto del cronista franco Gregorio Tours (538-594) diciendo que los “waskones” “descendieron de sus montañas en el año 587” y la frase muy tardía escrita por el historiador suletino A. Oihenart (1592-1667): "de la región de Novempopulania ocupada por los baskones" (escrita más de mil años después de éstos hechos por tanto), para hacer una interpretación abusiva de la misma, queriendo ver una invasión de del Pueblo basko(n) sobre el resto y sobre tierras que antes no poseían: en ningún texto franco se distingue a los baskones y a los auskos (aquitanos) ni los romanos desde Idacio (s IV), nos ven como un solo Pueblo, por tanto es normal que G. Tours hable de baskones, es decir todos ellos. El etnocentrismo hispano ignora la relevancia del reino franco en la construcción del ducado de Baskonia ya que desconoce en general nuestra historia.

Las similitudes entre baskones y francos en sus armas son lógicas si se leen las crónicas francas, donde la tensión política entre baskones y francos fueron una constante por ambas partes (los baskones llegaron a saquear Paris y secuestraron al rey franco Chiperico en el año 719), pero también la colaboración mutua contra los emergentes musulmanes como en la Batalla de Tours o Poitiers (año 732) entre el soberano “prínceps” baskón Eudón el Grande y el mayordomo real de los francos Carlos Martel (el padre de Carlomagno). Para entonces Eudón había conseguido parar la maquinaria bélica musulmana en el año 721 en la “Batalla de Toulouse”, la primera derrota del califato de Damasco de Sulaimán en Europa que fracasó al intentar tomar la capital del ducado baskón.

CONCLUSIÓN

Lo que estas excavaciones corroboran es lo que dicen las crónicas francas, los documentos hispano godos o las crónicas asturianas, donde se explicita que en la Alta Edad Media estas tierras de Bizkaia, Alaba, Orduña y Ayala de la Baskonia Occidental fueron “siempre poseídas por sus moradores”, junto con las de Berrueza, Deio y Pamplona. De lo que no hay es rastro arqueológico o documental de la llegada de nuevos Pueblos del norte o de oriente y sí un abundante material arqueológico y documental que nos señala una continuidad poblacional en la Edad Media, herencia directa de nuestros “antepasados premedievales”


11. LA SIDERURGIA ALTO MEDIEVAL Y EL HORNO VASCO




Las mencionadas excavaciones de Aldaieta en Alaba del año 1999 de los primeros siglos de época Alto Medieval (V-VIII) revolucionaron las ideas sobre la Alta Edad Media vasca. Estas hachas “franciscas” han aparecido en sitio tan diversos como Kortezubi en Urdaibai y Finaga en Basauri (ambos en Bizkaia). Hay quien ve en estas hachas elementos externos de procedencia franca, sin embargo, son de fabricación local y por manos expertas baskonas.

Hay quien ve en estas hachas elementos externos de procedencia franca, sin embargo, son de fabricación local y por manos expertas baskonas que para entonces habían constituido el ducado de Baskonia con epicentro político al norte de los Pirineos (río Garona), hecho corroborado por las muestras de ADN que demuestran que los enterramientos de Aldaieta como todos los hallados hasta ahora en el territorio, se trataba de individuos nativos.

Las ferrerías de viento o de monte, “haizeolak”, aparecen en el País Vasco en el siglo VI a.C., en plena Edad de Hierro, mejoradas sensiblemente en época romana, según los yacimientos arqueológicos de ferrerías de esta época como la de Forua (Bizkaia), y tienen su continuidad en durante toda la Edad Media.

Precisamente Agustín Azcarate junto a los también arqueólogos José Luis Solaun y José Manuel Martínez, realizaron un trabajo de campo recogido en “Metalurgia y hábitat en el País Vasco de época medieval” donde comentan sobre el asentamiento ferrón de Bagoeta de Luko en Alaba (desde los años 600 hasta el s. XIV d.C.) que: “Las fuentes escritas señalasen a las tierras llanas de Álava nuclear como los lugares con mayor actividad metalúrgica (...) El asentamiento de Bagoeta está a muy pocos kilómetros de la necrópolis de Aldaieta; b) Ambos, asentamiento metalúrgico y necrópolis, coincidieron en el tiempo al menos en un siglo; c) Si algo caracteriza a los ajuares y depósitos procedentes de los contextos funerarios exhumados en Aldaieta es la abundantísima e inusual presencia de objetos de hierro. (…) Estamos, sin duda, ante un asentamiento ferrón que responde a una demanda procedente no sólo de la propia comunidad, sino de otras localidades del entorno, lo que refleja la existencia de una red comercial de cierto alcance por la que circularían igualmente productos cerámicos, cárnicos o de otro tipo. Cabe plantearse, incluso, la posibilidad de que el hierro de Bagoeta fuera distribuido en circuitos comerciales de mayor distancia (…)”.

La asociación Burdinola de Legazpi ha mandado en el 2016 a Upsala (Suecia) retos "zepadi" o escoria encontrado en una haizeola del monte Otañu del municipio gipuzkoano, que ha resultado ser del siglo XI, siendo un escorial propio hasta ahora estudiada propia de una actividad metalúrgica de entre los siglos IX-XI. José Luis Ugarte tiene señalizados un total de 200 escoriales en el territorio, lo que nos da una idea de la importancia de esta industria para los baskones altomedievales, tal y como se recoge en el trabajo reciente de José Luis Ugarte y Mertxe Urtega -directora y fundadora del Museo Oiasso de Irun-, que lleva como título “Arqueología del hierro medieval. Los escoriales del distrito de Legazpi” (2015). La arqueóloga Urteaga comenta que el tipo de horno encontrado sería, según su opinión, del modelo Beecourt de época merovingia (Pueblo franco del siglo VII), lo que denota su antigüedad; eran hornos de inyección forzada lo que permitiría alcanzar hasta 1.300º según la especialista Julia Simón.

Mertxe Urteaga comenta que: «Harían coladas continuamente. Unos tirarían árboles para hacer carbón vegetal, otros extraerían el mineral (óxidos/hidróxidos de hierro) a muy poca profundidad, y primeramente lo tostarían para ganar algo en pureza. Y de cada colada saldrían pocos kilos, pero así eran las técnicas de entonces». Pese a que la tesis doctoral de Urteaga giró en torno a este tema (“La arqueología de la producción del hierro en Gipuzkoa” 1987), no creía entonces en este tipo de hornos de los cuales es ahora una de sus máximas defensoras.

Este trabajo de la Asociación Burdinola y de Mertxe Urteaga entre otros, permite completar los resultados de los estudios sobre las "haizeolas" realizados por un grupo de galdakoztarras encabezados por Xabier Orue-Etxebarria (Doctor en Ciencias Geológicas, catedrático del Departamento de Estratigrafía y Paleontología UPV/EHU) que está trabajando sobre los "Hornos Vascos", un tipo de haizeolak, Uno de los hornos excavados por este grupo está considerado como el horno de reducción de mineral de hierro de tecnología prehidráulica más grande que se conoce en Europa (Orue-Etxebarria et al., 2015).

Los resultados han sido recogidos en varios artículos y recientemente se ha publicado el libro “Historia del hierro en Bizkaia y su entorno” escrito por varios autores y coordinado por Orue-Etxebarria (2016). En el 2015 el propio Orue-Etxebarria y tras tres años de trabajo bibliográfico y de campo en el Geoparque de la Costa Vasca, presentó los trabajos de excavación del horno vasco de Zelaitxueta (Olatz, Mutriku), llevados cabo en auzolan durante el mes de septiembre de 2014 de un cuarto “horno vasco” ejecutada por un equipo de investigadores de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y de la UPV-EHU. La excavación se une a otras realizadas en Galdakano y ha mostrado una nueva tipología de horno con un crisol inferior de grandes dimensiones y un canal asociado en la parte superior, lo que demuestra la complejidad de estas estructuras primitivas semejantes a los conocidos altos hornos de la revolución industrial.


Estas “haizeolak” son tremendamente abundantes desde la Alta Edad Media en el “saltus vasconum” o la Baskonia boscosa, situadas en zonas generalmente apartadas al estar cerca de la propia veta de hierro y que han permitido su supervivencia al paso del tiempo, aunque muy mal conservadas entre la maleza: “También se les ha dado el nombre de Agorrolak o ferrerías en seco, aunque hay que decir que se trata de hornos que si necesitaban agua para la limpieza del mineral y para preparar el revestimiento de arcilla con arena de las paredes internas de los mismos”. Se explotaron profusamente desde la caída del Imperio Romano Occidental (s. V) hasta el siglo XIII (época del ducado de Baskonia y reino de Pamplona-Nabarra), pero continuaron usándose incluso hasta el XVI y en zonas de Gipuzkoa hasta el XVII.

Las grandes “haizeolak” medievales, por su tipología especial, han sido bautizados como “hornos vascos” que se diferencian de las merovingias o similares mucho más pequeñas. Eran construcciones redondeadas de 4-5 metros de altura, se abrían para estas explotaciones los “egurbides” (caminos de leña literalmente), por los cuales se transportaba después la esponja del metal, por tanto, estaban en los bosques donde se aprovisionaban los ferrones de la madera que quemaban con profusión y preferentemente cerca de las metas de hierro. Era interesante también que estuvieran cerca de pequeños riachuelos de monte para limpiar las escorias o enfriarlas. La técnica era bastante precaria en su resultado, pues en las paredes interiores de los hornos revestidas de arcilla con arena, quedaban impregnadas de escorias que contenían todavía gran cantidad de compuestos de hierro.

Se han hallado más de 350 hornos vascos tal y como describe el propio Orue-Etxebarria en “El “Horno Vasco” de reducción de mineral de hierro, de tecnología prehidráulica”: “Hubo un número tan elevado de hornos vascos en épocas pasadas, que tuvo que ser relativamente frecuente que, al construir una casa en zonas con materiales del urgoniano o del paleozoico ricas en mineral de hierro, hubiera una o más de estas estructuras en sus alrededores. Así pues, cuando necesitaron cal, en muchas ocasiones prefirieron utilizar estos hornos abandonados, antes que hacer un calero nuevo. Actualmente, es frecuente que estos hornos próximos a los caseríos aparezcan cubiertos o rellenos con todo lo que se ha ido tirando en su interior”.


Los hornos vascos eran muy parecidos morfológicamente a los caleros comunales de los barrios que funcionaban en “auzolan” o a los individuales de algunos caseríos que se usan incluso hoy en día, por tanto los caleros están siempre cerca de poblaciones o de la roca caliza a diferencia de los hornos vascos que se encuentran en zonas de montaña normalmente. Es más hemos encontrado seis casos de estos hornos dobles, uno situado detrás del otro y comunicados por una abertura. En los caleros, el interior estaba reforzado con la propia piedra arenisca (sin tierra) y los restos son de este material y no de escorias de hierro por lo que son fácilmente diferenciables en una cata arqueológica. Muchos restos de escorias fueron siglos después reutilizados pues aún contenían una gran cantidad de compuestos de hierro debido a la deficiente técnica empleada.


Ahora se sabe que en la Alta Edad Media, pero sobre todo desde el siglo IX-X en adelante, llos "hornos vascos" eran muy abundantes en Galdakano donde empezaron estos estudios que en aquél entonces incluía los municipios actuales de Etxebarri y Bedia, pero cuyos resultados son extensibles al resto del territorio bizkaino y baskonico montuoso. Se sospechaba o se sabía de su existencia por documentos y la existencia de escoriales, pero nunca se había citado sus restos y, además, los hornos vascos estaban considerados como caleros, de ahí la importancia de este primer estudio. (Foto Calero de Leiza http://www.euskonews.com/0524zbk/gaia52401es.html)



Las ferrerías y molinos eran vitales para la supervivencia de los baskones de las montañas al estar alejados de las actividades marinas y agrícolas intensivas al ser estas tierras inadecuadas para los grandes cultivos, siendo esta actividad protoindustrial precursora ancestral de la industria siderúrgica, así como un buen complemento a la actividad pastoril y agrícola minifundista, ya que suponía una fuente de excedentes para comerciar y adquirir aquellos alimentos escasos en la región: desde el vino, al trigo y demás productos agrícolas del interior del ducado de Baskonia o en su caso el pescado de la costa. La aparición de las más grandes de ellas cerca de las casas torre más antiguas (una de las dos casa torre de la familia Torrezabal, la que tenían junto al puente del mismo nombre sobre el río Ibaizabal), nos dicen que esta actividad tenía una gran importancia para el control de la comarca y que la explotación de todo tipo de herramientas y armas, podría estar restringido a las altas clases sociales.

En la Edad Media y dentro del reino baskón, el tenente era el administrador y protector militar del territorio a su cargo en nombre del rey de Nabarra, pero también se encargaba de la recaudación de impuestos, controlaba las infraestructuras de puentes y caminos, construía y mantenía torres o castillos y poseía lagares, molinos o ferrerías. Tenían estos señores “Parientes Mayores” que controlaban militarmente el territorio mediante lazos de sangre con sus familiares y casas torre, de las cuales en Galdakano por ejemplo hubo al menos una decena.

Sobre este libro anteriormente citado, Humberto Astibia Aierra, compañero de facultad de Orue-Etxebarria, comenta: “Una de sus partes más destacables es aquella que trata sobre el hallazgo y estudio de los hornos prehidráulicos, los hornos de las “haizeolak”, que el Dr. Xabier Orue-Etxebarria y colaboradores vienen denominando “Horno vasco” y que supone, en mi opinión, uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes realizados en nuestro País vasco-navarro en las últimas décadas. En relación con estas investigaciones, también me gustaría subrayar la novedosa hipótesis que a cerca de los hornos vascos y su relación con las ferrerías hidráulicas plantea el Dr. Orue-Etxebarria en este libro. Según la misma, las primeras instalaciones hidráulicas no serían sino herrerías, donde se trabajarían las esponjas de hierro producidas en los hornos vascos u otro tipo de hornos de reducción de mineral de hierro”.

La rica toponimia terminada en “-ola” (“ferrería”) de Galdakano y Bedia como en cualquier municipio del “Saltus Vasconum” o zona de montaña, en muchos casos sin relación con ferrerías hasta hoy conocidas y por tanto muy antigua, nos da una idea de su abundancia pasada. En Galdakano en especial en la comarca de “mehatzeta” (“comarca de minas” en Usansolo), topónimo que denota a su vez una explotación minera antigua en la comarca donde sobre el año 1900 se sacaba gran cantidad de mineral de hierro que, junto a otras explotaciones mineras del territorio bizkaíno, representaba el 10% del hierro a nivel mundial. En Bedia y Usansolo ha habido enormes galerías de este período fruto de extracciones mineras. En total, se habrían encontrado más de 35 haizeolas entre Galdakano y Bedia, en lo que sería sólo una primera aproximación. Una lista de estas primeras haizeolas y topónimos registrados serían: Azuola en el barrio Agirre, Olazarreta en el barrio Goikoetxe, en el barrio Olabarri, en barrio Olabarrieta, en Olarragane y Olabarrena en Erletxeta; Artola y Jaurola en el barrio Artola; Padrola o Padarrola y Lupaola en Gumuzio; Udaoleta en Kortederra; Olea, Oleta y Oletatxu en Torrezabal, Olaetxe en Usansolo-centro; Olangoiturri, Olagoiti y Olagorreta en Arteta; Azaola, Gomenzola y Olakolanda en Lekubaso. Otras: Ludaola, Arretzola, Olabaso, Olabeaga, Olagorta, Olaguren, Olarretaxu, Olatxueta etc.

El propio Orue-Etxebarria en otro trabajo “Hierro, ballenas y barcos: factores del poder económica de Bizkaia durante la Edad Media” comentaba: “(...) como resultado de un trabajo de investigación realizado durante los últimos ocho años, en campos tan variados como la estratigrafía, sedimentología, mineralogía, geoquímica, ingeniería metalúrgica, etc., hemos encontrado más de 100 hornos en Bizkaia, Gipuzkoa y parte norte de Álava y de la alta Navarra. (…) Según una estimación que hemos hecho del número de ferrerías de monte en tres pueblos del territorio vizcaíno, Galdakao, Ea en la costa y Bedia, otros dos de la costa guipuzcoana, Mutriku y Deba, y otro del norte de Álava, Aramaio, podemos pensar que en Vasconia existieron miles de estos hornos”.

En el Cartulario de San Millán de la Cogolla (La Rioja, dentro del reino baskón de Pamplona) se habla de la primera exportación del hierro de Bizkaia, en una donación de “Arroncio” en el 871 a la iglesia alabesa de Ocoizta (Acosta). Se tiene constancia escrita que a finales del siglo IX en Alaba había una “industria siderúrgica” y que durante el siglo X se exportaba mineral de hierro desde el puerto de Uhart que estaría en el río Galindo en Bizkaia, bien en El Puntal de Barakaldo, en Trapaga o en Portugalete, de donde deriva el topónimo “Portu-Ugaldeta” y que conformaría una pequeña tenencia nabarra.

Orue-Etxebarria: (...) Los yacimientos más ricos de mineral de hierro se encontraban en Somorrostro/Triano, Galdames, Bilbao, Arrazola, San Miguel de Basauri, Galdakao, Durango, Bedia, Elorrio y Zarátamo, y su explotación era un derecho que los reyes concedían a sus principales servidores, hasta que con la concesión del Fuero Nuevo de Bizkaia, en 1526, se otorga tanto el dominio del subsuelo como los derechos de su explotación a todos los vizcaínos (Orella, 2005). Los puertos más importantes del territorio vizcaíno en cuanto a su relación con el comercio del hierro, en épocas antiguas, podrían haber estado en algún punto del río Barbadún en Muzkiz, en Huart/Ugarte (Baracaldo), San Antón (Bilbao) y Forua (Gernika), para pasar posteriormente a exportar el hierro bruto o elaborado también desde otros puertos como Bermeo, Lekeitio, Portugalete, etc.”

Es en el fuero nabarro de San Sebastián del siglo XII otorgado por Sancho VI “El Sabio” de Nabarra con un alfoz que abarcaba toda la comarca de Oarso incluida Hondarribia, se trataron por primera vez los derechos del “fierro”, es decir, la primeras leyes conocidas que regulaban la explotación del mineral del hierro en Europa.

Es precisamente en ese siglo XII cuando aparece en Italia la ferrería hidráulica como una pequeña empresa, llegando poco después al reino baskón de Nabarra. Su uso se disparó a partir de los siglos XIII-XIV y era muy normal que estuvieran junto a la casa-torre de los rico-hombres de Bizkaia. Para las ferrerías y molinos de agua se requerían presas y ríos por lo que las “haizeolas” fueron abandonadas poco a poco por el mejor resultado de esta nueva explotación ferrona, aunque siguieron siendo explotadas como hemos dicho durante unos siglos más, seguramente como una forma de obtener un excedente para el comercio a cambio de los productos que no se explotan en la comarca como los cereales.

Orue-Etxebarria en el trabajo mencionado comenta que: “Se supone que este tipo de ferrerías perdieron importancia con la aparición de las hidráulicas que fueron sustituyendo a las anteriores, pero hay datos recogidos de la transmisión oral (Caro Baroja, 1980) que nos indican que no todas se cerraron poco tiempo después de la implantación de las hidráulicas, sino que ambos tipos coexistieron durante algunos siglos, ya que en alguna localidad de Gipuzkoa como Zegama, siguieron funcionando, al menos, hasta el siglo XVII”. Un historiador dejó escrito "no hay en Bizkaia riachuelo o arroyo que no haya tenido en sus orillas ruinas de aceña".

En 1540 el bizkaíno Marcos Murualabe de Balmaseda y el milanés Fabriario introdujeron el martinete en la Península Ibérica. Se dispara la industria naval y armera baskona (bosques y costa lo propician), donde habrá rápidamente más de 300-400 ferrerías que trabajarán las 24 horas del día, aprovechando la fuerza de los numerosos ríos y nuestras ancestrales minas de hierro. Las ferrerías mayores o “zearrola” son verdaderas empresas donde se maleaban los “tochos” de hierro y las ferrerías menores o “martinetes” se usaban para trabajos más sencillos como herramientas, azadas, palas y otros aperos de labranza (o armas en tiempos de guerra) descritos en el siglo XVIII por Juan Antonio Mogel (http://www.revistadyna.com/doc/imgii/20160405_laborde.pdf).



Xabier Orue-Etxebarria: "En contra de lo que se ha venido manifestando en numerosas ocasiones, bien sea por ignorancia o de forma intencionada, acerca de la pobreza de Bizkaia hasta la revolución de comienzos del siglo XIX y de una sociedad ligada al mundo rural, constituida por agricultores y pastores, hay numerosos indicadores que nos permiten hablar de una sociedad industrial y del poderío económico de nuestro territorio, al menos desde la Edad Media".

Hoy en día cuando un país tiene mucho petróleo se considera que es un país rico. Pues bien, ya desde la antigüedad, ocurría algo parecido con el hierro. El que disponía de esta materia prima y conocía la metalurgia del hierro, era capaz de fabricar diferentes herramientas utilizadas en la agricultura, pero también podía hacer clavos y otras piezas empleadas en la construcción de catedrales, barcos, presas, carros de transporte etc. De todos modos, la aplicación más importante era la elaboración de todo tipo de armas con este metal, armas más duras y flexibles que las utilizadas anteriormente. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de una época en que las batallas y guerras de todo tipo eran frecuentes. Bizkaia, que tenía mineral de hierro en abundancia y, además, de gran calidad, estaba en una posición inmejorable respecto a otros territorios”.

La imagen que se tiene de una Bizkaia y Gipuzkoa interior medieval aislada, económicamente atrasada y pastoril, no se sostiene a la luz de todas estas nuevas evidencias arqueológicas donde, mediante el “auzolan” o trabajo comunitario, los dueños de las pequeñas explotaciones agrarias conseguían sacar todo el rendimiento a los recursos del país.


12. NI EL LAUBURU NI EL MIKELDI SON CELTAS





Para cuando llegaron a la península ibérica los diferentes Pueblos conocidos como celtas (“gente oculta” en griego), los Pueblos euskaros, cántabros, asturianos y galaicos llevaban probablemente milenios viviendo en sus cordilleras septentrionales sin datación concreta posible, así como en gran parte de lo que los romanos llamarán las Galias.

Compartían todos estos Pueblos una religión similar, la cual nos ha llegado deslavazada mediante creencias, prácticas rituales y personajes mitológicos -entonces deidades-, muchos de ellos comunes. En Euskal Herria tenemos por ejemplo: Maddi-Sugaar, Atarrabi-Mikelats, Eki-Ilargi, Basajaun-Basandere, Jentilak, Herensugue, Sorgin, Iratxo, Intxixu, Inguma, Ieltxu, Galtzagorri, Gaueko, Mamarro, Akerbeltz, Gizotso, Zenzengorri, Eate, Aideko etc. que tienen en muchos casos sus equivalentes en la mitología pirenaica, cántabro-astur y galaica; incluso hay un Olentzero en la montaña cántabra al que llaman el Esteru. En la mitología cántabra toman estos númenes nombres como: Trasgo o Trasgu, Trastolillos, Trentis, Tentirujos Ventolines, Musgosu, Ramidreju etc. que comparten en muchos casos con Asturias. Por ejemplo, el personaje del Musgosu es el Busgoso de Asturias y el Basajaun del País Vasco, pero existe su equivalente en el pirineo de Aragón, Andorra y Catalunya pirenaica con el nombre de Simiot o similares; se trata de un hombre enorme con mucho pelo que vive en el bosque y al que se le atribuye una serie de cualidades. Era una religión naturalista que se basaba en las fuerzas de la naturaleza como primer principio de la realidad.

Incluso todos estos Pueblos adoptarán otras nuevas deidades, probablemente a través de la cultura grecolatina: como las sirenas llamadas Lamias-Anjaras-Xane, el dragón (del griego “serpiente”) cuyo miedo se esparcía por todos los continentes que es llamado Herensuge-Culebre-Cuélebre y también está el cíclope conocido como Tartalo-Ojancanu. Es más, aún hoy, algunas deidades tienen el mismo nombre como los “Mauro” o “Mairu”: desde el Pirineo a Finisterre. Pero, sobre todo, en esta religión se compartía la centralidad de la Madre Tierra (Amaiur, Maddi, Maya etc.), lo cual los distanciaba de los indoeuropeos celtas y sus dioses semejantes a la mitología griega o romana, que aunque también tenían diosas y daban culto a la naturaleza, era básicamente una religión masculina y patriarcalista. Por ejemplo, los celtíberos (el Pueblo celta entre los río Duero-Tajo-Guadiana), tenían como numen principal a un dios masculino: “Lug”, que no tiene equivalentes en la religión cántabro-pirenaica.

El escritor griego de época romana Estrabón (Geographika III. 3.7.155) decía al respecto: “semejante es la vida de todos los montañeses, y, como queda indicado, incluyo entre ellos a los que habitan la costa septentrional de Iberia, a los galaicos, astures y cántabros hasta los vascones y el Pirineo, pues todos tienen las mismas costumbres”, este comentario excluía a los celtas, con los que, según el mismo autor compartían estos Pueblos otros cultos como al sol y a la luna (Ilargi eta Eguzki-Eki amandreak), cultos comunes a todas las religiones. Estrabón (III.4.16): “los celtíberos y sus vecinos por el norte dan culto a un dios sin nombre en las noches de plenilunio, fuera de sus pueblos haciendo bailes en rueda y fiestas nocturnas con sus familiares”.


¿Existen un símbolo en común entre euskaros y los celtas? Sí, la esvástica, pero con muchos matices. Parece que el origen de la esvástica es anterior a los celtas y lo compartían muchos Pueblos por todo el mundo. La teoría más aceptada es que la esvástica se empezó a usar en la India hace 4.000 años. La esvástica se menciona por primera vez en las escrituras sagradas de los hindúes, los Vedas, y figura en la mano derecha del dios Visnú cuando es representado. Su uso se trasladó a varias religiones de la India como el budismo o el jainismo. La palabra “esvástica” está en sánscrito y significa algo semejante a «bien por venir» o también “felizmente”, siempre y cuando los brazos giren en el sentido de las agujas del reloj (dextrógira), pero cuando sus brazos giran en sentido contrario (levógira), es símbolo de mala suerte. Según explica la Enciclopedia Auñamendi, hoy se duda de este origen hindú, pues han aparecido símbolos similares y de mayor antigüedad en la península de Anatolia (hoy Turquía), en el continente iranio o en Mesopotamia (Irak).

En Europa la esvástica fue utilizada por Pueblos pre-indoeuropeos anteriores a la llegada de los celtas, los cuales se desplazaron sobre el año 1.200 a.C. desde el Egeo a los Alpes. Así la esvástica es usada por el Pueblo etrusco, el minoico, pelasgo, rético, cretense, ligur entre otros o entre lapones de lengua ugrofinesa y que habitaban Escandinavia mucho antes de la llegada de los celtas a este continente. También existen esvásticas prerromanas en el territorio actual de griegos, noruegos, ingleses, italianos etc. En el mundo lo han usado y usan los Pueblos chinos, japoneses, tibetanos, nativos de Arizona en norte América, Aztecas, tribus africanas etc. En la península ibérica, además de entre los Pueblos celtas, se han encontrado entre los galaicos, asturianos y en el Pirineo aragonés donde se llaman “Cuatrefuellas”. Sin embargo es difícil ver similitud alguna con el “labaro” cántabro, y la esvástica o sol en movimiento que parece cincelado en una estala de Lombera en Rasines, estaría dentro del Pueblo eúskaro de los autrigones en el valle del río Asón.

La esvástica era usada también por los íberos, como en la pintura aparecida en un vaso en Albacete (ver dibujo). En todo caso, lo que podemos afirmar seguro, es que la esvástica con sus múltiples variantes, es un símbolo religioso compartido por diferentes Pueblos de diferentes continentes, sin que ello implique una colonización.

Las esvásticas prerromanas entre nosotros no son tan frecuentes como se pudiera pensar. El lugar donde más han aparecido es en la actual Bizkaia, donde se han encontrado trísqueles y tetrascelas (de tres y cuatro cabezas), pero incluso con más brazos como en los gizon-harri o estelas prerromanas de karistios o karietas y de autrigones, como la mencionada de Lombera. Tenemos esvásticas prerromanas en los municipios bizkaínos de Arrieta, Forua, Busturia, Meñaka, Lemoa, Dima y Zamudio; son de la Edad del Hierro, algunas curvas y otras rectas.

Una de las esvásticas más peculiares es la de “Jainko”. Raquel Monasterio Alonso en su libro “Gamiz-Fika, Arrieta y Meñaka” (Monografías de los Pueblos de Bizkaia, Diputación Foral de Bizkaia), comenta que en el municipio de Arrieta en su barrio Libano existe la iglesia de San Martín Obispo de Arrieta, construida por los feligreses diviseros en el siglo XII, aunque la fábrica actual de la iglesia es sin embargo del siglo XVIII. Dentro de ella existe una pieza prismática llamada Andra Mari de Jainko de forma trapezoidal y de cabecera recta reutilizada para dar soporte a la mesa del altar. Se conserva casi completa pero partida en dos fragmentos con varios motivos cruciformes e incisiones en tres de sus cuatro caras, entre ellas tetráscelas similares a las halladas en San Pedro de Elorriaga en Lemoa, todas ellas prerrománicas. Aunque las tetráscelas o los trísqueles son (en principio) de origen indoeuropeo, otros elementos de la estela de Arrieta como los cruciformes, son sin embargo autóctonos y no se encuentran entre los Pueblos indoeuropeos como los celtas. Este elemento cruciforme aparece en estelas coetáneas como la de Kurutzeko Ama Birjiña de Forua en su parte prerromana, en una estela de Zaratamo o en otra de Finaga.

Escribe al respecto la mencionada Raquel Monasterio: “Por su parte el tema cruciforme es más problemático, puesto que no se ha documentado en otros ámbitos de área indoeuropea. Sin embargo ambos motivos son considerados contemporáneos, al formar parte de un mismo esquema decorativo. Ello se puede apreciar en la estela de Jainko, donde la tetrascela que ocupa la cara frontal aparece ligada al cruciforme mediante uno de los haces de dos líneas paralelas incisas que, a modo de radios, enmarcan el motivo central. Todo ello nos lleva a considera que, en la zona, en torno al cambio de era, se produjo un sincretismo entre motivos autóctono (la cruz latina, sin que se le pueda atribuir ningún pretendido carácter cristiano) y otros de carácter indoeuropeo”.

En otras esvásticas como la Santa Elena de Emerando (Meñaka, Bizkaia), se ve un trísquele dentro de una estela dentada. La estela y círculo en forma dentada o de triángulos tampoco está documentada entre celtas y es frecuente en estelas euskaras o cántabras, con una continuidad medieval. También han aparecido algunas esvásticas entre los baskones prerromanos, como la tetrascela de la estela de Santacara (aunque es bastante peculiar y dudosa), en la Zona Media de Alta Nabarra, o entre los berones como en La Custodia en Biana. También se puede ver una esvástica rectilínea en la muralla de Adriano en un ara votiva perteneciente a legiones euskaras, junto a una luna creciente, una figura cruciforme dentro de un cuadrado o círculos concéntricos que también aparecen en estelas funerarias (ver dibujo). De los 24.000 soldados mandados por el Emperador Adriano en el 122 d.C. para defender la muralla de 127 Km que separaba a los “civilizados” romanos de los “bárbaros”, unos 3.000 eran euskaros: unos 1.000 bardulos y 2.000 baskones. Por tanto, las esvásticas en tierras del euskera no están relacionada con la existencia en la región de celtas (colonización) y estaba extendida por todos los Pueblos euskaros.

Sin embargo, el “lauburu” es relativamente moderno y no se sabe por qué se empezó a usar ni su significado, difiriendo claramente sus brazos redondeados de cualquier esvástica prerromana o medieval hallada de Baskonia. En el libro “Estelas discoidales de Euskal Herria” Pedro Zarrabeitia Miñaur comenta que el lauburu aparece en el siglo XVII en Lapurdi y Baja Nabarra, sin continuidad con las esvásticas prehistóricas y de época romana. Se representa con 4 elementos curvilíneos que se llaman “comas” o “vírgulas”, distribuidas formando una cruz en torno a un punto central. Algunos autores van más allá y señalan que el lauburu no nació como un símbolo esvástico, sino que son “comas” unidas en un planteamiento más bien estético.

Lo más sorprendente, es que en la cueva labortana de Isturitz, apareció un hueso de época auriñaciense de entre 20.000 a 40.000 años, que parece tener esvásticas rectilíneas grabadas.

EL MIKELDI TAMPOCO ES CELTA






El Mikeldi de Durango tiene una evidente similitud con las esculturas de gran tamaño de verracos vetones, que era un Pueblo celta asentado durante la Edad de Hierro en las actuales Salamanca, Ávila, parte de Cáceres, Toledo y Zamora, además también están constatados estos monumentos en Pontevedra u Ourense (galaicos). El Mikeldi apareció descontextualizado, por lo que no hay enterramientos ni otros elementos que permitan datarlo mejor o saber más de las gentes que allí lo dejaron. En la revista Euskal Herria de diciembre del 2003 se dice que “representa un verraco, cuya simbología fue expandida por los por los pueblos celtibéricos (sic.) (…) llegando los expertos a la conclusión de que nos encontramos ante protectores del ganado con la función sobrenatural de interceder entre las necesidades materiales del hombre y los poderes de la naturaleza, es decir, mantener la permanencia de la manada. También se ha debatido su relación con simbologías de origen solar, ya que dispone de un disco entre aptas y el cuerpo. De hecho, este supuesto disco solar tiene notables parentescos con estelas solares, que datan de antes de Cristo”.

Esta última cuestión es la que diferencia claramente el Mikeldi de los monumentos vetones, pues éstos carecen del círculo “solar”. Es más, está documentado que en el siglo XVII cuando apareció el verraco enterrado cerca de la ermita de San Vicente de Mikeldi, estaba inscrito en su esfera, con lo que parece acercarlos más a las estelas funerarias de enterramientos humanos que a la simbología animalista sobrenatural. La propia volumetría y forma más estilizada, aleja al Mikeldi de sus semejantes celtas como se puede observar a simple vista. Otra representación monumental encontrada en Tarragona en territorio íbero con similitudes a las vetonas pero también con notables diferencias en la forma, demostraría la posibilidad de que no sea un símbolo exclusivamente celta, sino que pudiera estar más extendido como ocurre con la esvástica.





13. LO QUE NO ES CELTA EN NUESTRA TOPONIMIA





Ya hemos hablado de los muchos errores y muy importantes que comete el documental, más propio de una tesina de universidad o de un blog particular que de un documental de divulgación de la historia del Pueblo vasco, con el agravante de estar pagado con dinero público de la parte “celta” de los vascos. Más cuando la tesis omite queriendo una pléyade de documentos, libros y profesionales de reconocido prestigio en temas vascos, que no veían ni ven fundamento alguno a esta hipótesis.

Si nos centramos en las supuestas palabras celtas en territorio de la Comunidad Autónoma Vasca de las que habla el documental, el prestigioso historiador ronkalés B. Estornés Lasa (1907-1999) decía de ellas que: “La capa céltica de nuestra toponimia, aunque escasa, marca un contacto de euskera y celta, cuya naturaleza y alcance ha de precisarse pero previamente sanados de la enfermedad de atribuir al celta cuanto semejante o parecido se señale entre ambas lenguas”.

La realidad es que las propuestas de palabras en euskera y toponimia vasca que proviene del celta son muy endebles en general. Según Juan Carlos Etxegoien “Xamar” en su libro “Euskera jendea”, vendrían del Celta: gezi, gori, landa, maite. Otros ejemplos que se dan muchas veces son: mando (mulo) y tegi “lugar de”. Según el mismo autor, habrían pasado del euskera al celta: adar (adarc), (k)arri (carrac), Andere (ainder).

El bagaje, de considerarlo cierto, es muy escaso si tenemos en cuenta que los Pueblos euskaros y los Pueblos celtas fueron fronterizos durante varios cientos de años. Las palabras que el euskera tendría provenientes del árabes estarían en un número similar y conocemos muy bien la relación entre ambos Estados (califato cordobés-reinos de taifas y el reino baskón de Nabarra): albaitari (veterinario en ambos idiomas), alkate (alcaide, aunque sólo se usaba en algunos euskalkis del sur y no en todos), azoka/sokoa (mercado), atorra (camisa “ad-adurrá”), Kuntun (carta), o aitzaki ("al xaki", excusa) y poco más. Por mirar otro ejemplo, la influencia del euskera en el castellano sería muy superior, ya que según el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) hay noventa y cinco (95) palabras en euskera, además de otra posibles influencia del euskera en el origen castellano primigenio.

Es más, algunas de las palabras que se dan como de origen celta en euskera no son consistentes. En algún caso como “landa” (prado, similar a Island, Ireland etc.), parece más bien que llegó a través del latín; tanto el celta como el euskera tienen vocablos en latín en profusión debido a los siglos a los que estuvieron sometidos celtas y euskaros a los romanos y después por la influencia de la Iglesia Católica. Otra palabra que no parece venir del celta de las propuestas es “maite. El lingüista germánico Manfred Owstrowski en “historia del lenguaje vasco”, señalaba que “Maite” en euskera “amada, querida” es en Irlandés maith “bueno” y la vieja forma Celta debe haber sido *mati-, la cual debería haber dado *madi- en Vasco. En el caso de “-tegi” también existe en armenio con el mismo significado, lo que cuando menos requiere de una mayor profundización. Por tanto, poquitas palabras pudieran ser celtas en euskera y en ningún caso está definitivamente demostrado.

Se ha especulado también con la palabra “hogei”, veinte, pero ya el filólogo gipuzkoano Koldo Mitxelena por ejemplo lo negaba. Ocurre que en euskera existe el sistema vigesimal como base para contar como en muchas lenguas celtas. Así tenemos hogeita hamar: veinte más diez (treinta), berrogei: dos veces veinte (cuarenta) etc. Pero el sistema de numeración vigesimal se encuentra también en el danés, en el francés y en un dialecto del bereber, el tachelhit. En el inglés medieval, todavía se podían encontrar restos de este sistema vigesimal.

Respecto a la toponimia, hay quien cree indoeuropeo prerromano el nombre del río Nervión, como en el documental de la ETB mencionado, lo cual no tiene fundamento alguno. En realidad Ptolomeo y los escritores romanos escribían “Nerua” o “Nerva” (la “u” y la “v” se escribían igual), emperador romano del s. I que construyó el foro a la diosa romana de la sabiduría y de la guerra, “MiNerva”, en Roma. Por tanto, es más creíble que sea un nombre traído por los romanos, como otros tantos de la ría de Bilbao: así el nombre de la localidad de Zierbana vendría del antropónimo "Cervius o Cerviana", Somorrostro (Muskiz) de "Summo rostro" (literalmente "prolongación de la tierra"), tenemos el río Barbadun que desemboca en Pobeña (Somorrostro-Muskiz), el Ballonti y las aguas del río Cotorrio nacen en Triano, la famosa mina de hierro romana según Plinio. En el Casco Viejo Bilbaíno han aparecido monedas romanas y otros materiales.

Comentaba Alberto Santana en una alocución a Radio Euskadi que mucha toponimia vasca no se entiende desde el euskera actual y elige el monte Gorbea como ejemplo, incluso se burlaba de que un euskaldun zaharra de la calle le dijo una vez que sería “Gor= sorda” y “be(hi)a=vaca” (sic). Que gorbea está en euskera es muy claro. La etimología euskaldún de Gorbea podría ser: “solar en el alto”, de Goi=alto y “Orbea” topónimo y apellido muy difundido, elipsis de “Orubea”. Es cierto que mucha toponimia antigua ha llegado deformada y puede que incluso esté en algún caso en algún idioma indoeuropeo sin determinar, tal y como comentó en su día Koldo Mitxelena, pero esto hay que demostrarlo con un estudio pormenorizado y por lingüistas.

Es más, ¿son realmente Celtas los nombre acabados en –ama como muchas veces se ha dicho? Es evidente que tampoco. El origen de la polémica viene de la araveca-celta Uxama Argaela (hoy Burgo de Osma en Soria) y de Uxama (I)barca (Burgo de Osma en Valdegobia), pero éste del Pueblo euskaro de los autrigones. Se supone que Uxama significa “supremo o en el alto” en celta, era escrito en el caso soriano Auxama (Floro) y en una tessera de hospitalidad “Usama”. Pero, si miramos a la segunda parte del término de la población alabesa “Ibarca” parece netamente euskérica (Ibarca= ibar+ka) de “ibar” (vega). Hay además un barrio Osma en Mallabia y otro Oma en Kortezubi (karietas o karistios), ambos en Bizkaia.

Del mismo modo, nombres como Lezama, Beizama, Zegama, Arama, Aldama etc., no son celtas ni indoeuropeos y tienen su equivalente en Lezana, Be(i)zana, Arana o Aldana. Se trata de dar un origen celta a toponimia claramente euskérica por contener el término “ama” como el mencionado Uxama, cuando todos tienen traducción desde el euskara: Lezama (leza-ama): vallado, Eizama: zona de caza, Zegama: prado mayor y mucho más fácil Arama: comienzo del valle o Arana. Se puede encontrar su significado en el “Diccionario de apellidos vascos” N. Nabarte revisado por Eusko Ikaskuntza en 1992.

Es paradigmático de la imposibilidad de un préstamo celta el caso del valle alto Nabarro de “Ulzama”, cuya traducción desde el euskera sería “presa del desfiladero” (N.Nabarte). Aparece escrito como Hutçama en los primeros documentos de los siglos XII-XIII, por tanto se acerca aún más su sonido a “hur” –agua-, pues sabemos que se escribía también con “h”. En el año 1366 aparece mencionado como Urçama, lo que hizo que José María Satrústegui lo relacionara con ur ('agua'). El filólogo gipuzkoano Koldo Mitxelena (1961-1962) demostró en el trabajo “Los nombres indígenas de la inscripción de Lerga” que el uso frecuente de la “h” sería indicador del euskera, como en la lápida encontrada en esa población de Alta Nabarra (baskones): Umme Sahar fi[lius] Narhungesi Abisunhari filio. Anno XXX (Hijo mayor, hijo de Narhunges, hijo de Abizunhar)”. Luis Nuñez Astrain en el libro “El euskera arcaico” comentaba que: “Es muy característica del euskera arcaico la existencia de la h (signo de aspiración), porque no existía en ninguno de los idiomas circundantes (idiomas celtas e íbero), lo cual facilita grandemente la identificación de una palabra arcaica como vasca”.

En el listado de apellidos de los siglos XV-XVI del trabajo “Gure abi izenak, Bizkaia eta Gipuzkoa” de Iñigo Rementeria, en el Goierri aparecen apellidos con “ama” netamente euskaldunes:

Amaritrabin
Arama/Arana
Amas/De Amas
Aytamarren/ Aitamarren
Aldama/Aldamiz
Amabi
Amabizkar
Amaldi
Amallo(a)/Amallobieta/ Agirreamalloa
Amandarro
Amantegi
Amarika
Amaritrabin
Amaroz
Amas
Amasa/Amatza/Sarriamassa/ Amasetxea
Amasetxea
Amasorrarain
Amatiano
Amiama
Andrakamaorena
Andramaortu
Andramazategi
Arakama
Arama
Beizama
Gamarrakoa
Iramain

Samalloa/Zamalloa/Zamakola
Zamalbide
Zamarripa
Zameza
Zamitiz
Zamezabeitia

Ezama/Heçamagoen/ Heçama (por tanto con "h")
Lezama/Lezamiz/Lezana
Zegama
Beizama/Be(i)zana


En el trabajo “Toponimia Medieval en el País Vasco” Ángeles Líbano Zumalacárregui,aparece incluso “ama” como apellido:

AMA:
ET UNUM PALACIUM IN ERRO SIMUL CUM ILLOS SUOS CUBILARES [...] ESTOS
NOMPNADAMIENTE SON LOS CUBILARES [...] LENÇARDUYA CILVETICOA, AMA
JAUREGUIA...
MARTIN DUQUE: D. M. LEIRE, VOL. 0, PAG. 321, AÑO: 1110.

Otros apellidos con “ama”
AMAIUR
AMARGAIÇA
AMATOGA
AMAYER
ANAMANZA/AÑAMANZA/ ANAMAZOLA
AMARGAIÇA

Además tenemos documentados:
AMAYA
Iturrama


La no existencia de restos arqueológicos celtas en ninguna de esas zonas (con sus tesseras, cascos, lanzas etc.), lo aislado de estos topónimos rodeados de zonas euskerikas 100% y lo alejado de los asentamientos de la zona celta demostrada, deberían de descartar la procedencia Celta de los mismos y buscar un origen más natural desde el euskera.

Otro topónimo imposible de considerar celta es “Arno”, una montaña entre las poblaciones gipuzkoanas de Mendaro y Mutriku (karietas o karistios) así como un río de Italia en la Toscana, el cual nace en los Apeninos y muere cerca de Pisa. Sin embargo, el filólogo Hans Krahe lo consideraba de base paleoeuropea, derivada de la raíz indoeuropea *er- “fluir, moverse”, con significado hidronímico. Es más, no eran celtas sino etruscos los habitantes de la toscana previa llegada de las legiones romanas. El etrusco era un Pueblo muy avanzado tecnológicamente instalado en el norte de la península italiana entre los ríos Arno y Tíber durante los siglos X al VII a. C. provenientes de Asia Menor y que desaparecieron como Pueblo tras la conquista romana en el siglos III a.C. De los etruscos se han encontrado más de 10.000 inscripciones no descifradas pero sin aparente relación con el euskara. El monte Arno en Gipuzkoa es de piedra caliza, por lo que coincide con el topónimo “Ar=(h)arri”.

De la poca toponimia que nos dan los romanos, tomándolo con toda la precaución necesaria, tenemos claramente euskérika entre baskones y auskos (aquitanos): Iliberri (Akize-Dax), Oiasso (Irun), Iturissa (Auritzberri-Espinal), Andelos (Ande- Muruazabal de Andion), Turiasso (Tarazona), Araurona (Alagón), etc. Otros antiguos nombres de lugar vascos que incluyen ese componente Ili- son Ilumberris Auscorum (Auch), Ilumberritani (habitantes de Lumbier), Iluro (Oloron) etc. además de Pompailun-Pompaelo (-ilun).

Pero también los nombres de la costa de Bizkaia-Gipuzkoa de karistios y bardulos tienen reminiscencias euskaras: Moroaga, Portus Amanum, Menosca…Lo que es indudable, es que el euskera actual y el de hace 2.000 años no puede ser exactamente el mismo, por lo que cuanto más antiguo es el topónimo más deformado está y más difícil es su interpretación, más si nos llega, como es el caso, mediante escritores grecolatinos.

Sí es celta el nombre del río Gallego, que nace en tierras de Aragón y se adentra en Alta Nabarra, derivada de la palabra "Gallaicus". Era el río por donde bajaban los galos para intentar conquistar a los baskones, pero ya en plena Edad Media.

Parece celta el nombre "Deva" (quizás de "divino"), en el caso del río gipuzkoano sería el único vestigio en esta provincia de que hubo celtas. Existe un río con el nombre Deva en el Miño, en Avilés, Cantabria, Huesca, Francia (Dives) y Escocia. También tenemos ríos Deva en la India o en Mesopotamia, pero allí se atribuye su origen al sáncrito o incluso a un idioma anterior con el significado de “celestial o diosa”, siendo los devas deidades en el hinduismo y el budismo. Fuera de los ríos existe Deva como puerto de montaña en Pontevedra, Portetla de Deva en Sobradelo de Braga (Portugal), Riodeva es un lugar en Teruel, en Avilés existe Debarray, también es el nombre de una laguna en Huesca, cerca de Piedrafita. Pero existe Debba en Sudan, Debao en China, Debaltsevo en Ucrania, Devenna como puerto de Francia, Deiva es una población de Italia y Deva otra población de Rumanía. Pasará “deua” al latín como “deus”, al griego como “zeus”, al castellano como “dios” o al francés “dieu”. Por lo que es posible que el topónimo sea de origen latino.

Varios autores vieron en Deva la palabra "Ibai" (río), autores como Tovar o Schuchardt de reconocido prestigio, de donde viene "Ibar" (vega del río) y de ahí la palabra castellana y portuguesa "vega". Además existe en catalán este vocablo para describir el lugar donde un río aflora desde el subsuelo, siendo difícil en este caso que sea un préstamo celta en un lugar donde habitaban Pueblos íberos y euskaros. Con todo ello, atribuir a los celtas el nombre de estos ríos no es tan claro. El topónimo sí es al menos de época romana pues Claudio Ptolomeo s. II escribe: "Deva fluvia ostia" emplazado a 13°. 45. y 44°.25' que corresponde a Gipuzkoa.

La explicación nos remonta a la conquista romana, tal y como comentamos también en otro capítulo más extensamente (“El celtimo en la hipótesis de la baskonización tardía”), cuando los Pueblos celtas llegaron a las depresiones beronas y autrigonas del Ebro con las legiones romanas y las posteriores repoblaciones, se situaron en las cuencas de los ríos más importantes, pero la población indígena se retiró en gran parte hacia la montaña. Lo mismo ocurrió que en la costa con casos tan conocidos como Flaviobriga de legionarios celtas-romanos sobre una población indígena anterior, Puerto Amanum (¿Ría de Bilbao o Castro Urdiales?), que sólo podrían ser euskaldunes. Los soldados que controlaban el importante puerto de Forua también serían de origen celta en todo o en parte, algunos de ellos italianos según una lápida encontrada, el asentamiento data de los siglos I al IV d.C.

La conclusión es que las posibles palabras celtas en el euskera son escasas y es difícil llegar a una conclusión al haber desaparecido los idiomas celtas peninsulares y ser muchos y muy diferentes los idiomas celtas. Teniendo en cuenta que fueron Pueblos fronterizos durante mucho tiempo, la escasa toponimia existente (sólo demostrable en el caso del río Deva), descarta la presencia masiva de Pueblos celtas en nuestros territorios de la Nabarra Occidental (llamada en España Comunidad Autónoma Vasca desde 1978), salvo aquellos casos documentados y puntuales donde está demostrada la presencia de legionarios romanos de origen celta.







14. EL ENIGMA DE LOS MAIRUBARATZ, UNA EXPLICACIÓN





Uno de los monumentos de los Pueblos euskaros a la llegada de las legiones romanas de los que tenemos constancia arqueológica son los crónlech. Estos conjuntos megalíticos, según el prestigioso antropólogo y arqueólogo gipuzkoano Joxé Miguel Barandiaran (1889-1991), tienen su origen en Bohemia (Chequia) y Baviera (Alemania), pasando por Suiza y el norte de Italia. Se encuentran en lugares tan distantes entre sí como Gran Bretaña, Dinamarca, Escandinavia o el sur de la península ibérica en Portugal (Alentejo). Pero monumentos con círculos circundando sepulturas o no, se hallan en muchas partes del mundo: en la India, en Zambia o el Sahara en África y en América, como los encontrados en los Andes bolivianos.

Este es otro de los argumentos usados en el documental de la EiTB como si un Pueblo extraño y ajeno a los vascos hubiera vivido en el Pirineo. En el caso de los Pirineos, entre los ríos Oria-Leizaran (Gipuzkoa) y Andorra, existen a los dos lados de la cadena montañosa sobre 1.500 crónlech (cifra del año 2015 que aumenta cada año), los cuales, por su frecuencia, tipología y cronología no se parecen a ningún otro del mundo. Unas pocas de estas circunferencias líticas rodean un dolmen (megalitos muy anteriores en el tiempo y con los que no convivieron) o tienen un túmulo en su centro, pero la mayoría no.

Los crónlech son “megalitos” o “grandes piedras”, por lo que no sería el caso de los crónlech pirenaicos, ya que son círculos muy pequeños en general si los comparamos con crónlech de otras latitudes. La mayoría tienen de 3 a 6 metros de diámetro, siendo el más pequeño de 1,2 metros y el más grande de 21 metros, aunque es raro que lleguen a los 15 metros. Se componen de piedras inhiestas de entre 30-50 centímetros (pero con excepciones), que no pretenden cerrar del todo el círculo. El centro estaría “decapado”, normalmente hasta que aparece la capa más dura de la tierra o roca y a veces se rellenaba con una superficie de arcilla, por lo que estaría la corona de piedras rodeada de un prado verde y un centro color tierra; la propia corona estaría rodeada por dentro de una trinchera el 44% de las veces, por lo que parece que se preparaba el centro para la consagración de algún tipo de rito.

Se han encontrado en el 70% de ellos cenizas de leña en el centro de los crónlech, pero con un par de puñados como mucho. En casi 1 de cada 3 crónlech la ceniza está dentro de vasijas o en cistas (cajoneras de piedra con tapa), por tanto, era más bien simbólico. Se completaba el rito con el lanzamiento de una capa de ceniza esparcida por todo el círculo. No hay “ustrinum” o un lugar para incinerar los cuerpos dentro por lo que es descartable esta función, pero tampoco se ha encontrado fuera de los mismos. Estos crónlech en general no contienen ajuar alguno y sólo unos pocos tienen algún vaso, herramienta lítica o de metal. Todos estos datos parecen cambiar si nos vamos a los crónlech de los grandes llanos, como los del Bearne o las Landas (Gascuña), que sí contienen ajuar y son muchos más grandes, por lo que podemos decir que estos crónlech pirenaicos tienen características propias diferenciadas de otros cercanos.

La mayoría de los crónlech pirenaicos han sido encontrados entre 500-1000 metros, pero existen entre los 1.800 (altos Pirineos) y los 150 metros sobre el nivel del mar como en Lapurdi. Muchos de estos monumentos están en las crestas de los montes y con grandes vistas, por lo que esta circunstancia parece que era importante. La datación por carbono 14 ha dado una horquilla de los pocos restos encontrados en ellos de entre los años 1200 a.C. al 200 a.C., pero como veremos, hay importantes excepciones.

Entrando ya a su significado, los crónlech que tienen cistas o vasijas con cenizas humanas, no pueden corresponder a un cuerpo humano entero por su escasa cantidad. Hay una excepción entre los 1.500 crónlech, en Millagate IV en un crónlech con túmulo frente al monte Ori, en el que se encontró un cuerpo humano en el centro, a un metro de profundidad en un cofre o cista de 1,10m. x 0,50 m. con restos de madera quemada y óseos calcinados de un individuo fuerte de cierta edad y sexo masculino, pero sin datar.

Estos crónlech pirenaicos reciben en euskera de “Mairubaratz”, pero también el de “jentilbaratz” como en Ataun (Gizpuzkoa) o en Arano (Alta Nabarra), pero el nombre genérico para crónlech sería el de “harrespil” (“cerco de piedras”). Si nos fijamos en la etimología de la palabra, “Mairubaratz” está compuesta por dos palabras, la primera viene de “Mairi o Mairu”, la cual es una deidad de la religión pirenaico-cantábrica precristiana y no viene de “moro” de Mauritania (en su acepción que tuvo de musulmán), como podría parecer al que desconoce bien el idioma, así como la religión precristiana pirenaico-cantábrica.

En su “Diccionario de Mitología Vasca”, Jose Miguel de Barandiarán decía que: “Mairu, con este nombre son designados generalmente tipos de hombres de otro tiempo, no cristianos, es decir, paganos”. El término “Mairu” con sus variantes está también muy extendido en la toponimia occidental por los territorios bizkaínos de las Enkartaciones, Larrabetzu, Nabarniz, Amorebieta, en el monte Gorbea en Zigoitia (cueva de Mairulegorreta) o en Meñaka (Bizkaia), en la Gipuzkoana de Eskoriatza o en las alabesas de Trebiño, Asparrena (Aiala), etc. Por el sur lo hayamos en Artajona o por el noreste en Zuberoa.

Algunos ejemplos son: Mairubide “camino de Mairu” (crónlech de Oiartzun), Mairuilarri “sepultura de Mairu” y Mairubaratz de Ibañeta (Zugarramurdi) en Sara, Mairuetxe “casa de Mairu” (piedras enhiestas del monte Buluntsa, dolmen de Mendibe y en la región de Okabe), Mairu-arhan (“Valle de Mairu”), Mairukeri (“keri” es un sufijo que denota algo negativo), Maidekorralia en Alzay (“prado de Maide”). En Zugarramurdi existe Mairuilarri "sepultura de Mairu", con sus derivados en otros lugares: Mairu-ilhar, Mai-ilar, Mailarreta o Mairuilarrieta (sobre la montaña Otsondo-Mondarrain).

Siguiendo a Joxe Miguel Barandiaran, a los Mairu se les atribuye la construcción de algunas casas fuertes, como las de Irissarry, Donamartea (Lecumberry), Aphatea (Bussunarits), Logras (Zaro), Larrea, Lahostanea (Ispuru) y la torre Tosebando o Tosubando en Bedia (Bizkaia). También se atribuye a los Mairu la construcción de ciertos dólmenes y crónlech como los mencionados de Ibañeta de Zugarramurdi, los de Oiartzun, los de Buluntsa, etc. Personajes de este nombre figuran en varias leyendas de Baja Navarra, de Lapurdi y del extremo oriental de Gipuzkoa, con tales funciones. En otras zonas del país estas labores van asociadas a otros nombres: mairi, maru, moru, moro, jentil, maide, lamina, sorguin, etc.”. Euskaltzaindia nos otras diferentes variantes que se les ha dado a estos genios: “Mairu, Mahiru, Mauru y Mauri”. Pero incluso mucho más allá de las tierras vascas actuales existe el mismo personaje mitológico en Galicia y en Asturias (Mouro), lo cual es normal al tener una religión precristiana común o similar a los Pirineos toda la cornisa cantábrica y muy diferente a la religión céltica en muchos aspectos fundamentales. El “Mouro” astur-galaico vivía también en el subsuelo en guaridas y túneles siendo mineros de oro, se presentaban igualmente como paganos no cristianizados.

El otro componente de Mairubaratz es “baratz”, que hoy es usado como sinónimo de huerta y otras veces de jardín, pero hasta hace poco era un terreno pegado a la casa y tradicionalmente trabajado por la mujer como su huerto personal. Antiguamente tenía el significado de “cementerio”, por lo que Mairubaratz podría ser el “cementerio de los Mairu”, como lo son los “Mairuilerri” que hemos visto. La propia Enciclopedia Auñamendi señala que: “Así, en Atáun llaman Jentilbaratza (huerto de gentiles) al sitio donde se supone que éstos se hallan enterrados”. El término “baratz” no es usado en el dialecto occidental donde reciben el nombre mencionado de “harrespila” (cercado de piedras). En todos los significados actuales y ya perdidos, coincide que es usado para describir un “terreno cerrado o acotado”, lo cual encaja perfectamente con el “mairubaratz”.

Existe además una tradición, mantenida hasta casi el presente, por la que un brazo desecado o un hueso del brazo de Mairu tiene virtudes misteriosas. En una leyenda de Garazi (Saint Jean Pied de Port, Baja Nabarra), al hueso de un niño muerto sin bautismo (no cristiano), se le denomina “Mairu-beso” (brazo de Mairu), se utiliza como antorcha para alumbrar de noche y sirve para adormecer a los habitantes de la casa. También se usaban estos huesos como amuletos. Según Olivier de Marliave en “Trésor de la mythologie pyrénéenne” (1987), si se entierran estos huesos en el portalón del caserío y alguien los desentierra, se hace con la voluntad de toda la familia. Esta costumbre está documentada en Meñaka (Bizkaia), Ataun (Gipuzkoa) o en Latsaga-Izura (castillo de Baja Nabarra). Los enterramientos de los no natos o que mueren antes de bautizar “bajo la tejavana” de la casa (gentiles o paganos por tanto), estaba extendido por todo Euskal Herria como protección de su alma, estos lugares en los dialectos orientales se llamaban “baratze o baratza”, lo que refuerza la idea de “cementerio” y la idea de protección, en este caso a la familia, quizás un ritual de entrega del cuerpo del niño que no es cristiano a los genios telúricos para que lo cuiden, a los Mairu.

En el documental patrocinado y emitido por EiTB con dinero público “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía”, protagonizado por el historiador Alberto Santana, se llega a comentar que estos crónlech son extraños al país y relacionando incomprensiblemente su nombre con el de “moro”. Su distribución, según este historiador o los guionistas del documental, reforzaría una “baskonización tardía” o invasión de los baskones al resto de Pueblos pirenaicos y de la cordillera vasca, lo cual no guarda concordancia alguna con la distribución de los crónlech hallados como vamos a detallar, al contrario, refuerza la idea de una religión común de todos ellos y diferente a otros Pueblos como celtas o íberos.

La distribución de estos mairubaratz empieza dentro del territorio atribuido al Pueblo euskaro prerromanos de los bardulos entre los ríos Oria y Leizaran y acaba en Andorra, por tanto abarcan territorios de diferentes Pueblos como bardulos, baskones, vescetanos, cerretanos, ilergetes etc.. También existen al norte de los Pirineos como en Baja Nabarra, donde estarían los “ausko” de Aquitania I, o entre los andosinos y aerosinos (probablemente actuales Andorra y valle de Aran). Todos estos Pueblos eran euskaldunes según, por ejemplo, el historiador español Ramón Menéndez Pidal (La Coruña 1869-Madrid 1968) que dice en su libro “Del elemento vasco en la lengua española”: “(…) lo hablan descendientes de Pueblos antiguos como los várdulos y caristios que nunca se confundieron con los vascones. Y no sólo esto; los ilergetes y los cerretanos de Aragón y de Cataluña, ya muy alejados de los antiguos vascones, hablaban una lengua afín a la de éstos (…)”. Aún se hablaba euskera en esos territorios al menos hasta el siglo XII.

Estos crónlech “pirenaicos” eran todavía 1.104 en el año 2008, cuando uno de los máximos conocedores de estos monumentos prehistóricos el arqueólogo gipuzkoano Xabier Peñalver (1952), explicaba en su libro “Los vascones y sus vecinos” que se distribuían en 413 conjuntos, de los cuales 291 están en Euskal Herria actual, sobre todo en Alta y más aún en Baja Navarra.

El propio Xabier Peñalver en otro libro, “Mairubaratzak, Piriniotako harrespilak”, nos da la distribución de esos 1.104 crónlech por región:
Gipuzkoa 130 en 32 grupos.
Lapurdi 58 en 20 grupos
Baja Nabarra 166 en 65 grupos
Zuberoa 30 en19 grupos
Huesca 40 conjuntos grupos
Bearne 73 grupos
Altos Pirineos 9 grupos
Alta Navarra 460 en 150 grupos.

El monte Okabe (Alta Nabarra) presenta la mayor concentración de estos ritos funerarios, hasta 26 de estos círculos, siendo la zona de Illarrita (“zona de cementerios de piedra”) en el municipio de Lekunberri donde mayor concentración de ellos se da. En el norte pirenaico y tan sólo en la actual Euskal Herria, hay crónlech en Senpere, San Juan de Pie de Port (Garazi), Biriatu, Kanbo, Ezpeleta, Azkain, Bidarrai y un largo etc., pero se extienden por todo el Bearne (hay más de 70) o Gascuña, llegando al sur de la Gironda.

Pero también los hay en Bizkaia y en Alaba. En Bizkaia hay crónlech 7 en 5 grupos. En territorio de los antiguos autrigones: Turtzioz (Biroleo), Turtzioz (Perutxote) y Barakaldo-Güeñes (2 Kanpazulo), y en territorio Karistio o karieta: Orozko (Korleta) y Busturia (2 Sorbitzuaga). Sólo en Galdakano en el cordal del Ganguren hay 4 túmulos y otro en el mismo cordal en el municipio de Bilbao que podrían entrar también esta clasificación; la fuerte presencia humana histórica en la zona hace que algunos de ellos estén en malas condiciones. Es decir, el “mairubaratz” pirenaico tiene un hermano gemelo cuya pista podemos seguir por territorios bizkaínos y alabéses actuales como en Araia o en la sierra de Entzia (Mendiluze), donde no habitaba el Pueblo baskón prerromano sino el bárdulo y dónde no dudamos que aparecerán nuevos crónlech.

Respecto a su uso o motivo de construcción, según explica el folclorista Juan Antonio Urbeltz (Iruñea 1940) en su artículo “Mairubaratz. Moros y cromlechs pirenaicos” (Revista Kobie nº6 año 2004): “La hipótesis más clásica y extendida hoy día, supone que estos círculos de piedras guardan en su interior enterramientos llevados a cabo por grupos pastoriles que, desde la Edad del Hierro, han venido ocupando los parajes donde están construidos (…) En 1949, en un pequeño ensayo sobre los crónlech publicado en homenaje a D. Julio de Urquijo, Barandiarán apunta la hipótesis funeraria en base a los trabajos del general Pothier en Bearne, y a tradiciones populares vascas que los consideran antiguas sepulturas. (…) Pese a que las excavaciones no han dado restos suficientes como para hablar de tumbas de manera plena, la idea primera del enterramiento es la que se mantiene (…)”.

José Miguel Barandiaran (Enciclopedia Auñamendi) aceptaba que pudieran ser tumbas, pero nos decía que faltaban los cuerpos o sus cenizas para que esta posibilidad sea definitiva: “Don Telesforo de Aranzadi y D. Pedro Manuel de Soraluze hicieron algunas excavaciones en los crónlech de Oyarzun el año 1914; pero no hallaron en ellos material alguno que sirviera para conocer el significado o empleo y edad de tales construcciones. Yo mismo excavé en alguno de los de Olegui (Ezcurra) el año 1936; pero tampoco hallé nada que me aclarara el destino de aquellos cercos de piedra. Más tarde -1957 y 1959- efectué una exploración bastante detenida en los crónlech de Mendittipi y Meatse, situados en territorio de Bidarray y de Itxasu, por encargo de la Directión de l'Architecture (Fouilles et Antiquités) del Ministerio de la Educación Nacional de Francia. En el centro de uno de ellos hallé una arqueta o cista hecha con piedras planas: contenía tierra y trozos de carbón”.
También es contradictorio atribuirlos a los prados de verano de los pastores pirenaicos, pues no hay asentamientos pastoriles de ovejeros en sus inmediaciones con sus bordas. Es más, los más altos están a 15-20 km de un centro habitable y sería inaccesibles en invierno impidiendo o haciendo muy difícil el frío las cremaciones, por tanto, no podrían usarse con ese fin al menos la mitad del año, pero el análisis de los restos de carbón sí que denotan el uso de la madera de los árboles del lugar.

Por ello, se buscan otras explicaciones como la que menciona el propio Urbeltz: “Se ha pensado en (otras) funciones de ágora pastoril durante la estación veraniega; también se ha visto en ellos la base de recintos ocupados por mayorales y rabadanes (cabreros), o también rediles para el ganado, pero esta explicación tampoco resulta satisfactoria (entre otras cosas, por su escaso tamaño medio). Es extraño por tanto que las gentes de la Edad de Hierro se enterraran lejos de sus lugares de residencia (…) no son parte de ninguna costumbre funeraria, ya que no hay apenas huesos en su interior y sí abundante ceniza de carbón fruto de un acto de consagración de cada crónlech (…) obedecen a un propósito similar: dejar sin efecto el poderío de unos genios”. Los pastores ahuyentaban a los malos espíritus y pedían a los buenos, como los Mairu, que les guardasen el ganado que pastaría de nuevo en aquellos prados tras el crudo invierno, lo cual encaja mejor con otro tipo de ganado.

Eran por tanto “espacios en los que se protegía el ganado mayor sin tabular, como vacas y caballos de genios y seres malvados (…) La presencia masiva de ceniza de carbón de leña (con una ausencia casi total de restos humanos), sería consecuencia del acto de consagración de cada crónlech, como espacio protector del ganado familiar dentro de los pastos comunales. La ceniza del hogar (como en otros casos la teja) sería aquí un símbolo de esa propiedad familiar (según Barandiaran, ha habido costumbre de enterrar en los mojones trozos de teja y restos de carbón como símbolo de propiedad) (…) Lo que sí coincide con los lugares de estos crónlech sin embargo, son los lugares de pastoreo dentro de la trashumancia veraniega, pero no de ovejas”. Un dato a tener en cuenta es que muchos de ellos están en lugares inhabitables, más en invierno, pero con abundancia de agua, lo que refuerza la idea de que están relacionados con el ganado y no con las personas.

Respecto a la explicación de la presencia de ceniza en los Mairubaratz, el uso ritual de la ceniza de los troncos quemados en el fuego del hogar los días 24 y 25 de diciembre, es una tradición que perdura gracias al sincretismo entre el rito pagano milenario del culto al sol o solsticio de invierno (“sol quieto”) y el de la Navidad cristiana o nacimiento de Cristo, el cual se celebra desde el siglo IV. Incluso hoy en día se sigue usando esa ceniza para la consagración, la purificación, para dar buena suerte, contra maleficios y hechizos, para evitar enfermedades que aquejan a la familia o para proteger los cultivo y al ganado; para ello se esparce la ceniza por los establos y campos. Además, sirven como símbolo de propiedad, al marcar con él los mojones de los caseríos.

Este tronco de Navidad y esta costumbre está extendida por toda Euskal Herria, desde Bizkaia hasta Zuberoa y desde al menos la Valdorba hasta Baiona, recibiendo nombres como: Txubilar, Txubil, Supil, Tupil, Subilaro-egur, Suklaro-egur, Sukubela, Suhilaro, Xubilaro, Sunbilero, Subilaro, Gabonzuzi, Gabon-subil, Gabon mukur, Olentzero-enbor, Onontzoro-mokor, Porrondoko, etc. Se seguían ritos como el que decía sobre las cenizas: "Jainkoak duela parte, aingeruek beste hainbeste eta gaiztoak ez batere" (Que el Señor tenga su parte, los ángeles otro tanto, y los malos nada). Este ritual tiene su extensión por todo el Pirineo y cordillera cantábrica e incluso en las llanuras de Gascuña y occitanas.

El etnólogo de Uxue Mikel Burgi, nos habla sobre el significado de las cenizas de estos troncos siguiendo a Joxé Miguel de Barandiaran, y que es el mismo que podrían tener los Mairubaratz: “A este tronco se le atribuían poderes milagrosos: En muchos pueblos guardaban el tizón final como una reliquia o talismán, utilizándolo el día de San Antón para bendecir los animales o para conjurar tormentas durante el verano. Sus cenizas llegaron a ser recogidas para curar determinadas enfermedades del ganado o librar los campos de plagas. En amplias zonas de la Montaña y la Navarra Media cada miembro de la familia ponía sobre el tronco una astilla para calentar al Niño, recordando con todas ellas a los familiares vivos ausentes y a los difuntos”.

CONCLUSIONES

Algunas conclusiones que podemos sacar sobre el “Mairubaratz” del Pirineo, es que es difícil que su uso primigenio sean enterramientos humanos, dada la escasa ceniza encontrada y menos fruto de una cremación, lo que abre la puerta a otras explicaciones religiosas paganas o de gentiles.

El pirenaico es un tipo de crónlech o mejor dicho de estructura microlítica de círculos de piedra en territorios veraniegos relacionados probablemente con el ganado no estabulando, dentro de la religión precristiana de los Pueblos euskaros, cuya extensión no se limita a los baskones prerromanos. Su presencia entre todos los Pueblos euskaros del Pirineo es muy superior a otras cadenas montañosas del resto de Baskonia, pero donde también existen en menor cantidad.

Su nombre, y probablemente el rito en él practicado, tiene que ver con los “Mairu”, pequeños genios que vivían en las profundidades de la tierra, pero que no eran malignos, al contrario, eran muy laboriosos y traían suerte, cuidaban del ganado según las mitología que nos llegado hasta el presente, y cuya veneración es común en todo el Pirineo y el cantábrico hasta Galicia, pero no está documentado más al sur entre u oriente entre Pueblos celtas e íberos. Los puñados en el centro y la capa de cenizas esparcidas en la superficie de estos monumentos, nos recuerdan a las costumbres que han llegado hasta el presente en toda Baskonia de rituales con poderes divinizados atribuidos al tronco de Navidad: para la purificación de animales y campos, demarcaciones de propiedades con sus cenizas, así como de recuerdo a los difuntos.

Lo más sorprendente, es que varios de estos microlitos fueron usados hasta el siglo XV, como en Sohandi (Garazi, Baja Nabarra). Es más, en la comarca y datado su uso entre los siglos VI al XIV, tenemos los crónlech de Ahiga, Biskartxu y Urdanarre. En Urdanarre, cerca de Garazi, se encontró una osamenta en un arcón y una cista encima con ceniza humana y carbones de los siglos XIV o XV; pensar de que se tratase de una comuna pagana aislada no se ajusta a la época ni al lugar, de gran tránsito dentro del Camino francés de Santiago, el cual pasaba por Nabarra llevando cristianos de toda Europa en peregrinaje a Santiago de Compostela en el reino de Castilla-León.

En muchos de estos crónlech medievales constan ritos de incineración y ofrendas de monedas, las cuales también han sido halladas en el crónlech de San Martín de Iraurgi (Gipuzkoa, Azkoitia), datados del siglo XIII, pero es difícil saber si eran fruto de una vuelta al paganismo o un ritual puntual, pues son siglos donde el judeocristianismo está muy desarrollado en todo el reino baskón de Nabarra, aunque hasta el pleno siglo XX perduró en pleno sincretismo con la religión autóctona en los montes y zonas rurales de toda Baskonia, incluido el culto a los Mairu como hemos visto.



15. GÉNESIS DE LA NACIÓN VASCA o NABARRA





No hay referencia a los Pueblos euskaros prerromanos a partir de los siglos IV-V. La última mención histórica del Pueblo de los autrigones es del Cronógrafo en el año 354, del mismo año es la referencia a los karistios, la de los bardulos es del año 456 (“Historia de Euskal Herria” José Luis Orella Unzué). Idacio de Gallaecia en año 456 dice que: "Las costas de los cántabros y de los bardulos fueron cruelmente devastadas" por los hérulos. Por tanto, estos Pueblos euskaros prerromanos, pervivieron dentro del Imperio Romano que los identifican claramente. Sin embargo en los años de la caída del Imperio Romano Occidental, ya desde el año 449, el propio Idacio en “Olimpiada” habla de “las Baskonias”, por tanto, el autor hispano habla de estos Pueblos individualmente como en su conjunto.

Antes de la llegada de Roma existían una serie de Pueblos euskaros como existían Pueblos celtas o Pueblos ibéricos tal y como hemos visto. A partir de mediados del siglo V todos los Pueblos euskaros aparecemos por primera vez como uno solo y en un territorio definido: Baskonia, extendiendo los autores grecorromanos y después los francos el nombre de uno de los Pueblos euskaros a todos ellos por el idioma y cultura que tenemos en común, que nos distingue del resto y que nos unió frente a los ataques de los diferentes Pueblos “bárbaros” que llegaron a partir del siglo III.

En el siglo VII, el conocido como “cosmógrafo de Rávena” (Italia) en su libro "Geografica", incluye un mapa con toda Baskonia y habla de “Vasconum patria” (patria de los vascones o vascos). La copia que se conserva del Anónimo de Rávena es del siglo XII. La copia habla de una “Guasconia” –entre los ríos Loira al Garona- con ciudades cercanas al río Loira como Limoges, Poitiers, Bourges, Burdeos y Agen, de la que dice antes se llamaba “Aquitania” y de “Spano-gasconia” pero en referencia al territorio entre el río Garona y los Pirineos con ciudades como: Lectourne, Couvesarans, Conemes, Bigorra, Eauze o Bazas en Las Landas. Es por tanto en el siglo XII la primera vez que aparece escrito "Gasconia" con "g" en referencia a la Baskonia continental que se va romanzando en su lengua creando el gascón desde el euskera: "La patria que se llama Baskonia (Guasconia), que era llamada por los antiguos aquitanos. Así mismo, junto a la misma Baskonia, está situada la patria que se llama Hispano baskonia (Spanoguasconiam)” ("Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX" Alberto Pérez de Laborda).

El propio cosmógrafo o Anónimo de Rávena habla de la Baskonia sur pirenaica, por donde dice que había una calzada romana por la costa con nombres desconocidos como: Sandaquitum, Cambracum y Tenobrica hacia Oiasso (Irun) bajando después a Pamplona donde se junta con otra que pasa el Pirineo por Turisa (poblado encontrado entre Auritzberri-Orreaga).

La explicación del surgimiento del ducado de Baskonia compuesto por gentes baskonas en su sentido más amplio de eúskaras -que no están romanizadas ni latinizadas-, la da el Catedrático en Historia Medieval José Luis Orella en el libro “Historia de Euskal Herria Tomo I: “El saltus (zona boscosa o montuosa) permanece inalterable a lo largo de la historia romana sirviendo de soporte lingüístico y cultural de los vascones, los cuales encontraban en el saltus sus raíces más antiguas y el lugar refugio en los momento de acoso”. Las poblaciones se regían según el pacto “alcanzado” con Roma, así el autor latino Plinio el Joven en el siglo II comenta que sólo una cuarta parte de ellas se regía por el derecho romano y tres cuartas partes por el indígena anterior, lo cual será de vital importancia para los baskones y el derecho pirenaico o Fueros. Por tanto y como es evidente, los vascos sobrevivimos al Imperio Romano manteniendo nuestras leyes y costumbres (Fueros), idioma, religión y cultura para darnos nuestro propio Estado.

El poeta bordelés Décimo Magno Ausonio (310-394) en sus cartas a su discípulo y sobrino San Paulino de Nola (355-431) a finales de siglo IV, trata de salvajes y paganos a los baskones de los bosques “saltus”. Paulino provenía también de la actual Gascuña (Pueblo de los ausko o aquitanos), donde al menos fuera de las ciudades de Novempopulania (Aquitania I) la población seguiría siendo euskaldun cuasi monolingüe: “Si alguien, sin mácula de debilidad, gasta su vida en un bosque vascón (saltus vasconum), su carácter inmaculado como antes, no se ha infectado de la barbarie de sus huéspedes”.

Vertisti Pauline tuosdulcissime mores?
Vasconis hoc saltus et ninguida Pyrenaei
Hospitia et nostri jacti hoc obliuio caeli?
Inprecer ex merito quid non tibi, Hiberia tellus!
... quod tu mihi uastos
Vasconiae saltus et ninguida Pyrenaei
Non recipit mens pura malum neque leuibus haerent
Inspersae fibris maculae: si Vascone saltu
Ac si Vasconicis mihi ui ta fuisset in oris,
Cur non more meo potius formata ferinos
Paneret, in nostros migrans, gens barbar ritus?

También ahonda en este sentido el baskón kalagurritano Marco Aurelio Prudencio (348-410), el poeta cristiano en latín más grande de todos los tiempos, profesor de retórica y abogado tras estudiar filosofía y teología en Zaragoza (Caesaraugusta) que además fue gobernador romano de la provincia hispana de la Tarroconensis. Prudencio dejó escrito que las tierras de los baskones se extendían por ambos lados del Ebro y Pirineos y al río Ebro le llama "el río vascón". El poeta baskón, con ocasión del canto a los legionarios mártires San Emeterio y Celedonio, alude a la “Vasconum gentilitas” de la que dice: “¿Crees todavía en esa gentilidad vascona, en otro tiempo tan grosera, cuya cruel falta hizo verter sangre sagrada?”

El propio José Luis Orella Unzué en el libro mencionado define el “Saltus Vasconum”: “Es el territorio situado al norte de una línea imaginaria que corre desde Jaca a Pamplona, llegando hasta el límite con Álava. Es decir, es el territorio montañoso que discurre al sur y al norte del Pirineo y que viene limitado por ambos prepirineos”. La Enciclopedia Auñamendi explica de manera similar el “Saltus Vasconum”: “Ha de entenderse por tal todo el tramo montañoso pirenaico, es decir, la montaña formada por la cordillera pirenaica vascona y sus series de valles a ambos lados de la misma (…) Ausonio (s. IV), dice Vasconis hoc saltos el ninguida Pyrenaei (XXIX, 51), y Paulino, su amigo, Vasconiae saltus et ninguida Pyrenaie. Parece referirse a los Pirineos marítimos”. Por tanto los “salvajes baskones” abarcaban una amplia franja a los dos lados del Pirineo y las montañas que le siguen, según la terminología actual: macizo de Gorbea, Aramotz, montes del duranguesado, sierras de Elgea, Aitzgorri, Unkilla, Aralar, Urbasa, Andia, montes de Iturrieta y de Entzia.

A estas montañas habría que añadir la comarca de la Sonsierra de Nabarra (hoy rebautizada como Sonsierra de Cantabria desde 1790, entre La Rioja, Alaba y Alta Nabarra) y probablemente los montes Obarenes y la Sierra de la Demanda o Arandio donde habitaron berones y autrigones: “Se puede afirmar que, cuando finaliza el período republicano (romano), solamente las tierras de la Rioja Baja, con Graccurris y Calagurris como núcleos más importantes, se encuentran totalmente romanizadas. En cuanto a las zonas correspondientes a las actuales Rioja Media y Alta, en lo que era propiamente el territorio berón, subsistían en buena medida los usos y costumbres de las gentes que habitaban allí antes de la llegada de los romanos. Esta pervivencia de lo indígena es todavía más acusada en las zonas montañosas de los valles altos del Cidacos, Jubera, Leza, Iregua y Najerilla, habitadas por comunidades pastoriles que, salvo contadas excepciones, no recibirán la influencia romana hasta bien avanzado el siglo I d. de C.” (Libro “La Rioja, espacio y sociedad" editada por la Fundación Caja Rioja).

Los Pirineos y las sucesivas sierras montañosas a las que los romanos también denominando Pirineos, eran lugares densamente poblados a donde mucha gente volvió abandonando las ciudades como Veleia (Iruña de Oka) o Pamplona, ya que en ambos casos se han encontrado restos de un gran saqueo a finales del siglo III seguramente cometido por las primeras invasiones bárbaras. La gente volvería a ocupar lugares más fácilmente defendibles que es donde estaban los castros prerromanos, en montes de media altura con grandes vistas y empalizados para su defensa como Malmasín en Arrigorriaga, Buzaga en el valle de Elortz, Henaio en Alegria-Dulantzi y un largo etc. Iñaki Sagredo Garde en su libro “Vascones. Poblamiento defensivo en el Pirineo” (2011) describe que pasado el siglo III de las primeras incursiones bárbaras "cuando existían situaciones de peligro, las gentes de Burgui o de Isaba, se refugiaban en antiguos poblados o incluso vivían en ellos", como ya mencionamos y explicitamos mejor un capítulo anterior.



Respecto al nombre que recibieron, Julio Caro Baroja señala en su libro “Los vascones y sus vecinos”, que “vascones” sería el plural de “vascus” (vasco). Según el insigne etnólogo e historiador español en el libro mencionado: “Que –tania no se diferencia de –itania en su significado y que se trata de una forma latina de denominar regiones según grupos étnicos y poblados de éstos (…) hemos de aceptar como principio general, que en la península son conocidos antes los nombres de los pueblos que los de las regiones (antes vascones que Vasconia y los Cántabros que Cantabria)”. Por tanto la palabra "Baskonia" hace referencia al lugar en el que habitan los vascos o baskones, Baskonia sería el “territorio de los vascos”. Este nombre (baskón o vasco) no existe en el idioma baskón, el euskera. Es muy probable que el nombre que nuestros antepasados se daban a sí mismos tuviera relación con el actual “euskaldun” o poseedor del euskara, como eusko, ausko o el más cercano de uasko que no parecen más que variedades dialectales, es más, en la escritura en latín la “u” y la “v” no se diferenciaban. Sobre esta cuestión decía Julio Caro Baroja en su libro “Sobre historia y etnografía vasca”: “Que uasc-, vasc- esté en relación con eusk o con ausc- (en los ausci de la Novempopulania), es muy probable” (el paréntesis es del propio Caro Baroja). El historiador ronkalés Estornés Lasa (1907-1999) también apuntaba a que eusko, vasco y ausko sean lo mismo. El uso común del nombre “baskones” o similares por francos por el norte así como de godos y musulmanes por el sur, sólo denota la unidad política, lingüística y cultural que perciben el resto de los Pueblos y Estados colindantes.

El prestigioso historiador vallisoletano Antonio Tovar en 1987 explicaba cómo se había creado un único Pueblo o nación donde antes de la llegada de los romanos había muchos (como muchos eran los Pueblos celtas o los Pueblos íberos): “Creemos que lo que hay aquí es la identificación del nombre, ya no tribal, de vascones, con las gentes euskaldunes o de habla euskaldun, por lo cual se dice que es parte de Vasconia Vitoria y se presenta a los vascones de la montaña, que probablemente eran los antepasados de labortanos, bajo-nabarros y suletinos de Iparralde al norte de los Pirineos, con ese nombre” (…) “Podemos muy bien suponer que en esa época de aislamiento, en la que los vascos, tanto del Norte como al Sur de los Pirineos, se mantienen fuera de los reinos visigodo y franco, la denominación de la tribu de los vascones se convierte en nombre general y se aplica tanto a la llanura de Araba y La Rioja como a los confines del territorio euskaldún con la Aquitania franca”. Julio Caro Baroja en 1943 había sido: "Una de las causas por las que en el norte se conservó la lengua vasca fue que nunca estuvo sometido al poder de los monarcas godos" (El Euskera Arcaico, Luis Nuñez Astrain)

En todos estos siglos los baskones fuimos independientes gracias a nuestra resistencia al imperialismo godo, musulmán y sobre todo franco, creando nuestro propio Estado soberano, poniendo la fuerza de nuestro Pueblo en manos de un gobierno en un territorio bien definido en su núcleo y bajo la organización ancestral de Concejos y Juntas basados en la costumbre como primera fuente del derecho, es decir, creamos el Estado baskón. No existe constancia documental de suceso bélico alguno interno entre los Pueblos euskaros entre el 476 y el 824 ni posteriores, año de la creación comúnmente aceptada del reino de Pamplona-Nabarra desde el sur baskón, por lo que una conciencia nacional y un interés común en la defensa del territorio, riquezas y gentes frente a diferentes invasiones, debieron de ser las razones que nos llevaron a todos los baskones a aunar esfuerzos y crear un Estado vasco o nabarro.

Exponemos la opinión de diversos historiadores de la “Enciclopedia Historia de Euskal Herria” -Rafael López, Joseba Agirreazkuenaga, Román Basurto y Rafael Mieza 1985-: “Si bien tradicionalmente la historiografía ha considerado como imposible que en la Edad Media surgieran conciencias nacionales ni sentimientos nacionales por el escaso desarrollo que presentaban entonces las estructuras políticas, económicas e ideológicas, últimamente tal consideración va perdiendo terreno a favor de una nueva concepción de los fenómenos de identidad colectiva nacionales cuyo nacimiento se tiende a datar cada vez más en fecha más temprana. En el caso de Vasconia (incluido Caro Baroja), esta nueva aproximación al problema del nacimiento de las primeras entidades políticas basadas en la existencia de una conciencia grupal encuentra una perfecta adecuación con la aparición en las fechas apuntadas del Ducado de Aquitania (en referencia en realidad al ducado de Baskonia que es el único nombre que aparece en las crónicas de los siglos VII-VIII) y el Reino de Pamplona (que después toma el nombre nacional de Nabarra en el siglo XII).”

Es la opinión compartida también por los historiadores y políticos nacionales más relevantes y que estudiaron en profundidad nuestra génesis como Pueblo. Por ejemplo en el libro “Nabarra en su vida histórica” el historiador pamplonica Arturo Campión (1854-1937) decía: “los baskones se nacionalizaron en forma de reino de Nabarra. Durante un tiempo, difícil de acotar, baskón y nabarro fueron términos equivalentes (…) El edificio histórico se asentaba sobre la base étnica en cuanto esta se exteriorizaba mediante el idioma, las costumbres, las instituciones y la conciencia nacional colectiva”. El primer Lehendakari el bilbaíno Jose Antonio Agirre, era de la misma opinión: “Nabarra era el nombre nacional” y en otro texto: “Sancho el Mayor sostengo que su genio indígena no solo sintió la unidad nacional sino que supo realizar una Confederación de Estados nacionalmente homogénea. (…) Esta tesis no solo encuentra eco en los tiempos del Mayor sino también en los que precedieron a la Monarquía Pirenaica en esos trescientos años de lucha contra el invasor germano que es cuando se forma realmente la nacionalidad vasca con voluntad de existencia y de lucha”. Ambos escribían Nabarra con “b”.





16. LA TEMPRANA BASKONIZACIÓN




El proceso de “baskonización” de todos los Pueblos euskaros prerromanos hasta convertirse en un único Pueblo o nación bajo el paraguas de su propio Estado, empezó tempranamente con los primeros síntomas del desmoronamiento del Imperio Romano Occidental. La creación del ducado de Baskonia fue propiciada por la invasión del Imperio Romano por hordas bárbaras en diferentes oleadas entre los siglos III al V.

Los hunos, mongoles que sobre poblaban las llanuras al norte de la gran China, invadieron el Imperio Romano por su parte nororiental al no poder entrar en el Imperio Chino con su gran muralla y en la India con la muralla natural del Himalaya; la presión que ejercieron sobre los pueblos “bárbaros” al norte y al oriente del Imperio Romano, hizo que estas gentes pidieran entrar en el Imperio romano, y, una vez dentro, se apoderaron de toda su parte occidental. El proceso duró dos siglos y supuso la recuperación de la libertad de los Pueblos euskaros sometidos a Roma que actuarán desde entonces como uno sólo.

Hubo un intento de Pueblos germánicos-francos para entrar en el Imperio Romano en el año 275 sin lograrlo. Decía al respecto San Jerónimo (Dalmacia año 340-Belén 420): “Bandas de innumerables y muy feroces han ocupado el conjunto de las Galias. Todo el país comprendido entre los Alpes y los Pirineos, entre el océano y el Rin, ha sido devastado por los cuados, los vándalos, los sármatas, los alanos, los gépidos, los hérulos, los sajones, los burgundios, los alamanos e incluso los panonios (…) Maguncia, ciudad antaño ilustre, ha sido saqueada, y en su iglesia millares de hombres han sido asesinados. Parecida suerte han sufrido Works, Reims, Amiens, Arras…Aquitania ha sido arrasada…Hispania tiemble, pues ve cómo sobre ella se abate la muerte”. Entre los años 250 y 400 el Imperio perdió el 20% de su población. Así para el siglo III se acabó “Pax Romana” y el bienestar las clases medias. Para entonces las legiones se formaban mediante contingentes de provincianos y esclavos pues los romanos rehuían el servicio militar. Alrededor del año 200 el ejército romano tenía entre un 5 y un 10% de efectivos germánicos, hacia el año 400 suponían ya la mitad de sus filas (James Wasserman “Templarios y Asesinos”).

Respecto a la situación que se vivía en lo que será el territorio de Baskonia, Alberto Pérez de Laborda en su libro "Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX" comenta que: “Los bárbaros entraron en el siglo III en dos oleadas, la primera llegó a la Catalunya actual: Barcelona, Lleida, Ampurias, Tarragona. La segunda también a Pamplona, arrasada por el fuego según catas arqueológicas sin que se haya encontrado nada de esta entrada al norte de esta ciudad”. En el "itinerario de Antonino" del siglo IV, Pamplona (Pompailun) era sólo una "mansión", la catedral prerrománica construida sobre el foro romano de Pamplona ya no existía. En esta segunda oleada quedaría también arrasada la ciudad más grande de lo que será Baskonia, la ciudad romana de Veleia en el actual municipio de Iruña de Oka (Alaba occidental).

Son también de esta época las luchas en Orreaga (Roncesvalles) de los baskones-romanizados Didimo y Viriniano, emparentados con el mismísimo emperador romano Honorio y su padre Teodosio el Grande. Eran éstos dos hermanos grandes “possessores” o terratenientes romanos que defendieron el Pirineo con su propio patrimonio y hombres; durante años mantuvieron a raya las incursiones germánicas. La cuestión es que un mando del ejército romano en Britania y autoproclamado como emperador con el nombre de Constantino III, mandó en el año 407 a su hijo Constante y a los mercenarios germánicos conocidos como los "Honorios" contra los hermanos Dirimo y Viriniano; los venció y los degolló. El Pirineo quedó desprotegido y los germánicos entraron en la península hispánica, según relató Zósino de Contantinopla, abogado del fisco imperial a finales del siglo V.

El historiador del derecho Paul Ourliac (1911-1998) señalaba que es demostrable que la aristocracia, los “ricos-hombres” hasta la Alta Edad Media, eran en muchos casos descendientes directos de esos “possessores”, creando por tanto la aristocracia baskona. Autores españoles como el alto medievalista y arqueólogo Abilio Barbero (1931-1990) y el experto en lenguas clásicas Marcelo Vigil (1930-1986) entre otros, sostienen que a partir del siglo III en Baskonia se mantuvo y se consolidó una estructura socioeconómica prerromana, estrechamente relacionada con las posteriores, es decir, empezó a fraguarse un poder que se escapaba al control de Roma.

El emperador Diocleciano (244-311 d. C.) fue el último gran Emperador romano pues dividió el Imperio en dos mitades: la Oriental y Occidental, con capitales en Roma y Bizancio (renombrada ésta por Constantino como Constantinopla en el 330-), con dos Emperadores llamados “augustos” que tenían la ayuda de dos “césares” adjuntos. Diocleciano obligó a los campesinos a permanecer en el lugar donde estaban censados, centralizó el Imperio y lo llevó su ruina, por lo que la población empezó a abandonar las ciudades y volvió al campo. Un prestigioso historiador romano y autor del “Breviarium historiae romanae” en el siglo IV, Flavio Eutropio, señalaba que en el año 284 ya se sublevaron poco después de la llegada al poder de Diocleciano los campesinos de la Galia, donde se encontraba Novempopulania que era el núcleo de los euskaldunes del Pueblo de los “ausko” en Aquitania I.

¿Quizás es este el origen del movimiento popular conocido como “bagaudas” que crearán el núcleo de Baskonia? Parece ser que sí. En las Crónicas Gálicas de códices de los siglos IX-X pero sobre originales de los siglos IV y V, hablan del príncipe Tibatón al mando de “bagaudas” que siembran el terror en tierras galas en los años 435, 437 y 448. El año 473 el conde visigodo Guterio trata de controlar la zona de Zaragoza que se encontraba sublevada para lo que atravesó los Pirineos con su ejército pasando por Pamplona. Estos bagaudas fueron el comienzo de la resistencia euskara o baskona a las invasiones germánicas que se concretará en la creación de Baskonia, por tanto, la baskonización o la aparición de un único Pueblo euskaro se gestó poco a poco entre finales del siglo III al V.

“Bagauda” viene probablemente del verbo celta “baga”, que se traduciría como “andar errante”, lo que en textos de la época llamaban “paletos” y granjeros ignorantes, es decir, gente iletrada, sin romanizar y mucho menos latinizar que vivía fuera de las ciudades romanas y de su influencia. En nuestro caso, la población que vivía fuera de las ciudades romanas de los Pueblos euskaros, según el historiador español Sánchez Albornoz entre otros, serían estos bagaudas, los cuales llegaron a tomar una importante ciudad como Tarazona e impusieron el pánico en las mismísimas puertas de Zaragoza con su jefe Basilio al frente. Eran bandas formadas por euskaldunes o baskones del Saltus Vasconum o de las comarcas de montaña o boscosa como hemos visto en el capítulo anterior, los colonos de las grandes y medianas haciendas del Ager Vasconum y los pequeños propietarios o campesinos sin tierra; tierras que habrían pasado a los grandes hacendados colaboradores con Roma, los grandes latifundistas que pretendían extender sus propiedades por el Ager y ahora también por el Saltus Vasconum. El detonante final, además de una gran población descontenta y una administración arruinada, serían las invasiones de los Pueblos germánicos con sus saqueos.

El obispo e historiador romano Idacio de Gallaecia (399-469 d.C.) narró la llegada de más bárbaros a nuestras costas: “Llevados por 7 naves, unos 400 hérulos armados a la ligera, desembarcan por sorpresa en la costa de Lugo. Son rechazados por la multitud que se había reunido, pero sólo pierden dos hombre, al retornar a su país, saquean con mayor ferocidad las localidades costeras de los cántabros y de los várdulos”. Además de los hérulos, llegaron esporádicamente a las costas del cantábrico grupos de piratas germánicos como los anglos, los sajones, pictos, escotos, jutos o bretones. Eran siempre migraciones enormes pero que no suponían un desplazamiento de los nativos, sino la mayoría de las veces su sometimiento a un poder militar superior. Se logró cierto orden con la llegada de los visigodos que habían entrado en el año 416 en el Imperio como aliados de los romanos mediante un “foedus” y que harán de ejército romano limpiando las Galias e Hispania del resto de bárbaros. Los visigodos llegaron Hispania a mediados del siglo V convertidos en el ejército de Roma. El Imperio contaba con 70 millones de habitantes y entraron unos 10 millones de bárbaros.

A Baskonia llegaron todas estas gentes a través de la calzada romana que iba desde Burdeos hasta Astorga y que atravesaba Garazi (Sant Jean de Pie de Port) y Orreaga (Roncesvalles), la autopista de entrada a la península ibérica y que todos ellos usaron. Existían 400 kilómetros de calzadas romanas por toda Baskonia descrita en el itinerario XXXIV de Antonino, pero sobre todo por el Ager Vasconum, aunque también existía otra importante ruta entre Herrera de Pisuerga y Castro Urdiales o la ría de Bilbao, que atravesaría en vertical la parte oriental de la actual Bizkaia, además de otra calzada por la costa, cuyos restos han aparecido en Galdakano (Bizkaia). Según Julio Caro Baroja (“Historia del País Vasco”, Tomo II): “Es probable que la vía que iba de Astorga a Burdeos por Alava tuviera ora casi paralela junto al mar que uniera entre sí las ciudades marítimas que menciona Ptolomeo”. De los 34 caminos del “Itinerario de Antonino” 4 pasaban por territorio baskón.

La Galia Narvonense y la segunda Aquitania (del Loira a Burdeos-Garona) pronto cayeron en manos visigodas con capital el Toulouse, después gran parte de Hispania donde crearon el reino toledano. En esos momentos Las Hispanias eran siete provincias romanas que también abarcaba el norte de África desde el año 40 d.C. (Hispania Tingitana). Pero, tras la derrota de Vouillé en el año 507, donde el rey franco Clodoveo venció al rey godo Alarico II que murió en la batalla (484-507), los visigodos perdieron las Galias que pasaron en gran parte a manos de los vencedores francos salvo Aquitania I (Garona a los Pirineos), y se replegaron a la Península Ibérica. En Vouillé Clodoveo contó ayuda de los baskones que tomaron Toulouse como su capital, lo que marcará la frontera con los francos en la franja entre los ríos Garona y Loira. Los visigodos se hicieron con casi toda la península ibérica, salvo el territorio ocupado durante los siglos V al VI por los germánicos suevos en las actuales Galicia-norte de Portugal con capital en Bracara (Braga en Portugal, capital de la provincia romana de Gallecia), además de los territorios romanos en el sur peninsular de la costa mediterránea recuperados por el Imperio Romano desde Bizancio-Constantinopla, y, por supuesto, la Baskonia ibérica, la cual estuvieron muy lejos de dominar los visigodos, tal y como veremos en otro artículo.

Otros jefes bagaudas fueron Amando y Eliano, a los que les dieron títulos de “césar” y “augusto” al modo romano. En el año 441 Flavio Asturio jefe de los ejércitos romanos, represalió a los bagaudas causándoles numerosas bajas, pero se recuperaron rápidamente pues en el año 443 Merobaude, poeta y alto cargo militar romano, luchaba contra ellos en Aracelli, que sería probablemente su centro político y que se cree estaría en el actual municipio de Huarte Arakil en Alta Nabarra. Por tanto, los montes de la Sakana o Barranka serían sus núcleos de la resistencia baskona. La Sakana la conforman los valles de la Burunda, Erkoyena y Arakil –entre Araia en Alaba a Altsasua en Alta Nabarra-, se trata del corredor que va de Iruña-Pamplona a Gasteiz-Vitoria, territorios que fueron bárdulos hasta el río Altzania (Altsasua) y desde ahí de los baskones prerromanos.

Antes de la creación de Baskonia, existe constancia de al menos una batalla importante que tuvo lugar en ese 587 y que recoge el cronista franco Gregorio Tours, en la cual los vascos derrotaron al “dux” (duque) franco Bladates: fue la primera victoria baskona conocida y lo fue contra un ejército franco. El Ducado de Baskonia como estructura política fue creado oficialmente por los francos merovingios para intentar dominar a los baskones del norte sobre el año 600, poniendo como duque al franco Genial. Dicen las crónicas merovingias del siglo VII, de los pocos testimonios escritos de esta época, que dos reyezuelos merovingios (francos) de la zona del río Sena se unieron para luchar contra los baskones: "Thierry II y Teodoberto II dirigieron conjuntamente sus ejércitos contra los baskones (wascones). Gracias a Dios, establecieron su dominio y les hicieron pagar tributo. Les impusieron un duque llamado Genial, que gobernó con ventura".

Pero, realmente, el dominio franco sobre el ducado de Baskonia no era tal, pues como dejó escrito Gregorio Tours en el 587: “Irrumpieron los vascos de entre las montañas, bajaron a los llanos, devastaron viñas y campos, incendiando las casas, llevándose a muchos cautivos con sus ganados. Contra los cuales actuó a menudo el duque Austrovaldo, pero causándoles poco daño”. En el tratado de Andelot de ese año 587, se nombró la civitas “Laburdo” (Baiona) como las asignadas por el franco Gontran, rey de “Burgoña”, a su sobrino Chilberto II rey de Austrasia. Quizás por eso los baskones atacaron a los francos según el historiador ronkalés B. Estornés Lasa (“Orígenes de los Vascos, Tomo III”).

Las crónicas francas hablan de: Vasconias depredatur; Pampilonam capit; partem Vasconiae occupat;Vascones una expeditione vastavit; Vascones humiliavit; cum omni exercitu Vasconiae partes ingreditur; feroce Uvasconum gentes debellatutus aggreditur etc. (Adolf Schulten). Fredegario (Script. Rer, Meroving II p.129): “Teudebertus et Teuderius exercitum contra wasconis…” (...), p.148 “quod rebellione wasconorum”.
Es difícil pensar que los baguadas fueran campesinos descontentos y que pudieran tomar grandes ciudades amuralladas como Tarazona o Zaragoza; que tropas romanas, francas o visigodas no pudieran con simples campesinos mal armados, y que la rebelión se mantuviera, aunque con diferente intensidad, durante un período tan prolongado en el tiempo. Es más bien el inicio de la defensa de todos los baskones o vascos de su territorio, que tendría continuidad en el nacimiento del ducado de Baskonia en el año 600-660 y después el reino de Pamplona o de Navarra desde el año 824 tras la Segunda Batalla de Orreaga o Roncesvalles al vencer una vez más a los francos.

Por tanto, en el “ager” las clases campesinas vieron su sustento arrasado por la nueva situación política lejos de la “Pax Romana”, estando sometidos para entonces a la explotación agrícola, por lo que huyeron del campo y se incorporaron a los habitantes del “saltus” que aún no estaban romanizados y que mantendrían vivos sus modos de vida, de organización e incluso su religión y cultura al estar alejados de las ciudades romanas. Juntos crearon el movimiento bagauda que culminará con la creación del Estado vasco. La experiencia histórica nos demuestra que los grandes hitos se van gestando poco a poco.

Los francos serán los que terminen de generalizar el término waskones o baskones pues nos ven como un único Pueblo y no hay posibles interpretaciones en otro sentido: son todos vascos sobre todo por la lengua que hablaban, el “vasco” o euskara. Así, Gregorio Tours en el 587 hablaba de "Wasconia" con "w" pues en latín la palabra “baskones” se pronuncia [uuáskones], los griegos o helenizados escribían "ouascones" con "ou", los musulmanes con "b", "baxcones" (pero con "x" como Ibn Adhari) y otros escribían "baskonis" (Ibn Hayyn, El Yacubi, Yacut).

B. Estornés Lasa en su libro “Orígenes de los vascos” (1966), comenta que el ducado baskón regentado por Eudón el Grande no usó otro nombre que el de Baskonia. El término Aquitania yacía en el olvido romano: “Los duques baskones Eudón, Hunaldo y Waifre no le dieron otra denominación. Los escritores francos, tampoco”.


Tal como comenta el catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad del País Vasco Joaquín Gorrochategui en el trabajo mencionado “Las lenguas de Álava (y alrededores) en la antigüedad” (2016):

a- En territorio vascón (y también caristio), incluso en zonas alejadas como en las Tierras Altas de Soria, hay testimonio de onomástica vascona-aquitana.

b- En Lapurdi, Beárn o Las Landas los testimonios de carácter vasco son tan escasos o dudosos como los del País Vasco meridional, a pesar de lo cual hay que suponer que eran territorios lingüísticamente vascos.

c- No es comprensible porqué la migración responsable de la vasconización tardía, con origen en Commiges, se dirigió solamente hacia el oeste, sin que se movieran también hacia el este o en un movimiento de difusión general; ni porqué se perdió la lengua en el solar matriz.

d- Los análisis de ADN realizados a los restos humanos de Aldaieta han demostrado que son gente del lugar, no inmigrada de tierras lejanas.

e- Desde el punto de vista lingüístico, el euskera histórico presenta características no conocidas por la fase vascona-aquitana de la antigüedad: 1. Desarrollo de la declinación, en unión a la creación de la determinación; 2. Forma dativo en –i, frente a las formas –he, -e (Herauscorritsehe, Larrahe); sufijos toponímicos en –aga, -eta, frente al suf. Aquintano –oss; etc.).

f- Es probable, tal como sugirió Michelena en 1981, que esta nueva facies del euskera surgiera como consecuencia de un cambio en las relaciones políticas y sociales en la zona en los últimos siglos del imperio romano (ruralización de la economía, creación de élites locales o possessores, surgimiento de nuevas redes de socialización antes desconocidas, con una dinámica centrípeta), que irán acumulándose en los siglos posteriores a la caída del poder romano. Sociolingüísticamente hablando, el euskera se convierte en el vehículo de las nuevas relaciones cotidianas, mientras que el latín queda limitado a funciones extracomunitarias, de relación externa o de la iglesia.

g- Es probable que en esta nueva fase el dominio del euskera se viera ampliado o fortalecido, bien desde el punto de vista social en cuanto a prestigio, uso, adquisición de nuevos hablantes, etc. No es necesaria una migración de pobladores”.

Duques baskones impuestos por los francos:
Genial 602-626
Aigino 626-638
Amando 638-660
Duques, príncipes y reyes independientes llamados de Baskonia:
Felix 660-670
Lupo I Otsoa 670-710
Eudon 710-734
Hunaldo I 744-768
Duques, príncipes y reyes independientes de Baskonia sin Aquitania (Loira-Garona):
Lupo II 768-778
Primera batalla de Orreaga-Roncesvalles 15 de agosto del 778
Lupo Sancio 778-812
Singuin 812-816
Garzi Enekones 816-823
Lupo III Zentulo “wasco” 819-823
Nace el reino de Pamplona-Nabarra con Eneko Aritza, Segunda Batalla de Orreaga 824.



17. LOS BASKONES DOMINARON A LOS GODOS UNA Y OTRA VEZ





Los suevos y vándalos de origen germánico, así como los alanos que llegaron de Europa oriental (aunque de origen iranio), entraron en la península ibérica sobre el año 407. Los visigodos o godos del Oeste venían del norte de Europa de la actual Alemania, aunque eran de origen escandinavo, del sur de Suecia probablemente. El nombre “godo” significa “hombre bueno” y visigodo “godo noble”. Estos ejércitos acarreaban tras de sí a sus propias familias con todos sus enseres. Cruzaron el Danubio en el 376 y derrotaron a los romanos de forma contundente en el 378 en Adrianópolis. Después saquearon Roma con Alarico al frente en el año 410 y conquistaron gran parte de las diferentes provincias romanas peninsulares de Hispania a mediados del siglo V (no así la africana Hispania Tingitana), para entonces ya se había hecho con gran parte de las provincias de la Galia, instalando su capital en Tolouse en Aquitania I, a las orillas del río Garona.

Estas familias godas con sus soldados, condes y reyes, apenas se mezclaron en un primer momento con la población que dominaron. Se calcula que entraron a la península 100.000 visigodos (algunos rebajan la cifra a 20.000), cuando los habitantes peninsulares eran unos 6 millones. Los visigodos finalmente se hicieron “federados” o “socios” del Imperio Romano Occidental y serán su ejército, mandando en nombre de Roma, ficción que durará un par de siglos; los godos que eran “bárbaros” o gentes de fuera del Imperio Romano, por lo que irán adquiriendo las costumbres romanas poco a poco. En el año 476 un godo, Odoacro, se nombró Emperador de Roma, la mayoría de los historiadores toman esta fecha como la de la caída del Imperio Romano Occidental que da paso a la Edad Media y al fin de la Edad Antigua, la cual habría comenzado con la invención de la escritura en Oriente Próximo en el IV milenio a.C.

En Vouillé en el año 507 de la mano de su rey Clodoveo, otro Pueblo germánico, los francos, vencieron al rey godo Alarico II que murió en la batalla (484-507). Los visigodos perdieron las Galias, las cuales pasaron en gran parte a manos de los vencedores francos, con salvedades como Aquitania I: territorio entre el río Garona y los Pirineos. En Vouillé Clodoveo contó ayuda de los que llamaban baskones, que tomaron Toulouse como su capital, lo que marcará la frontera con los francos en la franja entre los ríos Garona y Loira. Los visigodos se replegaron a la Península Ibérica, pero no lograron el control de toda ella, pues entre los siglos V al VII los suevos se hicieron fuertes en Gallaica (actuales Galicia y norte de Portugal), el Imperio Romano Oriental o Bizantino recuperó territorios de la costa mediterránea y los baskones nunca fueron dominados por los godos, más bien al contrario como veremos.

En el capítulo anterior comentábamos que en todo occidente los habitantes de las ciudades huyeron a la montaña junto a los habitantes del campo, al quedar su medio de vida arrasado y arruinado. En nuestro caso, en el “saltus” o diferentes cordilleras montañosas vascas, se juntaron los huidos con la población que había vivido fuera de la influencia romana o al menos había mantenido su entramado organizativo, cultural e incluso la lengua propia, único caso en todo el Imperio Romano Occidental en Europa junto al gaélico. Es así que para el siglo III volvieron a aparecer las poblaciones empalizadas a media altura de las montañas con gran visibilidad como en la etapa prerrománica. A estos movimientos de gentes descontentas se llamará por los romanos movimientos “bagauda”.

Santiago Segura Munguía, Catedrático de latín y Doctorado en Filosofía clásica por la universidad de Deusto, en su libro “Mil años de historia vasca a través de la literatura greco-latina” nos narra lo acontecido entre los bagaudas y godos en los siglos IV-V: “La Crónica de Idacio o Hidacio (395-470) está escrita en el momento del movimiento bagauda, al que este lusitano llama “bacauda”: - (El rey suevo) Requiario se casó con una hija del rey (godo) Teodorico e inaugura su reinado saqueando el país de los vascones (…). Requiario, habiéndose dirigido en el mes de julio al encuentro de su suegro Teodorico, a su regreso, acompañado de Basilio (jefe bagauda), saquea la ciudad de Zaragoza, invadió pronto, por sorpresa, la ciudad de Lérida. El mismo año 443 que Basilio quemó al frente de los bagaudas la ciudad romana de Tarazona. Los godos, aliados con Roma, destruyeron el reino suevo”. Francisco Rodríguez García en su libro publicado en el año 1865 “Historia General de España, Crónica del Señorío de Vizcaya” nos aporta un dato importante sobre los baskones y suevos: “En el año 572 el rey suevo Miro murió luchando contra los baskones”.


Para el siglo IV pudo tener Pamplona ya una diócesis según los historiadores Martín Duque y Roldán Jimeno, siendo Liliolo su primer obispo que acude al III Concilio de Toledo (nombre latino y significativamente no visigodo, año 589), para luego no acudir los obispos pamploneses a varios Concilios, por lo tanto parece que quedaría tempranamente Pamplona fuera de la influencia goda. Para el siglo V toda la aristocracia del ager vasconum sería cristiana y, siguiendo la tradición germánica (según Eingenkirche), esos nobles o grandes "possessores" de tierras, habrían traído las iglesias diviseras o señoriales en los siglos IV-VII, iglesias construidas con su patrocinio que sustituyeron a templos romanos dedicados sobre todo a Júpiter (Optimus Maximus), pero también a Marte, Mercurio, Apolo y a otros dioses-diosas romanos. En su libro “Continúa la irracional conquista” Tomás Urzainqui (2012) comentaba al respecto: “El obispo de Pamplona no asistió ni personalmente ni por medio de procurador a los Concilios visigodos de la provincia tarraconense de los años 516, 524 y 540”. Por tanto, eclesialmente, los baskones estaban también fuera de poder visigodo.

El Autor de los Milagros de San Marcial habla del príncipe baskón Lupo I, hijo de Felix, que a finales del siglo VII “había obtenido el principado sobre todas las ciudades hasta los montes Pirineos sobre la sucia raza de los vascones” (supper getem nequissimam ouascinum); en aquellos siglos, cuando hablan de los montes Pirineos, los textos se refieren a todas las cadenas montañosas vascas. Este título de “príncipe” es el mismo que por ejemplo recibe el coetáneo rey visigodo Wamba en “historia de Wamba” escrita por Julián de Toledo, sucesor de San Isidoro de Sevilla (s. VI-VII): “Wamba el príncipe religioso penetró en territorio de Cantabria a fin de combatir a los salvajes vascones (…) durante 7 días y 7 noches asoló los campos, destruyó fortalezas, incendió casas y todo con vehemencia”. Después de tomar rehenes, siguió hacia Huesca y Zaragoza. Por tanto, los baskones eran soberanos respecto a los godos. Desde el 660 los baskones o vascos constituyeron un Estado bajo un poder único con su caudillo el duque Félix al frente (660-670) y después con el duque Lupo I “Otsoa” (670-710), comenzó entonces una línea de los que se llamaron a sí mismos príncipes de Baskonia.

Las crónicas de época goda se parecen a las francas cuando hablan de: Irrupciones Vasconum; Vascones in montibus rebellants incursus; Vasconum Tarrac. Provinciam infestantium; Vascones ipsi, animorum feritate deposita; feroces Fascones in finibus Cantabriae perdomuit. Así, el principal panegirista godo, San Isidoro de Sevilla, en “Historia Gothorum” (Chron.min.II, p.292) dice (s.VI-VII): “vasconum Terraconensem provinciam infestantium”, p.290: “irrupciones vascorum movit” y p.291 “Gundamarus wascones una expeditione vastavit”. El Biclarense (Portugal actual s. VI) narra cómo en el año 581 entró el rey godo Leovigildo en la Baskonia ocupando Egea y “Victoriaco” (lugar cuyo emplazamiento se discute): “Leovigildus Rex partem Vasconiae occupat et Civitatem quae Victoriacum nuncupatur condidit". Los panegiristas de los reyes godos Suintila, Recesvinto o Rodrigo, escribieron en sus crónicas, tras cada una de las siete compañas que emprendieron contra los vascos: “perdomuit vascones” (dominaron a los vascos) o “vascones vastavit” (devastaron a los vascos).

Hubo batallas en los reinados de los siguientes reyes godos: Leovigildo 581, Recadero 586-601, Gundemaro 610, Sisebuto 612-621, Suintila 621, Khindasvinto 653, Wamba 672-673 y Rodil 711. Francisco Rodríguez García en el libro mencionado, comentaba que según San Isidoro, Recadero, hijo de Leovigildo, tan poco éxito obtuvo que “más parecía, haberse propuesto ejercitar los pueblos en la disciplina militar que alcanzar la victoria sobre las gentes con quienes guerreaba”.

San Isidoro hablaba de baskones que infestaban la Tarraconensis y atacaban de nuevo a la romana Zaragoza al mando de su caudillo de origen visigodo aspirante a la corona al que apoyan los “bagaudas” y que es llamado Froya en el año 643. Un texto de esa época de Tajón, discípulo del obispo de Zaragoza San Braulio a su colega de Barcelona señala: “Por su maldad, fiera gente de los baskones, bajando de los montes Pirineos se enriquece esquilmando la tierra de Iberia con diversas irrupciones la devastan (…) los baskones encontraron un caudillo temible en Froya”. Habla de la devastación de los baskones de toda la comarca de Zaragoza y de sus templos, el degüello de cristianos de “lanzas, armas, prisioneros y botines”, se hacen también con Corella y toda zona media del Ebro está de nuevo en sus manos.

El contemporáneo a Froya, Isidro de Borja (reproducido después por Rodrigo Ximénez de Rada en el siglo XII-XIII y por varios cronistas árabes), sobre la toma de Zaragoza comenta: "En los días de éste (el rey godo Recesvindo), toda Hispania contempla aterrada un eclipse de sol, durante el cual se distinguen las estrellas en pleno mediodía; un ejército nada exiguo rechaza no sin daños la incursión de los baskones (que estaban) con contingentes nada escasos". Los bagaudas eran para entonces llamados baskones y luchan contra el rey visigodo Wamba que los contiene en “Cantabria” donde hacían frontera en el 672 (en referencia a la Sonsierra de Nabarra, hoy riojano-alabesa).

Santiago Segura Munguía en el libro mencionado nos explica la situación entre baskones y godos en los siglo VI-VII de la siguiente manera: “Leovigildo en el año 574 tomó la ciudad de Amaya, hoy existe Peña Amaya lejos del País Vasco, en Burgos-sur (….) No incluían las presiones de los visigodos de España (sic), cuyos reyes arrianos apenas mostraron hostilidad hacia los vascones. El propio Leovigildo tenía suficientes problemas con su rebelde hijo Hermegildo, y el primer rey godo católico, Recadero, tuvo que defenderse él mismo de las incursiones de los vascones en la península. (…) Además Gundemaro (610-612) emprendió acciones de castigo contra los vascones (...) Sisebuto (612) también, contra los “ruccones” probablemente de La Rioja. Fredegario el reino llegó hasta Cantabria y el Pirineo, pero su sucesor Suintila (621-631) luchó contra ruccones y vascones que saqueaban la Tarraconense, es decir, a la defensiva, tras derrotarlos y exigir rehenes (por tanto no a todos), les obligó a crear Oligitum, Olite, para garantizar su control, por tanto muy al sur. Con Chindasvinto (642-649) un tal Oppila (de Villafranca de Córdoba) fue muerto por vascones cerca de Zaragoza. Con Recesvinto la guerra de guerrillas con los vascones estaba en Zaragoza. En el 653 Recesvinto derrota a Froya y los vascones en Zaragoza. Wamba (672-680) ataca territorio de los vascones, arrasándolo durante 7 días, posiblemente en las zonas menos montañosas (…). La inestabilidad de este período quedó reflejado en las crónicas de la época que afirman, cuando se refieren a los reyes visigodos, como una muletilla obligada “perdomuit feroces vascones”. Oligatum (Olite), fue una posición avanzada de los visigodos en tierras baskonas, para ello los godos esclavizaron a los derrotados y les obligaron a construir una fortaleza donde estarían acantonadas las tropas godas.

Fue Navarro Villoslada en la novela histórico-romántica “Amaya y los vascos en el siglo VIII” del año 1877 el que comentó por primera vez que: "(...) domuit vascones, que los godos tenían como en estampilla para añadir al nombre de cada nuevo monarca toledano (…) frase que constantemente repetida por espacio de tres centurias, viene a significar precisamente lo contrario de lo que suena”. Esta frase es la que ha quedado, “domuit vascones”, cuando en realidad eran frases anafóricas similares como las que hemos visto.

La narración que nos llega desde el norte baskón nos lleva a las mismas conclusiones, así comentaba Adriano de Valois en “notitia Galliarum”: “Los vascones de las montañas perseguido con muchas guerras por los reyes visigodos…se derramaron muchas veces por Novempopulania y aprovechándose de las luchas civiles de los francos, poco a poco fijaron allí su sede y finalmente ocuparon toda…situada entre los montes Pirineos, el Océano y el río Garona y le llamaron Vasconia y tuvieron su duque de su nación y hasta independiente, habiendo sacudido el yugo de los francos”.

Como dice Julio Caro Baroja en su libro “Problemas vascos de ayer y de hoy”: “no hay formas de origen visigodo, es decir, esa idea del aislamiento del País (vasco) frente a los visigodos es una realidad que la toponimia confirma. Mientras por ejemplo en Castilla las formas de villa se dan en la época visigótica creando nombres como Villafáfila, Villarramiel, Villarramirelli y se usan los nombres visigodos en toda Castilla la Vieja, en Álava no hay restos”. Ocurre lo mismo en Bizkaia y en el resto de país, la frontera goda era prácticamente la misma que la frontera musulmana, de Olite y las Conchas de Haro o más al sur.

El historiador estellés José María Lacarra (1907-1987) en su libro “Historia del Reino de Navarra en la Edad Media”, nos aclara que la frontera entre baskones y visigodos serían “las montañas de Cantabria o la Sonsierra hasta Codes o La Herrera, ciudades fronterizas serían Olite, Revenga, Avalos, Briones, Cenicero o Alexanco en La Rioja”. Juan Plazaola en el libro “Historia del arte vasco” sitúa la frontera entre baskones y godos en Valdegobía o Gobiaran, al Oeste de Miranda de Ebro: “Hay un hecho cierto, la tierra vasca es probablemente el área de más abundante arquitectura rupestre, altomedieval y eremítica en toda la geografía hispánica: es un fenómeno que se registra especialmente en la actual provincia de Alaba, más concretamente en las áreas de Valdegobía, Villanueva, Tobillas, Corro, Pinedo, Quejo etc. (comarca donde se sitúa también Valpuesta) y el condado de Trebiño (términos de Marquínez, Urarte, Laño y Alabaina). A ella llegó el fenómeno desde la Cogolla (La Rioja). Son del siglo VI por tanto no guardan relación con musulmanes, ¿marcan la frontera goda?”.

La victoria más al norte de los godos que se conoce, fue cuando llegaron a ocupar una emergente Pamplona entre los años 681 al 683 que entonces no era la capital del ducado baskón pues lo era Tolouse sobre el río Garona a cientos de kilómetros, siendo posteriormente expulsados por los naturales o baskones. Cuando entraron los musulmanes en la Península Ibérica, el reyezuelo visigodo romanzado como don Rodrigo (en realidad “Rodil”), alzado en armas para intentar ser aceptado como rey por los suyos, estaba significativamente sitiando Pamplona en el año 711, defendida entonces por las tropas del príncipe baskón Eudón.

Un poderoso ejército irrumpió con fuerza en el sur de Europa, Tarif o Tarik llegó desde África en el 711 al mando de 7.000 musulmanes de etnia berebere (“imazigen” en su lengua), a los que se les unieron otros 5.000 venidos de Tánger, su objetivo final era la mismísima Roma, en lo que se ha llamado a veces “La Primera Guerra Mundial”, al llevar la guerra a tres continentes (Europa, Asia y África). El compilador árabe Al-Maqqri del siglo XVII, recogió documentación coetánea a la invasión musulmana de la península ibérica, entre ella el anónimo Ajbar Machma donde se dice que Rodil, un príncipe godo, “estaba lejos de la corte, combatiendo contra Pamplona” en la que llama “guerra contra los baskones”. El mismo ejército del gran príncipe de Baskonia, Eudón, será el primero en vencer a los musulmanes en Europa en la Batalla de Tolouse en el año 721.

La historiografía española se inventó una inexistente unidad de la península ibérica con romanos cuando fueron hasta siete provincias, que habría tenido una continuidad con el Imperio toledano de los godos, pero los historiadores más serios entre ellos saben que esta teoría tiene los pies de barro. El último gran panegirista de los godos fue sin duda el historiador Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984), el cual en su libro “Orígenes de la nación española, el reino de Asturias” (1972) nos culpaba a los baskones de la destrucción de la “España goda” por sus odiados musulmanes: “Cuando los ejércitos de Córdoba destrozaban Vasconia -lo que ocurrió muchas, muchas veces- y llevaban cautivos a algunos de sus reyes y otros enviaban a sus hijas al harén de Almanzor, no pensaron sin duda jamás cuánto sus repetidos levantamientos contra el poder de los godos en España (sic) -especialmente el último que hubo de atraer hasta ellos a Rodrigo mientras los sarracenos ponían en pie el Sur- eran culpables de las horas trágicas y a veces humillantes que entonces les tocaba vivir. Es siempre imposible adivinar el mañana, pero importa siempre meditar sobre el rebote que el irreflexivo y alegre actuar llevados por viscerales apetencias produce a la corta que a la larga”. La carga política de la cita es evidente, así como su actualidad.

CONCLUSIÓN

El resumen general de baskones contra visigodos nos la da otro catedrático en historia, José Luis Orella Unzué en su libro “Historia de Euskal Herria”, cuando señala que los ataques godos a los baskones no son a “rebeldes” sino a enemigos poderosos que asaltan sus fronteras y asedian ciudades, son los visigodos los que sabemos se amurallan contra los baskones y no al revés. Podemos dar perfectamente la vuelta al mantra y decir que los baskones dominaron una y otra vez a los godos, incluso fuera de sus fronteras, por lo que fueron unos enemigos temibles para godos, francos y musulmanes.

Los orígenes y la historia del ducado de Baskonia posterior reino de Nabarra, explica perfectamente los restos humanos y materiales así como su epigrafía que van apareciendo en las pocas prospecciones que se hacen en su territorio, sin retomar obsoletas y descartadas hipótesis, lo que sí es necesario para todas las instituciones nacionales (colegios-ikastolas, universidades, museos o todo tipo de instituciones públicas relacionadas con la cultura) es divulgar a la ciudadanía baskona su historia y completarla con las nuevas evidencias que van apareciendo.