LOS BASKONES DOMINARON A LOS GODOS UNA Y OTRA VEZ

LOS BASKONES DOMINARON A LOS GODOS UNA Y OTRA VEZ
Aitzol Altuna Enzunza



Los suevos y vándalos de origen germánico, así como los alanos que llegaron de Europa oriental (aunque de origen iranio), entraron en la península ibérica sobre el año 407. Los visigodos o godos del Oeste venían del norte de Europa de la actual Alemania, aunque eran de origen escandinavo, del sur de Suecia probablemente. El nombre “godo” significa “hombre bueno” y visigodo “godo noble”. Estos ejércitos acarreaban tras de sí a sus propias familias con todos sus enseres. Cruzaron el Danubio en el 376 y derrotaron a los romanos de forma contundente en el 378 en Adrianópolis. Después saquearon Roma con Alarico al frente en el año 410 y conquistaron gran parte de las diferentes provincias romanas peninsulares de Hispania a mediados del siglo V (no así la africana Hispania Tingitana), para entonces ya se había hecho con gran parte de las provincias de la Galia, instalando su capital en Tolouse en Aquitania I, a las orillas del río Garona.

Estas familias godas con sus soldados, condes y reyes, apenas se mezclaron en un primer momento con la población que dominaron. Se calcula que entraron a la península 100.000 visigodos (algunos rebajan la cifra a 20.000), cuando los habitantes peninsulares eran unos 6 millones. Los visigodos finalmente se hicieron “federados” o “socios” del Imperio Romano Occidental y serán su ejército, mandando en nombre de Roma, ficción que durará un par de siglos; los godos que eran “bárbaros” o gentes de fuera del Imperio Romano, por lo que irán adquiriendo las costumbres romanas poco a poco. En el año 476 un godo, Odoacro, se nombró Emperador de Roma, la mayoría de los historiadores toman esta fecha como la de la caída del Imperio Romano Occidental que da paso a la Edad Media y al fin de la Edad Antigua, la cual habría comenzado con la invención de la escritura en Oriente Próximo en el IV milenio a.C.

En Vouillé en el año 507 de la mano de su rey Clodoveo, otro Pueblo germánico, los francos, vencieron al rey godo Alarico II que murió en la batalla (484-507). Los visigodos perdieron las Galias, las cuales pasaron en gran parte a manos de los vencedores francos, con salvedades como Aquitania I: territorio entre el río Garona y los Pirineos. En Vouillé Clodoveo contó ayuda de los que llamaban baskones, que tomaron Toulouse como su capital, lo que marcará la frontera con los francos en la franja entre los ríos Garona y Loira. Los visigodos se replegaron a la Península Ibérica, pero no lograron el control de toda ella, pues entre los siglos V al VII los suevos se hicieron fuertes en Gallaica (actuales Galicia y norte de Portugal), el Imperio Romano Oriental o Bizantino recuperó territorios de la costa mediterránea y los baskones nunca fueron dominados por los godos, más bien al contrario como veremos.

En el artículo anterior comentábamos que en todo occidente los habitantes de las ciudades huyeron a la montaña junto a los habitantes del campo, al quedar su medio de vida arrasado y arruinado. En nuestro caso, en el “saltus” o diferentes cordilleras montañosas vascas, se juntaron los huidos con la población que había vivido fuera de la influencia romana o al menos había mantenido su entramado organizativo, cultural e incluso la lengua propia, único caso en todo el Imperio Romano Occidental en Europa junto al gaélico. Es así que para el siglo III volvieron a aparecer las poblaciones empalizadas a media altura de las montañas con gran visibilidad como en la etapa prerrománica. A estos movimientos de gentes descontentas se llamará por los romanos movimientos “bagauda” (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/04/el-proceso-de-la-temprana-baskonizacion.html).

Santiago Segura Munguía, Catedrático de latín y Doctorado en Filosofía clásica por la universidad de Deusto, en su libro “Mil años de historia vasca a través de la literatura greco-latina” nos narra lo acontecido entre los bagaudas y godos en los siglos IV-V: “La Crónica de Idacio o Hidacio (395-470) está escrita en el momento del movimiento bagauda, al que este lusitano llama “bacauda”: - (El rey suevo) Requiario se casó con una hija del rey (godo) Teodorico e inaugura su reinado saqueando el país de los vascones (…). Requiario, habiéndose dirigido en el mes de julio al encuentro de su suegro Teodorico, a su regreso, acompañado de Basilio (jefe bagauda), saquea la ciudad de Zaragoza, invadió pronto, por sorpresa, la ciudad de Lérida. El mismo año 443 que Basilio quemó al frente de los bagaudas la ciudad romana de Tarazona. Los godos, aliados con Roma, destruyeron el reino suevo”. Francisco Rodríguez García en su libro publicado en el año 1865 “Historia General de España, Crónica del Señorío de Vizcaya” nos aporta un dato importante sobre los baskones y suevos: “En el año 572 el rey suevo Miro murió luchando contra los baskones”.

Para el siglo IV pudo tener Pamplona ya una diócesis según los historiadores Martín Duque y Roldán Jimeno, siendo Liliolo su primer obispo que acude al III Concilio de Toledo (nombre latino y significativamente no visigodo, año 589), para luego no acudir los obispos pamploneses a varios Concilios, por lo tanto parece que quedaría tempranamente Pamplona fuera de la influencia goda. Para el siglo V toda la aristocracia del ager vasconum sería cristiana y, siguiendo la tradición germánica (según Eingenkirche), esos nobles o grandes "possessores" de tierras, habrían traído las iglesias diviseras o señoriales en los siglos IV-VII, iglesias construidas con su patrocinio que sustituyeron a templos romanos dedicados sobre todo a Júpiter (Optimus Maximus), pero también a Marte, Mercurio, Apolo y a otros dioses-diosas romanos. En su libro “Continúa la irracional conquista” Tomás Urzainqui (2012) comentaba al respecto: “El obispo de Pamplona no asistió ni personalmente ni por medio de procurador a los Concilios visigodos de la provincia tarraconense de los años 516, 524 y 540”. Por tanto, eclesialmente, los baskones estaban también fuera de poder visigodo.

El Autor de los Milagros de San Marcial habla del príncipe baskón Lupo I, hijo de Felix, que a finales del siglo VII “había obtenido el principado sobre todas las ciudades hasta los montes Pirineos sobre la sucia raza de los vascones” (supper getem nequissimam ouascinum); en aquellos siglos, cuando hablan de los montes Pirineos, los textos se refieren a todas las cadenas montañosas vascas. Este título de “príncipe” es el mismo que por ejemplo recibe el coetáneo rey visigodo Wamba en “historia de Wamba” escrita por Julián de Toledo, sucesor de San Isidoro de Sevilla (s. VI-VII): “Wamba el príncipe religioso penetró en territorio de Cantabria a fin de combatir a los salvajes vascones (…) durante 7 días y 7 noches asoló los campos, destruyó fortalezas, incendió casas y todo con vehemencia”. Después de tomar rehenes, siguió hacia Huesca y Zaragoza. Por tanto, los baskones eran soberanos respecto a los godos. Desde el 660 los baskones o vascos constituyeron un Estado bajo un poder único con su caudillo el duque Félix al frente (660-670) y después con el duque Lupo I “Otsoa” (670-710), comenzó entonces una línea de los que se llamaron a sí mismos príncipes de Baskonia.

Las crónicas de época goda se parecen a las francas cuando hablan de: Irrupciones Vasconum; Vascones in montibus rebellants incursus; Vasconum Tarrac. Provinciam infestantium; Vascones ipsi, animorum feritate deposita; feroces Fascones in finibus Cantabriae perdomuit. Así, el principal panegirista godo, San Isidoro de Sevilla, en “Historia Gothorum” (Chron.min.II, p.292) dice (s.VI-VII): “vasconum Terraconensem provinciam infestantium”, p.290: “irrupciones vascorum movit” y p.291 “Gundamarus wascones una expeditione vastavit”. El Biclarense (Portugal actual s. VI) narra cómo en el año 581 entró el rey godo Leovigildo en la Baskonia ocupando Egea y “Victoriaco” (lugar cuyo emplazamiento se discute http://lehoinabarra.blogspot.com.es/search?q=vitoria+nova): “Leovigildus Rex partem Vasconiae occupat et Civitatem quae Victoriacum nuncupatur condidit". Los panegiristas de los reyes godos Suintila, Recesvinto o Rodrigo, escribieron en sus crónicas, tras cada una de las siete compañas que emprendieron contra los vascos: “perdomuit vascones” (dominaron a los vascos) o “vascones vastavit” (devastaron a los vascos).

Hubo batallas en los reinados de los siguientes reyes godos: Leovigildo 581, Recadero 586-601, Gundemaro 610, Sisebuto 612-621, Suintila 621, Khindasvinto 653, Wamba 672-673 y Rodil 711. Francisco Rodríguez García en el libro mencionado, comentaba que según San Isidoro, Recadero, hijo de Leovigildo, tan poco éxito obtuvo que “más parecía, haberse propuesto ejercitar los pueblos en la disciplina militar que alcanzar la victoria sobre las gentes con quienes guerreaba”.

San Isidoro hablaba de baskones que infestaban la Tarraconensis y atacaban de nuevo a la romana Zaragoza al mando de su caudillo de origen visigodo aspirante a la corona al que apoyan los “bagaudas” y que es llamado Froya en el año 643. Un texto de esa época de Tajón, discípulo del obispo de Zaragoza San Braulio a su colega de Barcelona señala: “Por su maldad, fiera gente de los baskones, bajando de los montes Pirineos se enriquece esquilmando la tierra de Iberia con diversas irrupciones la devastan (…) los baskones encontraron un caudillo temible en Froya”. Habla de la devastación de los baskones de toda la comarca de Zaragoza y de sus templos, el degüello de cristianos de “lanzas, armas, prisioneros y botines”, se hacen también con Corella y toda zona media del Ebro está de nuevo en sus manos.

El contemporáneo a Froya, Isidro de Borja (reproducido después por Rodrigo Ximénez de Rada en el siglo XII-XIII y por varios cronistas árabes), sobre la toma de Zaragoza comenta: "En los días de éste (el rey godo Recesvindo), toda Hispania contempla aterrada un eclipse de sol, durante el cual se distinguen las estrellas en pleno mediodía; un ejército nada exiguo rechaza no sin daños la incursión de los baskones (que estaban) con contingentes nada escasos". Los bagaudas eran para entonces llamados baskones y luchaban contra el rey visigodo Wamba que los contiene en “Cantabria” donde hacían frontera en el 672 (en referencia la Sonsierra riojano-alabesa).

Santiago Segura Munguía en el libro mencionado nos explica la situación entre baskones y godos en los siglo VI-VII de la siguiente manera: “Leovigildo en el año 574 tomó la ciudad de Amaya, hoy existe Peña Amaya lejos del País Vasco, en Burgos-sur (….) No incluían las presiones de los visigodos de España (sic), cuyos reyes arrianos apenas mostraron hostilidad hacia los vascones. El propio Leovigildo tenía suficientes problemas con su rebelde hijo Hermegildo, y el primer rey godo católico, Recadero, tuvo que defenderse él mismo de las incursiones de los vascones en la península. (…) Además Gundemaro (610-612) emprendió acciones de castigo contra los vascones (...) Sisebuto (612) también, contra los “ruccones” probablemente de La Rioja. Fredegario el reino llegó hasta Cantabria y el Pirineo, pero su sucesor Suintila (621-631) luchó contra ruccones y vascones que saqueaban la Tarraconense, es decir, a la defensiva, tras derrotarlos y exigir rehenes (por tanto no a todos), les obligó a crear Oligitum, Olite, para garantizar su control, por tanto muy al sur. Con Chindasvinto (642-649) un tal Oppila (de Villafranca de Córdoba) fue muerto por vascones cerca de Zaragoza. Con Recesvinto la guerra de guerrillas con los vascones estaba en Zaragoza. En el 653 Recesvinto derrota a Froya y los vascones en Zaragoza. Wamba (672-680) ataca territorio de los vascones, arrasándolo durante 7 días, posiblemente en las zonas menos montañosas (…). La inestabilidad de este período quedó reflejado en las crónicas de la época que afirman, cuando se refieren a los reyes visigodos, como una muletilla obligada “perdomuit feroces vascones”. Oligatum (Olite), fue una posición avanzada de los visigodos en tierras baskonas, para ello los godos esclavizaron a los derrotados y les obligaron a construir una fortaleza donde estarían acantonadas las tropas godas.

Fue Navarro Villoslada en la novela histórico-romántica “Amaya y los vascos en el siglo VIII” del año 1877 el que comentó por primera vez que: "(...) domuit vascones, que los godos tenían como en estampilla para añadir al nombre de cada nuevo monarca toledano (…) frase que constantemente repetida por espacio de tres centurias, viene a significar precisamente lo contrario de lo que suena”. Esta frase es la que ha quedado, “domuit vascones”, cuando en realidad eran frases anafóricas similares como las que hemos visto.

La narración que nos llega desde el norte baskón nos lleva a las mismas conclusiones, así comentaba Adriano de Valois en “notitia Galliarum”: “Los vascones de las montañas perseguido con muchas guerras por los reyes visigodos…se derramaron muchas veces por Novempopulania y aprovechándose de las luchas civiles de los francos, poco a poco fijaron allí su sede y finalmente ocuparon toda…situada entre los montes Pirineos, el Océano y el río Garona y le llamaron Vasconia y tuvieron su duque de su nación y hasta independiente, habiendo sacudido el yugo de los francos”.

Como dice Julio Caro Baroja en su libro “Problemas vascos de ayer y de hoy”: “no hay formas de origen visigodo, es decir, esa idea del aislamiento del País (vasco) frente a los visigodos es una realidad que la toponimia confirma. Mientras por ejemplo en Castilla las formas de villa se dan en la época visigótica creando nombres como Villafáfila, Villarramiel, Villarramirelli y se usan los nombres visigodos en toda Castilla la Vieja, en Álava no hay restos”. Ocurre lo mismo en Bizkaia y en el resto de país, la frontera goda era prácticamente la misma que la frontera musulmana, de Olite y las Conchas de Haro o más al sur.

El historiador estellés José María Lacarra (1907-1987) en su libro “Historia del Reino de Navarra en la Edad Media”, nos aclara que la frontera entre baskones y visigodos serían “las montañas de Cantabria o la Sonsierra hasta Codes o La Herrera, ciudades fronterizas serían Olite, Revenga, Avalos, Briones, Cenicero o Alexanco en La Rioja”. Juan Plazaola en “Historia del arte vasco” sitúa la frontera entre baskones y godos en Valdegobía o Gobiaran, al Oeste de Miranda de Ebro: “Hay un hecho cierto, la tierra vasca es probablemente el área de más abundante arquitectura rupestre, altomedieval y eremítica en toda la geografía hispánica: es un fenómeno que se registra especialmente en la actual provincia de Alaba, más concretamente en las áreas de Valdegobía, Villanueva, Tobillas, Corro, Pinedo, Quejo etc. (comarca donde se sitúa también Valpuesta) y el condado de Trebiño (términos de Marquínez, Urarte, Laño y Alabaina). A ella llegó el fenómeno desde la Cogolla (La Rioja). Son del siglo VI por tanto no guardan relación con musulmanes, ¿marcan la frontera goda?”.

La victoria más al norte de los godos que se conoce, fue cuando llegaron a ocupar una emergente Pamplona entre los años 681 al 683 que entonces no era la capital del ducado baskón pues lo era Tolouse sobre el río Garona a cientos de kilómetros, siendo posteriormente expulsados por los naturales o baskones. Cuando entraron los musulmanes en la Península Ibérica, el reyezuelo visigodo romanzado como don Rodrigo (en realidad “Rodil”), alzado en armas para intentar ser aceptado como rey por los suyos, estaba significativamente sitiando Pamplona en el año 711, defendida entonces por las tropas del príncipe baskón Eudón.

Un poderoso ejército irrumpió con fuerza en el sur de Europa, Tarif o Tarik llegó desde África en el 711 al mando de 7.000 musulmanes de etnia berebere (“imazigen” en su lengua), a los que se les unieron otros 5.000 venidos de Tánger, su objetivo final era la mismísima Roma, en lo que se ha llamado a veces “La Primera Guerra Mundial”, al llevar la guerra a tres continentes (Europa, Asia y África). El compilador árabe Al-Maqqri del siglo XVII, recogió documentación coetánea a la invasión musulmana de la península ibérica, entre ella el anónimo Ajbar Machma donde se dice que Rodil, un príncipe godo, “estaba lejos de la corte, combatiendo contra Pamplona” en la que llama “guerra contra los baskones”. El mismo ejército del gran príncipe de Baskonia, Eudón, será el primero en vencer a los musulmanes en Europa en la Batalla de Tolouse en el año 721.

La historiografía española se inventó una inexistente unidad de la península ibérica con romanos cuando fueron hasta siete provincias, que habría tenido una continuidad con el Imperio toledano de los godos, pero los historiadores más serios entre ellos saben que esta teoría tiene los pies de barro. El último gran panegirista de los godos fue sin duda el historiador Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984), el cual en su libro “Orígenes de la nación española, el reino de Asturias” (1972) nos culpaba a los baskones de la destrucción de la “España goda” por sus odiados musulmanes: “Cuando los ejércitos de Córdoba destrozaban Vasconia -lo que ocurrió muchas, muchas veces- y llevaban cautivos a algunos de sus reyes y otros enviaban a sus hijas al harén de Almanzor, no pensaron sin duda jamás cuánto sus repetidos levantamientos contra el poder de los godos en España (sic) -especialmente el último que hubo de atraer hasta ellos a Rodrigo mientras los sarracenos ponían en pie el Sur- eran culpables de las horas trágicas y a veces humillantes que entonces les tocaba vivir. Es siempre imposible adivinar el mañana, pero importa siempre meditar sobre el rebote que el irreflexivo y alegre actuar llevados por viscerales apetencias produce a la corta que a la larga”. La carga política de la cita es evidente, así como su actualidad.

CONCLUSIÓN

El resumen general de baskones contra visigodos nos la da otro catedrático en historia, José Luis Orella Unzué en su libro “Historia de Euskal Herria”, cuando señala que los ataques godos a los baskones no son a “rebeldes” sino a enemigos poderosos que asaltan sus fronteras y asedian ciudades, son los visigodos los que sabemos se amurallan contra los baskones y no al revés. Podemos dar perfectamente la vuelta al mantra y decir que los baskones dominaron una y otra vez a los godos, incluso fuera de sus fronteras, por lo que fueron unos enemigos temibles para godos, francos y musulmanes.