LIBRO: EL EUSKERA EN LOS ESTADOS EN LOS QUE SE HA HABLADO

EL EUSKERA EN LOS ESTADOS EN LOS QUE SE HA HABLADO


AITZOL ALTUNA ENZUNZA

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ÍNDICE

1. ORIGEN DE LOS ESTADOS
2. LOS PRIMEROS ESTADOS EUSKAROS
3. LA LLEGADA DEL IMPERIO ROMANO
4. LOS IDIOMAS QUE SE HABLABAN EN LA PENÍNSULA IBÉRICA Y LAS GALIAS A LA LLEGADA DE LOS ROMANOS
5. LA SUPERVIVENCIA DEL EUSKERA A LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO
6. NACE EL ESTADO MODERNO
7. EL EUSKERA Y EL REINO DE ARAGÓN
8. EL EUSKERA Y EL COPRINCIPADO DE ANDORRA
9. EL EUSKERA EN EL DUCADO DE GASCUÑA-AQUITANIA Y EN EL DEL BEARN
10. ESTADO DE NABARRA, PAÍS BASKÓN
11. EL EUSKERA Y EL REINO DE NABARRA
12. EL NACIMIENTO DE LA LITERATURA VASCA
13. LOS DIFERENTES ORIGENES DE LOS DIALECTOS DEL EUSKERA
14. EL EUSKERA EN EL REINO DE ESPAÑA
15. EL EUSKERA EN EL ESTADO DE FRANCIA
16. EL EUSKERA Y EL ESTADO DEL VATICANO
17. GURE HIZKUNTZA

En el libro rojo de la UNESCO sobre idiomas en peligro, aparece el euskera como una “lengua vulnerable”.




1. ORIGEN DE LOS ESTADOS



“El hombre es un animal social. Por mucho que retro devanemos el ovillo del tiempo siempre topamos con grupos, pero nunca con individuos aislados y solitarios. Bandas, linajes, clanes, tribus, castas, ciudades, estamentos, reinos, territorios feudales, imperios, iglesias, repúblicas, ligas o federaciones, clases, naciones, Estados…, agrupaciones sociales con otra denominación y estructura, comunidades o asociaciones, en definitiva, Pueblos, -solos o coaligados- unidades sociales básicas, agentes efectivos de organización social y cultura, de cuanto positivo y negativo para la humanidad ha acaecido en el tiempo.

Se trata indefectiblemente de conjuntos humanos organizados, inmediatamente conscientes de su identidad, nómadas o sedentarios, pero, en cualquier caso, adscritos a un territorio (estable o coyuntural) que consideran de uso exclusivo y que satisfacen sus deseos o necesidades mediante el empleo de recursos y energías que controlan directa o indirectamente” (“Pueblo y poder” Joseba Ariznabarreta, capitulo primero).

“En alguna parte hay todavía Pueblos, pero no entre nosotros, hermanos míos: entre nosotros hay Estados ¿Estado? ¿Qué es? Prestadme atención, voy a hablaros de la muerte de los Pueblos” Nietzsche “Así habló Zaratrusta”.

Los Estados nacieron probablemente en Asia, allí surgieron los Estados despóticos de Babilonia o la India. Después llegarían a África, como el Estado faraónico de Egipto, por ejemplo, creados en el neolítico gracias, probablemente, a la agricultura intensiva y al mantenimiento de grandes poblaciones que los posibilitó. Estados que se extendieron definitivamente por Europa muchos siglos después, con las polis griegas y, sobre todo, con el  Imperio Romano. 


Código de Hammurabi


Este sistema de organización política, comenzó aproximadamente hace unos siete mil años y se perfiló definitivamente con el establecimiento de las dinastías gobernantes, cuyo registro está bien establecido en el caso de los faraones o en las dinastías de los acadios, entre los cuales, se cuenta la de Sargón; las dinastías de los babilonios, entre los cuales se halla Hammurabi; las de los hindúes, contra los cuales se rebeló Sidharta Gautama "El Budha" (“El Iluminado”); las dinastías de los emperadores de China, que Confucio organizó con una burocracia obediente, y las del imperio del Sol naciente, que aún subsiste en pleno siglo XXI con el emperador japonés Akihito.


Éste régimen de gobierno despótico que ha durado nueve milenios hasta el presente, ha tenido como base económica lo que los economistas denominan "modo de producción asiático", que es una forma precapitalista que ha sido de difícil descomposición. Este sistema fue descubierto para los europeos y escrito en sus memorias por el médico francés Francois Bernier, que fue el terapeuta de cabecera del Gran Mongol, el cual gobernó en la Turquía europea y en la asiática, en parte de Persia y en el Turkestán, entre los años 1650 y 1700.

Estas memorias, fueron conocidas por Karl Marx en el año 1852 y escribía a Engels poco después, revelándole su asombro por la penetrante observación del galeno sobre el sistema de producción en que se desarrollaba la vida económica en aquellas regiones orientales. "He aquí" dice Marx, "el secreto" de la milenaria "paz asiática" la "llave del cielo oriental", o sea, el milagro de la inamovible mansedumbre del Pueblo asiático.

Reconstrucción de la ciudad de Uruk de Mesopotamía, sobre el río Éufrates


En los regímenes autocráticos o despóticos del Asia Menor (Caldea, Siria, Persia o Sumeria), Asia Mayor (China, Indochina) y Meridional (India), el Estado se había establecido sobre la base de la división social en clases y de la esclavización de los hombres y mujeres sometidos por la fuerza; pero este hecho era ocultado a los súbditos.

La forma de este Estado era "Despótica", o lo que es lo mismo, una Monarquía autocrática y teocrática, en la que todo el poder del Estado se concentraba en las manos del "Déspota" o monarca-dios, que se apoyaba en el aparato burocrático y en el ejército que sometía, con crueldad, a los trabajadores y esclavos. Este déspota con su familia, la casta sacerdotal, la extensa burocracia y el numeroso ejército, constituían la clase dominante y gobernante, y para justificar su dominio, proclamaban el "origen divino de este poder del Estado".

Los ideólogos de este régimen estatal, predicaban la desigualdad humana, el sometimiento de los trabajadores (y de los esclavos), la sumisión y la obediencia en general de todos al monarca e incitaban al poder supremo del déspota, el cual se mantenía intocable por medio del castigo y del terror. En cambio, en la conciencia de los sometidos, su disconformidad se manifestaba como rebelión o protesta contra el abuso de poder. Estos modelos primigenios de Estado, aún hoy perviven por todo el globo terrestre.



Veamos cómo se llegó a esta situación de la mano de Friedrich Engels, el cual en su libro "Origen de la Familia, la Propiedad Privada y del Estado" comentaba en el año 1884: “La Sociología, con el auxilio de la Paleontología, la Etnología y la Antropología, ha demostrado que en las comunidades primitivas de todas las latitudes han pasado por etapas de cambio similares en su proceso evolutivo, pudiéndose distinguir, en general dos grandes formas sucesivas:

La primera es la "comunidad natural nómada", cuyo núcleo lo constituye "la familia extensa": la horda, la gens, la tribu. En esta colectividad comienza el hombre por medio de su trabajo "a apropiarse de la Naturaleza" que es a la vez su medio de trabajo y su material de trabajo: caza, pesca y recolección de frutos.


La segunda es "La comunidad agraria aldeana primitiva", cuyo núcleo es la tribu organizada conforme la descendencia o "gens" (organización gentilicia) que colma los progresos alcanzados por el hombre en su evolución económica y social. Es la época del pastoreo y de la agricultura, la era de la domesticación de animales y la apropiación directa de la tierra, bienes que poseen y explotan en forma común. La comunidad agraria aldeana primitiva era la sociedad comunista; la sociedad dueña de todos los medios de producción y del trabajo de todos sus miembros.



Pero, en el seno de esta sociedad agraria primitiva, se va formando un "grupo aglutinante" o "grupo dirigente superior", a consecuencia del usufructo individual de la tierra que se perfila ya en la tercera y última fase de la barbarie. Ésta es la forma histórica que recibe el nombre de modo asiático de producción o forma de producción asiática, recibiendo estos nombres porque se dio por vez primera en el continente asiático y porque conservó su estructura intacta a través de todos los tiempos, aún a pesar de la influencia que pudieron haber ejercido en esos Pueblos los conquistadores y colonizadores europeos.

Esa forma de producción asiática, tiene por base la comunidad agraria aldeana primitiva, autosuficiente en su producción social, pero engendra en su seno los inicios de la propiedad privada al conceder el usufructo individual de la tierra conforme la voluntad del grupo dirigente o el jefe. El grupo dirigente superior o grupo aglutinante se erige al principio en guardián de los bienes colectivos, pero posteriormente se autonombra propietario universal de los mismos y organiza una especie de esclavitud pública que destina a la realización de trabajos en beneficio de la colectividad, como irrigación de las tierras agrícolas, construcción de templos, etc... El "grupo dirigente" superior se ha atribuido una función en beneficio del interés general y a su amparo organiza y dirige los trabajos públicos, extrayendo de las comunidades un plusproducto, una plusvalía en forma de impuesto. Es la forma primitiva de la renta de la tierra.

Sobre esta base se edificó el Estado despótico oriental antiguo de los chinos, indostánicos, persas, caldeos, fenicios, egipcios y la despótica azteca representada por Moctezuma y del llamado sistema comunista inca representado por Atahualpa.

La sociedad había clausurado la organización gentilicia y había caído bajo el imperio de la voluntad mágica del Estado. La historia ha demostrado, que el Estado no es ningún ente mítico que se encuentre por encima de la sociedad y de las clases sociales; lo ha demostrado la actividad política encaminada a proteger y resguardar, por medio de la burocracia, el ejército, la policía, etc., los intereses de la clase económica y políticamente dominante. Precisamente esa fue la diferencia fundamental que se planteó desde un principio entre la organización gentilicia y la organización estatal.


Bolonburu, castro o ciudad amurallada autrigona en Zalla

En la organización gentilicia los individuos se ubican en el territorio de la tribu de acuerdo a su raza, a su sangre. En la organización Estatal que surgía, los individuos se ubicaban o fueron ubicados, de acuerdo a sus trabajos, a sus necesidades, a sus servicios, independientemente de la gens.

La organización gentilicia tenía sus representantes (Consejo, Asamblea y jefe militar) que eran electos y dominados por el Pueblo. En la organización estatal naciente se instituye "una fuerza pública" que ya no es el Pueblo elector y armado. Esta fuerza pública sirvió en los primeros tiempos para someter y mantener en la obediencia a los esclavos (cuando los hubo), en favor de la ciudadanía formada por una minoría aristocrática de hombres libres, y sus componentes eran también miembros de esa misma ciudadanía de hombres libres y aristócratas. 

Pero a la vez, estos ciudadanos libres y aristócratas, se dividían también en ricos y pobres, de los cuales estos últimos formaban la mayor parte a los que debían mantenerse dentro de ciertos límites. Esto hizo necesario la creación de una fuerza policial para mantener el orden, la cual se complementaba con cárceles y tribunales de justicia de toda clase. Esta fuerza pública y tribunales fueron desconocidos para la gens.

Para sostener en pie esta fuerza pública se hizo necesario el pago de impuestos, los cuales recayeron sobre los ciudadanos; después vinieron los empréstitos, las empresas estatales, etc. De todo esto no tuvo conocimiento la organización gentilicia. Los funcionarios o mandatarios de esta organización, es decir de la fuerza pública y del derecho de recaudar los impuestos, se sintieron colocados por encima y con dominio sobre la sociedad misma; y esta circunstancia hace que se cree y desarrolle el derecho, traducido en leyes que imponen el respeto, la santidad y la inviolabilidad de estos mandatarios.

El Estado había nacido de la necesidad de refrenar los antagonismos de las clases nacientes, pero como realmente era un producto del conflicto de dichas clases, el Estado se convirtió en una fuerza de la clase más poderosa, de la que impera económicamente".



El surgimiento histórico del “leviatán”, del monstruo político jamás superado por el ser humano, ocurrió hace siete milenios en Asía, hoy en día no existen personas que no pertenezca a un Estado, la existencia de un Estado hace necesario que todos los Pueblos configuren el suyo (Pueblo-gobierno-territorio-leyes), en caso contrario, son presa fácil para cualquier Estado imperialista, tal y como ocurrió en masa en África y siglos antes a muchos Pueblos americanos, los cuales no poseían Estados o estaban muy debilitados. 

La peor circunstancia para un Pueblo, es la de no tener Estado propio o tenerlo ocupado, pues deja su futuro en manos de los gobiernos imperialistas y ejércitos de otros Pueblos con intereses contrapuestos al suyo y siempre dispuestos a explotar hasta la total extinción o asimilación al Pueblo apresado, sería el colonialismo en general (físico y mental).


2. LOS PRIMEROS ESTADOS EUSKAROS




Por tanto, los Estados en un sentido puro -un gobierno permanente y estructurado en un territorio frente a un Pueblo que obedece-, nacieron en Asia y se extendieron definitivamente por Europa mucho después (Joseba Ariznabarreta “Pueblo y poder”, Edit.Itxaropena 2007).

No fueron el romano o el griego los primeros Estados europeos, aunque ayudaron a su total implantación. Del mismo modo que las grandes pirámides de Egipto nos hablan de grandes civilizaciones y por tanto de Estados, los círculos de piedras que conforman Stonehenge o los monumentos de Carnac (Morbihan, Bretaña), nos estarían hablando de estructuras sociales desarrolladas, de clases sociales, religiones con una casta sacerdotal, constructores y beneficiados de esos trabajos, es decir, de los primeros Estados europeos.

Con Roma se extendió la escritura a toda Europa y con ella el conocimiento escrito de la historia, así se dejó atrás definitivamente la prehistoria.


En el territorio que conformará el ducado de Baskonia en la Alta Edad Media, hacia los años 800-700 a.C., tenía un clima similar al actual, época en la cual se han datado las primeras talas de bosques para el pastoreo. A lo largo de los siglos IX y VIII a.C. tendrán lugar en Europa una serie de transformaciones de gran calado. 

En sus diferentes libros, el arqueólogo parisino Patrice Brun (1987), recoge tres de los hechos que revelarían estos cambios como son: “el aumento numérico y de tamaño de los poblados, la tendencia a la jerarquización social con la aparición de la aristocracia guerrera con posible estatus hereditario y el desarrollo de la metalurgia del hierro que facilitaría la autarquía de las comunidades. Todo ello generaría una competencia entre las distintas élites, lo que quedará documentado tanto en los poblados como en las necrópolis” (Xabier Peñalver “Los vascones y sus vecinos” -2008-).

Marueleza, monte Arrola en Nabarniz (Bizkaia, merindad de Uribe Costa)


Todas las poblaciones de esta época, estaban situadas en altos estratégicos que controlan la totalidad del valle. Eran poblaciones amuralladas y dentro de las murallas existían "lujosas" casas sobre suelo labrado, hechas de madera y tierra y en algún caso incluso con vigas de piedra introducidas en el suelo, que se recubrían después con plantas y cuernos; contaban estos recintos amurallados con sus hornos de pan y almacenes para el grano. 

Dentro del poblado amurallado se practicaba también la agricultura y la ganadería. En los siglos VI al IV antes de nuestra Era, se introduce la construcción de viviendas de base rectangular, que aprovechan mejor el espacio, frente a las redondas anteriores.

Las murallas aparecen para defenderse de nuevas invasiones de gentes con idiomas indoeuropeos, como los múltiples pueblos que agrupamos con el nombre genérico de “celtas” y que llegaron desde Europa Central (celta en griego solo significa “gente oculta”). Estas invasiones traerían la necesidad de una defensa conjunta del territorio, lo que conllevaría a la estratificación social y a la creación de una clase de guerreros frente a otra agrícola y por tanto la aparición de familias dominantes que se constituirán en ese contexto histórico y que perdurarán durante los siguientes siglos.

Además de estas “ciudades” amuralladas, llamadas con el nombre genérico de “castros”, existirían pequeñas comunidades dispersas e incluso se habitarían las cuevas hasta la segunda Edad de Hierro (siglo III a.C.), para pasar entonces a usarse como grandes almacenes. 

El estudio del arqueólogo gipuzkoano Xabier Peñalver, revela la existencia de castros de Pueblos eúskaros amurallados y prestos para la defensa del territorio siguiendo los grandes ejes de los valles fluviales, por tanto, en sitios elevados y con el terreno previamente preparado para acoger la posterior edificación. Estos castros, estarían relacionados entre sí (se observarían entre ellos a simple vista), cuasi autónomos en recursos naturales (explotación del bosque), pastoriles y agrícolas (se han hallado todo tipo de cereales propios de la época, dentro y fuera de la muralla).

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José


Están excavados o documentados numerosos castros de pueblos eúskaros en las actuales provincias de Bizkaia, Gipuzkoa y norte de Alaba, pero también en el norte de Lapurdi, Baja Nabarra y Zuberoa, castros similares a los que hacían sus vecinos celtas, íberos, astures o cántabros. 

En el año 2010 se habían encontrado 2 de estos castros en el norte de Alaba, 8 en Bizkaia, 8 en Gipuzkoa, 10 en el norte de Lapurdi, 28 en el centro y norte de Baja Nabarra y 17 en Zuberoa, éstos en plenos montes Pirineos. Ya en el interior, en la baskona Alta Nabarra, se han hallado 109 ubicaciones, casi siempre próximas a los grandes ríos: el Arga, Aragón, Ebro y Ega.

De la Edad de los Metales, existen en la actual Gipuzkoa de “gens” o Pueblo bardulo (entre los ríos Deba-Urumea y por el sur hasta la Llanada alabesa), 8 castros o ciudades amuralladas tal y como relatan en su libro “Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan” de la Diputación Foral de Gipuzkoa del año 2003 los miembros de “Aranzadi Zientzia Elkartea” Xavier Peñalver, Sonia San José junto a Carlos Olaetxea. 

La más antigua de estas ciudades amurallada es la de Buruntza (Andoain), de hace 3.000 años, y la más reciente la de Intxurre (Albiztur-Tolosa), de hace 2.030 y con 1 km de muralla, justo a comienzos de la romanización. Son castros de entre 1 y 5 ha. de extensión, salvo el de Intxurre, que es con mucho el más grande con 17 ha.

En todos ellos,  no hay testimonio escrito, arqueológico o toponímico de celtas, son por tanto eúskaros nativos con un mantenimiento de la población que venía de antiguo como lo demuestra los extractos de cerámicas encontradas que se remontan al neolítico (5.000 a.C.). Estos castros, tienen muros de dos metros y medio de grosor compuesto de tierra, adobe y piedras y encima un añadido de madera (la técnica se fue perfeccionando), con sus fosos de hasta 2 metros y trincheras.



Por desgracia, no existe un estudio tan profundo y completo para Bizkaia, aunque en la necrópolis de Berreaga, entre Mungia-Gamiz-Fika-Zamudio, se han hallado 149 estelas prerromanas completas o fragmentos, todas ellas decoradas con temas geométricos y astrales y con formas trapezoidales (el 90%) o discoideas (el 10% restante). 

Esta necrópolis y poblado de Berreaga (del 350 a.C. al año 100), son los más importantes de las hallados en territorio bizkaíno de la Edad de Hierro y de los pocos de Bizkaia. En esta excavación, se ha encontrado cerámica autóctona, otra más elaborada similar a la de los celtíberos (celtas de la comarca de los ríos Tajo-Duero-Guadiana) y otra romana o “terra sigilata”, estas dos últimas obtenidas probablemente mediante el intercambio comercial, pues el poblado es anterior a la conquista romana de la comarca. 

Además, existen otros castros como el de Poblado de Marueleza (Nabarniz, restos del siglo I a.C.), Santuario de Kosnoaga y Gastiburu (los dos en Gernika-Luno, siglo I a.C.), Cueva de Kobeaga (Ispaster, siglo VII a.C.), Castro de Arrola (Arratzu, habitado desde el siglo III a.C. hasta época romana) y Cueva de Santimamiñe (Kortezubi, siglo VII a.C.), todos ellos en la ría de Gernika.

En Momotio, Garai (cerca de Durango), existe una necrópolis del siglo IV a.C. con tumbas parecidas a las altomedievales reubicadas en Argiñeta (Elorrio). También serían importantes las cuencas Ibaizabal-Nervión y río Deba, potenciadas en época romana, de donde surgiría Bizkaia en la Alta Edad Media.




"Nos hallamos ante obras realizadas por gentes bien organizadas que han contado con la participación de especialistas y que han elaborado un proyecto de defensa muy definido al que han dado gran importancia y dedicado enorme esfuerzo colectivo para su ejecución. El hallazgo de estas grandes construcciones defensivas, unido al de los restos conservados en el interior de los recintos que delimitan, apunta a que no estamos ante refugios temporales sino más bien, al igual que estaba sucediendo en estas fechas en amplias zonas del continente, ante poblados estables, defendidos con impresionantes medios, y que requerirán de un continuo trabajo de mantenimiento." Xabier Peñalver, "Orígenes" (-2005-).

Los hallazgos de estas ciudades amuralladas, preparadas para la defensa del territorio, hacen necesario repasar de nuevo los viejos conceptos históricos: a la llegada de los romanos, los diferentes pueblos eúskaros, contábamos con una estructura política consistente en pequeñas ciudades-amuralladas en la parte occidental hasta el valle de Leizaran, que permitía una sólida defensa del territorio, comerciábamos con otros Pueblos, incluso lejanos, poseíamos una tecnología tan avanzada como la de otras partes de Europa.


Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José



La economía en la Edad de los Metales

En la Edad de Hierro (500 a.C.), aparecen nuevos progresos en el territorio de los Pueblos eúskaros, como el uso de este metal, el hierro, que desplazó al bronce (que pasa a ser usado para hacer adornos); aparece la rueda maciza para el carro con bueyes o comienza el uso del torno para la alfarería. Estos avances, se producen no por la invasión de nuevas gentes (de lo que no hay rastro alguno en la Edad  de Hierro, incluidos los recientes estudios de ADN -2019 y 2021-), sino porque el comercio, que era una actividad muy extendida (se comercializaban los excedentes), daba lugar a contactos con otros Pueblos de quienes y, como en la actualidad, se copiaban sus avances tecnológicos.

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José


Así, se han encontrado molinos en forma de barcos, balanzas para el comercio, joyas de vidrio o cerámica para conservar los cereales. Incluso en Intxurre (Tolosa, Gipuzkoa), se ha encontrado un trozo de pulsera y partes de un collar que solo se elaboraba en Centro-Europa, lo que nos da idea de un comercio trans-fronterizo importante. El comercio con el exterior es también evidente en un brazalete fabricado en Marsella y hallado en Basagain. Los restos se disparan a partir de la segunda Edad de Hierro y la tecnología metalúrgica demuestra un gran avance.

En cuanto al tipo de economía y explotación del territorio, hay que resaltar que muchos de los Pueblos eúskaros que veremos después (ausko, baskones, autrigones, bardulos y karietas claramente), ocupaban tierras donde se combinaba un fuerte contraste de climas y orografía: todos tenían salida al mar, zona boscosa y grandes llanuras actas para el cultivo del cereal u otros productos agrícolas; éstas últimas fueron también zonas de caza donde en verano pastaban grandes manadas de herbívoros, como en la comarca actual de Trebiño. Por tanto, esta estructura se basaba en un comercio interno importante dentro de su territorio, entre los clanes o ciudades amuralladas.

Quizás ésta combinación era la que hacía la economía pastoril de la costa viable, al combinarse con una dependencia del agro del sur, sin olvidar que eran zonas de paso obligatorio para el comercio exterior entre la Península Ibérica y el resto de Europa.

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José


A su llegada sobre el siglo II a.C., los romanos hablan de embarcaciones autóctonas, pero muy precarias, las cuales solo servirían para ríos y para navegar por la costa que completaría la dieta alimenticia. Por tanto, parecen estructuras económicas y políticas cerradas y completas, no dependientes de otras con las que comerciarían productos no básicos.

Estos hallazgos, desmontan por completo las teorías de que los Pueblos eúskaros a la llegada de los romanos no practicaran una agricultura intensiva y eran simples pastores trashumantes, pues la agricultura y el comercio se daban hasta en las regiones aparentemente menos propicias para ello.





Estructuración política de la costa anterior a la invasión de los romanos:

Según el profesor de Historia Antigua de la Universidad de La Rioja Urbano Espinosa, era una “población con niveles de recursos de lotes de aprovechamiento agrícola-ganadero iguales en un territorio de propiedad comunal. Por lo que sabemos, la organización familiar, la estratificación social, el gobierno de grupo, tiene mucho que ver con las comunidades vecinales que han llegado en el campo de la ciencia jurídica hasta la actualidad”. 

Formas de vida y organización territorial recogidos en los Fueros o Derecho Pirenaico, que aún pervive en diferentes partes del territorio eúskaro. Uno de los elementos más importantes de la idiosincrasia vasconabarra es el Auzolan o Lorra, es decir el “trabajo vecinal”, por el cual los vecinos se ayudaban a la hora de labrar la tierra o arreglar algún caserío, por ejemplo.

Eran poblados de pocas hectáreas pero en gran cantidad, cercanos y visualmente comunicados (probablemente, mediante señales de humo), lo que hace suponer que eran unidades sociológicamente completas, poblados estrechamente relacionados entre sí, por cultura e intereses económicos y políticos, que se concretarían en reuniones conjuntas en determinados lugares y fechas bajo los árboles sagrados. Podríamos ver en ellos clanes euskaros de hasta segundo grado de parentesco, unidos a su vez en pueblos que comparten bosques, pastos y sus frutos.

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José


Los caudillos revestidos de “autoridad”, no serían todavía reyes o caudillos que transmitan su poder a sus hijos, sino que serían elegidos por una asamblea de ancianos (gerontocracia) en época de guerra, atendiendo a los linajes guerreros más importantes y reunidos bajo robles, tejos o encinas con el beneplácito de la élite “aristocrática”. Zaharren biltzarra (bil+zaharra) o batzarra (batu+zaharrak), al estilo de la “gerusia” en la Esparta griega según narrarán los romanos.

La actividad militar, será función de una clase social en tiempos de paz, poniendo en pie de guerra a toda la población mediante el llamamiento al apellido de los linajes, igual que los “cabos de armería”, bandos o “banderizos” de la Edad Media. El Pueblo artesano, pastor, pescador, comerciante o agricultor, se uniría al caudillo elegido, soberano en su territorio, para la defensa común en una guerra de guerrillas o con ejércitos bien armados en algunos casos.

Los Pueblos euskaros Orientales al Este del río Urumea

De una estructura política más desarrollada y compleja nos habla la cultura que entre el valle de Leitzaran (frontera baskones y bardulos) y Andorra se creó a los dos lados del Pirineo (baskones y sus aliados los jacetanos, los cerretanos o los ilergetes), donde se han encontrado alrededor de 1.500 crónlech, que por su tipología (círculos de 3 a 6 metros de diámetro, a veces de forma radial) y cronología (1000 a.C. al año 1), no se parecen a ningún otro crónlech del mundo. 

Se hallan en 413 conjuntos, de los cuales 291 están en la Euskal Herria actual, sobre todo en Alta Nabarra y más aún en Baja Nabarra en proporción a su territorio ("Mairubaratzak, Piriniotako harrespillak" Xabier Peñalver -2004-).

En Baskonia, sobre el s. XV a.C, Bronce medio-final, aparecen los primeros asentamientos y poblados fortificados como el de La Hoya (en Laguardia o Guarda de la Sonsierra de Nabarra), Henaio (Alegria-Dulantzi), Berbeia (Barrio) y en Alta Nabarra en el Alto de la Cruz (Cortes) o en Fitero.

Son los primeros poblados en altura frente a los anteriores en espacios abiertos que empiezan a acumular necrópolis con cámaras muy ricas, junto con un aumento de la alfarería, de la orfebrería y la circulación de las mercancías de gran importancia entre el mediterráneo, Europa Central y Europa hiperbórica, como el bronce, el ámbar, el oro, el vidrio o la sal que surge desde el área alpina oriental, conocida como época hallstática (primera Edad de hierro, 1.200-500 a.C).

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José


En la segunda Edad de Hierro o La Tené, del 500 al año 50 a.C., se produce un cambio radical en la política, social y económica, se fortalecen relaciones y aparecen grandes centros urbanos amurallados, los “oppida” o castros. Se sitúan cerca de las materias primas en altos que controlan los valles y se da una especialización económica. 

En la ribera del Ebro se observa una “celtiberización”, por asentamiento o por invasión de Pueblos indoeuropeos sobretodo, entre los berones de la actual La Rioja Media. De los 307 poblados hallados hasta el momento en la actual Euskal Herria anteriores a la invasión romana, 73 están en la vertiente atlántica y 234 en la mediterránea.

“La forma de ocupar el territorio, la estructuración interior de los poblados y sus sistemas defensivos, entre otras cosas, nos hace pensar en la existencia de un considerable estado de organización social dentro de las poblaciones que habitaban en esta parte de Europa durante el primer milenio anterior a nuestra Era” X. Peñalver “Los vascones y sus vecinos” (-2008-).


Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José


Los Pueblos euskaros prerrománicos que asoman a la costa hasta el Urumea y hasta el valle de Leizaran, parecen constituidos al modo de los ibéricos del nordeste: ciudades coaligadas, amuralladas en colinas (castros) que forman una red de defensa del territorio junto a otras poblaciones más pequeñas pero algunas también amuralladas, con sus trulli o toscas bordas para el día a día, con sus torres y atalayas para el control de posibles invasiones.

Al Oeste de Leizaran existía una estructura militar, política y religiosa más potente, tanto al sur de los Pirineos con los baskones como en la Baskonia continental con los auskos, llamada por Roma Novempopulania, 9 Pueblos, que nos idea de esa coalición de ciudades amuralladas o castros. 

Podamos estar hablando sin duda de los primeros Estados euskaros.


3. LA LLEGADA DEL IMPERIO ROMANO

Como otros Pueblos peninsulares, los de la cornisa cantábrica y el Pirineo, mantuvieron contacto con Roma mucho antes de que ésta anexione militarmente sus territorios. Sus hombres lucharon como mercenarios por y contra Roma en las guerras púnicas entre esta ciudad imperial y Cartago (actual Túnez, África).


Cuando el general cartaginés Aníbal decidió marchar sobre Roma, desembarcó con su ejército en la península ibérica, al atravesar el Ebro en el 218 a. C., diferentes Pueblos eúskaros se incorporaron a su ejército. El desembarco de Aníbal en la colonia griega de Ampuria fundada en el VII a.C. (actual Girona) atrajo las miradas de Roma a la península ibérica, siendo “Hispania” la primera conquista de Roma fuera de la Península Itálica y el primer sitio donde se empezó a hablar latín fuera de la misma, aunque el griego siempre fue el idioma culto de las clases aristocráticas. Como escribiera después Silio Itálico (años 25-101) en su libro "Púnicas":

"Los cerretanos y el baskón, que nunca se pudo habituar a cubrirse con casco, no dudaron en aportar armas".
"Delante de todos se encontraron el cántabro y el baskón, las sienes descubiertas".
"El cántabro y baskón desdeñaban la protección del casco".
"Y el joven se alejó de las armas mortíferas ante el baskón hábil y el cántabro protegido con dardos".


Tras la victoria romana del 49 a.C. contra los ilergetes de la actual Lleida, Roma dedicó sus fuerzas a la organización de los territorios controlados y a la eliminación de los últimos pueblos resistentes que procedían de las tierras montañosas de la cornisa cantábrica, entre las que nos encontramos a los astures, cántabros y los Pueblos eúskaros de los autrigones, karistios o karietas, bardulos, zonas septentrionales de los baskones y Pueblos montañeses de los Pirineos centrales que luego veremos mejor.





Los restos del siglo I a.C. de Ilunzar frente al castro indígena de Maruleza en Arrola (municipio de Nabarniz, cerca de Gernika), se cree que son de un campamento de dos legiones romanas (sobre 5.000 soldados), los cuales ocupaban de forma permanente una extensión de 8 hectáreas y que formaría una primera línea de ataque para la conquista del territorio de los Karistios (según los arqueólogos Antxoka Martínez y Rafael Bolado, 2003), lo que desmentiría la ocupación pacífica de los romanos de la costa. 

La resistencia de los pueblos de estas regiones pirenaicas y de Picos de Europa fue importante. Aunque hoy diferenciamos e incluso ponemos otras cadenas montañosas en medio, en época romana se veía como una única cadena montañosa todo el norte peninsular y a sus habitantes se les da a menudo el nombre genérico de “serranos” o “montañeses”.


Distancia entre Marueleza en el monte Arrola y el monte Illuntzar, ambos en Nabarniz


Es referente y anterior en pocos años, la batalla de Andagoste en Alaba en el valle de Kuartango, cerca del importante castro prerrománico de Oro (Murgia), donde hacia el año 38 a.C. un ejército compuesto de entre 1.200 y 1.800 legionarios romanos que andaban rapiñando por tierras alabesas o intentando incorporarlas al Imperio y que había acampado cerca -probablemente veteranos de las guerras en las Galias-, son rodeados por otro ejército nativo en una loma deshabitada y aniquilados.

En el norte de los Pirineos los primeros contactos se produjeron mucho después. Los cronistas romanos cuentan que gobernaba el rey Pisón, citado por Julio César como nieto de un rey aquitano aliado de Roma y que murió luchando junto a las legiones romanas contra los germanos. La batalla definitiva entre romanos y este Pueblo euskaro de los auskos (auski en plural latino y de gentilicio a(us)quitanos), tuvo lugar en Sos de Albert en el 56 a. C. 

En esta batalla, Craso (que es el que narra toda la guerra, a la sazón lugarteniente de Julio César), con 6.000 hombres de infantería y una fuerza de caballería importante, fue el vencedor frente al rey aquitano, el cual se rindió con sus mejores 600 hombres. 


Existen monedas aquitanas con el nombre "Rex Adietuanus" con una loba en el reverso, símbolo de la conquista romana (la loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de Roma). En la batalla Julio César dice que los aquitanos tuvieron la ayuda de los "cántabros", en este caso, se refiere sin duda a otros Pueblos eúskaros del sur de los Pirineos. En el año 51 a.C. Julio César añade que: "todos los Estados aquitanos enviaron, en efecto, delegados y dieron rehenes".

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José

Del 39 al 38 a.C. hubo nuevas campañas contra los aquitanos por Agripa, yerno de Augusto, y del 28 al 27 a.C. Roma mandó a Valerius Corvinus Messala a Aquitania para sofocar otra sublevación, de nuevo del Pueblo aquitano de los tarbelli, que anteriormente también habían sido los más constantes en su instigación a Roma (comarca de Adour, capital Dax en gascón y Akize en euskera, la romana Aquae).

En su libro “Mil años de historia vasca a través de la literatura greco-latina” (-2001-), el catedrático en Historia Antigua de Deusto Santiago Segura Munguía, comenta que: “Cuando Julio César acude por primera vez a Aquitania, encuentra aún focos de resistencia, hay gente que además se refugia en las cuevas, por lo que ordena tapiarlas, Floro: - Los aquitanos se refugian en cuevas: ordenó tapiarlas”.

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Tras terminar esta campaña, pudo César Augusto (hijo adoptivo de Julio César) empezar las que serán conocidas como “Guerras cántabras” desde su base militar en Sasamón (Burgos). Primeramente, Augusto se retiró al caer enfermo y se trasladó a Tarraco, pero volvió para ver la victoria contra los cántabros de la legión “Maketonia”. Se vendió en pública subasta como esclavos a los hombres cántabros, el resto fue condenado a morir trabajando en las minas para los romanos o incorporados a sus legiones. En estos últimos focos de resistencia es muy probable que también participaran los Pueblos eúskaros limítrofes de, al menos, los autrigones.

Pero no parece que todos los Pueblos eúskaros opusieron tan feroz resistencia. En las consabidas batallas entre romanos y celtíberos a la llegada de los romanos en el siglo II a.C., en la comarca del río Ebro, los primeros contaron con la ayuda del Pueblo de los baskones que así se desprendieron de la presión celtíbera.
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Los diferentes Pueblos eúskaros fueron finalmente conquistados o “pactaron” su derrota con Roma, pero tras 200 años de luchas. La línea de guerra y campo de batalla por el norte se situaba en el río Garona y por el sur en el río Ebro, que una vez superados, abrieron todo el territorio eúskaro costero a los romanos. Por tanto, la realidad nos vuelve a situar lejos de la imagen que se ha querido dar de los eúskaros colaborando sin luchar previamente contra el invasor romano, muy superior bélicamente. El pacto mutuo o foedus, se pudo dar con algunas de las unidades políticas o pueblos en los que se dividían los eúskaros, pero con otros, hubo una pura conquista.

Los eúskaros formarán parte de la Pax Romana, la cual traerá una de las épocas más prósperas económicamente para toda Europa, así como numerosos cambios político-religiosos que perdurarán hasta el presente.



Las ciudades eúskaras llanas, sin muralla, son síntoma de nula resistencia armada en este período. Tácito menciona las cohortes baskonas contra Nerón (año 69 d. C.), las Cohors I y II Vasconum equitata civium romanorum intervinieron en el Rhin en Germania, en la península de Italia, en el norte de África y otras partes del imperio. Al siglo II d.C. pertenecen seis inscripciones, encontradas en muy diversos lugares del Imperio Romano, como Sydenham (Inglaterra), Budapest (Hungría), Mauritania Tingitana (Marruecos), Alcalá del Río (Sevilla) y Nimes (Galia Narbonense), en todas ellas se alude a la Cohors II Hispanorum Vasconum. Ésta habría sido destinada primero a Germania y muy posiblemente llevada después por Trajano a Britania, para ser trasladada más tarde a Mauritania.


Existen inscripciones de gentes eúskaras en los muros de Adriano y Trajano en Escocia, emperadores de origen hispano con los que Roma alcanzó su máxima extensión terrestre (pero no la mayor de la historia, que fue la del Imperio Mongol de Gengis Kan a principios del siglo XIII y lejos del Imperio Británico, el más grande de la historia). De los 24.000 soldados mandados por el Emperador Adriano en el 122 d.C. para defender la muralla de 127 Km que separaba a los “civilizados” romanos de los “bárbaros”, 3.000 eran eúskaros: 1.000 bardulos y 2.000 baskones. El Ager Vasconum o zona agrícola de los baskones, estaba mucho más poblada y romanizada. La milicia daba derecho a la ciudadanía romana.





Otra inscripción del siglo II d.C., de carácter no militar y que fue hallada en Roma, menciona a baskones y bardulos. Referencias más tardías se encuentran en Aelio Lampridio (siglo III d.C.), que alude a las artes adivinatorias de los baskones, lo mismo se dice en "Historia Augusta" sobre sus dotes de ornitomancia. Hoy en euskera “felicidades” se dice “Zorionak” (txori-onak): buenos pájaros, técnica de augurio mediante la observación de los vuelos de los pájaros. 

El carácter primitivo y un tanto rudo de los aquitanos de fuera de las civitas, se refleja en la correspondencia intercambiada entre el bordelés Ausonio y su discípulo Paulino (s.IV d. C.): “Si alguien, sin mácula de debilidad, gasta su vida en un bosque baskón (saltus vasconum), su carácter inmaculado como antes, no se ha infectado de la barbarie de sus huéspedes”. Aparece el “Saltus Vasconum” como un territorio impreciso y se extiende la voz “vasconum” para el conjunto de Pueblos eúskaros. Lo que será de vital importancia como veremos.

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Tito Livio en el año 75 a.C., al hablar de la campaña del general romano Sertorio cuando se dirige a Varea (a las afueras del actual Logroño), dice: “per vasconum agrum ducto exercita” y Plinio el viejo poco después escribe: “a Pyrineo per oceanum vasconum saltus, Olarso, vardulorum oppida”. Julio Caro Baroja en su libro “Sondeos históricos” ya comentaba que Tito Livio hablaba de “per vasconum agrum” y Salustio "un campo rico en cereales" y que, por otra parte, Plinio por un lado y Ausonio y Paulino Nola en sus cartas hablan del “saltus vasconum”.


La estructura social en época romana

Entre los romanos el “pagus” o “vici” (el campo) era el espacio geográfico necesario para obtener recursos que posibiliten la actividad silvo-pastoril y el abastecimiento de las “gens”. Existían además “Mansión” (casas de “possessor”) que dominaban un cruce o un paso importante descritos por Antonino, villas o “villae” (latifundios) y su “fundus” o fincas (lo componían tanto la tierra como todo lo que había en ella), que dependían a su vez de un ente administrativo mayor en torno a las ciudades romanas conocido como “civitas”, como las nueve civitas de la Novempopulania eúskara de los ausko de Aquitania (de los Pirineos al Garona).

Milario de Otañes en su casa torre donde no se aprecia el final del mismo


En las calzadas romanas se creaban también asentamientos a modo de Forum, es decir, en torno a mercados o zonas de redistribución de mercancías, como el conocido caso de Forua en Bizkaia, el más importante de todo el cantábrico. Forua se encuentra en Urdaibai en la ría de Gernika (río Oka). Hasta Forua llegaba la marisma de Urdaibai en época romana, por tanto, era navegable la ría hasta el Forum. Además, poseía su propia ferrería, talleres y un importante comercio, ya que, en la costa, el comercio de cabotaje era el equivalente a las calzadas en el interior e incluso era mucho más seguro que éstas. Por tanto, la ría de Urdaibai fue un centro estratégico de logística para Roma.


Reconstrucción de un Castro de la Edad de Hierro
en Henaio, Alegría-Dulantzi (Alaba)
Los arqueólogos responsables de la excavación de Alegría-Dulantzi Miguel Loza Uriarte y Javier Niso Lorenzo (2010), los cuales han encontrado construcciones, enterramientos con ajuar desde el siglo VI en adelante, son muy contundentes: "una vez más ha quedado claro que los habitantes de los Pueblos históricos alaveses son la herencia directa de sus antepasados premedievales”.


Forua empezó su existencia probablemente como asentamiento militar en una colina deshabitada de una legión compuesta por soldados de diferentes lugares del Imperio, algunos de ellos italianos según una lápida encontrada, y data el asentamiento de los siglos I al IV d.C. En la cercana cueva de Peña Forua, se han encontrado restos bajo imperiales del siglo V. Se distribuía sobre todo mercancías venidas de Aquitania, con Burdeos como núcleo más importante de redistribución. 

Existía una ruta marítima en el siglo VI a.C. desde las Islas Británicas al mediterráneo para llevar plomo y estaño necesario para fundir el bronce bordeando la costa al no tener instrumentos apropiados para navegar por alta mar.

Bronce de Minerva encontrado en el Cabo Higuer en Gipuzkoa


El asentamiento romano de Forua, tiene restos de un templo romano bajo la actual iglesia de San Martín de Tours, pero no una gran población. San Martín de Panania (s. IV, nacido en la actual Hungría y fallecido en Francia) pasó a la mitología vasca como el primer cristiano llamado “Martin Txiki”. Según la mitología, fue el primer agricultor, el primer carpintero y el primer molinero, según esas mismas leyendas, Martín Txiki les habría robado esos "inventos" a los Basajaunes o gentiles (salvo el temple del hierro, que se lo sonsacó al diablo). 

El cristianismo se expandió a partir del siglo IV, tras hacerse religión oficial del Imperio, subiendo en tierras baskonas por el Ebro, juntando así el poder político al religioso, lo cual será de vital importancia para la Europa medieval y el Estado moderno como veremos.




El calagurritano y baskón Marco Aurelio Prudencio (348-410 d.C.), fue el poeta cristiano en latín más grande de todos los tiempos, profesor de retórica y abogado tras estudiar filosofía y teología en Zaragoza-Cesaraugusta; además fue gobernador romano de la provincia Tarraconense, una de las 7 en las que se llegó a dividir la península de Hispania conocida como Iberia por los griegos. 

Prudencio dejó escrito que las tierras de los baskones se extendían por ambos lados del Ebro y Pirineos, al río Ebro le llama "el río baskón": “nos vasco hiberus dividit”. Este poeta baskón, con ocasión del canto a los mártires cristianos Emeterio y Celedonio (que dice que son de Calahorra, anteriormente legionarios), alude a la Vasconum gentilitas de otro tiempo: 

“¿Crees todavía en esa gentilidad vascona, en otro tiempo tan grosera, cuya cruel falta hizo verter sangre sagrada?”. El cristianismo cuajó en las grandes ciudades del Ebro y de Aquitania con los predicadores martirizados como los mencionados, pero no así en el “saltus vasconum”.

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José


Existían 400 kilómetros de calzadas romanas por toda Baskonia descritas en el itinerario treinta y cuatro de Antonino. Cuatro calzadas pasaban por territorios de los Pueblos eúskaros, sobre todo por el Ager Vasconum o zona agrícola. 

También habría importantes calzadas dentro del Saltus vasconum o zona boscosa. Entre ellas la Vía Pisorica que iba entre Herrera de Pisuerga y la costa autrigona, que atravesaba en vertical la parte oriental de la actual Bizkaia. Esta calzada haría uno en la actual Balmaseda haría uno con otra que, desde Bermeo (Vesperies), iría por la primera Ruta Xacobea de la Alta Edad Media (s. IX-X), después Ruta Juradera en el siglo XIII tras la invasión castellana (Gernika-Muxika-Morga-Ganguren-Galdakano y Begoña-Bilbao por las lomas). En el alto de Morga, en la ermita nabarra del siglo X de San Esteban de Gerekiz, (renovada tras un incendio en 1961), se hallaron importantes estelas tardo-romanas del siglo IV y, según Teófilo Guiard Larrauri (Bilbao 1876-1946), esta calzada pasaría en Bilbao por delante de la actual Iglesia de San Antón (San Antonio Abad), antiguo alcázar nabarro.

Moneda del emperador Nerva (96-98 d.C.), similar a la hallada en Plentzia
"IMP.NERVA.CAESAVG."

En el libro “Compendio de la Historia de Bilbao” (1907) Teófilo Guiard Larrauri explicaba: “Bilbao ya existía como puebla marítima (…) Está construida esta parroquia, la segunda de Bilbao, sobre los peñascos que sirvieron de base al antiguo alcázar (nabarro), a orillas del Ibaizabal, demolido en 1366. Junto a él pasaba el antiguo camino público o carrera, seguramente la vieja vía romana”. Diversas monedas romanas, ánforas etc. halladas en la ría que los romanos rebautizaron como “Nerua” o “Nerva” (probablemente en honor al emperador romano), confirman este hecho. 

Según Julio Caro Baroja (Madrid 1914-Bera 1995): “Es probable que la vía que iba de Astorga a Burdeos por Álava tuviera otra casi paralela junto al mar que uniera entre sí las ciudades marítimas que menciona Ptolomeo” (“Historia del País Vasco” Tomo II).

El Cantábrico fue ruta comercial desde el siglo I. (Fernández Ochoa y Morillo)

Pero estas calzadas no son las más importantes. La calzada Aquitania-Hispania atravesaba los Pirineos por Urkulu y Iturissa (alto de Orreaga, Auritzberri-El Espinal) y bajaba a la capital baskona, Pamplona. Ptlomeo, Alejandría s. I d.C. en su libro “Geografica (II)” comentaba: “desde Iturissa (alto de Orreaga, Auritzberri-El Espinal) a Pamplona por Alantore, Araceli, Alba, Tullinio (Alegria-Dulantzi) y Suessatio (Arkaia) a Veleia (Iruña de Oka) para seguir hacia la capital autrigona, Briviesca”. 

Sobre Oiasso (valle de Oiartzun con centro de población en Irun), el griego de Amáseia de época romana, Estrabón (s. I a.C-I d.C), en su obra del mismo nombre "Geografía" comenta que “dispone de una calzada de 2.400 estadios cuyo recorrido enlaza con la capital de su territorio, Pampaelo (Pamplona-Iruña)”. Estos caminos comerciales se mantendrán también durante la Alta Edad Media.


Era la actual Iruña de Oka llamada Veleia la ciudad eúskara más grande al sur de los Pirineos con 10.000 habitantes en su momento de máximo esplendor, solo superada en habitantes en la provincia Tarraconense por Zaragoza (César Augusta) y Tarragona (Tarraco) con 20.0000 habitantes cada una, y en la península ibérica era Mérida (Emerita Augusta) la ciudad romana más grande con 25.000 habitantes. Veleia fue ante todo un gran poblado indígena que ocupaba desde el espolón de Arkiz hasta la base de la colina de Iruña. 


Sus orígenes se remontan a los castros comentados del siglo VIII a.C., en el final de la Edad de Bronce y continuaba habitado en la IIª Edad del Hierro (en el siglo IV a.C.). Sus viviendas, rectangulares y circulares, se parecían a las excavadas en el cercano poblado de Atxa (Vitoria-Gasteiz). Se trataba de cabañas asentadas en la roca natural del terreno, con paredes de adobe, tapial y ramajes y techumbres vegetales. 

En Iruña de Oka (Veleia), en la primera mitad del siglo I.d.C.-época tardo augustea o julio claudia, las cabañas del poblado fueron sustituidas por las primeras casas hechas "a la romana". Veleia era el principal centro de consumo y sobre todo de distribución de mercancías de toda la llanada alabesa, como en la costa lo era Forua (ambos del Pueblo karieta o karistio). En muchas ocupaciones romanas se da una continuidad entre los poblamientos indígenas y las nuevas ciudades romanas, como en la ciudad de Veleia




El nacimiento de las ciudades de época romana lo describe Julio Caro Baroja en su libro “Problemas vascos de ayer y hoy”: “Los romanos tenían por principio el de hacer bajar las poblaciones vencidas de sus asentamientos en la altura y que poblaran más los llanos, con dos objetos: el de controlarlas mejor y el de aumentar la producción del suelo, el origen de la gran parte de las aldeas del Occidente Europeo”.



Como ciudades romanas en tierras euskaras hay que nombrar a todas las de Baskonia, agrupadas en época romana en las provincias romanas de Novempopulania (Aquitania) y la Tarraconensis hasta Salduba (rebautizada como Cesaraugusta). Esas ciudades eran: Oiasso (Irun), Iakka (Jaca), Irunberri (Lumbier), Calagurris (Calahorra), Araceli (Uharte Arakil), Auch, Akize (Dax), Cascante, Veleia (Iruña de Oka), Ilurcis-Gracurris (Alfaro), Bordigala (Burdeos), Libia (La Rioja), Tritium, etc. 

El Saltus Vasconum, tenía un intenso comercio de cabotaje (de puerto en puerto por la costa), con ciudades costeras como las Oiasso (Irun), Menosca (Zarautz-Getaria), Flaviobriga (hoy se acepta que era Castro Urdiales por los expertos, aunque pudiera ser también en la ría de Bilbao), y otras de más difícil localización como Vesperies (Bermeo-Mundaka), Tritino Bellunte, Sandaquitm, Cambracum, Tenobriga, Moroga (¿Murueta? en la ría de Gernika) etc. 


En Mundaka se han encontrado pequeños restos de presencia romana en Portuondo (Mundaka) y restos de cerámica del siglo II en la ermita bermeana de Kurtzio en los 80 además de un cementerio, a la espera de unas excavaciones más profundas en su casco.



Flaviobriga, Oiasso (Irun) y Lapurdum (actual Baiona, ésta en menor medida pues era sobre todo un asentamiento militar), son las grandes poblaciones o puntos de referencia costero del saltus vasconum en época romana. Por esta población pasaron Craso (año 56 a.C.), Agripa (39-38 a.C.) o el mismísimo César Augusto (27 a.C.). El puerto de Oiasso (Irun), era el tercer puerto romano más importante del atlántico, después del de Burdeos y el de Londres.

Baiona, fue una fortaleza romana en el siglo I conocida como “Lapurdum”, pero estaría habitada la comarca desde tiempos inmemoriales. Notitia Dignitatum escrita en la primera mitad del siglo V es la única fuente para conocer algo de la organización militar en Baskonia, por la cual sabemos que en la fortaleza de Lapurdum había una cohorte (600 hombres) y un tribuno. 

Por el norte, el siguiente destacamento era ya en la frontera con los “bárbaros” germánicos en las Galias del norte, sobre el río Rhin. La zona debía de ser conflictiva o muy estratégica, ya que el tribuno de la cohorte Primera Gálica residía en Veleia (Iruña de Oka), lo cual nos dice además que realmente los territorios actuales de Alaba, así como Gipuzkoa y Bizkaia, estaban realmente en la provincia de la Galia, lo cual es corroborado por textos posteriores como el de San Eulogio (s. IX) o Aimeric Picaud (s. XII).

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Erromatar Garaia" Mertxe Urtiaga Artigas

Por tanto, tanta presencia armada en nuestro territorio es cuando menos sospechosa, más si se ven los acontecimientos que siguieron a las invasiones bárbaras del siglo V, donde el Pueblo llano eúskaro se alzó en armas y llegó a tomar ciudades amuralladas como Tarazona o sembró el terror en la mismísima Zaragoza, eran los llamados “bagaudas” o “gentes errantes” que se dieron al final del Imperio Romano Occidental debido a su debilidad y a los ataques de los Pueblos bárbaros, pero que en Baskonia finalmente constituyeron su propia estructura política o Estado como veremos.

En toda la península hispánica solo había tropas romanas en Séptima Gemina (ciudad de León), en Zamora (Royinos de Vidriales), Lugo, Juliobriga (cerca de Reinosa) y en otro lugar de Galicia, todas en el norte peninsular y en zonas rebeldes durante años a la ocupación romana ("Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX" Alberto Pérez de Laborda).

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Burdin Aroko herri harresituak Gipuzkoan" Xabier Peñaver y Sonia San José

El cereal sería la principal explotación romana del Ager Vasconum. Plinio recoge el comentario de los legionarios licenciados en el sentido de que en el Saltus había un monte todo él de hierro: se trataba del monte Triano en Gallarta (municipio de Abanto en Bizkaia), hierro que se sacaba por el puerto bizkaíno de Cobarón. Plinio Libro XXXIV. 43. (149): 

“El hierro es, de todos los metales, el que tiene más abundantes minerales. En el país de los cántabros, En la zona costera que baña el océano hay una montaña muy alta, cosa increíble, que es toda entera de hierro, tal como ya lo hemos dicho en nuestro periplo alrededor de los mares”. Se trata, a pesar del error de atribuirlo a los cántabros y no a los autrigones, sin duda, de Triano. También eran interesantes para los romanos las minas de plata de Oiartzun, el mármol de Ereño en Urdaibai o las minas de oro de Baigorri en la Baja Nabarra actual.


Otros municipios costeros fueron importantes y durante muchos siglos por la pesca para las fábricas de salazón como Getaria (Lapurdi y Gipuzkoa), quizás del latín “cetaria”, pescado que se llevarían a las ciudades del interior por las calzadas romanas. Esta práctica perduró durante toda la Alta Edad Media. Con todo, en la vida cotidiana de las ciudades se impusieron las costumbres romanas.



Delika, enclave de Amurrio en Orduña, 
campamento romano amurallado recientemente excavado por Aranzadi (2020). "Castra Aestiva" de 9,1 Hectáreas, que se siguió usando hasta bien entrada la Edad Media.

La administración romana en tierras eúskaras

El derecho romano reconocía la incorporación por “rendición o asalto” y por pacto (foedus y “foederate”), ésta podía ser en igualdad “aequs” o en “maiestas” cuando el vencido reconocía la superioridad romana. Las poblaciones se regían según el pacto alcanzado con Roma. Según Plinio en el siglo II, solo una cuarta parte de ellas se regía por el derecho romano y tres cuartas partes por el indígena anterior, lo cual será de vital importancia para los baskones y el Derecho Pirenaico.

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Erromatar Garaia" Mertxe Urtiaga Artigas

La estructura romana se basaba en esa “civitas” y en el código romano, al estilo de las ciudad-Estado griegas o mejor dicho de la propia Roma, iguales en su estructura viaria, autosuficientes en su mantenimiento y que comerciaban según los productos excedentes de cada civitas. La mayoría de las civitas eran estipendiarias (stipendiariae) como era el caso de Jaca o Pamplona por ejemplo, que eran también república con su senado y magistrados (además eran Oppidium o lugar militarmente estratégico), es decir, debían de tributar y admitir contingentes militares si fuera preciso, si bien podían mantener sus instituciones, haciendo del Imperio Romano una maraña de ciudades autosuficientes, controladas por un ejército militar, pequeño en tiempos de paz, y un ejército de recaudadores en nombre de Roma, así como de comerciantes esparcidos por todo el vasto Imperio Romano y una administración de la justicia.

Otras civitas, las menos, eran federadas (foederate) o también libres (liberae), con un tratado por el cual mantenían sus instituciones y no tributaban, no había ninguna entre los eúskaros peninsulares y solo una en toda la Tarraconenses, Tarrasa (¿Sádaba o Los Bañales?). La ciudad baskona de más alto rango era Calahorra (Kalagoricos), que era de tamaño medio para la época, ya que con Octavio fue nombrada “municipium civium romanorum”. Existían 24 civitates documentadas en territorio eúskaro del sur pirenaico.



A los legionarios, tras 20 años de servicios donde no se podían casar, les daban tierras y mujeres para que se asentaran en los territorios recién invadidos, lo que suponía un fuerte núcleo romanizado y fiel, para ello Roma se reservaba un tercio de toda la tierra que conquistaba. Se llamaban “colonias” a estas ciudades o poblaciones urbanas dados a soldados que demostraron valor en la lucha, sería el caso de Flaviobriga, anterior “Portus Amanun”, en la desembocadura del Nerua según las crónicas romanas (hoy Nervión). 

Se llamaban “municipium” (municipio) las asentadas respetando las anteriores indígenas (la inmensa mayoría de ellas). Contaban todas ellas de una asamblea de cien miembros (decuriones), de las que salían los cargos municipales de dos varones (hoy serían los alcaldes), los “aediles” para el abastecimiento y obras públicas (los ediles actuales) y los “quaestores” o encargados de las finanzas, que eran recaudaciones entre las gentes de la ciudad que se autofinanciaban. Con ello se extiende una nueva estructura política que perdurará en el tiempo.

Estela de época romana de Ranes (Zierbana)


Todos los ciudadanos libres podían aspirar a estos cargos, pero los puestos no eran remunerados, requerían de una campaña electoral para conseguirlos e inversiones personales en la ciudad que limitaba los cargos a los potentados, la llamada “curia local”, la cual terminó siendo hereditaria por imperativo del Estado romano, pues muchas veces no era deseada. La ciudadanía se conseguía como privilegio por los servicios prestados a Roma, pero el Emperador Caracalla en el 212 d. C., dio la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio para aumentar la recaudación ante el agotamiento del sistema político y las necesidades de las arcas Imperiales.

Restos de la ciudad romana de Iturissa

Por encima de estas ciudades estaban las provincias romanas. Novempopulania pertenecía a la prefectura de las Galias. Julio Caro Baroja lo deja bien claro en su libro “Los vascones y sus vecinos”: “Novem populi, del Garona al Pirineo y del Océano a Cevennes, constituía una unidad etnográfica que habría que emparentar más con las de la península ibérica: por esto no quiere decir que fueran exactamente iguales a los Pueblos ibéricos y que entre ellos no hubiera un elemento céltico”. El elemento céltico está presente en el Ager Vasconum, más cuanto más nos acercamos a las fronteras entre euskaros y galos o celtíberos, los ríos Ebro y Garona, más propensos a la romanización y ocupación poblacional.

Respecto a los Pueblos eúskaros continentales, Mela (44 d.C.), escritor gaditano que describe someramente cada parte del Imperio romano, dice: (…): “Toda la tierra que ocupan (se refiere a los galos) es la Galia Comata, tres de los Pueblos son famosos, y están separados por grandes ríos. En efecto, desde el Pirineo hasta el Garona se extienden los aquitanos, desde éste al Sena los celtas y desde allí al Rin, los belgas. Los más conocidos entre los aquitanos son los ausko (ausci) (…)”.

Lápida romana con nombres en euskera en el Museo de Toulouse

La primera vez que aparece el nombre de Galia “Comata” es con Mela, poco después también usaría éste término Plinio el Viejo. La frontera con Hispania sería la llanada previa por el sur a los Pirineos, por lo que Bizkaia, Gipuzkoa, Alaba y el norte de Alta Nabarra actuales, estarían dentro de la provincia de la Galia y será así hasta el siglo XII. 

Una carta de San Eulogio (s. IX Córdoba) dice textualmente al referirse a Sancho, mártir alabés: es “alabensi oppido Gallia Comatae”, donde Alaba, Bizkaia, norte de Pamplona o Gipuzkoa eran parte de la “Galia Comnata”. Otros textos apoyan este hecho, durante la Alta Edad Media y hasta al menos el s. XII (como en el “Codex Calistinus” de Aymeric Picaud), el término “Galia Comnata” o “Galia frondosa” incluye claramente el territorio mencionado. Por tanto, no eran parte de Hispania.

Iglesia d'Ore, Comminges, símbolo solar prerromano eúskaro, cristianizada la lápida después creando una cruz latina. 

Por ejemplo, el historiador Lucio Anneo Floro (s. I-II) en “Compendio de la Historia Romana”: “En Occidente, casi toda Hispania estaba pacificada, a excepción de la parte que toca las últimas estribaciones de los Pirineos y que baña el océano Citerior. En esta región vivían Pueblos valerosísimos, los cántabros y los astures, que no estaban sometidos al Imperio”, por tanto, incluye como Pirineo a los que hoy llamamos Picos de Europa y demás cordilleras cántabro-asturianas.

Lápida romana con nombres en euskera en el Museo de Toulouse

Aquitania, ya conquistada y pacificada, terminó formando la provincia de Novempopulania (Nueve Pueblos literalmente, luego se le sumarían otros tres), con capital en Elusa (Euaze) desde el siglo II, según la piedra conmemorativa hallada en Hasparne (Lapurdi): “Flamin y dumviro, cuestor y magíster del pago (de la comarca). Vero, delegado del emperador, obtuvo la separación de los nueve Pueblos de los galos. A su vuelta de Roma dedica este altar al genio del pago”. El “pagus” o cantón de Hazparne pertenecía al territorio de los “tarbelli” y a la civitas de Dax o convento jurídico que agrupaba a las ciudades. Augusto añadió la franja entre el Loira y el Garona con otros 14 Pueblos a Novempopulania, para darle un mayor territorio y riqueza a la provincia y la llamó Aquitania I, será el comienzo de la dicotomía Aquitania-Baskonia como veremos. La ciudad más importante era Burdeos (Burdigala).

Museo Saint Raymond de Toulouse: 
ILUNNO ANDOSE
Museo Saint Raymond de Toulouse:
ANDERESEN 

“La incorporación de la provincia Aquitana en la dinámica romana parece ser fluida, y al comienzo de los tiempos augusteos, la cuenca del Garona y la ciudad costera de Burdigala juegan un papel clave en la red de intercambios. No obstante, se mantiene en el extremo meridional montañoso alguna comunidad rebelde que deberá ser sometida como preámbulo de las campañas contra cántabros y astures (29-19 a. C.)" así se expresa Milagros Esteban Delgado, historiadora de la Sociedad Aranzadi en “El poblamiento antiguo y medieval en Gipuzkoa”. 

El nabarro Eneko del Castillo, explica en su libro “Atlas histórico de Navarra”, que los romanos crearon la diócesis Vienensis, la cual estaba formada por cinco provincias: Aquitania, Novempopulania, Narbonense, Viennese y Alpes Marítimos, y separadas de la diócesis gallairun al norte de lo que hoy conforma el Estado francés.



La Baskonia ibérica o ulterior (según la denominación de los Anales de Saint-Bertin s. IX y de Oihenart s. XVII), era más pobre que la gala (la Galia en general era mucho más rica que Hispania), y quedó enmarcada dentro de la provincia de Hispania Citerior en el año 197 a. C. Hispania, que significa “tierra de conejos” en cartaginés o púnico (Diccionario Larousse de Historia), es el nombre con el que los romanos conocían a la Península Ibérica de los griegos, luego es un término toponímico que se da a un accidente geográfico, una península, y nunca mantuvo en época romana unidad política alguna. 

Como deja bien claro Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca”: “(...) la palabra hispano, como íbero, tienen un sentido geográfico y no otro”. El nombre que los griegos dan a la península, viene por el río “Iberia” que estaría en la actual provincia de Huelva (no por el río Ebro como a veces se ha creído siguiendo a Plinio).

Pueblos prerromanos a la izquierda.
Colores, según los años o siglos de la conquista romana a la derecha

La estructura política romana en tierras eúskaras peninsulares la explicaba así el arqueólogo castellano Antonio García Bellido (1903-1972) en su libro “la Península ibérica en los comienzos de su historia” (es un extracto): La Hispania Citerior y la Ulterior se separaban por el Ebro, zona romana y zona púnica o cartaginesa, tras la victoria romana se mantienen los nombres, pero no la división, sin que se sepa exactamente por dónde discurría. 


Después, del 27 al 13 a. C., ya pacificada toda la península tras las conquistas y revueltas, se crearon las definitivas provincias romanas Hispanas de: Baética o Bética (ya que el Guadalquivir se llamaba Betis, comprendía casi toda Andalucía y la zona al Norte de la misma así como una parte de Extremadura, capital Curdoba -Córdoba-), Gallaecia (Galicia, Asturias, norte de León y Cantabria occidental, primero dentro de Lusitania, luego tarraconense y después autónoma en el s. III), Cartaginesis (centro y mediterráneo peninsular, capital Cartagena), Lusitania (centro y casi todo el sur de Portugal, Salamanca y parte de Extremadura, capital en Emerita Augusta –Mérida-) y Tarraconense: de la cuenca del río Ebro hacia los Pirineos con capital en Tarraco (Tarragona).


Sobre el año 297 con el emperador Diocleciano se añadieron a Hispania las provincias de Cartaginense y Mauritania Tingitana (norte de Mauritania, que a pesar de ser África pertenecía a la provincia de Hispania). Sobre el 369-385 se creó una séptima provincia con las Islas Baleares. Por tanto, son siete las provincias romanas de Hispania: las europeas Baética, Lusitania, Gallaecia, Tarraconense, Cartaginense, Baleares y la africana Mauritania Tingitana.

Cada provincia se dividía en distritos judiciales o Conventos de la que dependían para diferentes temas las ciudades, los cuales aparecen con el emperador Claudio (años 41-54), con una ciudad fija donde acudían los legados o gobernadores provinciales, sobre todo en verano, para dirimir pleitos. En la Tarraconese fueron siete: Tarragona, Cartagena, Clunia (Coruña de los Condes, Burgos), Zaragoza, Lugo, Astorga y Braga. No se sabe a qué obedecen estas divisiones administrativas y judiciales, aunque parece que simplemente era una cuestión de cercanía a la población por las calzadas romanas. Pero los conventos desaparecieron dos siglos después (s. III).

Lápida de Hasparne


Los Pueblos eúskaros de los karietas, bardulos, baskones y berones pertenecieron al convento Cesaraugustano y los autrigones al Cluniense. José Luis Orellá Unzué en su libro “Historia de Euskal Herria. Tomo I” comenta: “Los romanos al incluirlos en el convento jurídico caesaragusta incardinaba todo el Saltus Vasconum a la ciudad del Ebro”. 

Al Conventus Caesarugustanus pertenecían las ciudades actuales de: Lleida, Huesca, Jaca, Tarazona, Cascante, Alfaro, Calahorra, Irun, Logroño e Iruñea (entonces Pompelilun o “ciudad de Pompello”, en varios documentos del siglo X parece “Irunia”, la primera vez que se escribe Irunea es en el año 1120). Pero también la karistia y gala de Iruña de Oka (Veleia).

Al convento clunienese pertenecían ciudades actuales del pueblo Autrigón como Briviesca (la capital autrigona), Santoña o Miranda de Ebro, también la Flaviobriga romana, y otras fuera del territorio autrigón como: Suances, Coruña del Conde, Garray (la Numancia celtíbera), Palencia, El Burgo de Osma, Muro de Ágreda, Coca en Segovia, Sasamón (Burgos) etc.




4. LOS IDIOMAS QUE SE HABLABAN EN LA PENÍNSULA IBÉRICA Y LAS GALIAS A LA LLEGADA DE LOS ROMANOS


Tal y como comentábamos más en profundidad en el libro “Desmantelando la hipótesis de la Vasconización tardía” (disponible en Amazon), los historiadores consideran la Tarraconense como territorio de substrato eúskaro y en su mayor parte de habla euskera salvo el corredor mediterráneo que era íbero. Ramón Menéndez Pidal (La Coruña 1869-Madrid 1968) señala que cuando los romanos llegaron a la península ibérica se hablaba euskera desde el Oeste de Bilbao hasta el Mediterráneo. Pero no es tan clara la cuestión.


Siguiendo al antropólogo Julio Caro Baroja, el sur peninsular es el más romanizado desde el siglo II a.C. (incluso más que el Este). Allí vivían antes de la llegada de los romanos los turdetanos, lo cuales hablaban algún idioma diferente al del resto de la península. En ese sur podría haber también asentamientos de minoasiáticos llamados tirsenos, que también habitaron zonas de Italia y algunas islas griegas y que son más conocidos como etruscos (quizás sean ellos los turdetanos), también es fuerte la influencia de fenicios (sobre todo en ciudades), púnicos y libios.

Al norte del Guadiana (entonces llamado Anas) y hasta el Tajo, vivían Pueblos celtas que hablarían idiomas celtas; se trataba de un país seco, poco poblado y estéril llamado Bauretania. Después, al norte, vivían los celtíberos de Lusitania, de habla parecida pero diferenciable según Cayo Plinio (siglo I d. C.). El idioma ligur parece, según Caro Baroja, introducido por los propios celtas llegados de países germánicos del norte de Italia.


En ese siglo también estaba latinizado el valle medio del Ebro desde su desembocadura en Tarragona y regiones de la meseta peninsular. En el Mediterráneo y en la mayoría de la meseta se hablaría algún dialecto íbero (de Narbona a Jativa) o con algún elemento celta (celtíbero), así como en la cuenca del río Jalón (que da sus aguas al Ebro cerca de Zaragoza). En el norte mediterráneo habría núcleos griegos en ciudades o barrios, pero de forma aislada, por lo que su influencia en el habla de la región fue escasa. En Occidente la situación no es clara y el norte está aún sin conquistar del todo en el siglo I a.C. En lo que hoy es Galicia norte de Portugal, estaban Gallaecia.

Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Erromatar Garaia" Mertxe Urtiaga Artigas

Después a lo largo de la cornisa cantábrica, nos dice Caro Baroja siguiendo a Estrabón (III, 3,7 155): “semejante es la vida de todos los montañeses, y, como queda indicado, incluyo entre ellos a los que habitan la costa septentrional de Iberia, a los galaicos, astures y cántabros hasta los baskones y el Pirineo, pues todos tienen las mismas costumbres.” Los astures, la actual Galicia y el oriente de la comunidad cántabra se romanizaron en los siglos I y II, salvo zonas selváticas. Para los romanos los idiomas de astures o gallegos eran “incomprensibles” y la de cántabros y Pueblos eúskaros “impronunciables”, los primeros serían idiomas celtas y los segundos el euskera con zonas bilingües. Estrabón: “a los cuales dejamos por inconsonancia de los nombres, porque no se pueden explicar” o Pomponio Mela en "De Chorographia" (año 40, Baética, sur de Hispania), libro tercero al fin del capítulo primero: “cuyos nombres en nuestra boca no se pueden concebir”.

Hubo zonas limítrofes que pasaron de un idioma a otro según el poder político o invasiones fronterizas como es el caso conocido de Calahorra (hoy La Rioja), que pasó del euskera al celta (celtíbero) para volver al euskera. En el norte de Aragón y de Catalunya actuales lo que se hablaba sin lugar a dudas para Caro Baroja era algún dialecto del euskera. Es en las ciudades donde se habla latín (y griego entre las clases altas), pero, como dice Estrabón: “las ciudades no ejercen gran influencia, dado que la mayor parte de la gente sigue viviendo en las selvas y constituyen una amenaza permanente”.

Las conclusiones que Caro Baroja saca sobre los idiomas hablados en Iberia a la llegada de los romanos fueron:
- Que en el siglo I a. de J.C. en el extremo sur de España se hablaba un idioma libio.
- Que en el valle del Guadalquivir se hablaba también fenicio.
- Que el latín ya iba dominando en proporciones considerables por toda Hispania.
- Que en el centro, oeste y noroeste se hablaban idiomas célticos desde hacía varios siglos.
- Que desconocemos la naturaleza del idioma en que están ciertas inscripciones del sur, pero que Estrabón nos dice que no era el mismo que el del resto de la Península.
- Que es lícito pensar que en el norte se hablaba una lengua difícil a oídos griegos y latinos, que pudiera ser la generadora del vasco.
- Que en la región pirenaica es donde se encuentran los vestigios más claros de que se habló un idioma parecido al vasco.

De todos modos, el bilingüismo y el trilingüismo no serían algo excepcional frente a la diglosia actual.

El poeta latino Rufo Festo Avieno del s. IV d.C. natural de Etrutia en Italia, en su obra "Ora Marítima" describe la costa europea desde Britania en verso (se conservan tan solo 713 versos), mezclando diferentes textos antiguos griegos, fenicios y romanos desde el siglo VII al I a.C. Uno de los versos al hablar del Ebro se dice: "Quod inquietos uascones proelabiur".



Marco Terencio Varrón sobre el año 50 a. C. habla de "uascos". Varrón fue el director de las primeras bibliotecas públicas de Roma, polígrafo, escritor latino y lugarteniente de Pompeyo el Magno, fundador de Pamplona sobre un asentamiento baskón en el 75 a.C. Unos años después, la palabra “uascon” es utilizada por Tito Livio (59 a.C a14 d.C) en “Historia de Roma” al describir la campaña de Sertorio (78-72 a.C.) por el Ebro hasta “Calagurris” (Calahorra): “per vasconum agrum ducto exercita”. Pero este nombre en euskera es datable 50 años antes a través de la numismática. Son la primera cita de los “baskones”, gentilicio de “vasco”, según Julio Caro Baroja. Plinio dice que el Ebro era navegable hasta Varea (castro hallado a las afueras de Logroño).

Ora Marítima: “La mayor parte de los autores refieren que los íberos se llaman así justo por este río, pero no por aquel río que baña a los revoltosos vascones. Pues a toda la zona de este pueblo que se encuentra junto a tal río, en dirección occidente, se la denomina Iberia”.


https://numisarchives.blogspot.com/2014/11/imagenes-de-la-charla-taller-sobre-las.html
Desde el desembarco de Escipión en Ampurias en el 218 a.C., hasta la batalla de Munda en el año 45 a.C. supone el intervalo máximo de las emisiones ibéricas de 173 años, sin embargo, la mayor parte de las emisiones, se realizaron tras la caída de la ciudad  celtíbera de Numancia en el año 133 a.C. y el final de la guerra sertoriana, en el 72 a.C.. Es decir, en un corto período de 61 años se concentra la mayor parte de las emisiones de denarios y una gran parte de las emisiones en bronce.

Existen monedas del año 74 a.C. con la inscripción "ba(r)scunes", de la mayor ceca del norte peninsular sita en Pamplona, tanto denarios como ases en alfabeto ibérico. La ceca o centro de acuñación de monedas de “barskunes” data de los años 140-80 a.C. y hay otra ceca diferente de “baskunes” de los años 120-80 a.C. En todas las monedas aparece la leyenda “Ba(r)scunes” o “Barsonnes” y en los anversos “Bengoda”, con algunas variantes. Las monedas con la inscripción “baskunes” han aparecido en Palencia, Córdoba, Jaén (denarios) o Fuenmayor (La Rioja). 

Denarios de Baskunes. Tipologia. Crecimiento de la nariz. Los denarios de Baskunes son muy abundantes y forman parte con los de Sekobirikes y Turiasu de los tesorillos de las guerras sertorianas, posiblemente utilizados por Pompeyo. Puede verse una evolución estilística entre los de mejor factura  y pesos cercanos a 3,9 g. y los tardíos de peor estilo y pesos en torno a 3,6. En estos últimos se observa una prolongada nariz, posible fruto de retoque progresivo de cuños. 
Por el contrario, otras monedas de tipología “vascona” no aparecen citadas por Ptolomeo y son en orden de importancia: Baskunes o Barskunes; Arsaos; Bentian; Sesars; Arsakos-on; Omtikes; Tirsos; Umanbaate y Olkairun. Las cuatro últimas muy raras y con escasas monedas (ases) conocidos. Se produce una contradicción entre los datos historiográficos y los numismáticos.


Son cecas baskonas en alfabeto íbero, Pueblo del cual los baskones aprendieron la escritura ya que los íberos habitaban el mediterráneo, desde donde probablemente les llegó la misma (habitaban la comarca entre el río Narbona a Játiva y la cuenca del río Jalón de forma resumida). Es posible que alguna inscripción con grafía íbera nos depare alguna sorpresa más, hasta hoy no hay nada concluyente, aunque se cree que el euskera aparece en varios textos escritos en grafía íbera.


Sin embargo, los lugares donde aparecen las primeras palabras en euskera son estelas Aquitanas de los siglos I-II, la zona más romanizada sobre el río Garona que era navegable hasta casi el mismo Pirineo desde Burdeos. El antropólogo español del siglo XX, Julio Caro Baroja, cita un texto de Estrabón para decir: "es lógico pensar que los aquitanos fueran, en primer término, semejantes en lengua y aspecto a sus vecinos de la Península, que Estrabón llama Iberia en general, es decir, a los baskones".

Las estelas funerarias o “gizon-harri” se asemejan muchas de ellas a cabezas enterradas por su forma donde estaba "gogo", el alma, y no son más que lápidas funerarias con símbolos astrales, cuya principal característica es la simetría de las mismas. La mayoría son concéntricas, es decir del centro salen el resto de las figuras, y simétricas.



Pedro Zarrabeitia Miñaur en su libro “Estelas discoidales de Euskal Herria” (edit. Pamela 2011) comenta que en Suberosa las estelas son “Hilaria”, de donde viene “Hilaria”, pues eran, según la tradición, representaciones de la luna llena para que el alma de los difuntos no volase hacia el astro nocturno. Pero lo más aceptado es que son antropomorfas, con cuello y hombro. 

Este libro reproduce muchísimas estelas con fotos y dibujos donde se puede apreciar la riqueza y variedad simbólica de nuestros ancestros: “serían envolturas antropomorfas de símbolos astrales (…). En un proceso mental muy esquemático y representativo, con una capacidad para la abstracción sorprendente, nuestros antepasados identificaban la forma y el movimiento del sol, la luna y los astros con círculos, arcos, ruedas, lazos y espirales sin principio ni fin; la luz solar con flores de seis o más pétalos y estrellas de múltiples puntas; los ciclos y ritmos del día y de la noche o la estaciones y los períodos lunares con líneas onduladas o en zigzag, con trazos repetidos y cenefas de pequeñas triángulos alternados”.

Aunque la mayoría están desubicadas, se cree que miraban al Este, al nacimiento de la diosa Emi o Agustí, dentro de la religión matriarca lista vasca frente a las patriarcales indoeuropeas de celtas o de romanos, por ejemplo. El sol pasó de ser una representación astral a la representación del Dios cristiano, la luz del Espíritu Santo que vence a las tinieblas. También hay estelas con lunas crecientes o con estrellas de seis puntas. Las primeras estelas tenían por tanto motivos astrales propios y fácilmente diferenciables de otros Pueblos, sobre todo de los indoeuropeos y de los íberos.


Estela de Carcastillo (Alta Nabarra) con motivos baskones 

En el territorio actual del País Vasco, hay 5.000 estelas localizadas de diferentes siglos y otras rotas o semiderruidas de hace más de 2.000 años, una cantidad muy superior al resto de Europa. Existen unas 2.500 perfectamente catalogados y otros 2.500 a la espera de serlo, muchos en manos de particulares. De época prerromana se han documentado 26 en Vizcaya (enteras), 64 en Guipúzcoa, 31 en Alaba, 257 en Alta Nabarra, 358 en Baja Nabarra, 213 en Palurda, 204 en Zuberoa y también son muy frecuentes en Gascuña (la Baskonia romanzada continental). 

Fuera de Baskonia, donde más estelas se han encontrado es en Portugal con unas 1.000 y en el norte de Catalunya (pero donde aún existe toponimia euskérica y se habló euskera según los trabajos de Joan Corominas entre otros).


Existe más de 400 nombres propios en lápidas o estelas dentro de textos latinos y 70 de divinidades en euskera, la mayor concentración de divinidades de todo el Imperio Romano junto a los encontrados en el occidente de la Península Ibérica. Son lápidas aparecidas en Saint-Aventin (Haute-Garonne y Hautes-Pyrénées), Saint-Bertrand-de-Comminges, Baudéan, Luchon, Cadéac, Ardiège, Sain-Gaudens, Loudenvielle, Cardeilhac, Saint-Pée-d'Ardet, St.-Béat, Gourdan, monte Gar o Bagnères-de-Bigorre. En la actual Euskal Herria continental tan solo hay una estela con una palabra en euskera, en concreto en Zuberoa en Atharratze-Tardets entre el Pueblo ausko de los sibuzate (Herauscorritsehe).

Atarratzeko Aranheko Maria Madalenaren ermitan aurkitzen den Herauscorritseheri eskainiriko erromatar aldare-harria. 1986 https://eu.m.wikipedia.org/wiki/Herauscorritseren_idazkuna


Pero también se han encontrado este tipo de estelas con inscripciones en euskera en Angostina (Alaba), Oiartzun (baskones, Gipuzkoa en un ara votiva), Miñano Goien (Alaba, Vitoria-Gasteiz), Atharratze (Zuberoa, Pueblo aquitano de los sibusates), Iruña de Oka (Veleia, en Alaba), San Román de San Millán (Alaba), Usua (Alta Nabarra), Barbarin (Alta Nabarra), Lerga (Alta Nabarra), Alegría-Dulantzi (Alaba) o Escuñau (Val de Aran, Lleida, Catalunya actual) etc. Recientemente en Otañes (Cantabria cerca de Bizkaia, Pueblo de los autrigones) ha aparecido una divinidad local “Salus Umeritana” y en el ara karistia de Forua del siglo I la divinidad local “Ivilia”.


Lápidas de Uxue, "lacubegi"

El bronce hallado en 1908 en una tumba llamada “de Ascoli” (ciudad italiana, pero hallada en la plaza del Capitolio de Roma) y que corresponde al 89 a.C., habla de jinetes de la “Tvrma Sallvtana” (“u” y “v” se leen igual) que participan en las legiones romanas y que se les concede a todos ellos la ciudadanía romana por haber ayudado al padre de Pompeyo en la toma de Ascoli. Corresponderían a legionarios de Cesaraugusta-Zaragoza (Salduba), su comarca con Segia (Ejea de los Caballeros, pero de Pueblo o gentes baskonas-suesetanos) y otras poblaciones río arriba del Ebro como los libenses de Libia –Oliva- hoy La Rioja sobre el río Tirón, municipio Herremelluri-Leiva, berones frontera con autrigones. 

En el listado aparecen nombres euskéricos, algunos muy claros y otros que pudieran ser íberos. Libenses: Adimels, Umarillun...; Suconsenses: Belennes…; Salluitana (Salduba): Sanibleser, Adingibas, Ilurtibas, Bilbustibas...; Segia: Urgidar, Bennabels, Adimels, Arranes, Arbiscar, Enneges…Incluso una población Enneges con soldados: Beles, Umarbeles, Adimels… Por tanto, al menos Arbiscar, Arranes, Bele (cuervo), Umarbeles o Enneges serían euskéricos. Éste último nombre que luego reaparecería como Ennecus y Eneko de los primeros reyes baskones del reino de Pamplona-Nabarra (deformado mucho después a Iñigo).

Bronce de Ascoli con jinetes baskones con nombre en euskera


En la toponimia que nos dan los romanos es donde aparece la primera palabra en euskera: Ilurcis-Gracurris (topónimo iri-uri-ili-uli, ciudad) en el siglo III a. C. Otra toponimia facilitada por autores romanos donde se trasluce el euskera son: Iliberri (Akize-Dax), Kalagorrico (Calahorra), Oiasso (Irun), Amanun, Iturissa (Auritzberri-Espinal), Andelos (Muruazabal de Andion), Turiasso (Tarazona), Araurona (Alagón), etc.

Tal y como recoge Estornés Lasa en sus libros sobre los “Orígenes de los vascos”, un resumen de esas primeras palabras escritas en euskera sería: Aher Ama Amoena Andere Arix Arte Asto Atta Bai Begi Bele Bels Berri Bihox Bihox Buru Erdi Erri Garr Gison Har Gorri Idi Ili Illun Ilur Itur Ituri Lapur Larra Larra Lehen Lur Neska Sembe Osto Lex Oia Ocho Vasco Viriatu etc.

Baskonia aparece por primera vez dibujada en el mapa de Cauddi Ptolomei (Ptolomeo) en el siglo II, pero todavía se refiere al Pueblo prehistórico de los baskones y no al conjunto de ellos, luego también aparece en el mapa de Paulino Nola del siglo IV.



Los Pueblos euskaros prerromanos y sus límites


Mapa: Joseba Ariznabarreta




Los Pueblos eúskaros o las distintas unidades políticas que citan esos autores son grupos humanos con una dinámica política y cultural diferenciada, aunque con el mismo substrato eúskaro.

Aquitanos: A su vez se dividían en numerosos pueblos como hemos visto. Vivirían en las tierras de la Baskonia continental (Gascuña actual y País Vasco o Iparralde). En Aquitania residiría la mayoría de la población euskera por ser la más apropiada para ello. "Aquitania" probablemente viene del Pueblo principal de la zona "ausco" o “ausko” (la “c” latina se lee como una “k”), de ahí ausko+itano. “Ausci” o “auski” es el plural de “auscus”, según explica Julio Caro Baroja.

Un Pueblo aquitano importante de esta época fue el de los tarbelli, al norte de Baiona y con capital en Dax (Akize), de la que Estrabón decía tenían minas de oro de gran riqueza, de la que se extraían hojas tan finas que apenas necesitaban ser refinadas. La mina, sin embargo, parece que estuvo cerca de Baigorri (Baja Nabarra).


Los Pueblos aquitanos principales eran los mencionados tarbelli (Dax), iluronenses (Olorón), bigerriones (Bigorre), convenes, consoranni, elusates (Eauze), aturenses, lactorates o lactorati (éstos al norte hasta el Garona), bernani (Beárn), vasates y la dominate de los ausci. Las numerosas estelas funerarias y aras votivas con palabras en euskera que nos han dejado, hace que no quepan dudas de que hablaban un idioma euskaro. 

Las inscripciones en lápidas halladas en Escanau (Valle de Arán, Lleida, al norte de los Pirineos) presentan rasgos aquitanos que contienen al menos dos nombres euskéricos: Ilurberrixo y Anderexo.

Dice el general romano Julio César que de Norte a Sur en la Galia Trasalpina hay tres poderosa naciones: los belgas, los galos y aquitanos; para añadir en "Comentarios I": "A los galos separa de los aquitanos el río Garona". La unidad de Aquitania se ve reflejada en esta otra frase de Julio César: "totius Aquitaniae salutem" (III, 21,1); también dice: "los aquitanos, eran de parecido físico, lengua y costumbres iguales que la provincia vecina, La Hispania Citerior". Esta apreciación es expuesta después por Estrabón. 

Julio Caro Baroja cita el texto de Estrabón para aclarar que: "es lógico pensar que los aquitanos fueran, en primer término, semejantes en lengua y aspecto a sus vecinos de la Península, que Estrabón llama Iberia en general, es decir, a los vascones".

Lápidas aquitanas con nombres en euskera, "aberri " y "herri", 
de donde tomó Sabino Arana la raíz para formar la palabra "abertzale".


Autrigones: Estrabón llama a este Pueblo "al(l)otrigues" y Floro "autrigonas", con capital en Virovesca (Briviesca, comarca de La Bureba, Burgos actual).

Desde el río Nerua o Nerva (Nervión) hasta la comarca actual de Santoña y el río Asón, donde harían frontera con los cántabros, que a su vez por occidente irían hasta el río Sella y bajando por el Cea hasta el norte de Tierra de Campos. Serían autrigones los habitantes de La Bureba burgalesa, bajarían por los montes de Oca (Atapuerca, a 15 Km al norte de Burgos capital) y más al sur hasta la parte occidental de La Rioja, Sierra de la Demanda. Los habitantes de este último territorio luego serían conocidos como ruccones (montes de Oca, Sierra de San Lorenzo y de La Demanda o Arandio) y formarían un frente de resistencia contra visigodos y suevos (aunque otros autores, como Caro Baroja, cree que los ruccones serían los ronkaleses). 

Sería también tierras autrigonas las Enkartaciones bizkaínas actuales hasta el río Ibaizabal-Nervión. En Alaba la frontera estaría en la Valdegobia autrigona (Valle de Gaubea o Gaubia). Es uno de los Pueblos más extensos e importantes.

La última mención histórica de este nombre es del Cronógrafo del año 354. Eduardo Aznar Martínez en su libro “El euskera en La Rioja” comenta al respecto: “…la existencia de un amplio conjunto toponímico y onomástico vasco medieval en todo el territorio autrigón, y que al igual que en el caso riojano, es bastante difícil que haya surgido de una repoblación tardía y apresurada”. La estela con nombre en euskera de Otañes mencionada pertenece a este Pueblo eúskaro, así como en Artziniega (Ayala, Alaba) “Vinumburus”.

Ptlomeo, Alejandría s. I d.C. en su libro “Geografica (II)” nos da el nombre de muchas de sus ciudades: “los autrigones son contiguos de los cántabros en la costa y tienen la desembocadura en el río Nerua (Nervión) y la ciudad de Flaviobriga” (…) “Las ciudades de los autrigones en el interior son Uxama Barca (¿Osma de Valdegobía?), Segisamon (Cerezo del río Tirón), Virobesca (Briviesca), Antecuia, Deobriga, Vindeleia y Salionca”.

Ara votiva de bardulos en el muro de Adriano en Escocia con svásticas, símbolos lunares, astrales y la "Cruz de San Andrés".

Karistios o Carietes: El Pueblo eúskaro llamado por los romanos como karistio o karieta con capital Veleia (Iruña de Oka, Llanada alabesa), dominaba toda la comarca de habla bizkaína actual: desde el río Ibizabal-Nervión hasta el río Deba en Gipuzkoa y el norte de Alaba hasta Trebiño, con ciudades como Zuazo o Armentia (Suesation), además de otras en la costa ya mencionadas. Algunas de las estelas con palabras en euskera mencionadas pertenecen a este Pueblo: Miñao Goien karistio (Helasse), Iruña de Oka karistio (Illuna), Ollabarre karistio (Aittia).

Una inscripción en el concejo de Trespuentes (Transpontem) del municipio de Iruña de Oka (poblado romano de Veleia), fue descubierta mucho antes que las ostracas encontradas por LURMEN en el 2006, cuya veracidad se ha cuestionado en parte.


Sin embargo, en una casa cercana al yacimiento aparecieron en el siglo XIX dos lápidas con las inscripciones “Illuna” y “Tichia”, citado por el Padre Fidel Fita (1883) testigo de su existencia ya que después desaparecieron: Rhodanus Atili f(ilius) servos an(norum) L Tychia uxor [Ill?] una socra. I(c) e(st) (Aquí yace Ródano, siervo, hijo de Atilio, de 50 años de edad. Pusiéronle esta memoria su mujer “Tychia” y su suegra “Illuna”). Existe una inscripción a César Augusto en Veleia dedicada por los “cariete y venneses”. El filólogo Koldo Mitxelena en “Sobre la lengua vasca en Alava durante la Edad Media” (1982) escribió: "Se puede sostener que várdulos y caristios, al menos en la parte norte del territorio, hablaban la misma lengua que los vascones septentrionales”.

Ptlomeo: “Cerca de los autrigones, entre el río Ebro y Pirineo, se encuentran los caristios, y sus ciudades interiores Suestasion, Tullica y Veleia”.

Malmasín, Arrigorriaga, reconstrucción del poblado karistio sobre su cima, utilizado probablemente después durante la Alta Edad Media




Várdulos, bardulos o bardieta (bardyeta) o barduli Algunos autores romanos hablan de “Varduli” (Mella) y de “Vardulli” (Plinio), en ellas Caro Baroja observa en “Sobre historia y etnografía vasca” la palabra vasca “uri” o “ul(l))i” con sus variantes (ciudad): “Vard-uli, var-ulli nos parecen acercarnos al vasco occidental y meridional donde las voces “uri-“, “uli”, “ulli”, unidos a antropónimos o a otras palabras ha dado nombres de población conocidos”. En la toponimia actual aparece “-bar” como frontera (como en las Bardenas) y se conserva como frontera en el romance baskón o gascón en el término “Bararte” (donde –arte es “hasta” en euskera).


Coinciden en gran parte con la zona de habla gipuzkoana, del río Deba al Oria y el valle de Leitzaran, tal y como aparece en los mapas de la época, con un alargamiento por la actual Alaba hasta Trebiño y parte de Alta Nabarra, se trata de los valles de La Burunda (desde Araia a Altsasua en la Sakana o Barranca) y la Tierra de Aranatz (Sakana valle de Arakil), el valle de Lana y el alto valle Ega (Marañón y Aguilar de Codés). La frontera con los baskones sería el río Urederra y el río Ega a su paso por Lizarra (luego la villa nabarra de Estella). Existen estelas o aras votivas con nombre en euskera en Angostina, Alegria-Dulantzi o Araia (Lutbelscottio y Luntbelsar)

La última vez que aparecen escritos que mencionan a este Pueblo es en el año 456 por Idacio de Gallaecia (años 400-469, "Las costas de los cántabros y de los bardulos fueron cruelmente devastadas" por los hérulos). Algunas de las estelas con palabras en euskera mencionadas pertenecen a este Pueblo como la de Alegría-Dulantzi.

Ptlomeo: “Al oriente de los caristios están los bardulos y sus ciudades Gebala, Tullinion (Alegría-Dulantzi), Alba, Segastia, Penámica, Tritio Tubóricon y Taberca”.

Eduardo Martínez Aznar “El euskera en La Rioja” (-2011-)

Berones: La Rioja centro y oriental, parte de Alaba al sur y norte de Soria, estos eúskaros tendrían al parecer influencia celta, pero ya se han desmotado estas teorías que hay que situarlas en su justa medida: los celtas se asentaron en todo lo que sería después el “Ager Vasconum” pero su huella no es tan profunda como se quiere hacer pensar.

En “La Península ibérica en los comienzos de su historia” el arqueólogo Antonio García Bellido afirma que “Existen además estelas funerarias (se han encontrado 19), con similitudes en sus textos de contenido euskérico a todas las existentes en los Pirineos o en la Baskonia continental. El profesor de historia antigua, el riojano Urbano Espinosa (1945) en el trabajo más importante realizado sobre estas estelas nos dice: “la elementalidad teórica de ejecución y la distancia geográfica y cronológica entre algunos ejemplares no pueden pertenecer a una officina lapidaria, sino que deben derivar de la homogeneidad social y cultural de las gentes que las tallaron, lo que indica un reducto del Iberismo (eúskaros, en realidad) en estos espacios serranos. El no celtismo se ve en los temas, símbolos y onomástica. En ellas, el uso del latín en ocasiones denuncia su ausencia de conocimiento escrito”.

En el libro “El Euskera arcaico” (2002) Luis Nuñez Astrain: “las inscripciones halladas en los valles altos de los ríos Iregua y Leza (Agirsar, por ejemplo, aparece cerca del nacimiento del Iregua) apoyan una posible presencia vasca antigua en territorio berón”.

Lápida soriana con el nombre en euskera "Sesenco"

En documentos medievales se le suele denominar «Bero» al río Iregua, y posiblemente fuera éste su primer nombre, derivado tal vez del término euskérico «bero» = “caliente”. De tal manera, «berones» querría decir simplemente “los del río Bero”. Govantes en su Diccionario Geográfico Histórico de La Rioja, cita "Briones conserva el nombre de los antiguos Berones, Pueblo celta que poseía este país cuando los Romanos conquistaron España". Pero tuvo pobladores más antiguos según restos de la Edad de Bronce, encontrados por la ermita de los Mártires.

En el poblado de La Hoya, cerca de Laguardia (Rioja alabesa), se han encontrado asentamientos desde el megalítico que no pueden ser más que de vascos y posteriores con influencia celtíbera, nos podemos hallar, quizás, ante los mencionados berones o familiares cercanos. La onomástica estudiada descarta que la celtización de la Rioja fuera total y confirma la pervivencia de elementos preindoeuropeos (vascos), tanto en su parte Oriental –baskones-, central –berones- y qué decir de la Occidental de la Sierra de la Demanda o de Arandio, Tierra de Cameros, Ojacastro o comarca de Valdezcaray (todas al sur del Camino francés de Santiago –autrigonas-), contrariamente a lo que han venido manteniendo muchos autores que han extrapolado el testimonio de Estrabón sin más pruebas, cuando es sabido de errores o excesos de apreciación en otros muchos casos (…).

Se sabe por las crónicas romanas que estuvieron luchando con Pompeyo con los baskones y luego con César Casio Longino en el 48 a.C. La actual Logroño (Vareia), La Guardia (de Nabarra poblado de la Hoya), Biana (La Custodia) o Tricio (Tritium Magallum) serían Beronas, estando la frontera en la cuenca del Ega, donde Urantzia-Los Arcos sería ya baskón y fronterizo”.

Ptlomeo: “Por debajo de los autrigones los berones: Trition, Metallon, Oliba y Vareia”.



Baskones: La palabra “baskón” es el plural de “vascus” según recoge Julio Caro Baroja, era el Pueblo euskaro más poderoso a este lado de los Pirineos. Los límites aproximados serían los siguientes: su núcleo principal estaría en la actual Alta Nabarra sin la zona noroccidental que sería bardula, pero ampliada en otros extremos hacía el Aragón moderno, incluyendo los suesetanos de las “Cinco Villas” de influencia céltica en el sur que estarían bajo su dominio hasta el municipio de Alagón (Ejea de los Caballeros, Uncastillo, Sos, Tauste y Sádaba, en la comarca también está Navardún, cuya etimología denota su pasado nabarro), llegando por tanto hasta casi la misma Zaragoza (Salduba). 


Por el Este, todo el Canal del Berdún hasta Jaca y la jacetania que también era baskona o estaba bajo su dominio. Por el Suroeste, ciudades de la actual Rioja Baja como Calahorra o Alfaro (antigua “Ilurcis”) se consideran baskonas, así como la cuenca del río Cidacos en Soria, donde varias estelas euskaras confirman el idioma de sus nativos.

Los baskones bajarían por el río Gallego, el río Aragón y el Arba hasta los montes de Castejón. La Rioja alabesa actual y San Vicente de la Sonsierra-Ávalos, según Julio Caro Baroja, pudieran ser también baskonas, así como el occidente alabés (algunos autores pasan esta comarca a los berones, influidos por las fronteras administrativas actuales que por otra razón). Por último, de los ríos Oria al Bidasoa en Gipuzkoa y más al noreste todo Lapurdi hasta Baiona (lapurdenses) también estaría bajo su dominio según el historiador Manex Goyenetche (1942-2004).


Revista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Erromatar Garaia" Mertxe Urtiaga Artigas


Enciclopedia Auñamendi: “Parte componente de la nación aquitana que César situaba a lo largo de la costa atlántica hasta Bayona y las Landas. Por el interior llegarían hasta Zuberoa (Subola). Su ciudad más importante fue Aquae Tarbellicae, actual Dax, célebre por sus termas (civitas aquensium). Ptolomeo (II, 7, 8) señala hasta los Pirineos como límite meridional a los «Tarbelli», con las aguas (Dax) famosas (…). Ptolomeo mismo menciona a «Aquae Augustae», es decir Dax, como ciudad importante de los «Tarbelli», bajo los «Bituriges» (donde queda Burdeos) y los coloca por esta banda extrema, hasta los Pirineos (II, 7, 8). Plinio, N. H. XXXI (2) 4, al tratar de aguas, se refiere a las situadas «in Tarbellis, Aquitanica gente et in Pyrenaeis montibus»”. El Pirineo para los romanos era toda la cadena montañosa que hoy diferenciamos en sus diferentes tramos, aunque geológicamente acaba en Punta Angulo entre Artziniega (Aiala en Alaba) y el valle de Mena (Burgos).

Lápidas de Saint Bertrand de Comminges: HONTHARR(IS) y ANDOSS


En cuanto a la frontera de los baskones con los berones, Tito Livio en el año 75 a.C., al hablar de la Campaña del general romano Sertorio cuando se dirige a Varea (castro hallado a las afueras del actual Logroño), dice: “per vasconum agrum ducto exercita”. En Botarrita, la antigua Contrebia Belaisca, cerca de Zaragoza, se hallaba la frontera triple entre los baskones, íberos sedetanos de Zaragoza y los íberos de Botarrita donde se ha hallado un bronce con antropónimos euskaros.

Se ha hallado estelas y aras votivas con nombres en euskera en: Uxue (Lacubegi), Barbarin (Selatse), Gares, Lerga, Izkue (Itsacvrrinne), Andion (Errensae), Lerate (Losae), Zirauki (Losae/ Loxae), Argiñariz de Guirguillano (Urde), Larraga (Errensae), Izkua (Itsacurrinne), Gesalaz (Larahe/ Larrahi), Eslaba, Zangotza, Lerga (Abisunhari), Urbiola (Edsuri), Muez (Or[du]netsi), Andelos-Medigorria (Urchatetelli), Tafalla (Agirseni), Arguiñáriz (Loxae) etc.



El filólogo gipuzkoano Koldo Mitxelena (1961-1962) demostró en el trabajo “Los nombres indígenas de la inscripción de Lerga” que el uso frecuente de la “h” sería indicador del euskera, como en la lápida encontrada en esa población de Alta Nabarra (baskones): Umme Sahar fi[lius] Narhungesi Abisunhari filio. Anno XXX (Hijo mayor, hijo de Narhunges, hijo de Abizunhar)”. Luis Nuñez Astrain en el libro mencionado comentaba que: “Es muy característica del euskera arcaico la existencia de la h (signo de aspiración), porque no existía en ninguno de los idiomas circundantes (idiomas celtas e íbero), lo cual facilita grandemente la identificación de una palabra arcaica como vasca”.

Ptlomeo: “Más allá están los baskones y sus ciudades: Iturissa (“Eturissa”, Auritzberri-Espinal), Pampailon, Bituris, Andelos (Muruazabal de Andion), Iacca, Gracurris (Alfaro), Calegorina (Calahorra), Tarraga, Muscaria (cerca de Tudela), Setia (Ejea) y Araurona (Alagón)”.

UMMESAHAR, NARHUNGESI y ABINSUNHARI
(Estela de Lerga, Alta Nabarra).

Suesetanos: A lo largo del siglo II a.C. debieron tener lugar los primeros contactos entre las tropas romanas y los habitantes de esta zona, sobre todo a raíz de las actuaciones de Catón en el 195 a.C. y de la toma de Corbio, capital de los suesetanos, por el pretor A. Terencio.

Los habitantes de Ejea de los Caballeros de época romana (hoy occidente de Aragón, en las Cinco Villas), eran suessetanos euskaldunes, según se desprende del bronce de Ascoli, los cuales ayudaron a Catón en el siglo II a.C. a derrotar a los jacetanos atrincherados en Jaca, que, al ver a sus eternos rivales, salieron de detrás de las murallas y fueron arrasados por el ejército romano que esperaba agazapado. Diez años después los suesetanos se rebelaron contra Roma, fueron exterminados y vendidos como esclavos. Los suesetanos fueron derrotados dos siglos después de la toma de Jaca por Aulo Terencio, el cual arrasó su capital Corbio (“Campesinos vascones” Alberto Pérez de Laborda).


Los jaccetanos o jacetanos: Serían baskones alrededor de la ciudad de Jaca (Jacca, de donde tomarían el nombre). En su libro “Nabarra en su vida histórica” Arturo Campión recordaba que “Ptolomeo afirma que Jakka era una de las 15 ciudades atribuidas a los baskones”. Ptolomeo dice efectivamente que Jaca era “baskona” y dos siglos antes Estrabón que era “vecina” de los baskones.

Vescetanos: Se extendían por las provincias de Huesca y Zaragoza actuales. Capital Osca (Huesca), Ptolomeo señala: "Oscensis Regionis Vescitanie". Los clásicos consideran también a los vescetanos emparentados con los baskones.

Ilerdenses: Lleida, de ahí el gentilicio. A veces aparecen los vescetanos como ilerdenses. Los ilerdenses son Pueblos de aquitanos al sur pirenaico según algunos autores.

Cerretanos: Al Este de los ilerdenses. Zona de Andorra, según Silio Itálico estaban emparentados con los baskones. Pertenecían a este Pueblo los habitantes de los valles actuales de Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgel y la Cerdaña. En los siglos VIII-IX, también seguían prestando servicios militares a los baskones, ya dentro del reino de Pamplona.

Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca”, tras el estudio de distintas inscripciones en monedas, plomos y vasijas llega a la conclusión que: “aquitano, el vasco actual y el idioma de los antiguos ilergetes, cerretanos y hasta mediterráneos de más al sur parecen tener cierto parentesco que no se puede explicar por influencias célticas”.

Andosinos: El griego Polibio en el s. II a. C. habla de andosinos y airenosinos que se relacionan con andorranos y araneses.

Por otro lado, no está claro el origen o la influencia del euskera entre:

Turmódigos o Turmogi: Actual Burgos capital hasta el río Arlanza cuando menos y el norte de la hoy provincia de Soria (donde vivían los Pelendoneses, que también ocuparían parte del sur de la actual provincia de La Rioja). Según R. Menéndez Pidal se hablarían un idioma euskaro. Aunque su origen podría ser celta según algún autor, de la actual Bélgica, mezclados quizás con eúskaros pues la toponimia euskaldún es clara.

Vacceos o Vaccaei: Al Oeste de los anteriores, Tierra de Campos, según R. Menéndez Pidal eran eúskaros. Los vacceos y turmogos fueron sometidos en una serie de campañas entre los años 73 y 56 a.C., algunas dirigidas por Pompeyo y Quinto Metelo. Todavía en la época de las guerras civiles entre Pompeyo y César y después durante la guerra de los hijos de Pompeyo y Octavio, seguía habiendo conflictos con los vacceos, que no acabaron definitivamente hasta la guerra del 29 a.C. contra los cántabros, astures, autrigones, vacceos y turmódigos, así que puede decirse que los vacceos fueron el Pueblo que más tiempo resistió a la dominación romana junto con los aquitanos.

En el año 650, Bernardo, biógrafo de San Amando dijo: “que la antigüedad llamó vaceos, y que, ahora llamando por el vulgo vascones, se entrega demasiado por un extravío de tal manera que se entrega a los augurios a todo error incluso adora ídolos en vez de a Dios. Ahora bien, esta Pueblo vive disperso por los montes de los Pirineos por lugares escabrosos e inaccesibles y, confiados en su manera ágil de luchar, ocupaban con frecuencia los territorios de los francos” (Vita Amandi ed. Mon-Germ Hit. Script re. Merov. V 443). Tajón, obispo de Zaragoza, en una carta dirigida a Quirino, obispo de Barcelona, comenta como los baskones (antes llamados vacceos) degüellan a los “que empeñan ministerios eclesiásticos”.

Como resumen al sur de los Pirineos, Ramón Menéndez Pidal en “Del elemento vasco en la lengua española” sobre el euskera dijo: “(…) lo hablan descendientes de Pueblos antiguos como los várdulos y caristios que nunca se confundieron con los vascones. Y no solo esto; los ilergetes y los cerretanos de Aragón y de Cataluña, ya muy alejados de los antiguos vascones, hablaban una lengua afín a la de éstos, y más lejos aún, los vacceos de Tierra de Campos, según he indicado en otra ocasión, hablaban lengua análoga, y análoga era también la de Pueblos más alejados, según han observado otros autores, desde hace mucho”.

Estela en Elorriaga, Lemoa (Arratia)


En la actual Bizkaia (en territorio karistio) hay una sola lápida con un nombre en euskera y lo mismo en Gipuzkoa (en territorio baskón), por lo cual, se ha creído que podría no hablarse euskera, pero esto es un anacronismo pues lo que no hay que olvidar es que estos territorios en realidad se crean en la Edad Media dentro del ducado de Baskonia y el reino de Nabarra (s. VII-XI) y que en época romana pertenecían a los Pueblos autrigones o karistios (Bizkaia y la comarca del Deba) y bardulos o baskones (Gipuzkoa central y al Este del río Urumea –Oarso-), en cuyo “ager” (zona agrícola) sí que van apareciendo palabras en euskera, en la llanada de Alaba y Alta Nabarra Occidental (demarcaciones igualmente medievales). 

Del mismo modo, no se han encontrado en Lapurdi lápidas o aras con nombres en euskera y hay una sola en Zuberoa en pleno Pirineo, pero donde nadie discute se hablaba euskera al pertenecer en su conjunto al Pueblo de los aquitanos o “ausko” mencionados (lapurdenses-tarbelli y sibuzate respectivamente).

Debemos además ponderar que los propios romanos hicieron bajar a los Pueblos prerromanos a los llanos, lo que hizo que el “ager” -donde ya habría más población- se creasen grandes ciudades, como en la Llanada Alabesa o en la comarca del Ebro, por donde discurría un gran comercio siguiendo las calzadas, con una élite social local que sabría escribir en sus grandes ciudades frente al mucho más pobre “saltus” o zona de bosques del Pirineo y montes vascos que para los romanos configuraban una misma cadena montañosa.

San Pedro de Elorriaga en Lemoa (valle de Arratia) recoge el principal conjunto de epígrafes romanos de Bizkaia (con inscripciones), pudiéndose apreciar un total de nueve estelas de los s. III-IV d.C. Tres de ellas están inscritas en latín: APRILIS VIT/ALEI FILIO AN/NORUMX/VI (April lo dedica a su hijo Vital, muerto a los 16 años). Solo la clase alta romana sabía escribir, la cual preferentemente vivía en las grandes urbes del “Ager” (pasará lo mismo en toda la Alta Edad Media). Usaban el latín como escritura común y el griego como lengua de cultura. Junto a estas tres estelas hay otras 6 de clara simbología nativa explicada al principio del artículo.

La cuestión es que en unas pocas de estas estelas o lápidas aparecen unas pocas palabras en euskera en relación a nombres de dioses personales (teonimia) o nombres de personas (antroponimia) que no se pueden traducir al latín, de ahí que nos hayan llegado escritas en el idioma que hablaba aquella población; como pasará en la Alta Edad Media, por ejemplo, en el Fuero Viejo de Nabarra con los nombres de los impuestos o en las glosas emilianeses. La mayoría son lápidas de tumbas o “aras votivas” donde se hacían las ofrendas a estos dioses indígenas o “manes” como es el caso de “Lakubegi” de Uxue (Alta Nabarra), el balcón de las Bardenas. 

Luis Nuñez Astrain en el libro “El euskera arcaico” (2002) comentaba que esta situación no es nada extraordinaria: “Advierte el mismo Gorrochategui en 1988 que el antiguo carácter ágrafo del euskera lo compartió igualmente el idioma celta del sudoeste de Inglaterra, el galés, allí la única lengua del pueblo y que, sin embargo, no dejó rastro alguno escrito. Y además, siendo dos lenguas que no se escribían –ironías del destino–: - tanto el galés como el euskera son las dos únicas lenguas de Europa occidental que, habiendo estado bajo el poder de Roma, han sobrevivido hasta nuestros días”.



El euskera durante el Imperio Romano

Queda fuera de toda duda la ocupación romana de Baskonia, lo cual fue un hecho en todo su territorio, pero en el “saltus vasconum” no se dio una “romanización” en el sentido de “latinizarse y desaparecer la idiosincrasia anterior”, pues el euskera y muchas costumbres, así como la organización gentilicia sobrevivieron a esta ocupación militar del Estado romano, a su maquinaria bélica, burocrática y religiosa después. Es un caso único junto con el idioma celta conocido como gaélico, pero en este caso gracias quizás a las poblaciones celtas que quedaron fuera del Imperio. «Algunas corrientes históricas han pretendido que la influencia de los romanos era menor», apunta la científica Leonor Peña Chocarro del Instituto de Historia de Centro de Ciencias Humanas y Sociales de Madrid: «Ahí están los descubrimientos arqueológicos que demuestran una ciudad plenamente romanizada, obviamente con sus características atlánticas».

La ocupación del Pirineo por euskaldunes fuera del control romano, se mantiene durante todo el Imperio Romano Occidental


La arqueóloga de Arkeolan Mertxe Urtiaga que ha excavado el castro romano de Oiasso (Irun) comenta: «La pregunta que surge es que, si efectivamente este territorio se incorporó a la estructura romana, ¿cómo es que ha mantenido su identidad después del rodillo de los romanos? (…) No es que la identidad se explique por la falta de romanización, es más, el contacto con el mundo romano nos permite unos escalones en un desarrollo como Pueblo que luego nos ha servido para mantenernos hoy en día». J.L. Ramírez de Sádaba concluye que la romanización y aculturización sufrida por los baskones fue económica y material, pero no tanto demográfica o lingüística.

Parece muy difícil de averiguar si las ciudades romanas, donde solo la clase dirigente sabría latín, tuvieron la influencia que después tendrán las villas de Vitoria-Gasteiz o Pamplona-Iruña sobre el euskera, pero la lógica nos dice que debió de ser así. Incluso mucha de esa clase dirigente, sobre todo fuera de las grandes ciudades (los “possesor” o latifundistas), hablarían el latín como segundo idioma. Bajo las villas, fundos, poblados y civitas, bajo formas romanas, pervivió y se desarrolló la cultura baskonica, mezclada con la romana y con su idioma, el latín. Ausonio (s.IV), en una carta asevera que en la ciudad de Dax (por tanto, en Aquitania), su abuela habla euskera, así como todos los “salvajes” habitantes del campo al que nombra como “saltus vasconum”.

Gehitu argazki-oinaRevista BERTAN de la Diputación de Gipuzkoa "Erromatar Garaia" Mertxe Urtiaga Artigas


El latín es un idioma de origen indoeuropeo, emparentado con el griego, el hitita o el indoario. La raíz latina aparece en muchas palabras en euskera, según una tesis de Luis Maria Mujika, más de la mitad del vocabulario tradicional del euskera en los últimos siglos es latino o románico, pero hay que distinguir las recibidas con substrato antiguo importante de las recibidas durante los siglos en los que imperó el latín en la liturgia de la Iglesia o las que vienen del castellano. La presencia del latín en el euskera es muy alta, pero es similar a la que tiene en el inglés, por ejemplo. Según Gerhard Rohlfs, el primer sedimento de palabras trasvasadas al euskera, son de carácter jurídico (unas 30), luego fueron palabras de culto cristiano (unas 50) y de fiestas (unas 30), por influencia de maestros romanos (unas 30), y otras 15 de contenido abstracto.

Palabras de origen latino son, entre otras muchas: "eta" (conjunción "y"), "zeru" (cielo, frente al "ortzi" anterior), "pago" (pagus),"errota" (molino, de "rotar"), eliza (iglesia), aingeru (ángel), sekula (nunca), gaztaña (castaneam), piku (ficum, higo), geriza (caereseam), golde (culter), akulu (aculum), aingura (acorum), solairu (solarium), gaztelu (castellum), kate (catenam), errege (rex, regem), lege (legem), katu (gato, animal procedente de Egipto), bake (pacen, pax), meta (montón de grano), zekale (centeno), txertatu (injertar), Deusto (barrio de Bilbao), berba (verbum) etc. También sería influencia del latín en la construcción gramatical de infinitivos con terminaciones “–tu” y “–du”: piztu, hartu, gurtu y muchos más. Antes del contacto con el latín no existiría un signo para el infinitivo, sino que cada verbo tendría una terminación como hoy ocurre con contados verbos como: egin (hacer), joan (ir), ekarri (traer), eraman o eroan (llevar), izan (ser) y egon (estar).

La mayoría de las palabras de origen latino hacen referencia a técnicas de todo tipo, productos agrícolas introducidos por los romanos, cuestiones de organización, economía y actividad textil; no así en animales domésticos (salvo aves de corral), árboles y hortalizas. Del latín vendría también "agur" (adiós), de "auguri" (buena suerte), de donde viene también la voz castellana "augurio".



5. LA SUPERVIVENCIA DEL EUSKERA A LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO


Mapa: Eneko del Castillo –blog Nabarlur-


“Todos los Pueblos que no tienen memoria desaparecen”



Lo que hoy llamamos País Vasco o Euskal Herria es en la actualidad una región europea muy pequeña, pero no ha sido siempre así. En el siglo I a. C., a la llegada de las legiones romanas a tierras eúskaras, los Pueblos eúskaros nos extendíamos muy al Norte y muy al sur de los Pirineos, se trata del territorio donde habitábamos desde tiempos remotos y que tendría entonces los siguientes límites aproximados: por el Norte más allá de Burdeos y del río Garona hacia el Loira, por el noreste la frontera estaría en Tolouse bajando al nacedero del Garona en el Valle de Aran en Lleida, abarcando todo el Pirineo a ambos lados, siguiendo hacia el Sur por el río Segre hasta las puertas de Zaragoza con el Ebro como frontera natural, “Quod inquietos baskones proelabiur", remontando el mismo nos encontraríamos con diferentes Pueblos euskaros hasta el río Asón y más allá.


No hay referencia a los Pueblos eúskaros prerromanos a partir de los siglos IV-V. La última mención histórica es la del Pueblo de los autrigones en el Cronógrafo en el año 354, del mismo año es la referencia a los karistios, la de los várdulos es del año 456 (“Historia de Euskal Herria” José Luis Orellá Unzué). Por tanto, los romanos ya no distinguían las demarcaciones territoriales de los Pueblos prehistóricos eúskaros pues tales Pueblos ya no existían ante la presión política romana que habría desmantelado su estructura defensiva y organizativa en casi su totalidad (cabe recordar que sobrevivió el derecho indígena o pirenaico como hemos visto), solo quedaba una gente con una misma cultura e idioma, lo que explica por qué los posteriores autores francos, godos o musulmanes hablen de un solo Pueblo organizado en un Estado que se conocerá como Baskonia.


Tras la caída del Imperio Romano, ya desde el año 449, Idacio en “Olimpiada” habla de “las Baskonias”, los Pueblos eúskaros prerromanos aparecen como un solo Pueblo, dentro de un territorio bien delimitado y unido: Baskonia, extendiendo el nombre de uno de los Pueblos eúskaros prehistóricos a todos ellos por el idioma y cultura que tienen en común, que les distingue del resto y les une. La Baskonia Alto Medieval comprendería aproximadamente al territorio de los Pueblos eúskaros prerromanos.



La explicación la da el Catedrático en Historia Medieval José Luis Orellá en el libro “Historia de Euskal Herria Tomo I: “El saltus permanece inalterable a lo largo de la historia romana sirviendo de soporte lingüístico y cultural de los vascones, los cuales encontraban en el saltus sus raíces más antiguas y el lugar refugio en los momento de acoso”. 

Por tanto y como es evidente, los eúskaros sobrevivieron al Imperio Romano manteniendo su idioma y cultura. El propio José Luis Orellá Unzué en el libro mencionado define el “Saltus Vasconum”: “Es el territorio situado al norte de una línea imaginaria que corre desde Jaca a Pamplona, llegando hasta el límite con Álava. Es decir, es el territorio montañoso que discurre al sur y al norte del Pirineo y que viene limitado por ambos prepirineos”. 


La Enciclopedia Auñamendi lo explica de manera similar “Saltus Vasconum: Ha de entenderse por tal todo el tramo montañoso pirenaico, es decir, la montaña formada por la cordillera pirenaica vascona y sus series de valles a ambos lados de la misma (…) Ausonio (s. IV), dice Vasconis hoc saltos el ninguida Pyrenaei (XXIX, 51), y Paulino, su amigo, Vasconiae saltus et ninguida Pyrenaie. Parece referirse a los Pirineos marítimos”.


Por el norte, tras la caída del Imperio Romano y sobre el euskera, Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca y el vasco-iberismo” comenta que “no hay razón para dejar de admitir que en Aquitania se habló vasco hasta la Edad Media”. 

Los francos serán los que terminen de generalizar el término waskones o baskones pues los ven como un único Pueblo y no hay posibles interpretaciones en otro sentido: son todos vascos por la lengua que hablaban, el “vasco” o euskera. 

Así, Gregorio Tours en el 587 hablaba de "Wasconia" con "w" pues en latín la palabra “baskones” se pronuncia [uuáskones], los griegos o helenizados escribían "ouascones" con "ou", los musulmanes con "b", "baxcones" (pero con "x" como Ibn Adhari) y otros escribían "baskonis" (Ibn Hayyn, El Yacubi, Yacut). Joaquín Gorrochategui, lingüista del Instituto de Ciencias Antiguas UPV: “Es sabido que el alfabeto latino no tenía letras diferenciadas para la expresión de las semiconsonantes /j/ y /w, sino que utilizaba para ellas las letras I y V respectivamente. Se debe al humanista francés Pierre de la Ramée el criterio de diferenciar ambos sonidos mediante letras diferentes (j/i, v/u) en la edición de textos latinos. En la antigüedad, la V podía adoptar una forma muy parecida a la “u””.


En el siglo VII, el conocido como “cosmógrafo de Rávena” (Italia) en su libro "Geografica", incluye un mapa con toda Baskonia y habla de “Vasconum patria” (patria de los vascones o vascos): "La patria que se llama Baskonia (Guasconia), que era llamada por los antiguos aquitanos. Así mismo, junto a la misma Baskonia, está situada la patria que se llama Hispano baskonia (Spanoguasconiam)”. La copia que se conserva del Anónimo de Rávena es del siglo XII. La copia habla de una “Guasconia” (romanzado de Baskonia) con ciudades cercanas al río Loira como Limoges, Poitiers, Bourges, Burdeos y Agen, de la que dice antes se llamaba “Aquitania” y de “Spano-gasconia” –pero en referencia al territorio entre el río Garona y los Pirineos- con ciudades como: Lectourne, Couvesarans, Conemes, Bigorra, Eauze, Bazas en incluso Las Landas ("Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX" Alberto Pérez de Laborda).


El propio cosmógrafo o Anónimo de Rávena habla de la Baskonia sur pirenaica, por donde dice que había una calzada romana por la costa con nombres desconocidos como: Sandaquitum, Cambracum y Tenobrica hacia Oiasso (Irun) y Pamplona y otra por Turisa (El Espinal-Orreaga) y Ejea (Cinco Villas de Aragón), que se juntaba en Pamplona con la anterior. Es por tanto en el siglo XII la primera vez que aparece escrito "Gasconia" con "g" en referencia a la Baskonia continental que se va romanzando en su lengua creando el gascón desde el euskera.



Beato de Saint-Sever Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana


En el mapa del siglo XI del monasterio del municipio baskón de Saint-Server realizado por Estefano García de Mauleón -Stephanus Garssia Placidus- es donde aparece por primera vez Aquitania y Baskonia (Wasconia) perfectamente delimitados como el territorio que aquí se habla, sin diferenciar la Baskonia ibérica de la continental, monasterio perteneciente al vizconde de Zuberoa y al obispado de Olorón (Beárn), vasallos de los reyes de Pamplona-Nabarra. Pero en ese siglo XI aún se escribía “Waskonia” con “w”.

Conclusión: Desde la caída del Imperio Romanos, todos los Pueblos euskaros son conocidos con el apelativo de baskones (gentilicio de vasco), por la lengua que hablaban el “vasco” o euskera. 

Todos ellos son fronteras del ducado de Baskonia en el siglo VI y después del reino de Pamplona-Nabarra en el siglo XI con Sancho III el Mayor dadas a su hijo Sancho García (Gartzea) IV el de Nájera, muchos de estos territorios serían repoblados de nuevo en la Edad Media con “baskones” para los que luego se usará el nombre nacional de “nabarros” con el reino de Pamplona-Nabarra:

"Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas (Briviesca) y desde siguiendo hacia el río Razón, donde nace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima de la cuesta y por medio de Galaza, y allí está el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe, antigua ciudad abandonada (Garray), y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016" (Cartulario de San Millán de la Cogolla, La Rioja, dentro del reino de Pamplona-Nabarra doc. 166).

Tal y como recogen los historiadores nabarros Iribarren y Campión, Sancho III el Mayor dejó a su primogénito “toda la población eúskara”. El historiador español Menéndez Pidal es de la misma opinión: “(Sancho el Mayor) quiso unificar un gran reino nabarro, predominantemente vascón por su lengua”. El medievalista bizkaíno Anacleto Ortueta (siglo XIX), sobre este gran rey europeo dijo: “Sancho III el Mayor eligió sabiamente las fronteras del Estado Vasco, pues los límites que dio a Nabarra fueron los geográficos naturales. Es el genio tutelar de la nacionalidad vasca. Gracias a él vivimos como Pueblo”.



Sancho III el Mayor y la lápida de su tumba en San Isidro de León a donde la habría, supuestamente, trasladado desde Oña su segundo hijo legítimo, Fernando I el Grande, rey de León y de Castilla por parte materna 
 

El historiador español más importante del siglo XX, Ramón Menéndez Pidal, escribió también en "España y su Historia"(Tomo II, ediciones Minotauro, páginas 344-345) que el rey nabarro Sancho III el Mayor (1000-1035): «reparte sus Estados entre sus cuatro hijos, apareciendo como uno de los más audaces estadistas estructuradores de fronteras y de Pueblos, dejando al primogénito García (Gartzea) el solar de la dinastía, el antiguo reino de Nabarra, homogéneamente vascón por su lengua».

En La Rioja o en Burgos, en la zona de los antiguos autrigones hasta Atapuerca, hubo repoblaciones, seguramente con bizkaínos y alabeses, pero según la máxima autoridad en la materia, Merino Urrutia, que confirmó J. Caro Baroja o más recientemente Jabier Sainz Peonzaga en “El euskera en la Ribera de Nabarra”, los habitantes seguían siendo euskaldunes y la vasquidad anterior a la ocupación asturiana y musulmana (muy breve) no desplazó el euskera, al menos en Rioja Alta y las comarcas de Burgos mencionadas.



Sí hubo repoblaciones en zonas donde no había euskaldunes, así en Ávila existen repoblaciones tras la expulsión musulmana con nombres tan significativos como: Narros del Castillo (nabarros), Narros del Monte, Narros del Puerto, Narrillos de Rebollar, en Segovia: Narros del Cuellar, también entre el Ebro, nacimiento del Duero y Guadalajara: Zaya (varios), Aranda, Aranjuez, Arandilla, Arganda, Orusco, Atea, Amaya, Iruecha, Irueste, Armuña, Escariche, Duron, Ardoz, Pioz etc. Muchos topónimos del tipo Bascuñana, Zayas de Baskones, Baskóncillos, Baskóncillos de Muño, Baskones de Zamanzas, Bascuñana, Baskones de Agua, Bascuñuelos, Villabáscones de Sotoscueva, o los de Vascos, Uascones, o Naharros, Narros etc. son en su mayoría fruto de repoblamientos tras la llamada “Reconquista” de las tierras ocupadas por los hispano-musulmanes, pero parece “extraño” que el lugar de aparición de muchos de ellos sea Asturias o Cantabria (o no tanto), donde no hubo reconquista y sí se sabe que se hablaba euskera por gentes lugareñas en época romana como recoge Julio Caro Baroja o A. Tovar.


El conocido y prestigioso historiador vallisoletano Antonio Tovar, lo decía muy claro y nos sirve de resumen (1987): “Creemos que lo que hay aquí es la identificación del nombre, ya no tribal, de baskones, con las gentes euskaldunes o de habla euskaldún, por lo cual se dice que es parte de Baskonia Vitoria y se presenta a los baskones de la montaña, que probablemente eran los antepasados de labortanos, bajo-nabarros y suletinos de Iparralde al norte de los Pirineos, con ese nombre (…) Podemos muy bien suponer que en esa época de aislamiento, en la que los vascos, tanto del Norte como al Sur de los Pirineos, se mantienen fuera de los reinos visigodo y franco, la denominación de la tribu de los baskones se convierte en nombre general y se aplica tanto a la llanura de Araba y La Rioja como a los confines del territorio euskaldún con la Aquitania franca”.


6. NACE EL ESTADO MODERNO




"La soberanía es la piedra angular sobre la que se erige el edificio conceptual en el que el Estado moderno ha sido aprehendido y el Estado que se piensa a sí mismo como soberano actúa de forma diferente del que no se concibe como tal.

Las relaciones sociales en cuya generación y configuración ha intervenido la fuerza -o la amenaza de la fuerza- física son declaradas políticas y el conjunto de todas ellas constituye el espacio o la organización políticos de determinada unidad social. La política alcanza ahora su autonomía tras haberse independizado de la religión, de la moral y de la ley que definirán en adelante distintos y separados subconjuntos de la totalidad social. El Estado es uno de esos subconjuntos." Joseba Ariznabarreta “Pueblo y Poder”.

El pensamiento político considera que para que se pueda afirmar que hay un Estado moderno se deben dar una serie de condiciones.


1. El Estado es independiente, no existe un poder superior a él dentro de su jurisdicción, es soberano. El historiador bearnés Pierre Tucco Chala (nacido en 1924), el cual afirmaba que: “ciertos juristas siguen los análisis de Jean Bodin –teórico absolutista-, creyendo anacrónica toda reflexión sobre la noción de soberanía antes del siglo XVI. Esto no es así, pues los estudios más recientes muestran que las palabras “soberano” y “soberanía” eran conocidas desde la mitad del siglo XII y de un empleo corriente en el siglo XIV”.

El galdakanés Joseba Ariznabarreta resumía lo que es un Estado moderno: “La soberanía, principio o fuente del poder (potestas), pertenece al Estado como tal, el ejercicio del poder (dominiun), al jefe efectivo del Estado, es decir, al gobierno. Mediante la noción de soberanía se designará desde entonces la capacidad en ejercicio de ese órgano de poder político -el Estado moderno- para mantener duraderamente el orden interno y la independencia respecto del exterior. Dicho con otras palabras, soberanía significa que el Estado cuenta con los recursos ad hoc suficientes para ejercer la violencia interna y externa exigidos para el normal y rutinario desenvolvimiento de la actividad general del Pueblo del Estado”.




2. Institucionalización política: separación del poder político del religioso. El Estado dispone del monopolio del poder político (que en última instancia son las fuerzas policiales y el ejército, el monopolio de la violencia armada). Nos referimos al poder religioso usado como elemento para el control de las masas, como poder ideológico. Pero hasta la Edad Media e incluso hoy en muchos Estados, como decía Maquiavelo: “Jamás hubo Estado ninguno al que no se diera por fundamento la religión, y los más prevenidos de los fundadores de imperios le atribuyeron el mayor influjo posible en las cosas de la política”.

Juntas comarcales de Gerediaga


3. Despersonalización del poder: el poder del Estado existe y se ejerce independientemente de quien lo haga en cada momento. El Estado no es una cuestión de un rey o gobernante. Manuel García Pelayo en “Del mito y de la razón en la historia del pensamiento político” comenta al respecto que unido al nacimiento del Estado moderno va el de una economía destinada a sustentarlo financieramente, es decir, a hacer frente a los gastos necesarios para mantener funcionarios a sueldo, sostener un ejército mercenario y desplegar una política interior y exterior mucho más activa y costosa que la de los tiempos precedentes.


El Estado moderno -especialmente en su versión absolutista- se ha formado paralelamente al desarrollo de la administración burocrática. Ello no ha sido así por azar histórico, sino por necesidad estructural, pues el Estado es una institución no ciertamente separada, pero sí destacada de la sociedad, y superpuesta a ella; no independiente, pero sí autónoma de la realidad social, de tal manera que los poderes sociales necesitan de un proceso de transformación para convertirse en políticos, mientras que en la Edad Media ambas dimensiones del poder se hallaban confundidas (por ejemplo, en algunos lugares de Nabarra, el Concejo de los valles no era ni es parte del poder estatal, sino que es un poder social que, incluso hoy en día, no es controlado por los partidos políticos ni por ningún órgano estatal).

Coronación de Carlos III el Noble en la catedral de Pamplona 1387



Ahora bien, el Estado se destaca de la sociedad al asumir el monopolio de los intereses públicos y se superpone a ella mediante un cuerpo de funcionarios, que solo obedece a los principios y normas del Estado, que está estructurado según una jerarquía distinta y superior, en su orden a la jerarquía social (de tal modo que el más inferior de los funcionarios tiene, dentro de su competencia, un poder jurídico superior al más poderoso de los particulares), y que no es agente de los intereses parciales de los grupos sociales, sino de los tenidos por intereses generales del Estado.

Además, el Estado moderno se ha construido bajo la idea de la soberanía y, por tanto, de la unidad del poder del Estado, lo que lleva implícito que todo poder derive de un centro originario y que, por consiguiente, no se ejerza por los funcionarios como propio Derecho, sino a título de una competencia impersonal.

4. Formalización de ese poder: derechos y jurisdicciones que evitan la arbitrariedad. De acuerdo con ello, las Constituciones prohíben a los prelados, condes, barones, caballeros y ciudades -es decir, a todas las dignidades y personas físicas o colectivas que hasta entonces habían detentado poderes públicos- el ejercicio de la jurisdicción criminal en sus tierras, la cual queda exclusivamente reservada a los jueces del Estado; la desobediencia a este mandato se castiga con la cárcel o la muerte.

5. Integración del Estado en la sociedad: es difícil distinguir el Pueblo de la institución. Esta característica no es nueva, desde el comienzo muchos de los Estados como el baskón eran étnicamente homogéneos y fue la propia nación baskona la que se dio un Estado fundamentándose en el Derecho Pirenaico (nación-Estado).



Estas son las características de los llamados “Estados modernos”, se considera que lo son todos para el siglo XVII tras la Paz de Westfalia. Los Estados imperialistas se configuraron como plurinacionales e incluso pluriestatales (coronas) hasta la Revolución Francesa de 1789, que supone el alzamiento de una nueva clase social: la burguesía. Revolución tras la cual, en teoría, la soberanía descansa sobre la nación según ya pregonaban los teóricos de la ilustración, al menos desde Jean Jacks Rousseau (s. XVIII), aunque en la misma Revolución se intenta en realidad otra cosa: crear una única nación desde la comunidad imperial plurinacional, es el Estado-nación creado desde el poder, una corona imperialista como la francesa (que después imitarán los españoles) que tenía sometidos a diferentes Pueblos, naciones e incluso Estados (como Nabarra), lo que ha traído 200 años de genocidio étnico en todos sus aspectos, en especial la lengua o lingüicidio.

Mapa dentro del libro Vasconia (1962) de Federico Krutwig



En su libro “Vasconia” (1962), el getxoarra Federico Krutwig lo explicaba así: “La idea de nacionalismo, tal y como nos es hoy familiar, nace con la Revolución francesa. Esta despertó el sentimiento de patria. No se quiere decir, ni mucho menos, que los Pueblos no tuviesen anteriormente conciencia de su personalidad.

Anteriormente, la conciencia nacional de los Pueblos, no era una fuerza activa, no representaba ningún sentimiento dinámico. En realidad, sería más exacto decir que con la Revolución Francesa nace la dinámica nacional.

Quien quiera que lea la historia de los vascos, verá que éstos han tenido en todo momento conciencia de formar un Pueblo diferente”.

En su libro “La cuestión vasca” el propio Federico Krutwig añadía sobre esta cuestión: “De esta forma los fundadores del socialismo científico (Marx-Engels) desmitificaron los conceptos de “nación” y “nacionalidad” que en el uso burgués se habían convertido en unos fetiches de la burguesía vencedora especialmente después de la Revolución Francesa. Como en Alemania y en los países de cultura alemana estas palabras no habían sufrido aún la mitificación burguesa, los conceptos de nación, nacionalidad etc., tenían un sentido social diferente.

En la concepción marxista, el concepto de nación (y de nacionalidad) es un concepto cultural que se desarrolla dialécticamente sobre una base étnica. Este desarrollo de la nación, a partir de una base étnica, es en efecto lo que le inducía a Stalin a afirmar que: “una nación no es un conglomerado accidental, ni efímero, sino una comunidad estable de hombres”.




7. EL EUSKERA Y EL REINO DE ARAGÓN


En el año 824 el rey franco Pipinio, nieto de Carlomagno, armó un nuevo ejército al mando de los condes Eblo y Aznar que cruzó los Pirineos con la intención de “restaurar el orden”. Eblo y Aznar entraron en Pamplona sin aparentes dificultades, escarmentaron con la horca a muchos habitantes para evitar ser atacados por la retaguardia como el 15 de agosto del 778, la gran derrota de Carlomagno infligida por los baskones y cantada en numerosos cantares de gesta medievales. Tras la ocupación de Pamplona y escarnio contra la población, nombraron los invasores nuevos clérigos y gobernantes fieles a ellos, para volver acto seguido a su reino por el mismo camino que hiciera en el 778 Carlomagno, por el puerto de Ibañeta y por el término de Orreaga-Roncesvalles.

Eblo y Aznar fueron atacados y apresados donde antes fuera derrotado el ejército de Carlomagno, en la pronunciada bajada hacia Valcarlos-Luzaide y antes de llegar a Garazi (Sant Jean de Pie de Port), las familias baskonas de los Ximeno, Garsea o Belasko (éstos hasta entonces profrancos) fueron los que les infligieron la derrota y los que en realidad dominaban el territorio, baskones del sur del ducado de Baskonia llamados por los francos “nauarri”, nombrados así por primera vez en las crónica francas en el 769.

Huesca, Plaza de Arista, en relación a Eneko Aritza,
latinizado como Iñigo Arista


Estamos en el año 824 y fue conocida como la “Segunda Batalla de Roncesvalles u Orreaga” (Errozabal). En esta batalla destacó Eneko Aritza Ximeno, al que también se le nombra como Eneko Enekones o Iñigo Iñiguez Aritza o “Arista”, al latinizar el nombre y deformarlo, un veterano guerrero de alrededor de cincuenta años, que contará en la batalla con sus hermanastros uterinos de religión musulmana del sur baskón, los Banu Casi, antiguos terratenientes baskones desde la época romana que se cambiaron de religión y que harán de tapón con el emir de Córdoba, lo que dio, sin duda, un respiro a los “nauarri” para centrarse en su enemigo del norte, los francos. El coetáneo Eulogio de Córdoba llama a Eneko Aritza "Christicolae princeps" (príncipe cristiano), en las crónicas árabes se le nombra, significativamente, como “Eneko Aresta, Dux vasconum”.


El Aznar o Aznar Galíndez que marchó al frente del ejército franco de Pipinio era el antiguo conde del Aragón primigenio. Aznar, baskón y quizás pariente de Eneko, fue dejado en libertad y mandado de vuelta al reino Franco, mientras que Eblo fue entregado al emir de Córdoba, Abderramán II, como signo de alianza.

Documental "Memorian Lekukoak" de la Fundación Nabarralde con la colaboración de Iñaki Sagredo Garde (2020)


Desde al menos un siglo antes, en la época del último caudillo que quiso hacerse con la corona visigoda, Don Rodrigo (principios del siglo VIII), ya existían alcázares baskones a modo de avanzadilla en Sobrarbe, Roda en Ribagorza y Ager en Pallars, lo que parece delimitar la frontera goda y baskona, siendo después los francos quienes intentaron hacerse con el territorio mediante la creación de una “marca” al modo de las “limes” romanas, tal y como habían hecho con Barcelona. Es conocido que Rodrigo (en realidad Rodil), aspirante a rey visigodo, intentaba tomar Pamplona cuando tropas musulmanas cruzaron el estrecho y entraron en la península ibérica por Gibraltar en el 711, lo que produjo la debacle del reino germánico de los visigodos en un abrir y cerrar de ojos.

Los hallazgos de tumbas y restos humanos de entre los años 650 y 750 encontrados en la cueva de la Foratata, en Sobrarbe, no se trata de enterramientos visigodos como podría creerse siguiendo la tradición histórica española (visigodos cuya principal característica era que no se enterraban con armas), sino que son similares a los encontrados en Buzaga e Iruña en Alta Nabarra, Finaga, Argiñeta o Mesterika (todas en Bizkaia), Zornoztegi, Aistra, Aldaieta en Legutiano o Alegria-Dulantzi en Alaba etc. atribuibles a los baskones, pues no cabe olvidar que los arqueólogos franceses, entre los que se encuentran N. Aberg, E. James o S. Lerenter, distinguen perfectamente en las distintas excavaciones que han realizado, un conjunto de caracteres arqueológicos definido como “facies vascona” o “akitana”, diferenciable de otra calificada como “septentrional o franca”.

Eneko Aritza en un libro de portugués de genealogías reyes del siglo XV



Fue el propio Iñigo o Eneko Aritza Ximeno, nacido sobre el año 770 y primer rey de Pamplona-Nabarra, quien expulsó a Aznar Galíndez en el 820, el conde o “marqués” nombrado por los francos siete años antes, en el 813, al que después volverá a derrotar cuando trata de vengarse e imponerse en Pamplona con el ejército franco junto a Eblo, el suceso bélico comentado de la Segunda Batalla de Orreaga del 824. Fue además Eneko Aritza quien nombró a García Galindo, “el Malo”, nuevo conde de Aragón, hijo de Galindo Belasko, nieto por tanto del Belasko que dominó Pamplona y Alaba en los años 799-812, “Ibn Belaskot”, y que ayudó a Eneko Aritza a derrotar al ejército franco de Eblo y Aznar. 

García Galindo estaba casado con la hija de Aznar Galíndez llamada Matrona, a la que repudió para poder casarse con la hija de Eneko, Ona (o Nunila), recibiendo el título de conde. Por tanto, en el Aragón primigenio mandaría Eneko Aritza a través de su yerno el conde García “el Malo” o Garsea Semein, conde de Aragón entre el año 820 hasta el 833.

En un inicio, Aragón, solo abarcaba el territorio existente entre el valle de Echó y Canfranc (jacetania, norte de Huesca), entre las dos ramas del río Aragón -Aragón y Aragón Subordán-, del que toma el nombre, zona euskaldún y de costumbres baskonas en ese siglo y sucesivos, tardíamente romanzados, con el monasterio de San Pedro de Siresa como núcleo espiritual, y a la que se le añadió después la comarca de Jaca con su ciudad como núcleo urbano más importante. Probablemente las marcas de los valles de Ansó, Sobrarbe, Ribagorza y Pallars también estarían bajo su mando o la influencia del condado aragonés y por tanto bajo la influencia del reino nabarro. La frontera entre los baskones de Aragón y musulmanes estaba en ese siglo en: Uncastillo, Murillo, Luesia, Biel y Loharre.



La unificación de Aragón:

La reina Toda Aznar de Nabarra (926-970) era hija de la princesa nabarra Oneka (femenino de Eneko) y de Aznar Sánchez de Larraun (conde de Aragón y primo de su madre), gobernó con su marido Sancho I Garcés (905-925), tras la temprana muerte de éste gobernó con su hermano Ximeno Garcés y al sobrevenirle la muerte a su cuñado, gobernó sola.

Doña Toda casó a su hijo García Sánchez I con la heredera al condado de Aragón Andregoto Galíndez, su primo carnal, pasando el condado de Aragón a la corona del reino de Pamplona al unirse los títulos en el hijo de ambos, Sancho II “Abarka” nacido en el 970. El matrimonio fue declarado nulo por ser los contrayentes primos y Andregoto abdicó en su hijo. Además, Sancho I Garcés, por parte de su madre, era nieto del conde de Pallars Ramón, era la rama “jimena”, una rama colateral de la familia de Eneko Aritza a través de su hermano, la cual arribó a la corona nabarra de forma pacífica sin que se sepa el motivo (llamada la primera rama a su vez como “eneka”). Sancho I Garcés tomó Sobrarbe en su mitad occidental a los musulmanes hasta el río Cinca y Boltaña, Sancho II Garcés “Abarka”, su nieto, lo hará con la oriental.

Las danzas del Pirineo aragonés tienen un notable parecido con las euskaras, todo el Pirineo ha formado, incluso en época reciente una misma unidad cultural, como enseña el gran conocedor y máxima autoridad de las danzas vascas Juan Antonio Urbeltz. En una de esas danzas aragonesas, se grita incluso: "¡Viva Sancho Abarka!", rey navarro y conde de Aragón que unificó en la familia real nabarra ambos títulos como hemos visto.

Documental "Memorian Lekukoak" de la Fundación Nabarralde con la colaboración de Iñaki Sagredo Garde (2020)


Ribagorza y Pallars se integrarán en la corona real nabarra bajo el reinado de Sancho III el Mayor (1005-1035), como hizo medio siglo antes Aragón. En Ribagorza, otra antigua marca franca, murió su conde en el año 1003, Isarmo, luchando contra los musulmanes. La condesa de Ribagorza, llamada Mayor, era tía del conde de Castilla y por tanto de doña Munia, la mujer de Sancho III (además de prima carnal de éste), estaba siendo acosada por el conde de Pallars que la había repudiado como esposa y por los musulmanes; ya Almanzor y su hijo Abd Al Malik habían llegado hasta Roda en el año 1005. 

Sancho el Mayor tomó las riendas del condado desde 1018 y la condesa abdicó en 1025 junto al condado de Pallars. Sancho el Mayor recuperó los territorios recién tomados por los musulmanes e incluso amplió estos condados con territorios ganados por el Sur, así como la vega del río Cinca. Como dice un documento del monasterio de Leire de 1032: “Reinando el serenísimo rey Sancho en Pamplona y en Aragón, en Sobrarbe y en Ribagorza, en toda Gascuña y en toda Castilla (…)”.



Sancho III el Mayor dio la tenencia del condado de Ribagorza ese mismo año 1025 a su tercer hijo legítimo Gonzalo, dominó todo el alto Aragón pirenaico y prepirenaico desde Arba de Luesia y Biel al Oeste hasta el valle de Isábena al Este, con Ayerbe, Bolea, Huesca, Alquizar, Naval, Graus, Ejea, Barbastro y Benabarre. Fortificó los castillos de Uncastillo, Luesia, Biel, Agüero, Murillo, Cacabiello, Marcuello, Loarre, Buil, Boltaña, Morillo de Monclás y Abizanada. Pidió numerosas “parias” o dinero a cambio de paz a los musulmanes. 

El castillo de Loarre, éste mandado construir por el propio rey nabarro y hoy en día el mejor conservado del siglo XI en toda Europa (aunque solo quedarían unos pocos lienzos y restos de aquella época). Las tenencias con Sancho III el Mayor son fronterizas de defensa y serían las de: Bizkaia, Alaba, Sos (1063 Sossitu en 1068 o Sose en 1083, Uncastillo, Nájera, Vall de Aragón o Ruesta, Sos en la Valdonsella, Arbe (Suillas), Uncastillo, Cacabiello, Marcuello, Loarre, Valle de Ayerbe, Atarés, Senegüé, Ara, Sabiñánigo (río Gallego), Secorún, (Valle Gorga), Nocito, Boltaña, Monclús, Abizanda de Sobrarbe, la ribera del río Cinca etc. hasta un total de unas 20 (“Sancho III el Mayor” Carmen Orcástegui y Esteban Sarasa).

Sancho III el Mayor concedió en su testamento el gobierno de Aragón a su segundo hijo, el bastardo Ramiro I, fruto del amancebamiento con Sancha de Aibar, salvo Loarre con su castillo, Samitier, Ruesta y Petilla de Aragón que quedaron fuera del condado, además le concedió otras tenencias nabarras fuera del condado aragonés para implicarlo más en el gobierno del reino nabarro. Ramiro se apoderó, tras la muerte por envenenamiento de su hermano Gonzalo sobre el año 1038, de los condados de Sobrarbe y Ribagorza, más la ribera del Cinca y Tierrantona, por tanto, desde Matirero al Oeste hasta Llort (Espot) al Este, lindero con el condado de Pallars. Por tanto, con Ramiro I se produjo la unificación de los diferentes condados aragoneses tomando el nombre del principal, Aragón. Tras pasar al patrimonio real, el condado aragonés siempre tuvo un carácter diferente, al ser una tenencia dada a un hijo del rey y no a simples “tenentes” o gobernadores, heredable a diferencia de éstos, pero bajo el poder y bajo las leyes nabarras o derecho pirenaico común.



Tumba de Sancho III el Mayor en Oña, con escudos anacrónicos.
Cuadro que representa el testamento de Sancho III


Ramiro era solo “regulo” (hijo de rey) sujeto a su hermano el rey de Pamplona-Nabarra Sancho Garsea o García IV el de Nájera. A veces se confunden dos conceptos como son el "territorium" y la "potestas". El historiador nabarro Lacarra lo describe así: "Ramiro recibió, en vida del padre (Sancho III el Mayor), unos territorios para gobernar en "tenencia" o por delegación suya, que en parte coincidían con el antiguo condado de Aragón, a los que se agregaron otras tierras y tenencias repartidas también entre Pamplona y Castilla. Pero Ramiro (…) aún cuando podía trasmitir estos bienes a sus descendientes, quedaba sometido a la suprema autoridad y lealtad de su hermano primogénito García el de Nájera, a quien algún documento designa como "príncipe por la gracia de Cristo en Pamplona", mientras que a Ramiro y Gonzalo califica sencillamente de "regulos" en Aragón y Sobrarbe. 

Otros documentos de Pamplona aplican tanto a Ramiro I como a su hijo Sancho Ramírez el calificativo de "a modo de rey" (quasi pro rege in Aragone), aunque lo normal es que se les dé a ambos el título de rey, según era costumbre en la dinastía pamplonesa dar a los hijos de los reyes", pero sujetos al rey de Pamplona-Nabarra. Ramiro I en los documentos que firmaba ya empleaba una cruz patada como “signum regis”, sería la primera constatación documental de la Cruz de Eneko Aritza.

Esta rama colateral de los reyes de Nabarra se convertiría en la titular cuando la nobleza nabarra eligió como su rey al aragonés Sancho V Ramírez de Pamplona-Nabarra (hijo de Ramiro I) por su demostrada valía en el campo de batalla y por ser nieto de Sancho III el Mayor por línea bastarda, al quedar sin descendencia directa el reino tras la muerte de Sancho de Peñalén en el 1076, tras su asesinato mediante una conspiración de sus hermanos y el rey castellano. 

Según la tradición, Sancho V Ramírez de Pamplona-Nabarra sería alzado sobre su escudo al grito de “real, real, real”. Los reyes de origen aragonés gobernaron en ese entonces condado y en el reino de Nabarra entre los años 1076-1134, fueron Sancho V Ramírez de Nabarra, Pedro I, el cual tomó Huesca (1094) a los musulmanes así como Barbastro (1101) y Alfonso I El Batallador.


Alfonso I seguirá con la expansión por las taifas musulmanas de su hermanastro Pedro I y tomará la comarca de Tudela (1118) tras reconquistarla a los hispano-musulmanes en cuya capital residirá hasta su muerte, integrándola en el reino de Pamplona y no en el condado de Aragón. 

Eran éstas antiguas tierras de los Banu Casi baskones aliados de los primeros reyes de Nabarra que para entonces habían sido desplazados del poder, por tanto, eran tierras baskonas y así se conservaba en la memoria del Pueblo donde entre sus habitantes se observan apellidos euskaldunes. Por la frontera aragonesa, este rey conquistó: Zaragoza, Ejea de los Caballeros, Tauste, Sádaba, y toda la comarca de Las Cinco Villas, Rueda, Tarazona, Calatayud, Daroca, Molina y hasta Monreal del Campo, en disputa con Castilla. En muchas de estas comarcas nunca se ha hablado euskera en tiempos históricos y en algunas donde podría haberse hablado se perdió probablemente en época romana. Además, conquistó definitivamente Soria y repobló la comarca, quedando la frontera en Garray (la antigua Numancia) que había sido tomada en 1076 y que fue repoblada con baskones como denota la toponimia euskérica.

El extraño testamento de Alfonso I cuando recuperaba Baiona tomada por los aquitanos (1131), donde dio la regencia del reino a las Órdenes Militares del Vaticano, dio lugar a una guerra civil que terminó con la apropiación del condado de Aragón, de los condados de Sobrarbe y de Ribagorza, así como del valle de Ansó (los cuales no pertenecían al condado de Aragón). La guerra la comenzó el regulo Ramiro II “el Monje”, hermano del rey de Nabarra, el cual contó como jefe de su ejército con el Conde de Barcelona Berenguer IV, historia recogida en la leyenda de la “Campana de Huesca”. 

En la leyenda (real o no), se cuenta que Ramiro llamó a los tenentes nabarros contrarios a la secesión con la excusa de que había mandado construir una enorme campana, la más grande del mundo, cortando la cabeza a los “tenentes” nabarros que acudieron. Se trataba de los tenentes de Huesca, Mequinenza, Ayerbe, Ejea, Luna y Ainsa, así como los de Monzón y Pomar de Cinca, Perarrúa, Naval y Castro, Loarrel, que tenían nombres significativamente nabarros y euskaldunes como Fortún y Martín Galíndez, Miguel Azlor, Miguel Aznarez de Rada, Beltrán o Eneko Lupiz, a todos ellos mandará asesinar cortándoles la cabeza en septiembre de 1135 lo cual dará pie 130 años después a la “Leyenda de las Campanas de Huesca”.

El Pacto de Vadoluengo de 1135 intentó poner fin sin ruptura territorial a la disputa quedando Ramiro “el Monje” como “rey” espiritual y el nabarro Garçea Ramírez “el Restaurador” como rey militar, pero no su cumplió. Ramiro II dejó sus votos religiosos y se casó con Ines de Poitou, con la que tuvo una hija de nombre Petronila, a la cual con dos años casó con el mencionado conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, mucho mayor que ella. 

Con la excusa de poseer derechos sobre los territorios de su infanta mujer, Ramón de Berenguer IV entró en Ribagorza, Sobrarbe, Zaragoza y Aragón y los desgajó por primera vez desde su creación del reino de Pamplona en el año 1137.


Ramiro II “El monje” solo usó el título de “princess et dominator de Aragonial”, nunca el título de rey. Con la paz de Zamora en junio de 1150 se puso fin a la guerra que terminó con la secesión de Aragón, nunca más el reino de Aragón fue reclamado por los reyes Nabarros. El conde barcelonés Berenguer IV tuvo que esperar a que Petronila tuviera 14 años para consumar su matrimonio del cual nació el primer rey de un Aragón independiente, se trataba de Alfonso II de Aragón. Con esta familia real Aragón comenzó su expansión por el mediterráneo. La casa real se llamó: Casal d´Aragó, Patrimonio Real, Corona de Aragón y de Cataluña para finalmente designarse como Corona de Aragón o simplemente Aragón.

El trovador Bertrand Born escribió en su obra “Puis lo gens terminis floritz” en el año 1184:

“El buen rey García Ramírez [El Restaurador] hubiera recuperado,
si la vida le hubiera durado,
Aragón, que le usurpó el monje;
y el buen rey navarro [Sancho VI el Sabio],
a quien de derecho pertenece,
lo recuperará con sus alaveses,
solo con que se empeñe.
Así como el oro vale más que el azur,
más vale y es cumplido su mérito que el del falso rey [Ramiro “el Monje”]

El rey de Nabarra Sancho VII “el Fuerte”, prestó una fuerte suma de dinero al rey de Aragón Pedro II, a cambio de recuperar varios castillos, de los hoy siguen en Nabarra Petilla de Aragón (1209) y el famoso castillo Xabier (1217).

Por tanto, Aragón no se independizará de Nabarra hasta la muerte de Alfonso I el Batallador en 1134, el último de los reyes que el condado de Aragón dio al reino nabarro -se convertirá entonces realmente en reino o Estado independiente-. Alfonso I el Batallador reinaba, según un documento que él mismo firma en 1131, tanto en el valle de Arán como “desde Belorado hasta Pallars y desde Bayona hasta Monreal (Teruel)”.


Los euskaldunes de Aragón



Las danzas del Pirineo aragonés tienen un notable parecido con las vascas, como es el caso de los paloteaos. En una de esas danzas se grita: "¡Viva Sancho Abarca!", rey nabarro y aragonés del siglo X.

Además, es conocida la costumbre común de administrar justicia bajo un árbol y otras muchas más como el tizón de Navidad o Subilarodentro de la religión precristiana que se extendía por todo el Pirineo, con genios como el Basajaun o Simiot y los Mairu o Majus. También existen deportes comunes como el lanzamiento de la barra o la pelota a mano “al estilo vasco”. Por tanto, nuestra raíz cultural vasconabarra-aragonesa es la misma, ya que todo el Pirineo ha formado una misma unidad cultural desde la prehistoria hasta hace no tanto tiempo

El que fuera jurista y catedrático bizkaíno en derecho y experto en temas forales, Adrián Celaya Ibarra (1917-2015), llamó la atención sobre la afinidad existente entre los usos y costumbres de las diferentes regiones pirenaicas de ambos lados. Es destacable el caso de la herencia, la cual recae en uno solo de los hijos, lo que evita la fragmentación del solar y de los bienes inmuebles, lo que se ha llamado “testar a la nabarra” (“Derecho Foral y Autonómico Vasco”, tomo I, 1984). 

Añadía Adrián Celaya que: “Navarra aparece en la Historia como reino al menos en el siglo IX. La tradición hace remontar su origen al llamado Fuero de Sobrarbe promulgado en una cueva del monte Uruel al tiempo de proclamar el primer rey”, tradición que se repite con Eneko Aritza, primer rey de Nabarra alzado como tal en una cueva del valle del Roncal y cuyo escudo está presente en la bandera actual de Aragón.

El fuero de la villa de Jaca dentro del Camino de Santiago, fue otorgado por el rey de Nabarra y Aragón Sancho Ramírez sobre los años 1076-77, con el cual buscaba el monarca favorecer la repoblación de la comarca con francos y eliminar los "malos fueros" o impuestos abusivos. Este fuero es la base de los demás fueros de villa del reino de Nabarra, empezando por el de Lizarrara-Estella de 1090 y el de Sangüesa del mismo año, e incluso el de los burgos de Pamplona San Cernín, Nabarrería y San Nicolás. El fuero de Estella se extendió por toda la Nabarra marítima o por La Rioja, incluso después de la conquista castellana.

Aragoneses y nabarros fuimos gobernados por los mismos reyes desde Eneko Aritza en el siglo IX hasta Alfonso I El Batallador en 1134, pero además compartimos el idioma baskón, nabarro o euskera como vamos a ver.

Un aragonés el primer euskaldun documentado

La primera vez que aparece escrita la palabra “euskera” hace referencia a un aragonés. Es en Huesca hacia el año 797, se trataba de Bahlul ibn Marzuq ibn Uskara, tradición oscense recogida por el geógrafo musulmán Al-Udrí en el siglo XI. El historiador artajonés Jimeno Jurío en su obra "Capítulos de la historia del euskera" contextualizó el hecho: “En el siglo XI un geógrafo musulmán, Ahmad ibn Umar al-Udrí (1003-1085), recogió una tradición sobre los Banu Salama. Contaba que, al entrar los musulmanes en al-Andalus, llegaron a Huesca y la tuvieron asediada durante siete años hasta que los cristianos se entregaron, abrazando unos el islam y pagando otros el amán.

Los tuchibíes (tribu árabe) Banu Salama tuvieron sometida la ciudad durante muchos años, con gran descontento de la población. Para librarla de los opresores, Dios, envió un libertador, Bahlul ibn Marzuq, el cual derrotó y dio muerte a los Banu Salama, y luego se apoderó de Zaragoza. El Libertador Bahlul, era hijo de Marzuq ibn Uskara. Marzuq, hijo de Uskara era padre de tres hijos varones, y «había llegado por el norte» a un castillo de la Barbitania (actual Barbastro). El investigador Cañada Juste se pregunta si Marzuq sería «hijo tal vez de un vascón llamado Uskara». 

El euskaltzain Txomin Peillen comentaba que “Está claro que Uskara no es nombre árabe ni bereber, sino indígena, y en aquella época significaría euskaldun. Es sintomático que el hijo de Marzuk ibn Uskara fuera un hombre llegado del norte (comarca del Pirineo), euskaldún o vascohablante y fuera celebrado en Huesca como libertador contra un clan musulmán opresor”.

Uskara es “euskara” en dialecto ronkalés y en los dialectos aquitanos. El euskara de ese valle era el mismo que el del siguiente valle hacia el oeste y el primero de Alta Nabarra, el Ronkal. En todos los valles altos fronterizos entre Alta Nabarra y Aragón, se habló euskera al menos hasta el siglo XVI y en algunos hasta el siglo XX como detallaremos a continuación.

El que fue investigador y canónigo archivero de la catedral oscense, A. Durán Gudiol en su trabajo “De la marca superior de al-Andalus al reino de Aragón, Sobrabe y Ribagorza, Huesca” (1975), analiza cómo en fecha imprecisa entre los años 858 y 893 se produjo una interesante alteración de tipo colonizador en la comarca abierta a los pies del valle de Ansó, llamada Llano de Ansó a lo largo de la Edad Media. Se trataba de gentes procedentes del valle nabarro de Salazar y del Bailés que se establecieron en el Llano y poblaron las villas de Biniés, Tolosana y Orrios. 

Si tenemos en cuenta que el valle de Salazar es la cuna de uno de los dialectos vascos, el salacenco, y que aún hoy día, según Koldo Mitxelena, puede ser bien estudiado en pueblos como Esparza, Oronz y Jaurrieta, es lógico suponer que las gentes que en el siglo IX repoblaron el Llano de Ansó debieron ser vascoparlantes.

En 1984 otro investigador altoaragonés, Enrique Satué Oliván, se hacía eco de la presencia en Nocito en la comarca de la Hoya de Huesca ya en el llano, en las inmediaciones del Santuario de San Urbez (sic.), de una necrópolis de tumbas antropomorfas excavadas en roca, posiblemente del siglo X, y que correspondería a las incursiones de la monarquía nabarra acompañadas de repoblación (“Nocito valle del agua” Serrablo n.º 52 -1984-).

Castillo de Loarre, mandado construir por Sancho III el Mayor de Nabarra en el siglo XI


Los romanos e hispano-musulmanes son los que redujeron el territorio del euskera por el Sur y Sureste, entre los Pirineos y el Ebro. El Pirineo se mantuvo firme en su cultura indígena durante el imperio romano, tal y como demuestran los textos de la época, como las cartas entre Ausonio y Paulino del siglo IV, aunque hubo comarcas repobladas dentro del reino de Pamplona-Nabarra tras la invasión musulmana que comenzó por el sur peninsular en el año 711 sin que su huestes se asentaran en zonas pirenaicas, siendo muy efímera la presencia de los bárbaros godos y francos, salvo en el Este de la cadena montañosa o en la comarca mediterránea de la actual Catalunya.

Durante el reino nabarro y la repoblación de la comarca, los castillos que se construyeron tienen nombres en euskera tal y como señala Iñaki Sagredo Garde en su libro “Navarra, castillos que defendieron el reino, Sancho III”: “los castillos de Alto Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, construidos bajo el reino navarro, tienen nombres en euskera como Urbel, Arreba, Loarre o Ainsa”.

Comenta Gartzen Lacasta en su trabajo “El euskera en el Alto Aragón” del que tomamos parte de estas notas, que “La comarca del Alto Aragón constituye una unidad con características muy peculiares y bien diferenciadas del resto de la actual región aragonesa, como bien ha destacado, entre otros, Julio Caro Baroja. Simultáneamente, tal como observaremos en el apartado Notas históricas, destacan las afinidades entre el Alto Aragón y el territorio que en otros tiempos constituyó el antiguo reino de Navarra. Suele aplicarse este nombre a la franja comprendida entre la línea de altas cumbres pirenaicas y otra línea paralela, imaginaria, que pasaría no muy distante, al sur de la ciudad de Huesca. 

Comprendería un poco más de la mitad norte de la provincia de Huesca, con los partidos judiciales de Barbastro, Benabarre, Boltaña, Huesca y Jaca, así como el actual partido judicial de Ejea de los Caballeros, en provincia de Zaragoza, al que fue incorporado en 1965 el de Sos del Rey Católico”.

El lingüista gipuzkoano Koldo Mitxelena (1915-1987) comentaba al respecto: “En nuestro caso, el punto decisivo del problema está en que los hechos medievales navarros y pirenaicos en general, sean lingüísticos o no, no han nacido de la nada, sino que han de tener antecedentes, antecedentes que en buena parte parecen difuminarse en el largo hiato documental. que va del Bajo Imperio hasta más o menos el siglo X» (Notas lingüísticas a «Colección diplomática de Irache», FLV, n.º 1 -1969-). 

El propio Mitxelena en “La lengua vasca” (1977) sentenciaba: “(…) aunque aquí no parece haber testimonios directos, los nombres de lugar, que Corominas viene estudiando sistemáticamente, apoyan inconfundiblemente la tesis de que en los altos valles pirenaicos se conservaron hasta muy entrada la Edad Media hablas de tipo éuskaro, muy al este de la actual Vasconia (…)”.

En el Real Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca, cuna espiritual del reino de Aragón y fundado por Sancho III el Mayor de Nabarra, la documentación de entre los siglos XI al XII son frecuentes los nombres de monjes en euskera: aitano-eitano, garceiç, amunna, enneco scemenones, andregoto, annaia, auria (euria), Aznar, Belasco, Iaun, Ozaba etc. Incluso actualmente en el vocabulario del Alto Aragón trasciende vocabulario euskaro como: Apurra, Arañón, Arto/Arte, Atarria, Biritaco, Bizcarra, Borda, Caparra, Cartola, Cozcorro, Chicolí, Chingarra etc.

Es decir, las zonas Pirenaicas más al norte se conservó mejor el euskera que en las tierras conquistadas por los godos y los hispano-musulmanes después, aunque al integrarse en el reino de Pamplona-Nabarra a comienzos del siglo IX su recuperación mediante repoblación fue también significativa, siendo claves la toma a los musulmanes de Huesca por Pedro I (1094) y de Zaragoza por Alfonso I el Batallador (1118), reyes de Nabarra y Aragón.



LA TOPONIMIA EUSKARA DEL ALTO ARAGÓN

El historiador español Ramón Menéndez Pidal (La Coruña 1869-Madrid 1968), con escrupulosidad y rigor, dio un detallado listado toponímico en “Toponimia prerrománica hispana” (1968), con un análisis de “multitud de nombres toponímicos de tipo vasco” en el Alto Aragón y en la parte alta de Sobrarbe, Ribagorza y PaIlars. Menéndez Pidal estableció que para estas comarcas pirenaicas “en época primitiva románica una romanización débil, o a medias, lo cual originó una situación bilingüe estacionaria en que convivieron durante siglos gentes vascongadas con gentes romanizadas, y de ahí la abundante conservación de topónimos vascos”.

Se hallan éstos en zonas pirenaicas de Huesca y Lérida, “en donde se documenta una diptongación de o y e en nombres en que se veía el adjetivo gorri por un lado, el adjetivo berri por otro y unos sufijos -toi y -oi, abundanciales o de tendencia. También se tenía muy en cuenta, como punto de partida la terminación -otz, -otze = frío”. El lingüista alemán Gerhard Rohlfs en “Le suffixe préroman -ue, -uy dans la toponymie aragonaise et catalane”, afirma que su máxima densidad la alcanza al norte de Huesca y, sobre todo, entre las antiguas ciudades baskonas de Jaca y Pamplona, es decir, “en un dominio donde puede notarse una extraordinaria densidad de supervivencias vascas” (Archivo de Filología Aragonesa, IV, 1952).

Alfonso Irigoyen en “Cuestiones de Toponimia vasca circumpirenaica” (1986), hizo un exhaustivo trabajo valiéndose fundamentalmente de los repertorios elaborados por Ariño (para la época actual) y por Agustín Ubieto (para la época medieval), donde concluye que “es una cuestión difícilmente rebatible la afirmación de que, a ambos lados de los Pirineos, en una zona bastante más extensa que el área vasca actual, hubo otras tablas protovascas o vascas en épocas antiguas”.

Un caso especial es el del propio nombre “Aragón” o “Aragoi” que está también en euskera: “Valle en el alto” o más probablemente de Aragoa, “del valle alto” frente a la gente del llano, lo que nos retrotrae al comienzo de la repoblación que hemos visto, donde “oa” es simplemente el locativo (Nafarroa, Zuberoa, Gipuzkoa etc.).

El antropólogo, lingüista, historiador y etnólogo madrileño Julio Caro Baroja (1914-1995) comentaba en “Sobre la toponimia del Pirineo aragonés”: “En realidad es un nombre geográfico que delimita, por el Sur, un territorio. Suprarbi o Superarvi era lo que quedaba por encima de la sierra de Arbe. En el territorio de Sobrarbe, como en el de Aragón, se señaló un último reducto de los dialectos ibéricos, que llegaría a Ribagorza y Pallars, y que estaría representado por una serie de nombres de tipo vasco, los cuales sufrieron los efectos de una tardía influencia romance”.

Torre de Abizanda mandada construir por Sancho III el Mayor de Nabarra en el siglo XI



El filólogo Joan Corominas (Barcelona 1905-1997) concretaba incluso el porcentaje de toponimia euskera:

Comarca río Aragón (Jaca): 67%
Comarca río Gallego: 50%
Comarca Sobrarbe: 30%
Comarca del Bajo Ribagorza: 15%.


Ejemplos de topónimos en euskera desde el valle nabarro del Ronkal al valle de Arán en Lleida, incluido Aragón, nos los daba el estudioso ronkalés Bernardo Estornés Lasa:

Benabarre, Zoriza, Lujiarre, Lascuarre, Luparre, Bizberri, Astu, Arbe, Axpe, Arbe, Cenarbe, Javierregay, Achar, Lizarra, Gistain, Eunate, Artaso, Artasona, Barosa, Ayerbe, Bisauri, Loarre, Aisa, Besos, Acon, Larres, Biescas, Escarrilla, Lanuza, Basaran, Bergua, Ara, Ecuain, Yaga, Arazas, Suelza, Barrosa, Yna, Ainsa, Gerbe, Nabal, Arro, Benasque, Ariste, Chia, Serraduy, Isabena, Barasona, Estada, Aren, Barruera, Escuñau, Esera, Espua, Isona, Cuarte, Gurea, Biscarrués, Ardisa, Erla, Bolea, Arascués, Esquedas, Aniés, Sabayés, Belarra, Hirbike, Mascún, Guarga, Basa, Estron, Escaldes, Engolasters, Esquella, Aranza, Esabol, Escardars, Estana, Nabas, Cuart, Aña, Gurri, Maya, Bascara, Estiche, Jubierre, Ballobar, Escarpe, Algerri, Ibars, Aytona, Asco, Estanga, Urria etc.



EL EUSKERA EN EL REINO DE ARAGÓN

Respecto a cuál era la situación del euskera en el Estado o reino de Aragón separado de Nabarra en 1134, donde se hablaba en tan solo en una parte reducida y pirenaica de su territorio final, su evolución es muy significativa. En Huesca unas ordenanzas de 1349 decían: "Item nuyl corredor non sia usado que faga mercaduria ninguna que compre ni vende ningunas personas, faulando en algaravia (árabe) ni en abraych (hebreo) nin en bascúenç et qui lo fara pague por coto XXX sol" (documento hoy desaparecido).

Este mismo documento legal que prohíbe hablar euskera, árabe y hebreo en el mercado de Huesca, se repite durante siglos. El estudioso del euskera en la comarca Bixente Latiegi, comenta que en el documento que sí se ha conservado “del siglo XVI de la Cofradía del Vendedores y Compradores de Huesca de la segunda mitad del siglo XVI, de 1567, se vuelve a prohibir a los corredores hacer mercadurías en euskera”:

“En el Archivo Municipal de Huesca aparecen frecuentemente contratos hechos por canteros y herreros vizcaínos y navarros con el Ayuntamiento y lo mismo ocurre en el Archivo Provincial. Tal y como me dijo su responsable, las mayores iglesias, las casas y los palacios más elegantes fueron hechos por “vizcaínos”, que habitualmente actuaban como maestros de obras y arquitectos o trabajadores de la piedra y el metal". Siendo “bizkaíno” sinónimo de euskaldun o vascoparlante como veremos. Incluso había un documento igual del siglo XVII que también se ha perdido.

Estas son las primeras leyes explícitas documentadas contra el euskera en la historia,

Iglesia de Ainsa, primer románico, mandada a construir en el siglo XI

Pero el euskera sobrevivió en Aragón durante varios siglos más. El matemático, cosmógrafo y licenciado en leyes Andrés de Poza y Yarza nacido en Orduña (Bizkaia, 1547-1595), conocido como Licenciado Poza, dejó escrito que en los alrededores de Jaca se seguía hablando euskera en su época. En todos los valles altos fronterizos entre Alta Nabarra y Aragón tanto en Huesca como en Zaragoza, se habló euskera al menos hasta el siglo XVI, según la tesis doctoral del filólogo Juan Carlos López-Mugartza (Universidad Pública de Navarra, 2007): "El euskera ha sido la lengua propia de los valles navarros orientales y de los valles bearneses y aragoneses limítrofes hasta época relativamente reciente" (…) en el Valle de Ansó la presencia del euskera es abrumadora”. Este valle Ansó es contiguo al Ronkal y da nombre a una gran saga de reyes nabarros: los Antso o Sancho.



En un documento de 1627 el franciscano fray Pedro de Pinedo afirmaba que se confesaba en euskera en “Olite, Villafranca y la villa de Sos que es en el reyno de Aragón”. Lo cual quiere decir, que Fernando II de Aragón el Falsario o el Católico, natural de Sos (1479-1516), nació en un lugar donde la lengua de uso habitual era el euskera. El nombre de Sos es una deformación del original euskérico, pues está documentado Sossitu en 1068 o Sose en el año 1083.

Existieron en jacetania con seguridad comarcas de habla vasca al menos hasta el siglo XVII, tal y como dejó escrito el historiador y parlamentario nabarro Arnaut Oihenart en su “Noticia Utrisque Vasconia”, cuando nos dice que Euskal Herria está formada por “los nabarros, los jacetanos, los vizcaínos, los gipuzkoanos y los alabeses”. 

En el trabajo mencionado “El euskera en el Alto Aragón” Gartzen Lacasta Estaun, comenta que Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca” (1979) enumera las regiones donde se debió hablar vasco en la Edad Media: “la totalidad de Navarra, provincias vascongadas, en el norte de Huesca y en los valles más septentrionales de la actual provincia de Zaragoza...”, y recoge en una nota la siguiente información: “Irigaray me indica que Axular en el ‘Guero’ (1643), después de enumerar las variedades del vascuence y las siete provincias donde se hablaba en su época (cuatro españolas y tres francesas), dice: ‘... eta berze ainitz lecutan’, con lo cual debe referirse a los valles de Aragón con la mayor probabilidad”. Aunque también había entonces euskaldunes en al menos el Beárn y Rioja Alta.

Catedral de Jaca, comenzó su construcción a principios del siglo XI y constituye la culminación de una época esplendorosa del románico nabarro-aragonés


El labortano Dominique Joseph Garat a principios del siglo XIX que fue Ministro de Justicia de Francia y quien leyó al Bourbón Luis XVI su sentencia de muerte (“muy a su pesar”), le envió al emperador francés Napoleón un informe en el que le pedía que se hiciese un Estado para Euskal Herria, bajo la dirección del emperador, con los territorios de habla euskera de: Gipuzkoa, Alaba, Bizkaia, Alta Nabarra y los Pirineos hasta la frontera con Catalunya. 

En Salvatierra de Esca (jacetania, pero provincia de Zaragoza) en el año 1838, el abate interior debía de saber euskera “el que ha de servir en esta villa ha de ser vascongado para poder predicar, de otro modo no puede servir en esta villa”.

Es también muy significativa la última comarca en hablar euskara en Aragón y su motivo. Según el historiador sangüesino Antonio Ubieto Arteta (1923-1990) en su trabajo “Las fronteras de Navarra” («Príncipe de Viana», n.º 50 1953): “Hacia 1097 son devueltas a Pamplona: Sos, Luesia, Uncastillo, Agüero, Murillo y todo el valle del Onsela, y desde 1786 pertenecen nuevamente a la mitra jaquesa”. Éste es el último reducto del euskera en Aragón, territorio zaragozano al sur de la jacetania oscense y fronterizo con Alta Nabarra por el Este, el norte de las Cinco Villas de Aragón.

Por tanto, en Uncastillo se creó un arzobispado, el cual perteneció al obispado de Pamplona hasta 1786 con los municipios mencionados que quedarían eclesiásticamente, dentro del reino de Nabarra en toda la Baja Edad Media y en la Edad Moderna, pese a que Aragón se independizara de Nabarra en 1136, coincidiendo los límites del idioma con los políticos y los eclesiales una vez más. No es baladí constatar que en el arzobispado de Uncastillo se rezaba en euskera hasta el siglo XX el padre nuestro, el Ave María, el Credo, la Salve y a la Virgen de San Cristóbal: “gosua San Kristonalua…” (“Navarra sin fronteras impuestas” Tomás Urzainqui).

Alfonso Irigoyen recoge del testigo Isidro Escagüés de Javierre (Huesca) el Padre Nuestro cantado en el arzobispado de Uncastillo en 1922 o 1923: “Aita guria seude / etán saudená santifikát bedí surei / sená betor gure / gana sure erréi / nué eman de / sagesú egunesko ogié egunéta beti barkais / ki / gusú guri gerén sorrák”.



CONCLUSIÓN

Como conclusión, y como dejó escrito el filólogo Joan Corominas (Barcelona 1905-1997): “los vascos (vasconabarros) han desempeñado un gran papel en el pastoreo pirenaico y no solo los actuales vascos de (Alta) Navarra, Soule (Zuberoa) y Vascongadas (Navarra Occidental) sino también los antiguos pastores vascófonos nativos del Alto Aragón y los Altos Pirineos gascones aún quizás del Pallars y el Valle de Arán, donde la muerte de los idiomas prerromanos es mucho más moderna de lo que suele admitirse”.

También es muy significativo que en todos esos siglos en la corona de Castilla se llamaba “bizkaínos” a todos los que hablaban euskera, desde San Francisco de Xabier (Alta Nabarra) a Agusti Xaho (Zuberoa). En Castilla el territorio conquistado a Nabarra en 1200, se llamaba genéricamente “Bizkaia” hasta la villa de Laredo, y así aparece en los documentos y en los mapas de la época hasta el siglo XIX.

Sin embargo, en la corona de Aragón el euskera se identificaba todavía con el reino de Nabarra, y nabarro era sinónimo de euskaldun. Valía tanto para un bizkaíno como para un pamplonés, por lo que se da a entender que no interiorizaban el euskera como el idioma del reino de Aragón. Bixente Latiegi: "En aquella época se llamaba bizkaínos nabarros o vascos a todos los que hablaban euskera. Por ejemplo, aparece una cita de los nabarros de Otxandiano y estos son bizkaínos ".



8. EL EUSKERA Y EL COPRINCIPADO DE ANDORRA




Algunos núcleos pirenaicos dejarán el euskera por el catalán sin pasar por la romanización, es el claro ejemplo de Andorra. Julio Caro Baroja en “Vasconiana” comentaba que “Podéis pensar que Andorra puede venir de anderri, es decir, que en el nombre antiguo entraría el componente “(h)erri” tierra o Pueblo en vasco, con un antropónimo, epónimo o teónimo que podría estar relacionado con “andi”. Andorra se documenta en la Alta Edad Media como: Annorra, Anorra o Annuria. No de andosino (…)”. 

Sin embargo, el historiador, filólogo y lingüista Antonio Tovar (Valladolid 1911-Madrid 1985), decía que Vich en Catalunya era del Pueblo de los auscetani de Ausa, andonisini eran los de Andorra y Areosioi los del valle de Aran (aquitanos). Lo que sí es claro, es que hablaban euskera al menos hasta el siglo XII, según los textos medievales. 

El profesor y euskaltazin Jacques Allières (Toulouse 1929-2000), señalaba que en el versículo 384 de la "Chanson de saint Foy", uno de los textos occitanos más antiguos pues es del siglo XI, dice: "Cisclaun`l Bascon que son d´Aran": "los euskaldunes de Aran aúllan"(…) para añadir: "Efectivamente son euskaldunes estos vascones que se oponen a los gascones" (en el libro "Les Basques. ¿Que sais-je?" -1977-).

En el pequeño Estado pirenaico de Andorra se habló euskera hasta al menos el siglo XIII, según aseguraba el filólogo J. Corominas (Barcelona 1905-1997). Andorra era desde ese el siglo XIII un protectorado de los condes de Foix junto al obispo de Urgell mediante "pareage". En 1278 se ratificó el protectorado compartido, firmaron el mismo el conde de Foix y vizconde del Bearne Roger Bernard III y el conde de Urgell Pedro d ´Urtx. En 1282 el Papa Martín IV emitió una bula de conformidad. Por tanto, Andorra ya había perdido el euskera en casi su totalidad al convertirse en un Estado independiente para pasar a hablar catalán.

Andorra compartió jefe de Estado con los nabarros al llegar los condes de Foix mediante matrimonio a la corona Nabarra en el siglo XV. Francisco Febo I (1479-1483) era rey de Nabarra, vizconde de Bearne y copríncipe Andorra, Estados igualmente independientes. Enrique III de Nabarra accedió a la corona baskona por su madre Juana III de Albret o Labrit en 1562, pero tras la muerte de una serie de reyes Francia, en 1585 Enrique accedió por vía paterna a la corona francesa al ser hijo del conde de Vendome, Antonio de Bourbón. Enrique III de Nabarra era hugonote como su madre y le obligaron a adjurar de su fe y pasarse al catolicismo, de ahí la frase que se le atribuye de “París bien vale una misa”. En el caso de Andorra, la autoridad en la práctica seguía en manos del cercano Obispo del Urgell, por lo que el pequeño Estado mantenían su independencia como lo hacían Bearne y Baja Nabarra.



Enrique III de Nabarra “el bearnés” (Pau 1553-Paris 1610), era apodado en el reino galo “el Grande”, “el buen rey” y “el nabarro”. El testamento de Enrique III de Nabarra y IV de Francia está en los archivos de Versalles. En su testamento, el bearnés dejó bien claro que el reino de Nabarra es de sus mayores por vía materna, yendo la sucesión legítima a Isabel de Albret y Foix, hermana de su abuelo el euskaldún Enrique II “el sangüesino”.

El Manifiesto del rey Enrique III de Nabarra y IV de Francia en el año 1607, según el documento del Parlament de Paris A.N. Registre X1A-8646 Fº 43, dice: “(…) por nuestras cartas patentes del 13 de abril de 1590 hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Nabarra, soberanía de Bearne y de Donezan, país bajo de Flandes que nuestros ducados, condados, vizcondados, tierras y señorías enclavadas en este reino fuese y PERMANECIESE DESUNIDO, distraído y separado de nuestra corona de Francia sin poder entrar comprendido ni mezclado si no es ordenado más tarde (...)”.


El día 19 de septiembre del año 1610, Louis Bourbon XIII de Francia -hijo Enrique III-, educado en la Corte francesa por el cardenal Richelieu, declaró públicamente en los parlamentos de Nabarra y Bearne su negativa incuestionable e irrefutable, de aceptar el rango de príncipe de Biana. Dicho acto, le hizo perder a él y sus descendientes, el derecho a ser monarcas de Nabarra. Es así como ese mismo año Luis XIII emitió el llamado Edicto de Unión, el cual en realidad no fue aplicado de facto hasta 1620 y solo gracias al ejército francés: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Nabarra y nuestro país y soberanía de Bearne, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen y que han acostumbrado de pertenecer en nuestra corona y dominio de Francia (...)”.

El 15 de octubre de 1620 Luis XIII, rey de Francia (no le corresponde la corona de Nabarra), ayudado por el cardenal Berulle, entró con su ejército en Pau donde se reunían las cortes del Bearne para proclamar la unión a la corona francesa de la corona nabarra y del vizcondado de Bearne. Los Estados de Nabarra (las Cortes) que se reunían en Donapaleu en Baja Nabarra, rechazaron el Edicto, pero fueron incapaces de hacer frente al poderoso ejército francés. En 1621 en el debate de los Estados de Bearne, acordó por unanimidad declarar “traidores a la patria” a todos los que aceptarán el Edicto de Unión con Francia. Por tanto, ningún nabarro ni bearnés tienen a los borbones como reyes, pues este es un acto de alta traición al Estado baskón de Nabarra, según dictó nuestra jefatura de Estado.

Castillo de Pau (Bearne) de los reyes de Nabarra

La actual bandera de Andorra tiene todavía en su escudo el de Foix y las vacas del Bearne junto con la bandera aragonesa-catalana y la mitra y báculo del obispado de la Seu de Urgell, siendo copríncipes el obispo de la Seu de Urgell y el Presidente de la República francesa como "señor de Foix", pero que lo es cuando usa los derechos usurpados mediante la ocupación armada del reino de Nabarra y vizcondado de Beárn, los únicos herederos legítimos de los condes de Foix. Durante el poco tiempo que Andorra y Nabarra compartieron jefe de Estado, eran en realidad Estados en todo soberanos, por lo que el reino de Nabarra no influyó en la política andorrana, aunque en ambos dos el derecho pirenaico común seguía en vigor, para entonces el euskera había desaparecido del todo como idioma hablado en Andorra.



9. EL EUSKERA EN EL DUCADO DE GASCUÑA-AQUITANIA Y EN EL DEL BEARN





Fue César Augusto quién creó la provincia romana de Aquitania, en la cual unió a los "ausko" que daba nombre a la misma (en plural auski más un sufijo de lugar como hemos visto), cuyo territorio también se llamó Novempopulania, y los celtas que ocupaban la comarca entre los ríos Garona al Loira. A la caída del imperio romano, esta comarca dará lugar al ducado de Baskonia donde estará su poder ducal que llegará hasta los territorios euskaros al sur del Pirineo.

Quedó separada la Aquitania celta (Garona-Loira) con la capital del ducado, Toulouse, desde la muerte del duque de Baskonia-Aquitania Waifre en el año 768 y mandaba en ella Hunaldo II, éste estaba totalmente sometido con el pueblo aquitano a Carlomagno, aunque no fue así al principio: Annales regni Francorum (año 769): “Hunaldous voluit rebellare totam Wasconiaus et Aquitaniam”.

En la Baskonia continental (Garona-Pirineos) gobernaba un duque independiente de los francos y separado por primera vez de los aquitanos de origen celta. Carlomagno logró el sometimiento formal de este duque de Baskonia, Otsoa o Lupo II. Pero Lupo II llegó a secuestrar al duque aquitano Hunaldo para evitar con ello la separación formal de Baskonia y lo que ya se conocerá como Aquitania, pero Carlomagno reaccionó de inmediato, Eginardo, cronista del emperador Carlomagno, comentaba: “Con la advertencia de que, si no se atenía a lo mandado, tuviera por cierto que penetraría por Baskonia en son de guerra y no se retiraría de ella hasta que se pudiese un término a su desobediencia. Aterrado Lupo por los emisarios del rey, entregó sin dilación a Hunaldo y su mujer, prometiendo sobre eso que ejecutaría cuando mandase”.

Se sucedieron 55 años de disputas contra el imperialismo franco, los baskones no se sometieron, incluso tras fuertes derrotas, incumplieron su palabra de rendición y se levantaron en continuas rebeliones que desesperaban a los francos y sus cronistas. Fue probablemente éste el momento en el que la Baskonia peninsular (al Sur de los Pirineos) dejó de ser controlado por los duques baskones y cuando surgieron diferentes buruzagis que eran los que realmente controlaban el territorio contra asturianos (que pasarán por ser el último reducto “godo”) y musulmanes: por un lado la comarca de Pamplona, Tierra de Deio (Deierri), la de Berrueza, Tierra Estella, los valles pirenaicos del Baztan, Salazar y Ronkal, por otra parte, eran tierras independientes cuando menos Alaba y los Castillos ("Alaba y Al Quila"), también la Bizkaia primigenia. La Bureba fue ocupada militarmente por los asturianos, que llegaron en el momento de máxima expansión hasta el río Baias, al Oeste de la actual Vitoria-Gasteiz, pero por breve tiempo.



“Alabanque, Bizcai, Alaone et Urdunia, a suis reperitur semper esse possessas, sicut Pampilona, Deeius est atque Berroza.” Crónica asturiana de Alfonso III el Magno (866-909), llamada también de Don Sebastián, pero que se refiere a Alfonso II el Casto (789-842). La crónica del árabe Ibn Idhari, no deja dudas de la unidad baskona y de la independencia bizkaína (año 796): “Alfonso (se refiere a Alfonso II de Asturias) había pedido ayuda a los países vascos y a las poblaciones vecinas”. El relato de Ibn Al-Athir habla también de que: “Alfonso había logrado la ayuda del rey de Bizcaya, su vecino (…)”.

Es significativo que la primera vez que aparece escrita la palabra “Nabarra” es en las crónicas francas hacia el año 769, un año después de la muerte de Waifre, se trata de un texto de los Anales Tiliani, que hace referencia a las gestas de Carlomagno que sojuzgó a los “Hispani, Baskones et Nauarri”, siendo Pamplona “oppdium nauarrorum”. Según dejó escrito el biógrafo del rey franco Carlomagno de nombre Eginhard (770-840), el río Ebro nacía en “territorio de los nabarros”, por lo que bajo este nombre denominaba a todos los baskones del sur de los Pirineos. Ese mismo año 769 Carlomagno construyó junto a Burdeos la fortaleza de “Franciacum”, frontera entre vascos y francos.

Cuenta Antón Erkoreka el antecedente de la gran Batalla de Roncesvalles-Orreaga: “Esta historia tiene un antecedente bien conocido que es el paso de los Alpes por el ejército de Carlomagno justamente cinco años antes de Roncesvalles. El emperador había ampliado las fronteras del reino franco, sometiendo a los sajones al norte, luchando contra los bávaros al este, los bretones al oeste y los aquitanos y vascones al sur. En marzo del año 773, también tomó la decisión de conquistar el reino lombardo, al norte de Italia, aprovechando la llamada de auxilio del Papa Adriano. En verano de ese año, reunió su ejército en Ginebra para atravesar los Alpes por el paso del Grand St. Bernard (actualmente en la muga entre Suiza e Italia) y poder llegar al Valle de Aosta y al norte de Italia. Atravesar los Alpes con un ejército siempre ha sido una gran hazaña y grandes conquistadores como Aníbal, Carlomagno o Napoleón han conducido sus ejércitos por diferentes pasos de montaña para llegar a Italia (…).



Los exploradores del ejército de Carlomagno que se adelantaron para preparar su paso, comprobaron que tropas lombardas estaban emboscadas a la salida del Grand St. Bernard para atacar al ejército franco. Carlomagno, que era un estratega consumado, decidió mantener la entrada del grueso del ejército por el Grand St. Bernard, pero envió una parte del mismo por la actual Saboya, más al Sur del Col de Petit St. Bernard, concretamente por el Col du Mont Cenis (actualmente en la muga entre Francia e Italia, entre las ciudades de Grenoble y Turín). Estas tropas bordearon el Valle de Aosta por el Sur y atacaron por la retaguardia a las tropas lombardas emboscadas, diezmándolas y obligándolas a huir antes de la llegada del grueso del ejército carolingio.

Una estrategia militar elaborada como correspondía a un gran ejército que había conquistado media Europa. Tras esta primera victoria franca, el ejército lombardo se encastilló en Pavia, que fue cercada por Carlomagno, resistiendo la ciudad hasta la primavera del 774. Dueño de la situación, el emperador se permitió viajar hasta Roma, donde el Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección fue tratado por el Papa Adriano y el pueblo de Roma como un liberador, quedando así legitimado como el gran emperador cristiano de Occidente. Tras conquistar la ciudad de Pavía, el emperador se declaró “Roi des Francs et Lombards” por primera vez en un Acta del 5 de junio del 774, autoproclamándose también “Patrice des Romains”.



Nabarra parece venir de la voz vasca "Nabar", "planicie entre las montañas" (según los prestigiosos historiadores Arnaud Oihenart o Arturo Kanpion entre otros). Como señala el gran historiador nabarro Jimeno Jurio: “por los años 800 aparecen mencionados los nauarri. Los cronistas francos llaman así a los pobladores de la región que se extiende por la vertiente sur de los Pirineos occidentales. A este grupo humanos pertenecía Pamplona, oppidum nauarrorun. Desde los albores del siglo IX el apelativo nabarro designó, al menos en tierras norpirenaicas, el tellus o País situado en la vertiente sur del Pirineo y habitado por euskaldunes”.

Estos territorios que surgen como organizaciones independientes tras la muerte de Waifre, se empezarán a unir de nuevo tras derrotar a un ejército de unos 20.000 francos el 15 de agosto del 778 en la Gran Batalla de Orreaga-Roncesvalles. Según el historiador Jimeno Jurio, en esta batalla también podían haber participado gipuzkoanos, baskones del norte, bearneses, y gentes de Bigorre, como lo atestiguaría un documento lapidario de San Juan en Pasaia (Pasai Donibane).

Según la tradición franca, los 12 pares de Francia, las 12 familias más importantes del reino franco, habrían muerto en esta batalla, entre ellos el senescal de Carlomagno (el primero entre los caballeros): Eggihardo o Aggiardo y el famoso Roldán, prefecto de Bretaña y sobrino de Carlomagno. En esta batalla, un importante contingente de un ejército ligero, habría derrotado a otro desconocedor del terreno y que venía de una campaña contra los musulmanes y el asedio a Zaragoza. El estímulo baskón pudo ser variado, destacando la venganza por la muerte de Waifre o la quema de Pamplona, pero, ante todo, sería una batalla por mantener su independencia y parar el avance del Imperialismo franco. El mencionado Lupo II, “Otsoa” en euskara, 768-778, que por primera vez mandó solo sobre Baskonia y no sobre Akitania, fue el buruzagi que derrotó a Carlomagno en Orreaga-Roncesvalles en el 778.

Carlomagno se vengó de esta gran derrota sufrida creando fracciones territoriales en Baskonia-Akitania con numerosos Señores feudales al frente y alentando la división entre las principales familias aquitanas y baskonas, nombrando a su propio hijo, Ludovico Pío o Luis el Piadoso, rey de las mismas.



Cuenta Antón Erkoreka que “A partir de Roncesvalles, los vascones se mostraron extremadamente activos contra los francos, llegando a atacar la capital de Aquitania y a secuestrar al conde de Toulouse, Chorson, entre los años 787 y 789. Las fuentes francas citan como responsable de la operación a un jefe vascón llamado Adalric. Este líder militar, que bien pudo haber participado también en Roncesvalles, no consiguió su objetivo porque Carlomagno destituyó al conde Chorson y nombró conde de Toulouse a su primo Guillermo (Guillaume=Guilhem) que jugó un gran papel en los siguientes quince años hasta que, en 806, se retiró a un monasterio en Gellone, donde es venerado con el nombre de Saint-Guilhem-du-Désert”.

En el 781 dividió a los baskones y aquitanos en cuatro: la parte oriental se llamaría ahora la Aquitania primera con su capital en Bourges, la zona contigua a la costa sería la Aquitania segunda con capital en Burdeos, Narbona sería la tercera zona con capital en la ciudad del mismo nombre. La cuarta sería Baskonia con capital en Euaze (antigua capital de Novempopulania), que abarcaría desde el Garona hasta los Pirineos, diferenciando Baskonia Ulterior (Garona-Adour) y Citerior (Adour-Pirineos), tal y como recoge el escudo del municipio actual de Saint Servent en Gascuña. La Baskonia Ulterior trató Carlomagno dividirla a su vez según su grado de romanización, pero sin conseguirlo.

La influencia de la Baskonia continental desde donde emanaba el poder ducal, es muy patente en los restos de armas y otros objetos hallados en las diferentes excavaciones de las Basconia peninsular



La Baskonia Citerior en realidad escapaba al control franco, al menos al sur de Dax, pues las propias crónicas francas hablan de revueltas continuas y de inestabilidad por la "perfidia" baskona. “Historia General del País Vasco” Manex Goyenetche comenta que: “Hacia el siglo VI, el eje Lescar-Aire constituirá una especie de frontera (marca) vigilada por un duque franco. Pero en la segunda mitad del siglo VIII, parece que los vascones habían extendido su control político y militar hasta el Garona, según el continuador de Fredegario: en al otro lado del Garona”. Incluso con el carolingio Luis el Piadoso (s. IX, nieto de Carlomagno), Manex Goyenetche comenta que: “Dax jugaba el papel de ciudad fronteriza, de territorio fronterizo”.



En el año 812 Ludovico Pío: “Cuando llegó el verano, convocó en asamblea general a su pueblo, puesto que había oído que un grupo de vascones, que en otro tiempo estuvieron bajo su dominación, se había sublevado y se había puesto en la vía de la rebelión, impulsado por ideas de separación y, como así lo exigía el bien público y el interés del pueblo, postuló por reprimir aquella revuelta. La voluntad del rey fue aprobada y alabada por todos, puesto que era preciso no solo rechazar aquella acción sino también castigarla severamente. Se procedió, por consiguiente, a la movilización de tropas y ponerlas en marcha. El ejército llegó a la ciudad de Dax y (Ludovico) ordenó que los que le había sido infieles se presentaran ante él. Pero como rechazaron tal, avanzó hacia ellos y ordenó manu militari la incautación de todos sus bienes. Al fin, viendo que todo lo que les pertenecía había sido saqueado, se presentaron ante él implorando perdón y, habiendo todo perdido, obtuvieron la gracia del perdón. 

Tras atravesar con dificultad las montañas de los Pirineos, descendió hasta Pamplona y permaneció allí todo el tiempo pertinente, puesto que había decidido que aquello era lo más útil tanto para bien del público como para el privado. Pero como había de volver por aquellos pasos estrechos, y los vascones, por su naturaleza y costumbre, estaban dispuestos a engañarle, tomó medidas de prudencia y seguridad. Y es así que uno de los que había sobresalido en la provocación fue capturado y ahorcado, los otros fueron detenidos y las mujeres y los niños retenidos hasta que los nuestros hubieron logrado hacer la travesía, sin que el comportamiento fraudulento de aquéllos ocasionase entuerto alguno al rey o a su ejército” (Astrónomo, “Vida de Luis”).

Parte de los baskones de la zona de Toulouse, Fezensac, que quedaron dentro del ducado de Aquitania, ahora separados de Baskonia, se alzaron en armas pidiendo su inclusión en el ducado de Baskonia en el 801 y quemaron a los gobernantes impuestos por el hijo de Carlomagno, Ludovico, que en represalia mandó un ejército e hizo lo mismo con los alzados al mando de Adalarico. Incluso en la zona norte de Baskonia, como es Toulouse, los francos tenían serios problemas para controlar el territorio en estos años.

Eginardo, cronista del emperador Carlomagno comenta: “Amplió... ciertamente el reino de los Francos... Ya que, sin anteriormente este se limitaba a la parte de la Galia que se extiende entre el Rhin y el Loira, y el Poniente y el mar baleárico, ya parte de Germania… él, mediante las guerras referidas, se anexionó Aquitania y Baskonia y toda la altura del monte Pirineo, y hasta el río Ebro, el que naciendo en territorio de los Nabarros y tras discurrir por los fertilísimos campos de Hispania, se derrama en el mar baleárico bajo las murallas de la ciudad de Tortosa; luego toda la Italia…”. Por tanto, los nabarros llegaban hasta el nacedero del río Ebro.



Carlomagno fue el más grande de los reyes francos y el más grande de los reyes desde la caída del Imperio Romano Occidental siendo elevado a “Patricio romano” como su padre, y a “Emperador” y a “augusto”, títulos romanos que en principio solo correspondían al Emperador de Bizancio y que supuso la ruptura definitiva entre el derruido Imperio Occidental y el Oriental, donde el Imperio creado por los romanos, aunque totalmente helenizado, se mantuvo varios siglos más, y donde a todos los Occidentales se les llamará con desprecio y desde entonces: “francos”. Además, supuso la separación definitiva entre los cristianos Ortodoxos Orientales y los Católicos Occidentales que quedaron bajo la guía espiritual del Papa romano.



“(Carlomagno) Expandió los distintos reinos francos hasta transformarlos en un Imperio al que incorporó gran parte de Europa Occidental y Central. Conquistó Italia y fue coronado Imperator Augustus[] por el Papa León III el 25 de diciembre de 800 en Roma. De este modo sucedía al Imperio Bizantino como protector de la cristiandad. Ante la indignación inicial de Constantinopla (Bizancio), en 812 se firmó un acuerdo entre los dos mandatarios, y de nuevo hubo dos emperadores en Europa, uno en Oriente y otro en Occidente”.[

Los francos escribirían la famosa canción de gesta sobre la batalla de Orreaga-Roncesvalles conocida como la "Chanson de Roland" sobre el año 1100, considerado el primer texto en francés, es el conocido como “manuscrito de Oxford”, donde los vascos se convierten en sarracenos (musulmanes) y los francos son maravillosos caballeros católicos, aunque cuando va a morir Roldán dice:

“Los filos de Durindana
al vascón no le han mellado,
ni este fuerte y duro acero
pudo resistir su brazo.
Estando en estas congojas,
Alzó los ojos llorando,
Y por una cuesta arriba
Huyendo vio a Carlomagno:
Solo, triste y sin corona,
De sangre bañado, Y al dolor de verlo así
¡muerto cayó del caballo!”.


Restos de guerreros baskones en Aldaieta (Nanclares de Oka, Alaba), fuertemente armados con franciscas y espadas de gran factura técnica y con hierro alabés


Carlomagno murió en el 814. Su idea fue la de dividir el reino según las costumbres francas, pero solo uno de sus tres hijos legítimos le sobrevivió, Ludovico Pío o Luis el Piadoso, que carecía del vigor del padre. La nueva dinastía franca será conocida como “carolingia”, en honor a Carlomagno.

Pasaron varios siglos en los cuales la Aquitania franca disputaba el ducado de Baskonia a Nabarra. En el año 1033 los duques de Baskonia y los reyes de Pamplona-Nabarra estaban emparentados desde sus inicios, hasta tal punto que el duque de Baskonia Sancho Guillermo vivía en la corte de su sobrino Sancho III el Mayor, al que dio el vizcondado de Lapurdi primero y le hizo duque de Baskonia a su muerte. Pero el duque Guillermo de Aquitania, vasallo del rey francés, y que estaba casado con la hermana de Sancho Guillermo, aprovechó la muerte de Sancho III el Mayor para invadir el ducado de Baskonia para su hijo Eudes o Eudón, aunque la resistencia fue importante y la ocupación no fue definitiva hasta 1063.

Gracias a que Sancho III el Mayor había creado el vizcondado de Lapurdi (mucho más extenso que la actualidad) separado del ducado de Baskonia, el río Adour que desemboca en Baiona quedó como la nueva frontera. 

El norte del antiguo ducado de Baskonia dominado por Aquitania se romanzó y será llamado Gascuña (“Wasconia” era como se escribía), recordemos que en el año 1130 el rey de Nabarra Alfonso “el Batallador” I expulsó de Baiona al conde de Aquitania y Tolouse Guillermo X “el Teólogo” que se había encerrado en ella para seguir con su expansionismo, para ello contó con escuadras bizkaínas, gipuzkoanas y labortanas, algunas construidas exprofeso sobre el mismo río Adour. Baiona volvió a Gastón de Beárn, conde de Baskonia y Lapurdi, vasallo del rey nabarro. Baiona era en esa época el principal puerto nabarro y de todo el Cantábrico y donde Alfonso I en su testamento dice que empieza el reino de Nabarra bajo su cetro.

Ricardo Coranzón de León y Berenguela de Nabarra


Durante los años 1152-1193 se produjo la ocupación militar por parte del ducado de Aquitania de la Baskonia continental que se escapaba a su control: Lapurdi, Dax, Zuberoa y el Beárn. Lapurdi y su vizconde nabarro cayeron en 1174, pero se mantuvo la resistencia nabarra unos años más, incluida Baiona. Tras una fuerte lucha que duró casi 10 años, Baiona sucumbió definitivamente a las tropas aquitano. En el año 1193, el vizconde nabarro de Lapurdi Guillermo Raimundo de Sault o Zaldua (1192-1197) cedió sus derechos al conde de Aquitania Ricardo “Corazón de León” que había recibido el ducado de su madre Leonor de Aquitania. 

Ricardo "Corazón de León"

Berenguela de Nabarra

El último vizconde de Lapurdi fue sustituido por un funcionario llamado “baile, bayle, balio” aquitano, equivalente a las figuras coloniales corregidor en la Nabarra Occidental y al virrey de (Alta) Nabarra, perviviendo los Fueros o el derecho pirenaico como en gran parte del reino. Aun así, Lapurdi y Zuberoa mantuvieron el vasallaje a su reino baskón. 

Ricardo heredó de su padre Enrique II de Plantagenet la corona inglesa y se casará con la princesa nabarra Berenguela para pacificar el territorio de Baskonia que acababa de conquistar, pero la prematura muerte de Ricardo sin descendencia frustró el acuerdo. El retablo de Aralar habría sido un presente de boda del aquitano a Berenguela.

El regalo de bodas de Ricardo a Berenguela sería esta talla de San Miguel de Aralar

Entre los 1193 y 1234 se creó Baja Nabarra, la cual la conformaron las tierras hasta entonces labortanas de Ciza, Baigorri, Orzaize, Irisarri, Iholdi y Armendaritz. Se añadieron también el señorío de Mixe-Ostabaret (desmembrado del vizcondado de Dax a mediados del siglo XI rindiendo vasallaje a Nabarra desde 1196) y el Señorío de Gramont, de donde vendría la familia de los agramonteses. En 1234 Armando Raimundo de Tartas de Ostabat y Mixa, Gastón del Bearne y Ramón Guillermo de Sola y Agramont, rindieron homenaje a Sancho VII “el Fuerte” poco antes de morir, lo que asentó la Tierra de Ultrapuertos o de vascos en Nabarra.




Durante los 1239-48 Nabarra declaró la guerra a Aquitania-Inglaterra tras la quema de su nao San Jaime en Plymouth. El rey de Nabarra Teobaldo I el Trovador (sobrino de Sancho VII y su sucesor) liberó Baiona en el año 1244 así como toda Lapurdi hasta Hasparrena (castillo de Salt). El conde Ramón Guillermo de Zuberoa y el conde de Pallars Regenio de Cominges rindieron vasallaje al rey Teobaldo. La paz vino en 1248 tras el Pacto de Ainhoa entre Teobaldo y el senescal aquitano-inglés Simón de Monfort, conde de Leicester. Se perdió definitivamente Lapurdi.


El duque de Aquitania, vasallo del rey de Francia por este territorio y Normandía, a la sazón el rey Enrique III de Inglaterra, intentó en 1257 dominar directamente el vizcondado de Zuberoa, pues no le bastaba con que fuera su vasallo ya que también lo era de Nabarra. El 12º vizconde de Zuberoa, ricohombre nabarro, Oier III (Auger) de Mauleón perdió la batalla y huyó a la corte del rey de Nabarra Teobaldo II, con el que acudió a la 8ª y última Cruzada. 


Se produjo la liberación de Zuberoa en el año 1299 aprovechando la guerra entre Francia e Inglaterra, regresó el vizconde de Zuberoa Oier III a para tomar el castillo de Maule y fundó la actual población de Atharratze. Logró mantenerse como vizconde de Zuberoa hasta 1309 que fue expulsado por el duque de Aquitania y rey de Inglaterra, Eduardo I. Es entonces cuando Oier de Mauleón volvió a la Corte Nabarra donde fue nombrado “alférez mayor” de su ejército y tenente de Rada, al norte de las Bardenas, por su lealtad al reino baskón.

No es hasta el año 1453 cuando Lapurdi, Zuberoa y Gascuña quedaron en poder de Francia que arrebató el territorio poco a poco a Aquitania-Inglaterra durante la “Guerra de los 100 años”, nombre que nos da la idea de la conquista gradual que se produjo de la Baskonia continental por Francia. 

Durante la Guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia, las tropas del ejército francés de Carlos VII encabezadas por el vizconde del Beárn, Gastón de Foix, tomaron en 1449 Zuberoa y su castillo de Maule, en 1450 Lapurdi y un año después Baiona. Gastón de Foix era un vizconde independiente en su Estado del Beárn desde el siglo XIII, pero rendía vasallaje al rey francés por otras posesiones. Estaba además casado con Leonor, hija de la reina de Nabarra y de Juan de Aragón, por lo que contó con la ayuda de las tropas Nabarras en la toma del castillo de Mauleón, y rendía vasallaje a los reyes de Nabarra, siempre que no fuera en una guerra contra el rey de Francia. A la muerte de Juan de Aragón, Gastón de Foix fue el nuevo rey consorte de Nabarra.


En el año 1479 con la llegada a la corona nabarra de los Foix, el hijo de Gastón, Francisco Febo I (1479-1483) era rey de Nabarra, vizconde de Bearne y copríncipe Andorra, Estados igualmente independientes. Pero será vasallo del rey francés en su territorio de Foix, así como en los condados del antiguo ducado de Baskonia continental o Gascuña de Bigorra, Marsan, Gabardan y Nebouzan. Además, poseerá Castellbó en alto Urgell. En el año 1522 se añadirán a la corona nabarra los territorios de los Albret al casarse la hija de Francisco, Catalina I de Nabarra, con Juan de Albret o Labrit, los condados gascones de: Albret, Tartas y Armañac y los aquitanos de Perigord y Limoges.

Durante los años 1527-30 Los soldados nabarros de Enrique II de Albret el Sangüesino con sus aliados bearneses, gascones y franceses, liberaron Baja Nabarra que también había sido tomada Castilla en la conquista de 1512, para ello contaron con la ayuda de la población contraria a su integración Castilla. Tal y como el sangüesino dejó escrito, el reino de Nabarra comprendía: “Guipúzcoa, Bizcaya y Alaua (sic.) y mucha parte de Rioja hasta el olmo de Burgos (…) como las sepulturas que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parecen las armas de Navarra, así como en Logroño y en otros lugares, que de poco acá se han borrado”.



Tal y como hemos comentado, en el año 1620, se produjo la ocupación militar de los Estados de Baja Nabarra, Andorra y Bearn por las tropas del rey de Francia Luis XIII, al entrar el ejército francés en sus Cortes y Estados Generales pese a la resistencia armada del pequeño ejército nabarro-bearnés. Eneko del Castillo comenta que en 1593 los reinos de Nabarra y Francia tienen el mismo rey Enrique III de Nabarra (IV de Francia) pero su asesinato en 1610 provocó que su sucesor, Luis XIII uniera ambas coronas. Desde entonces la Baja Nabarra (incluida Zuberoa) y el Bearne fueron convertidos en una provincia francesa más con sede en Pau: Basse Navarre et Bearne. Lapurdi en cambio fue integrado en la provincia de Guyenne et Gascogne. 

La Revolución Francesa de 1789 hizo que todo cambiara. Se creó el departamento de Basses Pyrénées que además de la Baja Nabarra y el Bearne incluía las comarcas de Lapurdi y Zuberoa. 

Al principio se dividió en tres distritos vascos (Uztaritze, Donapaleu y Maule) y tres bearneses (Pau, Oloron y Orthez) pero la eliminación del distrito de Donapaleu en 1800 supuso la desaparición definitiva de la Baja Nabarra como entidad jurídica en Francia. En el mapa de L.L. Bonaparte de 1863 podemos comprobar como son solo dos distritos (Baiona y Maule) los que abarcan a la población vasca, la cual es notable también en muchas poblaciones bearnesas como Eskiula y los colindantes valles de Josbaig y Baretos.


Se fijaron las fronteras por primera vez entre la Nabarra conquistada por España y la conquistada por Francia en el año 1659 con el "Tratado de los Pirineos" en la isla de los Faisanes en el río Bidasoa, llamada "Konpantzia" en euskera, condominio que pertenece durante 6 meses a Irun y otros 6 a Hendaia, hoy municipios de Gipuzkoa-Lapurdi ocupados por España-Francia (único caso de cosoberanía en el mundo). En el año 1765 el rey español y el francés de turno firmaron el “Tratado de Elizondo” (Baztan), para marcar la frontera entre Baja Nabarra y Alta Nabarra, pues no estaba marcada en su detalle sin respetar pueblos y valles. 

Lo cierto es que hasta el "Tratado de Baiona" de 1856, reinando Isabel II en España y el emperador Napoleón III en Francia, el río Bidasoa no fue frontera entre ambos imperios. El último cambio es del año 1984, cuando la frontera fue modificada en el trazado entre los pueblos de Ereta o Areta (Arette, Beárn) e Isaba (Alta Nabarra). La frontera colonial divide municipios arbitrariamente como se hizo en África postcolonial y crea una frontera artificial a la población de la nación nabarra “que canta y baila a ambos lados de los Pirineos” (Voltaire).



Las fronteras de Novempopulania romana y el ducado de Baskonia-Gascuña

El historiador gascón Halip Lartigue, nos da los límites de la Novempopulania romana y del ducado de Baskonia-Gascuña en los siglos X-XI en su trabajo “Novempopulània - Lo ducat de Vasconia jos lo regnat deus ducs Guilhèm Sanç e Sanç Guilhèm aus Xau e XIau sègles - Gasconha deu tèmps de l’Ancian Regime La Gasconha lingüistica a la fin deu sègle XIXau”:

“Estos son, por supuesto, límites aproximados en la medida en que, para esas edades distantes, uno no puede asegurar y ciertamente no trazar límites precisos, como lo son los de nuestros estados modernos. Sin embargo, los datos históricos y toda la investigación llevada a cabo por los historiadores permiten tener una idea de lo que debería ser esta frontera que separa a los Aquitanos / Novempopulanos de sus vecinos. Escritos antiguos, toponimia y lingüística son ayudas valiosas. Finalmente, los límites de las antiguas diócesis de la Iglesia Católica también son indicaciones. Diremos que el límite así dibujado es una indicación probable, sin decir nada más.

Este límite, de color gris, aparece casi por completo en el mapa. La antigua Aquitania, convertida en Novempopulania, siendo la prefiguración del ducado medieval de Baskonia y la moderna Gascuña, tomamos esta decisión para presentar todo su contorno.


Límites del Ducado de Baskonia siglos X-XI

Estos son límites ideales, por así decirlo, de la época en que Guillermo Sancho y su hermano Sancho Guillermo duques de Baskonia y condes de Burdeos, los cuales querían restaurar el ducado en su totalidad mientras ya estaba sometido a fuerzas centrífugas que anunciaban su declive y su desaparición. Intentaron restaurar una autoridad, al menos moral, sobre vasallos que se emanciparon cada vez más. El borde está representado por una línea malva que aparece solo cuando no corresponde a la de Novempopulania. Guillermo Sancho se unió a los Agenais y al Condado de Burdeos al Ducado de Baskonia. Sin embargo, podemos suponer que los dos primeros condes de Burdeos, Seguin I y Seguin II (sic.), también fueron condes de Baskonia y que Burdeos estuvo en Baskonia desde entonces.

Gironde 33. Prácticamente todo el departamento era del Ducado de Gascuña, excepto las comunas de Caplong, Eynesse, Les Lèves-et-Thoumeyragues, Ligueux, Margueron, Pineuil, Pessac-sur-Dordogne, Riocaud, La Roquille, Saint-André-et-Appelles, Saint-Avit-de-Soulèges, Sainte-Foy-la-Grande, Saint-Quentin-de-Caplong, Saint-Philippe-du-Seignal, Saint-Avit Saint-Nazaire et Landerrouat.

Dordogne 24. Las comunas de Biron, Vergt-de-Biron et Loubejac étaient dans le duché de Gascogne.Lot-et-Garonne 47. Prácticamente todo el departamento era de Duchy Gascon, excepto las comunas d’Agnac, Cahuzac, Castillonès, Cavarc, Doudrac, Douzains, Ferrensac, Grayssas, Lalandusse, Mazières-Naresse, Parranquet, Rayet, Rives, Saint-Quentin-du-Dropt, Saint-Martin-de-Villeréal et Tourliac

Tarn-et-Garonne 82. El límite del Ducado de Gascuña incluía las comunas de: Valeilles, Saint-Beauzeil, Roquecor, Lacour, Valence, Goudourville, Saint-Vincent-l’Espinasse, Malauze, Pommevic, Merles, Saint-Nicolas-de-la-Grave, Caumont, Saint-Arroumex, Lavit et Maumusson.

Gers 32. Las siguientes comunas eran límite, ducado lateral de Gascuña: Castéron, Gaudonville, Tournecoupe, Estramiac, Homps, Montfort, Labrihe, Sérempuy, Mansempuy, Saint-Antonin, Saint-Sauvy, Sainte-Marie, Aubiet, Juilles, Saint-Caprais, Aurimont, Tirent-Pontéjac, Blanquefort, Saramon, Mongauzy, Gaujac, Sabaillan et Cadeillan.

Haute-Garonne 31. El límite del ducado de Gascuña estaba constituido, en el lado de Gascuña, de las siguientes comunas: Boissède, L’Isle-en-Dodon, Anan, Saint-Frajou, Fabas, Salern, Saint-André, Boussan, Montoulieu, Alan, Le Fréchet, Mancioux, Roquefort-sur-Garonne et Ausseing.

Ariège 09. Estaban en el ducado de Gascuña Fabas, Tourtouse, Lasserre, Montardit, Contrazy, Montesquieu-Avantès, Lescure, Rimont, Montseron, Durban-sur-Arize, Allières, Labastide-de-Sérou, Cadarcet, Alzen, Montagagne, Sentenac-de-Sérou, Boussenac, Massat, Le Port et Aulus.

Val d’Aran en su totalidad”.

Comunidad Foral de Navarra: El extremo norte de la actual Navarra estaba en el territorio de Tarbelles, en Novempopulania, era entonces del obispado primitivo d’Aqua Tarbellicae, el ducado de Gascogne y luego el obispado de Labourd-Bayonne hasta el final del siglo XVI. Por lo tanto, el límite era la cuenca hidrográfica entre el Atlántico y el Mediterráneo. Son los siguientes municipios: Luzaide, Baztan, Bertizarana, Donamaria, Oitz, Urrotz, Labaien, Saldias, Eratsun, Ezkurra, Leitza, Areso.

Provincia de Gipuzkoa: Las mismas observaciones hechas para el noroeste de Alta Nabarra son válidas para toda la parte noreste de Gipuzkoa. El valle de Urumea era el límite del ducado, a lo largo de una línea que incluía Donostia, Lasarte-Oria, Andoain, Billabona, Berrobi, Belauntza, Leaburu, Gaztelu, Orexa. Además de los municipios ya mencionados, Hondarribia, Irun, Pasaia, Lezo, Oiartzun, Errenteria, Hernani, Urnieta, Astigarraga, Elduain y Berastegi.




El euskera en el ducado de Aquitania y el condado del Beárn:

Julio Caro Baroja (1915 Madrid- 1995 Bera) en su libro “Sobre la lengua vasca y el vasco-iberismo” comenta que “no hay razón para dejar de admitir que en Aquitania se habló vasco hasta la Edad Media”. Los francos serán los que terminen de generalizar el término waskones o baskones pues los ven como un único Pueblo y no hay posibles interpretaciones en otro sentido: son todos vascos por la lengua que hablaban, el “vasco” o euskara.

El sonido del euskera no resulta extraño a los Pirineos, a nuestro Auñamendi, ni por Oeste, pero tampoco por el Este, ni al Norte ni al Sur de la cadena montañesa que nunca fue obstáculo sino refugio del euskara, nexo vertebrador entre la Baskonia aquitana y la ibérica. Solo hay que echar siglos y guerras hacia atrás para que la primera lengua europea resuene con su inconfundible voz, la única no indoeuropea en el occidente continental.


EL EUSKERA EN GASCUÑA Y EL BEÁRN



Vizconde bearnés s. XIII (Baleares)




Luis Nuñez Astrain (1939-2009 Donostia) en el “Euskera arcaico” comentaba al respecto: “Esta comarca soportaba en época romana una población alta y un comercio intenso por el río Garona con Burdeos como principal puerto. 

El profesor Joaquín Gorrochategui ha estudiado comparativamente la densidad de nombres vascos y de nombres galos en las lápidas latinas de cada zona de Aquitania, tras lo cual, ha llegado a la conclusión clara de que la lengua eúskara era netamente dominante en la cuenca del Adur (Baiona-Dax/Akize, pueblo de los tarbelli, los más rebeldes a la conquista romana) y en las zonas altas próximas a los Pirineos -oeste y sur de Aquitania- mientras que la lengua céltica de los galos penetraba desde su territorio propio en Toulouse y orilla derecha del Garona hacia la orilla izquierda -norte y este de Aquitania-, desvasquizándola”.


La presencia del euskera en toda Baskonia mientras ésta fue libre es un hecho innegable (s. VI-IX). Es más, la desaparición del euskera de Gascuña incluida el Beárn se precipitó durante del Guerra de los 100 años, quedando reducidos sus hablantes al Pirineo. En el caso de los vizcondados de Lapurdi y de Zuberoa, con su independencia administrativa de Aquitania primero y de Francia después, permitió que el euskera apenas retrocedieses salvo en Baiona-Anglet donde competirá con el gascón, con dos burgos, el euskaldun y el gascón como en la actualidad. La situación es mejor en Baja Nabarra, situada entre ambas y libre de la presión imperialista al seguir dentro del reino de Nabarra.

La Enciclopedia Auñamendi señala que cuando el “Ducado de Vasconia pierde la lengua aborigen quedando fragmentado lingüísticamente en tres zonas, la de habla propia y las romanizadas gascón y navarro-aragonés de la Ribera navarra, Alto Aragón y Rioja, que permanecieron largo tiempo bilingües. La supervivencia de nombres euskéricos en la mitología gascona y, sobre todo, la densa toponimia vasca en territorio gascón actual estudiada por Corominas, el nombre Vasconia = Gascuña y, sobre todo, su historia medieval, dejan ver a las claras que el actual país de habla vasca es un territorio residual de esa Euskalerria medieval”.




En el caso del Beárn pese a ser también un Estado soberano desde el siglo XIV, independiente de Gascuña-Aquitania y por tanto de Francia, la situación del euskera era bien distinta. El idioma gascón y su dialecto bearnés, son fruto de la sobre posición del latín y del euskara, idioma éste del que derivarían el 20% de las palabras en gascón. Como algunos de ellos señalan con orgullo hoy, los gascones serían “vascos romanzados”. Estos dos idiomas se diferencian claramente de los idiomas occitanos, pese al intento de éstos de integrarlos como un dialecto de la “lengua de Oc” o idiomas “occitanos”.

Según la Enciclopedia Auñamendi, Gerhard Rohlfs (Le Gascon, Pau, 1970) “ha estudiado detenidamente el gascón, dice que no nos hallamos ante uno de los dialectos del dominio provenzal, sino ante un idioma que por sus peculiaridades se aproxima a lo que consideramos como lengua independiente. Una opinión parecida sostenía ya Luchaire, verdadero fundador de la filología gascona, cuando dice que por su situación sobre el territorio de una vieja lengua iberoeuskariana -la de los antiguos aquitanos-, el gascón tiene un lugar aparte en el conjunto de dialectos de la lengua de Oc y que merece ciertamente una atención particular de los romanistas”.



Parlamento de Nabarra en Pau (Bearne), desde 1620


Del mismo modo se expresa el provenzalista alemán Carl Appel: "Si en alguna parte hay una frontera absoluta entre los dialectos de Francia, es en la frontera del Garona, que separa los dialectos bearneses y gascones de los de Languedoc. Es pura convención separar del complejo occitano la lengua del Roussillon, pero no el gascón".

Es evidente que, en la Aquitania medieval la cual no era un Estado independiente sino un apéndice de la corona franco-francesa, el euskera fue barrido por los idiomas romances salvo en el Pirineo central. El caso del Beárn, que sí era un Estado independiente y al cual podemos considerar el último reducto del ducado de Baskonia en la parte continental, el euskera se también se limitaba desde su creación en el siglo XIII a extensas comarcas del Pirineo.

El euskera era de uso común en el siglo XIII-XIV en Bigorra (Gascuña), al Este del Beárn y en la Euskal Herria actual. En el registro de impuestos del valle Uhaitz (Ühaitza) en Beárn en el año 1385 (cercano a Zuberoa), los nombres de muchas casas están en gascón y en euskara, lo que demuestra el uso de ambos idiomas.


Juan Iñiguez de Ibargüen de la merindad de Zornotza sobre el año 1588 escribió su “Crónica General Española y Sumaria de la Casa de Vizcaya, y su antigua fundación y Nobleza”. Se cree Ibargüen fue el escribiente del santanderino García Fernández de Cachopín, por lo que su crónica sobre Bizkaia es llamada de Ibargüen-Cachopín. La crónica es poco rigurosa en cuanto al pasado de Bizkaia - como tantas otras de la época-, pero sí que aporta el testimonio directo de dos personas sobre hechos de los que son testigo, además de una importante recopilación de folclore, dichos, refranes (como el canto de “lelo”) o de leyendas. El autor nos da también información sobre el euskera que se hablaba en cada municipio bizkaíno, e incluso los lugares en el que aún se hablaba a finales del siglo XVI:

“(...) este bascuençe antiguo se habla perfectamente como de primero en su principio en la probinçia que agora es llamada Viscaya, y lo mejor y más claro de ello y más elegante y pulido en la tierra que está entre Vermeo y Durango. El cual lenguaje bascongado muy çerrado y con otros munchos açentos y sonidos diferentes lo usan y hablan tanbién en las probinçias de Guipúscoa, Nabarra, Álaba y Gascuña y comarcas çercanas, y los unos muy más çerrado que los otros”.

“(…) Y esto pasó tan adelante que oy día a culquiera bascongado mediante este abuso todos en general les llaman proprios vizcaínos, siendo, como son, fuera destos originarios de Vizcaya, otros munchos bascongados, llamados guipuscoanos, bascones, nabarros, alabezes y otros que hablan bascuençe, aunque corruto, que no cuento por pasar de largo en cosas que me parece lo debo hazer”.

Aunque la frontera idiomática entre el euskera y el gascón se supone que es Baiona, en 1679 el Marques d´Aulroy en su libro “Relation du voyage d´Espagne” comenta que las mujeres de Baiona saben francés pero que de común solo hablan euskera. Pero en 1729 el peregrino de la Ruta Xacobea Guillourme de Marier se tiene que hacer entender en Baiona por señas al no encontrar quien sepa francés, que parece lo conocía solo las clases más altas: “Fuimos a Baiona, la capital de Bizkaia (sic.) o de los “Basque” (…) nuestra principal dificultad fue la desaparición del francés, y no por el español sino solo se oía bizkaíno, más difícil de habla que el alemán”. En esos siglos “bizkaíno” era sinónimo de euskaldun.



En el Beárn se habló euskara hasta los siglos XVI-XVII y en muchos pueblos hasta el siglo XVII. En el libro mencionado de Luis Nuñez Astrain (2003), comentaba este autor que en el Beárn también se habla de forma extensa el euskara junto al romance bearnés hasta el siglo XV cuando menos. En las comarcas gasconas de Bidaxune y Gixune se sabe que perdura el euskara cuando menos a finales del siglo XVIII.

La Revolución Francesa de 1789 hizo que todo cambiara. Se creó el departamento de Basses Pyrénées que además de la Baja Nabarra y el Bearne incluía las comarcas de Lapurdi y Zuberoa. Al principio se dividió en tres distritos vascos (Uztaritze, Donapaleu y Maule) y tres bearneses (Pau, Oloron y Orthez) pero la eliminación del distrito de Donapaleu en 1800 supuso la desaparición definitiva de la Baja Nabarra como entidad jurídica en Francia. En el mapa de L.L. Bonaparte de 1863 podemos comprobar como son solo dos distritos (Baiona y Maule) los que abarcan a la población vasca, la cual es notable también en muchas poblaciones bearnesas como Eskiula y los colindantes valles de Josbaig y Baretos.


1810-12 de Eugene Coquebert de Montbret (París 1755- Egipto 1831) funcionario francés hizo un estudio estadístico sobre los idiomas de todo el imperio francés y realizó los primeros mapas lingüísticos de la Euskal Herria, las mugas del euskera eran según este trabajo de campo: “En dedans/ ochagavia en navarre/ iriberri/ aoiz/ sarauen/ larraona/salvatierra/ la puebla (de Labarca? de Argazón?)/ Orduna/ Salcedo (cerca de Miranda de Ebro). Tout Ie guipuscoa est Basque”.

Por el norte: “Martori (Lestelle Saint-Martory, departamento Alto Garona, Saint-Gaudens). Ce village parle Indifferemment Basque et Bearnais, mais appartient au district Basque (De Candolle - 1807), Dep t des basses Pyrenees. on parle basque dans la commune d'Esquiule qui appartenait au beam et qui fait partie de l'arrond t d'Oloron” (…) “on croit que la Bastide de Clairence (La Bastida, Baja Nabarra) a ete formee par une colonie venue de Bigorre et que c'est par cene raison que Ie gascon y est la langue dominante. Le basque n'est entendu que par un petit nombre d'hab' de cette commune qui est cependane fort avancee dans Ie pays Basque dans bp de communes de langue francaise une partie des hab' entend Ie Basque”.

Y añadió: “la langue basque ou escuare qui se parle sur Ie territoire français dans les arrondissements de Bayonne et de Mauleon et sur Ie territoire espagnol dans Ie Guipuscoa, l'Alava, une partie de la Biscaye, de la Navarre et des montagnes de Santander”.

 Saint Paul Saint Louis


10. ESTADO DE NABARRA, PAÍS BASKÓN




Comenta el experto en leyes e historia de Nabarra Tomás Urzainqui: “Todavía algunos recién licenciados en Historia por la Universidad española (estatal o privada) suelen afirmar con vehemencia que ‘‘la soberanía pertenecía a los reyes hasta que la revolución francesa en 1789 se la dio a la nación o Pueblo’’, pues con este interesado ‘‘dogma’’ les han querido enseñar a matar dos pájaros de un tiro: 1) ‘‘que tanto la nación como la soberanía no existían antes de dicha fecha’’ y 2) ‘‘que por ello los vascos nunca han tenido ni nación ni soberanía’’.

Mientras que el concepto de nación ya aparece en el siglo VI, otra cosa muy distinta es que exista una conexión entre la idea de nacionalidad tal como se entendió en los siglos XVI al XVIII y la idea de soberanía popular ligada a los cambios de 1789. Con el ginebrino Jean Jacks Rousseau (s. XVIII) queda claro que la soberanía radica en el Pueblo; ello no significa que con anterioridad no existiera soberanía. Es en la cultura greco-latina donde en las ciudades Estado y luego en el Estado romano hallamos la concepción de que los ciudadanos pertenecen a la ciudad o Estado, el cual es gobernado por sus representantes. A partir de que la religión oficial del Estado romano es reemplazada por el cristianismo se desarrolla la dicotomía entre el poder espiritual y el poder temporal en la Europa occidental (que no en el resto del mundo), que desembocará en el papado y los reinos europeos occidentales.

Las palabras ‘‘soberanía’’ y ‘‘soberano’’ eran utilizadas desde la mitad del siglo XII por los juristas europeos, con el sentido de ‘‘super omnia’’ y ‘‘superior non recognoscendum’’. En las Leyes que figuran en las primeras redacciones de lo que luego se llamará Fuero General, época de Sancho VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte figura: ‘‘Fuero que ha el rey de Nabarra con todos sus nabarros y los nabarros con el Rey’’. El juramento de los reyes de Nabarra de 1234 mantiene viva la idea de que las cosas juradas no eran concesiones o privilegios revocables, sino que formaban parte de la misma Constitución política del Reino. 

Las Leyes están por encima del Rey. Los estamentos de las Cortes tienen clara conciencia de que actúan en nombre de ‘‘todo el Pueblo de Nabarra’’ o de ‘‘todo el Pueblo del regno de Nabarra’’. En el axioma de las Juntas de Infanzones ‘‘pro libertate patria gens libera state’’ se recoge la constitucionalización del principio de que las libertades públicas y privadas son imprescindibles para la libertad de la nación.

En ninguna otra monarquía europea habían logrado los ‘‘estados generales’’ imponer a la Corona el juramento de las leyes y la reparación de agravios como requisito previo a la investidura real (también con el padre de Sancho VI, García Ramírez el Restaurador, 1134-1150, elegido por una Junta de infanzones contra la voluntad del anterior rey y del propio papa).



En el Proemio del Fuero Reducido de 1528 y en el Preámbulo del Fuero de Beárn de 1551 promulgado por Enrique II de Nabarra, se percibe el sentido republicano de la elección del rey, cuya figura queda supeditada a las libertades. El ejercicio del poder en Nabarra era objeto de un contrato entre el Soberano y las Cortes o Estados Generales, mientras el absolutismo triunfante en Francia y España suponía la organización de un poder político férreamente sometido al control exclusivo del Rey y de sus funcionarios.

La existencia de ‘‘un pacto mutuo entre el rey y los ciudadanos’’, es denominado por la teoría política europea como sistema ‘‘monarcomaco’’, este régimen representaba la negación del absolutismo. Para ellos la vida política del país se regía por un doble contrato: uno entre el príncipe y su Pueblo, y otro entre el Pueblo y la asamblea encargada de representarle; en los dos casos la base del contrato era el respeto de las Leyes constitucionales.


Estas ideas políticas se encuentran en el funcionamiento de las instituciones y estados generales de los países del Estado pirenaico de Nabarra-Bearne-Foix-Labrit (incluidos Bigorra, Coserans, Comminges, Domezan, Armagnac, Andorra, etc.) al menos de 1481 a 1620, prolongándose con dificultades hasta 1789, consiguiendo mientras tanto triunfar definitivamente en los Países Bajos e Inglaterra durante los siglos XVI y XVII.

Los poderes autoritarios e imperialistas, de los que forman parte los Estados gran-nacionales español y francés, aún tras 1789, sedicentemente liberales, no han inventado ni el Estado, ni la nación, ni la soberanía ni la democracia, sino más bien todo lo contrario han envilecido y embrutecido estas magnas construcciones del genio humano. Ingenuidad suprema es dar por buena la descarada falsificación camufladora del poder, ejercido de forma autoritaria, que han hecho los Estados gran-nacionales”.

En el reino de Nabarra las Cortes datan del siglo XI y sus Fueros son incluso anteriores. Los Fueros son las leyes consuetudinarias equivalentes a la Carta Magna o a una Constitución y fueron escritas probablemente con Sancho VI el Sabio a finales del siglo XII, aunque se conserva el Fuero mandado escribir por Teobaldo I al principio del siglo XIII. Los Fueros se fundamentan en la costumbre como base del derecho, a diferencia del derecho latino de Castilla, por ejemplo.


Libro sobre el derecho pirenaico publicado por la Fundación Nabarralde

Nabarra se constituyó por aquella época como un Estado, con todos los requisitos para serlo. García Ramírez, "el Restaurador", y Sancho VI el Sabio le dieron su configuración más avanzada en el siglo XII, dotándole de una administración moderna para su época. Consiguieron controlar a los señores feudales, que participaban en sus Cortes presididas por el rey, lo que les permitía actuar como “soberanos” en su territorio, pero existía la dualidad soberana (gobierno)-Pueblo.

Sin embargo, los reyes nabarros rompieron con el poder de la Iglesia, que acabó por excomulgarlos. Pero Nabarra era una excepción, como dice Urzainqui: “(…) en el Estado nabarro, donde legalmente el Reino compartía la soberanía con el Rey. El Reino estaba encarnado en las Cortes, que a su vez se constituían con los representantes de las universidades (comunidad vecinales o villas), los militares (nobleza) y los eclesiásticos.”.




“Pro libertate Patria, gens libera state” de los infanzones de Obanos, que se puede traducir como: “Por la libertad de la Patria, el Pueblo sea libre ”, junto con la ley de “Alzar al rey” o acuerdo previo entre el soberano y los infanzones junto con otras disposiciones, demuestran el equilibrio del poder del rey y el del Pueblo en el Estado de Nabarra.

Fue el hecho de que el Estado nabarro fuese un Estado moderno, “con una sociedad políticamente cohesionada y unas instituciones sólidas, lo que obligó a los conquistadores a tener que soportar, muy a su pesar, la existencia de un sistema jurídico, político y social mucho más avanzado y desarrollado que el suyo propio”. De ahí, el funcionamiento actual de “residuos” institucionales pertenecientes al Estado nabarro.

Como dejó escrito Joxe Azurmendi: “No tenemos Imperio y así está bien. Lo nuestro es la libertad”.

Las características generales para hablar de un Estado moderno como hemos visto son:
1. El Estado es independiente, no existe un poder superior a él dentro de su jurisdicción: es soberano.
2. Institucionalización política: separación del poder político del religioso.
3. Despersonalización del poder: el poder del Estado existe y se ejerce independientemente de quien lo haga en cada momento.
4. Formalización de ese poder: derechos y jurisdicciones que evitan la arbitrariedad.
5. Integración del Estado en la sociedad: es difícil distinguir el Pueblo de la institución.

1. El Estado es independiente, no existe un poder superior a él dentro de su jurisdicción, es soberano.

El historiador ronkalés B. Estornés Lasa en el libro “Lo que No nos enseñaron” enumera los Jefes de Estado nabarros agrupados en Casas Reales (incluso hoy, muchos Estados europeos actuales siguen este modelo de Estado):

Casa Pirenaica: 17 reyes en 410 años.
Casa Champaña: 3 reyes 40 años.
Casa Francia: 6 reyes 75 años.
Casa Evreux: 3 reyes 92 años.
Casa Evreux-Aragón: 4 reyes 37 años.
Casa Foix-Albert: 5 reyes 131 años
TOTAL: 38 reyes y 776 años (824-1610) más otros 224 años anteriores de duques y príncipes baskones también independientes, lo que nos da 1.000 años de Estado soberano.

La proclamación del rey desde Eneko Aritza (824) se hacía con el rito de “alzar al rey”, donde se decía: “Entonces derrame su moneda sobre las gentes hasta 100 sueldos y se ciña el mismo la espada, que es a semejanza de cruz, en señal de que no se reconoce superior en la tierra”.



2. Institucionalización política: separación del poder político del religioso.

En Nabarra, pese a que el poder de la Iglesia era enorme, el poder político logró mantener su independencia gracias al Derecho Pirenaico. Durante la segunda mitad del siglo XII, tanto el rey García Ramírez “el Restaurador”, como su hijo Sancho VI “el Sabio” y su nieto Sancho VII “el Fuerte”, fueron excomulgados repetidamente por los diferentes papas, sin que eso hiciera mella en su soberanía, es más, fueron los Infanzones Nabarros los que se alzaron y en un ejercicio práctico de poder, impusieron su rey a las bulas papales y su “poder espiritual”. En las Juntas Generales, los eclesiásticos no podían tomar parte, lo que suponía la total separación del poder político y religioso. Es más, en Bizkaia, durante varios siglos el obispo de la Diócesis no pudo entrar en el Señorío.


3. Despersonalización del poder: el poder del Estado existe y se ejerce independientemente de quien lo haga en cada momento.

Tal y como resalta B. Estornés Lasa en el libro mencionado, el rey debe jurar los Fueros para ser admitido como tal por los naturales: “El Fuero contiene la parte sustancial y permanente, que no cambia con el tiempo ni las circunstancias, como la defensa del ciudadano con instituciones que les protegen ante las autoridades arbitrarias”. El resumen es el dicho nabarro: “leyes antes que reyes”.

Garçea o García Ramírez era rey, según su hijo, por la “divina voluntate et fide naturaliun hominum suoarum exhibita”, tal y como argumenta el propio Sancho VI el Sabio y que quedó recogido en el Laudo Internacional de Londres llamado “Division of Kingdons of Navarre and Spain” (1177).

Este Estado moderno tenía un entramado de funcionariados que, desde los primeros tenentes del siglo X o los merinos, fue evolucionando y se adelantó a los Estados de su entorno con la Cámara de Comptos. La Cámara de Comptos fiscalizaba el patrimonio y las finanzas públicas, al igual que un Tribunal de Cuentas moderno, se creó en 1258 y se reforzó durante el reinado de Carlos II de Nabarra en 1365 (tres siglos antes que la Castilla feudal), según recoge la historiadora María Puy Huici en su libro "La Cámara de Comptos de Nabarra entre 1328 y 1512".

Cámara de Comptos

Mientras que Castilla todavía en el siglo XVI era un Estado Feudal totalitario, sin archivos ni documentación central, el Estado de Nabarra los tenía desde 1250. Nabarra era un Estado mucho mejor gobernado que Castilla en cuanto a la eficiencia de sus recursos se refiere, con lo que la conquista castellana primero y española después, solo pudo mermar la capacidad económica y administrativa del viejo reino.

También existían tribunales locales encabezados por los alcaldes, entre otras muchas figuras institucionales que se fueron añadiendo o que fueron desapareciendo según las necesidades de cada momento: el Consejo Real, Caballerizo Mayor, Botiller, Condestable, Mariscal, los Merinos, las Juntas Generales en las diferentes tenencias o merindades del Estado nabarro, los Concejos Vecinales, las anteiglesias, las villas, las Hermandades etc.

4. Formalización de ese poder: derechos y jurisdicciones que evitan la arbitrariedad.

Se tiene constancia de la existencia de Las Cortes desde 1090, tal y como recogen los historiadores Moret o Manrique, como en las reuniones de Sancho Ramírez en Huarte; las Cortes se iban reuniendo cada dos años en diferentes Pueblos nabarros y finalmente en la catedral de Pamplona. A diferencia de Castilla, las Cortes Nabarra estuvieron en vigor con todo su poder y se reunieron mientras hubo reino con poder soberano. En las Cortes de Nabarra cada uno de los tres estamentos tenía un voto y si no se llegaba a unanimidad se volvía a votar hasta dos veces más, entonces la ley quedaba rechazada. Se seguía el procedimiento de la “insaculación” para los delegados populares a las Cortes de Nabarra, sacándose 20 nombres en cada Pueblo, y, después, a puerta cerrada, elegían entre ellos a uno que era quien les representaba.



5. Integración del Estado en la sociedad: es difícil distinguir el Pueblo de la institución.

Nabarra, como previamente el ducado de Baskonia, era una Nación-Estado, aunque dentro de él (como en todos los Estados) hubiese diferentes minorías. Una nación, la baskona, que sobrevivió al imperialismo germánico (franco-visigodo) y musulmán gracias a que se dio a sí misma una estructura política que le permitió defenderse de ellos: un Estado, para lo que tuvo que dejar todo el poder en la figura de un caudillo, conde, príncipe y finalmente rey que logró estructurar un Estado moderno sobre el poder del Pueblo baskón.

Mientras que el sentimiento étnico germánico se sustentaba en los vínculos personales y gentilicios con el jefe, que eran de índole privada, en el Derecho Pirenaico, el apelativo «baskones» hace referencia a un sentimiento de Pueblo, a la pertenencia de todos y a la defensa de los intereses de la colectividad. Este concepto de Pueblo se desarrolla, pues, en el ámbito del Derecho público y el germánico en el Derecho privado.


En el libro “Nabarra es una colonia española y francesa” Jon Oria Oses demuestra lo sumamente avanzado que estaba para su tiempo el reino de Nabarra en cuanto a derechos y sistema jurídico antes de la invasión imperialista franco-española con la ayuda del Vaticano: “Los ingleses, afincados por siglos en la Gascuña (la romanzada Baskonia Continental) e imitadores de nuestro sistema legal y representativo, llamarían a Nabarra la cuna del “sistema justo”, legal y representativo y comienzo de la democracia constitucional en Europa” (…) “Nabarra es considerada por los anglosajones como la cuna del parlamentarismo y de la democracia moderna”.


11. EL EUSKERA Y EL REINO DE NABARRA



Mapa: Eneko del Castillo –blog Nabarlur-


“Nafarroak orduantxe galdu du bere independentzia eta beraz, euskarak galdu ditu bere erregeak, euskarari lagundu ahal izango lioketenak. Beraz, euskara gelditu da modernitatearen hasieran bere alboko hizkuntzek dauzkaten laguntzak gabe”. Joxe Azurmendi (Ur, Su, Lur. Dokumentala -1999-).



El 3 de diciembre se celebra el día de San Francisco de Xabier, nacido en la Nabarra libre en 1506, patrono de la lingua navarrorum o euskera; "No hallava entre ellos otra respuesta sino que eran christianos, y que por no entender ellos nuestra lengua no sabían nuestra lei, ni lo que habían de creer, y como ellos no me entendiesen ni yo a ellos, por ser su lengua natural malabar y la mía bizcaína (sic)" firma: Francisco de Xabierr (sic), en ese siglo, hablar en “bizkaíno” era hablar en euskera.

Los nombres de los primeros reyes nabarros no dejan lugar a dudas sobre su origen baskón. Desde Eneko Aritza a su hermano Garçea Ximeno o su hijo Garçea (“el joven”) Eneko, aunque romanzados o latinizados como “Iñigo” y “García” en algunos documentos. Así lo explica también Tomás Urzainqui en su libro “Nabarra Estado europeo”: “Los reyes de Pamplona y sus familias como se puede comprobar en el Códice de Roda del año 992, escrito en su palacio, se denominaban con nombres en euskara, lo que significa que ésta era la lengua cotidiana y palaciega”



Pero la importancia de los reyes de Nabarra sobre el euskera no está en tener un origen baskón, sino en crear el paraguas político que explica la subsistencia del idioma baskón hasta el presente. Dos personas grandes conocedoras del tema como eran Antonio Tovar y Koldo Mitxelena, en una ponencia de 1968 lo tenían claro: “La lengua vasca se conservó probablemente porque los vascos como los cántabros se rebelaron contra los invasores y no llegaron a ser incorporados a los reinos francos y visigodos”.

El paraguas político vital para su subsistencia y desarrollo social que dio el reino de Nabarra al euskera es una cuestión en la que coinciden todos los historiadores. Por ejemplo, Arturo Campión (s. XIX) en su libro “Nabarra en su vida histórica” sobre Sancho III el Mayor (1005-1035) sentenciaba: “Es de alabar que el rey mantuviese la cohesión, del elemento euskariano, poniéndolo debajo de un mismo cetro”.




No es un pensamiento exclusivo de los historiadores nabarros. El historiador español más influyente del siglo XX, Menéndez Pidal, era de la misma opinión como comentábamos: “(Sancho el Mayor) quiso unificar un gran reino nabarro, predominantemente vascón por su lengua” y escribió en "España y su Historia" sobre el mismo rey: “reparte sus Estados entre sus cuatro hijos, apareciendo como uno de los más audaces estadistas estructuradores de fronteras y de Pueblos, dejando al primogénito García (Gartzea) el solar de la dinastía, el antiguo reino de Nabarra, homogéneamente vascón por su lengua”.

En otro documento de unos pocos años después y reinando el nieto de Sancho III, aparece la situación del euskera como lengua de la Corte Real Nabarra, se trata de una donación de 1060 que, según Mateo de Anguiano en "Compendio historial", demuestra que "los reyes de Nabarra de aquel tiempo utilizaban el euskara como lengua personal y natural".



El rey Sancho VI el Sabio (1150-1194) dará un gran giro a la política nabarra en todos los ámbitos. Es con este rey cuando el euskera aparece denominado como “lengua nabarra”. Se trata de un documento del año 1167 entre el obispo de Pamplona y el conde Bela, los cuales dejan escrito que el euskara (al que llaman “lingua navarrorum”) es el idioma nacional de los nabarros, es decir, del Reino de Nabarra. Pactaban sobre la hacienda de Arimeria perteneciente al Santuario en honor a San Miguel de Excelsis de Aralar, cuya vaquería se comprometía el conde de Alaba Bela a cuidar gratuitamente, firmando como se recoge en el archivo de Santa María de Pamplona:

“Erit autem talis differncia inter Orti Lehoarriz et Açeari Umea et successores eorum, quod Orti Lehoarriz faciet tu lingua Navarrorum dicatur unamaizter et Açceari Umea faciet buruçzagui, quem voluerit”. Traduce el analista José Moret (s. XVII): “Y será con esta diferencia entre Orti Lehoarriz y Aznar Umea, que Orti ponga, como se dice en la lengua de los nabarros, un Maizter (Mayoral de Pastores en euskara) y Aznar Umea un Buruzagi (Mayoral de peones) a quien quisiere”. Por tanto, hablar en nabarro era hablar en euskara.

Con Sancho VI el Sabio, el reino pasó a llamarse “reino de Nabarra” frente a “reino de Pamplona” anterior. “Nabarro” pasó de ser equivalente a “euskaldún” (vascoparlante) a ser la denominación nacional. Desde época franca se llamaba nabarros a los naturales del Reino de Pamplona (s. VIII), pero solo a los que hablaban euskara (casi todos, no así en los de territorios baskones recuperados a los musulmanes), para, finalmente, con Sancho “el Sabio” llamar a todo el territorio Nabarra y nabarros a todos sus habitantes (sepan o no euskara), tal y como recogen grandes historiadores como Jimeno Jurio, Yaguas y Miranda o Ricardo Cierbide.




Poco después, en otro documento, se puede observar que el euskera o la “lingua navarrorum” no es solo el idioma del Pueblo, sino también el idioma de comunicación de su élite de gobernantes e incluso elevado a nivel internacional. En el laudo arbitral firmado en Londres y llamado “Division of Kingdons of Navarre and Spain” de 1177 entre el rey de Castilla Alfonso VIII y Sancho VI “el Sabio”, se dice, tal y como recoge Tomás Urzainqui en su libro “La Nabarra Marítima”, que: “La lengua de la delegación nabarra es el euskara”. Al laudo de 1177 acudieron por Nabarra Pedro de Artajona Obispo de Pamplona, 3 tenentes y 3 juristas, por tanto, de los más altos cargos del reino.

El historiador del rey de Castilla Alfonso VIII, Rodrigo Ximénez de Rada natural de Gares-Puente La Reina (finales del s. XII- principios del XIII), nos habla del vigor de la lengua nabarra: “También en la Nabarra, llamada de otra manera cántabra, que comúnmente dezimos bascongada, la cual era su natural y materna lengua”.

La llegada al trono de Nabarra de reyes gascones y franceses (del siglo XIII en adelante), no parece que afectó al idioma nabarro en su uso social como veremos. Se podría pensar, sin embargo, que fue insuficiente su implantación como idioma administrativo cuando el latín va dejando paso a los idiomas romances, pero esto no parece atenerse a los hechos reales. Así, la utilización administrativa del euskera en el plano público se ve claramente en el Fuero General (equivalente a una Constitución moderna), vigente desde el siglo XIII, donde las diferentes pechas o impuestos tienen nombres en euskera que nos indican que el uso de esta lengua era la empleada en su recaudación por los funcionarios públicos del reino.

Enrique II "el Sangüesino" de Albret o Larbrit, el último rey euskaldun


Es más, tal y como señala Tomás Urzainqui en su libro “Nabarra, Estado europeo”: “El euskera lo hablaba como lengua principal la clase dirigente y no solo la generalidad del Pueblo, los altos cargos de la administración, los miembros del Consejo Real, de los Tribunales de Justicia, la Corte Mayor y audiencias reales, los vocales de la Cámara de Comptos, los escribanos reales o notarios”. Sigue en el citado libro Tomás Urzainqui: “Las cartas particulares que se cruzaron Zalba y San Martín (en euskera), dos altos cargos en el gobierno del rey Carlos III El Noble, a principios del siglo XV, demuestra cual era la lengua empleada por la clase gobernante en el reino de Nabarra, aunque los documentos oficiales o públicos estuvieran redactados en latín o lenguas romances”. Martín de San Martín era maestro de fianzas y secretario del rey, probablemente de la zona media. Matxin de Zalba era tesorero de la reina y secretario real, natural de Pamplona.

En los márgenes de un libro de 1505 del conde de Ezpeleta de Beire, alcalde y merino mayor del Castillo de Herriberri (Olite), pariente bastardo del mismo rey de Nabarra Carlos II (s. XIV), está también en euskera, lo que es otra muestra de que el euskera no era solo el idioma del vulgo, sino también de la clase alta del reino baskón: “Mutila nescatoa andrea gisona mutil chaperuge / antonjo gandaygu suquetanjque gandaygu / armosadu meryendadu / [zue]” (El mozo, la moza, la mujer, el hombre, mozo sin boina / Antonio, comamos vos y yo, comamos [¿bebamos?], / almorcemos, merendemos // [vosotros ?]).



En su libro “La Guerra de Navarra” Peio J. Monteano analiza la situación del euskera justo en el momento de la conquista española basándose en un documento el cual “permite por primera vez (obtener) el mapa lingüístico de (alta) Navarra a principios del siglo XVI que, entre otras cosas, muestra que la erosión de la lengua vasca había sido mínima durante el bajo medievo”. Se trataba de una “bula de rendición de cautivos” para una nueva recaudación en la Diócesis de Pamplona que dividía en 3 zonas según estuvieran más o menos romanzadas. “Así pues, el euskera era, en la primera mitad del siglo XVI, la lengua hegemónica en al reino, nada menos que 8 de cada 10 navarros habitaban en el territorio donde predominaba”. El otro 20% hablaría romance nabarro o incluso mozárabe, pero podría perfectamente saber también euskera en un porcentaje elevado.

Peio Monteano (técnico superior del Archivo General de Navarra) “que tenemos que revisar nuestra visión de la convivencia de las lenguas en Navarra. Efectivamente se hablan muchas lenguas, pero en el siglo XV se producen dos fenómenos: uno, que el euskera es hegemónico, no es una lengua más, es la lengua que habla el 80% de la población. Por otro lado, que se produce una simplificación lingüística. Van desapareciendo el occitano, se agotan las lenguas árabes, la bearnesa... y llegamos al siglo XVI, objeto de mi estudio, en el que vemos que hay un bilingüismo asimétrico: hay una lengua, el euskera, hegemónica socialmente y otra que hereda esa función escriptoria, documental, que es el romance, el castellano”.




Desde el Imperio Romano se produjo una fuerte implantación como lengua escrita del latín en todo acto oficial, tanto en la administración como en la religión. Tras la caída del Imperio Romano Occidental se impuso en toda Europa la transmisión del latín como lengua de una élite frente al iletrado Pueblo que no lo entendía. Pero en la Edad Media los romances eúskaros, como lo eran el romance nabarro o el gascón-bearnés, fueron sustituyendo al latín en la administración dentro de nuestro reino. El euskera tuvo dificultades con la grafía al ser una lengua no latina -ni siquiera indoeuropea, siendo la única lengua nativa europea conservada-, pero no es una cuestión de relevancia, pues desde el siglo XVI es una lengua literaria, lo cual encaja con la cronología de los demás idiomas europeos no romances en esta cuestión.


El aragonés José Conchillos 1666 en su libro "Propugnáculo histórico y jurídico": 
"ellos en la suya vascongada Iruña o Iriona".


La imprenta -empleada por primera vez en 1455 por Gutemberg-, llegó al País Vasco en 1489, pero hasta 1495 no se imprimió el primer libro en Pamplona cuando aún era libre. Su introducción y uso fue muy paulatino. En España, por ejemplo, la primera obra impresa fue "Sinodal de Aguilafuente" de 48 hojas del alemán Juan Párix de Heidelberg en 1472 en Segovia y el primer libro impreso en inglés fue “Recuyell of the Historyes of Troye”, elaborado en 1475.

Pamplona-Iruña 1521


Hasta entonces, casi todos los libros se publicaban en latín, después, gracias a la imprenta y el abaratamiento de costes que supuso (aunque en los primeros siglos seguían siendo muy caros), se pudo sacar la literatura de debajo de las sotanas. Pero todavía, por ejemplo, los filósofos Spinoza (Holanda 1632-77), Leibniz (Alemania 1646-76) o Hobbes (Inglaterra 1588-1679) y matemáticos y científicos como Copérnico (Polonia 1473-1543), Kepler (Alemania 1571-1630), Linneo (Suecia 1707-1778) o Newton (Inglaterra 1647-1727), escribieron sus obras en latín, pues consideraban sus lenguas vernáculas de plebeyos, irreductibles a las reglas gramaticales e inútiles para las ciencias. Así Inglaterra, por ejemplo, dejó de usar en sus tribunales el francés en 1362 por el inglés -durante la Guerra de los 100 años contra Francia-, hablado hasta entonces por el Pueblo inglés y menospreciado por su clase dirigente (cosa que no ocurrió en el reino de Nabarra con el euskera).

Por tanto, la imprenta, la apertura de ideas del renacimiento y sobre todo la aparición del protestantismo que quería acercar la Biblia al Pueblo, hicieron que se empezara a escribir libros –sobre todo religiosos- en los idiomas no romances de los Pueblos con Estado propio, como era el caso euskera en la parte libre de su territorio, lo que se extendió después al resto de culturas minorizadas de la mano de la Contrarreforma de la Iglesia Católica (reacción tardía contra el protestantismo), como era el caso del euskera en la parte ocupada de la Nabarra peninsular.

Palacio real de Olite, residencia de Carlos II y Carlos III Evreux (s. XIV-XV)


El primer rey que tuvo Baja Nabarra tras la invasión de todo su territorio peninsular fue el Albret o Labrit Enrique II “el sangüesino”, llamado así por haber nacido en esta villa: “Los Albret, señalaron que el primogénito sería criado en el idioma del reino de Nabarra en la lengua de aquel (en euskera)”, Peio Esarte, historiador. Es más, Enrique II “el sangüesino”, en su reino reducido a Baja Nabarra, obligó a los magistrados y parlamentarios saber euskera, según explica en “Euskeraren isobarak” Pako Aristi.


En su trabajo “Infancia y Adolescencia de Enrique II de Navarra”, el historiador Álvaro Adot Lerga, especializado en esta dinastía nabarra, nos dice los idiomas que hablaba Enrique II “el sangüesino”:

“El príncipe Enrique aprendió diversos idiomas en el transcurso de su época de infancia. Sabía hablar en lengua bearnesa, que era la predominante en la corte de su madre (uno de los tres Estados independientes de la corona Nabarra junto al principado de Andorra), como lo refleja buena parte de documentación escrita por el tesorero del Hostal o por el propio espensero del príncipe. También dominaba el romance navarro (ver mapa más abajo), en cuya lengua están escritos todos los documentos que conservamos de los periodos en que ejerció como lugarteniente general del reino".

"Conocía la lengua francesa, que perfeccionó durante el periodo en que residió en la corte de Francisco I y Claudia de Francia, y probablemente, también desde su infancia, adquirió conocimientos de lengua vasca, como nos inducen a pensar muy diversos datos como el relativo a su educación y estancia continuada en Navarra, predominantemente en Pamplona, o su posterior condición de rey de la Baja Navarra".

Sigue remarcando la misma idea Álvaro Adot: "Y también otros datos no menos importantes, como el relativo al incipiente apoyo brindado por la Casa Real de Navarra a la difusión escrita de la Linguae Navarrorum, desde mediados del siglo XVI: primero por el propio Enrique, apoyando la publicación del libro “Linguae vasconum primitivae”, escrito por Echepare, en el año 1545, y posteriormente, por su hija, la reina Juana, que auspició la traducción del Nuevo Testamento al euskera y su publicación, en 1571, siendo el traductor el sacerdote Joannes de Lizarraga”. 

Por tanto, Enrique II hablaba bearnés como lengua materna y del Estado del Beárn (donde todavía había y hay núcleos euskaldunes), euskara como lengua principal del reino de Nabarra, además hablaba el romance nabarro usado sobre todo en las escrituras del reino baskón, y el francés entre las lenguas extranjeras.

Comenta Álvaro Adot como el euskera lo habría aprendido Enrique en Pamplona-Iruñea, donde residió siendo príncipe de Biana hasta que tuvo que huir al Beárn tras la invasión castellano-aragonesa: "Hasta su forzada partida de Navarra, en verano de 1512, motivada por la invasión castellano-aragonesa, Pamplona fue la ciudad en la que vivió por más tiempo, debido a su carácter de centro político del reino, donde residían de manera ordinaria las grandes instituciones de gobierno: Consejo Real, Corte Mayor y Cámara de Comptos". 

Es más, Enrique II “el sangüesino”, en su reino reducido a Baja Nabarra, obligó a los magistrados y parlamentarios saber euskera, según explica en “Euskeraren isobarak” el escritor Pako Aristi.
Lápida en la casa natal de Enrique II en Sangüesa-Zangotza en castellano, idiomas que no dominaba.

No es baladí observar que los primeros libros escritos en euskera sean dentro del reino de Nabarra que seguía libre en Baja Nabarra y el Beárn, es decir, el Estado vasco o baskón amparó el nacimiento de la literatura vasca. Un bajo nabarro libre, el cura Bernard Etxepare escribió "Linguae vasconum primitiae", primer libro escrito en euskera, que vio la luz en 1545 y que contó con la ayuda financiera del rey de Nabarra Enrique II “el sangüesino”. Los primeros libros impresos en ruso e irlandés datan de 1564 y en eslavo de 1587. En albanés en 1555.

En 1571 el cura labortano de Beraskoitz Joanes Leizarraga por mandato de la reina nabarra Juana III de Albert (hija de Enrique II y Margarita de Valois o “de Nabarra”) tradujo el Nuevo Testamento al euskera pagado por el Consejo eclesiástico de la Iglesia Protestante del Sínodo de Pau. La primera Biblia y libro en alemán, por ejemplo, es del año 1522 traducida del griego por Lutero, en realidad, como en el caso de Leizarraga, solo tradujo el Nuevo Testamento. La primera Biblia al francés la mandó publicar pocos años antes Margarita de Valois hermana del rey de Francia Francisco I y reina de Nabarra al estar casada con Enrique II “el sangüesino”. Lo hizo desde su Corte en Nerán, cuna del renacimiento junto a Florencia según comentaba incluso el escritor William Shakespeare. Margarita de Nabarra fue la primera mujer renacentista.



El historiador por Cambridge y Oxford y gran conocedor de la época Jon Oria Oses (Lizarra-Estella 1931) comenta al respecto: 

“La obra de Detxepare prueba que el euskara, y no el francés o el español, era la lingua navarrorum para la corte humanística de Nerac (capital de Albret a donde habían tenido que huir los reyes de Nabarra tras la invasión de 1512, ciudad cortesana compartida con Pau en el Beárn), lo cual se corroborará de nuevo con la primera traducción a la lengua vernácula del Nuevo Testamento por Joanes Leizarraga durante el reinado de la hija de Margarita, Juana de Labrit.

Debe reconocerse que la impulsora del movimiento vasco dentro del reino de Nabarra fue Margarita, al atraer a multitud de humanistas a su Corte, ya que el movimiento renacentista no solo promovió el retorno a las fuentes clásicas del arte y de la literatura europea, Grecia y Roma, sino también el desarrollo de las lenguas indígenas para expresarse creativamente; en nuestro caso fue el euskara, aunque se nos hayan perdido la mayoría de los manuscritos y textos”.



Aunque reducido al principio al campo religioso, la escuela de Sara (Lapurdi) supuso el primer movimiento literario importante y vital para el euskera en pleno siglo XVII. Los curas de Sara, Donibane Lohitzune (San Juan de Luz) y Ziburu, bajo el amparo que les daba el rey Enrique III “el bearnés” (nieto de Enrique II e hijo de Juana III), rey de Nabarra y después también de Francia (donde era llamando “el nabarro”). En torno a esta escuela, se agruparon hombres tan capaces como Pedro Agerre Azpilikueta “Axular”, que tuvo que conseguir el permiso explícito de ejercer la labor sacerdotal de Enrique III de Nabarra por quedar su Pueblo Urdax en la parte invadida por España en 1512, con el argumento por parte del rey de que el reducido reino era de todos los nabarros.


Libro de poesía de 1554 dedicado al infante Enrique III de Nabarra (1553-1610) en euskera

Gure Principe don Henrrique Iaunari:
Mundugucia huna vetor,aur noble onengana
Oin escuen apazcera,Iaun andiari beçala.
Ez iaio da ez iaioco yor onen ygoala
Hanuat uada seynale andi ceruan dacusaguna
Lenguoaie oroc vadiote varon handia çarala
Nic diosçut cyratela Iaun gucien Iáuna

Esteve Materre, franciscano, francés y euskaldún-berri, escribió “Doctrina Cristiana” en 1617, primer libro en prosa en euskera y coincidiendo casi con la ocupación militar francesa de Luis XIII de las “Cortes” nabarras de Donapaleu y las bearnesas de Pau, que las integró por la fuerza en Francia, y que cortó de raíz y en breve plazo el euskera literario. Por tanto, la pérdida definitiva del reino de Nabarra provocó un parón de siglos en la publicación de libros en euskera, los cuales se pueden contar con los dedos de las manos frente al gran número y materias iniciales que abarcaron hasta libros científicos hoy perdidos (como el escrito por el zuberotarra Jackes Bela), lo que alejará al idioma nabarro del mundo literario y científico. Es más, durante la Revolución Francesa (1789), los 90 libros escritos hasta entonces en euskera fueron quemados y muchos no han podido ser recuperados. Dada su importancia para el euskera, después profundizaremos más en esta cuestión.



Antes de la conquista del reino de Nabarra, la situación del euskera poco tenía que ver con la posterior omisión permanente o incluso desprecio de las clases dirigentes llegadas con el duque de Alba (hasta el presente) y sobre todo el constante ataque hacia la “lingua navarrorum”, sirva como resumen este entresacado al respecto de las zonas bilingües del reino nabarro del libro “El euskera en Navarra” del gran historiador de Artajona Jimeno Jurio: “Podemos afirmar que la Ribera de Alta Nabarra, de Alaba y de Aragón limítrofe a éstas, pasaron por ciclos proto-vasco, vasco-céltico, vasco-latino, vasco-árabe y vasco-románico desde los siglos IX-X hasta nuestros días (los godos apenas tuvieron repercusión en el complejo idiomático de la comarca). En este último ciclo, el vasco-románico, también hay que hacer dos distinciones: un primer ciclo vasco-romance medieval marcado por el respeto y el mestizaje vasco romance nabarro con mozárabe, y un segundo ciclo a partir del siglo XVI con la pérdida del reino nabarro, donde el euskera, el idioma propiamente nabarro, es menospreciado y apartado de la vida social por el idioma de conquistador: el castellano.”

Es revelador de la presencia del euskera en el sur del reino de Nabarra el texto judicial de un pleito que en 1540 describe el comentario del agricultor Pedro Petillas sobre el veterinario zamorano que trabajaba en la capital Ribera (Tudela): “no se habla ni entiende vascuence porque es natural castellano (sic.), por no entender suele buscar un intérprete y que en ello pasa trabajo y que le vendría muy bien saber hablar vascuence para recibir a los que van a su casa”, en ese mismo texto judicial se afirma que el euskera en la Ribera es “la lengua de la tierra”.





En el año 1610 fue asesinado Enrique III de Nabarra y IV de Francia a manos de un jesuita y por orden del Vaticano. Su hijo, Louis XIII, acabará en 1620 con la soberanía de Nabarra y del Bearne uniéndolas mediante un Edicto rechazado por nabarros y bearneses en sus respectivos parlamentos de Donapaleu y Pau. Unos años antes, en 1611, el propio Louis se negó a aceptar ser príncipe de Biana e impuso unos Fueros totalmente afrancesados donde el rey dejaba de ser "electivo" a decisión de las Cortes de Nabarra como lo fue desde Orreaga-Roncesvalles. Pero, en esos Fueros, se obligaba a saber euskera, la lengua del país, para acceder a la administración de justicia en Nabarra.

El político y ministro del interior del último Gobierno Vasco libre, Telésforo Monzón, sentenciaba: «Resulta ridículo e indignante oír hablar de que Nafarroa... ya vendrá, ya se incorporará, ya se sumará a las instituciones vascongadas. Nafarroa no tiene por qué venir a ninguna parte, ni incorporarse a nada, ni sumarse a nadie. A Nafarroa le corresponde estar y ser (Egon eta Izan). Nafarroa es Nafarroa. Nafarroa comienza en las playas del Cantábrico, que es el mar de Nafarroa. Nuestra lengua es la "Lingua Navarrorum". El arrano beltza da sombra a todos los vascos de la tierra. Iruña es la capital de Euskal Herria entera. Una sola consigna suprema, un solo grito por encima de todos los otros: Gora Nafarroa Batua!».

El historiador artajonés Jimeno Jurio, fallecido en el 2002, lo tenía muy claro: “la personalidad de Navarra se resume en dos palabras: soberanía y lengua.”


12. EL NACIMIENTO DE LA LITERATURA VASCA





En el sigo XVI Europa recupera la supremacía mundial que había perdido desde la época romana frente al empuje de los árabes-musulmanes, de los mongoles y después de los turcos; éstos aún seguían dominando Oriente Medio, donde Constantinopla (antes conocida como Bizancio y hoy como Estambul) había caído en sus manos en 1453, lo que supuso el fin del Imperio Bizantino, El Imperio Romano de Oriente, y el final de la Edad Media para la humanidad. Para los españoles el fin de la Edad Media lo marca la toma de Granada de 1492 y por tanto la expulsión de los musulmanes de Europa y para los franceses la boda entre Ana de Bretaña con Luis XII, siempre mirándose a su ombligo. Europa se lanza a la conquista del mundo, empiezan los portugueses, después vendrán los españoles y más tarde holandeses, franceses e ingleses.

Se entra en una nueva era, el Renacimiento, donde el hombre es el centro de todo, frente a la religión que lo era en los siglos anteriores, aunque las ideas renacentistas cuajaron poco a poco y más bien entre las élites que entre la masa popular, de hecho, estos son los siglos de la Reforma luterana contra la corrupción de la Iglesia vaticana y la Contrarreforma católica de Trento. El Renacimiento apenas tuvo su reflejo en la ultramontana España, y por ende en los territorios nabarros conquistados (s. XI-XV) y bajo su dominio.

Los siglos XV y XVI son también los de la introducción de la imprenta por Gutenberg, los del uso de la pólvora en la guerra y los del arte renacentista que llega desde Italia. El Renacimiento acabará cruentamente con la Revolución Francesa (la Revolución Industrial o la Declaración de la Independencia de USA para otros) y dará paso a la Edad Moderna que abarca hasta nuestros días para algunos y para otros hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (1945), con la industrialización como motor de la misma.

La imprenta de Gutemberg llega al País Vasco en 1489, pero, como hemos dicho, hasta 1495 no se imprime el primer libro en Iruña-Pamplona, sería el único incunable editado en el País Vasco (los incunables son los libros editados desde la invención de la imprenta en 1440 hasta 1500). Hasta entonces casi todos los libros se publicaban en latín y eran solo accesibles a las clases dirigentes y al clero (en realidad los únicos que sabían escribir), gracias a la imprenta y el abaratamiento de costes que supuso, empezaron a escribirse algunos libros en los idiomas romances por su parecido con el latín, para así poder llevar el conocimiento al Pueblo, luego les tocó a los idiomas con Estado propio y después al resto de culturas minorizadas, como era el euskera en gran parte de su territorio natural. “La imprenta es la artillería del pensamiento”, como dijo el descendiente de vascos Simón Bolívar, y la producción de libros se disparó.

Los siglos XVI y XVII son también los del nacimiento de la literatura vasca. Un bajo nabarro, el cura Bernard Etxepare escribe "Linguae vasconum primitiae", primer libro escrito en euskera, que ve la luz en 1545 y que contó con la ayuda del rey de Nabarra Enrique II “el sangüesino”. 

Pidió Etxepare al abogado del rey de Nabarra, Bernard Lehete: "Iaun noble et naturazcoac beçala bay tuçu eftimatzen, goratzen eta ohoratzen heufkara, çuri neure iaun eta iabia beçala igortzen darauritzut heufcarazco copblabatzu ene ignoranciaren araura eguinac. Ceren iauna hayec iqhuffiric eta corregituric plazer duçun beçala irudi baçautzu imprimi eraci diçaçun eta çure efcutic oroc dugum ioya ederra Imprimaturic heufcara orano içan eztena (...)" 

"Como señor noble y natural del país así estimas, ensalzas y honras el euskera, a ti, mi señor y poseedor, te lanzo unas coplas en euskera hechas en la medida de mi ignorancia. Porque, señor, leídas (iqhuffirik-ikusirik) aquellas y corregidas como más le guste, si le parece bien, las haga imprimir y de su mano todos tengamos una preciosa joya impresa en euskera como hasta ahora no se ha hecho".



Es relevante señalar que Baja Nabarra seguía siendo independiente y el reino trataba de realzar el idioma natural de sus gentes elevándolo a categoría de lengua literaria. No hay incunables en euskara y este es el único “posincunable” conocido (libros escritos entre 1500 y 1550). Etxepare (cuya traducción sería Casamayor en castellano, “Etxeburu”), bajo el título de “Contrapás,” dejó escrito:

“Garaziko Herria/
Benedika dadila/
Heuskarari eman dio/
Behar duyen thornuya. /
Heuskara, /
ialgi hadi plazara!
/Bertze jendek uste zuten/
Ezin scriba zateyen/
Orain dute phorogatu/
Enganatu zirela. /
Heuskara, /
Ialgi hadi mundura! /
Oraindano egon bahiz/
Inprimatu gaberik, /
Hi engoiti ebiliren/
Mundu guzietarik/
Heuskara!”.

(Bendito sea/ el Pueblo de Garazi (Cize)/ Él ha dado al Euskera/ El rango que le corresponde. / ¡Euskera,/ Sal a la calle!/ Mucha gente pensaba/ que no se podía escribir,/ Ahora reconocen que/ Estaban engañadas./ ¡Euskera,/ Sal al mundo!/ Si hasta ahora has permanecido/ Sin ser impresa/ En adelante/ Recorrerás el mundo entero/ ¡Euskera!).

Por tanto, da a entender el mismo autor que éste es el primer libro impreso en euskera. El libro comprende 16 poemas constituidos por 1.159 versos: tres poemas de tema religioso, diez de tema erótico, uno que se refiere a su estancia en la prisión y por último dos que dedicó a elogiar el vascuence. El único ejemplar de Linguae Vasconum Primitiae está depositado en París.


Portada del primer libro escrito en euskera financiado por el rey de Nabarra Enrique II “el sangüesino”, euskaldun y amante de la “lingua navarrorum”.


Son pocos los textos y palabras escritos en euskera hasta la aparición de este libro. A las palabras en tumbas aquitanas de épocas romanas ya mencionadas (ama, amoema, andere, arix, arte, asto, atta, barri, begi, bele, bai, bihox, buru, iri, erri, erdi, gar, gison etc.), o a las primera frases en euskara que son las de las Glosas del monasterio del reino nabarro de San Millán de la Cogolla (hoy la Rioja) del siglo X ("güec ajutu ez dugu" y "izioqui dugu) o a las del viajero Aymeric Picaud (Urci, arrain, ogui etc.), hay que sumar las escritas por el obispo Pamplona, Arnault Barbazán (1318-1355,) sobre expresiones populares recogidas de forma deslavazada y los meses en euskara escritos en el breviario diocesano de Pamplona, escrito por Fernando Vaquedano en 1501. En ese siglo XVI, el Archivo Diocesano de Pamplona, proporciona textos en euskera sobre matrimonios clandestinos, cantares y expresiones.

Otros autores de ese siglo XVI han dejado frases en euskera, su principal curiosidad es que no eran vascos: así el italiano Lucio Marineo Siculo en su “Sumario de la vida de los Reyes Católicos” (1533) y Gaspar Gómez en la continuación de la “Celestina” (1536) por ejemplo. Lope de Vega también usa el euskera en su comedia “Los ramilletes de Madrid” (1615)

“Lelo lirelo çarayleroba
yaçoeguia ninçan
aurten
erua
ay joat garairaya
astor usu
lelo lirelo çarayleroba

ayt joat garairaya
aztobicarra
esso amorari
gajona chala
y penas naçala
Bator que dala
Lelo lirelo çarayleroba”

Tercera parte de La Celestina (canción de Perucho Vizcayno)

Es sorprendente ver el estribillo arcano vasco: “Lelo il lelo, lelo il lelo, Leloa Zarak, leloa il”

“Zure vegui ederroc
ene lastaná,
cativaturic nave,
librea ninzaná”
(Esos tus hermosos ojos
amor mío,
me tienen cautivo a mí,
que era libre).
Lope de Vega “Los ramilletes de Madrid”
Ambos textos sacados del libro “Textos arcaicos vascos” de Koldo Mitxelena.

Será el francés François Rabelais, que estudió en el “Colegio de Nabarra” en París patrocinado por los reyes de Nabarra, el primero en escribir un texto completo en euskera, se trata de un discurso de su libro sobre el gigante “Gargantúa” y su padre “Pantagruel”, gracias al protectorado de los reyes de Nabarra sobre dicho colegio. El texto es una oración que empieza así: “Jona andie, guassa goussyetan behar da erremedio, beharde versela ysser la da” (Gran Señor [Dios], nos falta remedio a todos los males, es difícil que todo sea como debe ser). Y sigue “Anbates, otoyyes nausu, ey nessassu gourray proposian ordine den. Non yssena bayta fescheria egabe, genherassy badia sadassu noura assia. Aran hondovan gualde eydassu nay dassuna. Esou oussyc eguinan soury hin, et darstura eguy harm, Genicoa plasar vadu”.

En 1561, también en Pamplona, Sancho de Elso escribe “Doctrina Cristiana” en “vascuence y castellano”, publicada por el impresor Anvers. Aunque no se ha encontrado ejemplar alguno de momento, sabemos de existencia mediante varias referencias, empezando por la muy exhaustiva de la “Bibliotheca Hispana nova” del sevillano Nicolás Antonio (1617-1684) publicada en 1672 en Roma: “Sancius de Elso, navarrus, duabus linguis ad instructionem civium suorum dedit: Doctrina Christiana y pasto espiritual del alma para los que tienen cargo de almas y para todos estados en Castellano y Vascuence. Pampilone apud Adrianum de Ambers anno 1561. El padre de Elso había publicado en castellano el “Examen de Ingenios” del médico vasco, de Baja Nabarra, J. Huarte de San Juan (1530 Garazi-1588 Baeza), considerado el primer tratado de psicología del mundo (perseguido por la Inquisición por ser favorable al rey natural de Nabarra Enrique II el sangüesino). La primera poesía en euskera fue obra del pamplonica, aunque afincado en la Ribera, Juan de Armendux y Garro en 1567.

“Hemen naça orçiric, noyzbait gozo ericiric,
erioac hustegabe dolorosqui egociric.
Ene arima Jagoycoagaba beldurrequi partituric.
Lagungabe bide lusean peril asco pasaturic.”
Juan Amendux y Garro.
Koldo Mitxelena “Textos arcaicos vascos”.

En 1571, el también cura, el labortano de Beraskoitz Joanes Leizarraga, por mandato de la reina nabarra Juana III de Albert y el Sínodo de Pau (capital de Beárn y último emplazamiento del parlamento nabarro libre, donde aún se conserva el edificio junto al suntuoso castillo), traduce el Nuevo Testamento al euskera tomando para su traducción la versión griega de Erasmo de Rotterdam y publicándolo en la Rochelle; reina y cura son protestantes (calvinistas hugonotes), sobre todo cuando en 1564 por primera vez en el mundo tras 1200 años, en Nabarra se proclama la libertad de culto.

El protestantismo impulsaba la enseñanza de la religión en las lenguas vernáculas para su mayor comprensión y para que el Pueblo pudiera interpretar de forma personal la Biblia (enseñanza luterana-protestante frente a la infalibilidad del Papa, único capaz de interpretar las Sagradas Escrituras en el catolicismo). Para ello Leizarraga usó un primer euskera “batua”, un euskera que se pudiera entender por todos los hablantes en todos los euskalkis o dialectos, tal y como en esos momentos lo estaban haciendo los alemanes con Lutero o los ingleses, basándose ambos en uno de los dialectos de su idioma (todos los idiomas del mundo tienen dialectos o en caso contrario están a punto de desaparecer). Para que nos hagamos una idea, un idioma de Estado y con muchos millones hablantes y convertida en la lengua franca del mundo como es el inglés, no vio escrito su primera Biblia hasta 1380, y no fue impresa hasta 1525.


Leizarraga, y los que le ayudaron a escribir este Nuevo Testamento, tomaron el dialecto labortano como base, pero teniendo en cuenta el bajonabarro y al suletino. El lingüista alemán especializado en lenguas románicas y en euskera Hugo Schuchardt (1842-1927) dijo: “Fue Leizarraga quien fijó la lengua en que escribió”. No es casualidad que este libro, al igual que muchos de los primeros libros escritos en euskera, lo sean en la parte de Nabarra que aún se mantiene independiente.

En esta misma época Francia está creando una lengua “franca” o central (“batua”) dentro de los diversos dialectos de las lengua de oíl (langue d’oïl, la Ley “Villers Cotterêts”de 1539) con Francisco I, lo mismo que la lengua española con Nebrija (1492), aunque en esta caso habrá que esperar a la leyes del rey francés Philippe V de Anjou (nieto del rey de Francia Louis XIV, “El rey Sol”) a principios el siglo XVIII .

Este libro de Leizarraga, es importante pues en sus páginas 5 y 6 dice: "ukanen duela sartze eta avamendu Heuskalherrian" (tendrá entrada y aceptación en Euskal Herria) “batbederac daqui heuscal herria quasi etche batetic bercera-ere minçatzeco maneran cer differentiá eta diuersitatea den” (cualquiera sabe qué diferencias y diversidad hay en la manera de hablar en Euskal Herria casi de una casa a otra”, prólogo de la Biblia mencionada y dirigida “Heuscalduney”).

Hasta ahora era la primera referencia de la palabra Euskal Herria conocida. En el 2004 se encontró un manuscrito de 102 páginas. Borrador o ejemplar de trabajo de una única mano. Se trata de una colección de versos, cantares y lances de amor escritos en euskera, de mano de Juan Pérez de Lazarraga, Señor de la Torre de Larrea (1550–1605), que guardan paralelismo en su composición con la obra de Etxepare. Hasta la fecha, Juan Pérez de Lazarraga era conocido por una relación genealógica de su propio linaje, espléndido texto erudito de 1588-89, del que se conocen cinco copias.

Es una narración de la que faltan las primeras 4 páginas y las últimas, así como algunas del medio, y en la que aparecen sirenas, caballeros o personajes mitológicos en la línea de las novelas pastoriles que en la época estaban de moda en los reinos de España, Italia o Francia y que imita la novela “Los siete libros de Diana” de Jorge Montemayor. La segunda parte, más extensa, está compuesta de poemas. Sobre todo, poemas de amor y desamor¬ dedicados a mujeres del entorno de la torre de Larrea, a mujeres de Barrundia, Asparrena, Luzuriaga, Langarika...También incluye uno, fechado en 1564, sobre la quema de Salvatierra-Agurain, así como alguno de temática religiosa. Respecto a los valores literarios del manuscrito, la poesía está a un nivel muy superior a la prosa. Por lo que sabemos, el euskera occidental conocía una cierta tradición en el cultivo de la poesía, y es indudable que Lazarraga había bebido en esa fuente.

Casi todos los poemas están en euskera, aunque tiene también unos pocos en castellano. Presenta, además, un curioso verso bilingüe similar a los que en la época solían componerse mitad en castellano y mitad en portugués:

“Penado de tanta pena/
nago zu ekusizkero/
y ninguna cosa buena/
oi, enetako ez dago”

Es una importante novedad en la literatura de la época conservada, pues esta era casi toda religiosa, salvo el libro de Etxepare. Además, está escrito en euskera de Alaba o mejor dicho de variedad occidental “muy arcaico”, emparentado con los euskalkis (dialectos) de su entorno, parecido al bizkaíno, pero del cual apenas se disponían hasta ahora de unos pocos folios.

Escrito entre los años 1564 y 1567, según se desprende del análisis de varios párrafos del propio texto y atribuible, con toda certeza, al citado Lazarraga. El autor es el mayorazgo de una de las múltiples ramas del linaje de los Lazarraga, que, procedente de Oñate (Guipúzcoa), se instalan a finales del siglo XV en diferentes Palacios y Torres de la llanada alavesa. En este libro se dice:

“anchinaco liburuetan
çeñetan ditut eçautu
eusquel erriau nola eben
erregue batec pobladu”.
(fol. 18 vlto.)

Es la primera mención de la palabra Euskal Herria y hace referencia, casualidad, a Nabarra y a sus reyes. Se puede traducir y hoy así se usa como “el país o Pueblo del euskera”, aunque según la Real Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia), en los primeros textos es más correcto “Tierras del euskera”, (h)erri=tierras, como en: Goierri, Txorierri, Beterri, Errigoiti, idi-(h)erri etc.

La traducción al castellano de Euskal Herria actual sería Pueblo euskaro o vascongado (que habla euskera). “País Vasco” viene del francés Pays Basque cuya traducción realmente sería “región del euskera” (hasta el siglo XVIII solo se usaba Basque). La traducción al castellano de “basque” es “vasco” (el idioma) y en euskera sería “euskaldún”. Por tanto, la palabra Euskal Herria es anterior a País Vasco y no surge como traducción del primero, pero, sin embargo, significan lo mismo: los que hablan euskara, es por tanto un término meramente lingüístico.



Será el lingüista W. Humboldt en su libro “Los Vascos” (finales del siglo XVIII inicios del XIX) quien ayude a extender el término “País Vasco” y “vascos”: “Cuando quieren nombrar a todo el conjunto de la nación vasca cae uno en la perplejidad y se busca en vano el término aceptable a la vez por españoles, franceses y alemanes. Los franceses no conocen ninguna denominación general. Dicen biscayens, cuando hablan de los de la península; basques cuando hablan de los vasco-franceses; y en caso necesario recurren al antiguo nombre: cantabres (…). Los habitantes mismos se nombran según las provincias: vizcaínos, guipuzcoanos, alabeses…Así ha perdido este desdichado Pueblo hasta la unidad de su nombre”. (…) Cuando se trate de todo el Pueblo esparcido por el país vasco-francés, provincias vascongadas y (Alta) Nabarra: vascos”. Aunque, todos ellos, se llamaban así mismos en su lengua “euskaldúnak”. Euskal Herria hace referencia a una realidad o comunidad cultural, a una nación cultural que desde muy remoto vive en las dos vertientes de los Pirineos y cuyo territorio va mermando, el Estado de Nabarra sería su nación política, por la que fueron conocidos los euskaldunes en todo el mundo.

Otros libros en euskera de la época son fruto de la reforma del Concilio de Trento, donde por fin la Iglesia católica cree conveniente la enseñanza de la religión en la lengua común de los fieles como los protestantes en vez de solo en latín.

Aunque reducido al campo religioso, la escuela de Sara (Lapurdi, Baskonia continental) supuso un movimiento literario importante dentro del siglo XVII. Los curas de Sara, Donibane Lohitzune (San Juan de Luz) y Ziburu se juntaban en un convento franciscano para criticar los trabajos que escribían antes de publicarlos, formando un círculo de autores que trabajó en estrecha colaboración. En torno a ella se agruparon nombres como Harizmendi, Povreau, etc., Joannes Haramboure (Haramburu), Joannes Haraneder, Joannes Etxeberri de Ziburu, Esteban Marterre, P. Argaignaratz, Silvain Pouvreau, Hirigoiti, Klaberia, Guillentena Heguy y Votoire.

“Kalandrea” Joannes Leizarraga (1571).
“Abc edo Christinoen instructionea” Joanes Leizarraga (1571).
“Doctrina christiana en Romance y Basquence” Dr. Betolaza (1595) (primer catecismo en bizkaíno, mandado a escribir por el Obispo de Calahorra D. Pedro Manso).
“Refranes y sentencias comunes en bascuence”, escrito en euskara y traducido al romance, Anónimo (1596), primer libro publicado en Hegoalde, la Baskonia ibérica.
“Doctrina Christiana” Esteve Marterra (1617).
“Tratado de cómo se va a oír misa” en euskara y castellano escrito por Juan Beriain (1621).
“Manual devotionezcoa” Joannes Etxeberri de Ziburu (1627).
“Noelac eta berce canta espiritual berriac” Joannes Etxeberri de Ziburu (1631).
“Debocio escuadra, mirailla eta oracioneteguia” Joannes Haramboure (1635).
“Eliçara erabiltceco liburua” Joannes Etcheberri de Ziburu (1636).
“Avisu eta exortatione probetchosak bekhatorearentzat” P. de Argaignaratz (1641).



“Doctrina Christiana” Esteve Marterra (1617), frantsesa edo gaskoia agian

Marterre: "miretfico duçue aguia, nic Eusfcal-herrico ez-naicelaric Eufcaraz efquiribatceco aufartciaren hartcea" (1617). Una de las primeras veces que aparece escrito Euskal Herria tras los libros de Lazarraga (1567) y Leizarraga (1571).

"Doctrina Christiana"
Escrito en labortano clá9sico en 1617 por Esteve Materre, la segunda edición salió de la imprenta del rey de Nabarra Louis XIII y se volvió a imprimir en varias ocasiones más en 1623, 1648, 1693 y 1704. Según el que fuera presidente de Euskaltzaindia, Aita Villasante, tuvo una importancia vital para los escritores de su época y para el euskera clásico en general. Apareció en el 2015 en la biblioteca del rey de Dinamarca un primer ejemplar.

La literatura vasca alcanza su cima con el cura nabarro Axular (Pedro Agerre Azpilicueta, de caserío Axular, Urdax 1556-1644), el cual escribió la obra cumbre de la literatura vasca, “Gero” (1643), que continuó el intento de unificación del idioma escrito. Algunos llaman al euskera la lengua de Axular, como la lengua de Cervantes al castellano o la de Shakespeare al inglés, autores nacidos el mismo siglo. Axular dejó escrito: "Euskara ez bazen trebe eta euskalduak ez bazekiten nola eskriba eta ez nola irakur, euskaldúnek berak zutela falta eta ez euskarak" (si el euskara no era capaz y lo vascos no sabían cómo escribirlo y ni como leerlo, era culpa de los propios vascos y no del euskara).

El movimiento en pro de la literatura en euskara nace por tanto en la Baskonia continental y en los dos primeros siglos la mayoría de los escritores lo son de ese territorio gracias a la supervivencia del Estado baskón de Nabarra que lo amparó y a una mayor libertad después. Serán principalmente curas sus miembros, aunque con notables excepciones, lo que se convertirá en una constante en la literatura vasca.

En Hegoalde (País Vasco peninsular) la pérdida final del reino de Nabarra (1512-24) y la Inquisición introducida por los castellanos, fueron el gran obstáculo para el euskera, teniendo que traducir todo lo escrito al castellano para que lo lea el censor, lo que hacía casi inviable la publicación en euskera. A los euskaldunes nos tocó ser otra vez los malos en la caza de brujas, lo que perjudicó a nuestro idioma, no será la última vez, ni la antepenúltima.

Su condición de lengua no románica, ajena a la familia latina, sus fonemas especiales que pedían en algún caso la adaptación del alfabeto usado y conocido hasta entonces, y, sobre todo, su estructura tan distante, fueron obstáculos insalvables durante mucho tiempo, pero me limito a señalar lo que dejó escrito Axular y al que el tiempo le ha dado la razón. Los idiomas no romances sin Estado, tomaron importancia en la literatura y en cualquier escrito en general, sobre todo a partir del siglo XIX como idiomas hablados por el Pueblo (“el volks”) con el romanticismo alemán, para entonces los euskaldunes teníamos la totalidad de nuestro Estado ocupado militarmente.


La pérdida definitiva del reino de Nabarra entre 1512 y 1620, provocará un parón de siglos en la publicación de libros en euskaea. La recuperación del Estado baskón marcará la existencia o no de una literatura en euskera unida a la existencia de un Pueblo vasco o baskón como ocurre con el resto de idiomas del mundo.



13. LOS DIFERENTES ORÍGENES DE LOS DIALECTOS DEL EUSKERA



“No existe ninguna lengua que tenga una homogeneidad total en cuanto a las formas en las que se usa una lengua. Cuanto más amplio es el ámbito geográfico en el que se usa una lengua, más variedades locales hay (dialectos). Todo el mundo habla una variedad de esa lengua. Llamamos lengua a lo que tienen en común esas variedades, pero es una abstracción y nadie habla de abstracciones. La existencia de una lengua estándar no elimina esa variedad (…). Por consiguiente, la idea de que en el dialecto estamos en lo irregular y asistemático y en la lengua ante lo sistemático y regular es un puro dislate. (…) La idea de una lengua fija e inmutable es uno de los mitos más arraigados en la cultura occidental (...)” (“La dignidad e igualdad de las lenguas” Juan Carlos Moreno Cabrera, Catedrático de Lingüística.)

"Ceren aunitz moldez eta differentequi minçatcen baitdira euscal herrian: Naffarroa garayan, Naffarroa beherean, Çuberoan, Lapurdia, Bizçayan, Guipuzcoa, Alaba-herrian, eta bertçe aunitz leccutan", Axular, “Gero”, siglo XVII.


La primera mención de los dialectos vascos se la debemos a Arnaut Oihenart, historiador suletino del siglo XVII. Luciano Bonaparte, el ilustre dialectólogo francés, en una labor de investigación realizada en parte personalmente y en parte con la ayuda de colaboradores, dejó plasmados en un mapa, que lleva fecha de 1863, los límites de la lengua vasca en cada uno de sus dialectos: el bizkaíno, el gipuzkoano, el labortano, el suletino, alto-nabarro meridional, alto-nabarro septentrional, bajo-nabarro oriental y el bajo nabarro occidental. Incluso recogió en el mapa dos grados de intensidad en el uso de la lengua. Es el primer mapa de Euskal Herria.

Koldo Mitxelena en 1958 distinguió además el aezkoano, el salacenco y el ronkalés y añadió el hablado en Alaba, Rioja y norte de Burgos, desaparecidos entre los siglos XVI al XIX. Estudios más recientes, como el de Koldo Zuazo “Euskalkiak, herriaren lekukoak” (2005), observan 5 dialectos: el Occidental (200.500 hablantes bizkaínos), el central (223.000, Gipuzkoa, y se ha ido extendiendo a los valles nabarros de Araitz, Larraun, Basaburua e Imotz), el alto nabarro (30.000), el bajonabarro-labortano (70.000 que penetra en el noroeste de Zuberoa y en el valle alto nabarro de Luzaide), el suletino (11.000 que se habla también en una localidad administrativamente bearnesa: Eskiula). En su libro Koldo Zuazo menciona también el alto nabarro oriental: ronkalés y salacenco, 300 hablantes únicamente, de fuerte influencia del suletino, por lo que luego lo ve más como subdialecto.

En 1981 se publicó un artículo de Koldo Mitxelena "Lengua común y dialectos vascos", donde hizo una breve mención al tema que nos ocupa. Defendió la tesis de que los dialectos no podían ser muy antiguos y presentó dos razones para ello: El amplísimo número de características comunes a todos los dialectos, lo cual sería improbable si éstos fueran tan antiguos. El elevado número de innovaciones comunes a todos los dialectos, hecho difícilmente explicable de ser antiguo el fraccionamiento dialectal. Por poner un ejemplo, las abundantes palabras provenientes del latín han seguido una evolución similar en todos los dialectos.

Decía Koldo Mitxelena: “Ya por los siglos X-XI eran manifiestos los contrastes, occid. baltz, barri / or. beltz, berri, con una divergencia insignificante, si no hubiera cobrado importancia gracias a la escasez del material utilizable. Es de mayor entidad la oposición occid. (h)uri / or. (h)iri, «villa», cuya razón de ser no está nada clara, a mi entender: en la zona que es después de dialecto guipuzcoano, había solo iri, a lo que parece, pero huri- cubría Álava, hasta su frontera oriental y aún más allá, ya que su área comprendía Arana, por ejemplo, y Val de Lana en (Alta) Nabarra. Los límites señalados por Menéndez Pidal en trabajos que luego aparecieron reunidos en el libro “En torno a la lengua vasca” , exigirían algún retoque dentro de la zona propia y seguramente vasca de lengua.

Aunque Ili-, Ilun- (-iIon-) se documenta cerca de un milenio antes que huri-, -(h)uri, yo me he inclinado a dar prioridad, faute de mieux, a estas últimas formas en la idea de que el cambio de vocal posterior a anterior era más simple, y estaba mejor apoyado por paralelos, que el contrario. En todo caso, para lo que aquí importa la isoglosa, indicio de diversidad dialectal, ya estaba establecida por el año 1000. Lo estaba posiblemente antes, pero esto no es un hecho, sino una mera conjetura”.

Julio Caro Baroja es de la misma opinión, así en su libro “Sondeos históricos”: "El idioma vasconabarro del siglo X se hallaba, hasta cierto punto, bastante fijado en rasgos fonéticos y elementos léxicos que aún conserva. Acaso antes también".


Veamos cada uno de los elementos que se han considerado origen de los dialectos del euskera.


Sobre los pueblos vascos a la llegada de los romanos y los euskalkis o dialectos



Es cierto que los Pueblos euskaros que describen los romanos parecen coincidir en muchos casos con los dialectos, pero esa impresión cuando se baja al detalle resulta que pierde consistencia.

Las excavaciones en Busturia (en la costa bizkaína) y en Labeko Koba (Arraste-Mondragón), demuestran que ya en el solutrense (hace 19.000 años), los habitantes de esas tierras iban en verano hasta al valle de Uda (Trebiño) a cazar los herbívoros que se reunían allí en manadas, se han encontrado piezas de sílex de Trebiño en esos dos lugares que lo confirman. Las piezas de sílex con las que se fabricaban muchas de las herramientas eran de difícil obtención y se encontraban en muy pocos sitios como el mencionado de Trebiño, en Urbasa o en Kurtzia (entre Sopelana y Barrika en Bizkaia). Ese es justo el territorio que se les atribuye a los karistios o karietas.

Estornés Lasa señala que la bifurcación dialéctica a partir de un fondo común ocurrió al afincarse las poblaciones en zonas fijas, al desaparecer la gran caza, que coincide con el magdaleniense (14.000-9.000 a. C.). La población pasa de ser trashumante a mantener pequeñas poblaciones que cazan en los alrededores y que luego se convertirán en agrícolas y pastoriles en pequeña escala (neolítico, 4.000 a. C. en el caso vasco, que coincide con la aparición del citado como "tipo vasco" o vasco actual), no alejándose de valles y lugares más o menos cercanos.

Es más que probable que los diferentes Pueblos en los que nos dividíamos los euskaldunes a la llegada de los romanos tuvieran diferencias dialectales, pues eran sociedades políticamente y económicamente bastante cerradas, aunque comerciaban entre sí y con otros Pueblos no-euskaros. Pero esas diferencias en el habla no son las que ahora percibimos.


La falta de una unidad política está sin duda en el origen de sus euskalkis, pese a todo, el comercio que existía entre ellos haría que no fueran definitivos para una divergencia total y la creación de diferentes idiomas con una misma raíz (como los idiomas romances desde el latín), por lo que podemos hablar de un único idioma, quizás con menos divergencias dialectales que en el presente, pues son sociedades que evolucionaban de una forma muchísimo más lenta que la actual.

El hecho que el territorio del Pueblo karistio o karieta parezca coincidir con el habla bizkaína actual, es cierta, pero con excepciones, como la parte oriental de Alaba de habla bizkaína que pertenecía al Pueblo bardulo, y es imposible que ese dialecto sea tan antiguo, pues en ese caso sus diferencias con el resto serían mucho mayores, según señalan todos los lingüistas. Se explica mejor el dialecto bizkaíno por otras circunstancias que veremos más adelante.

Los demás euskalkis tampoco coinciden plenamente, ni mucho menos, con Pueblo prehistórico euskaro alguno: ni en caso del bardulo, ni el baskón, ni el ausko (aquitano), ni los autrigones, ni los berones, por dejar la lista en los clásicos.



Koldo Mitxelena en el mencionado artículo (1981), en los pocos textos que existen, sí que ve alguna diferencia dialectal: “En la onomástica antigua hay alguna que otra señal de polimorfismo, como la alternancia t / h en Tals-co- / Hals-co-, etc. Alguna vez he sugerido que aquit. Ombe- (-co, -xo) sea el correlato de Vm.me-, con indicación de frontera silábica, que razonablemente no es otra cosa que vasc. ume «niño, cría», cf. Umea sobrenombre medieval frecuente en (Alta) Nabarra. Pero, aun si esto fuera así, solo tendríamos una indicación de la etapa, fácil de interpolar, en la reducción de /nb/, es decir, [mb], a/m/, asegurada por ejemplo por la correspondencia aquit. Sembe-: vasc. común seme «hijo»”.

Sobre los dialectos vascos en el artículo “Sobre el pasado de la lengua vasca”, comentaba el propio Koldo Mitxelena “¿Puede establecerse alguna correlación entre éstos y las antiguas divisiones tribales? ¿No estarán más bien en conexión con hechos más recientes como las divisiones eclesiales? Estas explicaciones no tienen por qué excluirse. Para la primera, las coincidencias más notables que ha observado es en Guipúzcoa, cuyo territorio no es dialectalmente unitario ni tampoco corresponde por entero a la extensión que los geógrafos antiguos parecen asignar a alguno de aquellos pueblos de modo que la zona de habla alto-navarra coincidiría con territorio vascón y la de habla vizcaína al oeste con territorio caristio, con lo cual, la parte várdula de Guipúzcoa sería el solar del moderno dialecto guipuzcoano”.




Sobre las diócesis y su influencia sobre los dialectos

Al binomio "Pueblos o tribus-dialectos" establecido por Oihenart (s. XVII) se le añadió un tercer elemento en el siglo XX: el de las diócesis eclesiásticas. Esa tesis fue recogida posteriormente por Julio Caro Baroja en dos libros que tuvieron una amplia difusión: "Los Pueblos del norte de la Península Ibérica" (1943) y "Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina" (1946). También Menéndez Pidal sostuvo en 1962 que, en varios idiomas europeos, y entre ellos en el euskera, los límites dialectales son ajenos a las divisiones administrativas modernas, no coinciden con ellas, y en cambio se acomodan bien a la demarcación de las diócesis eclesiásticas, herederas a su vez de la administración imperial en tiempos de Constantino (siglo IV).

El lingüista eibarrés Koldo Zuazo comenta: “La hipótesis de la relación "tribus-diócesis-dialectos" tiene su mejor apoyo en la zona occidental: en Bizkaia, Alaba y valle del Deba. Se dice que esa zona estuvo poblada por los caristios, que eclesiásticamente constituyó la diócesis de Armentia, que luego se integró en la de Calahorra, y que en ella se hablaba un tipo de euskera similar.

Mapa de Eneko Del Castillo 



(…) las provincias de Iparralde están divididas en tres obispados y, según parece, estuvieron ocupadas por una única tribu . La relación "tribus-diócesis-dialectos" tampoco se cumple en Gipuzkoa y Nabarra. Eclesiásticamente, la mayor parte de esas dos provincias estuvo encuadrada en un único obispado, el de Iruña. Sin embargo, estuvieron pobladas por dos tribus diferentes, la de los vascones y la de los várdulos y, desde el punto de vista lingüístico, se hablan dos dialectos principales, todo ello sin olvidarnos de las peculiares hablas de los valles nabarros de Salazar y del Roncal. En definitiva, no parece que las demarcaciones eclesiásticas sean una continuación de la antigua organización tribal (…)”.

Por tanto, algunas de las primeras diócesis parecen albergar un territorio natural, conocido desde mucho tiempo atrás, pero no parecen estar relacionadas con los Pueblos vascos prerromanos ni coinciden con los euskalkis actuales.

La Sakana

Como hemos visto, La Burunda y la Tierra de Aranatz, el valle de Lana y el alto valle Ega (Marañón y Aguilar de Codés) serían tierras bardulas (Alta Nabarra) pertenecían a la diócesis de Auca, con sede en Villa Franca de Montes de Oca en el siglo IV (en la actual provincia de Burgos). Conquistada después por los musulmanes (s. VIII), carece de continuidad alguna para dejar huella en el euskera en una época tan inicial para la Iglesia católica y socialmente muy convulsa.

La ocupación musulmana hizo que la diócesis de Auca pasara a Valpuesta (Oeste del río Ibaizabal-Nervión y de Alaba). Se crea sobre tierra autrigona sobre el año 804, aunque es improbable que cuando se funda la diócesis quedara nada de los antiguos autrigones (lo mismo sirve para otros Pueblos euskaros prehistóricos), pero sí es cierto que incluso hoy, las gentes que ocupan el territorio de ese antiguo Pueblo vasco, mantienen una relación social y económica estrecha.



Valpuesta tiene un matiz netamente alabés según el historiador español Pérez de Urbel. Sobre 1060 desaparece la diócesis de Valpuesta a favor de Burgos, lo cual es sin duda una decisión política, por lo que la influencia de Valpuesta debió de ser escasa sobre el euskara hablado en su territorio, el cual no se conserva.

La diócesis de Armentia se crea junto con la diócesis de Nájera cuando Calahorra es tomada por los musulmanes, pero es efímera (200 años), pues al ser recuperada Calahorra por el rey nabarro García IV el de Nájera (sobre 1045), la diócesis volvió a su sede originaria hasta el siglo XIX. La diócesis de Armentia existió entre los siglos IX al XI (tiene obispos entre el 871 y 1087), que sí que recoge en su seno la tierra Karistia o Karieta y el euskera occidental o bizkaíno, pero esta diócesis albergaba también territorios de otros Pueblos prehistóricos vascos, bardulos e incluso autrigones. La Diócesis de Calahorra, antigua ciudad del Pueblo baskón, no cumple tampoco con la distribución actual de los euskalkis.

La diócesis de Pamplona esconde bajo su sotana gran parte de la tierra del antiguo Pueblo baskón, pero ni mucho menos todo él, ya que también lo eran los habitantes de las Cinco Villas aragonesas que no pertenecen a la diócesis de Pamplona y los habitantes de la diócesis de Baiona, que sí que eran baskones. Además, incorpora al antiguo Pueblo de los bardulos en su mayor parte. Es más, tampoco coincide con euskalki alguno, pues extendía su manto sobre los hablantes del gipuzkoano actual, que ocupan la parte costera del territorio del Pueblo de los bardulos, pero no todo él. La diócesis de Pamplona pudo estar erigida para el siglo IV ("Orígenes de cristianismo en la tierra de los vascones" Roldán Jimeno).

Eneko Del Castillo, Nabarlur.blogspot.com

La diócesis de Baiona con su patrono San León, degollado en el siglo IX, era el Vizcondado de Lapurdi, comunidad humana ancestral por otra parte. Lapurdi nació además de abarcando la provincia actual, con territorios hoy gipuzkoanos: del Bidasoa hasta el Urumea (San Sebastián) de Oarso Aldea, así como otros hoy alto nabarros: Alto Baztan (Maia, Elizondo, Irurita, Azpilikueta), Cinco Villas (Bera, Lesaka, Etxalar, Iantzi y Aranaz), Valle de Lerin (Sunbilla, Zubieta, Donamaria, Bertiz y Nabarte) y además parte de Baja Nabarra (Arberoa, Orzaize, Garazi y Baigorri).

No es descartable que los “lapurdo” o lapurdum (como se refieren en textos latinos tardíos a Baiona) tuvieran relaciones estrechas con los “baskones” prehistóricos, como sostenía, por ejemplo, el Doctor en historia Manex Goyhenetche. Por tanto, no coincide la diócesis con todo el Pueblo baskón ni con ningún otro y en ese territorio actualmente se hablan los euskalkis labortano-alto nabarro y bajo nabarro, con la influencia del gipuzkoano en la comarca de Oarso en épocas recientes. La diócesis casi coincide en el tiempo, pero el vizcondado parece ser anterior, pues la diócesis se sabe que existe al menos desde 1105 y los primeros vizcondes de Lapurdi son la mayoría nabarros descendientes de Sancho Abarka a través de su hermano, por tanto, del siglo X. La ciudad de Baiona pertenecía al obispado y el puerto al vizconde.



En el siglo XVI (1566), tras la conquista del sur del reino de Nabarra, las tierras gipuzkoanas y alta nabarras de la diócesis de Baiona pasan a la diócesis de Pamplona, pero es una decisión claramente política del emperador germánico-español Felipe II que así se lo pidió al Papa.

La diócesis de Tarazona se crea sobre otra comarca económica, geográfica y social natural con tierras de la ribera media del Ebro y llega hasta tierras de Tudela, por lo que poco aportó al Euskara.

En Iparralde, la diócesis de Olorón del siglo VI, tenía a los suletinos y bajo nabarros limítrofes bajo su cetro, lo que sí coincide con su euskalki actual, pero como veremos, no parece que surgiera en esos momentos de la historia, sino que ese euskalki es mucho más reciente en el tiempo y se explica mejor por otras causas.

Akize (Dax, Baskonia continental), sería la diócesis de la parte norte de Baja Nabarra, país de Mixe y Ostabarret: Amiküze, Oztibarre, Landibarre y Bidaxune. Hablarían estos Pueblos un subdialecto del bajo nabarro, pero esta diferencia parece más bien motivada por una mayor relación comercial con los territorios al norte que por la influencia diocesana, es además una diferencia dialectal pequeña, sería más bien un subdialecto del bajo nabarro.

Mapa Eneko del Castillo
Diócesis en Nabarra s. IX-XI


Por tanto y resumiendo, las diócesis de Iparralde no parecen guardar relación con los antiguos Pueblos eúskaros ni con los euskalkis, pero tampoco la diócesis de Pamplona; está más ajustada en el caso de la diócesis de Armentia con el euskera bizkaíno y los karietas (pero abarca territorios de más Pueblos prehistóricos del territorio alabés y no explica los subeuskalkis dentro de ella) y solo Valpuesta sería coincidente con un Pueblo prehistórico eúskaro, pero cuyo euskera no se ha conservado para poder ser estudiado. Estas dos últimas diócesis son las dos más efímeras, por lo que parece difícil que pudieran crear una diferencia significativa sobre el euskera de sus territorios.

Mapa Eneko del Castillo
Diócesis en Nabarra a partir del s. XII 

La conclusión es que las primeras diócesis de Auca, Calahorra, Valpuesta, Pamplona, Baiona, Armentia, Tarazona, Olorón y Dax, pudieran atender más a una necesidad de predicar sobre una población que se relaciona por cercanía (facilidad geográfica como los conventos romanos que hemos visto), que tienen una vida política y económica en común de forma natural, lo cual les hacen coincidir en grandes territorios con las divisiones de los Pueblos prehistóricos que seguían las mismas premisas de relaciones económicas-políticas siguiendo los valles que marcan sobre todo los ríos y salidas naturales entre el mar y el interior. Pero luego (como hoy) son decisiones políticas, tanto en el caso de la diócesis tardía de Baiona, como cuando Castilla empieza a despertar para ser el reino depredador que fue. Parece más que las primeras diócesis se adecuaran a la realidad social en la que pretendían predicar que fuente creadora de dialectos en esos primeros siglos.

Es más, la Iglesia católica no usó los idiomas nativos hasta el Concilio de Trento en el siglo XVI, por la presión de los Protestantes que ya lo hacían, por lo que la influencia de la Iglesia Católica anterior a ese Concilio y sus diócesis, debió de ser muy limitada sobre los euskalkis, al menos a través de la liturgia o en la creación de un euskalki de clase social alta, pues el idioma litúrgico y de clases altas sería el latín, lo que llevará a crear los idiomas romances en la Alta Edad Media.


Mondragón-Arrasate


Sin embargo, sí que hay casos concretos donde ha quedado la influencia de la Iglesia católica en el euskalki. En el alto Deba (de Arrasate a Gatzaga), el obispado de Vitoria del que dependía toda Gipuzkoa incluido este valle, mandaba en el siglo XIX curas nativos, pero sin respetar el euskera bizkaíno que se habla en la zona. La consecuencia fue que los naturales de ese valle se acostumbraron al euskera gipuzkoano y se convirtió en el euskera de relación entre las clases altas y el euskera de escritura y lectura habituales, considerando a aquellos que solo hablaban bizkaíno como gente iletrada, sin que con ello desapareciese el euskera bizkaíno de esos valles. Ruiz de Larrinaga en 1954 dice: “Sucede en todas estas poblaciones (Valle del Deba) que miran con desdén al bascuence de Vizcaya y son muy apasionados al dialecto del Beterri (Tolosa aldea): sermones y pláticas se predican en ese dialecto de Beterri y muchísimas personas hacen estudio de ese dialecto por cuyo motivo hacen una mezcla, pero todavía no han podido guizpuzcoanizar al vulgo”.

El propio Koldo Zuazo aporta otro buen ejemplo de la actividad unificadora de la Iglesia sobre el idioma de sus feligreses en siglos pasados al hablar de los subdialectos: “El tercero y el más moderno lo fijamos en la zona central de Bizkaia, en las comarcas de Mungialdea, Busturialdea, Txorierri y Arratia. Se ha desarrollado a partir del siglo XIX y sus principales agentes propagandísticos han sido los sacerdotes y los miembros de determinadas congregaciones religiosas, por lo general franciscanos, carmelitas y pasionistas”.


La influencia de la Iglesia católica en aquella sociedad es mayor de lo que la gente puede percibir hoy en día, incluso para unificar el idioma formal hablado, que siempre tendría algún reflejo en el idioma más popular como hemos visto. Pero en los primeros siglos la situación era muy diferente, cuando se predicaba en latín parece que su influencia en esos siglos debió de ser más hacia la creación de romances o “corrupciones” del latín que hacia la dialectización del euskera. El euskera eclesial de base latina no tiene gran diferencia dialectal, por lo que difícilmente se puede remontar a la Alta Edad Media, sino más bien al Concilio de Trento en el s. XVI.

Sobre las rutas comerciales y la influencia de las villas

El Régimen Foral suponía que las fronteras económicas estuvieran en el llamado “Cordón del Ebro”, por lo que los vascos seguíamos manteniendo nuestras relaciones comerciales anteriores a la ocupación militar de la Nabarra Occidental, sin estar constreñidos económicamente a las hoy llamadas provincias en las que fuimos divididos, aunque hubo una fuerte fricción entre la parte ocupada y la parte del reino que seguía libre, con amplias comarcas fronterizas.

Bizkaia ha tenido más relación comercial con Vitoria y luego con la meseta castellana que con Pamplona. Vitoria fue fundada como villa en 1181 sobre el poblado de Gasteiz por Sancho VI el Sabio de Nabarra y dejó de hablar euskera en el siglo XIX, durante las carlistadas.

El Portalón en Vitoria-Gasteiz

Así, no se puede olvidar que, por ejemplo, Bizkaia y Alaba formaría una unidad económica, tanto dentro del reino de Nabarra como después con Castilla, con sus pasos por Altube, Barazar u Orduña, con comarcas internas naturales (como Uribe costa o duranguesado, por ejemplo) y con otros valles más o menos aislados que generarían también pequeñas diferencias dentro de los dialectos. Son Rutas Comerciales ancestrales que se mantienen con el paso de los siglos e incluso de los milenios.


Bilbao, puerto de Begoña con Nabarra, con su castillo, donde hoy se alza la iglesia de San Antón, se constituyó como villa independiente en 1300 para competir contra Bermeo


Un error habitual entre los lingüistas es dar preponderancia económica y política a Bilbao en la Alta y Baja Edad Media bizkaína en vez de a Bermeo, capital de Bizkaia hasta el siglo XVII (1602). Fernando II de Aragón el Falsario, o el Católico como le llaman los españoles, se refería a Bermeo como "cabeza de Vizcaya" en 1475, por ser "la villa principal, primera y más importante, la más poblada, la más rica y poderosa". Pero parece que Bermeo tampoco aporta mucho al euskera bizkaíno, su aislamiento geográfico y su escasa población alrededor, pese a ser su capital, tuvieron que ver sin duda, además de ser una villa volcada más a la mar que al comercio. Se ha considerado al euskera bermeano un subdialecto y donde es más probable que surgiera el “na” frente al “naz” más extendido en el bizkaíno o la -n final en las formas verbales de pasado (za, “era” por zan) usado en Uribe-Kosta (Barrika, Berango, Gorliz, Lemoniz, Plentzia, Sopelana, Getxo, Erandio, Leioa y Urduliz) y Bermeo. Bilbao también tiene estas dos variantes (na/za), pero tampoco parece que tuviera influencia en el euskera de la comarca.



Bermeo, cabeza o capital de Bizkaia hasta el siglo XVII


Todas las rutas comerciales salían de la capital bizkaína y se dirigían a la Llanada Alabesa, preferentemente a Vitoria-Gasteiz y a La Rioja, lo que explicaría el parecido de sus euskalkis, lo mismo que el de la comarca del Deba con su salida natural hacia Vitoria por Arlaban. El euskera bizkaíno de Oñate es parecido al de Vitoria-Gasteiz, con el que tenía una relación comercial fluida que no tenía con el valle paralelo del Urola gipuzkoano, que habla otro dialecto, el gipuzkoano o central.

Por tanto, existen diferencias motivadas por las salidas naturales de los excedentes de los productos de la costa hacia el interior de la Llanada alabesa y la meseta, pues está constatado este tránsito desde época prehistórica, cuando los habitantes de Urdaibai en la costa bizkaína iban a cazar hasta los actuales territorios de Trebiño en la Llanada Alabesa. Además, Vitoria influyó sobre otros territorios limítrofes, tal y como señala Koldo Zuazo: “También quisiera señalar que, vista la silueta del euskara occidental, su núcleo ha de situarse necesariamente en Gasteiz. Si estuviera en Bizkaia, sería improbable que las innovaciones hubieran llegado al oeste de (Alta) Nabarra. La presencia de rasgos occidentales en el Goierri también se explica mejor partiendo de Gasteiz, pues no ha de olvidarse que ha existido una importante vía de comunicación que unía Araba con la costa a través del túnel de San Adrián”.



Agustín de Kardaberaz (escritor hernaniarra del s. XVIII) ya adelantó esta cuestión cuando dijo que dentro del bizkaíno existían palabras o giros diferentes en zonas comercialmente muy relacionadas, como Uribe costa, Plentzia-Matxitxako (Bermeo)-Mungia, Zeberio-Otxandio-Orozko (pasos a Vitoria-Gasteiz) y más claramente en el duranguesado.

Es paradigmático la influencia de las comarcas económicas y sociales naturales en los euskalkis si se mira al Goierri gipuzkoano (Beasain, Ordizia, Segura, Legazpi etc.). Así, en Abaltziseta e Ikastegieta hablan un euskalki de transición al Beterri tolosarra con el que son fronterizos, Urretxu y Zumarraga hacia el valle colindante de Urola, y lo mismo ocurre con los Pueblos que limitan con Alta Nabarra por Etxegarate y los que lo hacen con Alaba por el paso de Lizarrate o San Adrián.




La fuerte plaza comercial que era la villa de Tolosa , extiende la influencia de su euskera a los valles colindantes de Alta Nabarra de Larraun, Basaburua e Imotz, que hablarían euskera gipuzkoano (incluso en la Sakana). Tolosa fue capital de Gipuzkoa durante un breve tiempo, entre 1841 y 1854 (hasta entonces era itinerante entre las grandes poblaciones gipuzkoanas), después pasó a San Sebastián-Donostia. Por su parte, Getaria fue capital de la tenencia de Iputz dentro de Nabarra y abarcaba su alfoz también a Zarautz, pero solo hasta el siglo XII que se produjo la conquista castellana de la Nabarra Occidental.

Respecto al Este de la actual provincia de Gipuzkoa, pese a ser ocupada casi en su totalidad en ese año 1200 , la comarca de Oarso, siempre ha sido la salida natural de los valles que desde Pamplona se dirigen hacia el mar (incluso en el presente con los popularmente conocidos por los gizpukoanos como “mea playas”), lo que explica que, pese a estar divididos por la fuerza de las armas, las relaciones sociales y comerciales fueron intensas.

Un ejemplo claro de la relación estrecha comercial y social entre Gipuzkoa y Alta Nabarra son los pastos comunales como los de Aralar, que dieron lugar a la “frontera de malhechores” en los siglos XIII y XIV del canto de Beotibar, al pertenecer de la noche a la mañana a Estados diferentes, sin que estos pastos estuvieran antes mojonados, ni existieran alto nabarros y gizpuzkoanos (creación política posterior a la ocupación militar castellana), pues todos ellos era conocidos en el mundo como “nabarros”.

Salazar y Ronkal, siempre han tenido una relación comercial y pastoril con Zuberoa, lo que explica la influencia del idioma suletino en los primeros, como el bajo nabarro en el euskera de Aezkoa.

En el caso de Zuberoa, su relación amor-odio con Beárn es, cuando menos, medieval, lo que explicaría la influencia del romance bearnés en el euskera de Zuberoa, donde además el bearnés fue idioma oficial entre los sigo XIV al XVI, sin olvidar a su vez la importante influencia del euskera en el bearnés expuesta por historiadores y lingüistas (como en el libro de Luis Nuñez Astrain “El euskera arcaico”). Incluso hoy el bearnés es un idioma que se oye en muchos mercados de Zuberoa.

Por otro lado, los marinos tienen siempre diferencias respecto al interior e incluso una jerga común por la relación comercial entre puertos. Otro de los elementos unificadores podría haber sido la trashumancia pastoril, sin que parezca que ninguno de estos dos hechos haya influido, más que superficialmente, en los euskalkis que hablan marineros y pastores.
Una situación parecida y constatada, sería el caso de las personas que iban a trabajar a Zuberoa a su industria textil en los siglos XIX-XX y que volvían a sus lugares de origen recogiendo en el trayecto elementos del suletino.

También se nota en los territorios de los subeuskalkis o subdilectos las relaciones comerciales preferentes de algunos valles con otros o con villas importantes y con grandes días de mercado: Tolosa, Vitoria-Gasteiz, Maule, Garazi, Pamplona etc.

Sobre la literatura

Mucho más reciente es la influencia del euskera literario a favor del gipuzkoano, al igual que el prestigio de los bertsolaris (poetas populares) gipuzkoanos.

La literatura unificó el euskera clásico (siglos XVI al XVIII), fue el primer “euskera batua” al que podríamos llamar “nafarrera” y que Federico Krutwig –uno de los fundadores de Euskaltzaindia- propuso y quiso que fuese el definitivo. Koldo Zuazo: “Otro paso importante se dio, con toda seguridad, entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XX. A mediados del XVIII surgió el dialecto literario guipuzcoano, en el siglo XIX tomaron cuerpo el vizcaíno y el suletino y en el siglo XX el nabarro-labortano, lo que propició el distanciamiento entre los diferentes dialectos”.

La política también intervino en el origen de euskera literario. Así, el último euskera literario fue el euskera alto nabarro, lo cual denota la represión sobre la población de esa parte del reino nabarro que continuó durante los siglos que siguieron a la ocupación militar castellana (s. XVI al XVIII según demuestra Peio Esarte), que coincidió con la popularización de la literatura gracias a la invención de la imprenta.

Juana III de Albret o Labrit, hija de Enrique II el Sangüesino


Es suficiente recordar para esta afirmación que los primeros libros y el primer movimiento literario y unificador del euskera (la Escuela de Sara) se da en la parte independiente del reino en esas mismas fechas (siglos XVI-XVII). Tanto el libro de B. Etxepare como el Nuevo Testamento de Leizarraga, cuentan además con la subvención de los reyes nabarros, Enrique II “el sangüesino” (que era euskaldún) y su hija Juana III respectivamente (ésta de religión protestante).

Pero todas estas constataciones no explican las mayores diferencias dialectales actuales frente a las constatadas de esos primeros siglos de la literatura en euskera, lo que nos lleva a buscar una explicación de más calado social para la situación actual.

Sobre el posible origen político de los dialectos actuales

Koldo Mitxelena en 1957 comentaba que el fraccionamiento dialectal es “consecuencia de la división política del país y de la falta de focos culturales unificadores”. Aunque K. Mitxelena aprecie dos causas, para nosotros, son la misma.



Una gran uniformidad vendría tras la caída del Imperio romano, quizás ya con los bagaudas (s. III-VII) y el trasiego de gentes por todo el territorio de los Pueblos eúskaros, pero desde luego con la unificación de todos los Pueblos eúskaros en un único ente político con el ducado de Baskonia (VI-IX) y sobre todo con el reino de Nabarra, donde los vascos alcanzamos la plenitud política, con las cosas buenas que tienen los Estados, pero que acarrean indefectiblemente una mayor uniformidad, dependiendo siempre de las diferencias de las que se partan, el grado de democracia interna o de la época de la que hablemos por ejemplo, pues las posibilidades actuales de uniformización de la población no se tenían en épocas anteriores.

Ésta sería la percepción comentada al principio sobre un euskera mucho más uniforme que relata Koldo Mitxelena para esos siglos de la Alta Edad Media y de donde debemos de partir para explicar los dialectos actuales del euskera. Esto aclararía lo que K. Mitxelana comenta: “las abundantes palabras provenientes del latín han seguido una evolución similar en todos los dialectos”.



Creo que el mejor resumen sobre la pervivencia de las actuales diferencias dialectales, probablemente las mayores en la historia del euskera, lo hace el propio Koldo Zuazo en el artículo mencionado: “Por otra parte, dentro de la estructura del euskera observamos dos cortes importantes, también presentes para el siglo XVI. Uno que separa el euskera de las provincias de Alaba, Bizkaia y Gipuzkoa del de Iparralde y (Alta) Nabarra, y otro que separa el euskera de Iparralde del de Hegoalde. Tal vez la fragmentación del Reino de Nabarra esté en la base de ambos hechos, pues fue a partir de entonces cuando las provincias de Lapurdi y Zuberoa, sobre todo, orientaron sus relaciones políticas y sociales hacia centros ubicados al norte de los Pirineos, mientras que Alaba, Bizkaia y Gipuzkoa quedaron integradas (sic) en el reino de Castilla. La reordenación (sic) de las provincias vascas operada entre los siglos XI-XII pudo repercutir en la evolución posterior de la lengua y tal vez fue entonces cuando se dio el primer paso importante en el proceso de la dialectización del euskera. (…) El euskara altonabarro es el que menos elementos diferenciadores tiene”. Tampoco es baladí la constatación de la centralidad del euskera alto nabarro.

Desde el punto de vista político, se pueden diferenciar diferentes etapas en la creación de los dialectos vascos o euskalkis:

1. Prehistoria

Los diferentes Pueblos eúskaros formaban unidades políticas independientes, por tanto, es más que probable que existieran diferencias dialectales constatables en los pocos nombres y el vocabulario en euskera que nos ha llegado, ya tras la ocupación romana. Aunque podemos hablar de sociedades divisas y por tanto de Estados en su sentido prístino (al menos entre baskones y aquitanos), es difícil que esas estructuras políticas tuvieran el carácter unificador del idioma que después mostrarán los Estados, potencial que tendrá varias fases históricas, pero lejos de esos primeros albores de la historia escrita. Por tanto, es difícil que los euskalkis de los primeros Pueblos vascos conocidos fueran muy diferentes entre sí, circunstancia que se refleja en los pocos datos que tenemos y que parecen corroboran los restos encontrados en lápidas de esta época ya mencionadas (seme-sembe/uri-iri).



La conclusión sería que es imposible que las diferencias dialectales que observamos hoy en día sean las que tenían los diferentes Pueblos eúskaros prehistóricos, ni coinciden, contra lo que se ha pretendido, con sus territorios, aunque, sin duda, había diferencias entre sus formas de hablar euskera, menores probablemente que las que tenemos actualmente. Solo en algunos casos tienen territorios parecidos, como los karietas y el euskalki occidental o bizkaíno, pero esta circunstancia se explica mejor por ser comarcas económicas ancestrales de trasiego comercial que ya usaban los Pueblos eúskaros prehistóricos y que se han mantenido hasta el presente.




2. Durante la ocupación romana

Se dio una unidad política al sur pirenaico en la provincia de la Tarraconensis, que hace que los romanos dejen de mencionar a los diferentes Pueblos eúskaros. Lo mismo, y más claramente, debió de suceder en Novempopulania o Aquitania I. Parece casi imposible estudiar la influencia de las grandes ciudades romanas en el euskera dialectal como Veleia-Iruña de Oka, Pamplona-Iruñea, Calahorra, Oiasso (Irun), Varea-Logroño, la repoblada Sant Bertrand de Commiges, Auch, Flaviobriga, Eauze, Jaca etc.

Las diócesis surgieron a partir del siglo IV con Calahorra y Pamplona. Su influencia inicial sobre una población que convirtieron al cristianismo es lógica si se observan hechos parecidos más recientes y documentados como la cristianización de América, pero esas primeras diócesis no coinciden ni de lejos con las diferencias dialectales que observamos hoy en día. El empleo del latín en la liturgia y en la escritura hasta el Concilio de Trento del siglo XVI, nos hace pensar que su influencia anterior a ese siglo sobre los euskalkis fuera escasa, y parece estar más relacionada con la creación de idiomas romances en detrimento del propio euskera, al menos en las zonas bilingües, como el castellano en la diócesis de Valpuesta.


3. La creación del reino de Nabarra

“(…) los dialectos han venido distanciándose unos de otros a lo largo de los siglos, desde los primeros textos medievales que nos permiten apreciar la distancia interdialectales hasta la actualidad. Los dialectos del euskera moderno tienen pues más distancia entre sí que los del euskera clásico (siglos XVI al XVIII), y éstos, a su vez, tienen más que los del euskera medieval (siglos XI-XII)” (“El euskera arcaico” Luis Nuñez Astrain).

Tras la caída del imperio romano se produce una gran convulsión social. En el territorio del euskera se puede ver una primera etapa de revueltas populares que difícilmente se pueden achacar a simples campesinos, pues llegaron a tomar la ciudad de Tarazona, que estaba fuertemente amurallada, o devastar la comarca de Zaragoza, eran los movimientos bagaudas.



Tras el desorden inicial, surgió en el territorio del euskera un único ente político y un único Pueblo, plasmado en el ducado de Baskonia, sobre los siglos VI-VII, del que hablan los cronistas de la época. De él surgió un núcleo de resistencia al imperialismo germánico al que los francos llamaron “nauarri”, que se convertiría en el germen del Estado baskón de Pamplona-Nabarra en el siglo IX. Ya no hay “Pueblos vascos” en plural, sino que francos, visigodos y después musulmanes, hablan de un único Pueblo. El Estado nabarro llega a su plenitud con Sancho III el Mayor a comienzos del siglo XI. La unidad política traerá la unidad en el idioma que observan Koldo Mitxelena y Koldo Zuazo, sin olvidar que el propio Sancho III el Mayor impulsó también la unidad religiosa que se completó en el siglo siguiente.



El reino de Nabarra, hija del ducado Baskón, supuso una revolución religioso-social en la Nabarra Occidental que hoy no podemos imaginar, donde debieron de tener una gran influencia las innumerables iglesias levantadas donde antes apenas había construcciones de piedra, y aún más, en aquella escasa población de tradición oral, la predicación de letrados clérigos que debieron llegar con ellas desde otros territorios del reino, que por tanto, también eran euskaldunes (diócesis de Armentia y Pamplona como hemos visto):

En Bizkaia o Gipuzkoa no existen restos católicos anteriores al siglo XI , cuando Sancho III el Mayor introduce el románico desde Leire. Es más, los restos de iglesias del siglo XI en Bizkaia se reducen a 16 ventanas y no es hasta el siglo XII, con Alfonso I el Batallador y después con Sancho VI el Sabio, cuando casi todos los municipios de la Bizkaia actual se crean alrededor de las recién fundadas parroquias o anteiglesias que reestructuran todo el territorio, con la constatación de docenas de iglesias y ermitas de ese románico tardío, la mayoría de realengo, por tanto son reflejo de una actividad política desde el centro del reino disfrazada con sotana. 

En Gipuzkoa hay al menos una veintena de restos de iglesias del siglo XII y en Alaba existen 240 ermitas o iglesias de época románica. Esta frenética actividad eclesial y de construcción, debió de llevar consigo una uniformización en estas tierras de aspectos como el idioma, pues es muy improbable que antes se hubiera producido una presión político-social suficiente desde el centro del reino (Nájera, Pamplona o Leire) para que Mitxelena o el propio Koldo hablen de un euskera común Alto Medieval.


“Parece claro que en países con población rural ha debido de prevalecer más que en zonas con ciudades de regular tamaño el régimen monasterial y de patronatos o dominios laicos como el que se da en Vizcaya” Julio Caro Baroja. El historiador nabarro Lacarra comentaba al respecto: "fundamentalmente parece que el capital necesario para la edificación de las parroquias procedía de las rentas que les concedieron los reyes (...), son constantes las donaciones que los reyes hacían utilizando el erario público”.

Hacia el año 1500 la parroquia era todavía una institución civil, posteriormente ese nombre quedó exclusivamente para designar las demarcaciones del clero. Las iglesias diviseras o de abadengo son las construidas por caballeros que ejercían de patronos frente a las más abundantes de realengo. En éstas, el rey, normalmente nombraba un patrono entre los nobles de su confianza. El patronazgo implicaba la recaudación del diezmo y las primicias, así como el nombramiento de clérigos, siempre entre los naturales de la parroquia. El caballero, propietario laico, o el patrono en nombre del rey, a cambio, se ocupaba del mantenimiento de la iglesia y de los clérigos. Andra Mari de Galdakano, por ejemplo, de finales del siglo XII, era divisera hasta el siglo XIV que pasó a ser realenga. Este tipo de constitución es la habitual en Bizkaia en el siglo XII frente a las de constitución episcopal, más frecuente según se van creando las villas (Julio Caro Baroja en “Historia del País Vasco Tomo V”).

Iglesia divisera Andra Mari de Galdakano, fundada por Sancho de Galdakano que vino de las Cortes de Nabarra a finales del siglo XII a repoblar y controlar la comarca ante las acometidas castellanas. Libro: "La historia Nabarra de Galdakano":  https://lehoinabarra.blogspot.com/2019/03/la-historia-nabarra-de-galdakano.html.



El primer historiador bizkaíno, el banderizo Lopez García de Salazar en el libro XXV, confirma el hecho de la fundación de monasterios por parte de la corona Nabarra (iglesias de patronato laico bien realengas o bien diviseras). Habla de una primera fase, relacionada la lucha contra los musulmanes que correría a cargo de los caballeros (por tanto alejada de tierras bizkaínas, gipuzkoanas y del norte de Alaba), una segunda fase donde es la corona la que funda monasterios al aumentar la población y para consolidad su poder, y solo en una tercera fase la iniciativa vendría de Roma con el aumento de las villas y la construcción de iglesias en ellas para cobrar el diezmo, por tanto más en los siglos XIII-XIV y dentro ya del estilo gótico.

En las actuales provincias de Iparralde, curiosamente, el románico y la actividad eclesial también se disparan bajo el reinado de Sancho III el Mayor, mediante su tío y vasallo Sancho Guillermo, del que heredó luego el ducado el rey nabarro. El primer mapa del reino de Pamplona-Nabarra (donde también se dibuja el ducado de Baskonia), se encontró en el monasterio de Saint Server (Aire d´Adour) y es precisamente de esta época (s. XI), fue hallado en uno de los principales templos de la Baskonia continental, que habría dibujado la mano de un clérigo emparentado con la más noble familia de Zuberoa, vasalla de Nabarra, y después una de las 12 familias más importantes del reino: Estefano de Mauléon, Stephanus Garssia Placidus. Se trata de un códice de 208 páginas adornadas con 102 miniaturas, de los más importantes de Europa.

Por tanto, dentro del reino nabarro, el gran unificador hay que buscarlo en la cristianización y re-estructuración en anteiglesias de aquellas zonas que permanecían paganas (el saltus vasconum: Bizkaia, Gipuzkoa, norte de Alaba y la zona pirenaica), desde la actividad política de los tenentes o señores que venían de la corte nabarra en muchos casos o estaba estrechamente relacionada con la misma, como administradores de las tenencia y de los señoríos-condados en todos los aspectos tanto económicos, como sociales-religiosos y judiciales.

Parece que los señoríos, condados o tenencias nabarras tuvieron un efecto unificador en los euskalkis al no ser demarcaciones feudales, sino “tenencias” donde los tenentes son meros administradores en todos los aspectos de la vida ciudadana en nombre del rey. Esto explicaría el hecho cierto del aspecto unificado del euskera de esos siglos expuesto por los socio-lingüistas.


4. La Ocupación militar del reino nabarro

Mapa: Eneko del Castillo –blog Nabarlur-


Al ser más reciente, tenemos más datos de la conquista militar de Alta Nabarra por las tropas de Fernando II de Aragón el Falsario, 1512-24. La represión sobre el euskera tras la conquista debió de ser tan brutal como la que padecieron sus hablantes, el Pueblo nabarro, desposeído incluso de sus nombres de pila en “lengua navarrorum”, pues se prohibieron en ese siglo XVI hasta hace pocos años (con un pequeño período en medio a principios del siglo XX), aunque algunos crean que estas cuestiones solo pasaban con el gran caudillo español Francisco Franco.

Koldo Zuazo en su estudio recogido en el libro mencionado, “Euskalkiak, euskararen lekukoak”, es contundente al remarcar que la principal diferencia, si cogemos todas las diferencias entre los dialectos del euskera, la marca la frontera entre los dialectos del oeste y centro (el “bizkaíno” y el gipuzkoano) y el resto (alto nabarro e Iparralde).

“Oso ezaugarri haziak banatzen du Euskal Herriak zati bitan. Alde batean daude mendabala eta erdialdea eta bestean berriz Iparraldea eta euskara nafarra (garaia). Hauxe da hain zuzen euskararen baitan dagoen banaketarik garbienetarikoa, nahiz eta orain artean sekulan ez den argiro nabarmendu”. (…)

Es una frontera dialectal que lo fue política desde finales del siglo XII al XVI, donde debieron de surgir por tanto las diferencias fundamentales entre esas dos comarcas dialectales, fruto, simplemente, de la imposición militar sobre los nabarros, separándonos entre “bizkaínos” y los que podían seguir llamándose nabarros. Los nabarros occidentales: bizkaínos, alabeses y gipuzkoanos, conformaron una unidad política inicial muy efímera como Señorío de Bizkaia, e incluso al euskera se le llamó “bizkaíno” en esos siglos.

Eneko Del Castillo

Así, el bizkaíno actual debió de gestarse del siglo XII en adelante, y queda para los lingüistas averiguar lo poco que quedaría del dialecto del euskera arcaico de karistios o autrigones. Las diferencias del bizkaíno no se acentúan hasta el siglo XIX, según Lakarra (1986) y Koldo Zuazo (1988), lo cual podría achacarse según el último, a la irrupción del euskera bizkaíno literario, donde muchas veces se han buscado las diferencias con el resto de euskalkis, por muy marginales que fueran al inicio en su extensión. El propio Koldo en su libro “Euskalkiak, herri baten lekukoak” recoge varios ejemplos, como usar el verbo “dauz” (“tiene”) por el más antiguo y extendido en el propio bizkaíno de “ditu” e igual al resto de euskalkis.

El valle de Leintz del Alto Deba no se incorporó hasta el siglo XVI a Gipuzkoa (Arrasate, Aretxabaleta, Eskoritza, Bergara y Gatzaga) y el Señorío de Oñate hasta 1845. Aún hoy, en cuanto a organización territorial, el Alto y Bajo Deba están separados. La pervivencia de un euskera occidental (el llamado bizkaíno) en todo el valle del Deba, se ha debido probablemente a su fuerte vinculación económica con el resto de comarcas occidentales y más escasa con la Gipuzkoa central.

Por el contrario, se observa que el Bajo Deba (Eibar, Mendaro, Soraluze, Mallabia, Elgoibar, Deba, Ermua y Motriko) tiene una mayor influencia en su euskalki del euskera gipuzkoano, pero en este caso no parece ser la demarcación política la principal razón. La estrecha relación con la zona colindante de Bizkaia es evidente. Así, para Elena Barrena, el topónimo de “Markina” data desde el siglo XIV “denominó a una amplia zona situada entre el valle de Itziar y Durango, comprendiendo las tierras de las actuales Marquinas vizcaínas, Echeberri y Jemein (sic) –entonces Marquina de Yuso (o de abajo)-, y las guipuzcoanas Eibar y Elgoibar -Marquina de Suso (o de arriba)-”, es decir, eran tierras de frontera entre Bizkaia y Gipuzkoa, “marcas”. La influencia del euskera gipuzkoano en el Bajo Deba es superficial y debe ser bastante reciente, quizás fruto de la revolución industrial que tanto marcó esa comarca a finales del siglo XIX principios del XX o el turismo interno gipuzkoano en la costa en el siglo XX, pues como veremos, los gobiernos de los diferentes territorios (Juntas) en los que quedó dividido el reino Navarro en su parte Occidental, en la época Foral, no se preocuparon del euskera ni supusieron territorios económicos cerrados.



Se podría pensar que las pequeñas diferencias entre el euskalki de Bizkaia y el de Alaba, observables por ejemplo en el libro de J. Pérez de Lazarraga, puedan tener un origen político (dos provincias diferentes tras la ocupación militar de la Nabarra Occidental), pero no hay corte alguno entre sus subeuskalkis bizkaínos u occidentales, sino más bien un continuidad, por lo que la simple distancia y la falta de centralidad política explicarían mejor esas diferencias y las relaciones económicas los subeuskalkis dentro de ellos (sin olvidar en este caso otros factores que mencionamos, como varias congregaciones religiosas, al menos en el caso de Bizkaia).

Gipuzkoa durante el reino de Nabarra no tuvo una personalidad propia, en realidad había varias tenencias dentro de la actual provincia y no una unidad administrativa, por tanto, el euskalki del euskera gipuzkoano difícilmente es anterior al siglo XII. La comarca de Irun, Oiartzun y Hondarribia, mantenían relaciones comerciales y sociales estrechas con Pamplona desde época romana, con la que les unía una importante calzada, y antes como salida natural hacia el mar del Pueblo de los baskones al que pertenecían. En el reino formaron una tenencia propia. De hecho, intentaron integrarse en Alta Nabarra tras su conquista, así entre 1638 a 1666 y en 1702 y lo lograron entre 1805 a 1814. Tras un estudio de los continuos litigios que se producían en la zona y un informe posterior, se dictó una Célula Real española en tal sentido en la que intervino incluso el rey de España Fernando VII, por la que se obligó a Hondarribia a integrarse en Gipuzkoa. En el mismo informe, se recomienda crear un Pueblo con los barrios de San Juan (Hondarribia) y el de San Pedro (Donostia), de donde nació el Pueblo de Pasaia actual, nombre de un caserío de la zona (el nombre de Pasajes se usa hoy solo para el puerto).



Por tanto, las diferencias entre el gipuzkoano y alto nabarro, se debieron de producir también en esos siglos, entre el XII y el XVI cuando Alta Nabarra es ocupada y la “frontera de malhechores” desaparece. Las relaciones comerciales por ser territorios cercanos y economías naturales, explicaría la proximidad del euskera gipuzkoano y el alto nabarro, siendo paradigmático de esta fuerte relación social y económica la influencia de Tolosa en los valles alto nabarros de Araitz, Larraun, Basaburua e Imotz, donde se habla gipuzkoano.

La ocupación militar de la Nabarra Occidental en varias fases del siglo XII debió de ser determinante en la configuración de los euskalkis.

5. La separación de Iparralde y Hegoalde

Es cierto que Lapurdi y Zuberoa se incorporaron con el ducado Aquitano a la corona inglesa en ese mismo siglo XII (tras la toma del ejército inglés de Baiona en rebeldía), aunque como territorio vasallo gobernado por los propios vascos como señala el historiador suletino L. Davant. En el caso de Zuberoa la relación con el reino de Nabarra se mantuvo mucho más estrecha hasta la ocupación del ejército aquitano-inglés del castillo de Mauleón a principios del siglo XIV. Pero, tras la guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia, Zuberoa y Lapurdi pasaron al vizcondado del Beárn. La unión política con Nabarra vino poco después, a mediados del siglo XV, mediante matrimonio de la reina de Nabarra y el conde del Beárn que era independiente del reino francés.

Por tanto, realmente, el euskera de Iparralde se separó del de Alta Nabarra entre 1512-24, el haber estado unidos hasta esa fecha es lo que marca su proximidad dialectal frente a la de los dialectos occidentales y el central o gipuzkoano. La ocupación del ejército francés de los parlamentos donde se reunían los gobiernos independientes del Beárn y Baja Nabarra en 1620, también tiene su reflejo en el euskera de Iparralde: “Alrededor de 1600 se producen en la lengua vasca cambios tan importantes de pronunciación y gramática que nos hubieses permitido distinguir en torno a ese año dos períodos distintos (…).” “El euskera arcaico” Luis Nuñez Astrain (2003).

La unidad lingüística y la política se unen en la apreciación del suletino, historiador y político, Ohienart, para el cual, en 1657, en todo Iparralde, se hablaba un único euskalki: “Por lo demás, en reglas anteriores y en los ejemplos de las declinaciones y de las conjunciones vemos casi únicamente el dialecto de Vascetania, es decir, el usado por los vascos aquitanos, vulgarmente denominados vascos en la actualidad”.



El príncipe francés Louis Lucien Bonaparte (1813-1891) hablaba de 3 euskalkis en Iparralde dos siglos después: labortano, bajo nabarro y suletino. Pero los lingüistas actuales hablan más de un continuo, donde solo los extremos se diferencian claramente, el labortano de la costa y el suletino, por tanto, parece claro que sus diferencias se producen principalmente tras la pérdida de un poder central como era el Estado nabarro-bearnés en 1620, remarcándose las diferencias en los dos extremos, los que menos contactos económicos y sociales tienen. Sin olvidarnos otros factores mencionados, como la oficialidad del gascón-bearnés entre los siglos XIV-XVI en Zuberoa y la relación económica e histórica entre ambos vizcondados. En el Beárn se habló euskera por todo su territorio hasta perderse en los siglos XVI-XVII y en muchos valles y Pueblos incluso en el siglo XIX, pérdida territorial que también tendría una explicación política.

El caso de Eskuila que Koldo Zuazo menciona, último reducto del euskera en el Beárn (Eskuila, Aramitz, Inhaze, Arkantze y Jeruntze), era propiedad de un ricohombre bajo nabarro en la Edad Media, es otro caso paradigmático de cómo es la política la que mayores diferencias crea entre dialectos.

6. Otras explicaciones políticas de algunas comarcas

Algunas diferencias dialécticas, tienen claras explicaciones políticas fruto de la conquista: la actual frontera española-francesa, totalmente artificial y solo justificable por la violencia armada ejercida contra los vascos, se fija en 1659 en el "Tratado de los Pirineos" como hemos visto.

En 1765 el rey español y el francés firmarán el “Tratado de Elizondo” (Baztan) para marcar la frontera entre Baja Nabarra y Alta Nabarra, pues no existía, había una gran comarca a modo de “marca” entre los Estados ocupantes español y francés. Urdazubi, Zugarramurdi y Luzaide son poblaciones hoy alto nabarras, pero insertadas tardíamente en esta nueva frontera política por lo que hablan todavía los euskalkis labortano y bajo nabarro en el caso de Luzaide. El municipio de Luzaide-Valcarlos, quedó en parte para España dentro de Alta Nabarra y en parte para Francia dentro de Baja Nabarra, siendo la parroquia del barrio Ondarrola la de Luzaide, pero su ayuntamiento el del barrio de Arnegi, el cual quedó en Baja Nabarra convirtiéndose en un nuevo municipio y por tanto como colonia francesa. Lo cierto es que hasta el "Tratado de Baiona" de 1856, el río Bidasoa no fue frontera entre el Estado francés y el español. 

Ambas orillas del río en su desembocadura al mar Cantábrico eran jurisdicción de Hondarribia, e incluso la población de Hendaia (hoy dentro del Estado francés) no era sino un barrio de dos casas (Iturriaga y Etxeberri) de la localidad gipuzkoana. En ese tratado, el valle de Aldude, que hasta entonces había formado una unidad territorial, quedó dividida entre los dos Estados conquistadores del Estado de Nabarra, País Baskón, que se reparten el botín de guerra. Además, se crearon las demarcaciones entre el Baztan, Valderro y Baigorri.


7. Acercamiento entre los dialectos de Hegoalde

Es contundente esta afirmación de Koldo Zuazo: “Ez da erraza argitzea bikoiztasunaren zergatia. Garbi dago, Gipuzkoa, Bizkaia eta Nafarroako sartaldean bateratze bat izan dela joan den hiru mendeetan, XVIII.ean hasi eta orain arte”. No cabe duda, la conquista de todo el territorio nabarro sur pirenaico por España, acercó, “curiosamente”, de nuevo los euskalkis de la Nabarra Occidental y Alta Nabarra, tras los dos primeros siglos de represión brutal sobre la población de Alta Nabarra que narra Peio Esarte en su libro “Represión y reparto del Estado nabarro”.


8. La creación de nuevas unidades administrativas

Recientemente, el imperialismo ha creado nuevas divisiones dialectales mediante políticas lingüísticas diferentes, pues durante el Régimen Foral, las Diputaciones no se habían preocupado por el euskera, aunque como dijo Koldo Mitxelena en “Historia de la literatura vasca”: “Sería inexacto suponer que las autoridades fueron opuestas, por razones mejores o peores a fomentar el uso de la lengua vasca y solo ésta. Obras inéditas en castellano salieron con retraso parecido: la Suma de Zaldibia, muerto en 1575, vio la luz en 1945; el compendio de Isasti, escrito hacia 1620, en 1850, la crónica de Ibargüen-Cachopín continúa inédita. En realidad, en Guipúzcoa y Vizcaya por lo menos, la aversión se extendía sin discriminación a todo escrito en la lengua que fuera. La única literatura que se costeaba sin regateos era la legal de los interminables pleitos por atribuciones, límites o precedencias.

No obstante, lo dicho, sería injusto en sumo grado acusar a los vascos de los siglos XVI a XIX, incluso en sus clases más elevadas, de menospreciar la lengua. Aparte de que tal acusación quedaría desmentida por la tenaz adhesión que el Pueblo ha venido prestándole, todos los vascos han sentido un orgullo desmedido por su idioma, orgullo que ha encontrado su expresión más conocida en las numerosas apologías que se le han dedicado desde el siglo XVI”.

Los Estados nunca se habían preocupado tanto por el idioma que hablaba su Pueblo como desde la creación de los Gran Estados-nación totalitarios tras la Revolución Francesa, pero sus políticas afectaron a la expansión y a la unificación de los idiomas imperiales, pues menosprecian los idiomas de los Pueblos cuyo Estados habían conquistado, los “patois” (Eugen Weber -1983- “La fin terroirs”).

Pero, recientemente, la situación ha cambiado, la pequeña autonomía que consiguieron a finales de los años 70 las diferentes comarcas en las que quedó dividida la Nabarra sur pirenaica (Comunidad Autónoma Vasca y Comunidad Foral Nabarra, CAV-CFN), ha acarreado la uniformización del euskera dentro de las mismas debido a su gran influencia mediante la enseñanza y políticas lingüísticas. La misma importancia han tenido en la uniformización los medios de comunicación, que nunca habían tenido la fuerza que tienen hoy en día, más en un “mundo globalizado”, y que nunca habían tenido una continuidad en euskera, todo ello a favor del "euskera batua" con base gipuzkoana, si se prefiere del Beterri-Tolosa.

José I Bonaparte, rey de Las Españas 1808-1812, dividió por primera vez los diferentes reinos peninsulares en provincias y los centralizó en Madrid siguiendo el modelo implantado en Francia por su hermano

Tanto es así, que muchos niños de cualquier provincia vasca solo hablan en batua, lo que está provocando que las diferencias entre los euskalkis vuelvan a desaparecer, pero se están acentuando entre Estados, así, la distancia entre el euskera de Iparralde y Hegoalde es cada vez mayor (hecho que también constata Ibon Sarasola en su libro “Euskara batuaren ajeak” -1997-). Del mismo modo, aunque con mucha menor intensidad, también se observan recientes diferencias dialectales entre las diferentes administraciones españolas (CAV-CFN).

En Oiartzun las hermanas Fraila en 1996 estudiaron el euskera por barrios y encontraron que los más cercanos a Alta Nabarra eran los que tenían un euskera más parecido a ese euskalki, es más, también detectaron que los jóvenes tenían ya una presencia importante en su euskera del gipuzkoano que no tenían sus mayores.

El Ronkal, Salazar o Aeskoa son valles alejados de otras poblaciones de Alta Nabarra y que miran a sus vecinos de Iparralde, también en su euskalki, pero entre la juventud ya se empieza a notar la presencia del batua y la unidad administrativa española de la Comunidad Foral Nabarra. Este mismo ejemplo se repite en el Baztan.

Oiartzun-Hondarrabia e Irun hablan un euskalki intermedio entre labortano y alto nabarro: por su relación natural social y económica. Lezo y Renteria hablan un euskera más parecido al gizpukoano, pero como señalaba K. Mitxelena: “siempre había pensado (…) que la mezcla del alto nabarro y guipuzcoano que se observa en el habla de Renteria se explicaba por una penetración continua de formas guipuzcoanas en el primitivo fondo nabarro”.

Todo ello nos puede llevar a que en un futuro que no parece tan lejano, haya dos euskalkis, el de Iparralde y el de Hegoalde, con pequeñas diferencias ancestrales dentro entre ellos, más remarcados cuanto más lejos estén los hablantes o menos relaciones cotidianas tengan.


CONCLUSIONES

Los dialectos actuales no coinciden con los del siglo I ni con las diócesis eclesiales, su evolución ha sido paralela a la del propio Pueblo baskón.

Los euskalkis no son estancos a lo largo de la historia ni en cuanto al territorio ni en cuanto al grado de sus diferencias: Pueblos prehistóricos diferentes con sus idiomas parecidos nos unimos en los siglos VI-XII y después la desunión política, fruto de la ocupación militar del Estado baskón de Nabarra que provocaron el alejamiento también en sus hablas. Dentro de cada territorio, habría otros factores que marcarían o atenuarían las diferencias entre los euskalkis: la Iglesia y las diócesis sobre todo a partir del Concilio de Trento del siglo XVI, el trasiego económico y las grandes villas o mercados, el aislamiento parcial de algunos valles y el euskera literario, principalmente. En nuestros días, el euskera batua introducido desde la enseñanza, ETB, radio y prensa, sería un nuevo factor de uniformización pero que no consigue superar el principal elemento de desunión: los Estados español y francés.

Pero los dialectos hoy observables, son, básicamente, fruto de la conquista que provocó la pertenencia a diferentes Estados de los territorios nabarros y dentro de ellos incluso a diferentes administraciones, situación que se extiende hasta la actualidad, lo que provoca que continúe el alejamiento actual del euskera de Hegoalde y el de Iparralde como principal rasgo dialectal actual, y en menor medida también el de Alta Nabarra frente al de la Nabarra Occidental, insertados en unos entes administrativos españoles con cierta autonomía CFN-CAV .



Los dialectos del euskera se diferencian muy poco dadas las circunstancias políticas negativas para los baskones, si hoy perviven las diferencias dialectales, es sobre todo por la falta de una unidad política, un Estado baskón. “El imperialismo es: genocidio/etnocidio, expolio y explotación” Joseba Ariznabarreta “Pueblo y Poder”.

Dr. Hans Mukarovsky (Písek, 1891-Praga, 1975) Lingüista checo fundadores del Círculo lingüístico de Praga, filólogo de la universidad de Viena: “Que el destino de las lenguas está relacionado con la suerte política de los Pueblos que la hablan. Si la suerte política hubieses favorecido a Nabarra, Europa hubiese hablado hoy la lengua vasca”.


14. EL EUSKERA EN EL REINO DE ESPAÑA






Muchos creen que la antipatía e incluso odio hacia el euskera en España es algo reciente, odio que los españoles atribuyen a la política actual de los partidos políticos de ámbito vasco, pero no es verdad, esta enemistad entre el castellano y el euskera viene de antiguo, de muchos siglos antes de que existieran siquiera los partidos políticos.

ZONIFICACIÓN EN ALTA NABARRA, ESTRATEGIA DE UN LINGÜICIDIO


Federico Krutwig “Vasconia” (1963): “Introducen el castellano o el francés, rebajando moralmente al vasco (vasconabarro) quien, grotescamente vestido de español o francés, no es más que hombre de tercera categoría”. 

 El historiador estellés José María Lacarra (1907-1987): “El vascuence fue hablado por todo un pueblo que se constituyó en entidad política independiente, el reino de Navarra”.



Supuesta firma de Sancho III "el Mayor".


El cronista musulmán de la campaña de Abd el Rahman III, sobre el reino nabarro en el año 924, definió la realidad lingüística del mismo como: “la mayoría habla (sólo) vasco (al-bashkiya), lo que les hace incomprensibles”. Las huestes musulmanas llegaron a la Ribera de Nabarra en el año 714 y dominaron la mismas hasta 1134, cuando el rey cristiano Alfonso I el Batallador, rey de Nabarra y de Aragón, tomó la comarca.

La frontera del euskera en Alta Nabarra en ese siglo XII, cuando son recuperados los últimos territorios baskones a los musulmanes, estaba en la línea Herriberri-Olite. Serían comarcas vascoparlantes o euskaldunas Carcastillo, Tafalla, Artaxona, Oteiza, Estella, Goñi o Acedo. Mientras, en Yesa, San Martín de Unx, Liédena, Sangüesa, Aibar o Cáseda (Zona media oriental), se mantuvo la frontera del euskera estable desde el siglo XI al XVIII, según el trabajo de Patxi Salaberri Zaratiegi (Uxue 1959), junto a núcleos romanzados de gascones y francos primero, y de romanzados en nabarro-aragonés después.

El euskera se recuperó notablemente con la implantación del Estado de Nabarra en las tierras históricamente baskonas, tal y como explica el doctor en historia Peio Monteano Sorbet (Atarrabia-Villava 1963) en sus libros “La lengua invisible” (2019) o en “El iceberg navarro” (-2017-). La pérdida definitiva del Estado nabarro en su vertiente peninsular (1512-1530), afectó directamente desde la conquista al euskera.


En una fecha tan temprana como 1539, por ejemplo, los canónigos de la catedral de Pamplona pidieron al emperador Carlos V de Alemania y I de Castilla , que pusiera un obispo euskaldún: “porque la gente vascongada (vascoparlante), que es la mayor parte y la que mayor necesidad padece de pastor de todo el reino, ama sobre todas las naciones a su naturaleza y a su lengua” (el título que se le atribuye de "Carlos I de España" es una anacronismo, y en Nabarra no fue reconocido como tal por sus Cortes soberanas que continuaron en Baja Nabarra).


Documenta y escribe el historiador y sociólogo Peio Monteano Sorbet en “Educación y castellanización (siglos XVI-XVIII)”: “Los últimos estudios históricos dejan claro que hasta el siglo XVIII Navarra fue un territorio esencialmente vascohablante. Así, a fines del siglo XVI, tres de cada cuatro navarros se expresaban en euskera, que era la lengua diaria en dos tercios del territorio. Es más, en 1570-1590 alrededor de un 40% de la población total del reino no era capaz ni de entender el castellano, porcentaje que se elevaba mucho entre las mujeres y las clases humildes. 

Pamplona misma -principal núcleo urbano del reino, sede de la Administración y residencia de las élites y del ejército- era una localidad vascohablante en la que, como reconocía su propio Ayuntamiento en 1604, una tercera parte de sus habitantes no sabían castellano. Navarra era así el territorio con mayor número de vascohablantes y su capital el principal núcleo urbano de lengua vasca, muy por delante de Bilbao, Baiona, San Sebastián o Vitoria”.

La opinión del antropólogo español Julio Caro Baroja (1914-1995) acerca de la frontera de los territorios del euskera en la Edad Media, es que es la misma que en el año 1587. En ese siglo XVI, desaparece el Estado o reino soberano de Nabarra en la península, y es cuando comienza un nuevo retroceso del euskera, tras la ocupación castellana del Estado nabarro o baskón en su territorio peninsular y las medidas lingüicidas o que buscaban (y buscan) la imposición del castellano frente a la marginalización primero y la desaparición del euskera después.

ZONIFICACIÓN ECLESIAL DE 1587


La primera zonificación documentada es de un registro de ese año 1587, el documento se conserva en el Seminario de Vitoria-Gasteiz. Respecto a la actual provincia de Alta Nabarra, se señala en el mismo que se hablaba euskera como casi única lengua en 451 pueblos (monolingüe) y romance en 58 (bilingüe o plurilingüe). Manuel de Lekuona, que fue además profesor de dicho seminario, dio a conocer la existencia del documento el año 1933 en un trabajo titulado "El euskara en Navarra a finales del siglo XVI".

El historiador ronkalés B. Estornés Lasa en su libro “Lo que No nos enseñaron” dice al respecto: “en 1587 según un documento de la Diócesis de Pamplona, los pueblos que hablan en euskera son 451 frente a los 58 romanzados, la frontera sería Acedo, Ayegui, Estella, Mingorria, Artajona, Tafalla, Olite, Leire, Pitillas, Santacara, Murillo, El Fruto y Carcastillo”.

El historiador artajonés Jimeno Jurío en su libro "Navarra Historia del Euskara" (1997), deja muy claro que este mapa no hay que tomarlo como una línea fronteriza entre dos realidades estancas. De ninguna manera eran dos bloques homogéneos lingüísticamente, muchos de los pueblos “romanzados” eran euskaldunes o vasco-hablantes casi en su totalidad, pero con una población que entendía mayoritariamente el castellano o el romance nabarro como vamos a ver con más detalle. 

Este documento y otros que van apareciendo, demuestra que la zonificación de 1587, estaba preparada para fomentar el uso del castellano por la Iglesia Católica en zonas donde todavía el euskera era mayoritario y con el fin de imponer el idioma del conquistador.

El obispo de Pamplona Gaspar de Miranda en 1765 nos dejó escrito que, el euskera "ocupa de tres partes del obispado dos y más (...). Hasta ahora veinte y quatro años havía más número de vascongados que al presente. En la llamada tierra vascongada los más saben el castellano, especialmente en los pueblos crecidos, por haberse introducido este idioma generalmente con plausible providencia de enseñarlo los maestros, no solo a los niños prohiviéndoles el bascuenz, sino a todo el pueblo".

"Atlas Histórico de Navarra" Eneko del Castillo


Mandatos a vicarios de que instruyan en euskera por ser euskaldunes:
◦ Aoiz (1600, 1631)
◦ San Vicente (Urraul Bajo, 1623)
◦ Lizoáin y Mendioroz (1631)
◦ Escániz (Urraul, 1631)
◦ Artieda (1633)
◦ Lizarraga (Izagaondoa, 1762)
◦ Janáriz y Yelz (Lizoáin, 1762)

Anotaciones de los vicarios declarando haberlo comunicado al pueblo:
◦ Galdúroz (Arriasgoiti, 1585)
◦ Escániz (Urraul Alto)
◦ Aoiz
◦ Ozcáriz (Lizoáin, 1630)
◦ Torres de Elorz (1635: ‘en vascuence que es nuestra comun lengua’)
◦ Abínzano e Izco (Ibargoiti)
◦ Racas (Almiradío)
◦ Zalba (Arriasgoiti, 1657)
◦ Idoate (Izagaondoa, 1663)
◦ Monreal (1705, 1752, 1757, 1762, 1772; ‘en su lengua vulgar’)
◦ Redin (Lizoáin, 1720)
◦ Urricelqui (Arriasgoiti, 1772)
◦ Leyún y Lizoáin (1798)

Pleitos motivados por la elección de vicario romanzado:
◦ Artanga (Urraul, 1629)
◦ Aoiz (1697)
◦ Aristu (Urraul, 1762)
◦ Guindano y Cerréncano (Urraul, 1785)
◦ Unciti (1787)


En los tribunales eclesiásticos de Alta Nabarra (como en los civiles como vamos a ver), se pedía saber el euskera (a diferencia de hoy en día), porque, como decía un informe de 1778: “más de la mitad de al reino era tierra vascongada (monolingüe euskaldun)”, por tanto, el retroceso en un tercio de euskaldunes era para entonces era notable. 

Otras informaciones provenientes de tribunales eclesiásticos o “del Reino”, señalan que aún en el siglo XIX (1801 y 1808), se designan comisarios euskaldunes para Otano y Zabalegui (Elorz), por considerar los asuntos a tratar "negocio de pueblo bascongado", lo que significaba que apenas sabían castellano sus habitantes, normalmente la élite económico-política. 


ZONIFICACIÓN JURÍDICA DE 1767



"Atlas Histórico de Navarra" Eneko del Castillo

En un informe del año 1745, se concluía que: “casi todos los funcionarios de la Diputación (de Alta Navarra) eran nabarros”, nabarro era sinónimo de vascoparlante o euskaldun, lo cual es muy significativo.

Explica Peio Monteano que: “Por entonces, la Administración Pública Navarra se reducía a los tribunales de justicia, que ejercían también poderes legislativos y gubernativos. Su relación con la masa de la población no era directa, sino a través de sus oficiales (secretarios, escribanos, notarios y receptores), que por disposición foral debían ser naturales del reino y, dado que las leyes navarras prohibían el uso de traductores (intérpretes), debían dominar tanto el castellano como el euskera. La mayoría tenía esta lengua como nativa, pero otros la debieron de aprender coincidiendo con su formación como escribanos. Sólo conocemos la excepción del secretario Jerónimo de Aragón (1581-1595), quien en su trabajo tuvo que servirse de intérpretes”.

Los documentos de un proceso en Alta Nabarra en 1767, en la que la cuestión en litigio era qué poblaciones debieran considerarse euskaldunes y cuáles romanzadas a afectos de adjudicación a receptores del Tribunal Real , permitió al nabarro de Bera Ángel Irigaray Irigaray (1899-1983), trazar una frontera aproximada entre las dos comunidades lingüísticas de Alta Nabarra en esa fecha.

El Real y Supremo Consejo de Navarra, informó a los receptores bascongados y recabó información sobre la realidad lingüística. Según estas y otras fuentes Ángel Irigaray sitúa: "el límite meridional del vascuence (en amarillo en el mapa de la izquierda) de este modo: Eulate (Ameskoas), Amillano (Allín), Estella, Artajona, Tafalla, Lumbier, Orradre", o lo que es lo mismo, "partiendo de la parte de Leire, entrando un poco en el valle de Romanzado y bajando hacia el valle de Aibar, abarcando los pueblos pequeños de la Vizcaya (territorio de Alta Nabarra), pasase por el sur de la Valdorba y Tocando Tafalla y Estella terminase al oeste, al norte del valle de Lana".


El trabajo y las ilustraciones de Peio Monteano ratifican el de Irigaray: “Casi dos siglos después, en 1767, el Concejo Real elevando un memorial en el que pedían al tribunal que autorizara la actuación de los romanzados en los 183 pueblos que figuraban en un rolde o listado, en los que pese a ser totalmente euskaldunes ya estaba introducido el castellano. Se trata de todos los pueblos de la Cuenca de Pamplona, excepto los de la Cendea de Iza y Ollo; las villas de Uharte-Arakil, Lakuntza, Arbizu y Etxarri en Sakana; los de los valles de Goñi, Ibargoiti, Unciti, Lizoáin, Lónguida, Arce y la villa de Burguete".

Poco después se incrementaron las Guerras Forales, entre ellas, las Guerras Carlistas fueron las más importantes, las cuales acabaron en derrota y con la imposición de la Ley "Paccionada" de 1841, la cual supuso la estocada a la autonomía del reino (que dejó de serlo), del que jamás se recuperará,  y con ello, el mayor retroceso de euskera conocido. 

De la mitad de los pueblos altonabarros, retrocedió el euskera entre los agitados años que van de 1778 a 1868; desapareció durante esos años de: Valdorba (Orban Ibarra), Sangüesa, Valle de Allín, Galdeano (sobre 1863) etc.; el trasiego de tropas extranjeras y la derrota carlista-foralista lo propiciaron.

LA ZONIFICACIÓN DEL VASCUENCE DE 1986


Datos sobre el número de hablantes en euskera o nabarro del año 2011, desde entonces, ha aumentado el número de bilingües  en la zona "vascófona" y "mixta" en un 2%, no así en la no vascófona 


La actual "Zonificación del Vascuence", la resumen en su blog Nabarlur su autor el sangüesino Eneko del Castillo, donde se ve claramente la imposición del castellano y la política lingüicida actual, buscando quitar a los nabarros su principal rasgo, su lengua propia:  

"La actual ley del euskera o Ley del Vascuence (1986) de la Comunidad Foral de Navarra establece tres zonas distintas en las que el euskara tiene distintos grados de oficialidad. Esto no es una novedad, ya que como demostró Manuel de Lecuona, gracias a una lista manuscrita, datada en el año 1587, que encontró en la Biblioteca del Seminario de Vitoria, en la que divide en dos a los pueblos de la Alta Navarra según es el euskera la lengua dominante o no" (...) 

- En los últimos 25 años el porcentaje de vascohablantes ha aumentado 3,4 puntos. En 1991, en Alta Navarra, el porcentaje de vascohablantes era del 9,5 % y, hoy en día, es del 12,9 %. Asimismo, el número de vascohablantes pasivos también se ha incrementado, pasando del 4,6 % al 10,3 % de la población. Por tanto, en la Alta Navarra entre las personas de 16 o más años 69.000 son vascohablantes, 55.000 vascohablantes pasivas y 410.000 castellanohablantes monolingües.

- La zona vascófona es la que cuenta con un mayor porcentaje de vascohablantes (61,1 %). En la zona mixta el porcentaje de vascohablantes es del 11,3 %. El menor porcentaje de vascohablantes se concentra en la zona no vascófona (2,7 %).

- El mayor porcentaje de vascohablantes se concentra entre los menores de 35 años, sobre todo en el grupo de edad 16-24 años. Actualmente, es vascohablante el 25,8 % de la población joven altonavarra de 16 a 24 años y el 18,8 % de la población de 25 a 34 años" (Eneko Del Castillo).


CONCLUSIÓN

Por tanto, la zonificación entre "euskaldunes" y romanzados", es una vieja estrategia del imperialismo que busca erradicar el euskera, el idioma nabarro, legislando para ello a favor de los castellano hablantes monolingües, marginalizando a su vez a los nabarros bilingües de los centros de cultura, Iglesia, administración, economía, y, en definitiva, de todos los centros de poder.

EL EUSKERA EN LA RIBERA DE NABARRA




El historiador artajonés Jimeno Jurio (1927-2002), explicaba la evolución lingüística de la Ribera Nabarra, marcada geográficamente por la depresión del río Ebro desde La Rioja: “Podemos afirmar que la Ribera de Navarra, de Álava y de Aragón limítrofe a estas, pasaron por ciclos proto-vasco, vasco-céltico, vasco-latino, vasco-árabe y vasco-románico desde los siglos IX-X hasta nuestros días (los godos apenas tuvieron repercusión en el complejo idiomático de la comarca). 

En este último ciclo, el vasco-románico, también hay que hacer dos distinciones: un primer ciclo vasco-romance medieval marcado por el respecto y el mestizaje vasco romance navarro con mozárabe, y un segundo ciclo a partir del siglo XVI con la pérdida del reino navarro, donde el euskera, el idioma propiamente navarro, es menospreciado y apartado de la vida social por el idioma de conquistador: el castellano".


Según su hijo y también historiador, Roldán Jimeno Aranguren, el romance nabarro se empezó hablar entre el monasterio de Leire-Cáseda y los cursos bajos de los ríos Arga, Aragón y Ega en el siglo X (frontera con la Ribera musulmana), pero no fue hasta el XIII cuando adquirió fuerza, aunque siguió siendo bilingüe la comarca como queda demostrado en numerosos testimonios documentales (se puede consultar al respecto “Euskara Jendea” de Xamar edit. Pamiela, ver los mapas de este artículo). 

La situación cabe extenderla a la Ribera aragonesa limítrofe, con aportaciones mutuas (las fronteras políticas rara vez son las culturales). Como dice Jabier Sainz Pezonaga: “En el campo lingüístico hay que añadir que el romance aragonés no puede explicar muchas voces y modalidades gramaticales y fonéticas sino a través del euskera hablado con anterioridad en su territorio”.

Situación actual del romance nabarro-aragonés 

Por ejemplo, en un documento del monasterio de Iratxe del año 1176, se puede leer: "De Stella (Estella-Lizarra) sunt testes: Petrus Guillem l' arcalt, Bernaldus de Morlans, iaun ("señor" en euskera) Petro, don Iofre lo bruter [ ... ]". El romance nabarro o nabarro-aragonés, será, sobre todo, la lengua de la administración nabarra, como en el Fuero General de Nabarra o en los documentos de la Cámara de Comptos.

El lingüista español Fernando González Ollé (Madrid 1929), en su trabajo el “Romance Navarro” escribe que: “No resulta, pues, admisible suponer que por la periferia el vascuence haya sido sustituido, como suele explicarse, por el castellano (salvo en tiempos modernos), sino por un romance que ha de identificarse con el aragonés (...) que también podría denominarse riojano o navarro, común a la Ribera de un tramo del Ebro"En este idioma estarían escritas, como se sabe, las Glosas Emilianeneses del siglo X.

Sigue González Ollé: "(...) el romance autóctono navarro que se fue extendiendo en dirección oeste y se convirtió en la lengua oficial del reino, procede del rincón subpirenaico del noreste donde comenzó la reconquista navarra (al menos, donde se encontraban sus realizadores en el siglo X), es decir, de un territorio contiguo, si no común, a núcleos originarios del reino de Aragón. Lo que lleva a suponer, valga adelantarlo, su fundamental semejanza idiomática. Hay que recordar aquí que Navarra y Aragón, en unidad geográfica, fueron una sola entidad política en varios momentos de su historia temprana, especialmente en el período 1076-1134". 


Monasterio de Leire, cuna eclesial del reino de Pamplona-Nabarra

El euskera, el hebreo, el romance nabarro que sustituyó al romance mozárabe y el árabe, han convivido en la Ribera Nabarra durante siglos. Según el antropólogo español Caro Baroja (1914-1995), el “mozárabe-vascón”, conserva palabras en euskera, lo que demostraría la supervivencia del euskera durante el gobierno musulmán. 

En cuanto al árabe, se hablaba en la Ribera al menos hasta el siglo XIV, según un documento redactado por el notario del Conceyllo en 1312 “En cristiano e moreigo” y recogido por Ricardo Ciérvide en “El euskera en la Navarra Medieval en su contexto románico”.

Por tanto, históricamente el multilingüismo ha sido una constante en la comarca de Tudela y en toda la Ribera Nabarra, salvo en el presente, con una población euskaldun muy pequeña y la imposición del castellano en todos los ámbitos de la administración española y en casi todos los de la vida social.



LA INVASIÓN MUSUMANA DE BASKONIA

Jimeno Jurio en su libro sobre “El euskera en Navarra”, relata cómo, al llegar los islamistas a Tudela en el año 714, no se repobló la zona con árabes o bereberes, sino que hubo una continuidad étnica y el poder siguió estando en manos de nativos, los Casius y sus alianzas con el resto de baskones, de la cual las excavaciones en la Plaza del Castillo de Pamplona-Iruñea fueron testigo antes de que las hicieran desaparecer bajo un parking. 


“Medinat Tutila”, se menciona su nombre por primera vez en el año 802, “Tutila” era una divinidad protectora romana y “Medina” es la ciudad por antonomasia de los musulmanes junto a la Meca, pero, bajo estas dos culturas, seguía viva la propia de la región: la cultura baskona.

La invasión musulmana de la península comenzó en el año 711, en el 714 ya habían tomado Tudela. Escudos de Eneko Aritza y de Sancho VII "el Fuerte".


Desde la invasión musulmana a principios del siglo VIII, la comarca quedó en manos de la familia  convertida al Islam de los Banu Qasi. Vendría este apellido derivado del nombre latino "Casius", además, sabemos que el hijo primogénito del primer patriarca fue "Furtún ibn Qasi ibn Furtún", por tanto, el nombre de los dos primeros Banu Qasi era también latino, "Fortún", y muy frecuente durante siglos entre los baskones. 

Estos datos objetivos, nos indican que los Banu Qasi no eran de origen visigodo, tal y como se interpretó erróneamente en las crónicas asturianas de Alfonso III escritas dos siglos después (s. IX), ya que los reyes y dirigentes visigodos tuvieron siempre nombres germánicos y nunca latinos (para más información: https://lehoinabarra.blogspot.com/2016/04/los-baskones-dominamos-los-godos-una-y.html).

Nabarra y Baskonia en el siglo IX,
 donde los Banu Qasi 
controlaban todo el Ebro Medio
hasta su desembocadura en Tortosa

La “marca” musulmana del califato cordobés, alcanzó su máximo esplendor en el siglo IX con Muza ibn Muza, el hermano uterino del primer rey pamplonés Eneko Aritza (latinizado como Iñigo Arista), llegando desde la Ribera baskona hasta la desembocadura del Ebro. Muza será llamado por algunos historiadores el "Tercer rey de Hispania" o incluso el "rey del Ebro", debido a su gran poder (para mucha más información se puede leer: https://lehoinabarra.blogspot.com/2014/08/historia-del-ducado-de-baskonia.html). 

El cronista musulmán de la campaña de Abd el Rahman III sobre Pamplona en el 924, definió la realidad lingüística del reino como “la mayoría habla (sólo) vasco, lo que les hace incomprensibles”.

Con los Banu Casi, probablemente grandes terratenientes baskones de época romana –possesors-, la comarca de Tudela quedó ligada al reino nabarro -pese a su sumisión al emir-, hasta la caída de esta familia. Después, la comarca se integró en la taifa de Zaragoza entre los años 1031 y 1110, con un período corto como taifa independiente entre 1047-51, siendo la principal ciudad del Ebro tras Zaragoza.

Estatua en Tudela de Muza ibn Muza (Arnedo, La Rioja, año 800-Tudela 862), 
"Rey del Ebro", hijo del musulmán Musa Ibn Fortún y de la cristiana Oneka

La situación del euskera durante la ocupación musulmana, está documentada por el historiador nabarro Tomás Urzainqui (2004): “Las informaciones que proporcionan las fuentes musulmanas hablan de la llegada de habitantes a Tudela para repoblarla procedentes de las localidades de su entorno, de la misma Cascantum pues como señala Juan José Bienes Calvo los restos arqueológicos que abundan en el subsuelo de la ciudad nos retrotraen a la I Edad del Hierro, y a toda la época romana, sin solución de continuidad, afirmando que la Caiscata indígena estaba en Tudela y que sólo cuando se trazó la calzada romana del Valle del Ebro se trasladó a la nueva Cascantum en el mismo Valle del Queiles, quedando la población anterior dependiendo del Cascantum, Municipio Latino Viejo (…)".

Infografía de la mezquita de Tudela

Sigue Urzainqui: "El Jurado de la Aljama de Tudela el año 1309 era Mahoma Ocharra u Oxarra. Otros moros navarros: Mahoma Ezquerro en Ablitas, Abarqua en Cortes y Ribaforada. En Ribaforada, Cascante, Monteagudo, Cintruenigo, Corella, Araciel, Cabanillas, Fustiñana, Arguedas y Cortes es común el apellido Navarro entre los moros de dichos pueblos. El motivo es su significado étnico-lingüístico. Es decir, son ríberos euskaldunes autóctonos de religión. No existen asentamientos árabes en toda la Ribera”.

Otro gran historiador nabarro, el estellés José María Lacarra (1907-1987), hablaba de bodas frecuentes incluso en este período entre la ribera y la montaña así como en las Bardenas.

Tumbas musulmanas halladas junto a la catedral de Tudela

EL REINO DE NABARRA

Con el rey nabarro Alfonso I el Batallador, Tudela se integró en el reino baskón de Nabarra tras reconquistarlo de su dominio a los hispano-musulmanes en el año 1119, pero respetando sus propiedades y costumbres, así como la de los judíos que la habitaban en un número importante, tal y como ellos habían hecho antes con los cristianos que vivían tras los muros de la ciudad; eran tierras históricamente baskonas y así se conservaba en la memoria del pueblo.

Desde la recuperación de la Ribera baskona hasta final de siglo, Tudela se convirtió en el lugar de residencia de los reyes de Nabarra y de reunión de la Corte, siendo el centro cultural cristiano más importante de la península, donde las culturas hebrea y musulmana fueron respetadas.

El trovador provenzal Guilhem Aneliers (nacido en Tolouse a principios del siglo XIII y fallecido en Pamplona en 1291), en su poema épico "Guerra de la Navarrería", dijo entre otras cosas de Sancho VII "el Fuerte": “El rey que Tudela posee, es el mejor caballero que jamás montó en silla”.

El judío-sefardí, políglota y viajero, Benjamín de Tudela (1130-1173), fue el autor del "Libro de Viajes o Séfer Masáot", fue un ejemplo de la floreciente Tudela de finales del siglo XII. Su lengua materna era el romance nabarro de la Ribera, también hablaba cuando menos: hebreo, arameo, árabe, griego y latín.
Fue el primer europeo en llegar a China, pasando para ello por Turquía, Tiro, Grecia, Siria, Egipto, Palestina e Iraq. En el puerto de Alejandría, describió los barcos nabarros atracados en ese puerto egipcio.


Tudela fue un núcleo comercial y de fabricación naviera importante durante los siglos XII  al XV, ya que el río Ebro era navegable en ese período hasta su desembocadura. En el siglo XIII Tudela tenía más habitantes (1.427 fuegos o familias) que la capital Pamplona-Iruñea (1.249 fuegos) o que Estella-Lizarra (1.127 fuegos) y Herriberri-Olite (1.100 fuegos), las villas más importantes del Reino. Carlos III "el Noble" en el siglo XIV, le dio el título superior de “ciudad” a Tudela.


Las investigaciones de José Jimeno Jurio, Jabier Sainz Pezonaga, Rufino Gómez, Martín Martínez Saenz de Jubera y otros, demuestran que, en todo el valle del Ebro incluida Tudela, la continuación del euskera desde tiempos remotos y durante la ocupación romana y musulmana (la goda fue muy superficial e irrelevante en la composición de la población ). Javier Sainz de Pezonaga lo escribía así en “Antroponimia medieval euskérica en la ribera tudelana”: “En conjunto, el estudio de la antroponimia medieval en la Ribera nos permite vislumbrar la existencia en esta comarca de una comunidad euskaldún, dato que por otros estudios podemos ampliar hasta la Edad Moderna.

Aunque en principio se pueda afirmar que esta comunidad euskaldún tiene su origen en un proceso de repoblación con gentes navarras a partir de la conquista del Valle del Ebro (a los hispano-musulmanes), además del aporte humano y lingüístico propiciado por la ocupación de amplios territorios para la ganadería trashumante por las gentes de la Montaña, tampoco se puede negar la posibilidad de una perduración del euskera autóctono durante los siglos de dominación musulmana, y en este sentido parece que hablan los datos que aportamos”.


Sobre la recuperación del euskera en la Ribera tras su integración en el reino nabarro, P. Arellano afirma que: “La repoblación de esta parte de la Ribera Navarra vino indudablemente del norte, de la Montaña y Zona Media del reino. Lo demuestran los apellidos, euskéricos, casi la totalidad, que desde mediados de siglo XVI se leen en las partidas bautismales”.

La puerta de la Catedral de Tudela con una infografía de su posible policromía original

Por tanto, el euskera se recuperó notablemente con la implantación del Estado de Nabarra en las tierras baskonas recuperadas. La pérdida definitiva del Estado nabarro en su vertiente peninsular, afectó directamente desde la conquista al euskera, ya en 1539 los canónigos de la catedral de Pamplona pidieran al emperador y usurpador de estas tierras del reino a sus legítimos reyes, Carlos V de Alemania, que pusiera un obispo euskaldún “porque la gente vascongada (vascoparlante), que es la mayor parte y la que mayor necesidad padece de pastor de todo el reino, ama sobre todas las naciones a su naturaleza y a su lengua”.

En su revelador libro “La Guerra de Navarra” Peio J. Monteano, comentaba que “La bula de rendición de cautivos” nos “permite por primera vez el mapa lingüístico de (alta) Navarra a principios del siglo XVI que, entre otras cosas, muestra que la erosión de la lengua vasca había sido mínima durante el bajo medievo”. Se trataba de una “bula de rendición de cautivos” para una nueva recaudación en la Diócesis de Pamplona que dividía en 3 zonas según estuvieran más o menos romanzadas. “Así pues, el euskera era, en la primera mitad del siglo XVI, la lengua hegemónica en al reino, nada menos que 8 de cada 10 navarros habitaban en el territorio donde predominaba”.


EL EUSKERA TRAS LA CONQUISTA CASTELLANO-ARAGONESA (ESPAÑA) EN ALTA NABARRA

Es bien conocido como revelador de la presencia del euskera en el sur del recién conquistado reino de Nabarra, el texto de un pleito que en 1540, donde el agricultor Pedro Petillas describe sobre el veterinario zamorano que trabajaba en la capital ribera (Tudela): “no se hablar ni entiende vascuence porque es natural castellano (…) por no entender suele buscar un intérprete y que en ello pasa trabajo y que le vendría muy bien saber hablar vascuence para recibir a los que va a su casa”, Es decir, logra intérpretes entre los propios ribereños bilingües. En ese mismo texto judicial se afirma que el euskera es “la lengua de la tierra”, el idioma de los nabarros.

En 1570 en Cintruénigo, Juan Semames, beneficiado (sacerdote) del municipio encargó y recibió 450 ejemplares de la "Doctrina Chistiana en castellano y vascuence" escrita por Sancho de Elso e impresa en Pamplona por Adriano de Amberes el año 1561.

En la ribera del Aragón y Merindad de Tudela, hay nombres como el euskaldun Garragaztelu, el cual se ha encontrado en documentos del siglo XII y los posteriores Caracastillo y Carracastillo. En la misma localidad, hacia 1600, aparece en el Libro de Mandatos un requerimiento del obispo para que las mandas se lean en misa mayor explícitamente en castellano, lo que da a entender que no era el único idioma de la comarca.

En el año 1627 en Tafalla, treinta y nueve años después de aparecer como villa romanzada en un documento de 1587 que se conserva en el Seminario de Vitoria: "Fray Juan de Echaberri, comendador de la Merced, reconocía que solía confesar en su idioma a muchos bascongados de la entonces villa, por no haber en ninguna de las tres parroquias cura que la hablase (...) Hay muchos bascongados, particularmente pastores y criados y criadas; muchos de ellos van al convento a confesarse con los frailes bascongados que suele haber ordinariamente, en particular, la mitad de la parroquia de San Pedro de la villa de Tafalla, y más, es de bascongados". En ese año  1627 "El franciscano fray Pedro de Pinedo afirmaba que la misma situación (que en Tafalla) se daba en Olite, Villafranca (Merindad de Tudela) y la villa de Sos que es en el reyno de Aragón".


Dejó de hablarse euskera sobre 1587 en las Bardenas (sur de Navarra), zona de pastos realengos habitados desde el neolítico (III y IV milenos a. C.) y frecuentados por pastores trashumantes venidos desde los valles pirenaicos del norte.

Estas relaciones se mantenían cuando menos desde el año 882 en la Edad Media, ya que desde estas fechas datan los primeros documentos de los derechos de pastoreo de los ronkaleses en las Bardenas, expedidos por los reyes nabarros en connivencia con los Banu Qasi, por tanto, la relación y pastoreo se mantuvo incluso cuando la Ribera estaba bajo el dominio musulmán (J.M. Lacarra “Vasconia medieval Historia y Filosofía”), por lo que el euskera siempre estuvo presente en la Ribera y muchos ribereños también lo hablaron, sin perderlo nunca del todo hasta nuestros días. 

En el año 1625 en Arguedas, según un  documento hallado por Fernando Maiora, hubo un altercado entre gente del pueblo y varios ronkaleses. El alcalde de Arguedas, trató de mediar y mantuvo una conversación con uno de los ronkaleses. Según un testigo, no les entendió pues la conversación debió realizarse en euskara ("Sociedad y lengua vasca en los siglos XVII y XVIII" de Juan Madariaga Orbea).


El historiador José Goñi Gaztanbide descubrió en el "Archivo General de Navarra", un viejo texto en euskera datado del año 1564. Se trata de un epitafio o elegía que el pamplonés de nacimiento pero valterrano de adopción, Joan de Amendux escribió estando preso en la cárcel de Iruñea. 

Joan de Amendux nació en el barrio de la Nabarrería de Iruñea en el año 1544. Con tan sólo 4 años quedó huérfano de padre y madre, su abuelo paterno se hizo cargo del niño y lo mandó a Valtierra en la Ribera a vivir con un tío. Ya adolescente, con 13 años, fue llevado a Zaragoza a aprender un oficio con un fabricante de tejidos y paños, pero su estancia tan sólo duró un año y volvió a su casa de Valtierra, por tanto, es en Valtierra donde creció y vivió la mayor parte de su vida y donde probablemente aprendió euskera. Joan nos dejó entre otros los siguientes versos, en un euskera muy similar al actual:

Hemen natza ortzirik, noizbait gozo eiritzirik,
Herioak ustegabe doloroski egotzirik.
Ene arima Jangoikoagana beldurreki partiturik,
Lagungabe bide luzean peril asko pasaturik,
Onak eta onrak bertan munduakc edekirik,
Plazerak azke[ ... ] atsekabe bihurturik.
Ahaideak eta adiskideak urte gutiz atzendurik
Ikusten tut isuririk, harresi guzia deseginik,
Argi gabe, ilunbetan, ustel eta kirasturik.
Nigar begi bapederak bere aldiaz oroiturik:
Nihork ere izanen ez du nik ez dudan partidurik.
Ene, arima duzuen gomendatu, garitatez mobiturik.
Zarraizkidate guzi[...] bertan hitzok ongi notaturik.

(Aquí yazgo enterrado, el que en otro tiempo me sintiera a gusto Derribado en el acto, con dolor, por la muerte, Dirigiéndose mi alma con temor hacia Dios. He pasado, sin compañía, muchos peligros en el largo camino Privándome el mundo, al punto, de bienes y honores, Y los placeres, al fin, convertidos en penas. Olvidados al cabo de pocos años, veo a los parientes y amigos Desparramados; deshecho también todo por los gusanos, Sin luz, a oscuras, con podredumbre y hedor. Llore cada cual recordando su momento: Nadie tendrá contrariedades que yo no tengo. Encomendad mi alma, movidos de caridad,. Seguidme para luego, anotando bien ahora estas palabras: Nos congregaremos en juicio juntos en Josafat. Durmamos entretanto; que la paz sea con todos). Traducución de José María Satrústegui (1975)

Monumento a Joan de Amendux en Tafalla

Pedro de Agramont y Zaldibar era un notario natural de Tudela, escribió el primer libro de la “Historia de Navarra”, como él mismo señaló: “(…) En çiento y veynte años que an pasado desde el de 1512, que se hiço la incorporacion, asta el de mil seisçientos y treinta y dos inclusiue (1632)".

El libro se encontró en el monasterio burgalés Silos y en él demuestra un conocimiento extenso del euskera con traducciones toponímicas y la explicación que da de palabras como: “El zatico es bascuence y en él quiere decir porción”. Del mismo modo “Soingua o Saguia, que en bascuence quiere decir ornato que se trae sobre los hombros, de quien tomo el nombre el capusayo o capote”. En otro episodio dice muy significativamente: “Pamplona o Yrunea”.


El escritor tudelano Pedro de Agramont y Zaldibar era amante de la “lingua navarrorum”, de la que asegura: “después de aquel entró en Hespaña (Hispania) Tubal con los suyos por estas montañas de Navarra, que de ellos se origina el bascuenzuo (vascuence)» (…) «tubieron la necesidad de boluerse a sus montañas y juntandose con los suyos en sus primeras poblaçiones, guardando su propia y antigua lengua, trage y nobleça, las quales se conseruaron en Hespaña solamente por estas montañas de Nauarra y Vizcaya (nombre dado entonces de toda la Nabarra Occidental), sin que los vascongados (euskaldunes) (...) admitiessen otra lengua de quantas naçiones vinieron, sino la que oy hablan y conseruan» (…).


San Pedro en el valle de La Burunda, entre Altsasu y Urdiain, donde, una leyenda sitúa al primer rey de Nabarra anterior a Eneko Aritza de nombre "García Ximénez"


Pedro de Agramont y Zaldibar, menciona en su libro a los reyes de Nabarra y su relación con el euskera: “los navarros tubieron y nombraron por rey, como persona natural y de su lengua bascongada, trato y trages de las montañas, a don Garcia Ximenez... y que no es semejante ni se halla entre los godos, alanos, suevos ni otras naciones, sino en estas montañas, adonde no se hallara ni se sabe que los godos hubiessen hecho asiento».

La opinión del tudelano es coincidente con ella del historiador gipuzkoano Esteban de Garibay (s. XVI), al decir que “Nauarra” procede de “nauaerria”, tierra de “nauas” o tierras llanas que están cerca de lugares altos y entre grandes montañas, y sobre la palabra euskera dice “que es enescura, nombre que Tubal y los suyos pusieron”.




LA LENGUA DEL IMPERIO 

Pero la situación para nuestro idioma cambió a partir de perder, hasta el presente, nuestra libertad. Se entiende muy bien las políticas castellano-españolas respecto a los idiomas de su Imperio en el siguiente texto de 1492, por mandato de Isabel la Católica a Antonio de Nebrija. Se trataba de unificar el castellano, en el prólogo del libro aparece este texto revelador que dice: “(…) muchos Pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos tenían necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua”. 

Fue la política castellana en América como en el reino de Nabarra según fue conquistando y subyugando. En ese documento se dice también: “...I cierto así es que no solamente los enemigos de nuestra fe, que tienen la necesidad de saber el lenguaje castellano, más los vizcaínos (se refiere a todos los nabarros marítimos y suletinos), nabarros (de Alta y Baja Nabarra aún libre), franceses, italianos y todos los otros que tienen algún trato y conversación en España y necesidad de nuestra lengua...”.

En el Siglo de Oro de la literatura española (s. XVI-XVII) hay unos cuantos ejemplos de cómo veía el español al vasco-parlante, así, Cervantes ironiza en su principal obra “El Quijote” cuando el analfabeto Sancho Panza recibe una carta de su mujer, alguien le aconseja con sorna que se la lea su secretario y Sancho pregunta:

“- ¿Y quién es aquí mi secretario?
- Yo señor, que sé leer y escribir y soy vizcaíno.
- ¡Con esa añadidura, bien podéis ser secretario del mismo Emperador!, replica Sancho Panza.”

“Vizcaíno” tenía entonces el sentido histórico de euskaldún o vasco-parlante, análogo al de “vascongado” como también se llamaba al que hablaba vascuence, se declaraban “vizcaínos” por ejemplo San Francisco Javier (Alta Nabarra s. XVI) o mucho después Agosti Xaho (Zuberoa s. XIX), baile de nombres que en realidad tratan de evitar el nombre común de “nabarros”, los baskones libres del Estado nabarro. La ironía del escritor español hacía referencia a que había muchos “vizcaínos” en la corte del emperador del Imperio castellano desde el emperador germánico Carlos V Alemania o de Gante.

Existe en la novela clásica española del siglo XVI un personaje recurrente de nombre “Perucho”, que trataba de dar vida al estereotipo del vascoparlante -llamado entonces “vizcaíno” en Castilla- como persona sin cultura y que hablaba un mal castellano. Los diálogos en los que participan los “vizcaínos” o vascoparlantes son incomprensibles pues se supone que traducen literalmente desde el euskera palabra por palabra sin respetar la sintaxis castellana, aunque realmente no es más que un recurso del escritor que buscaba la sonrisa de sus lectores y suponían un menosprecio latente hacia los hidalgos “vizcaínos”. Apareció Perucho por primera vez en 1517 en la obra “Tinelaria” de Torres Naharro, después usó el personaje en la tercera parte de “La Celestina” Gaspar Gómez en 1536, también recurrió a él Martín de Santander en “Rosabella” (1550).

El propio Cervantes hizo varias veces mofa del “vizcaíno” en el Quijote como hemos visto y más notoriamente en su pequeña obra teatral o entremés “El vizcaíno fingido”, obra para que la plebe de los corrales de Madrid se riese:

“La suerte ha querido que de Vizcaya me enviase un grande amigo mío a un hijo suyo, vizcaíno, muy galán, para que yo le lleve a Salamanca y le ponga de mi mano en compañía que le honre y le enseñe. Porque, para decir la verdad a vuesa merced, él es un poco burro, y tiene algo de mentecato; y añádesele a esto una tacha, que es lástima decirla, cuanto más tenerla, y es que se toma algún tanto, un si es no es, del vino (…).

(Conversión del “vizcaíno” Quiñones con una supuesta dama que en realidad es una prostituta que intenta estafarle sin saber que ella iba a ser la estafada y que no era “vizcaíno”):

- “Vizcaíno, manos bésame vuesa merced, que mándeme” (en euskera sería: “Bizkaitarra, eskuak musukatzen dizkizut, zure aginduetara”, pero no coincide exactamente con la traducción).

(Le corrige su amigo Solorzano el orden de las palabras para que se le entienda):

- “Dice el señor vizcaíno que besa las manos de vuesa merced y que le mande”.

- Vizcaíno: “Pareces buena, hermosa; también noche esta cenamos; cadena que das, duermas nunca, basta que doyla” (el orden de las palabras no corresponde con la sintaxis del euskera).

- “Dice mi compañero que vuesa merced le parece buena y hermosa; que se apareje la cena; que él da la cadena, aunque no duerma acá, que basta que una vez la haya dado” (se trata de una cadena supuestamente de oro que el “vizcaíno” iba a dar a la joven y que formaba parte de la estafa).

- Vizcaíno: “Dama que quedaste, tan buena como entraste” (Cervantes se inventa un pareado que no tiene que ver con el euskera para provocar la risa del populacho).

- Corrigen: “Que la dama que se queda, que es vuesa merced, es tan buena como la que se ha entrado”.




La presencia de los “vizcaínos” en la Corte española era muy abundante, debido a que la hidalguía universal que le otorgaban los Fueros, les dejaban las puertas abierta a acceder a cargos públicos. El escritor gipuzkoano Lope de Isasti en su “Compendio historial” (1625) relata esta supuesta conversación entre Carlos V (que no sabía castellano cuando en 1518 accedió a la corona de Las Españas con 18 años) y un mulero, siglo XVI (K. Mitxelena, “Textos arcaicos Vascos”): “El emperador Carlos Quinto de gloriosa memoria gustaba de hablar Vascuence, que por tener al confesor, capellán y médico vascongados, como se nota en su lugar, o por curiosidad aprendió algunas palabras; y así de personas fidedignas he sabido, que encontrando en el camino a un arriero de Navarra le preguntó en vascuence:

—Mandazaya, nondic zatoz? Arriero, ¿de dónde venís?
Y respondió:
—Nafarroatic. De Navarra.
Y luego le preguntó más:
—Nafarroan gari asco? ¿En Navarra hay mucho trigo?
Y respondió:
—Bai, jauna, asco. Sí, señor, mucho.
Concluyó el Emperador diciendo:
—Nafarroan gari asco; batere, batere ez neretaco.
En Navarra mucho trigo, pero nada para mí”.

Esta idea del euskaldún que hablaba mal el castellano (sin duda cierta) se extendió hasta el siglo XX, y como explicó el poeta Esteban Urkiaga “Lauaxeta” –fusilado después por la ultraderecha española en 1937-: “El conocimiento del idioma nacional es el culpable de nuestro escaso dominio del idioma extranjero”.


En pleno siglo XX la situación de desprecio hacia el euskera era la misma que en el siglo XVI, es así como cuando el periodista Bamberger del periódico francés “Paris-Match” en el año 1976 preguntó al futuro presidente del gobierno español Adolfo Suárez sobre si se podrá estudiar el bachillerato en “vasco o catalán”, éste respondió:

- “Su pregunta, perdone que se lo diga, es tonta. Encuéntrame, primero, unos profesores que puedan enseñar química nuclear en vasco o catalán. Seamos serios…".

Hoy se sabe que la traducción del periodista francés no fue la correcta, pues como señaló Bamberger en 2014: “Suárez nunca se refirió al catalán, solo al euskera”.

En el actual siglo XXI, aunque ya somos bilingües a la fuerza tras varias guerras forales y la posterior represión (solo hay que recordar que los últimos euskaldunes monolingües fueron perseguidos con saña por el franquismo hasta con penas de cárcel), seguimos los euskaldunes soportando muchos tópicos sobre nuestro idioma, fruto en general del menosprecio ancestral de España hacia las lenguas que no sean el castellano, negando que su literatura o un mínimo conocimiento -aunque sea a un nivel muy básico-, formen parte de la enseñanza de los escolares españoles, por lo que los tópicos y el menosprecio se mantendrán en el tiempo, convertido el castellano en el único idioma español mediante sucesivas leyes coercitivas.

Mientras los Fueros o leyes del reino nabarro resultantes de la aplicación del Derecho Pirenaico consuetudinario tuvieron fuerza, la situación del euskera fue bastante estable en la mayor parte del territorio (pese a la invasión del Estado de la lengua nabarra y la exigencia de conocer el idioma del imperialismo o castellano para ocupar cualquier alto cargo, s. XVI-XVII), por tanto, hasta la centralización borbónica y las Guerras Carlistas en España -s. XVIII-XIX- y hasta la Revolución Francesa en Iparralde, año 1789.


EL EUSKERA EN LA DIPUTACIÓN DE BIZKAIA

Pero la presión centralista también estaba presente en la Juntas Generales. En 1614 para acudir a las Juntas Generales de Bizkaia en representación de un municipio, se requería saber “romance” (sic.) aunque en esas fechas el idioma común a toda Bizkaia era el euskera y el castellano no se hablaba apenas en muchos municipios, en algunos de ellos, tan solo la élite económica.

Entre 1762-66 parte de las acta se traducen “para mayor inteligencia de algunos que no hayan entendido lo que se ha tratado en lengua castellana”. El discurso de Zamakola de 1804 es pronunciado en euskara “para inteligencia de los señores vocales que no entiendad el idioma castellano”. La exigencia del castellano para acudir a Juntas a partir del siglo XVIII, era una pretensión la burgüesía bizkaina (mucha de ella bilingüe en el siglo XVIII y bien situada con sus segundones en Madrid) contra el resto del Señorío, donde casi nadie lo hablaba.

En los años 1833,1839, 1841 y 1848 en plena guerra foral o carlista, se tradujeron gran parte de las actas de las sesiones al euskera. Así en 1848 se dictaminó que las sesiones “diesen principio con la lectura de expedientes y documentos en el idioma castellano, y se continuará en el vascongado, procediéndose a la discusión en ambos idiomas”.

Jean Jacques Rousseau (Ginebra 1712-Ermenonville 1778), el padre de la democracia moderna y amigo de ilustrado gipuzkoano Ignacio Manuel Altuna (https://lehoinabarra.blogspot.com/2020/07/ignacio-manuel-de-altuna-y-portu.html)en su libro más importante, “Contrato Social”, dice, no sin ironía:“Gernika es el pueblo más feliz del mundo. Sus asuntos los gobierna una Junta de campesinos que se reúne bajo un roble y siempre toman las decisiones más justas”. 


Junta General de so el árbol de Gernika, de 20 de mayo de 1625:

“Esclusión del fiel de Muxica en virtud de los decretos, por insuficiente. Por la anteiglesia de Muxica, Pedro de Uriburu, que por no concurrir en el las calidades de dibersos decretos deste Señorio y mandamientos convocatorios que se despacharon, en que se mandaba que no se ynbiase por juntero a la dicha junta ninguno que no supiesse leer y escribir y hablar romance y no saber el dicho Pedro de Uriburu, se hordeno y mando que por su incapacidad fuese presso a la cárçel y estubiese en ella 10 días y pagase quatro ducados de pena, conforme al dicho decreto que se hizo a ocho dias del mes de abril de mil y seiscientos y veinte y cinço en que estamos, por lo qual no fue admitido en la dicha junta.

Al fiel de Hereño, por la anteyglesia de Hereño Martin de Cobeaga, por lo mismo que el anterior, y al fiel de Berriatua, Martin de Uriçar por Berriatua, pone concretamente; por no saber escrivir".




LA PERSECUCIÓN SISTEMÁTICA DEL EUSKERA EN LAS ESPAÑAS

La persecución sistemática al euskera, hasta entonces burla y menosprecio, lo trajo el centralismo borbónico aprovechando la creación sistemática de las escuelas de primeras letras, lo cual fue decisivo en el retroceso territorial y social del euskera. El primer rey Borbón de España, el francés Philippe de Bourbon duque de Anjou (nacido en el palacio de Versalles 1683), Felipe V siguiendo la cronología castellana -el cual no hablaba el idioma de Cervantes a su llegada a España con 17 años-, creó la Biblioteca Nacional Española (1712) o la Real Academia Española (RAE, 1713), necesaria para lograr el castellano unificado que se habla hoy en la península (el español “batua”), frente a la situación con la que se encontró a su llegada el rey francés de un idioma con una fuerte dialectización pese al intento de unificación de Nebrija. Pero este castellano unificado es diferente al que se habla en los Estados hispanoamericanos, por lo que sigue habiendo en la actualidad 90 dialectos del castellano -además de cientos de subdialectos-, tal y como explica el lingüista Moreno Cabrera en su reciente libro con un título tan revelador como “La lengua es un dialecto con ejército”.

Philippe V de Bourbon

En el Diccionario de autoridades de comienzos del siglo XVIII de este rey francés de España, se define el “vascuence” como “lo que está tan confuso y oscuro que no puede entenderse”. Es más, hoy en día, siglo XXI, sigue igual en el diccionario de la Real Academia Española, DRAE, para la que el “vascuence” o euskera significa:

(Del lat. vasconĭce).
1. adj. euskera (perteneciente a la lengua vasca).
2. m. euskera (lengua).
3. m. coloq. Aquello que está tan confuso y oscuro que no se puede entender (no fue eliminado hasta el año 2018).



Las escuelas nacieron en el siglo XVI y XVII de forma residual, pero se impulsaron a partir precisamente del siglo XVIII para difundir el idioma del Imperio castellano. La legislación escolar no estaba recogida en los Fueros del Derecho Pirenaico baskón, pues apenas existían escuelas al escribirse éstos (la primera universidad se sitúa en el siglo XIII en Tudela, pero no tuvo continuidad), resquicio que sirvió al imperialismo español para introducir el castellano y arrinconar como idioma de “iletrados” el euskera.

En tierras vascas se enseñaba desde la creación de las escuelas únicamente en castellano, pero, al salir del colegio, los escolares volvían a su idioma natural, el euskera. Pueblos totalmente vasco-parlantes como Hondarribia tenían en el siglo XVII profesores foráneos, e incluso militares, tal y como lo relata Pedro Esarte en su libro “Asedio a Fuenterrabía y avasallamiento de Guipúzcoa 1635-1644". Hasta la caída de los Fueros el profesor les podía hablar en euskera para tomarles la lección a sus alumnos en algunas comarcas (como excepción y título personal), pues existen testimonios de profesores euskaltzales (vascófilos) en tal sentido, después la represión fue total.

Son importantes todas las leyes y políticas tomadas contra el euskera desde el inicio por los Borbones y su centralismo-uniformización en busca de convertir el Imperio castellano en España-nación, proyecto de un Estado con una nación e idioma único de base exclusivamente castellana, pero la Real Célula del 23 de junio de 1768 y la de 10 de marzo de 1770 promulgadas por el afrancesado Borbón Carlos III de España (hijo del anterior) se llevan la palma: toda la enseñanza escolar se hará “únicamente en lengua castellana” en todos los territorios del Imperio castellano de la península y Ultramar, y todos los idiomas que no fueran el castellano serían perseguidos en el Imperio.

Sirva como ejemplo este temprano caso de un Pueblo tan euskaldún o vasco parlante como Beasain y más en 1730, año del texto siguiente: “que no se les permita hablar en vascuence sino en castellano, poniendo anillo y castigándoles como se merecen”. Es un acuerdo entre el municipio y el maestro, a los vascos nos habían convencido para entonces que nuestro idioma no servía como medio de transmisión de conocimientos. El que quiera leer docenas de ejemplos como éste los tiene en “El Libro negro del euskara” de Juan Mari Torrealdai.



En 1830 en las Juntas Generales de Gipuzkoa, se constata una preocupación por la revitalización de la lengua, en el memorial sobre el euskera encargado a Iturriaga se aseveraba que “las pérdidas territoriales que ha experimentado” eran fruto “de las escuelas de primeras letras”, tal y como recoge Lasa, J.I. en su libro “Sobre la enseñanza primaria en el País Vasco”. En 1857, la Ley Moyano de Educación, insistía sobre la obligatoriedad de la enseñanza primaria en castellano sin lugar a otros idiomas.

Hay que destacar además en el retroceso y menosprecio del euskera los factores jurídico-legales que prohibían y restringían su uso, así como los que silenciaban toda referencia al euskera o ignoraban su existencia, ejemplos que recoge Euskaltzaindia en “El Libro Blanco del Euskara”. Sirva como texto significativo las instrucciones que el Fiscal del Consejo de Castilla dictaba en 1716 para la introducción del castellano: “utilizar instrucciones y providencias muy templadas y disimuladas, de manera que se consiga el efecto sin que se note cuidado (...). Porque en (Alta) Nabarra se habla vascuence en la mayor parte y van a gobernar Ministros Castellanos”.

Tras la supresión de los Fueros en el siglo XIX, y pese al denodado intento de todo el Pueblo nabarro para defenderlo tomando las armas contra el proyecto España-nación de base únicamente castellana, el euskera fue perseguido, tratado de enemigo de la unidad de España y los escolares que lo hablaban castigados sistemáticamente. La derrota en las guerras carlistas, creó en muchos valles nabarros un sentimiento de pérdida total, no solo de la guerra sino de todos los símbolos de nuestra cultura y en una especie de suicidio colectivo de nuestra idiosincrasia por la que se creían luchar, en muchos valles hasta entonces monolingües en lengua nabarra, se aceptó la victoria española y la imposición de sus señas de identidad renunciando a las propias.



Arturo Campión (Pamplona 1854-Donostia 1937) refleja esta situación en una de sus novelas basada en hechos reales, “El tamborilero de Erraondo” (valle de Untziti, cuenca de Pamplona hacia el sureste de la capital del reino): “Es la historia de Pedro Fermín Izko, que emigró a América con su txistu y pasó cincuenta años en la comunidad euskaldún de la diáspora. (Después de las Guerras Carlistas que finalizaron en 1876) Volvió entonces al valle y se puso a tocar el txistu a la salida de la iglesia, como lo había visto hacer a su padre. Y se encontró para su sorpresa con burlas de gente que había perdido su cultura, su lengua y sus raíces” (gerindabai.blogspot.com).

El periódico madrileño “el Imparcial” (sic) lo decía claramente en aquellos días: “Quitarles los Fueros no es suficiente, tenemos que quitarles ahora la lengua”. Toda esta extrema situación del decaimiento del euskera debido a una presión centralista en todos los frentes (cuando no genocida), llevo a decir a Wilhem von Humboldt (1809): “En menos de un siglo quizás desaparezca el vascuence de la lista de las lenguas vivas.”

Un bilbaíno de nacimiento a principios del siglo XIX aseveraba que: “El vascuence se extingue sin que haya fuerza humana que puede impedir su extinción; muere por ley de vida”. Era Miguel de Unamuno y Jugo el que se expresaba así, incluso de forma más tajante: «Eres un Pueblo que te vas; (...) estorbas a la vida de la universal sociedad, debes irte, debes morir, transmitiendo la vida al Pueblo que te sujeta y te invade. (...) esa lengua que hablas, Pueblo vasco, ese euskera desaparece contigo; no importa porque como tú debe desaparecer; apresúrate a darle muerte y enterrarle con honra, y habla en español».


El lingüista checo, uno de los fundadores del Círculo lingüístico de Praga y filólogo de la universidad de Viena, el Dr. Hans Mukarovsky (Písek, 1891-Praga, 1975), le contestó al bilbaíno:

“El argumento de que las lenguas llamadas “primitivas” son un obstáculo para progreso, o es un argumento de ignorancia o de mala fe. Surge generalmente, o bien del deseo de alguien que ha abandonado una lengua por otra o un deseo puramente político, para hacer a todos iguales, y suprimir posibles rebeliones o secesiones de un centro político, un Estado etc. En cualquiera de los casos, no hay verdad en ello, sino cierto deseo de suprimir el orden natural.” (…) “Su tesis (la mencionada de Unamuno) me parece extraña, por no decir criminal, ¿existe algún fondo político detrás de estas tendencias represivas? Me gustaría saberlo”. En realidad, Unamuno en este texto de 1902 estaba plagiando al inglés Matthew Arnold, cuando en 1867 escribió lo mismo contra el galés y a favor del inglés en “Study of Celtic literature” (“Unamuno y el vascuence” Martín de Ugalde).

El filólogo vasco Koldo Mitxelena, en su libro “La lengua vasca”, hace una clara referencia al sambenito que a los vascos y a nuestro idioma nos han querido colgar, así como a lo absurdo del mismo: “No hay lenguas primitivas en el mundo, sino a lo sumo lenguas de Pueblos primitivos. Es cierto que, en un momento histórico dado y por circunstancias extralingüísticas, unos idiomas están mejor preparados que otros para las necesidades de un tipo determinado de civilización. Pero tales deficiencias momentáneas, que radican por lo general en el léxico, parte nada central de la lengua, pueden ser rápidamente subsanadas, por neologismo o por préstamo, si la comunidad que la usa se siente movida a ello. Un mito muy difundido es el que existen lenguas más “difíciles” – y la nuestra sería una de ellas- que otras, mito tan deleznable como el de las lenguas más “filosóficas” o más “progresivas” que las demás. Porque aquí todo depende del punto de partida: ¿para quién es más difícil una lengua que otra?”.


Se trata de una “profecía autocumplida”, el querer que desaparezca como lengua con un constante martilleo durante siglos, el no poner medios para que se escriba y se eduque en euskera frente al castellano (o francés), es lo que llevó al euskera a su ruralización, alejándole de medios intelectuales; después se le acusó de ser una lengua sin literatura o imposible de ser lengua culta, lo que se había demostrado como falso tempranamente, sobre todo con la “Escuela de Sara” y su prolífica escritura de diversidad de temas y de escritores que llevaron a crear el primer “euskera batua” o unificado (s. XVI-XVII), gracias al patrocinio de los reyes de Nabarra (Enrique II “el sangüesino” y las reinas del renacimiento nabarrista o nafarzale Margarita y Juana de Albert o Labrit), el mismo siglo en el que se desarrolló la literatura en castellano como hemos visto.

Poco antes de La Segunda Guerra Carlista, en 1867, según Ladislao de Velasco, el 52% de la población de los 4 territorios del País Vasco peninsular sabía euskera, la mayoría eran además monolingües, 100 años después, en 1975 tras la muerte en la cama del dictador español Francisco Franco, no pasaba del 20-25% y ya no había monolingües en euskera pero sí un 80% de monolingües en castellano, muchos nativos, pero la mayoría ni siquiera había nacido en tierras nabarras.

Desde mediados del siglo XIX con capital inglés principalmente y mano de obra vasca, se dio una fuerte industrialización de las poblaciones bizkaínas de la margen izquierda del río Ibaizabal-Nervión, así como en Bilbao, es la única revolución industrial en la Península Ibérica. Pero tras la pérdida de la defensa Foral en las Guerras Carlistas a finales del siglo XIX, la situación es aprovechada por los vencedores que se hacen con el control de la industria y el control total del país.


España usó a los territorios de la costa nabarra y Catalunya para librarse de una masa de gente que se le agolpaba en el campo, gente que “sobraba” a los grandes latifundistas y desastrosas desamortizaciones que no repartieron la propiedad de la tierra sino que simplemente la cambiaron de manos; así mataban dos pájaros de un tiro: el excedente de gente del campo español a las “provincias” traidoras traía a éstas una población no carlista y menos foralista y sobre todo de sentimiento español, pudiendo alimentar a toda la población sin provocar revueltas contra los terratenientes y manteniendo éstos sus propiedades y su privilegiada situación.



Años más tarde (1983), el marqués de la Ría de Ribadeo y Grande de España, Leopoldo Calvo-Sotelo (presidente de Gobierno español entre 1981-82) seguía opinando que: “Hay que fomentar la emigración de gentes de habla castellana a Cataluña y Baleares, para así asegurar el mantenimiento del sentimiento español”, tal y como se había hecho durante el franquismo.



Todo ello supuso la llegada masiva por primera vez de gentes españolas que desconocían el idioma nativo y tampoco hacían esfuerzo por aprenderlo, actuando como auténticos colonos españoles (DRAE colonia: 4. Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera) y principales actores del proyecto centralista de base exclusivamente castellana del gobierno español más que como simples emigrantes por motivos económicos, lo que conllevó el retroceso del euskera de grandes territorios del país. Incluso muchas veces no se daba contacto alguno con vasco-hablantes debido a las grandes masas de gentes que llegaban y se adocenaban juntas, además de no haber lugares donde aprender euskera por una actitud de menosprecio y exclusión de la administración española y de la enseñanza como hemos comentado. La industrialización supuso el desplazamiento del euskera de las grandes urbes nabarras, totalmente desnaturalizadas de su ser baskón. Es, por tanto, el retroceso del euskera, más tardío de lo que la gente habitualmente cree, y se precipita en los últimos 150 años.


“Uno de los síntomas de nacionicido es la amnesia de la historia propia. El efecto del nacionicidio es la privación, y sustitución de su sistema jurídico y de su derecho nacional.
La conquista trajo como consecuencia la hibernación de la soberanía de Nabarra al quedar sometida a otro Estado que le impone su soberanía –su sistema jurídico y su legislación-, la minorización jurídica y el bloqueo al desarrollo y evolución del sistema jurídico propio (…). Sobre la lengua y la cultura se ha producido el lingüicidio y la primitivización” (Tomás Urzainqui Mina, "Comisión de Autogobierno del Parlamento de la C.A.V." en la Nabarra Occidental en mayo del 2002).




El valle del Ronkal fronterizo con Aragón, fue el último en perder el euskera propio a finales del siglo XX. Uno de sus últimos hablantes fue Ubaldo Hualde Martín que falleció en 1967. Si nieto explica por qué se perdió el euskera en el valle pirenaico: “(1) La abolición de los Fueros supuso la aparición de las fronteras con la consiguiente presencia masiva de carabineros en el Valle. Ese mismo año, finalizada la Guerra Carlista, llegan al Roncal (2) maestros no euskaldunes que prohíben y castigan en las escuelas el uso del vascuence.

Seguidamente vendría la construcción de la carretera hasta Isaba, siendo éste un nuevo foco de castellanización. Por ella llegaron (3) los forasteros, procedentes mayormente de Andalucía y de Valencia, que venían a trabajar a la selva de Isaba; también los vendedores ambulantes; y los obreros que vinieron a construir la carretera hasta el llano de Belagua, y...
De la conjunción de todos estos factores surgió el sentimiento y la sensación de que el uso del vascuence era algo poco práctico, sabiéndose además que en la capital estaba mal visto; era (4) sinónimo de incultura».


Incluso en una ciudad con el porcentaje de euskaldunes más alto, la represión y limpieza étnica está muy presente. Eugenio Gabilondo (1840-1913) en su libro “A través de Iruchulo” (1890) comentaba la represión contra euskera que siguió a la pérdida foral en la capital gipuzkoana y de la que no se recuperarará jamás. El escritor Josu Telletexea (2015) siguiendo a Eugenio relata como en una ciudad como Donostia en donde, salvo militares de la guarnición y contados individuos, toda la población hablaba la lengua vasca, llegaron a la ciudad dirigentes, administradores, funcionarios y policías extraños al País, todos ellos castellanos monolingües con costumbres totalmente distintas a las de los naturales. Las plazas de funcionarios, guardas, celadores, etc. eran cubiertas con las personas recién llegadas. 

Dice Eugenio Gabilondo: “si entre los solicitantes a un puesto hay algún ‘belarrimoch’, éste será elevado al puesto dejando postergados a los jóvenes ilustrados del país”. Con el sobrenombre de “belarrimotz” (orejas cortas) ha sido y es conocido el monolingüe castellano que, viviendo aquí, era oriundo o foráneo y no conoce la lengua vasca ni tiene intención.



Escribía Gabilondo que los poderosos dictaron normas hasta para reglamentar la diversión y para que los veraneantes madrileños se sintieran a gusto. De esta forma, el “herrikoseme” comenzó a aculturizarse y a hablar en castellano. Escribe Dionisio de Azcue “Dunixi” en su obra “Mi pueblo ayer” publicada en 1932: “En poco más de dos decenios” (1890 y 1910) “la ciudad cambiaba de faz y la modesta Donostia anterior a 1890 se convertía en el flamante San Sebastian de 1900, trocando el íntimo tipismo de sus 20.000 almas por el prestigio apresurado de una moderna capital de serie”. El año 1900 la ciudad alcanzó 32.000 habitantes, siendo muchos de los cuales inmigrantes de origen castellano.


En el discurso sobre la Gestión de Gobierno Vasco entre los años 1936-56, el propio José Antonio Agirre dejó escrito la vital importancia de la negación del Derecho de Autodeterminación del Pueblo vasco por parte de la Segunda República Española tuvo incluso para los propios españoles y para su República: 

“¡¡Ah, compatriotas! Si el Estatuto de Autonomía hubiera sido aprobado en 1932, como era justo y procedente, sin dejar, por desidia de tanto demócrata, que las fueras reaccionarios tuvieran tiempo de apoderarse de Navarra, desbordando la voluntad popular favorable del viejo Reino, qué otra hubiera sido la situación. Ni Mola hubiera sublevado Pamplona, ni Álava hubiese sido dominada, ni se hubiera producido el holocausto de Irún y de Guipúzcoa entera, y la frontera con la República francesa y el territorio vasco hubiera estado en nuestra manos”. El General Mola firmó con los carlistas y las guarniciones de Estella, San Sebastián, Logroño, Vitoria y Pamplona el llamado "Convenio de Irache", por el cual los carlistas abandonaron la “vía estatutaría” y se sometieron al General con el que se alzaron a cambio de recuperar los Fueros, leyes infinitamente superiores en su contenido autonomista que los Estatutos.


Indalecio Prieto, ex ministro del PsoE y miembro del Gobierno de la República Española en el exilio, hizo un viaje expresamente desde México a París para ver al Lehendakari Agirre y exigirle que: «-Este es el plan que hay y tenemos que cambiar de política, hay que adaptarse a otras circunstancias; y como el Gobierno Vasco es hijo de la República y nosotros vamos a renunciar a las posiciones republicanas, el Gobierno Vasco también debe desaparecer». A lo Agirre le respondió: «-Don Indalecio, este testigo lo he recibido del Pueblo y este testigo yo se lo devolveré al Pueblo».

En el año 1932, en plena Segunda República española, pasaron por la cárcel 200 nacionalistas vascos por delitos de opinión, eso que eran todavía una minoría social frente al “tradicionalismo”. Es más, el euskera, siguió prohibido y perseguido en esa “democrática” Segunda República Española: “en España, el euskera padeció la persecución oficial, incluso su enseñanza estaba prohibida en los centros privados”. 

Las primeras ikastolas nacieron durante la Segunda República española como las que hemos hecho en los años 70, con el Gobierno español en su contra, financiadas por particulares y con un Pueblo vasco que negaba a renunciar a su idioma, cultura y forma de ser.



"Aunque el Gobierno de la República aprobó el Decreto sobre bilingüismo, sólo se aceptó la implantación del mismo en Cataluña. La Agrupación de Cultura Vasca hizo saber al ministro de Instrucción Pública que el conflicto lingüístico en Euskal Herria era tan grave que se hacía necesaria la implantación en este territorio del citado decreto. Mientras que en Francia el Gobierno aceptaba el uso del euskera en las escuelas al considerarlo una pieza fundamental de la enseñanza primaria, en España, el euskera padeció la persecución oficial, incluso su enseñanza estaba prohibida en los centros privados. Esta agrupación solicitó al ministro el derecho de utilizar el euskera en las escuelas puesto que era la lengua materna de muchos de sus alumnos. Era una cuestión no solo educacional, al comprender que la instrucción primaria debía de darse en la lengua materna, sino también de justicia e igualdad. En este ámbito reivindicativo, el representante de la minoría nacionalista en el Ayuntamiento de Bilbao, solicitó que la enseñanza del euskera se impartiera en todas las escuelas públicas de la villa.

También hubo voces disonantes con implantar el bilingüismo en las escuelas. Para Miguel de Unamuno, el Gobierno de la República debía de imponer a todos sus ciudadanos el conocimiento del castellano, dejando de lado el bilingüismo, porque el pueblo llano era simple. Al mismo tiempo, para un amplio sector de los republicanos, la educación era una importante arma de poder sumamente peligrosa en manos de las autonomías. ¿Por qué? Muy sencillo, si cada comunidad utilizaba y potenciaba su lengua materna, se dejaría de lado el castellano, con lo que se limitaba el desarrollo de estas comunidades y, con ello, se le daba un golpe de muerte a la cultura española.

A pesar de los dictámenes del Gobierno de la República, el Ayuntamiento de Bilbao abogó por el uso del euskera en las escuelas. Por ejemplo, en septiembre de 1931 convocó las pruebas para que los profesores certificaran su conocimiento del euskera a través del Euskeraren Jakintzaren Agiria (La II República y la reforma de la enseñanza primaria en Bilbao 1931-1932" (Eusko Ikaskuntza http://www.euskonews.com/0495zbk/gaia49501es.html).


El último gran mazazo al euskera vino del franquismo (1936-1976), que no se conformó con prohibir su enseñanza, sino que incluso prohibió hablarlo intentando completar el lingüicidio y nacionicidio, acuñando frases como: “español, habla la lengua del Imperio”. El nacionalismo español siempre ha concebido su España como monolingüe, lo mismo que el francés (por tanto, no dejan de ser proyectos inconclusos e históricamente inexistentes). En la primera sesión del Ayuntamiento de San Sebastián celebrada el 7 de octubre de 1936 el presidente José María Arellano pronunció estas palabras: “Hay que procurar el control del espíritu, principalmente en la escuela; seremos tenaces e inexorables hasta conseguir que las nuevas generaciones vayan formadas en la fe católica y en un ardiente españolismo…”, entendido ser español como monolingüe castellano. Con el franquismo desaparecieron los euskaldunes monolingües tras unos 20.000 años.


Tras el modelo económico marcado por Gobierno español en el Plan de Estabilización de 1959 y el Plan de Desarrollo de 1960, al morir el dictador español Franco, el 53% de la población de los tres territorios de la Nabarra Occidental no había nacido en los mismos, eran en su mayoría colonos españoles que no hacían nada por respetar la cultura del Pueblo que los acogía, colonos que desconocían el idioma vasco, prohibida su enseñanza y el poder hablarlo incluso para los naturales con fuerte multas y castigos, con una persecución policial y militar contra todo lo que fuera el idioma nabarro; la llegada de inmigrantes españoles a Nabarra, lejos de ser fruto de una tendencia natural de la economía nabarra, fue fruto de una dictadura que buscaba la eliminación de un poder que le resulta difícil de controlar: el del Pueblo nabarro, y con él el exterminio en su idiosincrasia y conciencia de Pueblo mediante una inmigración masiva desde otros puntos del imperio castellano.



En la Nabarra Occidental, el paro en 1960 era prácticamente cero y del 3% en 1975, a pesar de la crisis mundial del petróleo de 1973. Convirtiendo a las “provincias” calificadas de “traidoras y separatistas” de Bizkaia y Gipuzkoa en las más ricas y, curiosamente también, las más densamente pobladas, no ya de España sino incluso de Europa. En tan solo 10 años, los más duros del franquismo, de 1950 a 1960, en Barakaldo se construyeron 9.072 viviendas (tenía hasta entonces 8.270), Portugalete pasó de 2.380 viviendas a 5.553 y Basauri de 2.200 a 4.909. En Bilbao de sus 300.000 habitantes casi la mitad no habían nacido en el País Vasco. 


La población de Bizkaia creció durante el franquismo un 243%, la Gipuzkoa en un 229%, la de Alaba en un 250%, la de Alta Nabarra 144% y la de España un 60%. España y Francia han tenido una población extranjera con máximos del 10-15%, lo que dio lugar en Francia a fuertes disturbios en el 2005.

Pese a cierto aperturismo del sistema totalitario imperialista tras la muerte del dictador español -empujados por Europa y USA y no voluntario-, el siguiente paso fue la diglosia, es decir, la imposición de un idioma sobre otro hace imposible en la práctica el bilingüismo; mientras que el castellano o el francés son de obligado conocimiento (así lo impone la Constitución española de 1978 por ejemplo), el euskera es co-oficial pero voluntario en los territorios de la Nabarra Occidental ocupadas por España y co-oficial solo en parte en el caso de Alta Nabarra hasta el 2015 cuando accedieron a su órgano administrativo partidos nacionalistas vascos y de la izquierda nacionalista española (CFN, donde continúa el exterminio de cualquier vestigio del euskera en el sur). En Francia el artículo 2 de su Constitución dice que el único idioma de Francia es el francés y pese a firmar la Carta Europea de Lenguas Minorizadas o regionales de 1992 ésta no se cumple. Las cadenas gratuitas de televisión en castellano o francés son incontables e incontables las cadenas locales, lo mismo que las radios, prensa, cine etc. de las cuales es imposible escapar, frente a las escasas en euskera, provocando la marginalidad del euskera incluso en la Nabarra Occidental, qué decir en el resto de las administraciones españolas y francesas en las que se divide a los nabarros para su mejor asimilación por el imperialismo.


Miguel de Unamuno en los Juegos Florales en 1901 en un polémico texto decía: “El vascuence y el castellano son incompatibles, dígase lo que se quiera, y si caben individuos no caben Pueblos bilingües. Es esto de la bilingüidad un estado transitorio”.

El problema principal del euskera era y es que sus hablantes estamos siendo objeto de un sometimiento político armado, por lo que la defensa de nuestro Pueblo y sus valores (Derecho Pirenaico, idioma/s, cultura y en definitiva de nuestra idiosincrasia propia) es muy difícil de defender ante el imperialismo al no tener el paraguas político de nuestro propio Estado, ocupado militarmente y subordinada toda su cultura e idioma desde hace siglos y hasta el presente a los intereses de los imperialistas, intereses contrarios a los nuestros. La parcial recuperación en el conocimiento del euskera (casi nula en su uso) allí donde el Pueblo euskaro tiene alguna autonomía lingüística (CAV y CFN), es otra muestra del condicionamiento político a la recuperación del euskera.

“El Pueblo vasco-nabarro, tiene derecho perfecto e indiscutible a su lengua (…) si el hombre no le ha de ser dado hablar su idioma materno, preciso será confesar que carece de derechos” Diputación Foral de Alta Nabarra, año 1896.



15. EL EUSKERA EN EL ESTADO DE FRANCIA



Además de España, los otros dos Estados causantes del menosprecio, exclusión y persecución sistemática del euskera, son el imperio francés y el Estado Vaticano.

“Out particulierment pour objet de substituir la langue française au basque” perfecto francés en el País Vasco, año 1846.

Ortega y Gasset (Madrid 1883-1955) explicaba así cómo se crean los Estados nacionales actuales de Francia y España en su libro “La rebelión de las masas”: 

“No ha sido la previa comunidad de sangre, porque cada uno de esos cuerpos colectivos está regado por torrentes cruentos muy heterogéneos. No ha sido tampoco la unidad lingüística, porque los Pueblos hoy reunidos en un Estado hablaban, o hablan todavía, idiomas distintos. La relativa homogeneidad de raza y de idiomas que hoy gozan - suponiendo que ello sea un gozo -, es resultado de la previa unificación política. Por lo tanto, ni la sangre ni los idiomas hacen al Estado nacional, antes bien, es el Estado nacional quien nivela las diferencias originarias, mediante la violencia institucionalizada previa, conquista de un ejército y bajo su constante “tutela” mientras los conquistados mantengan su conciencia, de una forma u otra, de pertenencia a otro Estado”.


Conviene recordar también lo que decía el lingüista J. Garrido Medina para el castellano, pero que vale perfectamente para el idioma francés: “No se trata, entonces, de una lengua del Pueblo elevada a lengua de Estado, sino de un Estado que impone su lengua. En ese sentido transcurre la historia: primero se diferencia el castellano (o el francés) como variedad románica, luego se difunde hasta llegar a ser el idioma general de la nación”.





En el territorio del actual Estado francés, la fuerte conflictividad bélica entre Francia-Inglaterra durante toda la Edad Media, sobre todo entre 1337-1453, guerra conocida como “la de los Cien años” (aunque su origen realmente se remonta al siglo XII cuando Nabarra es partida), hizo que el euskera se perdiera en tres cuartas partes de su territorio de habla natural de la Baskonia continental por el gascón, guerras que terminaron por configurar Francia alrededor de su rey frente a los pequeños Estados feudales anteriores.

Tanto Normandía como Aquitania compartían corona con Inglaterra desde el siglo XII. Dentro de Aquitania estaba integrada por la fuerza de las armas toda la Baskonia Continental: Gascuña -donde poco a poco se impondrá el romance gascón, uno de los romances euskaros-, como la Baskonia que seguía hablando preferentemente el idioma baskón o nabarro -el euskera-, territorio que terminará llamándose País Vasco o Iparralde, al unírseles Baja Nabarra, tras la pérdida foral, a Lapurdi y Zuberoa. El idioma gascón y su dialecto bearnés son fruto de la sobreposición sobre todo del latín y del euskera, idioma éste del que derivarían el 20% de las palabras en gascón. Como los propios gascones señalan con orgullo, ellos son “vascos romanzados”. Sobre la pérdida del euskera en Aquitania (que abarcaba toda la Baskonia continental como hemos comentado), decía Julio Caro Baroja como hemos visto: “no hay razón para dejar de admitir que en Aquitania se habló vasco hasta la Edad Media”.


El mismo temprano desprecio que se dio en España hacia los idiomas de las naciones invadidas, se observa también en la Francia imperialista, donde en 1539 su rey Francisco I impuso la Ley “Villers Cotterêts” como hemos dicho, por la cual la langue d'oïl en su dialecto franciano (francien, lengua administrativa en su origen y no hablada), se convertía en única en la vida oficial y en los tribunales de todo el imperio francés –lengua hablada originariamente tan solo en la pequeña isla de Francia sobre el río Sena-, desbancando al latín, pero sobre todo, menospreciando las “lenguas provinciales”. 

Por suerte para los nabarros, manteníamos libre una pequeña porción de nuestro Estado en lo que se llamará, a partir de la invasión francesa en el siglo XVII, “Baja” Nabarra, no así Lapurdi y Zuberoa, que sin embargo rendían doble vasallaje a su reino originario de Nabarra y a Francia.

De todos modos, mientras mantuvimos y defendimos el Derecho Pirenaico plasmado en nuestras leyes forales o Fueros: “Las instituciones propias, mientras existían, le fueron favorables (al euskera) al menos por omisión” (Koldo Mitxelena).



El gran cambio vino con “La Revolución Francesa”, con la cual llegó al poder una nueva clase social: la burguesía; burguesía asentada en las ciudades y que basaba su riqueza en el comercio, frente a otra en decadencia: los terratenientes y señores que vivían de sus tierras, pero además supuso un cambio en Francia como Estado, que pasó del despotismo, monárquico, totalitario y obsoleto, al totalitarismo de los Estado-nación, ejerciendo para ello una limpieza política de las naciones (y sus lenguas) y Estados ocupados en los siglos anteriores, comenzando hacia el exterior un nuevo ciclo de nacionalismo imperialista.

Jacque Louis David
Juramento del Jeu de Paume o frontón


La propia Revolución Francesa fue la que cortó brutalmente la continuidad de las incipientes escuelas en euskera, eliminó los Fueros -que habían ejercido de colchón frente al idioma francés- y pasó a perseguir todos los idiomas del Imperio que no fueran el francés con quemas masivas de publicaciones (los 90 libros escritos hasta entonces en euskera fueron quemados), además se convirtieron en habituales los castigos físicos y las multas, llegando incluso a dictaminar deportaciones masivas de población euskaldún con acusaciones tan graves como no hablar francés (sobre 4.000 euskaldunes fueron desterrados en las Landas –Gascuña-, durante el etnocidio o limpieza étnica 1.600 de ellos murieron). El juez de Ezpeleta, por ejemplo, fue guillotinado por mandar una carta a un amigo suyo exiliado, la carta no decía nada en especial, el delito punible con la pena máxima era que estaba escrita en euskera, convertido un idioma en enemigo de la patria francesa, todo ello tras los informes de Grégorie y Barére.



Grégorie y Barére consideraban en su informe el euskera como "un idioma de personas proclives al fanatismo y un obstáculo para la propagación de las luces". Barére, jacobino, en 1794 advertía a la Convención Nacional: “¡Ciudadano! El lenguaje de un Pueblo libre debe de ser el mismo para todos. Hemos visto cómo el dialecto bretón (sic), el dialecto que se llama vasco (sic), y las lenguas alemanas e italianas perpetúan el dominio del fanatismo y la superstición, que apoyan el mando de los sacerdotes y los aristócratas favorecen a los enemigos de Francia…Es una traición contra la patria dejar a los ciudadanos en la ignorancia del idioma nacional”.



Según el propio Grégoire, sobre 8 millones de “franceses”-uno de cada cuatro- cometían el delito de no saber francés y se expresaban en 30 variedades lingüísticas sobre una población de 29 millones -el país más poblado de Europa-: “Ni en Europa ni en ninguna parte del globo que yo sepa sucede que la lengua nacional no sea universalmente usada por la nación. Francia tiene en su seno quizás 8 millones de personas, de las cuales algunas apenas pueden balbucear unas palabras mal dichas en nuestro idioma: los otros lo ignoran completamente”, por lo que proponía directamente el “aniquilamiento de las lenguas locales”. Para imponer el francés la mejor arma era la educación, y así, Barére propuso nombrar un instructor de la lengua francesa para cada Pueblo que enseñase las leyes, los decretos y los mandatos de la Convención.



Los informes de Grégorie y Barére, además de una férrea educación, establecían que para conseguir una Francia monolingüe, era necesaria la creación de las sociedades patrióticas y el control absoluto de la prensa escrita en exclusiva en el idioma del Imperio, los llamados "rapports", cuyos nombres eran "Le Journal Universel" y "Le Journal des Hommes Libres", que buscaban lo contrario a lo que sus pomposos títulos decían.




También fueron nefastas para el euskera todas las guerras de los siglos XVIII y XIX (la Revolución Francesa, Guerra de la Confederación, las Guerras del Imperio o “guerras napoleónicas” etc.) que supusieron un gran trajín de tropas extranjeras en suelo vasco, guerras provocadas y causadas por los ocupantes y sus ejércitos, de las que salimos mal parados los vascos, y que buscaban la uniformización, en todos los ámbitos, del Imperio francés o la invasión de nuevas tierras. 

Wikipedia

Guerras que fueron el arranque para la creación de la actual nación francesa, así como para la imposición definitiva del idioma francés, continuando la labor inacabada que comenzó con la persecución en nombre de la “libertad, fraternidad e igualdad” de todo lo que no fuera francés, entendiendo este término como monolingüe y uninacional; proceso que no ha terminado pues seguimos vivos al igual que el euskera, pero sí se ha conseguido la imposición del idioma francés en todo su Imperio.



En Francia empezaron a construirse escuelas con cierta continuidad en el siglo XVIII, el siglo de la ilustración, pero en 1848 todavía no estaban extendidas del todo. Durante la 3ª República francesa (1852-70) se sistematizó la apertura de colegios, sobre todo de primera enseñanza, y en Baiona apareció el Liceo de enseñanzas medias, todos íntegramente en francés. La 3ª República consideraba de nuevo vital la eliminación de lo que llamaba "lenguas étnicas", por lo que la enseñanza en euskera siguió proscrita. Algunas de esas escuelas se abrieron al amparo de la Iglesia, como en el caso de Ustaritze, según explica el historiador Eukeni Goyheneche.

El primer Bourbon en reinar, fue Enrique III de Nabarra, que después fue coronado como rey de Francia como Enrique IV, pero los reinos quedaban del todo separados: https://lehoinabarra.blogspot.com/2020/02/el-edicto-unilateral-de-1620-aitzol.html

La negativa a la enseñanza del euskera mostrada desde siempre por la administración gala y una meditada ruralización de la zona que ha obligado a emigrar por razones económicas a los vascos a Francia o a otras de sus colonias, tuvo como consecuencia que la cada vez más escasa población sí conservara el euskera en su entorno familiar, pero nada más (ni en la escuela, ni en la administración…), tras quedar el Pueblo mediante la represión armada-judicial-educacional sin fuerza para poder defenderse. Los puertos labortanos son mucho más importantes en los siglos forales (XV-XVIII) que en los siglos XX-XXI. Esta política francesa es llevada a cabo también contra otras naciones como la bretona, la aquitana, la gascona, la catalana o la corsa.



Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial (1914-18 y 1939-1944) murieron millones de seres humanos, muchos jóvenes vascos de Iparralde fueron obligados a defender Francia al ser obligatorio el servicio militar desde la pérdida foral durante la Revolución Francesa, lo que llevó a cimentarse un sentimiento francés en este territorio vasco, pero fueron más los que decidieron no ir a luchar y tuvieron que desterrarse para nunca más volver; a los caídos, Francia se preocupó de hacerles vistosas tumbas o monolitos en cada pueblo con el nombre de los caídos, pero la mayoría de los vascos murieron en América en su destierro: 6.000 murieron en la guerra, unos 1.200 desertaron y otros miles fueron obligados a emigrar por hambre debido a las políticas económicas francesas para empobrecer estas poblaciones no francófonas. Considerados traidores a Francia, traidores a los que intentaban eliminarlos como nación como hicieron primero con su Estado, así durante el siglo XIX la mitad de los desertores del ejército galo eran vascos, siendo éstos tan solo el 1% de la población de Francia. En Zuberoa la influencia de gascón-bearnés es medieval sin desplazar al euskera, el francés no se introdujo hasta las mencionadas dos Guerras Mundiales.



El escritor vasco Etienne Salaberri (Baja Nabarra 1903-1981), escolarizado y educado como francés, acudió a la Segunda Guerra Mundial, fue hecho prisionero por los alemanes y comentaba en sus memorias: “Gerla aintzinean ez nekien euskaldúna nintzala. Alemania zolan ohartu naiz odolez eta mintzairez euskaldún nintzala, Euskal Herriari zorretan nere izaitearen itxura bereziaz” (Antes de la guerra no sabía que era vasco. En tierra alemana me he dado cuenta de que de sangre e idioma era vasco, deudor al País Vasco de mi forma de ser diferente).

“Es bien sabido que los Pueblos que han sido conquistados y colonizados, se caracterizan psicológicamente por una serie de rasgos personales y pautas de comportamiento, que pueden ser agrupadas dentro de la etiqueta, Síndrome del Colonizado” José Tomás Bethencourt Benítez (Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de La Laguna, Islas Canarias).





NORA ZOAZ ESKUAL SEMEA

“Nora zoaz eskual semea,
arma hori eskutan?
Armen hartzera deitzen naute
frantsen aldera.

Eskualerritik urrunduz,
ta atzerrira joanak,
a ze negarra entzunen duzu
Eskualerrietan!

Morts pour la patrie,
eskuara baizik
etzakiten haiek
morts pour la patir...”
Gorka Khnör


En el siglo XX el turismo y la llegada de jubilados franceses a las costas de Lapurdi, supusieron el último gran retroceso del euskera en Iparralde. En la zona Biarritz-Baiona-Angelu, donde se concentra la mayor parte de la población de Iparralde, el 64% de sus habitantes no ha nacido allí, proviene de otras partes del Imperio francés, sobre todo de la zona de París, su integración en la cultura vasca y conocimiento del idioma nativo es prácticamente nulo, por lo que su forma de actuar responde al modelo colonialista, ya que los vascos no tenemos forma de controlar el número de los llegados ni podemos exigir que aprendan el idioma de la tierra de acogida, básicamente por no tener ninguna de las armas para defender nuestra idiosincrasia que da un Estado propio (leyes, escuelas, policía, medios de comunicación etc.), y estar lejos el Estado imperialista francés de ser democrático y por tanto de reconocer ningún otro idioma o cultura que no sea el de la nación central francesa, entendida ésta como una nación monolingüe y por tanto lingüicida.



En Francia no se puede ni siquiera hablar de diglosia por el uso del idioma imperialista en todos los ámbitos públicos de la vida de forma casi única. En Francia, en pleno siglo XXI, el lingüicidio continúa, en el país de las “libertades” no cabe más que hablar el francés; es más, todas las demás pluralidades ya sean étnicas, religiosas, sexuales etc. sí se respetan y salvaguardan con gran ahínco, en el caso del idioma sin embargo no, qué vamos a decir de aceptar la realidad de una Francia plurinacional o siquiera de “nacionalidades” a la española, por tanto, como España. Francia es solo un proyecto que va en el buen camino pero que no ha llegado a su meta: un Estado, una nación, un idioma, el cómo lograrlo o costa de qué o quiénes, es secundario para Francia como lo es para España.





16. EL EUSKERA Y EL ESTADO DEL VATICANO





A nivel individual la Iglesia Católica y Protestante ha dado grandes escritores e impulsadores del euskera, un listado sería casi interminable como impagables sus aportaciones: B. Etxepare, Pedro Agerre “Axular”, J. Leizarraga y casi todos los miembros de la escuela de Sara, además de A. Mogel, Aita Larramendi, A. Kardaberaz, S. Mendiburu, J. Aristimuño “Aitzol”, Esteban Urkiaga “Lauxeta”, Txomin Agirre, M.R. Azkue, o más recientemente, Bitoriano Gandiaga o Luis Villasante entre muchos otros.

A nivel de enseñanza de la Biblia, los franciscanos de Zarautz predicaban en un “vascuence inteligible, limpio y bien ordenado”; según comenta Aita Larramendi –jesuita del s. XVII-, sin embargo, los poderosos jesuitas predicaban en euskera, pero enseñaban en sus colegios en castellano.

Como Estado, el Vaticano casi nunca fue favorable al euskera, otra cosa ha sido la actuación de la Iglesia parroquial –desoyendo a su jerarquía o evitándola-. La Iglesia Católica zonificó Alta Nabarra o Alaba según el porcentaje de hablantes del romance nabarro o castellano (daba igual que fueran bilingües), barriendo para los romanzados, despreciando el euskera y predicando en romance, tratando demasiadas veces al idioma ancestral de los nabarros como un idioma de incultos, primitivo, de ignorantes y retrasado.

En general, se puede decir que a la represión escolar se unió la Iglesia Católica oficial o vaticanista, salvo cuando tuvo que combatir el protestantismo, así, el obispo de Calahorra, el alabés Juan Bernal Díaz de Luco, fue el primero en mandar predicar en euskera (1544-1555). La Iglesia vaticanista contribuyó de forma clara y definitiva a la ocupación militar del reino de Nabarra (tanto la Nabarra Occidental en el siglo XII como la Nabarra medular en los siglos XVI-XVII), por tanto y desde el principio, siempre se posicionó a favor del idioma del imperialismo (del que tenía el poder) y contra del idioma natural del reino.



En el siglo XII, la Iglesia ya intentó dar una imagen de gente primitiva y mal cristiano de los nabarros con el “Codex Calistinus” o “Liber Peregrinationis” de Aymeric Picaud, así, Tomás Urzainqui, como hicieran otros historiadores antes, señala: “Aimeric Picaud –seudónimo que parece ocultar a personales de la aristocracia eclesiástica- con su obra-libelo Codex Calixtinus preparó a la opinión europea, al modo de las actuales campañas de intoxicación mediática, para una agresión definitiva contra Nabarra”. La Inquisición que introdujo el rey aragonés Fernando el Falsario en Nabarra tras la invasión en el siglo XVI, contribuyó a dar de nuevo una imagen de “primitivización” de la gente euskaldún o vasco parlante.


Algo similar ocurrió con la Inquisición en Francia. Se mandaron quemar en la hoguera a 40 personas en Lapurdi en 1575 y hubo otras sentencias de brujas en Iparralde en 1575 y 1576, pero el comienzo de siglo XVII fue un auténtico reguero de sangre en estas tierras vascas gracias a la Iglesia Católica Vaticana y su Inquisición. Pierre Lancre se hizo jesuita en Turín, en 1582 lo nombraron consejero del Parlamento de Burdeos y en 1609 aceptó mediar en un conflicto secular, el de los Urtubia con los vecinos de Donibane Lohitzune. Se lo pidió el rey Enrique III de Nabarra (IV de Francia) poco antes de ser asesinado por un sicario del Vaticano y de los jesuitas, recomendado así por su capellán Bertrand Echauz, de Baigorri, bajo-nabarro también. Los Urtubia de Urruña, originarios de Alzate en Bera (Alta Nabarra), reclamaban los derechos de un puente. En principio sería un episodio más de las Guerras de Banderizos, pero Lancre fue más allá de su cometido inicial.

Comenzó su investigación sobre la brujería en el País Vasco con la ayuda de una joven vidente de 17 años, llamada Morguy, la cual lograba identificar, gracias a la coloración de la piel, a los humanos que habían sido ungidos por el demonio, el stigma diaboli, la marca del diablo, marca que las brujas llevaban en lugares «muy secretos».

Mediante este infalible procedimiento, en 1610 Pierre Lancre quemó en Lapurdi 600 mujeres, niñas/os de corta edad y sacerdotes en solo 4 meses, acusados todos de brujería. La locura o el genocidio, solo fue detenido por los hombres que volvían de pescar en Terranova. La falta de maridos, alegaba el Inquisidor francés, era lo que provocaba estos casos de brujería entre las mujeres que quedaban en puerto y practicaban la brujería para tener noticias de sus maridos y mantener relaciones sexuales.




Otro elemento que empujaba a la herejía a los vascos, según Lancre, era la tendencia de los naturales a los bailes y fiestas, en los que también participaban los curas. Lancre llegaba en su paranoia a argumentar que la abundancia de hechiceros y brujas en el País Vasco era porque en las misiones católicas de las Indias y del Japón los habían expulsado previamente de esas tierras y, por razones desconocidas, se habían refugiado en el país de los vascos. Lo curioso del caso es que el que había comenzado la predicación católica y el misionado en esas lejanas tierras de Asia en el siglo anterior era el nabarro agramontés Francisco de Xabier, miembro destacado de una de las familias rebeldes principales al ocupante español.

Lancre dejó escrito que en el País Vasco “hay más brujas que en toda Francia”. Lo mismo ocurría en el sur, donde había más brujas que en todo el Imperio castellano como en Zugarramurdi. Para Lancre el hecho probatorio de la culpabilidad de los vascos era aplastante: “Los vascos no se sienten franceses, ni tampoco españoles. Por tanto, no pueden ser cristianos”.



Morguy y Lancre lograron “desenmascarar” a 3.000 brujos y brujas vascas. Lancre creía que en un akelarre se habían reunido en Hendaia 12.000 personas. De Terranova llegaron entre 5.000-6.000 hombres de la caza de la Ballena y lograron parar la masacre expulsando al fanático genocida. Tal y como afirma el antropólogo español Caro Baroja en su libro “Los vascos”: “es posible que en las persecuciones sistemáticas de un seglar como Pierre Lancre, hubiera intención política, más o menos velada, de espíritu centralizador”. Los motivos políticos son muy evidentes. La entrada definitiva de la inquisición y sus peores años (incluida la excomunión), coincide con la conquista de Alta Nabarra (1512-24) y de Baja Nabarra-Beárn-Foix, la cual se plasmó definitivamente con la invasión de las tropas francesas de 1620.

Mapa Alemán de 1710 donde aparecen las primeras estrofas del "padre nuestro" en las lenguas mayoritarias en cada región europea, siendo el euskera la lengua "Bifcaina y cantabrica" (sic.):
"Gure aita zerue tan aizena/San ctifica bedi zure içena,


La influencia de la Iglesia Católica en aquella sociedad es mayor de lo que la gente puede percibir hoy en día. Es representativo de la persecución que sufre el euskera, el hecho que desde el siglo XVI (el de la conquista de Alta Nabarra y el Concilio de Trento) hasta 1904, no se pudiera inscribir nombre alguno en euskera en registro alguno, consintiendo ese año la Iglesia Católica en hacerlo, no pudiendo inscribir el nombre en los registros civiles españoles hasta 1930, cambiados después por nombres que "no ofendieran" a la gran nación española en 1936, año del alzamiento militar de la derecha española y posterior nueva represión sobre el Pueblo vasco, prohibiéndose de nuevo la inscripción de nombres en euskera e incluso el uso del euskera en cualquier ámbito durante toda la dictadura nacional-española.



CONCLUSIÓN

Beñi Agirre (Nabarralde 2010): “Franko-espainiarrek gure herria okupatu eta gure lanaren errenta beretu ondoren, identitate euskaldúna erabat ezabatzeko erasoan datoz”.

Las naciones francesa y española son el fruto de centurias de violencia armada ejercida sobre todos los territorios y naciones conquistados y sometidos a sus mortales ejércitos y su posterior administración, educación y jueces colonialistas. La imposición cultural y nacional se hizo con la fuerza que tiene el conquistador sobre el conquistado (lingüicidio) y para lograr más poder, el que da una nación superior en número y más violenta (nacionicidio), que además se creía tenía la obligación de dominar a las demás para que estas se “ilustraran” también.

“Al morir el último rey carolingio de los francos en el 987, fue elegido rey Hugo Capeto. Se le corona como rey de los galos, de los bretones, los daneses, los godos, los habitantes de la Marca Hispánica y de los wascones. En otros territorios –que componen hoy Francia- ni siquiera le reconocían formalmente como rey. Muchos eran, pues, los Pueblos que habitaban el suelo “francés”, no había ejército ni armada nacionales, ni administración, o ley común, ni cuerpo de funcionarios nacionales. Uno tras otro todos estos Pueblos han sido suprimidos o incorporados e integrados contra su voluntad en la grande y única nación sin piedad alguna, por la fuerza de las armas.

Recordemos brevemente algunos destacados ejemplos: la cruzada contra los albigenses hasta la radical extirpación de la herejía por los Capetos y el proceso que culmina con las matanzas, derrota y posterior expulsión de los hugonotes, todo ello antes de 1789. A partir de esa fecha y ya bajo bandera republicana las guerras sin cuartel contra las antiguas “provincias” (“Pueblos genuinos, con cultura y leyes propias”) hasta sustituirlos por departamentos a fin de hacer más fácil la penetración y la dominación estatal de la mano de funcionarios eficientes. Luego la escolarización obligatoria y gratuita (en francés por supuesto) y el servicio militar obligatorio. Con esta y otras medidas semejantes culmina el proceso de afrancesamiento y se consuma una forzosa política de uniformización: lenguas tradicionales acusadas como dialectos de atrasados, vida y cultura de Pueblos rebajados a espectáculo folklórico para disfrute y consumo del civilizado turista parisino. De las entrañas del Estado, como Minerva de la cabeza de Júpiter, ha surgido a sangre y fuego la nación francesa (…)” Joseba Ariznabarreta (“Pueblo y Poder” pág 219-220).

Ilustración: Martín Altzueta

España y Francia quieren ser Estados-nación, por tanto son creados de arriba abajo, es el gobierno imperialista quien impone a los Pueblos sometidos sus intereses, “a partir de ahí se justifica el Estado por ser una nación, pero ésta fue brutalmente creada primero” (Joseba Ariznabarreta), frente a Nabarra, un Pueblo o nación que se da un Estado: naciones-Estado, de abajo a arriba, un Pueblo que se constituye en sujeto político para darse un Estado democrático con el que defender sus intereses económicos e idiosincrásicos (culturales, idiomáticos, administrativo-legales etc.).

El latín fue el idioma oficial y lengua franca de comunicación durante siglos en tres continentes. Según cayó el Imperio Romano, el Estado que lo sostenía, fue retrocediendo su uso pasando a ser básicamente mero idioma litúrgico de la Iglesia, hasta hablarse en la actualidad solo en… ¡el Vaticano!, es decir, allá donde es idioma de Estado, ni tan siguiera la Iglesia ha podido mantener su uso fuera de las columnas vaticanas. El caso del latín es paradigmático de la imposibilidad de un idioma para sobrevivir a largo plazo sin ser idioma de Estado.

Por último, es una obviedad histórica, que los Estados español y francés (descabalgado del poder el Vaticano, convertido en mero comparsa), seguirán poniendo todos los medios posibles para la desaparición de cualquier idioma que no sean los del imperio: el francés y el castellano.

Martin Ttipia Elkartea

La llegada de los Bourbones franceses trajo un nuevo intento de unificación del idioma que ya intentara Antonio de Nebrija en Castilla a finales del siglo XV mediante su influencia en la reina Isabel I “la Católica”, con notable éxito en las colonias de ultrapuertos. Con los llamados Decretos de Nueva Planta (1707 en adelante) se eliminaron los Fueros de la corona de Aragón-Catalunya, bajo la excusa de haberse opuesto a la coronación del parisino Phillipe V de Bourbon como su rey. 

Estas leyes marcaron el inicio de la unidad lingüística peninsular, siendo la lengua del reino de Castilla la que se impuso y se impone hasta el presente a las lenguas nacionales de los otros reinos de la corona de Las Españas. Estos decretos alcanzaron de pleno a los romances aragonés y catalán, pero pronto se extendieron al resto de idiomas. En estos Decretos se dice que los máximos representantes del poder central en la corona cataloaragonesa, los corregidores: “Pondrá(n) el mayor cuidado en introducir la lengua castellana, a cuyo fin dará las providencias más templadas y disimuladas para que se consiga el efecto sin que se note el cuidado'.

Un resumen del lingüicidio practicado mediante Decretos o Reales Células contra los idiomas peninsulares en general y contra el euskera en particular los últimos 250 años, es el siguiente (sacado mayoritariamente del “Libro negro del euskera” de J.M. Torrealdai):



ESPAÑA 1768: Una Real Cédula da orden de enseñar en castellano en la Corona de Aragón-Catalunya y otra Real Cédula de 1780 extiende esta orden a todo el Reino de Las Españas.

ESPAÑA Año 1768: Se prohíbe el euskera en la enseñanza de las primeras letras. Real Cédula del Bourbon Carlos III de Las Españas: “extender el idioma general de la Nación (española) para su mayor armonía y enlace recíproco”.

ESPAÑA Año 1772: Otra Real Cédula de Carlos III prohíbe la contabilidad en euskera a “todos los mercaderes y comerciantes de por mayor y menor”.

ESPAÑA Año 1776: Se prohíben los libros en euskera. El ministro real el Conde de Aranda exige que: “sin especial noticia suya no se den licencias por este Consejo para imprimir libros en otra lengua que la castellana, archivándose la obra original de la obra de la vida de San Ignacio escrita en vascuence”.

FRANCIA Año 1789: Se eliminan los Fueros y todas las instituciones propias, se impone el centralismo francés y la nación única: en idioma, cultura, leyes etc. Se queman todos los libros escritos en euskera, se prohíbe y castiga su uso.

FRANCIA Año 1794: Informe de Grégorie y Barére: la educación solo en francés y se persigue cualquier otro idioma.

ESPAÑA Año 1801: Se prohíben todo tipo de representaciones teatrales en euskera y más elementos culturales, pues se prohíbe: “representar, cantar, ni bailar piezas que no sean en idioma castellano”.

ESPAÑA Año 1803: Los maestros de primera letras aplican el dicho: “letra con la sangre entra”. Se registra la denuncia de un particular sobre castigos corporales infringidos por hablar euskera en la escuela.

ESPAÑA Año 1841: Alta Nabarra pasa de reino a provincia española. Su autonomía queda totalmente reducida y controlada desde Madrid.

ESPAÑA Año 1857: La conocida como Ley Moyano impone la obligatoriedad de la escolaridad únicamente en castellano: “La Gramática y Ortografía de la Academia Española serán texto obligatorio y único para estas materias en la enseñanza pública”.

ESPAÑA Año 1862: Se prohíbe el euskera en todo tipo de escrituras públicas: “los instrumentos públicos se redactarán en lengua castellana”.

ESPAÑA Año 1867: Se prohíbe el euskera en todo tipo de obras dramáticas. Real Orden de la reina Isabel II: “no se admitan a la censura obras dramáticas que estén exclusivamente escritas en cualquiera de los dialectos (sic.) de las provincias de España”.

ESPAÑA Año 1876: Se eliminan los Fueros y todas las instituciones propias en la Nabarra Occidental, se impone el centralismo español a imitación del francés de la nación única: un idioma, una cultura, mismas leyes etc. Se pierde toda autonomía real hasta el presente. El objetivo lo señala el periódico madrileño “El Imparcial”: “Quitarles los Fueros no es suficiente, tenemos que quitarles ahora la lengua”.

ESPAÑA Año 1896. Prohibición de hablar por teléfono o mandar telégrafos en euskera o catalán.

ESPAÑA Año 1902: Real Orden de Alfonso XIII y del conde de Romanones en la que se castiga a los maestros que enseñen en su idioma “o dialecto” el catecismo: “Los maestros y maestras de Instrucción Primaria que enseñasen a sus discípulos la Doctrina Cristiana u otra cualquiera materia en un idioma o dialecto que no sea la lengua castellana serán castigados por primera vez con amonestación… y si reincidiese, serán separados del Magisterio oficial, perdiendo cuantos derechos les reconoce la Ley”.

FRANCIA Año 1903: Se prohíbe el euskera en las escuelas francesas.

ESPAÑA Año 1923: Se prohíbe además el euskera en actos oficiales durante el régimen de Alfonso XIII y la dictadura de Primo de Rivera: “no podrá usarse por las personas investidas de autoridad otro idioma que el castellano, que es el oficial del Estado español”.

ESPAÑA Año 1925: Se retiran los libros de texto en euskera “que no estuviesen escritos en español” y tendrán suspensión de empleo y sueldo quienes enseñen en dicha lengua.

ESPAÑA año 1926: Real Orden contra los maestros que no enseñen en castellano: “Los maestros que proscriban, abandonen o entorpezcan la enseñanza del idioma oficial en aquellas regiones en que se conserva otra lengua nativa, serán sometidos a expediente, pudiendo serles impuesta la suspensión de empleo y sueldo”.

ESPAÑA Año 1930: Se impone a todas las corporaciones locales que “los libros oficiales de registros y actas en castellano” y en ningún otro idioma.

ESPAÑA Año 1932: La Segunda República española prohíbe la enseñanza del euskera en centros privados y públicos, pero no evita la creación de las primeras ikastolas bilingües desde el auzolan y fondos privados.

“Por lo que toca a la enseñanza, no ya del castellano sino también en castellano, la República no puede hacer la menor concesión, so pena de faltar a uno de los más sagrados deberes, especialmente por lo que se refiere a los trabajadores”.


“Quisiéramos un Gobierno que prohibiese los Juegos Florales, que no permitiera la literatura regionalista, que acabara con todos los dialectos (sic.) y todas las lenguas diferentes de la nacional” Parlamentario del PsoE en las Cortes de Madrid (“Asedio a Euskadi” Joan Mari Torrealdai, 2018).

ESPAÑA Año 1937: Comienzo de la dictadura de Franco, recentralización, idioma único, nación única. Prohibición hablar en euskera y cualquier signo cultural vasco (como tocar el txistu). La represión sobre la población euskaldún se produce con penas de cárcel y escarnio social (rapar el pelo a las mujeres, insultos, paseíllos etc.). Cárcel, interrogatorios y vejaciones de todo tipo sobre todo a las mujeres, además de todo tipo de desprecio.

Eusebia Barinagarrementeria (dch) en 1975. 
Le cortaron el pelo con 42 años en Berriatua en mayo de 1937 por hablar euskera. 

ESPAÑA Año 1938: Se excluye el euskera de los registros y cualquier otro idioma que no sea el castellano según la Orden ministerial sobre el Registro Civil: “Debe señalarse como origen de anomalías la morbosa exacerbación en algunas provincias del sentimiento regionalista que llevó a determinados registros buen número de nombres que no solamente están expresados en idioma distinto del oficial castellano, sino que entrañan una significación contraria a la unidad de la patria. La España de Franco no puede tolerar agresiones contra la unidad de su idioma. Tal ocurre en las Vascongadas, por ejemplo, con los nombres de Iñaki, Kepa, Koldobika y otros que denuncian indiscutible significación separatista”.

ESPAÑA Año 1938: Prohibido predicar en euskera, salvo 10 minutos pero si nadie entiende el castellano: “Sírvase también tener en cuenta que en las Iglesias no debe permitirse la predicación en vascuence y solamente si a su juicio considera que la mayor parte de los feligreses y asistentes aquellos desconocen el idioma español pudiera autorizarse diez minutos de pláticas en vascuence que resuma lo anteriormente expuesto”.

ESPAÑA Año 1939: Exclusión del euskera en la rotulación de hoteles.

ESPAÑA Año 1940: Excluido en Tribunales y Comercios.

ESPAÑA Año 1940: La administración solo atenderá en castellano. Circular sobre el uso del idioma por los funcionarios: “Todos los funcionarios que en acto de servicio se expresen en otro idioma que no sea el oficial del Estado, quedarán ipso facto destituidos, sin ulterior recurso”.

ESPAÑA Año 1940: Normas del Departamento de Cinematografía, todas las películas solo se podrán realizar en castellano: “Todas las películas deberán estar dialogadas en castellano prescindiéndose, en absoluto, de los dialectos (sic.)”.

ESPAÑA Año 1944: Prohibido el euskera en las escrituras públicas.

ESPAÑA Año 1947: Prohibido en las revistas.

ESPAÑA Año 1948: Prohibido de nuevo en las escuelas. En los colegios no solo se prohibió enseñar en euskera, sino que volvió a ser perseguido todo el que lo hablara con burla pública, desprecio y sobre todo mediante el castigo físico. Esta situación era común a todo el país pese a que el carlismo alabés y alto nabarro se alzaran, engañados a cambio de recuperar los Fueros, por los fascistas españoles.

ESPAÑA Año 1954: Prohibido en las radios.

ESPAÑA Año 1964: Prohibido en discos y publicidad.



ESPAÑA-FRANCIA Años 1978-2015: El castellano y el francés son de obligado conocimiento por sus ciudadanos o para que el que quiera conseguir esas nacionalidades con sus correspondientes exámenes, así lo imponen la Constitución española y francesa. En Francia la situación es incluso peor que en España pues aunque el Estado francés firmó la Carta Europea de Lenguas Minorizadas o regionales de 1992, ésta no se cumple. El euskera es “alegal” en el Estado francés y en parte del Estado español.

El ingüista inglés Norman Fairclough (1941) dijo: “los Estados han utilizado siempre los idiomas como un instrumento de dominación, y el estatus que tiene el idioma es el que tiene su hablante”. Es así como los euskaldunes hoy somos ciudadanos de segunda, sin los mismos derechos que los castellano o francés parlantes al perder por la violencia de las armas nuestro Estado y su administración.

El lingüicidio y la persecuición contra el euskera continúa en pleno siglo XXI, tanto en Francia como en España
(Foto del año 2021)



17. GURE HIZKUNTZA





Erromatar Inperioko Mendebaldea “barbaroek” konkistatu zutenean, euskaldunak biziraun bakarrik ez, gure burua antolatzeko kapazak izan ginen Herri zahar bakarra gara. Gure Estatua eraiki genuen, egitura politiko propioa zuenak, euskal zuzenbidea edo zuzenbide piriniarrean oinarritua, Foruak bezala ezagutzen ditugunak. Denon indarrak eta interesak batuz, gure Estatua sortzeko gai izan ginen, 1000 urtez libre iraun zuenak (600-1620). 

Baskonia zen bere lehen izena eta Nabarra da haren alaba. Gure Estatua heldu zen lurralde osora gure hizkuntza berriro zabaldu genuen. Gure Estatuaren biztanleriaren %80 baino gehiago euskaldun elebakarra zen oraindik XVI. mendean (“la Guerra de Navarra” Peio Monteano) eta musulmanen esku 400 urte egonda ere, Hegoaldea eleanitza zen euskara barne, gaur ez bezala (“El euskera en Navarra” Jimeno Jurio).


Nafarroako lehen errege familiek euskara zuten ama hizkuntza (Mateo de Anguiano "Compendio historial"). Askatasun mende horietan euskara erabili zuen nafar Gorteak, baita goi funtzionarioek, enbaxadoreek, Goi Justiziak, Errege audientziak, Nafarroako Kontuen Ganbarak, Hazienda Foralak, notarioek eta merioek baita ere (“Navarra, Estado europeo” Tomás Urzainqui). Adibidez, 1505. urtean Ezpeletako kondeak Beireko alkate eta Erriberriko merioa zenari idatzi zion gutun ofizial batean, euren artean euskara erabiltzen zutela ikus daiteke: “Mutila nescatoa andrea gisona mutil chaperuge/ antonjo gandaygu suquetanjque gandaygu/ armosadu meryendadu/ [zue]”. Goi Nafarroak izan dituen azken errege-erreginak, Gorteari euren semea euskaraz heztea agindu zioten, “erresuma honen hizkuntzan”. Enrique II “zangotzarra” izan zen azken Estatu buru euskalduna.


Gutenberg alemanak inprenta asmatu zuenean gutxi batzuen eskura zegoen makina garesti hura. Inprenta eta protestantismoaren ideologia zabaltzailearekin batera, Europa osoan liburuak latina edo erromantzea ez ziren beste hizkuntzetan idazten hasi ziren. Orduan ere Nafarroako errege-erreginak izan ziren Etxepareren euskarazko lehen liburua finantzatu zutenek (Enrique II.ak eta Margarita bere emazteak hain zuzen), eta gero Leizarragaren Testamentu Berria (euren alaba Juana III.ak). Erdi Aro eta Aro Modernoko mende guzti horietan, Estatu baten babesa zuelako, euskara prestigiozko hizkuntza zen, geroztik izan ez dena.

Ape Musa idazle eta intelektual kurduak (Kurdistan 1920-1992), turkiar gobernuari esan zion: “Nire hizkuntzak zure Estatuaren oinarriak astintzen baditu, horrek esan nahi du, ziur asko, zure Estatua nire lurrean eraiki duzula”. Turkiako gobernuak tiro batez hil zuen Musa, baina Turkiako auzitegiek ez zuten delitu zantzurik ikusi. 2006an Europako Giza Eskubideen Auzitegiak, Turkiako Gobernuari 28.500 eurotako isun “sinbolikoa” ipini zion  hilketa honegatik.


Gaur egun, euskal historialariek, filosofo, idazle eta politikariek, eta gero eta euskal herritar gehiagok, badakite Pako Aristik “independentziaren paperak” liburuan idatzi zuena: “Denok gara euskaldunak, lurralde guztietakoak, baina Nafar Estatukoak gara, Nafar Estatu bahitutakoak”. Gure Estatua konkistatu ziguten eta bahitua jarraitzen du, baita gure hizkuntza ere: “Nafarroak orduantxe galdu du bere independentzia eta beraz, euskarak galdu ditu bere erregeak, euskarari lagundu ahal izango lioketenak. Beraz, euskara gelditu da modernitatearen hasieran bere alboko hizkuntzek dauzkaten laguntzak gabe” Joxe Azurmendi (Ur, Su, Lur. Dokumentala).



Gaur egungo Auzolana edo lorra, kontzejuak edo herri asanbladak, komunala edo kooperatibak, egitura estatal horren itzalak besterik ez dira, eta euskara edo “lingua navarrorum-aren” gaurko egoera makurra ere hortik dator. Aristik berak azaltzen digu gure Estatuaren bahiketak zer suposatzen duen gure hizkuntzarentzat: “Bi hizkuntza dauden lekuan beti injustizia baten aurrean gaude, konkista, jazarpena eta inposizioa biltzen dituen historiaren aurrean, ez baitago berez bi hizkuntza zeuzkan herririk; bi herri ezberdin izango lirateke, hartara. Bi hizkuntza egotea herri batean tragedia baten adierazle da, printzipioz. Gerra linguistiko baten hasiera, menderatuen hizkuntza desagertzea bilatzen duena” (“Piramide baten historia”).



Gaurko euskaldunok diglosia hutsean bizi gara eta askotan euskaraz hitz egiteko gaitasuna ia galdu dugu. Gaurko “Erdal Herrian”, ezinezkoa da euskaraz bizitzea. Euskaraz hitz egitea ez da bakaneko pertsonen eskubidea. Zein eskubide eduki dezaket euskaraz hitz egiteko espainol ejertzito eta poliziak euskaldun guztiei gure hizkuntza hitz egitea debekatuko baligute 40 urtez egin ziguten bezala? Uler erreza da, aske bizi ez den Herri bat ezin dela herritar askeez osotua izan. Foucaultek zioen bezala “nazio batek beste bat konkistatu eta okupatzen duenean, hori ez da inoiz amaitzen”.

Gure etxean bortzaz sartu ziren eta bortxaz inposatzen dizkigute euren legeak eta hizkuntza. Estatuak ez dira berez desagertzen, inperialistek desagerrarazten dituzte. Herriak ez dira berez desagertzen, inperialistek desagerrarazten dituzte. Hizkuntzak ez dira berez desagertzen, inperialistek desagerrarazten dituzte. Gure hizkuntza edo katalana, espainol eta frantsesen Estatuaren oinarriak astintzen dutela ikusteak, euren Estatua gure lurrean eraikitzen ari direla esan nahi du horrek.



AITZOL ALTUNA ENZUNZA