LOS FUEROS: EL DERECHO COMÚN A TODO EL ESTADO DE NABARRA

LOS FUEROS: EL DERECHO COMÚN A TODO EL ESTADO DE NABARRA
Aitzol Altuna Enzunza



El ginebrino Jean Jacques Rousseau (1712-1778) dejó escrito con cierta ironía: “Gernika es el pueblo más feliz del mundo. Sus asuntos los gobierna una Junta de campesinos que se reúne bajo un roble y siempre toman las decisiones más justas”. Los Fueros no son más que las leyes consuetudinarias basadas en el uso y la costumbre como fuente principal de derecho que nos dimos los baskones para nuestra convivencia, los cuales terminaron por desarrollarse bajo el amparo del Estado de Nabarra: es el conocido como Derecho Pirenaico, que bien se puede llamar derecho baskón o nabarro.

Poco a poco se fueron escribiendo esos usos y costumbres creando el armazón del derecho foral. Entre los primeros documentos que tenemos hay uno del año 882, cuando el rey Garsea Ximeno concedió el Fuero que reconocía el uso de las Bardenas reales al valle del Ronkal a donde acudían en trashumancia los pastores pirenaicos con sus ovejas. Otro tipo de Fueros eran los que se concedían para fundar y reglamentar el gobierno de las villas amuralladas que servían para la defensa del reino, la repoblación de territorios estratégicos y el fomento del intercambio comercial de la comarca con sus días de mercado. Uno de los primeros fue el Fuero de la villa de Nájera en La Rioja otorgado por Sancho III “el Mayor” (1005-1035), en aquellos momentos el lugar de residencia de la Corte nabarra. Sabemos de la existencia de reuniones de las Cortes para dirimir temas forales al menos desde Sancho Ramírez en el año 1090, cuando se juntaba el rey con “todos los príncipes de Pamplona y gran multitud del Pueblo, querellándose de los malos juicios y mala forma de pleitos que tenían y que de común acuerdo se hizo uniforme pacto jurado, quitando todos los malos usos que había entre ellos”. Otro tipo de Fueros reglaban las diferentes actividades artesanales o normas gremiales como el Fuero de los ferrones, o las primeras leyes marítimas incluidas en el Fuero fundacional de la villa nabarra de San Sebastián-Donostia a finales del siglo XII con Sancho VI “el Sabio” (1150-1194).

Sin embargo, los Fueros Generales del reino de Nabarra se mantuvieron de forma oral hasta el siglo XII. El pamplonés J.J. Otamendi Rodríguez en 1982 señaló que fueron escritos por primera vez con el mencionado rey Sancho VI “el Sabio” (1150-1194), es decir, antes de las amputaciones territoriales del siglo XII de la Nabarra Osoa. Pero son los Fueros que mandó escribir el rey Thibault o Teobaldo I de la Champagne los Fueros Generales escritos más antiguos que conocemos, donde aparece interpolado parte del mencionado Fuero Antiguo de Sancho VI “el Sabio”. Teobaldo, de origen francés, era extraño al reino, por lo que no estaba familiarizado con el contenido de los Fueros baskones, así es como en el año 1238 mandó escribirlos en romance nabarro a 10 ricos-hombres, 20 caballeros, 10 representantes reales y al obispo de Pamplona. El texto definitivo del Fuero General se redactó en el año 1266. Por tanto el reino de Nabarra se regía por un código de derecho propio escrito cuando en Europa aún se empleaba el derecho romano. El derecho nabarro del Fuero General desarrolla los principios del derecho constitucional moderno y proclama la superioridad de la comunidad política, el Pueblo nabarro, sobre el monarca, tal y como correspondería a una democracia.

Teobaldo fue obligado por los nabarros a jurar por la Cortes la Constitución o los Fueros del reino antes de ser coronado como rey, tal y como marcaba el artículo primero de los mismos; un hecho insólito en la Europa Medieval. Teobaldo debió de quedar sorprendido por el contenido de los Fueros y de las limitaciones que suponían a su poder, pues llegó a apelar al papa para no tener que jurarlos y buscó el apoyo de su suegro el rey de Francia San Luis IX, pero sin éxito. Teobaldo exigió lealtad hacia su persona a las nobles villas y a la aristocracia nabarra, y éstos juraron con la clara advertencia de que lo hacían “salvo nuestros buenos Fueros e nuestras costumbres” (Estella 1255). En Nabarra se sometía por tanto la entronización de los reyes a la jura previa de los Fueros, de donde viene el viejo aforismo baskón: “leyes antes que reyes”.

Del mismo modo, tampoco prosperó una bula del papa Urbano IV para disolver las Juntas de Infanzones nabarros contra las que también cargó el rey Teobaldo. Las Juntas de los Infanzones nabarros nacieron a finales del siglo XII con Sancho VII “el Fuerte” y alcanzaron entre 1283-1328 su máximo esplendor. Fueron llamados a veces de Obanos al ser este pueblo cercano a la iglesia de Eunate su habitual punto de reunión. Existían figuras similares, que sepamos, al menos en Baja Nabarra, Gipuzkoa y Alaba (Cofradía de Arriaga), con un “Sobrejuntero” o buruzagi para dirigirlas. Su principal función era controlar los atropellos o contrafueros que pudiera comentar el rey y los ricohombres nabarros, así como ejercer la justicia en el reino. Los infanzones funcionaban en “Hermandad” con las “buenas villas” contra los “malhechores”. Su lema era otro conocido aforismo baskón: “Pro libertate Patria, gens libera state”.

Comentaba al respecto el historiador estellés José María Lacarra (1907-1987) en el libro “Historia del Reino de Navarra en la Edad Media”: “Los distintos estamentos sociales tienen clara conciencia de que actúan en nombre de todo el Pueblo de Navarra (desde el Fuero Antiguo, los Fueros Generales de los s. XIII y s. XVI) y de que las cosas juradas no eran cesiones o privilegios revocables, sino que formaban parte de la misma constitución política del reino. (…) En su conjunto este juramento era la concesión más amplia y profunda hecha en esta época por ningún soberano de Occidente”.

Además de los Fueros de villa y el Fuero General del reino, las tenencias y merindades o divisiones administrativas nabarras tendrían su propio Fuero, el cual ordenarían los asuntos más comarcales. Por ejemplo, el documento que el historiador bizkaíno Esteban Jaime de Labayru (Filipinas 1845 - Bilbao 1904) llamó al publicarlo por primera vez “Fuero antiguo de la merindad de Durango”, cuyo original sería del siglo XII reinando el mencionado Sancho VI “el Sabio”, nos da una idea del derecho foral de las merindades y tenencias por aquél entonces. Durango era dentro del reino de Nabarra un condado o merindad adjunta a Bizkaia, con la que compartía tenente al menos desde Iñigo López “Ezkerra” (1040-1077). El documento que presentó Labayru sería un texto parcial de los Fueros de la merindad de Durango, pues habla de herencias, juicios, ventas, ordenamientos municipales, sobre el ganado, obras públicas, ventas ambulantes, funciones de los fieles regidores (alcaldes) etc. de toda la “merindad de Durango”. No se conserva el documento original y la copia más antigua se puede fechar del siglo XVI.

El Fuero de la tenencia nabarra de Bizkaia, por referencias indirectas, se cree que pudo estar vigente desde al menos el año 1110. Sin embargo, las primeras referencias documentadas explícitas de la existencia de unos Fueros de Bizkaia son del año 1272 y aparecen en la carta de villa de Artziniega en valle de Ayala (hoy integrado en Alaba), pero no dice nada de que estuvieran escritas: “Dámosles y otorgámosles el Fuero e las franquezas que ha Vizcaya é Concejo de Vitoria, que los hayan bien é complicadamente en toda las cosas, así como Vizcaya y Vitoria lo han”. El señor de Bizkaia Juan Nuñez de Lara en el año 1342 escribió en el cuaderno señal a la Junta de Gernika para preguntar cuáles eran los Fueros de Bizkaia, prueba de que existían pero de que no estaban aún escritos sino que eran de trasmisión oral, siendo parte de su aprendizaje sentencias como la misteriosa: “urde urdaondo, caeçia etondo”. Se escribió el Fuero Viejo de Bizkaia por primera vez el 21 de julio del año 1452, tras una Junta General en Idoibalzaga en Errigoitia: humilladero de bancos laterales corridos, árbol juramental e iglesia divisera sobre terreno comunal aún conservados. Una vez escritos, los Fueros bizkaínos fueron aprobados en las Juntas Generales de Gernika. En el propio Fuero Viejo se mencionaba expresamente que antes no estaba escrito.

El Fuero Viejo de Bizkaia fue redactado por los llamados “alcaldes del Fuero” y no por juristas, lo cual es fundamental para entender la diferencia sustancial de los Fueros nabarros respecto a otros ordenamientos e incluso Constituciones actuales. Los alcaldes del Fuero eran en realidad jueces del derecho civil, no tenían las funciones del alcalde actual que en aquél entonces se denominaban “fieles regidores”. El historiador bilbaíno Juan Eustaquio Delmas (1820-1892) en su libro “Guía histórica descriptiva del viajero en el Señorío de Vizcaya” sobre esta figura foral comenta que: “Estos alcaldes tenía una jurisdicción muy limitada, porque sólo se entendía a lo contencioso en materias civiles, de las que conocían en primera instancia acumulativamente con el corregidor del señorío y su teniente de Guernica, que eran jueces ordinarios del infanzonazgo en lo civil y en lo criminal”. Los alcaldes el Fuero actuaban por tanto como jueces de primera instancia, que fuese a ellos a quienes la Junta General les encomendase la redacción del Fuero de Bizkaia, es señal de que se pretendía glosar las costumbres y usos del Pueblo recogidos en las sentencias de primera instancia, y no crear o recrear nuevas leyes, de ahí los arcaísmos que en él aparecen. Sin embargo, el Fuero de Bizkaia fue reescrito y actualizado poco después en el año 1526. El llamado Fuero Nuevo es una corrección del anterior por juristas conocedores del derecho romano y de las leyes castellano-leonesas de Toro, además de por bachilleres y licenciados.

Adrián Celaya Ibarra (Barakaldo 1917- Bilbao 2015), fue catedrático de Derecho Foral en la universidad de Deusto y era considerado el máximo conocedor del derecho foral bizkaíno cuando dejó escrito: “Yo digo que hay un Derecho Pirenaico, y dentro de ese derecho hay derechos diferentes, pero con grandes similitudes”. La baionesa Maite Lafourcade (1934), está licenciada en Derecho por la Universidad de Burdeos, es titular de los diplomas de Estudios superiores de Derecho privado y de Historia del derecho por la Universidad de Paris, pero sobre todo es la máxima conocedora del Fuero de Lapurdi sobre el que hizo su tesis doctoral. Lafourcade afirma que: “Las mayores similitudes de (los Fueros de Lapurdi) eran con Bizkaia. Cuando hablé por primera vez con el catedrático de Derecho Foral Adrián Celaya quedamos impresionados: eran iguales”. Esta similitud de los Fueros de Lapurdi con los de Bizkaia, demuestra la unidad anterior de todos los Fueros dentro del Estado de Nabarra, donde se habrían terminado de formar sus puntos fundamentales, al ser Bizkaia y Lapurdi territorios sin frontera común y parte del reino baskón hasta el siglo XII, conquistados por Castilla (hoy España) y Aquitania-Inglaterra (hoy Francia) respectivamente.

Sin embargo, durante siglos, los Fueros de los diferentes territorios en el que desmembraron el territorio baskón, sobrevivieron con renovaciones similares hasta la supresión manu militari de los Fueros en el siglo XIX y el control de la frontera política impuesta por los imperialistas. Según Maite Lafourcade, la pertenencia a diferentes Estados, no supuso una barrera entre el norte y el sur para la transmisión de usos y costumbres, sobre todo en el nexo común como son los valles del Pirineo, regazo natural del Derecho Pirenaico: “No, porque ha habido relaciones y acuerdos entre los valles del norte y el sur sin participación de los Estados, tanto durante la guerra como durante la paz. Y hacían todo lo que querían. Eran, sobre todo, acuerdos e intercambios sobre pastos. También relaciones matrimoniales... Todo eso ha contribuido a mantener normas comunes pero, sobre todo, en los valles de montaña”.

Esta constatación es compartida por todos los estudiosos nacionales del tema, así el historiador artajonés Jimeno Jurio (1927-2002) dejó escrito: “La extraordinaria semejanza que se da en las instituciones públicas y privadas de los 6 territorios vascos obedece ciertamente a la unidad básica de civilización de todo el ámbito euskaro; el embrión germinal del sistema evolucionó y se consolidó en sus líneas fundamentales cuando toda Euskal Herria –el verdadero reyno de Navarra- estaba unificado bajo el poder de los reyes de Pamplona”. Pero en realidad el Derecho Pirenaico es común a todos los territorios que en la Alta Edad Media o en el Edad Moderna estuvieron dentro de la corona de Nabarra: como son los Estados del Bearne, Andorra y Aragón, además de La Rioja o Gascuña; incluso está presente en el primigenio condado de Castilla Vetula o Vieja (hoy las Merindades de Castilla, al norte de la provincia de Burgos), es decir: el Derecho Pirenaico se extendía por todo el antiguo solar baskón.

El Derecho Pirenaico no es impermeable a otros ordenamientos, ningún ordenamiento lo es, ello no es menoscabo para afirmar que es un derecho diferente a cualquier otro con elementos propios, creados por el Pueblo baskón desde nuestros usos y costumbres que llegan a su plenitud en el Estado de Nabarra. Frente a la ley está el Fuero, como explicaba Adrián Celaya: “Fuero no equivale a ley, porque lo característico del Fuero es precisamente que no es ley creada por un legislador prepotente, ni siquiera impuesta por una mayoría ocasional, sino norma que nace de repetidas experiencias de ámbito popular:

1. Lo foral está en la antítesis de las posiciones de escuela, es el espíritu de los Pueblos no contaminados por los prejuicios de los doctores.
2. El sistema foral no es legalista y su posición es antidogmática.
3. El verdadero sentido de lo foral consiste en que las normas jurídicas son auténticamente populares, y se acomodan en cada momento a la vida social.
4. Las normas forales son, casi siempre, de origen consuetudinario, dando primacía a la costumbre sobre la Ley, pero esto no quita el que se legislara de forma renovadora, como aparece repetidas veces en el Fuero Nuevo de Vizcaya.
5. El derecho foral se concilia perfectamente con las concepciones democráticas.

Sirva como colofón a esta pequeña aportación a este Congreso sobre el Derecho Pirenaico y homenaje a Jesús Ruiz de Larramendi, lo que en su libro “El Contrato Social” el padre de la democracia moderna Jean Jacques Rousseau explicaba, y que es fundamental para que un Estado se configure como una verdadera democracia: “Hay un abismo entre el Pueblo libre haciendo sus propias leyes y un Pueblo libre eligiendo sus representantes para que estos les hagan sus leyes”.


EL ESTADO DE NABARRA Y LA REVOLUCIÓN FRANCESA

EL ESTADO DE NABARRA Y LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Aitzol Altuna Enzunza

Karl Marx: "De entre todas las provincias en que las Cortes conservaban un poder real en el tiempo de la invasión francesa, únicamente Nabarra había conservado la vieja costumbre de convocar las Cortes por Estados. Mas, entre los vascos, las corporaciones, casi totalmente democráticas, incluso no admitían al clero".

El reino baskón de Nabarra continuó reducido en el norte pirenaico tras la brutal conquista y posterior represión de la parte peninsular (1200-1512), para ser aplastada su libertad por Francia en 1620 con el Edicto de Unión del Bourbon Louis XIII y la entrada del ejército francés, pero mantuvo su Corte unida a la del Beárn, así como su Fuero o Constitución, para desaparecer durante la Revolución Francesa.

La ilustración era un movimiento intelectual desarrollado en el siglo XVIII y caracterizado por el racionalismo de la clase burguesa en su momento de ascenso al poder y la consecución del capitalismo, su mayor aportación al mundo. Hay antecedentes de revoluciones burguesas en Suiza, Flandes y Holanda en esas mismas fechas. Aunque el movimiento nació en el Reino Unido, tuvo su culminación con el Enciclopedismo francés, que dio hombres como Diderot, Concorcet, Voltaire, el suizo Rousseau o el gascón Montesquieu con su división del poder político siguiendo el modelo inglés.

Una de las principales aportaciones de los enciclopedistas es la racionalidad en todos los aspectos de la vida cuestionando los fundamentos políticos y teológicos del régimen absolutista, como la divinidad de los reyes y el obedecer a su poder absoluto, se cuestionan también la nobleza e incluso el clero; el Enciclopedismo promovió el mercantilismo (proteccionismo) en lo económico para una Francia en crisis económica y planteamientos republicanos en lo político. En un principio se pretendía cambiar el absolutismo por una monarquía parlamentaria como había ocurrido en cierto modo en Estados Unidos pero con un rey como Jefe de Estado.

Los Estado Generales eran convocados por los reyes franceses para tratar asuntos de Estado a partir del siglo XIV. Durante el siglo XVI los Estado Generales actuaron como meros sancionadores de la política fiscal de los monarcas franceses y fueron testigos de la consolidación del Estado absolutista francés. Es por ello que en 1778 para hacer frente a la crisis económica que provocó -entre otras muchas cosas- la participación de Francia en la Guerra de la Independencia de USA (1776), el rey Bourbon Luis XVI se vio en la obligación de convocar a los Estados Generales para pedirles dinero, aunque llevaban sin reunirse desde el año 1614.

Ante la negativa de la nobleza y del clero a aceptar la reforma fiscal que les perjudicaba y que fue impulsada por el ministro de Estado Jacques Necker, queriendo Louis XVI fortalecer a los supuestos partidarios de la misma, duplicó la representación del Tercer Estamento, dando como motivo su mayor peso demográfico, error de cálculo que supuso su perdición. En mayo de 1789 estaban representados ante el rey todas las circunscripciones “provinciales” del reino, cada uno de los representantes convocados elaboraba un informe de quejas, peticiones y propuestas sobre el que debía pronunciarse el rey, previo examen de su contenido por el Consejo Real. En ésta reunión de Estados Generales se dieron cita 270 representantes nobiliarios, 291 del clero y 578 del Tercer Estamento o el pueblo llano, que en realidad estaba representado por los nuevos ricos de las ciudades que eran los que estaban más capacitados, lo que se llamará la burguesía.

El llamado Tercer Estamento, encabezado por una burguesía que contaba en número con los mismos representantes que la nobleza y el clero juntos por tanto, logró que la votación se hiciera “por cabezas” y no por Estamentos. El éxito de la operación hizo ver a la burguesía que su poder era grande y ese poder se transformó en una revolución popular cuyo éxtasis fue la toma de la Bastilla por el pueblo, cárcel que era el símbolo maldito del despotismo ilustrado francés. La Toma de la Bastilla se produjo el 14 de julio de 1789, desde entonces día de la patria en Francia, tomando una nueva bandera, la tricolor actual, donde los colores vienen del escudo y bandera de Paris (azul y rojo) y en el centro el blanco de la monarquía, frente a la anterior bandera compuesta por la flor de lis de los Bourbones junto al el escudo de Nabarra (los únicos escudos presentes en el palacio de Versalles incluso actualmente).

El Tercer Estamento se transformó en la Asamblea Nacional en el frontón de Versalles donde se reunió para elaborar una Constitución, la cual tuvo que ser aprobada por el propio rey que aceptó también la nueva bandera y creó la Guardia Nacional, milicia urbana que convirtió en rehén al propio rey. En ese acto también se sustituyó el nombre de “rey de Francia y de Nabarra” anterior por el de “rey de los franceses”. La Asamblea Nacional firmó el 4 de agosto la supresión de los derechos feudales y la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, con el lema “Libertad, Igualdad y fraternidad”. Se cambió la noción de vasallo por la de “súbdito o ciudadano”, pero no era aplicable a la mujeres. El 3 de septiembre se proclamó la primera Constitución Francesa, el régimen absolutista se transformó en monarquía parlamentaria que eliminó los Estamentos. Ese mismo verano de 1789, en toda Francia estalló en una rebelión campesina,

La diferenciación entre izquierda y derecha nació durante la Revolución Francesa, al sentarse a la derecha del presidente de la Asamblea los partidarios de la monarquía absoluta y a su izquierda los partidarios del régimen constitucional más o menos parlamentario. El tópico geográfico-parlamentario surgido en torno al problema del veto real, cristalizó y provocó la auto identificación de los parlamentarios en tales términos; la imagen hizo fortuna y se trasladó por la vía de la prensa y de los cuadros de los partidos a la sociedad civil (“Introducción a los partidos políticos” Manuel Martínez Sospedra).

En primera instancia no acudieron a los Estados Generales los representante de Baja Nabarra Zuberoa, Beárn y Bretaña, pero sí los de Lapurdi con los hermanos Garat de Ustaritz por el Tercer Estado (más un noble labortano y el cura de Ziburu por el clero). Los hermanos Garat eran abogados bien situados económicamente, el mayor en Bourdeos donde Dominique Joseph era parlamentario y en París el otro, Dominique, donde daba clases de literatura y filosofía y ejercía de periodista. Dominique Joseph llegó a ser Secretario General de la Asamblea (1790-1791), ministro de Justicia con Daton (1792-1793) y ministro del Interior (1793).

Sí se reunieron sin embargo las Asambleas de cada territorio con sus tres estamentos con el objeto de redactar los cuadernos de quejas y agravios, donde en el caso de Zuberoa y Lapurdi además pedían la recuperación en su integridad de sus Fueros. Aunque la autonomía de Lapurdi había sido mermada anteriormente por Luis XIV en 1660 en la matxinada contra la imposición del “balie” (equivalente al virrey o corregidor en Castilla-España) e integrada en la “Guyenne et Gascogne” y en el año 1730 Zuberoa perdió el Silviet (equivalente a la Junta General y a la Corte de Justicia), la Revolución Francesa fue el punto de inflexión más importante para la pérdida de la autonomía de Lapurdi y Zuberoa, ya que fue un primer intento de centralizar el Estado francés, pese a la denodada defensa que en la Asamblea Nacional hicieron los hermanos Garat de los Fueros.

Los bajos nabarros decidieron no participar en Versalles en los Estados Generales del reino francés por ser reino o Estado a parte y alegando por tanto soberanía propia y su independencia. Estimaban que su presencia sería “un acto de adhesión a los derechos de la Asamblea Nacional, como una renuncia de Nabarra a su Constitución (Fueros), a su independencia…”. Para los nabarros los principios de la Revolución Francesa, como eran la soberanía nacional y el voto del impuesto por los representantes de la nación, ya figuraban desde antiguo en sus Fueros, por lo que consideraban la Revolución Francesa como una “revolución extranjera”.

Las Cortes reunidas en la iglesia de San Pablo de Saint-Palais (Donapaleu, antes de romanzarle el nombre se llamada Iribarren) acordaron que: “La nación francesa puede llegar a darse una Constitución bastante prudente o juiciosa para que Nabarra piense un día renunciar a los suyo y unirse a Francia, pero mientras ese día llega, no hará el sacrificio de su propia Constitución que asegura su reposo y su libertad”.

En Julio de 1789 los Estados Generales de Nabarra (similar a las Cortes) se dirigieron a Luis XVI de la siguiente manera a través del síndico de la embajada de baja nabarra en París, el Sr. Polverel: "Vuestra Majestad ha declarado solemnemente que quería devolver a sus súbditos el ejercicio de todos sus derechos: los de Nabarra no son dudosos; ni equívocos. Están fundados sobre el título que ha dado los reyes a Nabarra...esto no es ni una Constitución nueva, ni nuevos derechos que los Estados de Nabarra piden a Vuestra Majestad. Por muy pobres que ellos sean, vuestros pueblos de Nabarra no tienen necesidad para ser felices más que ser lo que ellos han sido durante más de mil años (….), no queda a los nabarros más que constituirse en República independiente”.

Sí se escribió un cuaderno de agravios a presentar ante el rey, donde Nabarra quería recuperar la moneda propia, el restablecimiento de la chancillería, la prohibición de ejercer función alguna en Nabarra al intendente o baile y a sus subdelegados, la anulación del tratado de límites de 1785 entre Alta y Baja Nabarra, el reconocimiento del franco alodio etc. Es decir, se quería volver a la situación anterior al Edicto de Unión de 1620 de Louis XIII.

Cuando Louis XVI y su mujer María Antonieta intentaron huir de Paris, su carruaje fue detenido y los reyes de Francia fueron condenados a la guillotina. Fue precisamente Dominique Joseph Garat quien leyó a Luis XVI la sentencia de muerte al que fue condenado el “ciudadano Capeto”, pese a no estar conforme con la misma. Siguió Dominique Joseph sirviendo a Francia en la Asamblea de ancianos y le otorgará Napoléon I Bonaparte en 1808 el título nobiliario de “comte de l'Empire” (conde del Imperio), por tanto, al final de su vida se pasó al bando de nobles dejando el Tercer Estamento de la burguesía.

Es conocida su propuesta a Napoleón de crear un nuevo Estado vasco unificado de nombre Nueva Fenicia pero con la bandera de Nabarra como escudo (https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/08/napoleon-y-el-estado-vasco.html). Esta reordenación quedó escrita en su inédito” Recherches sur le Peuple Primitif de l'Espagne, sur les révolutions de cette Peninsule, sur les Basques Espagnols et Français” de 1811.

Las tradicionales “provincias” (condados, vizcondados, baronías etc.), vistas como parte del sistema feudal, desaparecieron para dar lugar a circunscripciones nuevas llamadas “departamentos”. Se creó el Departamento de Basses Pyrénées que además de la Baja Nabarra y el Bearne incluía las comarcas de Lapurdi y Zuberoa pese a que los hermanos Garat se oponían y querían la unión de sólo las tres comarcas euskaldunas por lo que fueron fuertemente abucheados. Al principio el departamento se dividió en tres distritos vasco-nabarros (Uztaritze, Donapaleu y Maule) y tres bearneses (Pau, Oloron y Orthez), pero la eliminación del distrito de Donapaleu en 1800 supuso la desaparición definitiva de la Baja Nabarra como entidad jurídica en Francia. En el mapa de Louis Lucien Bonaparte de 1863 sobre los dialectos del euskera, podemos comprobar como son sólo dos distritos (Baiona y Maule) los que abarcan a la población euskaldun, la cual es notable también en muchas poblaciones bearnesas como Eskiula y los colindantes valles de Josbaig y Baretos.

Dominique Joseph Garat: “Es un hecho aceptado en todas las regiones francófonas y gascones que nos rodean que es imposible aprender vasco si no vives con los habitantes de esta provincia desde una edad muy temprana (…). En una decisión unánime, mi provincia registra su más enérgica protesta”.

La Revolución Francesa fue un punto de inflexión en la política europea que trajo el ascenso de la burguesía de las grandes ciudades al poder frente a la nobleza. Aunque todo se vistió como la forma altruista de hacer llegar las ideas ilustradas de “liberte, legalite y fraternite” a la masa social, lo que en realidad se consiguió fue crear nuevos Estados-nación dominados por una nueva pequeña élite social. Estos Estados-nación eran más fáciles de controlar que las “nación de naciones” o Estados imperiales, pues estaban cohesionados a la fuerza por una cultura, idioma (antes de la Revolución 1/3 de los franceses no hablaba francés), enseñanza, historia (hábilmente manipulada) y leyes comunes; para ello era necesario la eliminación, el etnocidio o nacionicidio, de las naciones que componían hasta entonces Europa como era la nabarra y que habían perdido su soberanía para crear otras nuevas, como la francesa y la española. En Francia, además de los nombres de pila, sólo dos cosas se escriben en mayúscula: Dios y Estado.


ENEKO ARITZA, REY BASKÓN

ENEKO ARITZA, REY BASKÓN
Aitzol Altuna Enzunza



"El vascón calzaba botas con espuelas, guerreaba con armas ligeras, escudo redondo, cabeza descubierta, era el ejército de choque del duque vascón, permanente en Bourges y plazas fuertes fronterizas, donde vivían con sus familias" B. Estornés Lasa.


(…) “Ya en el siglo IX los vascos de Pamplona pretenden emanciparse de la tutela carolingia varias veces, en el 812 Ludovico Pío envía una expedición punitiva; en el 816 a la muerte de Lupo-Sancho fracasó una nueva tentativa y en el 819 se sofoca por Pipinio” (…) “Historia del arte vasco, Tomo I” Juan Plazaola (Edit.Ostoa).

La lucha contra los francos continuó hasta que en el 824 tuvo lugar la segunda Batalla de Orreaga-Roncesvalles, donde los baskones se unieron en torno a un buruzagi, Eneko Aritza y su familia, que llegarán a dominar de nuevo y poco a poco toda Baskonia, euskaldun en idioma y cultura.

En ese año 824 el rey franco Pipinio armó a un nuevo ejército franco al mando de los condes Eblo y Aznar, que cruzó los Pirineos con la intención de “restaurar el orden”. Eblo y Aznar entraron en Pamplona sin aparentes dificultades, escarmentaron con la horca a muchos habitantes para evitar ser atacados por la retaguardia, nombraron abades y gobernantes fieles a los francos de nuevo.

A la vuelta, recorrieron el mismo camino que Carlomagno, por Ibañeta y por Luzaide-Valcarlos. Eblo y Aznar fueron atacados y apresados donde antes fuera derrotado el ejército de Carlomagno, en la zona de Valcarlos-Luzaide a Garazi (Sant Jean de Pie de Port), las familias vascas de los Ximeno, Garsea o Belasko (ahora contra los francos) fueron los que los derrotan y los que en realidad dominaban el territorio llamado por los francos: "Nauarri".

Aznar Galíndez era el antiguo conde del Aragón primigenio al que Eneko había desposeído de sus tierras poniendo al frente a su propio cuñado Galindo “el Malo”. Aznar fue dejado en libertad y mandado de vuelta al reino Franco mientras que Eblo fue entregado al emir de Córdoba Abderramán II como signo de alianza.

Estamos en el año 824 y fue conocida como la “Segunda Batalla de Roncesvalles”. En esta batalla destacó Eneko Aritza Ximeno (al que también se le llamará Iñigo Iñiguez Aritza o “Arista” al latinizar el nombre, o Eneko Enekones), de alrededor de cincuenta años, que contará en la batalla con sus hermanastros musulmanes del sur baskón, los Banu Casi, antiguos terratenientes baskones desde la época romana que se cambiaron de religión y que harán de tapón con el emir de Córdoba, lo que dio, sin duda, un respiro a los “nauarri”.

“Por lo que a la Vasconia surpirenaica se refiere, se sabe también que los musulmanes tomaron Pamplona varias veces durante el siglo VIII, pero acabaron reconociendo, mediante pactos y tributos, la soberanía de los cristianos de la “frontera superior”.
(…) Los emires de Córdoba reconocieron el carácter soberano del rey de Pamplona a cambio de tributos. No era el rechazo de esa soberanía sino la negativa a pagar tributo la que durante el siglo IX provocó que varias veces la tierras vascas y las de los Banu-Casi fueran devastadas por los ejércitos del emirato cordobés” “Historia del arte vasco, Tomo I” Juan Plazaola (Edit.Ostoa).

Las crónicas francas hablan de un Singuinum, Sigrinum o Sihiminum que era “duque” de Baskonia (probablemente un buruzagi emparentado con la nobleza baskona como denota su nombre), traducido modernamente como Jimeno (o Ximeno), apodado “el Fuerte”, que en el 781 defendió su fortaleza en el valle de Salazar-Zaraitzu contra la afeiza del califa musulmán Abderramán I que atacó Calahorra, Viguera, Logroño, Deio, Pamplona, Elo y Lumbier. Según el códice de Roda, habría venido huyendo del poder franco para instalarse de Tierras de Deio (Deierri) sobre el fatídico año 768. Se trataría quizás del abuelo de Eneko Aritza (su padre sería Eneko o Iñigo Ximenez) que controlarían también las tierras de Berrueza.

Serían también tierras de los Aritza o Ximeno las cuencas de los ríos Irati y Aragón, el Valle de Salazar, Aezkoa, Urraul, el Valle del Ronkal, Ansó y Navascués, donde se encuentra el monasterio de Leire, cuna espiritual del nuevo poder baskón, refugio contra los ataques musulmanes y donde descansan los restos de los primeros reyes nabarros. Según un documento, Eneko Aritza pasó parte de su infancia o juventud en la Baskonia continental aprendiendo a guerrear, en Bigorre, lo que probaría una vez más la gran relación norte-sur de Baskonia y de su hija, el reino de Pamplona-Nabarra. Ximénez de Rada: (trad.): "…un varón llegó del condado de Bigorcia acostumbrado a guerras e incursiones desde la infancia, llamado Enecho, al cual por su dureza en los combates, se le dio el nombre de Arista".

El Códice de Meyá o Roda del siglo X escrito en la corte de Nabarra y el documento más importante sobre los primeros reyes de Pamplona-Nabarra hace dos menciones: "Ordu numerum Regum Pampilonensium, …nneco cognomento Aresta" (…) "…et accepti alia uxor filia de Enneco Aresta".
En los textos de Ibn Haiyan, publicados por Lévi-Provençal y García Gómez: "Garsiva ibn Wannako al-Bascunisi.". Con su nombre y patronímico se lee en el mismo autor: "Se concertó también el aman con Wannako ibn Wanniko [Eneko Enékez] hermano de madre de Muza…". 

Julio Caro Baroja en su libro “Sondeos históricos” comenta que en el códice navarro de Roda aparece “Aresta” (claramente de Aretza) y “Arista” aparece ya tardíamente con Rodrigo Ximenez de Rada (s.XIII). El Príncipe de Biana en el siglo XV dice que "la Ariesta para el fuego, e Iñigo para los moros". El padre Larramendi (s.XVIII) hace derivar “arista” de “gari bizarra”, las barbas del maíz. Hay otros historiadores que buscan la procedencia de la palabra Arista en el pueblo del valle de Urraul Aristu o Ariztu (robledal también), por el que se conoció todo el valle en la antigüedad. En el medievo, y hasta época reciente, no se pensaba que el sobrenombre de Arista o Aresta procediera del roble (en vasco, “(h)aritz(a)” o "Aretz(a)"), sino de la raspa o filamentos de la espiga (conocidos como ariestas o aristas), elemento que se consideraba altamente inflamable.

Eneko Aritza habría sido coronado según la tradición en el valle del Ronkal, aunque en Altsasua una lápida entre Urdiain hacia Intsusburu, por el collado de Bernoa, en la ermita de San Pedro, situada en términos de Altsasu y grabada sobre el dintel de la puerta dice: AÑO DE SETECIENTOS Y DIECISIETE A VEINTE DE HENERO EN ESTA IGLLE. DE SAN PEDRO DE LA VALLE DE BVRVNDA FUE ELECTO I VNGIDO POR PRIMER REI DE NAVARRA, GARCIA XIMENEZ. Y ESTA ELECCIÓN CONFRM. EL MESMO AÑO EL PAPA GREGORIO SEGVNDO COMO PARECE POR SU BVLA QUE LA TIENE LA DICHA VALLE EN SV ARCHIVO. Gregorio II fue elegido Papa de Roma en el 715 y murió en el 731, por lo que no son la misma persona.

El ronkales Bernando Estornés Lasa, sobre esta leyenda en un artículo de prensa del año 2008, titulado: ¡REAL! ¡REAL! ¡REAL! Rey de la Faba, fiesta de ayer y de hoy, DIARIO DE NOTICIAS. (…) Monarquía navarra. Dicen los historiadores, aunque en ello no acaben de ponerse de acuerdo, y lo dice también la tradición oral, que es en una cueva de la Peña de Ezkaurre, en Isaba, donde un grupo de trescientos nobles se agrupó en el siglo VIII ante el acoso de las tropas musulmanas, y en donde proclamaron a uno de ellos como caudillo. Eneko Arista, o Aritza, era su nombre; primer monarca del entonces denominado Reino de Pamplona. No se trata, ni mucho menos, de pontificar sobre si esta primera coronación se produjo en Isaba, pues Alsasua también está en esa creencia y defiende ese puesto en la historia; pero lo cierto es que allí está la hipótesis, allí está la leyenda, allí están los Garcés (y lo siguen estando en el Roncal), y allí está el testimonio de don Rodrigo Ximénez de Rada asegurando que Eneko era un varón guerrero llegado de Bigorcia y que se refugió en los valles pirenaicos para luchar contra los moros.(…)


En todos estos siglos los baskones fueron independientes gracias a su resistencia al imperialismo godo, musulmán y sobre todo franco. No existe constancia documental de suceso bélico alguno interno entre vascos o baskones entre el 476 y el 824 ni posteriores, año de la creación comúnmente aceptada del reino de Pamplona-Nabarra, por lo que una conciencia nacional y un interés común en la defensa del territorio, riquezas y gentes frente a diferentes invasiones, debieron de ser las razones que nos llevaron a todos los vascos a aunar esfuerzos y crear un Estado vasco o nabarro.

ORÍGENES DE LAS JUNTAS y FUEROS DE BIZKAIA

ORÍGENES DE LAS JUNTAS y FUEROS DE BIZKAIA
Aitzol Altuna Enzunza

“El árbol de Gernika es el más antiguo, el primero, el padre de todos los árboles de la libertad" J.J. Rousseau (s.XVIII).

En el alto de Aretxabalagana en anteiglesia de Morga, se celebraban las primeras reuniones o Juntas Generales de Bizkaia, bajo su árbol juramental -de clara simbología pagana- y en la ermita católica cercana de San Esteban de Gerekiz cuando llovía o nevaba. Se trata de una zona de confluencia de caminos en zona montañosa de lomas o “bizkarra” origen de la Bizkaia primigenia y que le dan nombre.

La primera Junta General de Bizkaia documentada se celebró en el año 1053 “in presencia omnium seniorum de Bizcaia”, bajo el reino de Nabarra y ante el “tenente” o señor de Bizkaia D. Iñigo López y su mujer Toda Ortiz o Fortúnez. La segunda mención de unas Juntas en la Bizkaia actual es del año 1075 en relación a las Juntas del duranguesado, celebradas probablemente en las campas de Gerediaga en Abadiño debajo de su árbol juramental (junto a la ermita de San Salvador y San Clemente), se trata de un documento del párroco de Abadiño al Abad de San Millán de la Cogolla (monasterio nabarro en La Rioja) sobre la pertenencia de Arandia en el duranguesado a dicho monasterio: “…Vanimus illuc et fecimus questionem cum señoribus et homines de terra…”.

Sin embargo, la primera mención explícita a unas Juntas bizkaínas como tales es del año 1342 en un documento de los Fueros y Capitulaciones de Hermandad donde aparecen gobernando el señorío Juan Núñez de Lara y la señora de Bizkaia María López de Haro II: “...estando don Juan Núñez y doña María en la Junta de Guernica, llamados a Junta General e tañidos las cinco bozinas”.

Las Junta Generales de Bizkaia se celebraban entre 2 a 4 anuales sin fecha previa y se podían alargar hasta 5 días. Los lugares de reunión eran itinerantes, pero con preferencia en Gernikazarrra (Luno), en Aretxabalagana (Morga) y en Idoibalzaga (Errigoitia). En Luno las reuniones tenían lugar en el robledal donde se hallaba la ermita Santa María La Antigua, lugar llamado “Gernikazarra”, de cuyo puerto surgirá la villa de Gernika en 1366. Alrededor de esta ermita en ese siglo XIV surgirá mediante diferentes anejos, la Casa de Juntas de Gernika, donde desde el siglo XV se celebrarán casi siempre las reuniones de las Juntas Generales de Bizkaia.

Las Juntas de Bizkaia finalmente la formaban los representantes de las 72 anteiglesias junteras (elizate o elizaurre), 21 villas, 7 representantes de Durango y 2 de las Enkartaciones. Los representantes municipales acudían a las Juntas llamados desde los cinco montes bocineros y tras ser elegidos en sufragio universal de un voto por familia mediante insaculación o suertes.

Las Juntas estaban encabezadas por el “conde o señor” de Bizkaia. El primer “Comitis Biscahiensis” aparece en las Genealogías de Meyá o Roda (970-992, Lleida) casado con una princesa Nabarra de nombre “Belazquita”. La Nabarra Occidental forma parte desde un inicio del reino nabarro, ya en el siglo IX. Un hecho avalado por los límites de las diócesis eclesiásticas en tiempos visigóticos, ya que todas las tierras de habla vasca peninsular formaban parte de la diócesis de Pamplona.

Está bien documentado la existencia del condado reinando Sancho Garçea "el de Nájera" sobre el año 1040 con Don Eneko Lupiz latinizado como Iñigo López, apodado “Ezkerra” (“el zurdo”, años 1040-77), que además era tenente en Nájera desde 1072 -entonces capital política del reino-, al que sucedió su hijo Lope Iñiguez II (1077-93) y su nieto Diego López I (1093-1124). Éste último será el primero en añadir “de Haro” a su apellido, hecho documentado desde 1117.

En esas Juntas de Bizkaia se tomaban las decisiones más importantes relativas a la gobernación del señorío, aplicando sus Fueros. Los Fueros no son más que las “leyes” consuetudinarias basadas en la costumbre como fuente principal de derecho que nos dimos los baskones para nuestra convivencia y que terminaron de desarrollarse bajo el amparo del Estado baskón o reino de Nabarra, es el conocido como derecho pirenaico.

En su libro “El Fuero de Vizcaya” el excatedrático el Derecho Foral Adrián Celaya Ibarra (Barakaldo 1917) comenta que: “Afirma Iturriza (Berriz 1741-Munitibar 1812), citando a Juan Iñiguez de Ibargüen (Ibargüen-Cachopín, s. XVI), que hubo unos Fueros antiguos, escritos en vascuence hasta por tres veces y que se remontan hasta el siglo VIII. Pero esta afirmación carece de pruebas históricas”.

En otro libro del propio Adrián Celaya “Aforados y no aforados de Bizkaia”, máximo conocedor de los Fueros de Bizkaia, señala que se recogen sentencias o dichos orales de los Fueros de Bizkaia que, junto con diferentes contratos y testamentos, denotan su enseñanza oral, como la misteriosa sentencia “urde urdaondo, caecia etondo”. Algo normal pues los Fueros en realidad no son leyes como tales (RAE: Regla y norma constante e invariable de las cosas) dictadas por un legislador (RAE: Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados) sino “norma que nace de repetidas experiencias de ámbito popular”. Por tanto y por referencias indirectas, se sabe que Fuero de Bizkaia estuvo vigente al menos desde 1110, dentro de los Fueros del reino de Nabarra.

El documento que Estaban de Labayru llamó al publicarlo por primera vez “Fuero antiguo de la merindad de Durango ”, cuyo original sería del siglo XII reinando Sacho VI “el Sabio” (1150-1194), nos da una idea del derecho foral de Bizkaia por aquél entonces. Durango era dentro del reino de Nabarra un condado adjunto a Bizkaia con el que compartía tenente, al menos desde el mencionado Iñigo López “Ezkerra”. El documento sería un texto parcial de los Fueros de la tenencia o merindad de Durango pues habla de herencias, juicios, ventas, ordenamientos municipales, sobre el ganado, obras públicas, ventas ambulantes, funciones de los Alcaldes etc. de toda la “merindad de Durango”, es decir, de toda la tenencia o condado durangués. Pero no se conserva el original y la copia más antigua se puede fechar del siglo XVI.

Las primeras referencias documentadas de la existencia de unos Fueros de Bizkaia como tales son sin embargo del año 1272 y aparecen en la carta de villa de Artzeniega (Alaba), pero no dice nada de que estuvieran escritas: “Dámosles y otorgámosles el Fuero e las franquezas que ha Vizcaya é Concejo de Vitoria, que los hayan bien é complicadamente en toda las cosas, así como Vizcaya y Vitoria lo han”.

Se escribe el Fuero Viejo de Bizkaia por primera vez el 21 de julio 1452 tras una Junta General en Idoibalzaga en Errigoitia: humilladero, árbol e iglesia aún conservados (en esas lomas bizkaínas, como a 6 kilómetros de Gernikazaharra), su escudo municipal conserva el “arrano beltza” de los reyes de Nabarra. En el propio Fuero Viejo se menciona expresamente que antes no estaba escrito. El Fuero de Bizkaia fue reescrito y actualizado poco después en 1526.

Pese a que los Fueros de Bizkaia dicen en repetidas veces que se aplican en el duranguesado y las enkartaciones, estos territorios tienen sus propios Fueros redactados entre los años 1342-1397 y en 1503 respectivamente, aunque los enkartados no fueron aprobados por los reyes (españoles para entonces). Las Juntas de las Enkartaciones reunidas en Abellaneda y las de Durango en Gerediaga, decidieron en 1576 aplicar el Fuero de Bizkaia que siempre estuvo en vigor en el derecho civil y que eran semejantes según aclara Adrián Celaya.

Explica el propio Adrián Celaya en su trabajo “Los Fueros de Bizkaia. Cómo nacieron”, que dichos Fueros bizkaínos fueron escritos debido a que la Casa de Haro empezó a desvincularse del señorío de Bizkaia del que eran “señores” ante otros territorios que poseían en Castilla y La Rioja –ningún Haro fue enterrado en tierras bizkaínas, salvo el infante Nuño de 5 años en Bermeo en 1352-. Es una circunstancia similar a la que se dio con el Fuero General de Nabarra mandado escribir por Teobaldo I en 1234 al entrar la Casa real Champagne a gobernar el reino mutilado frente a la Casa Real Pirenaica anterior (Fuero aplicado en Alta y Baja Navarra, en la Sonsierra – hoy Alaba y La Rioja-, así como en Ausa y Ataun –hoy Gipuzkoa-).

El hecho fue más acuciante para Bizkaia al morir el señor de Bizkaia don Tello sin descendencia y convertirse en 1371 -tras la renuncia de su madre- el infante Juan en nuevo señor de Bizkaia (título que recibió como descendiente más directo de los Haro). El infante Juan accedió a la corona castellana en 1378 como herencia de su padre, por lo que el título de señor de Bizkaia acabó en la familia real castellana.

En realidad, los Haro no eran los señores legítimos de Bizkaia al perder el título Diego López I de Haro “el Blanco” por su felonía ante sus compatriotas nabarros, siendo sustituidos por la familia de los Bela o Ladrón de Gebara (de la llanada Alabesa), los cuales sí mantuvieron su lealtad al reino baskón (1124-1200). Invadió las tierras bizkaínas Diego López II de Haro “el Malo” (1162 -1214) con tropas propias y castellanas (no con las milicias del señorío, el pueblo bizkaíno, que defendía las tierras de Bizkaia hasta el árbol Malato en Luiando), con lo que los Haro se hicieron manu militari de nuevo con el título de señor de Bizkaia, el cual siempre consideraron parte principal de los títulos nobiliarios que tuvo su familia.

En 1789 fueron abolidos los Fueros de Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa, tras una masacre de civiles por los revolucionarios centralizadores franceses. Corrieron la misma suerte los Fueros de Alta Navarra tras la derrota de las milicias vascas en la Primera Guerra Carlista en 1839 y los de Alaba, Gipuzkoa y Bizkaia fueron definitivamente abolidos tras una nueva derrota militar en la Segunda Guerra Carlistas en 1876. Por tanto, su abolición fue contra la voluntad del pueblo que los defendió enconadamente incluso con su vida frente a los ejércitos imperialistas dispuestos a imponer la centralización absoluta y unas naciones de nuevo cuño: la francesa y la española, un París y un Madrid “centrifugado” como sentenció el filósofo Ortega y Gasset.

Hoy sólo quedan residuos del derecho foral en algunos temas testamentarios y relacionados con el comunal y se sigue imponiendo el “derecho” español y francés, pese a que en la Constitución española de 1978 en su Disposición Derogatoria nº 2 se da por concluido el “estado de excepción” (sic) de las “provincias traidoras” (sic) y derogadas expresamente as leyes que abolían los Fueros de los nabarros.

El padre del nacionalismo vasco, Sabino Arana, desde la cárcel de Larrinaga poco después de la Segunda Guerra Carlista, explicaba la situación política del país: “Para nosotros no hay ley, ¡sólo el capricho del gobierno de turno!”.

Esta situación no ha cambiado: “Ez gara legegile, lege betetzaile baizik. Eta hori oso tristea da herri batentzat” Pako Aristi “Independentziaren paperak” (Erein 2012)

EL ÚNICO CASO DE COSOBERANÍA EN EL MUNDO

EL ÚNICO CASO DE COSOBERANÍA EN EL MUNDO
Aitzol Altuna Enzunza

El Estado moderno se ha construido bajo la premisa de la soberanía y, por tanto, de la unidad del poder del Estado, lo que lleva implícito que todo poder surge de un centro originario y que, por consiguiente, no se ejerce por los políticos y funcionarios como propio derecho, sino a título de una competencia impersonal.

El galdakanés Joseba Ariznabarreta en su libro “Pueblo y Poder” resumía lo que es el Estado moderno: “La soberanía, principio o fuente del poder (potestas), pertenece al Estado como tal, el ejercicio del poder (dominiun), al jefe efectivo del Estado, es decir, al gobierno (…) soberanía significa que el Estado cuenta con los recursos ad hoc suficientes para ejercer la violencia interna y externa exigidos para el normal y rutinario desenvolvimiento de la actividad general del pueblo del Estado”. La principal característica de un Estado moderno es por tanto que es soberano: no existe un poder superior ni igual a él dentro de su jurisdicción, ni poderes imperiales ni poderes religiosos (para más información, https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/07/caracteristicas-del-estado-moderno.html).

El historiador bearnés Pierre Tucco Chala (nacido en 1924) afirmaba que “ciertos juristas siguen los análisis de Jean Bodin –teórico absolutista-, creyendo anacrónica toda reflexión sobre la noción de soberanía antes del siglo XVI. Esto no es así, pues los estudios más recientes muestran que las palabras “soberano” y “soberanía” eran conocidas desde la mitad del siglo XII y de un empleo corriente en el siglo XIV”.

Pero casi todo concepto absoluto en las ciencias sociales tiene una excepción, en este caso, la excepción a nivel mundial está en nuestro país y tiene relación directa con la conquista de nuestro Estado, Nabarra.

El 15 de Octubre de 1620, Luis XIII rey de Francia, ayudado por el cardenal Berulle, entró con una tropa en Pau, para proclamar la unión a la corona francesa de la corona nabarra y del pueblo de Bearn, es el llamado “Edicto de la Unión”. Los Estados de Nabarra (el equivalente a un parlamento) se opusieron con fuerza pero el reino estaba militarmente ocupado por las tropas francesas. Tras el Edicto de la Unión también se anexionaba Francia los Estados independientes de Bearn y Andorra, pertenecientes a los reyes nabarros de la familia Labrit o Albret-Foix: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Nabarra y nuestro país y soberanía de Bearn, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”. El reino pirenaico reunido en Juntas, rechazó el Edicto pero fue incapaz de hacer frente al poderoso ejército francés. En 1621, en el debate de los Estados de Bearn, se acordó por unanimidad declara “traidores a la patria” a todos los que aceptarán el Edicto de la Unión con Francia. Por tanto, Luis XIII no fue reconocido por los representantes de Nabarra y Bearn como su rey así como tampoco sus sucesores.

Relata Gastón Marcelo Zambelli la situación que se vivía en esos años en Europa: “El ejército sueco aniquiló a las tropas imperiales (alemanas) en la batalla de Breitenfels, Gustavo II (de Suecia) llegó luego hasta el Rin y venció en Lutzen en 1632, batalla que le costó la vida. Para enfrentarse a las victorias suecas, los Habsburgos unieron sus fuerzas. El Imperio (alemán) y España (de los Habsburgo) lucharon juntos y la victoria empezaba a decantarse a su favor, por lo que Francia decidió intervenir. Richelieu organizó la alianza europea contra los Habsburgos (Casa de Austria) contando con Suecia, Holanda, los Cantones Suizos y los principados italianos. Solo quedaron fuera Inglaterra, Rusia y Turquía”. El cardenal Richelieu que gobernaba con mano dura el reino de Francia en nombre de Luis XIII, había declarado un amenazante "tanto Nabarra como el franco-condado nos pertenece".

Sigue el historiador argentino Zabelli con su relato: "Fue en 1639 cuando la escuadra española cayó derrotada, también los tercios españoles fueron vencidos por el ejército francés en 1643-1648 en la batalla de Lens. Luego de los acontecimientos mencionados en 1648, los imperiales firmaron el Tratado de Paz de Westfalia. Este Tratado reguló las relaciones entre el Imperio (Alemania y su intransigente emperador católico, otro Fernando II) y sus miembros constituyentes por un lado, y entre Francia, Suecia y sus aliados, por el otro. Con este tratado, la estructura europea dejaba de ser vertical (presidida por el Imperio y el papado) y Europa se convertía en un mosaico de estados nacionales laicos (y soberanos). Es el nacimiento de la política internacional moderna.

En la frontera catalana del sur, los franceses devolvieron a los reyes españoles territorios ocupados a cambio del dominio sobre el Rosellón, el Conflent, el Vallespir y una parte de la Cerdaña. Los negociadores españoles aceptaron la mutilación de Cataluña a cambio de mantener posiciones en Flandes. Polonia, Rusia e Inglaterra no firman el Tratado. España es una de las grandes perdedoras y se resiste y continúa la guerra".


El Tratado de Paz de Westfalia supuso la extensión del Estado moderno a toda Europa, todos los Estados europeos dejaron de estar subordinados a los “Emperadores”, el emperador germánico y el papa, ficción tardo romana que aún sobrevolaba Europa, aunque con notables excepciones como fue el caso de Nabarra que se sacudió varias veces el poder papal desde mediados del siglo XII y que nunca aceptó los intentos imperialistas de los pretendidos emperadores, bien germánicos o bien castellanos (https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/07/como-era-el-estado-moderno-de-nabarra.html).


Dentro de ese contexto, en el año 1636, el ejército español saqueó Iparralde: Urruña, Ziburu y San Juan de Luz (Luxe). Como respuesta, en 1638 la flota francesa sitió Hondarribia pero fue expulsada el 8 de septiembre de 1639 en un contraataque del pueblo de Hondarribia por la que recibió el título de ciudad, con la oposición de las Juntas de Gipuzkoa, pues toda la provincia había participado en la defensa -además de muchos alto nabarros-, y Gipuzkoa entendían que con este título Hondarribia pasaba a ser su primer municipio en orden de importancia.

El ejército español en 1650 trató de tomar Baiona por sorpresa, pero la denuncia de la joven heroína local María Garai salvó la ciudad del saqueo y de la conquista. Tomando Baiona, toda Lapurdi hubiera quedado en manos del nuevo conquistador. Pero los españoles perdieron definitivamente y finalmente se firmó al “Tratado de los Pirineos”.



Es así es como dos de las grandes potencias mundiales del momento, España y Francia, decidieron finalmente repartirse el reino nabarro, al ver que ninguno lo conseguía en su totalidad y marcar una nueva frontera internacional. La actual frontera militar española-francesa, totalmente artificial y sólo justificable por la violencia armada ejercida contra los nabarros, se fijó en 1659 con el "Tratado de los Pirineos" en la isla de los Faisanes en el río Bidasoa, llamada también "Konpantzia" o “La isla de la Conferencia”, condominio que pertenece durante 6 meses a Irun y otros 6 a Hendaia, hoy municipios de Gipuzkoa-Lapurdi ocupados por España-Francia.

El llamado Tratado de Paz de los Pirineos se produjo después de 24 conferencias llevadas a cabo entre Luis de Haro (familia de los traidores a Nabarra) y el Cardenal italiano Mazarino en 1659 (que era la persona que realmente mandaba esos años en Francia, la primera potencia mundial para entonces); el Tratado fue ratificado por el compromiso matrimonial contraído entre el rey Luis XIV de Francia, “el rey Sol”, y la infanta española Mª Teresa hija del rey Felipe IV de España (primo-hermano suyo por doble línea).

Fue Monseñor de Olce el obispo que ofició la boda en la iglesia de Donibane Lohitzune o San Juan de Luz -en poder de Francia-, cuya puerta de salida se tapió para que nadie más pasara por ella (marcado con un círculo rojo en la foto de la iglesia en el encabezado del artículo). Para sellar el pacto-boda, se celebró por poderes en la iglesia de Hondarribia -en poder de España- una segunda ceremonia.

Es decir, Francia y España se repartieron Nabarra e incluso la isla de Los Faisanes que es la única tierra con dos soberanías de toda Europa y en todo el mundo, pero es 6 meses francesa y 6 meses española, nunca de los dos Estados imperialistas a la vez.

Es el único caso de “condominio” o “cosoberanía” que queda en todo el mundo, tras dejar de serlo en Europa la ciudad de Maastricht hace más de dos siglos (1204-1794, cosoberanía o condominio entre el Principado de Lieja y el Duque de Brabante) y Moresnet (1830-1919, territorio fronterizo y condominio entre Alemania y Holanda). A nivel mundial, los últimos casos son el de Tánger que fue un condominio multinacional entre 1905-1960 cuando fue tomado por el ejército marroquí (lo era de España, Francia, USA, Bélgica, Italia, País Bajos, Portugal, Reino Unido y la URSS) y las islas de Nuevas Hébridas en Oceanía cerca de Australia (1906-1980 era condominio de Reino Unido-Francia). Por tanto, la Isla de los Faisanes o Konpantzia es una “anormalidad” a nivel mundial al igual que la colonia española y francesa de Nabarra.



SOBRE CÓMO BIZKAIA SE INCORPORÓ A NABARRA


SOBRE CÓMO BIZKAIA SE INCORPORÓ A NABARRA
Aitzol Altuna Enzunza
(Mapa de la web  Nabarlur)

Tras la caída del Imperio Romano y ya bajo el reino de Nabarra, en siglos XI al XII, es cuando las poblaciones bizkaínas se empezaron a asentar de nuevo en los enfangados y boscosos valles frente a los antiguos asentamientos a media ladera cerca de los caminos pastoriles y de comercio que atravesaban las lomas de los territorios costeros, atalayas naturales que evitaban a los bandidos o a las mesnadas enemigas por tener mejor visibilidad ante un ataque y donde, además, estaban los mejores pastos, lo que reforzaría el posible significado de “lomas” de la voz “Bizkaia”, de la euskérika “bizkarra”.

Sería Errigotia o "Tierras en lo alto" uno de esos lugares elegidos, privilegiado por sus vistas, de donde se controla toda la comarca de la ría de Gernika-Urdaibai e incluso Mungia con su antigua torre de Billela, todo ello desde una de esas lomas que lleva el nombre significativo de Bizkaigane. Pues bien, el escudo de la villa de Errigoitia, es un águila negra con alas abiertas en campo rojo, las mismas que usaban los reyes de Nabarra de la primera dinastía, la “pirenaica”. Según el padre Moret en “Investigaciones” tal y como recoge Andrés de Mañaricúa en su libro “Vizcaya, siglos VIII al XI los orígenes del Señorío”: “adoptó por armas dicha villa de Rigoitia una Águila negra, con las alas abiertas en campo rojo, las mismas que usaban los Reyes de Nabarra”.

Es más que probable que Bizkaia pasara a integrarse de forma voluntaria en el Reino de Pamplona-Nabarra, junto al resto de los vascos o baskones, para crear el Estado baskón de Nabarra. Baskonia, de la que es hija Nabarra, se trataría uno de los pocos casos en la historia donde una nación previa se da así misma un Estado, por tanto sería uno de los pocos casos de una “Nación-Estado”, marcada su constitución y organización por nuestro derecho pirenaico, de arriba abajo. No se tiene constancia de lucha interna alguna para la creación del reino de Pamplona-Nabarra como no la hubo en la creación del ducado de Baskonia, lo que hace pensar en una unión de intereses entre todos los baskones. La presión asturiana está sin duda detrás de la incorporación de una Bizkaia al floreciente reino de Pamplona-Nabarra, al quedar alejada del centro político baskón que estaba al norte de los Pirineos.

El primer Señor de Bizkaia fehacientemente datado es del año 920, se trataría de Munio López (o Manso López), que podría ser hijo de López Fortun (870-909), natural de algún lugar del Urdaibai, el cual se casó con Belazquita (Velasquita), hija del rey nabarro Sancho I Garcés y doña Toda Aznar. Según la tradición, Munio López fue sitiado y muerto por su propio hijo, su tumba estaría en Aretxabalagane, en la iglesia construida en románico nabarro del siglo X de San Martín de Morga (actual centro parroquial), cerca a su vez de la ermita juradera de San Esteban de Gerekiz, también románico nabarro del mismo siglo X (renovada tras un incendio en 1961), donde se hallaron estelas tardo-romanas del siglo IV, quizás de una antigua calzada romana que según Julio Caro Baroja transcurría por la costa.

En Aretxabalagane se celebraban probablemente las primeras Juntas de Bizkaia, bajo su árbol juramental y en la ermita juradera cuando lloviese, se trata de una zona de confluencia de caminos en la misma zona montañosa y en esas lomas origen de la Bizkaia primigenia que le dan nombre. Después la Juntas de Bizkaia pasarán a Gernika para ser esta su ubicación definitiva en el siglo XV.

Es en las Genealogías de Meyá o Roda (970-992) descubiertas en la diócesis de Urgell (Santa María de Meyá, Lleida), donde aparece la primera referencia de un “Comitis Biscahiensis”, por tanto ya dentro del reino de Pamplona-Nabarra: Bizkaia era una unidad política libremente adherida al Reino de Pamplona-Nabarra: “ordo numerum regnum Pampilonensium (...) domna Belasquita, usor fruit domni Momi Comitis Bizcahiensis”.

Joxe Garmendia Larrañaga en “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea” comenta sobre los primeros señores de Bizkaia: “Aparece como conde de Álava Monnio Vigilazi (Munio Velaz ) en la escritura de Valpuesta otorgada el 18 de mayo de 918. Parece ser hijo del conde Vela Semenonis, defensor de Cellorigo en el 881 (Rioja Alta, entre Haro-Pancorbo ). Este Munio es, probablemente, el Momi, Conde de Vizcaya, que figura en la primera genealogía de Meyá y casado con Doña Belasquita, hija de Sancho I Garcés de Navarra” (www.euskomedia.org/aunamendi).

Sin embargo, otros autores como Aitor Pescador Medrano en “Tenencias y tenentes del reino de Pamplona, en Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, La Rioja y Castilla” del año 1999, demuestra como imposible que sea la misma persona por la edad, como también es difícil que se le nombre como señor de la Bizkaia primigenia y no se haga referencia al condado de Alaba, mucho más importante en esos momentos, por lo que deben de ser dos personas diferentes.

La Nabarra Occidental forma parte desde un inicio del reino nabarro, ya en el siglo IX, hecho avalado por los límites de las diócesis eclesiásticas en tiempos visigóticos, ya que todas las tierras de habla vasca peninsular formaban parte de la diócesis de Pamplona, tal y como señala el historiador L. Serrano. Así los obispos de Alaba de los siglos IX y X firman como obispos “in Álava et in Vizcaia”, lo que no deja dudas de la no-pertenencia de Alaba y de Bizkaia al obispado castellano de Burgos, ni de Castilla ni tampoco de Asturias.

Está también bien documentado la existencia del condado con Sancho el Mayor sobre el año 1040 con Don Eneko Lupiz latinizado como Iñigo López, apodado “Ezkerra” (“el zurdo”, años 1040-77), que además era tenente en Nájera –entonces capital del reino, por tanto un cargo muy importante-, al que sucedió su hijo Lope Iñiguez II (1077-93) y su nieto Diego López I (1093-1124).

El condado de Bizkaia pasó a ser nombrado como Señorío por primera vez en el año 1040 con el mencionado Iñigo López “Ezkerra”, aunque aparece tanto como “comite”, “senior”, “dominator” y como “dux” en diferentes documentos de Valvanera, San Millán de la Cogolla, Albelda (los tres en La Rioja y dentro del reino de Pamplona-Nabarra), Iratxe o Leire. En realidad la fecha en la que se puede decir que Iñigo López “Ezkerra” tiene un título superior al de conde, es un documento de 1053 de Sancho García IV el de Nájera (Antso Garsea o “gaztea”, el hijo de Sancho III), donde da entender que Munio Sánchez era “comes” en Durango y que estaba subordinado a Iñigo López, el cual aparece en el documento de 1051 como “dux” en Bizkaia y Durango (firma como “Enego”), pero el documento parece extrapolado y no es segura la información. Sí es fiable el documento que dice literalmente que Iñigo López "Ezkerra" era: “dux in illia piltria que uoatatur Bizcaia et Duranco”, por tanto el único tenente para ambos territorios, documento en el que el rey Antso Garsea IV el de Nájera  o Sancho García (firma Sancho Garçea, es decir, "el joven") aparece como rey “in Pamplona et in Alaua et in Bizcaia”.

El padre de Iñigo López, Lope Iñiguez, en el año 996 ya aparecía como “Caballerizo Mayor” del rey García el “Tembloroso” y luego como “Botiller” de su hijo el rey Sancho III el Mayor, después se la adjudican varias tenencias en varios documentos nabarros como las de Marañón (1015), la de Azagra (1031) o la de Arrosta o Ruesta (1032), pero nunca firmó como tenente de Bizkaia, por tanto, parece que es con su hijo Iñigo López cuando esta familia llega desde la Corte de Pamplona-Nájera a Bizkaia, sin que sepamos a ciencia cierta el lugar de procedencia de esta familia, pero que los historiadores nabarros colocan en Tierra Estella-Lizarra. Iñigo López "Ezkerra" señor de Bizkaia, se casó con Toda, hija del rey nabarro Sancho Garçea IV de Nájera, primogénito de Sancho III el Mayor, por tanto se emparentó con la familia real nabarra.

La Torre de Madariaga de la familia oñacina del mismo nombre, está situada en lugar predominante en una loma desde la que se dominan amplias perspectivas como el estuario de la ría de Urdaibai, a medio camino entre la capital bizkaina de entonces que era Bermeo (cabeza de Bizkaia hasta 1602) y Gernika, entonces el puerto de Lumo, torre que es muy apta para ejercer el control físico del territorio y su explotación económica, por lo que podría ser una de las casatorres originaria de los primeros gobernantes bizkaínos dentro del reino de Pamplona-Nabarra, pues se sabe que en el año 1070 Iñigo López y su mujer donaron al monasterio nabarro de la Rioja de San Millán de la Cogolla en sufragio de su hijo Sancho Iñiguez: “in Gorrikiz illos palacios de Madariaga cum ovni pertenentia, terras, et manzanares (…)” (los palacios de Madariaga con sus pertenencias, tierras y manzanares). En Gorrikiz (actualmente Gorritiz), llamada también Torre de Urdaibai, del reloj o del “perejil”, hoy un museo (“Gernikazarra historia taldea”).


ALABA, HIJA DE NABARRA


ALABA, HIJA DE NABARRA
Aitzol Altuna Enzunza



“Alaba procede del euskera, derivado de ”lau” más el artículo “–a”, “llanura”, Henrique Knörr, euskaltzain (2008).

A su vez, “Nabarra” viene de la voz vasca "Nabar", "planicie entre las montañas", según los historiadores A.Oihenart o A.Kanpion.

"Acaeció que antiguamente desde que fue conquistada la tierra de Álava y tomada a los nabarros, siempre tuvo señorío apartado (...)" Crónica del invasor y rey castellano Alfonso XI (1312-50).



La Nabarra occidental forma parte desde un inicio del reino nabarro, desde el mismo siglo IX de su creación, hecho avalado por los límites de las diócesis eclesiásticas en tiempos visigóticos, ya que todas las tierras de habla vasca peninsular formaban parte de la diócesis de Pamplona, tal y como señala el historiador L. Serrano. Así los obispos de Alaba de los siglos IX y X firman como obispos “in Álava et in Vizcaia”, lo que no deja dudas de la no-pertenencia de Alaba al obispado castellano de Burgos ni a Castilla ni tampoco a Asturias.

El cristianismo prerrománico alabés se limitó a las cuevas occidentales de difícil acceso de las cuencas altas del río Ayuda (deformación de “Ibai Uda”, según K.Mitxelena): Faido, Laño, Albaina y Markínez, y del Olmecillo (Korro y Pinedo) en Valdegobía (Gobiaran). Son importantes y poco conocidas las iglesias alabesas excavadas en cuevas con arcos contra-absidados y las más de 100 cuevas de eremitas encontradas en sus cercanías (sobre unas 127 si añadimos Trebiño, montaña alabesa y Rioja alavesa), que datan nada más y nada menos que de los siglos V-VI.

La ermita de la Virgen de la Peña del pueblo alabés de Faido (municipio de Peñacerrada-Urizaharra, frontera con Trebiño), con sus 11 cuevas ocupadas desde el siglo IX por eremitas, es considerada la más antigua de la Nabarra Occidental pues aún está en uso.

“Hay un hecho cierto, la tierra vasca es probablemente el área de más abundante arquitectura rupestre, altomedieval y eremítica, en toda la geografía hispánica: es un fenómeno que se registra especialmente en la actual provincia de Álava, más concretamente en las áreas de Valdegobía, Villanueva, Tobillas, Corro, Pinedo, Quejo etc. y el condado de Treviño (términos de Maquínez, Urarte, Laño y Alabaina). A ella llegó el fenómeno desde la Cogolla (La Rioja). Son del siglo VI por tanto no guardan relación con musulmanes, ¿marcan la frontera goda?”. “Historia del arte vasco, Tomo I” Juan Plazaola (Edit.Ostoa).

Tampoco hay restos visigodos en Bizkaia y qué decir en Gipuzkoa (los visigodos se enterraban sin armas), y sí de baskones como en las excavaciones alabesas de Aldaieta (Villareal-Legutiano), en el descampado de Aistra (Alaba, entre Zalduondo y Altsasua, en el paso de San Adrián a Gipuzkoa) o en Zornoztegi (Agurain-Salvatierra, en la Llanada alabesa) .

El primer rey importante visigodo, Leovigildo, llegó incluso a fundar una ciudad no lejos de la actual Vitoria en el año 581 con el nombre de Victoricum, tras una batalla en las faldas del Gorbea (actual Vitoriano¿?, Vitoriacum o Vitoria Veterem) y el burgalés de Amaya. Formarían junto a Olite una avanzadilla o fortalezas puente; pero los godos son siempre expulsados y el hijo de Leovigildo, Recadero, sigue luchando contra los baskones.

Por tanto, antes de la creación del reino de Nabarra en el sur de Baskonia y la aparición del condado alabés, las tierras que formarán la futura Alaba, eran la frontera Occidental del ducado baskón.

“No hay formas de origen visigodo, es decir, esa idea del aislamiento del País frente a los visigodos es una realidad que la toponimia confirma. Mientras por ejemplo en Castilla las formas de villa se dan en la época visigótica creando nombres como Villafáfila, Villarramiel, Villarramirelli y se usan los nombres visigodos en toda Castilla la Vieja, en Álava no hay restos”. Julio Caro Baroja en su libro “problemas vascos de ayer y de hoy”.

La frontera entre los vascos y los germánicos visigodos era Castilla Vetula o Vieja, la misma que después impondrán a los musulmanes como permanente, pese a las numerosas aceifas o ataques, siendo la Alaba primigenia “La puerta de la cristiandad”, atacada constantemente en razzias entre los años 791 y 878. Esta “puerta” físicamente la podemos situar en las Conchas de Haro. Las crónicas musulmanas hablaban de Alaba y “Al Quila”.

“Al Quila” o Castilla se refería a la Castilla primigenia, Castilla Vieja o Vetula: Valles de Mena, Villarcayo, Valdevieso, Manzanedo, Losa, Espinosa de los Monteros, Cudeyo, Tobalina y Pancorbo. En su inicio, Castilla la conformaba únicamente los territorios de los antiguos autrigones del Valle de Mena, desde el río Satón hasta el sur de Villarcayo.

En lo que respecta a la frontera entre alabeses y musulmanes:

“La frontera musulmana o Tseguer ofrecía un buen tramo con tierra alavesa. Pero lo grave para los alaveses es que éstos tenían tierras allende el Ebro entre Nájera y los dominios astures. Este hecho hace que toda expedición musulmana contra los castillos astures debiera, forzosamente, atravesar las líneas alavesas. El año 766 Bedr avanza hacia Alava y envía gentes a explorar las intenciones de los hombres de esas comarcas (Ibn Adhari). Los alaveses tenían por toda su frontera castillos propios” Joxe Garmendia Larrañaga, “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea” /www.euskomedia.org/aunamendi.

Los Belasko derrotaron al ejército musulmán en las Conchas de Arganzón, sur de Alaba, en el 801. En el 803 los Belasko que dominaban Alaba, Tierra Estella y la comarca de Pamplona, junto con los musulmanes baskones emparentados con los reyes de Nabarra y antiguos terratenientes romanos, los Banu Casi , tomaron Tudela, contaron con tropas baskonas del norte, aliadas akitanas además de las propias, y mataron a su gobernador musulmán Mustarrif. Estos señores feudales musulmanes formaban auténticos Estados o reinos de taifas.

La venganza el emir de Córdoba no se hizo esperar, Al Hakan, retomó de nuevo Tudela y los Banu Casi le juraron fidelidad para mantener su pequeño reino en el 806. "Pamplona y los nabarros" apostaron esta vez por el rey franco Ludovico Pío para defenderse del todo poderoso emir.

El hijo da Carlomango, Ludovico, entre el 810 al 812 llegó a vivir en la misma Pamplona que controlaba con la ayuda de familias baskonas como los Belasko, favorables a los “carolingios”, por lo que son llamados “galos” en varias crónicas musulmanas. Pero otros buruzagis dominaban amplias comarcas sur pirenaicas. Los Belasko se rebelaron después contra los francos y se alzaron con Eneko Aritza, el primer rey de Nabarra, que unió de nuevo a todos buruzagis baskones (824). Pero existe una mención anterior de los Belasko que nos cuenta que Abdr ar Rahman I (Abderramán) tenía en su poder la zona al sur de Pamplona en el 781, pero fue expulsado por los nabarros en el 799 al mando de su caudillo Belasko, musulmanes que ya habían entrado en una ataque anterior en Pamplona (a la que llaman Banbaluna), siendo expulsados en el 755.

En el año 816 los Belasko, “ibn Belascot” (de “bele” cuervo y “-ko” diminutivo según K. Mitxelena), con gentes venidas de la Sakana (Alta Nabarra), Burunda (Alta Nabarra) y Alaba, derrotaron de nuevo al ejército del emir de Córdoba en el valle de Orón (río Orancilo, al sur de Miranda de Ebro) y en el desfiladero de Pancorbo, pertenecientes a Castilla Vetula (hoy Burgos) y posterior frontera del reino de Pamplona-Nabarra.

En el año 823 se dio la aceifa (del árabe "verano" por producirse los ataques en período estival) de Abd al-Rahman II (Abderramán), recordada por las crónicas musulmanas de Ibn Idhari como la “Campaña de Alaba”, donde se saqueó la Llanada alabesa, sus fortificaciones fueron destruidas y liberados los prisioneros musulmanes. En ese año 823, el cronista musulmán Ibn Idhari (s.XII-XIV), relata como pasaron las tropas musulmanas por Alaba y “acometiendo por un valle llamado Djernik (Gernika? Gernika de Alaba hoy desaparecida o de Bizkaia? pues existen dos municipios con ese nombre)” hasta llegar a “la montaña de los madjus”, “los adoradores del fuego”. Gobernando Muhammad I se repitieron los ataques o aceifas en el 855 y 856. Otras tuvieron lugar en el 863 y 865, en ésta última asolaron los hispano-musulmanes la población alabesa de Salinas de Añana.

El año 863 llegó a las fronteras alabesas un ejército de más de 20.000 jinetes debidamente entrenado y dirigido personalmente por el hijo del Dmir Muhammad I. El camino seguido debió ser el de la vía romana por la Llanada Alabesa (después Camino de Santiago). El cronista Ibn Adhari nos cuenta que los musulmanes destruyeron varias fortalezas, devastaron los campos y sembrados de las llanuras. Por el desfiladero, probablemente Pancorbo, los cristianos sufrieron una tremenda derrota en la que perecieron hasta diez y nueve condes y tres grandes alcaides (Joxe Garmendia Larrañaga).

Esa fue la frontera musulmana, pero también la visigoda, fue lo más que conquistaron los hispano-musulmanes de Baskonia y del reino nabarro. La Baskonia musulmana coincide con la goda de Leovigildo (Tomás Urzainqui “Vasconia en el siglo XI”).


Nunca controlaron los musulmanes la actual Alaba y escasamente La Rioja, liberada Rioja Alta por Sancho I Garcés a comienzos del siglo X (Ezcaray-Haro):

“Cuentas la crónicas que ese ramal montañoso que, siguiendo la dirección del Valle, se prolonga desde Logroño a Burandón (Alaba, las mencionadas Conchas de Haro) como un gran mural fue fortificado por el Rey de Nabarra don Iñigo Arista (Eneko Aritza) para impedir el avance de las huestes musulmanas. Una política que luego sería seguida al pie de la letra, e incluso potenciada, por su hijo don García (Eneko Garsea, “el joven”), razón principal por la que ese conjunto de farallones sería denominado a partir de entonces como Sierra de Nabarra”. “Ayuntamiento de San Vicente de la Sonsierra y Gobierno de La Rioja”.

El rey nabarro Eneko Garsea II (860-882, el hijo de Eneko Aritza), cerró Alaba a los musulmanes con los castillos de Zaldiaran y el de la Concha de Arganzón entre otros y no hay constancia cierta de que llegaran a Bizkaia o Gipuzkoa las huestes musulmanas.

“Del mismo modo, queda constancia de que el año 934 no había en toda esa superficie o franja de terreno conocida como Rioja Alavesa ningún poblado de cierta entidad, sino tan sólo Solares que fueron erigidos con permiso de los monarcas nabarros junto con unas tierras anejas que se dedicaban a trajines agrícolas”. “Ayuntamiento de San Vicente de la Sonsierra y Gobierno de La Rioja”.

Por tanto, el territorio alabés se vio en los siglos VIII y IX afectado por numerosas razias enviadas por los emires de Córdoba y los reinos de taifas, pero para entonces los baskones habitantes de la Llanada alabesa, contaban con una estructura militar-administrativa poderosa: un Estado propio, el reino nabarro.

En lo que respecta a la frontera entre alabeses y asturianos:

“Alabanque, Bizcai, Alaone et Urdunia, a suis reperitur semper esse possessas, sicut Pampilona, Deeius est atque Berroza.” Primera mención escrita de Alaba.

“Alaba, Bizkaia, Alaone (Aiala?) y Orduña, siempre fueron poseídas por sus moradores, al igual que Pamplona, Deio y la Berroza”, Crónica asturiana de Alfonso III (866-909), llamada también de Don Sebastián, es la primera mención escrita de Alaba (y de Bizkaia) y es muy clara en relación a la independencia de esas tierras del reino asturiano.

Las crónicas musulmanas diferencian también claramente Alaba del reino de Asturias, lo que refuerza la evidencia de su independencia.

“Es el año 759 cuando Fruela (rey de Asturias) asiste, junto al obispo de Oca, en Valpuesta, a la fundación de un convento de religiosas en San Miguel del Pedroso, en las inmediaciones de Belorado. La vieja región autrigona se halla ocupada en parte por el rey asturiano por haberla conquistado a los musulmanes. En el convento abundan los nombres vascones de las monjas que serían seguramente alavesas, vizcaínas y burevanas: Amunia, Munía, Ximena, Uma, Munoza, Sancha, Auria, Andirazo, Anderkina, Gometiza, etc. Esta región era vascona y se había conservado libre, pues se sabe que los musulmanes no dominaron permanentemente más tierra hacia occidente de Nájera.

No se sabe dónde ocurrió la rebelión de ciertos vascones alaveses cuando acude Fruela (756-768) a reprimirla. Los vence, según la Crónica de Alfonso III, y hace prisionera a una joven, la vascona Munia, de la que tiene a su hijo Alfonso, futuro rey de Asturias. Vascones rebellantes superavit atque edomuit. Muniam quandam adolescentulam ex Vaseonum praeda sibi seruari praecipiens, posteam in regali coniugio copulauit, ex qua filium Adefonsum suscepit.

Que se trata de una alavesa y de Alava se descubre cuando la misma crónica cuenta cómo el rey Alfonso el Casto, hijo de Munia, estuvo refugiado en Alava el año 785 donde los parientes de su madre, porque le habían expulsado del Reino (de Asturias). "sed praeuentus fraude Maurecati, tü sui fzlü Adefonsi maioris, de serua tamen natus, a Regno deiectus apud propinquos matris suae in Alabam commoratus est.

Este documento, nos dice tres cosas: que Munia, calificada antes de vascona, era, además, alavesa; que Alava estaba fuera del Reino asturiano, y que Alava era Vasconia, y, por tanto, su límite más occidental” Joxe Garmendia Larrañaga, “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea”.

Alfonso III el Magno, s.IX, rey de Asturias, encargó la redacción de la Crónica asturiana mencionada, estaba casado con la princesa nabarra Ximena (hija de Garsea Ximeno, hermano de Eneko Aritza), de la que tuvo un hijo, García o Garsea (“el joven” en lengua nabarra). Alfonso, según la crónica asturiana Albeldense, fue criado por Ismael y Fortún ibn Musa, hijos del gran dirigente de la marca norte musulmana el Banu Qasi Musa ibn Musa, llamado en las crónicas del Alfonso III "el tercer rey de España", pariente y aliado de los reyes de Nabarra como hemos visto.

Asturias con Alfonso III adquirió “Castilla y Territorium portucalense”, que adjuntó a Galicia, León y Asturias-Cantabria. Portugal fue conquistada desde Galicia, el nombre es la síntesis de las dos poblaciones en la desembocadura del Duero.

Asturias con Alfonso III a finales del siglo IX invadió también Alaba hasta casi la puebla de Gaste(b)iz, (que ya aparece en la reja de San Millán 1025), después convertida por el rey de Nabarra Sancho VI el Sabio en la villa de Vi(c)toria (1181), por tanto invadió el territorio alabés al Oeste del río Baias. Baias es, según Koldo Mitxelena, una deformación de “Ibaia”, es decir, de “río”. Alfonso murió destronado por sus hijos y se retiró a su palacio de Bordes para morir luego en Zamora.

La crónica asturiana detalla las tierras conquistadas por los asturianos a los sarracenos o musulmanes pero también a los nabarros: Briones (La Rioja), Alesanco (La Rioja), Revenga, Carbonarica, Abeica (Ábalos? La Rioja), Veleya de Alava (río Zadorra, Noroeste de Vitoria-Gasteiz), Cenicero (La Rioja), Amaya y Miranda (hoy Burgos, pero que perteneció a las Hermandades de Alaba desde el siglo XV) entre otras ya más alejadas de tierras nabarras.

Todas las comarcas alabesas conquistadas por el reino asturiano las resume el historiador bizkaíno A. de Mañaricua: Valdegovía (Gobiaran), Salinas de Añana, Zigoitia, Estavillo (próximo a la entonces recién repoblada Miranda de Ebro), Elorriaga, Ulibarri de Olleros, Gauna, Foz de Arganzón etc. todas al Oeste del río Bayas y de la futura Vitoria (crónica Albense), que parece era la frontera entre la tierra conquistada y la libre. En el caso de Bizkaia, sólo fue ocupado momentáneamente el Oeste enkartado, Sopuerta y Karranza según la mismo crónica asturiana.

Las campañas de Alfonso I, Fruela I, Alfonso III y su hijo Ordoño II (rey casado con la princesa Sancha de Nabarra, después esposa de Fernán González de Castilla) y la documentación que se posee, nos muestra la ocupación del reino astur del occidente alabés, siendo libre, “poseídas por su moradores”, el resto del territorio a lo que podemos llamar Alaba nuclear.

J.M. Lacarra (1971), “Estudios de la historia de Nabarra”: “No hay testimonio alguno que acredite el dominio asturiano sobre estas tierras. En las crónicas de Alfonso III se dice que Alfonso II extendió sus dominios hasta parte de la Rioja y las localidades de las Encartaciones, Sopuerta y Carranza”.


Los condes de Alaba, señores nabarros

El primer conde de Alaba documentado fue Eylon de Alaba (866), descendiente de la familia nabarra de los Belasko, y el segundo, ya bien documentado, fue Bela Jiménez (882), por tanto Alaba estaba integrada en el reino nabarro desde su génesis y recuperará las tierras que le conquistaran los asturianos en los siglos X-XI. En la Crónica Albeldense, escrita en 883, se alude dos veces al “comes in Alava”.

Era conde de Alaba Munio Vélaz en el año 919, probablemente miembro de una familia autóctona: “Aparece como conde de Alava Monnio Vigilazi (Munio Velaz) en la escritura de Valpuesta otorgada el 18 de mayo de 918. Parece ser hijo del conde Vela Semenonis, defensor de Cellorigo. Este Munio es, probablemente, el Momi, Conde de Vizcaya, que figura en la primera genealogía de Meyá y casado con Doña Belasquita, hija de Sancho I Garcés de Navarra”. Joxe Garmendia Larrañaga. Por tanto, puede que con este conde Bizkaia y Alaba estuvieran unidas dentro de la administración por tenencias del reino nabarro.

A Munio Vélaz le siguió Alvaro Herremálliz en el 931, ya sólo conde de Alaba y bien relacionado con la corte del rey nabarro Jimeno Garcés, y, por último, Fernán González (932-970), conde consorte en Alaba, al estar casado con una infanta de nabarra, lo que le daba un fuerte aliado frente al rey leonés. Fernán que era conde de los entonces pequeños condados que acabaron conformando la fronteriza Castilla, se casó en el 932 con una hija de Sancho Garcés I, Sancha, a la que su padre había dado en dote el condado de Alaba sin desgajarlo del reino (“la potestas” o usufructo y no el “imperium” o dominio) y anteriormente casada a su vez con Ordoño II de Asturias.

Fernán González consiguió la independencia de León en el 950, pero el condado alabés siguió siendo Nabarra, que jugaba a desmembrar el reino leonés. Como dice le refranero castellano: “Castilla es un pequeño rincón que tiene Atapuerca como mojón”, el mojón entre Nabarra y Castilla-León es conocido como el Olmo de Burgos (Olmo de Atapuerca).

“(Sancha) Era viuda de Ordoño II con quien había casado en 923 e hija de los reyes de Pamplona Don Sancho I Garcés y doña Toda. Se ignora la fecha de su matrimonio con Alvaro Harrameliz que ya figuraba en 923 como simple testigo de una escritura de donación a Santa Colomba por Ordoño II de León. Debió casarse probablemente a poco de quedar viuda cuando solo llevaba meses de casada. En 929 tenía Alvaro el castillo de Lantarón, cerca de Sobrón, hoy tierra alavesa, pero no entonces, según se refiere en donación de Pando, en Mena o Carranza. A partir de este casamiento comienza a figurar como Conde de Alava bajo el rey de Pamplona. No se sabe cómo pasó el condado alavés de los Velas a Sancha y Alvaro. Según parece del contexto de los hechos, o hubo una suplantación de Vela Muñoz, hijo de Munio Vela y nieto de Vela Jiménez, o el condado no era hereditario sino que se hacía el nombramiento en la Corte de Pamplona”. Joxe Garmendia Larrañaga “Euskal Herriko Hezkuntzaren Historiarako Dokumentazio Gunea” /www.euskomedia.org/aunamendi.

Sancho III el Mayor (1004-35), estaba casado con Munia de Castilla (hermana del conde castellano), separó Alaba de Castilla de nuevo al darle a su hijo Fernando I el condado de Castilla y al conde Munio González el de Alaba (1030-1043); algunos historiadores españoles han querido ver más de lo que hay en esta política Nabarra, olvidándose de que el viejo reino está en su plenitud y que era él el que manda entonces entre los reinos cristianos de la Península Ibérica, siendo Castilla un incipiente y pequeño condado, como tantos otros en la época, y unido por Fernán Gónzalez.

Bajo soberanía nabarra, tenemos al frente del gobierno de Alaba a Munio González, entre 1030 y 1043, que tenía título de conde, del que carece su sucesor Fortún Iñiguez. La tenencia de éste sobre Alaba fue muy breve, pues en 1045 figuraba al frente de la misma el conde Munio Muñoz, probablemente muerto en 1054 luchando en la batalla de Atapuerca entre el rey nabarro García IV el de Nájera y su hermano Fernando, el cual había heredado el condado de Castilla de su madre como hemos dicho, salvo la parte euskaldun o nabarro parlante de las tierras castellanas que quedó dentro del reino, por lo que la disputa entre hermanos quedó servida.

Los condes alabeses eran elegidos por los reyes nabarros, sin que fuera un título hereditario como ocurría en general con el resto de las tenencias (entre 1040-1083, se suceden 7 condes alabeses), marcado además el condado alabés por el hecho de ser tierras gobernadas por condes integrados en los linajes más cercanos a los reyes pamploneses, como tierras fronterizas a vigilar especialmente.

Con Sancho VI el Sabio de Nabarra, la familia Ladrón quedó desplazada del frente del condado al prescindir el rey nabarro de los servicios de Vela Ladrón, hijo de Juan Velaz (tenente de Malvecín o Malmasín, Arrigorriaga –Bizkaia-), en 1179. Sancho trataba de imponer el sistema de tenencias, con tenentes o gobernadores fácilmente sustituibles por el rey: Diego López (1181-1182), Iñigo Oriz (1184-1188), Pedro Ladrón en 1194 y Lope Sánchez en 1195. Siendo en este periodo Alaba y Gipuzkoa una tenencia conjunta.

Sancho VI el Sabio de Nabarra creó las tenencias de alabesas de Zaitegi (1188), Arluzea (1181), Salinas de Burandón (Conchas de Haro) o Portilla, para un mejor control del territorio y de las vías comerciales, fundó villas como la de Vitoria-Gasteiz (1181), Antoñana, Guardia de Nabarra (hoy Laguardia), Bernedo o Santa Cruz de Kanpezo. La mayoría de los fueros de las villas se basan en el fuero dado a los francos de Jaca de 1063, por el rey de Nabarra Sancho Ramiro (línea aragonesa), y en el también nabarro de Logroño de 1095.

En las leyendas alabesas se mantiene el origen nabarro de esas tierras, así la casa familiar de los López de Larrea, señores de Lazarraga y una de las familias más poderosas de la Nabarra Occidental medieval, remontan su linaje a la donación de tierras en Barrundia (Alaba) del primer rey de Nabarra, Enero Aritza en el siglo IX (cosa históricamente posible como hemos visto); un descendiente de este linaje, Juan Pérez de Lazarraga, será uno de los primeros novelistas en euskara según el libro descubierto en el 2004 y donde aparece por primera vez la voz “Euskal Herria”.

“anchinaco liburuetan
çeñetan ditut eçautu
eusquel erriau nola eben
erregue batec pobladu”.
(fol. 18 vlto.)


Conclusión sobre el origen de Alaba.

Durante los siglos VIII-IX el topónimo Alaba puede identificarse, según el historiador J.A. García de Cortázar, con las tierras de la Llanada alabesa, concretamente al norte y este de Vitoria-Gasteiz, coincidiendo, aproximadamente, con la mitad oriental de la denominada «Alaba nuclear».

Tal y como relata César González Mínguez, según aparece descrita en ese documento o cartulario conocido como la “Reja de San Millán” o “Ferro de Alava” del monasterio de San Millán de la Cogolla de 1025, y que, con pequeñas modificaciones, viene a coincidir con los límites que un documento de 1258 especifica para la Cofradía de Arriaga, nos habla de 4.280 fuegos o casas en Alaba, lo que por 5 habitantes aproximados de media, darían unos 21.400 habitantes.

La Cofradía de Arriaga era la unión de las grandes familias alabesas: “Las Juntas Generales de los cofrades se celebraban en el campo de Arriaga (actual parque de Arriaga en Vitoria-Gasteiz, dentro del cual se encuentra la ermita de San Juan de Arriaga, en memoria de aquellas). En estas Juntas se elegía al señor de la Cofradía, se impartía justicia y se trataban los problemas que les concernían como grupo. En definitiva, esta institución refleja la capacidad de autogobierno de una parte del territorio alavés durante la Edad Media. La Cofradía tenía un carácter eminentemente nobiliar, como se constata al repasar la condición social de los cofrades, entre los que hay miembros de la alta nobleza (ricos omes), alto clero (obispo de Calahorra) y baja nobleza (infanzones, caballeros o escuderos). Todos ellos disponían de inmunidad fiscal (hidalguía) que les eximía de pagar pechos o tributos y servicios. Micaela Portilla estudió a estos cofrades, entre los que encontramos a Guevaras, Haros, Mendozas, Hurtado de Mendozas, Velascos, Salazares, Ayalas...” Joxe Garmendia.

La primera vez que se menciona el nombre concreto y la institución de la Cofradía de Arriaga de forma nítida es en un documento de fecha bastante tardía, de 1258. En las crónicas reales puede intuirse su existencia para fechas anteriores, concretamente para los tiempos de los monarcas nabarros Sancho VI el Sabio y su hijo Sanco VII el Fuerte (finales del XII). No obstante, podemos retrotraernos, cuando menos, al año 1060, también dentro del reino de Nabarra. En esa fecha unos barones de Alaba otorgaron su consentimiento para que el monasterio de Huhula, próximo a Salvatierra, se anexionara al de San Juan de la Peña (cerca de Jaca, Aragón pero dentro del reino nabarro entonces). Este documento nos informa de la existencia de una agrupación de señores que bien podría ser el embrión de la Cofradía de Arriaga.

A esta Alaba nuclear se iría sumando una Alaba periférica, constituida por la Tierra de Aiala, más las tierras autrigonas situadas al oeste del río Bayas y reconquistadas desde el siglo X por Nabarra, donde los señores alabeses tomaron parte muy activa (el reino nabarro llegó hasta la bahía de Santander y el Olmo de Burgos, Atapuerca), Rioja alabesa que formaba parte de la Sonsierra nabarra invadida en 1460 e incorporada a Alaba, así como Kanpezo y tierras de Bernedo (montaña alabesa) que se invadieron por las mismas fechas.

En la lucha para defender la Nabarra Occidental, la villa fortificada de Vitoria-Gasteiz al mando del Martín Ttipia, padeció 9 meses de asedio hasta que el hambre hizo presencia, Trebiño y su castillo se resistió 4 años a los castellanos, así como la fortaleza de Portilla cambiada después por Miranda según el historiado coetáneo Rodríguez de Rada.

Los castellanos no consiguieron tomar el castillo trebiñés, pero su difícil defensa rodeado de territorio castellano, hizo que el rey nabarro Sancho VII el Fuerte pidiera un trueque por la fortaleza de Inzura en las Ameskoas (hoy Alta Nabarra). El Señorío de Trebiño fue fundado en el siglo XI por los reyes de Nabarra, y Sancho el Sabio le dio la carta de villa en el 1151, siendo Sancho VII el Fuerte el que mandó construir el castillo ahora destruido, su nombre anterior era el de Uda . Desde entonces Trebiño quedó fuera de Alaba, castigado por la defensa de su nabarridad.

La estoica fortaleza nabarra de Portilla resistente a la invasión castellana, aparece en el escudo de Alaba, remarcando que Alaba era la “portilla” o “puerta” al reino nabarro.