NABARRA, SIN CADENAS

NABARRA, SIN CADENAS
Aitzol Altuna Enzunza




El uso de escudos armoriados que representaban a las familias es una tradición que nació en Normandía a mediados del siglo XII. En el caso del reino baskón, se tiene constancia de una heráldica Nabarra desde Sancho VI “el Sabio”, el padre de Sancho “el Fuerte”, por tanto en esa segunda mitad del siglo XII. El escudo de armas, entendido como divisa que pasa de una generación a otra, data de principios del siglo XII, aunque en el siglo X ya existían blasones que servían para identificar a los caballeros que participaban en los torneos. Según el genealogista Juan Carlos Guerra, el escudo nació con la terminación de la Primera Cruzada, en la que los cruzados se distinguieron por el color de sus cruces, según las naciones a las que pertenecían. 


En el año 1910, al aproximarse la celebración del aniversario de la Batalla de las Navas de Tolosa (Jaén) de 1212, la Diputación provincial de Nabarra quiso recuperar la bandera del reino, para entonces desaparecida tras la pérdida foral y la firma de la llamada Ley Paccionada en 1841, la cual transformaba Alta Nabarra en una provincia de Las Españas, tal y como se denominaba entonces al imperio castellano-aragonés.

La Diputación escribió entonces que "el escudo de armas de Nabarra tiene como elementos esenciales, según tradición constante, cadenas de oro sobre fondo de gules con una esmeralda en el centro de unión de los ocho brazos de eslabones". Incluso para fijar definitivamente su forma, se incorporó un dibujo en el que los eslabones se parecen a los que Sancho VII "el Fuerte" había entregado a Iratxe, custodiados desde la Desamortización del siglo XIX en el salón de sesiones del Palacio Provincial. Fueron los euskarianos Arturo Campión, Hermilio de Olóriz y José Altadill de la Comisión de Monumentos quienes aprobaron que la nueva bandera fuese esa. 

La mitología nacional nabarra cuenta que las cadenas del escudo fueron tomadas por el rey Sancho VII "el Fuerte" de las que asentaban en tierra la jaima del caudillo musulmán al que vencieron los reinos católicos peninsulares en dicha Batalla de las Navas de Tolosa –las cadenas de palenque-. Se trataba de Mohamed Aben Yacub, rey Miramamolín o Miramolín, Califa o Comendador de los Creyentes. El mito se escribió por primera vez a mediados del siglo XV cuando Carlos, primer y único Príncipe de Biana, comentaba la fábula así: "Y el rey de Nabarra tomó el encadenado de los camellos y de las tiendas y conquistó las cadenas por armas, y las asentó sobre las aristas con un punto de sinople en medio".



Pero la fábula de Sancho VII “el Fuerte” saltando sobre la jaima y destrozando las cadenas con su espada quedó demostrada como falsa y además imposible por el arabista nabarro de mayor prestigio e importancia, Ambrosio Huici (Huarte 1880-Valencia 1973), cuyas investigaciones sobre fuentes originales árabes desmontaban el mito de las cadenas metálicas. Su trabajo de investigación se presentó en 1912 precisamente al concurso organizado por la Diputación provincial de Nabarra para conmemorar el VII centenario de la Batalla de Las Navas de Tolosa. Curiosamente, aunque fue rechazado por el jurado que apoyaba en pleno el mito de las cadenas, recibió una mención especial.

El mito tiene también una base en una carta de Sancha de Castilla a Sancha de Champagne (hermana de Sancho "el Fuerte"), donde habla de cómo heroicamente su hermano saltó con su caballo por encima de la guardia negra de esclavos que defendían la jaima del rey Miramamolín y se quedó con las cadenas como recuerdo. En el centro de las actuales cadenas del escudo de Nabarra aparece una esmeralda, robada supuestamente también al rey Miramamolín. Las cadenas y la esmeralda se pueden contemplar en el museo de Orreaga-Roncesvalles donde está enterrado este rey y donde fueron entregadas por el propio Sancho VII, aunque una parte de ellas también fueron a parar a Iratxe como hemos visto y otra a Tudela donde residió Sancho durante sus últimos años.

La batalla de las Navas de Tolosa es uno de los mitos fundacionales de España que aunaba en aquél entonces los intereses de los unionistas españoles y de los foralistas nabarros, mito por el que los diferentes reinos católicos se enfrentan juntos y unidos fraternalmente contra el infiel musulmán. El argumento es históricamente falso pues el rey nabarro se presentó a regañadientes en Jaén, y tan sólo tras conseguir su reconocimiento como rey soberano de toda Nabarra, lo que incluía la promesa del emperador del Vaticano (el papa) de que se le devolviera la Nabarra Occidental, entonces recientemente ocupada por Castilla, es decir, las actuales Bizkaia, Gipuzkoa y casi toda Alaba (menos la Sonsierra y las tierras de Bernedo-valle de Arana aún en el reino). Además, Sancho “el Fuerte” se presentó con un ejército minúsculo de tan sólo 200 hombres de confianza.


Sancho VII "El Fuerte" (1194-1234)

Sancho “el Fuerte” nunca usó una bandera con cadenas como es posible comprobar en la catedral de Tudela donde tuvo su Corte, y en la que hay catorce escudos de Nabarra en los que las barras son todavía lisas y parten de una bloca central, además de en las dos "Biblias de Pamplona" de 1197 de Fernando Pérez de Funes, Biblias ilustradas para su mayor comprensión mandadas a hacer por el propio Sancho “el Fuerte”, las más importantes Biblias y libros ilustrados de la Edad Media según expertos como F. Bucher, para el cual “revelan la existencia de un centro de iluminación en el siglo XII, desconocido hasta ahora”.

Estas barras lisas y con una bloca central, también aparecen en una representación del rey de Nabarra en una Château en Aquitania relacionada con la hermana de Sancho "el Fuerte" Berenguela de Nabarra (esposa del duque de Aquitania y rey de Inglaterra Ricardo "Corazón de León"), tanto en el escudo del rey como en la vestimenta o manto de su caballo (ver fotos), lo que no deja lugar a dudas de que se trata de la enseña nacional nabarra y no de un simple escudo.



Existe un sello de Sancho VI el Sabio (1150-1194) con las barras, la bloca y con algo parecido a las llamadas en terminología héraldica "barretas perladas o pomeladas", pero las barras del escudo de Nabarra serán adornadas para siempre con las pomas (borlas llamadas en heráldica también bezantes o roel aúreo) a partir de los Teobaldos o Thibault en el siglo XIII, sin conexión alguna con la Batalla de las Navas de Tolosa. Desde el escudo de "barras lisas", por tanto, con el tiempo la bloca o umbo (prominencia que había en el centro del escudo de un guerrero), pasó a dar nombre a la totalidad de los refuerzos, y la primera diferenciación pictórica de los escudos consistió en dar colores diferentes a las partes comprendidas entre las barras radiales y el centro (ver fotos).


Teobaldo I de Nabarra (1234-1253)

Sello de Sancho VI el Sabio (1150-1194)


Blog Nabarlur

La primera descripción heráldica de la bandera de Nabarra es la del Armorial de Urfé (1360-1370), y se la describe como: "de gules (rojo), un carbunclo de oro pomelado (perlado) iluminado de sinople (verde) en el medio a manera de esmeralda". Javier Hermoso de Mendoza comenta que “la bloca, decorada con piedras preciosas pasó a tener carácter emblemático, se le denominó carbunclo, nombre que recibía el rubí (en realidad debía ser un granate) que iba engastado en el centro, del que se decía que era como un carbón encendido cuya claridad alumbra a quien lo lleva, y que al iluminarse en la noche era capaz —si se llevaba en el yelmo— de guiar en la oscuridad a un ejército de mil hombres”.

El primero que cuestionó que el escudo fuesen cadenas fue el suletino Arnaud Oihenart (1592-1667) en su documentada obra "Notitia Utriusque Vasconiae" , editada en París en 1637. Oihenart fue letrado del Parlamento de Nabarra en Donapaleu-Saint Palais los últimos años en los que fue soberano (hasta 1620), era un humanista con sólida formación jurídica al servicio del señor de Agramont, historiador y recopilador de refranes en euskera, era uno de los más fieles partidarios de los legítimos reyes de Nabarra y de la recuperación de su libertad.

En su famoso libro, el suletino defiende que las antiguas armas de Nabarra no representan cadenas, sino el carbunclo o bezantes, por lo que es evidente que ya se había producido la transformación heráldica. Oihenart explica que sólo el Príncipe de Biana menciona “cadenas”, mientras que autores mucho más antiguos lo describieron como "un carbunclo radiado de oro, dividido con esferillas y el centro verde". 

Oihenart escribe: “Sin embargo ha llenado de fama a Nabarra la antigua opinión, procedente de nuestros antepasados, que Sancho, algunos años después, con ocasión de la célebre victoria conseguida de los moros, en el lugar, vulgarmente llamado Navas de Tolosa, mudó la figura del símbolo antiguo, sucediendo en su lugar la figura de las cadenas de hierro, que rodeaban el trono del rey moro, el Miramamolín, las cuales Sancho había arrebatado y roto valientemente.

Mas para considerarla como incierta, me muevo especialísimamente por dos razones. Primero que la misma figura del símbolo de las enseñas, de que usaron los reyes de Nabarra desde el último Sancho hasta nuestros tiempos, no tiene semejanza alguna con las cadenas”.

Dibujo en el libro de Oihenart de la bandera de Nabarra

El propio Oihenart nos da el momento en el que se produce el cambio del carbunclo a la cadena cuando sobre el año 1637 escribe: “(…) esto se hizo desde hace cerca de cincuenta años, con la sola autoridad o consejo de modernos historiadores. Mas hemos procurado poner aquí la verdadera figura de aquellas enseñas; porque esa misma es; tal como se con templa, no solo en los infinitos sellos y monedas de diversos reyes, sino también en las vidrieras de la Iglesia principal de París, consagrada a la Virgen Madre, la que hubo de ser pintada en tiempo de uno de los dos Teobaldos, o de Enrique (siglo XIII); lo indican las ensenas de Champaña, añadidas a las de Nabarra. Nada se distinguen de esta forma las figuras de las mismas ensenas, que existen en el Colegio de Nabarra, de París, y en el cenobio de los cartujos, en el monumento de Pedro Nabarro, Conde de Moreton (muerto en 1528); también las que hay en el Castillo de Pau, del principado del Bearne; en la iglesia de Escala Dei de los Premonstratenses, en Bigorra, y en muchos lugares de la Nabarra citerior o ulterior (norte y sur de Nabarra), ya esculpidos en las piedras, ya en las paredes, ya pintadas en las vidrieras de las ventanas”.



Añade Oihenart documentación antigua donde se describe el escudo de Nabarra: “Dice el Manuscrito antiguo de pergamino, de la Biblioteca del ilustrísimo Renato de Longol Desmaisons, presidente en la curia suprema de tributos, en Paris: Le Roy de Navarre porte de gueulles a une escarboucle florie d'or et le cceur de sinople. Es decir, el rey de Nabarra lleva por armas, en un caballo rojo un carbunclo, dividido por globillos, de oro, y verde en el interior. Dice el autor de otro libro, escrito (según del mismo se colige), en tiempo de Carlos V, rey de Francia (1338-1380), que encontré en la biblioteca de los hermanos Samartanos, Escevola y Luis, dos lumbreras gemelas de la historia de nuestro país: Le Roy de Navarre de gueulles a une escarboucle d'or pometee, fermce et percheei. Quiere decir: El rey de Nabarra lleva campo rojo, y en medio de él un carbunclo, de oro, cerrado con sello y con líneas rectangulares.

Lo propio se lee en otro libro, de menor antigüedad, de otro Luis Samartano, Presidente de los Prefectos de la Milicia francesa en la Corte, con igual número de palabras, y también, en otro, de Héctor de Bretaña, primer armero, o, como se dice, primer rey de armas del rey Cristianísimo, Luis XIII (1601-1643). Algo más completa es, en este punto, la Historia de las Armas de la Nobleza, que nos legaron los hermanos Puteu, Pedro y Santiago, defensores de toda la antigüedad y de las buenas letras, el año 1380, según allí esta notado; porque así está escrito en el fol. 170: Ie Roy de Navarre escartele, de gueulles a I'escarboucle d'or pomete et party de synople en la moyenne, en guise d'Esmeralde et lieu (lee i autrs) de franee a un baston compose d'argent et de gueules. Esto es, el escudo del rey de Nabarra consta de cuatro partes; una parte roja, adornada de carbunclo, de oro, dividido en esferillas, partida, verde en medio, asemejando a la esmeralda: La otra parte francesa, con el báculo simbólico de plata, y gules cayendo oblicuamente”.

En los siglos XVI y XVII algunos autores españoles citan el carbunclo de Nabarra como es el caso de Juan Ferón, Jerónimo Barra y Juan Santiago Cristecio. Éste último fue médico de Felipe IV de Castilla-Las Españas (1605-1665), y escribió un libro sobre las Armas de los Caballeros de la Faja de oro, en el cual, al describir las armas de Juan de Aragón y Nabarra dice: “(…) cuartel de escarlata, adornado del carbunclo lineal cerrado, dividido en esferitas de oro".



Por tanto, cuando hablamos de barras o esferillas perladas, con carbunclos o escarbunclos, bezantes o pomas (pomadas), hablamos de lo mismo, de la bloca heráldica diferente a la cadena. 

Evolución del los escudos de las diferentes familias de reyes de Nabarra, 
blog Nabarlur  de Eneko del Castillo.


El experto heraldista Jaime Albillos nos aporta otro libro de Armas más donde queda resuelta la cuestión: "La famosa polémica entre el escarbunclo y las cadenas del escudo del reino de Nabarra está magníficamente resuelta por Garci Alonso de Torres, rey de armas de Aragón. En su importante obra “Blasón de Armas Abreviado” (año 1496) soluciona esta eterna discusión de una forma muy sencilla, apoyándose únicamente en lógicos argumentos de técnica heráldica. El mencionado cronista era un experto en el mundo de los oficiales de armas europeos. Se conoce que viajó por Francia, Alemania, Borgoña, Inglaterra y Flandes.

En dicha importante obra se puede leer lo que sigue: “...traen los dichos rreyes de Navarra aquellas cadenas. Pero a esto yo no sé qué rresponda, salvo que las harmas que traen los dichos llamamos en harmería escarbunclo, y no cadena, porque si cadena fuese no era neçesario quitarle el nombre...”. Son muy esclarecedoras y definitivas las líneas que se pueden leer en el último párrafo. Hay que valorar mucho que están escritas por un personaje tan histórico, tan documentado y tan poco sospechoso de nabarrismo apasionado como Garci Alonso de Torres".


Hoy todos los autores serios reconocen que Oihenart tenía razón, pero en su época provocó la reacción de algunos nabarros, los cuales encabezados por el Padre Moret se opusieron a la tesis del suletino. Aun así el jesuita escribe en 1677 que las cadenas no se introdujeron de golpe tras la batalla, “sino poco a poco". Lo señala en su obra “Investigaciones Históricas de las antigüedades del Reyno de Navarra”, donde según Moret, los eslabones serían una forma de representación "vulgar" de las cadenas, y el pomelado sería la versión "elegante": "rematando los encajes de los hierros lisos en ciertos nudos globosos que por dentro tienen su engarce y por fuera parecen globillos o esferillas del todo macizas". 

Bernard Etxepareren liburuaren lehen edizioa (1545), 
"linguae vasconum primitiae", euskarazko lehen liburua, 
nafarroako erregea zen Enrique II.a "Zangotzarrak" finantzitua.

Respecto a la confusión introducida por el Príncipe de Biana sobre el escudo, comenta Oihenart: “Si se discute con autoridades, entre los escritores del tiempo pasado, pugna por aquellas cadenas solo el Príncipe Carlos de Nabarra, el cual sólo doscientos años precede a nuestra edad (…).

No sé si las siguientes palabras de Garcia de Eugui (coetáneo de Sancho “el Fuerte”) en la vida de Sancho, fueron causa de error para el Príncipe Carlos: D. Sancho ganó allí las cadenas y tiendas que son hoy en Nabarra. Con estas palabras quiso indicar este autor, no que Sancho tomó las cadenas por insignia militar, sino que las colocó en varios templos de Nabarra, colgándolas para excitar el sentimiento de determinación. Además, claro se ve que Carlos se dejó llevar del error; porque opinó que Nabarra tuvo por armas las Aristas, además de las cadenas, que sin embargo, en ninguna parte aparecen. He aquí sus palabras en el lib. 2, cap. 16: “El rey de Nabarra tomo el dicho cadenado de los camellos e las tiendas, e conquisto las cadenas por armas y assentolas sobre las Aristas, con un punto en medio de sinople”.


El príncipe de Biana también se pudo basar en la cita que aparece en el Privilegio de la Unión de 1423 de los tres burgos de Pamplona Nabarrería, San Nicolás y San Cernín dado por Carlos III “el Noble”: "un renc de nuestras armas de Navarra, de que el campo ferá de guculas, y la cadena que irá al derredor de oro". Es la imagen del "Gran sello" de Pamplona que se conserva, esa cadena coincide plenamente con las barras pomeladas o carbunclo tradicionales.

El Príncipe Carlos hablaba por tanto de cadenas en relación a las barras pomeladas cuyo dibujo (cordón-poma-cordón-poma-cordón-poma...) recibía el nombre de "cadena" (sin la “s” final), un concepto similar a la cadena utilizada en diferentes representaciones heráldicas, en monedas y que aparece incluso en el siglo XII en un sello de Sancho VII “el Fuerte” desenterrado por Iñaki Sagredo Garde en el castillo navarro de Aitzorrotz (Gipuzkoa, puerto de Arlaban, Ezkoriatza).



El Príncipe de Biana, autor del "Compendio de la Crónica de los reyes de Navarra", seguía dentro de la mitología oral cuando escribía que "la Esmeralda, que se halla en el centro del escudo de Nabarra, provino a Sancho entre los despojos recogidos en la batalla de las Navas de Tolosa”. Recientes estudios sobre dicha “esmeralda” que está en la tumba de Sancho VII “El Fuerte” en Orreaga-Roncesvalles, dieron un origen colombiano. Al principio se esculpía esta esmeralda en figura globular y redonda, después empezó a variar su forma transformándose en cuadrangular.

CONCLUSIONES:

El escudo del rey de Nabarra según el Libro de Armería del Reino de Nabarra (el más antiguo conservado es del s. XVI), que es el libro heráldico oficial del reino baskón, describe nuestra bandera nacional como: “El campo o parte interior es de gules (rojo), carbunclo cerrado pomelado de oro, una esmeralda sinople (verde) en forma de losange en abismo. Timbrado de una corona de tres florones”. En el Libro de Armería la única representación de Nabarra era el carbunclo pomelado, pero sí había dos escudos de dos casas nobiliarias que utilizaban las cadenas metálicas, lo que confirmaba que el uso del carbunclo no era algo aleatorio.



Carbunclo pomelado: Los puntos de intersección de todos los trazos quedan cargados por las pomas que los unen. Cada trazo en su parte interior lleva dos pomas, menos los que llegan hasta los cantones (ángulos) diestro y siniestro del jefe (parte alta del escudo) que llevan tres.

La boca o perímetro es en forma de U, como corresponde a todos los escudos nabarros del Libro de Armería del reino de Nabarra. Es un tipo de blasón de gran antigüedad y que se ha utilizado en muchas armerías europeas.

Es significativo destacar que en las acuñaciones hechas en las cecas del viejo reino baskón anterior a la conquista no hay cadenas. Éstas aparecen por primera vez con el emperador germánico Carlos V de Alemania y I de Las Españas (aunque nunca usó esta segunda terminación pues no existía aún, sino la retahíla de reinos y condados donde era soberano). Tampoco hay cadenas tras la conquista en las cecas que se mantuvieron activas en el reino baskón en los siglos XVI y XVII, fundamentalmente las de Pamplona, Pau y Saint Palais-Donapaleu, las cuales tardarán en adoptarlas, y cuando las adoptan como en el caso de Pamplona, se reservan el carbunclo para las acuñaciones de mayor prestigio. 


Pieza acuñada por Enrique II "el Sangüesino" o "Zangotzarra", último rey de Alta Nabarra, testón de plata de 1576, ceca de Beárn, sólo hay carbunclos en esta ceca en ese siglo. La moneda se rodea de una "cadena".


Pieza de plata que acuñó Fernando II de Aragón "el Falsario" tras la conquista de Alta Nabarra (1512), carbunclo y "cadena" alrededor.


Pieza de oro de Carlos V de Alemania y I de Las Españas, el escudo de Nabarra aparece junto al resto de los reinos hispanos y Sicilia según se puede leer en la propia moneda ("hispaniarum reges" y "Siciliae"). El escudo nabarro lleva cadenas, es la primera vez que están documentadas. Sin embargo está moneda no está acuñada en Nabarra.

Cornado de Felipe III de Castilla y de Las Españas de 1617, donde aparecen claramente eslabones de cadenas, rodeada con la "cadena" en forma de orla, e incluso se observan todavía carbunclos en algunas de las uniones.


Felipe IV de Castilla (Philippus) y de Las Españas, pieza de 1652 de 8 escudos, son carbunclos y aparece la "esmeralda", se sigue por tanto usando el carbunclo en las piezas de mayor valor rodeada de la "cadena".



Doble de Luis XVI del año 1759, ceca del Beárn, sólo hay cadenas a diferencia de las monedas del siglo anterior.




En los escudos reales de los Austrias y de los Borbones españoles no se observan escudos de Nabarra. Los Borbones franceses firmaron siempre como "roy de France et de Navarre" (1593-1791), y también después las siguientes casas reales hasta la última en 1830, usando siempre las cadenas en el escudo de Nabarra (foto blog Nabarlur de Eneko del Castillo).

Por tanto, no hay cadenas en Nabarra antes de la conquista hispano-francesa y no las queremos después. Nabarra, sin cadenas.



POBLACIONES DE BIZKAIA AL INCORPORARSE A NABARRA

POBLACIONES DE BIZKAIA AL INCORPORARSE A NABARRA
Aitzol Altuna Enzunza

(Castillo bizkaíno del siglo X)

Tras la caída del Imperio Romano Occidental (s. V) y ante los ataques de los Pueblos bárbaros del norte como los hérulos o los visigodos, está arqueológicamente demostrado que los baskones volvieron a habitar las cuevas, buscando un refugio seguro. En la actual Bizkaia es el caso de Peña Forua (Forua), Santimamiñe, Sagastagorri (Kortezubi), Ereñuko Arizti (Ereño), Lumetxa (Lekeitio) y Goikolau (Berriatua). Además se constata la reocupación de los castros amurallados en los altos, en el caso de Bizkaia serían lugares estratégicos como el monte Malmasín (Arrigorriaga), sierra de Ganguren (Galdakano) o las faldas del monte Oiz en el duranguesado. Las primeras aldeas aparecen en Europa sobre al año 800, al bajar de nuevo la población de los castros amurallados. En esas fechas es cuando se abrirán claros en los bosques y en el litoral, pero éste último pronto se volverá peligroso por las incursiones normandas o vikingas. Es entonces cuando Bizkaia nació para la historia.

En la crónica neogótica de Alfonso III de Asturias escritas entre los años 886-909 (llamada también de Don Sebastián), es cuando se nombra por primera vez a Bizkaia ("Biscai"). El pasaje hace referencia a la vida del rey asturiano a Alfonso II el Casto (760-854), por tanto al período que sigue a la muerte del duque baskón Waifre a manos francas en el año 768 y la creación en el sur de Baskonia del reino nabarro, tras vencer los baskones en las Dos Batallas de Orreaga-Roncesavalles de los años 778 y 824 al ejército franco de Carlomagno y de su hijo Ludovico Pío respectivamente. En esa crónica asturiana se dice que Bizkaia, junto a Alaba, Orduña y Alaone (¿Aiala?), eran "tierras poseídas por sus moradores", además de las tierras de lo que era entonces el núcleo de los baskones apodados “nauarri” en las crónicas francas desde el año 769: Berrueza, Deio y Pamplona.

“Alabanque, Bizcai, Alaone et Urdunia, a suis reperitur semper esse possessas, sicut Pampilona, Deius est atque Berroza.”



El historiador Fernando Sánchez Aranaz en su trabajo “De la tenencia de Álava a los condado de Oñate y Salvatierra”, acierta al decir que a finales del siglo VIII “las crónicas hispano musulmanas de la época señalan la frontera de Álava en la línea formada por los montes de Oña, montes Obarenes y sierra de Cantabria (sic), con los pasos de Pancorbo, Cellorigo y Bilibio. (…) A este Semen Garcés, conde de Álava, lo sitúan las crónicas carolingias, en 850, como embajador del rey de Pamplona en Verbería, en la corte del rey de Francia Occidental Carlos “el Calvo” (...)". Por tanto, Alaba es la frontera sur entre musulmanes y los baskones cristiano-paganos del reino de Nabarra en los siglos IX-X, quedando el territorio de Bizkaia libre de los ataques musulmanes y francos.



En los siglos IX-X se recompone el ducado de Baskonia desde el sur como reino de Nabarra (al principio denominado de Pamplona), y entra en la historia Bizkaia coaligado al mismo. De estos oscuros siglos se encuentran dispersas por toda la geografía bizkaína sepulturas y necrópolis, así como piedras pertenecientes a lápidas o tumbas reutilizadas en ermitas posteriores con una mayor concentración en el duranguesado en las faldas del monte Oiz, lo que da a entender una mayor población en esa comarca que entonces se hallaba fuera de la Bizkaia nuclear.

Las construcciones de las primeras casas en esas aldeas altomedievales eran de madera y se las denomina “caserías”. Tenían techos de brezo y arbustos y las paredes de madera, por lo que no se han conservado, aunque sí se han encontrado restos de sus asentamientos en el suelo sobre la roca cerca de la parroquia del municipio costero de Gorliz, en las proximidades de la ermita de San Adrián de Elorrio (Argiñeta) o en los cimientos del caserío de Berriz de nombre Besoitaormaetxea con restos del siglo XI sobre los que se asienta el caserío actual del siglo XV-XVI. Son estas caserías el precedente de los posteriores caseríos baskones, donde la vivienda de las personas comparte techumbre con las cuadras de los animales domésticos e incluso sirve la casa de cementerio o sepultura bajo su “techo”, por tanto eran mucho más que un simple hogar.



(Evolución de una casería a un caserío, Besoitaormaetxea de Berriz)

(Prototipo de poblado Alto Medieval de Bizkaia. Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia- de la Diputación de Bizkaia)

La primera documentación sobre una “casería” es de finales del siglo XIII en la entonces capital bizkaína Bermeo, se trataría de la familia de Sancho de Galdakano asentada en la entonces en la capital o cabeza de Bizkaia. Los caseríos en su forma actual, primero de madera o caserías y después con las esquinas de mampuesto o incluso de sillería para predominar casi totalmente la piedra (con o sin entramado de madera), se empezaron a construir sobre los siglos XI-XII, imitando sus formas a la de los hórreos o “garaizak”, pues los primeros caseríos serían hórreos con sus bajos tapados por maderas para cerrar el espacio de la vivienda. Los hórreos se conocen desde época romana como “granjería sublimia”. La primera noticia de un hórreo que se tiene es su descripción por Marco Terencio Varrón, jefe del ejército pompeyano en el s. I a.C. : “Otros construyeron en sus campos unos graneros suspendidos sobre el suelo, tal como en la Hispania Citerior (…)”. Por tanto, cabe hablar de una evolución natural en el tiempo de la construcción popular baskona, el arqueólogo A. Llanos decía en su trabajo al respecto: “es fácil reconocer en las construcciones de nuestros pueblos y caseríos actuales unas técnicas (aparejos, de mampuesto, adobes, manteados de barro y entablamentos) exactamente igual que los utilizados en aquellos poblados de los que nos separan aproximadamente 3.000 años”.

(Cementerio de San Juan Bautista de Momoitio en Garai)

En Garai en el duranguesado, tenemos uno de los primeros cementerios comunales medievales de que da servicio a un pequeña población de esas primeras caserías en las laderas del monte Oiz. La posterior iglesia de San Miguel Arcángel fue reconstruida en el siglo XVI sobre otra anterior, por tanto tiene una de las primeras advocaciones baskonas llegada desde Aralar en el siglo XI; es además parroquia pero depende de la de San Torcuato de Abadiño. Al alrededor de esta parroquia se ha hallado una necrópolis, la cual es el paradigma de las “necrópolis de Oiz” o del duranguesado. Tiene esta necrópolis o cementerio una variedad extraordinaria de sepulturas de fosa cubierta con una o varias losas, en lajas etc. En el 1793 tenía la ermita 29 sepulturas en su interior, del siglo XI y anteriores, según el escribano e historiador Juan Ramón Iturriza natural de Berriz que da testimonio de las mismas.

También en Garai, en los alrededores de la ermita de San Juan Bautista de Momoitio (reconstruida totalmente siglos después), hay 113 sepulturas de los siglos II al XIV. Se han hallado 14 estelas funerarias e incluso terra sigilata de época romana, 3 anillos y 25 cuentas de collar, enterramientos con ritos paganos (hogueras y cenizas sobre todo) y cristianos. En época romana, sobre el siglo II después de Cristo, en este entorno de San Juan de Momoitio se asentó una población probablemente tras la desocupación del cercano recinto fortificado de Tromoitio, sito sobre el actual Garai, que hasta ese momento les había servido de resguardo y de hábitat. Sería una de las necrópolis alto medievales más importantes del duranguesado y de Bizkaia. Gracias a éstas estelas anafóricas de las tumbas, conocemos los nombres de algunos de los primeros habitantes de Durango: Aostarri, Hoitarri, Munnio, Sempronio o Anterazoni (nombres euskaldunes y latinos por tanto).

(Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia- de la Diputación de Bizkaia)

Estas primera poblaciones altomedievales se asentaron sobre las tierras comunales del “saltus vasconum”, pero, desde al menos el siglo IX, se empezaron a crear lo que se llamaban “korta”, “(x)sala” o “sarobe”, y en Castilla ser llamó “sel”, que no era más que un prado con una piedra en medio como señal de que una familia y su ganado apacentaba en ella. En un principio no era símbolo de propiedad sino un simple derecho de pasto frente a las construcciones temporales y pastos de paso anteriores: “terrenos pacederos en círculo perfecto que tienen en su centro un mojón llamado piedra cenizal”, y que también comprendían un albergue o borda y una arboleda de donde se suministraba la familia de leña y de diversos frutos naturales como la castaña, la nuez, la avellana o la bellota (“Historia de Euskal Herria Tomo II”). La situación cambió en los siglos XI-XII, cuando la propiedad de los seles pasó a manos de los monasterios, infanzones o parientes mayores -aunque los explotaba el pueblo-, pero no se cerrarán los mismos hasta el siglo XV cuando ya son totalmente privados y aparece el caserío moderno.

«No puede ni debe buscarse la existencia de un caserío originario» ya que surgen de manera conjunta, por centenares, en la última década del siglo XV (1490-1500), explica el arquitecto Juan Ángel Larrañaga, uno de los autores del libro “La arquitectura del caserío en Euskal Herria”: «Esto no significa que no existieran caseríos anteriores a esta fecha, pero eran otro tipo de edificaciones, de pequeñas dimensiones y cada una con su función: una para vivienda, otra para el grano» (…) «hay que romper el mito de que los caseríos los construían los propios labradores. Es falso. Los artesanos, actuales arquitectos, que también hacían otro tipo de edificaciones, como catedrales, son los verdaderos constructores del caserío». Hoy existen 24 tipos de caserío vasco, 10 de ellos en Bizkaia. El caserío de piedra con la datación más antigua inscrita en su construcción es de Arrazola en el valle de Atxondo en el duranguesado a las faldas del monte Anboto: "esta obra hizo Pedro de Abelelde D. Ribe t Aremiano MDXIX (1519)”. La principal característica del caserío o “baserri” (baso+herri= tierras en el monte) es la autosuficiencia.

(Mallabia, tumbas altomedievales de San Juan Goitia)

En el anterior artículo “Nabarra cristianizó Bizkaia”, hemos visto como no hay mención documental altomedieval alguna sobre cristianos en Bizkaia, y tan sólo una inscripción arqueológica incisa sobre una tumba de piedra. Tampoco hay testimonio documental o arqueológico de templos cristianos hasta que en el siglo XI Sancho III “el Mayor” primero y su hijo Sancho Garçea “el de Nájera” después, mandaron emprender una actividad litúrgica y constructiva frenética desde los cenobios interiores de los monasterios de San Juan de la Peña, San Salvador de Oña y San Millán de la Cogolla, con los obispados de Veleia, Armentia, Valpuesta-Auca, Nájera y Calahorra.

(Revista AVNIA, cruz patada inusual en la iconografía medieval bizkaina, usada por la familia real Nabarra desde Eneko Aritza)

Las primeras poblaciones estables que aglutinaron a los primeros bizkaínos, quedan atestiguadas por los restos arqueológicos hasta ahora encontrados de necrópolis y sepulcros probablemente paganos, así como la reutilización de sus lápidas o piedras incisas anafóricas o no en las primeras construcciones románicas nabarras con una simbología común y similar a la prerromana, justo cuando Bizkaia entró a formar parte importante del reino baskón creado por Eneko Aritza, vencedor en la Segunda Batalla de Orreaga-Roncesvalles frente a los francos, según las crónicas árabes y cristianas.


Estas primeras ermitas se construirán en los centros de reunión de las Juntas Vecinales que se celebraban siempre cerca de un árbol referencial, quedando constancia de la existencia de muchos de ellos desperdigados por toda la geografía bizkaína (normalmente un roble o una encina, pero podía ser un avellano como en las Enkartaciones): Morga-Aretxabalagana, Errigoiti-Idoibalzaga, Gederiaga, Gezur Aretxa en Galdakano, el árbol de Gernika en Luno, pero también en la Abellaneda, Orozko, Luiando etc. Convirtiéndose con el paso del tiempo en el centro de referencia de la que surgirán las ledanías o cofradías de las que hablaremos en el siguiente artículo, origen de las actuales anteiglesias y las posteriores villas de Bizkaia en el siglo XI y XII, cuando acabe de configurarse casi totalmente la organización política de Bizkaia.

Basándome en esas necrópolis, sepulturas, cuevas habitadas, restos de castillos y caserías, un listado aproximado de los núcleos de población de Bizkaia ya formados para el siglo X antes de la irrupción del cristianismo (aunque se va ampliando año a año), sería el siguiente:

Ibaizabal-Nervión:
- Galdakano: lápidas de Obispoetxe y otra piedra sepulcral fuera de contexto en San Asentzio de  Bekea.
- Arrigorriaga: San Pedro de Abrisketa (a la que también pertenecen las lápidas de Santa María) y el Castillo de Malmasín.
- Basauri: ermita de San Martín de Finaga.
- Zaratamo: lápidas de la ermita de la Ascensión (anteriormente Arrigorriaga) y de San Lorenzo de Zaratamo.
- Amorebieta-Etxano: San Bartolomé en Etxano, San Juan Bautista, Sarasua y San Vicente de Bediaga.
 
(Lápida altomedieval de Bekea, Galdakano)

Valle de Arratia:
- Zeanuri: San Urbano de Urkia, Santa Lucía de Altzusta, San Miguel de Altzusta, San Juan Bautista de Arzuaga, San Lorenzo o Lontxo de Otzerinmendi.
- Iurre: ermita San Cristóbal y Santa Lucía de Elgezua.
- Lemona: ermita San Pedro de Elorriaga.
- Dima: piedra hallada en el barrio de Lamindano.
- Artea: lápidas de la ermita de San Miguel de Elejabeitia.

(Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia- de la Diputación de Bizkaia)

Txorierri:
- Larrabetzu: en Zarandona y en la ermita de San Emeterio y San Celedonio de Goikolejea.
- Zamudio: ermita de San Bartolomé de Berreaga desaparecida en el siglo XIX, se trasladó su advocación a un nuevo templo construido en el siglo XVIII en el barrio de Geldo (Zamudio), en plena ladera del monte Berreaga.

(Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia- de la Diputación de Bizkaia)

Uribe:
- Morga: ermita de San Esteban Gerekiz en Aretxabalagana, San Martín de Morga y San Juan Bautista de Ganbe en Meaka.
- Gamiz-Fika: en la ermita de San Pedro de Fika.
- Muxika: estela discoidal en el caserío Aitzerrieta de Gorozika.
- Errigoiti: sepulcro altomedieval entre Santa María de Idoibaltzaga y el cementerio próximo, además de una piedra incisa en Santa Cruz de Bizkaigane de Metxikas.
- Maruri: piedra hallada en el cementerio.
- Gorliz: Larraganena.
- Meñaka: Andra Mari de Meñakabarrena y de Mesterika.
(Gerekiz, Museo Arqueológico, web www.Eleizmuseoa.com)

Urdaibai:
- Bermeo: castillo de Zarragoitxi.
- Ereño: en el castillo de Ereño, hoy ermita de San Miguel y la cueva de Arizti.
- Forua: cueva de Peña Forua.
- Kortezubi: piedra labrada con diferentes símbolos solares reutilizada en la ermita de Santimamiñe y la cueva de Sagastagorri.
- Mendata: posibles restos en San Miguel Arcángel de Mendata existan también restos.
- Gautegiz-Arteaga: San Lorenzo de Isla en Arteaga (Foto):

(Ermita de Ereñotzar, antiguo castillo nabarro)

Lea-Artibai:
- Munitibar-Arbatzegi-Gerrikaitz: Santa Lucía de Garai en Gerrikaitz.
- Berriatua: Santa Maria Magdalena de Arantzai.
- Zenarruza: en la colegiata.
- Bolibar: en Arta, necrópolis sin excavar.
- Munitibar: ermita de San Juan de Totorika.
- Markina-Xemein: en Iturrieta.
- Lekeitio: Lumetxa.

                (Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia- de la Diputación de Bizkaia)

Duranguesado en:
- Castillo de Astxiki sobre el monte del mismo nombre (Abadiano).
- Garai: en las ermitas de San Miguel Arcángel y San Juan Bautista de Momoitio. El conjunto sepulcral más interesante junto con el de Argiñeta de Elorrio, excavado recientemente.
- Iurreta: en las ermita de Andra Mari de Goiuria, San Cristóbal de Gaztañatza, San Mamés de Garaizar e Iglesia de San Miguel.
- Berriz: en las ermitas San Juan Bautista de Murgoitio, San Juan Evangelista, Santa María de Andikona, ermita de San Pedro y San Fausto en Eiatua, San Pedro de Legaño.
- Abadiño: en las ermitas Andra Mari de Muntsaratz, Santa Eufemia de Irazola, San Miguel de Irure, San Torcuato de Abadiño y en San Martín de Gaztelua en Santamañezar.
- Atxondo: en las ermitas de San Pedro de Apatamonasterio, Santiago Axpe, San Martín de Marzana y San Juan de Axpe.
- Elorrio: en las ermitas de San Adrián de Argiñeta, Andra Mari de Gazeta, San Esteban de Berrio, Santa Eufemia de Santamañazar, Santa Catalina de Berriozabal, San Bartolomé de Miota, Santa Cruz de Memaia, Santa Marina de Memaia, Santo Tomás de Mendraka.
- Izurza: en la ermita de Saniurgi de Bitaño y en Santa María.
- Mallabia: en las ermitas de Santa Maria y Nuestra Señora de la Asunción, San Juan Bautista de Zengotita, en Goitana.



(Mendraka. Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia- de la Diputación de Bizkaia)

(Conjunto de sepulturas de Argiñeta en Elorrio)


Margen izquierda del Ibaizabal-Nervión y Enkartaciones:
- Zierbana: necrópolis tardorromana y alto medieval de Ranes.
- Karrantza: necrópolis de San Esteban de Karrantza y escultura en San Miguel Arcángel de Ahedo

(Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia- de la Diputación de Bizkaia)

NABARRA CRISTIANIZÓ BIZKAIA

NABARRA CRISTIANIZÓ BIZKAIA
Aitzol Altuna Enzunza



“La introducción y el asentamiento del cristianismo, para los cuales se dan fechas muy diversas (válidas posiblemente las tempranas y las tardías a la vez, para diversas partes del país), contribuyeron a la consolidación del nuevo orden, cuya culminación podemos poner en el establecimiento del reino de Navarra, nuestra mayor realización política” Koldo Mitxelena en “Lengua común y dialectos vascos” (1981).




En el año 1025 Sancho III “el Mayor” reunió en el monasterio de Leire perteneciente al obispado de Pamplona a todos los obispos y grandes hombres del reino, además de al conde de Barcelona y a su tío y cortesano el conde de Gascuña Sancho VI Guillermo. Quería el nabarro hacerles partícipes a todos ellos de la reforma benedictina, resumible en “ora et labora” de los conocidos como “monjes negros” franceses de Cluny, cuyo abad y amigo personal de Sancho “el Mayor”, San Odilón, participó en el evento. La orden cluniense ya se había instalado un poco antes en San Juan de la Peña mediante monjes nabarro-aragoneses que se formaban en la famosa abadía de la Borgoña francesa. Este monasterio está situado cerca de Jaca en el norte de Aragón, entonces dentro del reino de Pamplona y tumba de varios reyes de Nabarra. Esta orden eclesial no dependía del obispado sino directamente de Roma.

El monasterio de San Salvador de Oña fue fundado en el año 1011 por Sancho García (conde de Castilla 995-1017) y su esposa Urraca Gómez. La primera abadesa de Oña fue Onecca (femenino de Eneko), hermana del conde castellano-leonés (tutora de Tigrida, hija de Sancho y menor de edad), la cual al morir en el año 1029 sin descendencia, legó todos sus numerosos bienes (en Burgos, Palencia y Trebiño) a su sobrina, prohijada y esposa del rey Sancho Doña Munia “la Mayor”. El propio Sancho III "el Mayor" reformó con la orden benedictina el monasterio donde fue después enterrado, eliminando además el convento de monjas en ese año 1033, para lo cual llegó desde San Juan de la Peña en el norte de Aragón el abad San Iñigo (escrito entonces “Ennego”), este monasterio jacetano fue fundado precisamente por Sancho III “el Mayor” en el año 1026.

Con este rey, el reino baskón alcanzó su máxima extensión y se consolidó definitivamente en Europa, todos los territorios de habla vasca estaban bajo su poder (salvo la taifa de Tudela), será llamado por los cronistas árabes "Señor de los Baskones" (amir al-bashkuns). También se le nombra como rey de “Wasconum gens” y de “Wasconum nationem”. El historiador bajo nabarro Pierre Narbaitz (1910-1984) en su libro “Nabarra o cuando los vascos tenían reyes”, concluye que: “Y resulta innegable que el iniciador de ese movimiento fue un gran rey de Nabarra (Sancho III "el Mayor"), al que todo el norte de España (sic.), y no solamente su reino, le debe una verdadera explosión espiritual y artístico. Los monumentos de arte románico, en concreto, todavía en la actualidad, dan testimonio de esa explosión” (edit.Txalaparta pág 127).

Sancho “el Mayor” dio carta de villa a Nájera donde residía la Corte de nabarra por aquél entonces y donde nació su primogénito en el año 1012 del mismo nombre que el padre, por lo que será conocido como Sancho Garçea III “el de Nájera” (traducible como “el joven Sancho”). Fundó Sancho Garçea Santa María la Real de Nájera donde será enterrado y recuperó ese mismo año 1052 Calahorra al emir hispano de Córdoba. En el año 1053 podemos decir que superó la obra eclesial de su padre al fundar el monasterio de San Millán (de Suso) de la Cogolla, también en La Rioja, y justo un año antes de morir en una épica batalla de Atapuerca en el año 1054 contra su hermano Fernando I "el Grande", rey de Castilla y León por parte materna. Recibió Sancho Garçea los santos sacramentos de San Iñigo de Oña en el mismo campo de batalla.


Bizkaia dependía primeramente de los obispados alabeses, en opinión del bilbaíno Andrés Eliseo de Mañaricúa (Bilbao 1911-1988), que es el historiador que más ha indagado sobre esta cuestión. Según Mañaricúa, el primer obispado alabés habría sido el de “Velegia” en la actual Iruña de Oka. Este historiador identifica este obispado con la “Beleia” (sic.) del itinerario de Antonino del siglo III (la copia conservada es del siglo IV) y de "Notitia dignitatum" de la cancillería romana del s. V, que es además citado en la crónica albeldense en el siglo X con su obispo Alvaro de "Velegiae" (sic.). Mañaricúa identifica el obispado veleiense con la Vitoria Vieja de los documentos y escritos épicos del siglo XIII (sobre todo en "De Rebus Hispanie" de Ximénez de Rada), llamada así en confrontación a la villa nabarra de Vitoria Nova, fundada sobre la puebla de Gastehiz por Sancho VI "el Sabio" a finales del siglo XII.

Este obispado posteriormente se habría trasladado a Armentia a las afueras de la actual Vitoria-Gasteiz. Comenta A. Mañaricúa sobre Bizkaia: “Que a finales del siglo XI, este territorio se incorporara a Calahorra no es argumento para deducir que a ella perteneciera en tiempos anteriores. Y menos aún si tenemos presente la circunstancia política en la que se dio dicha incorporación” (“Obispados en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya”).



Por tanto, la Bizkaia nuclear como la comarca de Durango dependieron del obispado Armentia desde el siglo X y hasta su desaparición a finales del siglo XI, cuando pasará a depender del obispado de Nájera primero y poco después del de Calahorra, tras la invasión temporal castellana de 1076 por la felonía de los López de Haro. Los obispos de Alaba de los siglos IX, X y XI hasta ese año 1076, firman como obispos “in Álava et in Vizcaia”, lo que no deja dudas sobre la separación de ambas y la no-pertenencia de Alaba y Bizkaia al obispado castellano de Burgos, ni a Castilla, y mucho menos a Asturias.

El historiador bizkaíno J.A. García Cortázar junto a otros autores escribía: “En los siglos X-XII los pequeños monasterios de las Encartaciones van a depender del gran monasterio de Oña y obispado de Valpuesta, mientras que los de Bizkaia y Álava lo harán de San Millán de la Cogolla con los obispados alternativos de Armentia-Calahorra-Nájera y los de Guipúzcoa de Leire y San Juan de la Peña (Jaca) con los obispados de Pamplona y Bayona (éste hasta el siglo XVI), todos monasterios del reino de Pamplona-Nabarra” (“Introducción a la Historia Medieval de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya en sus textos”). Junto a las Enkartaciones, las comarcas hoy bizkaínas de Orozko y Orduña, así como los valles alabeses de Ayala y de Llodio, dependían del monasterio de Oña y del obispado de Oca-Valpuesta.

El obispado de Valpuesta sustituyó temporalmente al de Oca o Auca tras la conquista musulmana de gran parte del territorio de la diócesis, después fue reconquistado por los baskones en el siglo IX que la restauraron, por lo que pasó a pertenecer al reino de Pamplona-Nabarra desde ese siglo de los primeros cartularios con palabras castellano de Valpuesta hasta que fue conquistada toda Castilla Vieja y la Bureba por el reino de León entre los años 1054-1076, pasando finalmente la diócesis de a Burgos en el año 1087 (https://lehoinabarra.blogspot.com/2016/06/el-origen-del-castellano-en-valpuesta-y.html). 



Impulsará además Nabarra el Camino de Santiago por su territorio y será el Camino de la Costa el que se usará al principio en los siglos IX-X. También se usará el llamado Camino baionés o vasco de la Llanada alabesa en esos siglos por donde discurría anteriormente la importante calzada romana “Vía Asturica”, pero era más inseguro. El llamado “Camino francés”, que es el que recorren ahora la mayoría de los peregrinos, fue precisamente desarrollado bajo el reinado del rey nabarro Sancho III el Mayor y después por su nieto el rey nabarro-aragonés Sancho Ramírez “el Restaurador” a finales del siglo XI. Este Camino de Santiago fue tomando relevancia a medida que la frontera musulmana-cristiana fue descendiendo y estabilizándose hacia el Duero en el siglo siguiente.

El arte románico de la Nabarra occidental, pero también el de los Pirineos y el del resto del reino, es el arte de estilo arquitectónico “románico nabarro” introducido por Sancho III el Mayor (1005-35) y sus descendientes mediante la reforma Cluny, que convirtió a nuestro reino en puntero en toda Europa. Este arte se extiende durante los siglos XI (primer románico), XII (románico pleno) y XIII (románico tardío) desde el monasterio de Leire.

Por tanto, la vida de este estilo artístico románico nabarro introducido por Sancho III el Mayor y sus descendientes desde el monasterio de San Salvador de Leire, tuvo como referencia episcopal los grandes monasterios interiores del reino, los principales para Bizkaia fueron los monasterios de San Millán de la Cogolla (La Rioja) y San Andrés (o San Prudencio) de Armentia hasta el siglo XI, aunque hay algunas donaciones de ermitas bizkaínas y otros bienes en el siglo XI a San Juan de la Peña en Aragón. El origen de la mayoría de las iglesias y ermitas de la Nabarra marítima hasta Santoña en Trasmiera cuando menos (Santa María del Puerto, Santoña, fundada en 1042 por Garsea III “el de Nájera”), así como de muchas de Castilla Vieja y La Bureba (Burgos), Alto Aragón, La Rioja o Gascuña, están construidas por orden de reyes nabarros o caballeros nabarros en este estilo románico nabarro.





LA CRISTIANIZACIÓN DE BIZKAIA

Bizkaia era una comarca más englobada en el ducado de Baskonia, al menos durante los gobiernos de Otsoa I Lupo y su hijo Eudon I el Grande (años 670-734). Cuando el ducado de Baskonia cayó en la anarquía tras la muerte en el 768 de su duque Waifre a manos de los francos, surgieron diferentes organizaciones regionales. La más importante fue la creada al sur de Baskonia por los llamados “nauarri”, que ya aparecen documentados en las crónicas francas sólo un año después, en el año 769. El reino de Pamplona-Nabarra tuvo a Eneko Aritza como primer soberano a partir del año 824 tras las Dos Batallas de Orreaga-Roncesvalles. Será Eneko y su hijo del mismo nombre, junto a su familia de caudillos pirenaicos, quienes fueron aglutinando todas las fuerzas baskonas hasta volverlas a englobar en los siglos X y XI.

En las Genealogías de Meyá o Roda (970-992) escritas en las Cortes nabarras y descubiertas en la diócesis de Urgell (Santa María de Meyá, Lleida), es donde aparece la primera referencia de un “Comitis Biscahiensis”, por tanto ya dentro del reino de Pamplona. Bizkaia era una unidad política libremente adherida al reino de nabarro mediante el matrimonio de la princesa nabarra “domna Belasquita, usor fruit domni Momi Comitis Bizcahiensis”. La princesa nabarra Belasquita aparece firmando con su padre el acta fundacional de San Martín de Albelda en La Rioja en el año 924. La Bizkaia nuclear iba en esos siglos desde el río Ibaizabal en su desembocadura (llamada Nervión en textos romanos pero no por la población), hasta la ermita de San Andrés de Astigarribia en Mutriku junto al río Deba, según consta en un documento de la época.

Andrés E. de Mañaricúa asevera que la lápida romano-cristiana de Morga del año 362 es “la primera inscripción cristiana conocida en la Península (…) Aunque una simple decoración de cruces no sea por si solo un argumento (…) es un indicio digno de mencionar la cerámica de barro fino decorada con cruces en relieve hallada junto a restos humanos en la cueva de Goiko-lana en Berriatua. Según su descubridor J.M. De Barandiaran es de tipo de la edad del hierro y parece ser de los primeros siglos del cristianismo en el País, desde luego anterior al siglo V” (“Estudios acerca de la cristianización del País Vasco” Labayru Ikastegia -2013-).

También se han encontrado presencia de cristianos en época romana en Forua debajo de la iglesia de San Martín, pero tras la caída del Imperio Romano Occidental, la religión judeocristiana tardó cinco siglos en volver a aparecer en Bizkaia, aunque sí se mantuvo en el centro y sur alabés. “Para encontrar nuevos restos arqueológicos que expresamente denoten su cristianismo, hemos de llegarnos al siglo IX”, dice A. Mañaricúa en el trabajo mencionado: “Esta escasez de restos (…), que no es privativa de la vida religiosa de nuestro pueblo sino común a todos los demás aspectos de su historia en estos siglos, ha movido a algunos historiadores a retrasar en no poco la introducción de cristianismo en Vizcaya y Guipuzkoa”.

El estudioso de la historia y el arte vasco Juan Plazaola Artola (1919 San Sebastián -2005), lo razonaba así: “La fundación de monasterios es quizás el signo manifestativo más elocuente de una difusión de fe y la vida cristiana. En el siglo X la cristianización del País Vasco meridional –escribe Lacarra- se propaga por iniciativa privada; gentes que se retiran a hacer vida religiosa creando monasterios de un solo clérigo o de varios por el sistema actual (…). En el siglo XI el cristianismo sigue haciendo progresos en la masa rural y muchos de esos monasterios de iniciativa privada entran bajo la regla de una gran abadía. Entre los siglos X-XI esa especie de colonización eclesiástica se va produciendo por Bizkaia (…)” (“Historia del arte vasco”).

El antropólogo español Julio Caro Baroja era de la misma opinión: “En suma, hasta el siglo IX no hay datos que permitan pensar que hubiera cristianos en parte de Guipúzcoa, Vizcaya y el extremo norte de (Alta) Navarra. En el siglo X puede ser que se empezara la cristianización sistemática” (“Los pueblos del Norte” 1973, p.137).

Por tanto, la introducción definitiva del cristianismo en toda Gipuzkoa y Bizkaia se produce dentro del reino de Pamplona-Nabarra (s.XI-XII), aprovechando para ello la plenitud a la que llega el reino baskón en esos siglos, además del impulso tanto comercial como cultural que suponía el Camino costero de Santiago, que tenía una ruta principal en Bizkaia (dos en el caso de Gipuzkoa), pero que contaba con numerosos ramales que impregnaban todo el territorio bizkaíno y gipuzkoano con templos que extendieron el románico nabarro y la influencia de la Iglesia Católica.

El primer historiador bizkaíno, el banderizo Lopez García de Salazar del siglo XV, confirma el hecho de la fundación de “monasterios” por parte de la corona Nabarra, en el sentido de iglesias de patronato laico bien realengas o bien diviseras confirmadas en un documento por Garçea “el de Nájera”. Habla el banderizo de una primera fase, relacionada con la lucha contra los musulmanes que correría a cargo de los caballeros (por tanto alejada de tierras bizkaínas, gipuzkoanas y del norte de Alaba), una segunda fase donde es la corona la que funda monasterios al aumentar la población y para consolidad su poder, y sólo en una tercera fase la iniciativa vendría de Roma con el aumento de las villas y la construcción de iglesias en ellas para cobrar el diezmo, por tanto más en los siglos XIII-XIV y dentro ya del estilo gótico tras la conquista castellana de la Nabarra Occidental.

(Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia-" de la Diputación de Bizkaia)

Según la tradición recogida por el escribano José Ramón Iturriza y Garate (Berriz 1741-Munitibar 1812), es Santa Lucía de Garai en Gerrikaitz (municipio actual de Munitibar-Arbatzegi-Gerrikaitz), la primera de todas las iglesias de Bizkaia. Esta ermita se encuentra a los pies del monte Oiz por la ladera Norte. Según esta tradición, el día de la virgen y de la Primera Batalla de Orreaga, el 15 de agosto del año 968, durante la celebración de la misa y tras la comunión, un águila tomó una calavera de una osera cercana y tras llevarla por los aires, la dejó caer en un campo de hierbas en Bolibar, al otro lado del monte Oiz, "cenaorriac", y allí se erigió la colegiata de Zenarruza (Ziortza). Sin embargo, su datación más antigua se remonta al siglo XI.

En toda la Bizkaia nuclear y duranguesado, anterior al siglo XI, tan sólo se puede asegurar que sea cristiano un sepulcro. Se trata de una de las enormes moles de piedra acumuladas desde diferentes lugares del duranquesado en la ermita de San Adrián Argiñeta en Elorrio, la cual tiene la inscripción que dice “in Dei nomine Era 921”, Era Hispana que corresponde al año 883 del actual calendario gregoriano (utilizado desde el siglo XVI). En otro artículo daremos el nombre de los lugares donde han aparecido este tipo de tumbas y otras de la misma época, así como todos los textos del siglo XI que hacen referencia a diferentes lugares de Bizkaia. En las Enkartaciones, hay sólo dos documentos del obispado de Valpuesta del siglo X donde se mencionan las iglesias enkartadas de San Cipriano de Pando en Karrantza y Santa María de Pobeña.


(Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia-" de la Diputación de Bizkaia)

Tras la creación del Camino Francés y desde el s.XII, el Camino Costero era de uso puntual, no tanto por lo montañoso del terreno sino sobre todo por la peligrosidad de su gente, según se recoge en el Concilio de Trento que excomulgó oficialmente por este motivo a todos los vascos además de por paganos (1562-1563), sin que, hasta la fecha, se haya levantado tal excomunión. Aunque parece que el motivo era más bien otro: tras la conquista castellana se les prohibió a los obispos de Bizkaia, a sus vicarios y a sus representantes la entrada en el señorío, incluso hubo acuerdos en tal sentido de las Juntas de Bizkaia como la del año 1487. El Fuero viejo de Bizkaia de 1452 ya se remarcaba que: “en el dicho condado no entrase obispo ni sus vicarios ni otros”, esta cuestión fue eliminada del Fuero Nuevo del año 1526, pero parece que costó mucho más tiempo que tuviera efecto. Con ello los bizkaínos evitaban pagar censos y diezmos, así como la influencia política de los obispos castellanos.

JJ López de Ocáriz y F. Martínez de Salinas "Arte románico en Álava"