15 AGOSTO, ASKATASUN EGUNA

15 AGOSTO, ASKATASUN EGUNA
Aitzol Altuna Enzunza


“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños” Marco Tulio Cicerón (s. I a.C.).

El reino o Estado de Nabarra fue creado por los baskones que sobrevivieron a la caída del Imperio Romano Occidental que tuvo lugar en el año 476, y después, a todas las invasiones bárbaras que llegaron tras su destrucción.

Por tanto, fue creado por el Pueblo que resistió a los siglos de colonialismo y explotación romana manteniendo su cultura, idioma y legislación propia, institucionalizando ese poder en un Estado, llamado sobre el año 600 ducado de Baskonia y después reino de Pamplona o de Nabarra tras las Dos Batallas de Orreaga-Roncesvalles contra los francos: el 15 de agosto del año 778 -Askatasun Eguna- y en el año 824, donde fue aclamado como rey el baskón Eneko Aritza.

El reino baskón fue atacado y roído constantemente por sus enemigos entre los años 1054 de la Batalla de Atapuerca y 1620 del Edicto de Unión, "Utrinque roditur", año éste en el que nació el último baskón o nabarro libre.

Fueron 1144 años de libertad (476-1620) y 52 jefes de Estado: una docena de duques de Baskonia y 40 reyes y reinas de Pamplona-Nabarra. Desde entonces, los intentos de insurgencia para liberar nuestro Estado han sido numerosos, pero ninguno nos ha llevado a conseguir de nuevo la ansiada libertad. 

El gran emperador franco Carlomagno llegó a Zaragoza en mayo o junio del año 778, pero la fortaleza de la rica ciudad musulmana Zaragoza que estaba sublevada no se rindió. Carlomagno la sitió con sus 10.000 soldados. El franco Carlomagno se sentía el nuevo emperador de Roma e intentaba extender el Sacro Imperio Germánico, lo que la historia conocerá como el Primer Reich.

Los baskones, venidos de todas partes de Bsskonia, no parecían ofrecer resistencia, pero cuando Carlomagno y su magnífico ejército salían ya a campo abierto en una fila desordenada de más de 10 kilómetros de vuelta a su país tras saquear Pamplona-Iruña, miles de baskones atacaron desde las montañas al grueso del ejército carolingio, el prefecto de Bretaña y sobrino de Carlomagno, el duque Roldán, los guiaba. La victoria baskona fue total y Roldán murió en el fragor de la batalla. Según la tradición franca, los 12 pares de Francia, las 12 familias más importantes del reino franco, murieron en la misma.

El poeta sajón Agilberto, un siglo después de los hechos, versificó en cinco libros los acontecimientos, basándose en fuentes muy conocidas en su época: “como [Carlomagno] hubiera llegado, a su regreso, a la zona más interior del Pirineo y, con sus tropas exhaustas, estuviera ya franqueando los estrechos desfiladeros que se abren entre sus collados, los baskones con un ejército ligero y su duque o jefe de Estado a la cabeza, se atrevieron a tenderle una emboscada al pie de la cumbre de esas montañas e intentaron combatir de nuevo.

En fin, habiendo atacado a la retaguardia del ejército del rey, primero abaten a los soldados con proyectiles, lanzados desde la altura de sus colinas. La desventaja del estrecho lugar puso a los francos en condiciones de inferioridad, aunque aventajaban a los atacantes en armas y en valor”.

Esta Batalla es el día de la independencia de los nabarros, “Askatasun Eguna”, cuando el Pueblo Baskón se autodeterminó y decidió ser libre.

Esta victoria supuso un respiro al imperialismo franco para los baskones y para muchos Pueblos europeos que quedó en los anales de la historia de Europa y creó las bases del Estado nabarro, el cual nacerá oficialmente desde el sur del ducado de Baskonia en el año 824, tras otra victoria baskona contra el hijo y nieto de Carlomagno, Ludovico Pío y Pipinio, otra vez en el desfiladero de Orreaga, cuando el Pueblo baskón se organizó de nuevo a modo de Estado encabezados por su caudillo Eneko Aritza alzado sobre su escudo tras jurar primero respetar las leyes o Fueros. Eneko tuvo como aliados en la batalla a sus hermanos uterinos de los Banu Casi, terratenientes baskones del sur convertidos al Islam.

Nabarra dejó oficialmente de ser reconocido en todo el mundo como un Estado ocupado en el año 1841, más de 1.000 años después de que los baskones lo crearan para su propio gobierno, hace tan solo 178 años. 

Sucumbió, una vez más, ante las armas del ejército español en La Primera Guerra Carlista o Foral, pese a estar el Pueblo nabarro alzado por la libertad y contra el imperialismo, es decir, por los Fueros o leyes del Estado nabarro que nos dimos mientras fuimos libres y que tan tenazmente conservaron y defendieron nuestros antepasados, los nabarros libres. 

EL EUSKERA EN LA RIOJA ANTES DE LA INVASIÓN ROMANA

EL EUSKERA EN LA RIOJA ANTES DE LA INVASIÓN ROMANA
Aitzol Altuna Enzunza




Aunque la mayor parte del territorio de La Rioja hoy configura una provincia española del mismo nombre, también son riojanas las tierras del río Cidacos en Soria, La Rioja alabesa, la comarca de Biana-Los Arcos en Alta Nabarra y la comarca de Belorado o “riojilla” en Burgos, tierras marcadas por la depresión del río Ebro a su paso por este territorio. Incluso hay autores que incluyen la comarca de Tarazona en Aragón, como el historiador Eduardo Aznar Martínez en su libro "Tierras, gentes y voces, el legado de La Rioja" (ed. Pamiela 2017). 

A la llegada de las legiones romanas, en el territorio riojano habitaban diferentes Pueblos, de los cuales los autores romanos dan vagas referencias. Se trata cuando menos, de los autrigones en La Rioja Alta, los berones en la zona media y los baskones en la zona baja. Por el Sureste, serían baskonas las ciudades de la actual Rioja Baja como Calahorra o Alfaro, así como la cuenca del río Cidacos en Soria. Los baskones bajarían por el río Gallego, el río Aragón y el Arba hasta los montes de Castejón. La Rioja alabesa actual y los municipios de San Vicente de la Sonsierra-Ávalos, según el antropólogo Julio Caro Baroja entre otros, serían también baskonas.



La conquista del Ebro baskón empezaría en el 179 a.C. con la creación de Graccurris o “ciudad de Gracco” sobre la Ilurcis indígena (actual Alfaro, La Rioja, ilu/uri= ciudad), la cual acabó con las Guerras Sertorianas (77-72 a.C.) y trajo la fundación de Pamplona con los legionarios veteranos de estas guerras (Pompailun o ciudad de Pompeyo, 75 a.C.). Después vinieron unos años de relajamiento y mediante las llamadas Guerras Cántabras gobernando el emperador César Augusto terminaron los romanos con la conquista de toda la península ibérica  (años 29-19 a.C.), lo que incluía los últimos reductos de los Pueblo euskaros del cantábrico y sus montañas como los autrigones. Está documentado y arqueológicamente contrastado que los celtas llegaron con estas legiones romanas para conquistar a los Pueblos aquí asentados, así como la repoblación parcial del territorio con esos legionarios en el territorio de la Baskonia alto medieval.



También está documentado el avance del Pueblo baskón frente a los celtíberos en la comarca del Ebro que estos dominaban: entre Varea (Pueblo de los berones, castro hallado a las afueras del actual Logroño) y Alagón (baskones, Ribera Alta del Ebro a 25 km de Zaragoza). Todo parece indicar que este Pueblo sí “pactó” con las legiones romanas o colaboró en la conquista romana como el caso documentado de Calagurris (Calahorra, tomada en el 72 a.C.), siendo incluso la guardia personal de César Augusto, lo que les permitió ensanchar su territorio a costa de los celtíberos que les estaban presionando e intentando ocupar sus territorios. Es significativo que las tres grandes ciudades baskonas tuvieran una parte de su nombre en euskera: Calagurris, Graccurris-Ilurcis y Pompeillun.

(Para más información se puede comprar el libro: https://www.amazon.es/Desmontando-vasconizacion-tardia-Aitzol-Enzunza/dp/1544020503)

“Se puede afirmar que, cuando finaliza el período republicano (romano), solamente las tierras de la Rioja Baja, con Graccurris y Calagurris como núcleos más importantes, se encuentran totalmente romanizadas. En cuanto a las zonas correspondientes a las actuales Rioja Media y Alta, en lo que era propiamente el territorio berón, subsistían en buena medida los usos y costumbres de las gentes que habitaban allí antes de la llegada de los romanos. Esta pervivencia de lo indígena es todavía más acusada en las zonas montañosas de los valles altos del Cidacos, Jubera, Leza, Iregua y Najerilla, habitadas por comunidades pastoriles que, salvo contadas excepciones, no recibirán la influencia romana hasta bien avanzado el siglo I d. de C.” (Libro “La Rioja, espacio y sociedad" editada por la Fundación Caja Rioja).


M.M. Sáez de Jubera y J.M. G. Perujo en su libro “Onomástica vasca en la Rioja” (1998) son del mismo parecer que Merino Urrutia y mencionan a Julio Caro Baroja para decir que: “se mostró también a favor de la continuidad de la lengua vasca, desde la época de los autrigones, en área entre el Cantábrico y La Demanda”. De esta misma opinión fue el conocido filólogo y lingüista Antonio Tovar (Valladolid 1911-Madrid 1985). Incluso en la actual capital riojana, Logroño (Varea): “la permanencia cultural indígena es mucho mayor”.

Estos mismos autores comentaban en el libro mencionado que: “Es precisamente en las zonas menos romanizadas y más agrestes donde se hacen más evidentes los elementos euskéricos en la Edad Media, en el área de influencia de Libia y con más intensidad en zona serrana meridional, La Demanda o Arandio, Urbión y Cebollera". Se trata del castro de la Oliva en el actual municipio de Herremelluri, ciudad romana de Libia sobre el río Tirón cerca de su confluencia con el río Oja, el cual dará ya en la Edad Media el nombre a toda la comarca: “Rio-Oja”.

El historiador e investigador riojano J. J. B. Merino Urrutia (Ojacastro 1886-Getxo 1982), defendió la existencia de la lengua eúskara en La Rioja desde época prerromana, ya que la toponimia euskaldún se concentra en los sistemas montañosos más elevados del centro-norte (la Sierra de la Demanda), y no encontraba razón histórica alguna para que se hubiese despoblado en algún momento.




Un bronce hallado en una tumba en Roma en el año 1908 conservada en el museo Capitolino y que data del 89 a.C., habla de jinetes de la “Tvrma Sallvtana” (“u” y “v” se leen igual) que participan en las legiones romanas a los que se les concede la ciudadanía por haber ayudado a Cneo Pompeyo el Magno en la toma de la ciudad italiana Ascoli o Ásculo, por lo que es conocido como “El bronce de Ascoli”. Estos jinetes eran legionarios de Cesaraugusta-Zaragoza (Salduba) y su comarca hasta Segia (Ejea de los Caballeros), pero del Pueblo o gentes baskonas-suesetanas, además de otras poblaciones como los mencionados libenses de Libia. En el listado hay nombres euskéricos -sobre todo entre los padres mientras que los hijos aparecen latinizados- y otros íberos o de influencia íbera; significativamente también, ninguno celta. Los soldados berones (según la asignación más aceptada, frontera con autrigones) de Libia son: “Umarillun, Adimels, Tarbantu y Bastugitas”, los primeros claramente euskaros.



Según el historiador nabarro Manex Goyhenetche (1942-2004) en su libro “Historia General de País Vasco”, están en euskera: Cacusin chadar, Sosinaden sosinasae, Sosimilud sosinasae, Urgidar Luspanar, Gurtano Bituro, Elandus Enneges, Agirhes Bennables, Nalbeaden Agerdo, Arranes Arbiscar, Umargibas Luspangig, Beles Umarbeles y Balciadin Balcibil. La deformación o adaptación al latín de los nombres indígenas es también manifiesta. Tenemos un “Enneges” y “Ennegensis” por ejemplo (raíz Eneko), nombre que reaparecerá como Ennecus entre los primeros reyes baskones del reino de Pamplona-Nabarra en el siglo IX (romanzado después como Iñigo).

En el Bronce de Botarrita (de 40x10 cm), Contrebia Belasca en el río Huerva, están en lengua celtibérica pero en letras ibérica, es el texto celtibérico más extenso, es un listado de nombre, gentilicio, patronímico y función: como Abulu, Letardu etc. En palabras del historiador de la universidad de Zaragoza Guillermo Fatás Cabeza, los nombres de las ciudades baskonas y los bronces de Ascoli como el de Botarrita y Contrebia, confirman que “el euskera se hablaba en la época romana hasta el Ebro Medio”. Tanto el filólogo gipuzkoano Koldo Mitxelena (1915-1987) como el antropólogo español Julio Caro Baroja (1914-1995), señalan que muchos nombres entre los baskones son íberos (lo cual es extensible a los bardulos y karietas de la actual llanada alabesa), bien por moda o bien por bilingüismo.



Además, existen estelas por toda La Rioja, algunas con inscripciones en euskera y las que no son romanas con temática común a todos los Pueblos euskaros a ambos lados del Pirineo. Sobre los berones y autrigones que siguen a los baskones Ebro arriba, el profesor de Historia Antigua de la Universidad de La Rioja y su antiguo rector, Urbano Espinosa (1945) analizando las 19 estelas halladas de esta época en la comarca de la Rioja, comenta en el trabajo más importante realizado sobre ellas que: “la elementalidad teórica de ejecución y la distancia geográfica y cronológica entre algunos ejemplares no pueden pertenecer a una “officina lapidaria”, sino que deben derivar de la homogeneidad social y cultural de las gentes que las tallaron, lo que indica un reducto del iberismo (se refiere a los Pueblos euskaros) en estos espacios serranos. El no celtismo se ve en los temas, símbolos y onomástica. En ellas, el uso del latín en ocasiones denuncia su ausencia de conocimiento escrito”.



Las palabras en euskera en toda La Rioja primeros siglos de nuestra Era de estas estelas serían: Agirseni (San Andrés de Cameros, berones) Lesuridantar, Aemilia, Onso, Oandissen, Aranciris, Arathar, Sesenco, Onse, Agirsar, Attasis (Atta con el genitivo latino) etc. Además, en La Rioja soriana remontando el río Cidacos (baskones) en Valloria tenemos “Oandiseen”. Estas estelas tienen una continuidad en la Edad Media de la comarca con otras 54 estelas con los mismos motivos indígenas, por lo que la supervivencia de la población euskaldún quedaría demostrada.

El lingüista gipuzkoano Luis Nuñez Astrain en su libro “Euskera arcaico” (2003) era de la misma opinión: “las inscripciones halladas en los valles altos de los ríos Iregua y Leza (Agirsar, por ejemplo, aparece cerca del nacimiento del Iregua) apoyan una posible presencia vasca antigua en territorio berón”.



Ninguna de estas estelas riojanas tiene los conocidos símbolos y adornos celtas prerromanos y después tampoco las conocidas cruces celtas laureadas, por tanto, no tienen relación con estos Pueblos. En los Concilios de Toledo de los siglos V-VII, se emitieron órdenes expresas para prohibir el uso de las estelas funerarias sin conseguirlo del todo. En el siglo XI con el cambio de milenio, se expandió la cultura autóctona de estelas por toda Nabarra coincidiendo con el primer románico introducido en la Península Ibérica desde el monasterio de Leire por el rey nabarro Sancho III el Mayor (1005-35).

En el libro “La Península ibérica en los comienzos de su historia”, el arqueólogo, historiador y miembro de la Real Academia de la Historia de España, Antonio García Bellido (Ciudad Real 1903-Madrid 1972), matizaba: “Ahora bien, tales pueblos no eran celtas, ni lo fueron nunca, aunque su cultura se nos aparezca hoy con claros rasgos de celtización. La razón de ello es la efectiva presencia en estas tierras o en sus proximidades de elementos celtas inmigrados y porteadores de una cultura superior (vivían ya en posesión de hierro) que acabaron de celtizar a los indígenas precélticos”.



Los arqueólogos descartan el celtismo de estas estelas del Ebro riojano que son producto de los ritos indígenas de los diferentes Pueblos euskaros prerromanos de la zona (simbología común), qué decir más al norte de la misma. “Dicho esto, no puede descartarse totalmente la posibilidad de que la colonización lingüística y material de tipo indoeuropeo haya afectado profundamente a las zonas bajas e intermedias del Tirón, más apropiadas para la creación de asentamientos urbanos, mientras que en el sector montañoso pudo haber seguido perviviendo entre las gentes un substrato indígena de raigambre vasco-ibérica” matiza el propio Rufino Gómez Villar. Esta apreciación fue ya apercibida anteriormente por Julio Caro Baroja, el cual también apoyaba la antigüedad prerromana del euskara en La Rioja.


Si remontamos el Ebro otra vez por su afluente el Tirón hasta la "riojilla burgalesa", el catedrático Rufino Gómez Villar (Belorado 1952), experto en historia de la comarca, sobre la población romana de La Mesa en Belorado, fundada después de la conquista del territorio por Roma, comenta que: “esta civitas fue un asentamiento levantado ex novo por parte de alguna unidad militar romana, compuesta de tropas itálicas o de celtas hispanos medianamente romanizados, en un número suficiente para subsumir a la población autóctona». En ella ha aparecido la típica “tesera hospitalis”, un pez en bronce con textos en celtíbero, pero grafía íbera, fíbulas de caballito, hebillas etc. todas ellas típicas de enterramientos celtas. Todo ello nos permite: “constatar que en la región se desarrolló en los siglos cercanos al comienzo de la era cristiana un foco cultural característico del área celtibérica, sin puntos de contacto, aparentemente, con el mundo vasco”. Es otro claro ejemplo de la colonización romana con celtíberos del Ebro medio o celtas de otras regiones el Imperio Romano, lo cual no tendría mucho sentido si los allí asentados también lo fueran.



Es decir, el Pueblo celtíbero llegó a las depresiones del Ebro beronas y autrigonas con las repoblaciones romanas y se situó en las cuencas de los ríos más importantes, pero la población indígena se retiró en gran parte hacia la montaña. Otras poblaciones romanas de repoblación celta en la comarca serían al menos Tenobriga (¿?) o Deobriga (cerca de Miranda de Ebro, territorio autrigón). La palabra “Briga” sería al parecer celta con el significado de “Ciudad, fortaleza en alto”, pero sólo aparece en abundancia en diversa toponimia romana por toda la península ibérica y no fuera de ella (con alguna excepción aislada en los Alpes suizos), lo cual es contradictorio o al menos no sería lo esperado (https://es.wikipedia.org/wiki/Briga).




Los últimos libros y estudios importantes sobre el euskera en La Rioja son del historiador y antropólogo de Fitero Eduardo Aznar Martínez, el cual en su libro “El euskera en La Rioja” (Ed. Pamiela 2011) comenta al respecto: “…la existencia de un amplio conjunto toponímico y onomástico vasco medieval en todo el territorio autrigón, y que al igual que en el caso riojano, es bastante difícil que haya surgido de una repoblación tardía y apresurada”. Por tanto, según los antropólogos, investigadores del euskera arcaico, arqueólogos e historiadores más prestigiosos del siglo XX y los nuevos del siglo XXI, el euskera o un protoeuskera, era el idioma de estos tres Pueblos prerromanos que habitaron La Rioja actual.



EL EUSKERA EN EL DUCADO DE BASKONIA (GASCUÑA-BEÁRN)


EL EUSKERA EN EL DUCADO DE BASKONIA (GASCUÑA-BEÁRN)
Aitzol Altuna Enzunza




El sonido del euskara no resulta extraño a los Pirineos, a nuestro Auñamendi (al pie la montaña), ni al Norte ni al Sur de la cadena montañesa que nunca fue obstáculo sino refugio del euskara, nexo vertebrador entre la Baskonia aquitana y la ibérica, como las bautizó el historiador suletino y parlamentario de la Nabarra libre Arnauld de Oihenart en el s. XVII. Sólo hay que pasar siglos y guerras hacia atrás para que la primera lengua europea resuene con su inconfundible sonido en las montañas, en los valles o los pueblos de Pirineo, pero también en la Ribera de los grandes ríos de Baskonia, la única voz no indoeuropea en el occidente continental.


Los celtas fueros los primeros en hacer retroceder al euskara, sobre todo al Norte, entre los ríos Loira y Garona, después los romanos crearon numerosas ciudades en la rica Novempopulania o Aquitania donde quedaron enclavados los “ausko” con su plural latino “auski”, el cual nos da el gentilicio aquitano (auski+tano). Ciudades construidas a imagen de Roma y donde se hablaría latín en alguno de sus dialectos. Pero las ciudades de Novempopulania o Aquitania III eran bilingües (o trilingües), pero el campo seguía siendo baskón, euskaldun monolingüe. El poeta bordelés Ausonio en sus cartas con San Paulino en el siglo IV, trata de salvajes y paganos a los baskones de los bosques pirenaicos. San Paulino en una carta a Ausonio decía: “Si alguien, sin mácula de debilidad, gasta su vida en un bosque baskón, su carácter inmaculado como antes, no se ha infectado de la barbarie de sus huéspedes”.

Pero no es hasta la caída del Imperio Romano Occidental cuando los francos terminen de generalizar el término “waskones”, pues los ven como un único Pueblo y no hay posibles interpretaciones en otro sentido: son todos baskones por la lengua que hablaban, el euskara. Así, el historiador franco Gregorio Tours en el 587 hablaba de "Wasconia" con "w", ya que en latín la palabra “baskones” se pronuncia [uuáskones]. Los escritores griegos o helenizados escribían "ouascones", los musulmanes desde el siglo VIII escribirán por primera vez con "b".

Tal y como señalaba B. Estornés Lasa en la Enciclopedia Auñamendi, en euskera: “la v. Esta última no existe en vasco y es difícil probar que haya existido nunca”. El área anti-v, en mayor o menor grado, cubre toda la zona de prehistoria originariamente protovasca: Gascuña, Vasconia, Pirineo catalano-aragonés, Languedoc y Castilla la Vieja. En cambio, la u vasca, colocada entre vocales, o precediendo a la vocal a, en ua, ya no es una pura u sino que tiene algo de consonante al estilo de la w inglesa. Este sonido vasco es el que luego ha debido pasar a v, como en Nauarra y Navarra, uasco y vasco (…) En conclusión podemos deducir que la tendencia a escribir con v- es propia de los latinos, la tendencia a escribir con w es de los germanos, y la tendencia a escribir con b es de los iberos, árabes y vascos romanizados”. El nombre “baskón” no existe en euskera donde la forma empleada sería “euskaldun” (eusko+era+dun).

(Nabarlur, Eneko del Castillo)

Tras la caída del Imperio Romano, se creó el ducado de Baskonia por la resistencia de un Pueblo que ya ejercía como una unidad política en todo su territorio mediante su familia ducal contra el intento de domino de visigodos, francos o musulmanes. Sus estructuras políticas soberanas o Estados, fueron llamados Baskonia primero y Nabarra después (s. VI-XVI)

Pasaron varios siglos en los cuales el ducado de Aquitania (Garona-Loira) en manos de los francos se disputaba el ducado de Baskonia a Nabarra (la parte continental https://lehoinabarra.blogspot.com/2019/03/baskones-contra-francos.html). En el año 1033 los duques de Baskonia y los reyes de Pamplona-Nabarra estaban emparentados como se estuvieron desde sus inicios, hasta tal punto que el duque de Baskonia Sancho Guillermo vivía en la corte de su sobrino Sancho III el Mayor, al que dio el vizcondado de Lapurdi primero y le hizo duque de Baskonia a su muerte. Pero el duque Guillermo de Aquitania, vasallo del rey francés, y que estaba casado con la hermana de Sancho Guillermo, aprovechó la muerte de Sancho III el Mayor para invadir el ducado de Baskonia para su hijo Eudes o Eudón, aunque la resistencia fue importante y la ocupación no fue definitiva hasta 1063.

(Diócesis de Lapurdi-Vizcondado de Lapurdi originario. 
Nabarlur. Eneko del Castillo)


Sancho Guillermos creó para Sancho III el Mayor el vizcondado de Lapurdi, mucho más extenso que en la actualidad, con territorios de Baja Nabarra y Oarso en la actual Gipuzkoa hasta el valle de Hernani. Lapurdi estaba separado del ducado de Baskonia por el río Atturri (Adour) que desemboca en Baiona, el cual quedó como la nueva frontera. Recordemos que en el año 1130 el rey de Nabarra Alfonso I “el Batallador” expulsó de Baiona al conde de Aquitania y Tolouse Guillermo X “el Teólogo”, el cual se había encerrado en ella para seguir con su expansionismo, para ello contó con escuadras bizkaínas, gipuzkoanas y labortanas, algunas construidas exprofeso sobre el mismo río Adour. Baiona volvió a Gastón de Beárn, conde de Baskonia y Lapurdi, vasallo del rey nabarro. Baiona era en esa época el principal puerto nabarro y de todo el Cantábrico y donde Alfonso I en su testamento dice que empieza el reino de Nabarra bajo su cetro.

Baiona sucumbió definitivamente a las tropas aquitanas. En el año 1193, el vizconde nabarro de Lapurdi Guillermo Raimundo de Sault o Zaldua (1192-1197) cedió sus derechos al conde de Aquitania Ricardo “Corazón de León” que había recibido el ducado de su madre Leonor de Aquitania. El último vizconde de Lapurdi fue sustituido por un funcionario llamado “baile, bayle, balio” aquitano, equivalente a las figuras coloniales de corregidor en la Nabarra Occidental y al virrey de (Alta) Nabarra, perviviendo los Fueros o el derecho pirenaico.

Aun así, Lapurdi y Zuberoa mantuvieron un doble vasallaje al reino baskón (https://lehoinabarra.blogspot.com/search/label/TENENECIA%20DE%20ZUBEROA). Ricardo heredó de su padre Enrique II de Plantagenet la corona inglesa y se casó con la princesa nabarra Berenguela para pacificar el territorio de la Baskonia continental, pero la prematura muerte de Ricardo sin descendencia frustró el acuerdo (https://lehoinabarra.blogspot.com/search/label/TENENCIA%20DE%20LAPURDI). El retablo de Aralar habría sido un presente de boda del aquitano a Berenguela. Entre los 1193 y 1234 se creó Baja Nabarra, tierras que se mantuvieron en la corona de Nabarra hasta el final de su soberanía (https://lehoinabarra.blogspot.com/search/label/TENENCIA%20DE%20BAXE%20NAFARROA).


El norte del antiguo ducado de Baskonia dominado por Aquitania se romanzó rápidamente y será llamado Gascuña (se escribirá realmente “Wasconia” durante siglos). No es hasta el año 1453 cuando Lapurdi, Zuberoa y Gascuña quedaron en poder de Francia que arrebató el territorio poco a poco a la corona de Aquitania-Inglaterra durante la “Guerra de los 100 años”, nombre que nos da la idea de la conquista gradual que se produjo de la Baskonia continental por Francia.

(Baskonia dividida en tres Estados desde 1134. Nabarlur, Eneko del Castillo)

Durante la Guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia pero en territorio continental, las tropas del ejército francés de Carlos VII encabezadas por el vizconde del Beárn, Gastón de Foix, tomaron en 1449 Zuberoa y su castillo de Maule, en 1450 Lapurdi y un año después Baiona. Gastón de Foix era un vizconde independiente en su Estado del Beárn desde el siglo XIII, pero rendía vasallaje al rey francés por otras posesiones.

Estaba además casado el bearnés con Leonor, hija de la reina de Nabarra y de Juan de Aragón, por lo que contó con la ayuda de las tropas Nabarras en la toma del castillo de Mauleón, rendía Gascón también vasallaje a los reyes de Nabarra, siempre que no fuera en una guerra contra el rey de Francia. A la muerte de Juan de Aragón, Gastón de Foix fue el nuevo rey consorte de Nabarra.

En el año 1479 con la llegada a la corona nabarra de los Foix, el hijo de Gastón, Francisco Febo I (1479-1483) era rey de Nabarra, vizconde de Bearne y copríncipe Andorra, Estados igualmente soberanos bajo la misma corona (del mismo modo que “Las Españas” o el imperio austrohúngaro después). Pero será vasallo del rey francés en su territorio de Foix, así como en los condados del antiguo ducado de Baskonia continental o Gascuña de Bigorra, Marsan, Gabardan y Nebouzan. Además, poseerá Castellbó en alto Urgell. En el año 1522 se añadirán a la corona nabarra los territorios de los Albret al casarse la hija de Francisco, Catalina I de Nabarra, con Juan de Albret o Labrit, los condados gascones de: Albret, Tartas y Armañac y los aquitanos de Perigord y Limoges.



Durante los años 1527-30 Los soldados nabarros de Enrique II de Albret el Sangüesino con sus aliados bearneses, gascones y franceses, liberaron Baja Nabarra que también había sido tomada Castilla-Las Españas en la conquista de 1512, para ello contaron con la ayuda de la población contraria a su integración Castilla. Tal y como el sangüesino dejó escrito, el reino de Nabarra comprendía: “Guipúzcoa, Bizcaya y Alaua (sic.) y mucha parte de Rioja hasta el olmo de Burgos (…) como las sepulturas que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parecen las armas de Navarra, así como en Logroño y en otros lugares, que de poco acá se han borrado”.

En el año 1620 se produjo la ocupación militar de la corona Nabarra compuesta por los Estados de (Baja) Nabarra, Andorra y Bearn por las tropas del rey de Francia Luis XIII, al entrar el ejército francés en sus Cortes y Estados Generales pese a la resistencia armada del pequeño ejército nabarro-bearnés.

Eneko Del Castillo comenta que en el año 1593 los reinos de Nabarra y Francia tenían el mismo rey Enrique III de Nabarra (IV de Francia) pero su asesinato en 1610 provocó que su sucesor, Luis XIII uniera ambas coronas. Desde entonces la Baja Nabarra (incluida Zuberoa) y el Bearne fueron convertidos en una provincia francesa más con sede en Pau: Basse Navarre et Bearne. Lapurdi en cambio fue integrado en la provincia de Guyenne et Gascogne.

(Nabarlur. Eneko del Castillo)


EL EUSKERA EN GASCUÑA Y EL BEÁRN

“No hay razón para dejar de admitir que en Aquitania se habló vasco hasta la Edad Media” Julio Caro Baroja (1915 Madrid- 1995 Bera) “Sobre la lengua vasca y el vasco-iberismo”.

Luis Nuñez Astrain (1939-2009 Donostia) en el libro "El Euskera arcaico” comentaba al respecto: “Esta comarca soportaba en época romana una población alta y un comercio intenso por el río Garona con Burdeos como principal puerto. El profesor Joaquín Gorrochategui ha estudiado comparativamente la densidad de nombres vascos y de nombres galos en las lápidas latinas de cada zona de Aquitania y ha llegado a la conclusión clara de que la lengua vasca era netamente dominante en la cuenca del Adur (Baiona-Dax/Akize, pueblo de los tarbelli, los más rebeldes a la conquista romana) y en las zonas altas próximas a los Pirineos -oeste y sur de Aquitania- mientras que la lengua céltica de los galos penetraba desde su territorio propio en Toulouse y orilla derecha del Garona hacia la orilla izquierda -norte y este de Aquitania-, desvasquizándola”.

El historiador ronkalés Estornés Lasa (Isaba 1907-Donostia 1999) explicaba que existen en las estelas funerarias numerosas palabras en euskera entre los “ausko” de lo que era la provincia romana de Aquitania. En total se han encontrado en Aquitania aproximadamente unos 400 antropónimos y 70 teónimos, muchos de ellos en euskera en todo o en parte. Se calcula que sólo el 25% aproximadamente del euskera inscrito en los mismos se entiende a través del euskera actual, por lo que es muy probable que estemos descartando palabras que sí son euskera por ser términos ya perdidos. Los sitios de aparición de estos nombres son: Baudéan (Hautes-Pyrénées y Haute-Garonne), Saint-Aventin Saint-Bertrand-de- Comminges, monte Gar, Luchon, Cadéac, Ardiège, Saint-Gaudens, Loudenvielle, Cardeilhac, Saint-Pée-d'Ardet, St.-Béat, Gourdan etc.

Tal y como recoge B. Estornés Lasa (1907 Isaba – Donostia 1999) en sus libros sobre los “Orígenes de los vascos”, un resumen de esas primeras palabras escritas en euskera sería: “Aher Ama Amoena Andere Arix Arte Asto Atta Bai Begi Bele Bels Berri Bihox Bihox Buru Erdi Erri Garr Gison Har Gorri Idi Ili Illun Ilur Itur Ituri Lapur Larra Larra Lehen Lur Neska Sembe Osto Lex Oia Ocho Vasco Viriatu etc. De estas palabras coinciden con el euskera actual sus propios sufijos y la sintaxis de composición cuando se trata de nombres compuestos o de nombre y adjetivo como enhar belz”.



La presencia del euskera en toda Baskonia mientras ésta fue libre es un hecho innegable (s. VI-IX). Es más, la desaparición del euskera de Gascuña incluida el Beárn se precipitó durante del Guerra de los 100 años, quedando reducidos sus hablantes al Pirineo. En el caso de los vizcondados de Lapurdi y de Zuberoa, su independencia administrativa de Aquitania primero y de Francia después, permitió que el euskera apenas retrocedieses salvo en Baiona-Anglet donde competirá con el gascón, con dos burgos, el euskaldun y el gascón como en la actualidad. La situación es mejor en Baja Nabarra, situada entre ambas y libre de la presión imperialista al seguir dentro del reino de Nabarra.

La Enciclopedia Auñamendi señala que cuando el “Ducado de Vasconia pierde la lengua aborigen quedando fragmentado lingüísticamente en tres zonas, la de habla propia y las romanizadas gascón y navarro-aragonés de la Ribera navarra, Alto Aragón y Rioja, que permanecieron largo tiempo bilingües. La supervivencia de nombres euskéricos en la mitología gascona y, sobre todo, la densa toponimia vasca en territorio gascón actual estudiada por Corominas, el nombre Vasconia = Gascuña y, sobre todo, su historia medieval, dejan ver a las claras que el actual país de habla vasca es un territorio residual de esa Euskalerria medieval”.



El idioma gascón y su dialecto bearnés, son fruto de la sobre posición del latín y del euskara, idioma éste del que derivarían el 20% de las palabras en gascón. Como algunos de ellos señalan con orgullo hoy, los gascones serían “vascos romanzados”. Estos dos idiomas se diferencian claramente de los idiomas occitanos, pese al intento de éstos de integrarlos como un dialecto de la “lengua de Oc” o idiomas “occitanos”.

Según la Enciclopedia Auñamendi, Gerhard Rohlfs (Le Gascon, Pau, 1970) “ha estudiado detenidamente el gascón, dice que no nos hallamos ante uno de los dialectos del dominio provenzal, sino ante un idioma que por sus peculiaridades se aproxima a lo que consideramos como lengua independiente. Una opinión parecida sostenía ya Luchaire, verdadero fundador de la filología gascona, cuando dice que por su situación sobre el territorio de una vieja lengua iberoeuskariana -la de los antiguos aquitanos-, el gascón tiene un lugar aparte en el conjunto de dialectos de la lengua de Oc y que merece ciertamente una atención particular de los romanistas”.

Del mismo modo se expresa el provenzalista alemán Carl Appel: "Si en alguna parte hay una frontera absoluta entre los dialectos de Francia, es en la frontera del Garona, que separa los dialectos bearneses y gascones de los de Languedoc. Es pura convención separar del complejo occitano la lengua del Roussillon, pero no el gascón".



En la Aquitania medieval, la cual no era un Estado independiente sino un apéndice de la corona franco-francesa, el euskera fue barrido por los idiomas romances salvo en el Pirineo central. El caso del Beárn, que sí era un Estado independiente y al cual podemos considerar el último reducto del ducado de Baskonia en la parte continental, el euskera también se limitaba desde su creación en el siglo XIII a extensas comarcas del Pirineo, pero su situación era algo mejor al ser aceptado por la administración bearnesa, por lo que sobrevivirá junto al bearnés hasta el presente. 

El euskera era de uso común en el siglo XIII-XIV en Bigorra (Gascuña), al Este del Beárn y en la Euskal Herria continental actual. En el registro de impuestos del valle Uhaitz (Ühaitza) en Beárn del año 1385 (cercano a Zuberoa), los nombres de muchas casas están en gascón y en euskara, lo que demuestra el uso de ambos idiomas.




Juan Iñiguez de Ibargüen de la merindad de Zornotza sobre el año 1588 escribió su “Crónica General Española y Sumaria de la Casa de Vizcaya, y su antigua fundación y Nobleza”. Se cree Ibargüen fue el escribiente del santanderino García Fernández de Cachopín, por lo que su crónica sobre Bizkaia es llamada de Ibargüen-Cachopín. La crónica es poco rigurosa en cuanto al pasado de Bizkaia - como tantas otras de la época-, pero sí que aporta el testimonio directo de dos personas sobre hechos de los que son testigo, además de una importante recopilación de folclore, dichos, refranes (como el canto de “lelo”) o de leyendas. El autor nos da también información sobre el euskera que se hablaba en cada municipio bizkaíno, e incluso los lugares en el que aún se hablaba a finales del siglo XVI:

“(...) este bascuençe antiguo se habla perfectamente como de primero en su principio en la probinçia que agora es llamada Viscaya, y lo mejor y más claro de ello y más elegante y pulido en la tierra que está entre Vermeo y Durango. El cual lenguaje bascongado muy çerrado y con otros munchos açentos y sonidos diferentes lo usan y hablan tanbién en las probinçias de Guipúscoa, Nabarra, Álaba y Gascuña y comarcas çercanas, y los unos muy más çerrado que los otros”.

“(…) Y esto pasó tan adelante que oy día a cualquiera bascongado mediante este abuso todos en general les llaman proprios vizcaínos, siendo, como son, fuera destos originarios de Vizcaya, otros munchos bascongados, llamados guipuscoanos, bascones, nabarros, alabezes y otros que hablan bascuençe, aunque corruto, que no cuento por pasar de largo en cosas que me parece lo debo hazer”.

Aunque la frontera idiomática entre el euskera y el gascón se supone que es Baiona, en 1679 el Marques d´Aulroy en su libro “Relation du voyage d´Espagne” comenta que las mujeres de Baiona saben francés pero que de común sólo hablan euskera. Pero en 1729 el peregrino de la Ruta Xacobea Guillourme de Marier se tiene que hacer entender en Baiona por señas al no encontrar quien sepa francés, que parece lo conocía sólo las clases más altas: “Fuimos a Baiona, la capital de Bizkaia (sic.) o de los “Basque” (…) nuestra principal dificultad fue la desaparición del francés, y no por el español sino sólo se oía bizkaíno, más difícil de habla que el alemán”. En esos siglos “bizkaíno” era sinónimo de euskaldun.



En el Beárn se habló euskara hasta los siglos XVI-XVII y en muchos pueblos hasta el siglo XVII. En el libro mencionado Luis Nuñez Astrain (2003), comentaba que en el Beárn también se habla de forma extensa el euskara junto al romance bearnés hasta el siglo XV cuando menos. En las comarcas gasconas de Bidaxune y Gixune se sabe que perdura el euskara cuando menos a finales del siglo XVIII.

La Revolución Francesa de 1789 hizo que todo cambiara. Se creó el departamento de Basses Pyrénées que además de la Baja Nabarra y el Bearne incluía las comarcas de Lapurdi y Zuberoa. Al principio se dividió en tres distritos vasconabarros (Uztaritze, Donapaleu y Maule) y tres bearneses (Pau, Oloron y Orthez), pero la eliminación del distrito de Donapaleu en 1800 supuso la desaparición definitiva de la Baja Nabarra como entidad jurídica en Francia. En el mapa de L.L. Bonaparte de 1863 podemos comprobar como son solo dos distritos (Baiona y Maule) los que abarcan a la población vasconabarra, la cual es notable también en muchas poblaciones bearnesas como Eskiula y los colindantes valles de Josbaig y Baretos.



1810-12 de Eugene Coquebert de Montbret (París 1755- Egipto 1831) funcionario francés, hizo un estudio estadístico sobre los idiomas de todo el imperio francés y realizó los primeros mapas lingüísticos de la Euskal Herria, las mugas del euskera eran según este trabajo de campo: “En dedans/ ochagavia en navarre/ iriberri/ aoiz/ sarauen/ larraona/salvatierra/ la puebla (de Labarca? de Argazón?)/ Orduna/ Salcedo (cerca de Miranda de Ebro). Tout Ie guipuscoa est Basque”.

Por el norte: “Martori (Lestelle Saint-Martory, departamento Alto Garona, Saint-Gaudens). Ce village parle Indifferemment Basque et Bearnais, mais appartient au district Basque (De Candolle - 1807), Dep t des basses Pyrenees. on parle basque dans la commune d'Esquiule qui appartenait au beam et qui fait partie de l'arrond t d'Oloron” (…) “on croit que la Bastide de Clairence (La Bastida, Baja Nabarra) a ete formee par une colonie venue de Bigorre et que c'est par cene raison que Ie gascon y est la langue dominante. Le basque n'est entendu que par un petit nombre d'hab' de cette commune qui est cependane fort avancee dans Ie pays Basque dans bp de communes de langue francaise une partie des hab' entend Ie Basque”.

Y añadió: “la langue basque ou escuare qui se parle sur Ie territoire français dans les arrondissements de Bayonne et de Mauleon et sur Ie territoire espagnol dans Ie Guipuscoa, l'Alava, une partie de la Biscaye, de la Navarre et des montagnes de Santander”.



Aún hoy se habla euskara en el pueblo bearnés de Eskiula, donde por una de sus casas pasa la “muga” entre el Beárn y Zuberoa, además de en los pequeños núcleos de población de Aramitz, Inhaze, Arkantze y sobre todo Jeruntze. En Zuberoa la influencia de gascón-bearnés es también medieval sin desplazar al euskara, pero el francés no se impone desde Paris de manera absoluta hasta las dos Guerras Mundiales (1918-1939), cuando empieza a generarse un sentimiento nacional francés entre los euskaldunes, el cual no existía hasta entonces (https://lehoinabarra.blogspot.com/2014/07/la-persecucion-sistematica-del-euskera.html).





EL EUSKERA EN ARAGÓN

EL EUSKERA EN ARAGÓN
Aitzol Altuna Enzunza



Las danzas del Pirineo aragonés tienen un notable parecido con las vascas, como es el caso de los paloteaos. En una de esas danzas se grita: "¡Viva Sancho Abarca!", rey nabarro y aragonés del siglo X.

Además, es conocida la costumbre común de administrar justicia bajo un árbol y otras muchas más como el tizón de Navidad o Subilaro dentro de la religión precristiana que se extendía por todo el Pirineo, con genios como el Basajaun o Simiot y los Mairu o Majus. También existen deportes comunes como el lanzamiento de la barra o la pelota a mano “al estilo vasco”. Por tanto, nuestra raíz cultural vasconabarra-aragonesa es la misma, ya que todo el Pirineo ha formado una misma unidad cultural desde la prehistoria hasta hace no tanto tiempo (https://lehoinabarra.blogspot.com/2016/05/el-enigma-de-los-mairubaratz-una.html).

El que fuera jurista y catedrático bizkaíno en derecho y experto en temas forales, Adrián Celaya Ibarra (1917-2015), llamó la atención sobre la afinidad existente entre los usos y costumbres de las diferentes regiones pirenaicas de ambos lados. Es destacable el caso de la herencia, la cual recae en uno solo de los hijos, lo que evita la fragmentación del solar y de los bienes inmuebles, lo que se ha llamado “testar a la nabarra” (“Derecho Foral y Autonómico Vasco”, tomo I, 1984). Añadía Adrián Celaya que: “Navarra aparece en la Historia como reino al menos en el siglo IX. La tradición hace remontar su origen al llamado Fuero de Sobrarbe promulgado en una cueva del monte Uruel al tiempo de proclamar el primer rey”, tradición que se repite con Eneko Aritza, primer rey de Nabarra alzado como tal en una cueva del valle del Roncal y cuyo escudo está presente en la bandera actual de Aragón.

El fuero de la villa de Jaca dentro del Camino de Santiago, fue otorgado por el rey de Nabarra y Aragón Sancho Ramírez sobre los años 1076-77, con el cual buscaba el monarca favorecer la repoblación de la comarca con francos y eliminar los "malos fueros" o impuestos abusivos. Este fuero es la base de los demás fueros de villa del reino de Nabarra, empezando por el de Lizarrara-Estella de 1090 y el de Sangüesa del mismo año, e incluso el de los burgos de Pamplona San Cernín, Nabarrería y San Nicolás. El fuero de Estella se extendió por toda la Nabarra marítima o por La Rioja, incluso después de la conquista castellana.

Aragoneses y nabarros fuimos gobernados por los mismos reyes desde Eneko Aritza en el siglo IX hasta Alfonso I El Batallador en 1134, pero además compartimos el idioma baskón, nabarro o euskera como vamos a ver (https://lehoinabarra.blogspot.com/2014/08/origenes-de-aragon-la-cruz-de-eneko.html).




UN ARAGONÉS EL PRIMER EUSKALDUN DOCUMENTADO

La primera vez que aparece escrita la palabra “euskera” hace referencia a un aragonés. Es en Huesca hacia el año 797, se trataba de Bahlul ibn Marzuq ibn Uskara, tradición oscense recogida por el geógrafo musulmán Al-Udrí en el siglo XI. El historiador artajonés Jimeno Jurío en su obra "Capítulos de la historia del euskera" contextualizó el hecho: “En el siglo XI un geógrafo musulmán, Ahmad ibn Umar al-Udrí (1003-1085), recogió una tradición sobre los Banu Salama. Contaba que, al entrar los musulmanes en al-Andalus, llegaron a Huesca y la tuvieron asediada durante siete años hasta que los cristianos se entregaron, abrazando unos el islam y pagando otros el amán.

Los tuchibíes (tribu árabe) Banu Salama tuvieron sometida la ciudad durante muchos años, con gran descontento de la población. Para librarla de los opresores, Dios, envió un libertador, Bahlul ibn Marzuq, el cual derrotó y dio muerte a los Banu Salama, y luego se apoderó de Zaragoza. El Libertador Bahlul, era hijo de Marzuq ibn Uskara. Marzuq, hijo de Uskara era padre de tres hijos varones, y «había llegado por el norte» a un castillo de la Barbitania (actual Barbastro). El investigador Cañada Juste se pregunta si Marzuq sería «hijo tal vez de un vascón llamado Uskara». El euskaltzain Txomin Peillen comentaba que “Está claro que Uskara no es nombre árabe ni bereber, sino indígena, y en aquella época significaría euskaldun. Es sintomático que el hijo de Marzuk ibn Uskara fuera un hombre llegado del norte (comarca del Pirineo), euskaldún o vascohablante y fuera celebrado en Huesca como libertador contra un clan musulmán opresor” (Mikel Burgui http://ujue-uxue.blogspot.com).



Uskara es “euskara” en dialecto ronkalés y en los dialectos aquitanos. El euskara de ese valle era el mismo que el del siguiente valle hacia el oeste y el primero de Alta Nabarra, el Ronkal. En todos los valles altos fronterizos entre Alta Nabarra y Aragón, se habló euskara al menos hasta el siglo XVI y en algunos hasta el siglo XX como detallaremos a continuación.

El que fue investigador y canónigo archivero de la catedral oscense, A. Durán Gudiol en su trabajo “De la marca superior de al-Andalus al reino de Aragón, Sobrabe y Ribagorza, Huesca” (1975), analiza cómo en fecha imprecisa entre los años 858 y 893 se produjo una interesante alteración de tipo colonizador en la comarca abierta a los pies del valle de Ansó, llamada Llano de Ansó a lo largo de la Edad Media. Se trataba de gentes procedentes del valle nabarro de Salazar y del Bailés que se establecieron en el Llano y poblaron las villas de Biniés, Tolosana y Orrios. Si tenemos en cuenta que el valle de Salazar es la cuna de uno de los dialectos vascos, el salacenco, y que aún hoy día, según Koldo Mitxelena, puede ser bien estudiado en pueblos como Esparza, Oronz y Jaurrieta, es lógico suponer que las gentes que en el siglo IX repoblaron el Llano de Ansó debieron ser vascoparlantes.

En 1984 otro investigador altoaragonés, Enrique Satué Oliván, se hacía eco de la presencia en Nocito en la comarca de la Hoya de Huesca ya en el llano, en las inmediaciones del Santuario de San Urbez (sic.), de una necrópolis de tumbas antropomorfas excavadas en roca, posiblemente del siglo X, y que correspondería a las incursiones de la monarquía nabarra acompañadas de repoblación (“Nocito valle del agua” Serrablo n.º 52 -1984-).

(Castillo de Loarre, mandado construir por Sancho III el Mayor de Nabarra en el siglo XI)

Los romanos e hispano-musulmanes son los que redujeron el territorio del euskara por el Sur y Sureste, entre los Pirineos y el Ebro. El Pirineo se mantuvo firme en su cultura indígena durante el imperio romano, tal y como demuestran los textos de la época, como las cartas entre Ausonio y Paulino del siglo IV, aunque hubo comarcas repobladas dentro del reino de Pamplona-Nabarra tras la invasión musulmana que comenzó por el sur peninsular en el año 711 sin que su huestes se asentaran en zonas pirenaicas, siendo muy efímera la presencia de los bárbaros godos y francos, salvo en el Este de la cadena montañosa o en la comarca mediterránea de la actual Catalunya (https://lehoinabarra.blogspot.com/2019/03/baskones-contra-francos.html).

Durante el reino nabarro y la repoblación de la comarca, los castillos que se construyeron tienen nombres en euskera tal y como señala Iñaki Sagredo Garde en su libro “Navarra, castillos que defendieron el reino, Sancho III”: “los castillos de Alto Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, construidos bajo el reino navarro, tienen nombres en euskera como Urbel, Arreba, Loarre o Ainsa”.

Comenta Gartzen Lacasta en su trabajo “El euskera en el Alto Aragón” del que tomamos parte de estas notas, que “La comarca del Alto Aragón constituye una unidad con características muy peculiares y bien diferenciadas del resto de la actual región aragonesa, como bien ha destacado, entre otros, Julio Caro Baroja. Simultáneamente, tal como observaremos en el apartado Notas históricas, destacan las afinidades entre el Alto Aragón y el territorio que en otros tiempos constituyó el antiguo reino de Navarra. Suele aplicarse este nombre a la franja comprendida entre la línea de altas cumbres pirenaicas y otra línea paralela, imaginaria, que pasaría no muy distante, al sur de la ciudad de Huesca. Comprendería un poco más de la mitad norte de la provincia de Huesca, con los partidos judiciales de Barbastro, Benabarre, Boltaña, Huesca y Jaca, así como el actual partido judicial de Ejea de los Caballeros, en provincia de Zaragoza, al que fue incorporado en 1965 el de Sos del Rey Católico”.

El lingüista gipuzkoano Koldo Mitxelena (1915-1987) comentaba al respecto: “En nuestro caso, el punto decisivo del problema está en que los hechos medievales navarros y pirenaicos en general, sean lingüísticos o no, no han nacido de la nada, sino que han de tener antecedentes, antecedentes que en buena parte parecen difuminarse en el largo hiato documental. que va del Bajo Imperio hasta más o menos el siglo X» (Notas lingüísticas a «Colección diplomática de Irache», FLV, n.º 1 -1969-). El propio Mitxelena en “La lengua vasca” (1977) sentenciaba: “(…) aunque aquí no parece haber testimonios directos, los nombres de lugar, que Corominas viene estudiando sistemáticamente, apoyan inconfundiblemente la tesis de que en los altos valles pirenaicos se conservaron hasta muy entrada la Edad Media hablas de tipo éuskaro, muy al este de la actual Vasconia (…)”.

En el Real Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca, cuna espiritual del reino de Aragón y fundado por Sancho III el Mayor de Nabarra, la documentación de entre los siglos XI al XII son frecuentes los nombres de monjes en euskera: aitano-eitano, garceiç, amunna, enneco scemenones, andregoto, annaia, auria (euria), Aznar, Belasco, Iaun, Ozaba etc. Incluso actualmente en el vocabulario del Alto Aragón trasciende vocabulario euskaro como: Apurra, Arañón, Arto/Arte, Atarria, Biritaco, Bizcarra, Borda, Caparra, Cartola, Cozcorro, Chicolí, Chingarra etc.

Es decir, las zonas Pirenaicas más al norte se conservó mejor el euskera que en las tierras conquistadas por los godos y los hispano-musulmanes después, aunque al integrarse en el reino de Pamplona-Nabarra a comienzos del siglo IX su recuperación mediante repoblación fue también significativa, siendo claves la toma a los musulmanes de Huesca por Pedro I (1094) y de Zaragoza por Alfonso I el Batallador (1118), reyes de Nabarra y Aragón.




LA TOPONIMIA EUSKARA DEL ALTO ARAGÓN

El historiador español Ramón Menéndez Pidal (La Coruña 1869-Madrid 1968), con escrupulosidad y rigor, dio un detallado listado toponímico en “Toponimia prerrománica hispana” (1968), con un análisis de “multitud de nombres toponímicos de tipo vasco” en el Alto Aragón y en la parte alta de Sobrarbe, Ribagorza y PaIlars. Menéndez Pidal estableció que para estas comarcas pirenaicas “en época primitiva románica una romanización débil, o a medias, lo cual originó una situación bilingüe estacionaria en que convivieron durante siglos gentes vascongadas con gentes romanizadas, y de ahí la abundante conservación de topónimos vascos”.

Se hallan éstos en zonas pirenaicas de Huesca y Lérida, “en donde se documenta una diptongación de o y e en nombres en que se veía el adjetivo gorri por un lado, el adjetivo berri por otro y unos sufijos -toi y -oi, abundanciales o de tendencia. También se tenía muy en cuenta, como punto de partida la terminación -otz, -otze = frío”. El lingüista alemán Gerhard Rohlfs en “Le suffixe préroman -ue, -uy dans la toponymie aragonaise et catalane”, afirma que su máxima densidad la alcanza al norte de Huesca y, sobre todo, entre las antiguas ciudades baskonas de Jaca y Pamplona, es decir, “en un dominio donde puede notarse una extraordinaria densidad de supervivencias vascas” (Archivo de Filología Aragonesa, IV, 1952).

Alfonso Irigoyen en “Cuestiones de Toponimia vasca circumpirenaica” (1986), hizo un exhaustivo trabajo valiéndose fundamentalmente de los repertorios elaborados por Ariño (para la época actual) y por Agustín Ubieto (para la época medieval), donde concluye que “es una cuestión difícilmente rebatible la afirmación de que, a ambos lados de los Pirineos, en una zona bastante más extensa que el área vasca actual, hubo otras tablas protovascas o vascas en épocas antiguas”.

Un caso especial es el del propio nombre “Aragón” o “Aragoi” que está también en euskera: “Valle en el alto” o más probablemente de Aragoa, “del valle alto” frente a la gente del llano, lo que nos retrotrae al comienzo de la repoblación que hemos visto, donde “oa” es simplemente el locativo (Nafarroa, Zuberoa, Gipuzkoa etc.).

El antropólogo, lingüista, historiador y etnólogo madrileño Julio Caro Baroja (1914-1995) comentaba en “Sobre la toponimia del Pirineo aragonés”: “En realidad es un nombre geográfico que delimita, por el Sur, un territorio. Suprarbi o Superarvi era lo que quedaba por encima de la sierra de Arbe. En el territorio de Sobrarbe, como en el de Aragón, se señaló un último reducto de los dialectos ibéricos, que llegaría a Ribagorza y Pallars, y que estaría representado por una serie de nombres de tipo vasco, los cuales sufrieron los efectos de una tardía influencia romance”.

(Torre de Abizanda mandada construir por Sancho III el Mayor de Nabarra en el siglo XI)

El filólogo Joan Corominas (Barcelona 1905-1997) concretaba incluso el porcentaje de toponimia euskara:

Comarca río Aragón (Jaca): 67%
Comarca río Gallego: 50%
Comarca Sobrarbe: 30%
Comarca del Bajo Ribagorza: 15%.

(En lo que se refiere a los valles colindantes de Catalunya y de Andorra se puede leer: https://lehoinabarra.blogspot.com/2015/09/hasta-cuando-se-hablo-euskera-en.html).

Ejemplos de topónimos en euskera desde el valle nabarro del Ronkal al valle de Arán en Lleida, incluido Aragón, nos los daba el estudioso ronkalés Bernardo Estornés Lasa:

Benabarre, Zoriza, Lujiarre, Lascuarre, Luparre, Bizberri, Astu, Arbe, Axpe, Arbe, Cenarbe, Javierregay, Achar, Lizarra, Gistain, Eunate, Artaso, Artasona, Barosa, Ayerbe, Bisauri, Loarre, Aisa, Besos, Acon, Larres, Biescas, Escarrilla, Lanuza, Basaran, Bergua, Ara, Ecuain, Yaga, Arazas, Suelza, Barrosa, Yna, Ainsa, Gerbe, Nabal, Arro, Benasque, Ariste, Chia, Serraduy, Isabena, Barasona, Estada, Aren, Barruera, Escuñau, Esera, Espua, Isona, Cuarte, Gurea, Biscarrués, Ardisa, Erla, Bolea, Arascués, Esquedas, Aniés, Sabayés, Belarra, Hirbike, Mascún, Guarga, Basa, Estron, Escaldes, Engolasters, Esquella, Aranza, Esabol, Escardars, Estana, Nabas, Cuart, Aña, Gurri, Maya, Bascara, Estiche, Jubierre, Ballobar, Escarpe, Algerri, Ibars, Aytona, Asco, Estanga, Urria etc.






EL EUSKERA EN EL REINO DE ARAGÓN

Respecto a cuál era la situación del euskera en el Estado o reino de Aragón separado de Nabarra en 1134, donde se hablaba en tan sólo en una parte reducida y pirenaica de su territorio final, su evolución es muy significativa. En Huesca unas ordenanzas de 1349 decían: "Item nuyl corredor non sia usado que faga mercaduria ninguna que compre ni vende ningunas personas, faulando en algaravia (árabe) ni en abraych (hebreo) nin en bascúenç et qui lo fara pague por coto XXX sol" (documento hoy desaparecido).

Este mismo documento legal que prohíbe hablar euskera, árabe y hebreo en el mercado de Huesca, se repite durante siglos. El estudioso del euskera en la comarca Bixente Latiegi, comenta que en el documento que sí se ha conservado “del siglo XVI de la Cofradía del Vendedores y Compradores de Huesca de la segunda mitad del siglo XVI, de 1567, se vuelve a prohibir a los corredores hacer mercadurías en euskera”:

“En el Archivo Municipal de Huesca aparecen frecuentemente contratos hechos por canteros y herreros vizcaínos y navarros con el Ayuntamiento y lo mismo ocurre en el Archivo Provincial. Tal y como me dijo su responsable, las mayores iglesias, las casas y los palacios más elegantes fueron hechos por “vizcaínos”, que habitualmente actuaban como maestros de obras y arquitectos o trabajadores de la piedra y el metal". Siendo “bizkaíno” sinónimo de euskaldun o vascoparlante como veremos. Incluso había un documento igual del siglo XVII que también se ha perdido.

Estas son las primeras leyes explícitas documentadas contra el euskera en la historia, mientras que en la corona de Las Españas las primeras son del siglo XVIII con la familia de los Bourbones franceses, precisamente tratan sobre temas similares, como en el año 1772 donde una Real Cédula de Carlos III de Las Españas prohibió la contabilidad en euskera y catalán a “todos los mercaderes y comerciantes de por mayor y menor”. En el año 1776 se prohibieron los libros en euskera y catalán, cuando el ministro real, el Conde de Aranda, exigía que: “sin especial noticia suya no se den licencias por este Consejo para imprimir libros en otra lengua que la castellana” y especifica después: “archivándose la obra original de la obra de la vida de San Ignacio escrita en bascuence” (http://nafarzaleak.blogspot.com/2015/12/250-anos-de-leyes-contra-el-euskera-y.html).

Estas prohibiciones de usar en las administraciones cualquier idioma que no fuese el del imperio, se repite en el caso francés desde el año 1794 hasta el presente tras el informe de Grégorie y Barére, tras el cual la educación solo podía ser francés y se persiguió hasta con la guillotina cualquier otro idioma hablado en el Estado francés en cualquier tipo de publicación o escrito, incluso entre particulares (https://lehoinabarra.blogspot.com/2014/07/la-persecucion-sistematica-del-euskera.html).

(Iglesia de Ainsa, primer románico mandada a construir en el siglo XI)

Pero el euskera sobrevivió en Aragón durante varios siglos más. El matemático, cosmógrafo y licenciado en leyes Andrés de Poza y Yarza nacido en Orduña (Bizkaia, 1547-1595), conocido como Licenciado Poza, dejó escrito que en los alrededores de Jaca se seguía hablando euskera en su época. En todos los valles altos fronterizos entre Alta Nabarra y Aragón tanto en Huesca como en Zaragoza, se habló euskera al menos hasta el siglo XVI, según la tesis doctoral del filólogo Juan Carlos López-Mugartza (Universidad Pública de Navarra, 2007): "El euskera ha sido la lengua propia de los valles navarros orientales y de los valles bearneses y aragoneses limítrofes hasta época relativamente reciente" (…) en el Valle de Ansó la presencia del euskera es abrumadora”. Este valle Ansó es contiguo al Ronkal y da nombre a una gran saga de reyes nabarros: los Antso o Sancho.



En un documento de 1627 el franciscano fray Pedro de Pinedo afirmaba que se confesaba en euskera en “Olite, Villafranca y la villa de Sos que es en el reyno de Aragón”. Lo cual quiere decir, que Fernando II de Aragón el Falsario o el Católico, natural de Sos (1479-1516), nació en un lugar donde la lengua de uso habitual era el euskera. El nombre de Sos es una deformación del original euskérico, pues está documentado Sossitu en 1068 o Sose en el año 1083.

Existieron en jacetania con seguridad comarcas de habla vasca al menos hasta el siglo XVII, tal y como dejó escrito el historiador y parlamentario nabarro Arnaut Oihenart en su “Noticia Utrisque Vasconia”, cuando nos dice que Euskal Herria está formada por “los nabarros, los jacetanos, los vizcaínos, los gipuzkoanos y los alabeses”. En el trabajo mencionado “El euskera en el Alto Aragón” Gartzen Lacasta Estaun, comenta que Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca” (1979) enumera las regiones donde se debió hablar vasco en la Edad Media: “la totalidad de Navarra, provincias vascongadas, en el norte de Huesca y en los valles más septentrionales de la actual provincia de Zaragoza...”, y recoge en una nota la siguiente información: “Irigaray me indica que Axular en el ‘Guero’ (1643), después de enumerar las variedades del vascuence y las siete provincias donde se hablaba en su época (cuatro españolas y tres francesas), dice: ‘... eta berze ainitz lecutan’, con lo cual debe referirse a los valles de Aragón con la mayor probabilidad”. Aunque también había entonces euskaldunes en al menos el Beárn y Rioja Alta.

(Catedral de Jaca, comenzó su construcción a principios del siglo XI y constituye la culminación de una época esplendorosa del románico nabarro-aragonés)

El labortano Dominique Joseph Garat a principios del siglo XIX que fue Ministro de Justicia de Francia y quien leyó al Bourbón Luis XVI su sentencia de muerte (“muy a su pesar”), le envió al emperador francés Napoleón un informe en el que le pedía que se hiciese un Estado para Euskal Herria, bajo la dirección del emperador, con los territorios de habla euskara de: Gipuzkoa, Alaba, Bizkaia, Alta Nabarra y los Pirineos hasta la frontera con Catalunya. En Salvatierra de Esca (jacetania pero provincia de Zaragoza) en el año 1838, el abate interior debía de saber euskera “el que ha de servir en esta villa ha de ser vascongado para poder predicar, de otro modo no puede servir en esta villa”.



Es también muy significativa la última comarca en hablar euskara en Aragón y su motivo. Según el historiador sangüesino Antonio Ubieto Arteta (1923-1990) en su trabajo “Las fronteras de Navarra” («Príncipe de Viana», n.º 50 1953): “Hacia 1097 son devueltas a Pamplona: Sos, Luesia, Uncastillo, Agüero, Murillo y todo el valle del Onsela, y desde 1786 pertenecen nuevamente a la mitra jaquesa”. Éste es el último reducto del euskera en Aragón, territorio zaragozano  al sur de la jacetania  oscense y fronterizo con Alta Nabarra por el Este, el norte de las Cinco Villas de Aragón.

Por tanto, en Uncastillo se creó un arzobispado, el cual perteneció al obispado de Pamplona hasta 1786 con los municipios mencionados que quedarían eclesialmente dentro del reino de Nabarra en toda la Baja Edad Media y en la Edad Moderna, pese a que Aragón se independizara de Nabarra en 1136, coincidiendo los límites del idioma con los políticos y los eclesiales una vez más. No es baladí constatar que en el arzobispado de Uncastillo se rezaba en euskera hasta el siglo XX el padre nuestro, el Ave María, el Credo, la Salve y a la Virgen de San Cristóbal: “gosua San Kristonalua…” (“Navarra sin fronteras impuestas” Tomás Urzainqui).

Alfonso Irigoyen recoge del testigo Isidro Escagüés de Javierre (Huesca) el Padre Nuestro cantado en el arzobispado de Uncastillo en 1922 o 1923: “Aita guria seude / etán saudená santifikát bedí surei / sená betor gure / gana sure erréi / nué eman de / sagesú egunesko ogié egunéta beti barkais / ki / gusú guri gerén sorrák”.



CONCLUSIÓN

Como conclusión, y como dejó escrito el filólogo Joan Corominas (Barcelona 1905-1997): “los vascos (vasconabarros) han desempeñado un gran papel en el pastoreo pirenaico y no sólo los actuales vascos de (Alta) Navarra, Soule (Zuberoa) y Vascongadas (Navarra Occidental) sino también los antiguos pastores vascófonos nativos del Alto Aragón y los Altos Pirineos gascones aún quizás del Pallars y el Valle de Arán, donde la muerte de los idiomas prerromanos es mucho más moderna de lo que suele admitirse”.

También es muy significativo que en todos esos siglos en la corona de Castilla se llamaba “bizkaínos” a todos los que hablaban euskera, desde San Francisco de Xabier (Alta Navarra) a Agusti Xaho (Zuberoa). En Castilla el territorio conquistado a Nabarra en 1200, se llamaba genéricamente “Bizkaia” hasta la villa de Laredo, y así aparece en los documentos y en los mapas de la época hasta el siglo XIX.

Sin embargo, en la corona de Aragón el euskera se identificaba todavía con el reino de Nabarra, y nabarro era sinónimo de euskaldun. Valía tanto para un bizkaíno como para un pamplonés, por lo que se da a entender que no interiorizaban el euskera como el idioma del reino de Aragón. Bixente Latiegi: "En aquella época se llamaba bizkaínos nabarros o vascos a todos los que hablaban euskera. Por ejemplo, aparece una cita de los nabarros de Otxandiano y estos son bizkaínos ".