LA ARQUEOLOGÍA DESMONTA LA HIPÓTESIS DE LA BASKONIZACIÓN TARDÍA

LA ARQUEOLOGÍA DESMONTA LA HIPÓTESIS DE LA BASKONIZACIÓN TARDÍA
Aitzol Altuna Enzunza

Josu Venero y Alberto Santana con la colaboración de ETB firmaron un documental presentado en el Festival de San Sebastián en el 2015 con el título: “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía” donde se intenta buscar un origen externo a las tumbas con impresionantes armas de hierro del siglo VI encontradas en Alaba que justifiquen esta antigua hipótesis (1925), sin embargo, también la arqueología está en su contra.

Existen excavaciones en Alaba en Aldaieta del año 1999 de la primera época Alto Medieval entre los siglos V-VIII encabezadas por el arqueólogo bizkaíno Agustín Azkarate Garai (asentamiento de Nanclares de Ganboa) y en Bagoeta en Luko (Arrazua-Ubarrundia, fundición de hierro y un asentamiento), además de otras excavaciones alabesas con dataciones similares en la Llanada alabesa como Zornoztegi (Salvatierra-Agurain), Aistra (Zalduondo) o Alegria-Dulantzi cuyos resultados vamos a ver a continuación.

El ajuar de Aldaieta es el más extraordinario de los mencionados, se trata de 100 tumbas simples y probablemente unas 400 en la zona abnegada por el actual pantano, no se ha encontrado el asentamiento de esas gentes por la misma razón. Las tumbas son familiares con personas de ambos sexos y parten de un primer individuo o tumba fundacional sobre el que se va enterrando el resto, bien en paralelo o bien encima. El ajuar (lo que los muertos llevaban encima) es muy interesante: 60 lanzas, 30 hachas con impresionantes “franciscas” (hachas arrojadizas de guerra cuya invención se considera de origen germánico), cuchillos, espadas para usar a caballo por los dirigentes o scramasaxes (espadas de un solo filo y punta afilada cuya invención se considera de origen germánico), anillos, collares, fíbulas, vasos de cristal, hebillas de cinturón etc., exclusivas en esos siglos de los grandes dirigentes; hechas tanto en bronce, plata e incluso en oro en el caso de una hebilla, con aleaciones de bronce-estaño de una calidad extraordinaria y que demuestran un gran manejo del arte de la siderurgia con una calidad de acabado que aún hoy cuesta superar.

Las “haizeolak” o ferrerías de monte son tremendamente abundantes desde la Alta Edad Media en el “saltus vasconum”, la Baskonia boscosa o montuosa. Se explotaron profusamente desde la caída del Imperio Romano Occidental en el siglo V hasta el siglo XIII (dentro del ducado de Baskonia y reino de Pamplona-Nabarra), cuando fueron definitivamente superadas por las ferrerías hidráulicas. Estas “haizeolak” medievales, por su tipología especial, han sido bautizadas como “hornos vascos”, como en el reciente libro “Historia del hierro en Bizkaia y su entorno” (2016) del galdakoztarra y doctor en Ciencias Geológicas Xabier Orue-Etxebarria. Eran estos hornos construcciones redondas de piedra de 4-5 metros de altura y 2-3 metros de diámetro, para las cuales se abrían en el bosque los “egurbides” (caminos de leña literalmente). Estas ferrerías y molinos eran vitales para la supervivencia de los baskones de las montañas al estar alejados de las actividades marinas y agrícolas intensivas al ser estas tierras inadecuadas para los grandes cultivos, siendo esta actividad protoindustrial precursora ancestral de la industria siderúrgica, así como un buen complemento a la actividad pastoril y agrícola minifundista, ya que suponía una fuente de excedentes para comerciar y adquirir aquellos alimentos escasos en la región: desde el vino, al trigo y demás productos agrícolas del interior del ducado de Baskonia o en su caso el pescado de la costa.

Los arqueólogos Agustín Azcarate, José Luis Solaun y José Manuel Martínez sobre su trabajo de campo recogido en “Metalurgia y hábitat en el País Vasco de época medieval” comentan que el mencionado asentamiento ferrón de Bagoeta en Alaba (año 600 hasta el s. XIV d.C.): “Las fuentes escritas señalasen a las tierras llanas de Álava nuclear como los lugares con mayor actividad metalúrgica (...) El asentamiento de Bagoeta está a muy pocos kilómetros de la necrópolis de Aldaieta; b) Ambos, asentamiento metalúrgico y necrópolis, coincidieron en el tiempo al menos en un siglo; c) Si algo caracteriza a los ajuares y depósitos procedentes de los contextos funerarios exhumados en Aldaieta es la abundantísima e inusual presencia de objeto de hierro. (…) Estamos, sin duda, ante un asentamiento ferrón que responde a una demanda procedente no sólo de la propia comunidad, sino de otras localidades del entorno, lo que refleja la existencia de una red comercial de cierto alcance por la que circularían igualmente productos cerámicos, cárnicos o de otro tipo. Cabe plantearse, incluso, la posibilidad de que el hierro de Bagoeta fuera distribuido en circuitos comerciales de mayor distancia, muy posiblemente hacia La Rioja y (Alta) Navarra”.

En las diferentes excavaciones del municipio de Alegría-Dulantzi en la Llanada alabesa podemos ver toda esta evolución de 2000 años, pues se han encontrado restos de un poblamiento bardulo de la Edad Bronce situado en el montículo de Henaio (1000-100 a.C.), después, tras hacer bajar a la población al llano sobre el siglo I a.C., se construirá el poblamiento romano de Tullonia mencionado en el Itinerario de Antonino, junto a la calzada romana Burdeos-Astorga (iter XXXXIV ab Asturicam Burdigala). En la Edad Media el asentamiento estaría cercano a dos rutas comercial vitales: la “Ruta del vino y del pescado” que enlazaba la costa con el interior, empezaba en la capital bizkaína Bermeo e iba a Logroño, pasando por el Santuario de Estibaliz y Elburgo-Burgelu cercano a Alegría-Dulantzi, donde haría uno con el Camino de Santiago Vasco del interior o Ruta de Baiona, el cual entre los s. IX-XIII era el más importante y que entraba desde Gipuzkoa por el paso de San Adrián en Zegama a Zalduondo en la Llanada Alabesa (Cuadrilla de Salvatierra-Agurain), para discurrir después por mencionada calzada romana Burdeos-Astorga. Los arqueólogos responsables de la excavación de Alegría-Dulantzi Miguel Loza Uriarte y Javier Niso Lorenzo (2010), los cuales han encontrado construcciones, enterramientos con ajuar desde el siglo VI en adelante, son muy contundentes: "una vez más ha quedado claro que los habitantes de los Pueblos históricos alaveses son la herencia directa de sus antepasados premedievales”.

La estratigrafía en Aistra en la Llanada Alabesa occidental nos da la misma situación cronológica, como no podía ser de otra manera (despoblado entre los municipios de Araia y Zalduondo). Esta población era cercana al paso de San Adrián mencionado en la sierra de Urkilla, tiene restos romanos de lápidas y cerámica (no se ha encontrado aún el asentamiento), después han aparecido terrazas agrícolas y silos en cuevas de los V y VI, restos de un “longhouse” del siglo VII y otro del siglo siguiente, para terminar de configurarse la población con una iglesia románica con cementerio anexo. Aistra se despobló hacia el siglo XIV según se describe en “El entorno vegetal del yacimiento medieval de Aistra a través de su estudio paleo palinológico” de Begoña Hernández Beloqui.

La contexto histórico que se concluye de las excavaciones de Zornoztegi es igual a los anteriores (descampado perteneciente a la villa de Salvatierra-Agurain), con una cabaña de la Edad de Bronce en el promontorio de Ubaide (habitado desde el III. milenio a.C.), después se han hallado restos tardo romanos del siglo V en el llano para volver la población para una mejor defensa del territorio a la colina de Ubaide en una etapa Alto Medieval con un asentamiento de hectárea y media, el cual se volvió inestable por la invasiones bárbaras tras la caída del Imperio Romano Occidental, sobre todo a finales del siglo V; la población se terminó de constituir con una iglesia románica del siglo XI fruto de la reforma eclesial y social impulsada desde el monasterio de Leire por el rey baskón Sancho III el Mayor; Zornoztegi fue abandonada poco a poco probablemente al fundarse la villa de Salvatierra-Agurain en el siglo XII, todavía dentro del reino de Nabarra, tras una nueva reforma de villas y tenencias impulsada por Sancho VI El Sabio, lo que conllevó el abandono de numerosas aldeas y la concentración de la población en estas villas fortificadas, las cuales eran mucho mejores para la defensa del territorio ante los ataques de nuevos invasores o enemigos: los castellanos. En toda Alaba hay más de 300 despoblados como estos aún no excavados.

La tesis doctoral del mencionado arqueólogo José Luis Solaun Bustinza complementa el estudio de los hallazgos pues versa sobre la cerámica alabesa alto medieval (“La cerámica medieval del País Vasco, siglos VIII-XIII” Diputación Foral de Álava 2005) y donde como conclusión remarca que: “Al menos durante la primera mitad del siglo VI, una continuidad de las series y sistemas productivos romanos que presentan en este siglo como un período de transición hacia la centuria siguiente. Así, a mediados del siglo VI y gran parte de la centuria siguiente contamos con el material cerámico recuperado en la necrópolis de Aldaieta, cuyas producciones evidencian ya un predominio absoluto de la cerámica común local y la consiguiente desaparición de las producciones finas”. Es decir, hay una continuidad poblacional y se pasó de una producción de “terra sigilata” romana a otra más simple e indígena tras la caída del Imperio Romano Occidental (ver fotos), pero no hay ni rastro de una posible invasión por nuevas gentes que habría destruido todo lo anterior y que diera pie a pensar en una “baskonización tardía”.

El historiador afincado en Agurain Fernando Sánchez Aranaz, ahonda en la cuestión de los siglos V-VIII en la Llanada alabesa en el artículo “Las fronteras de Vasconia”: “Hasta ese momento el ducado de Vasconia y el reino godo de Hispania (s.VI-VIII) habían mantenido una oscilante frontera militar, cuya retaguardia, según nos revela la arqueología, se determina por la presencia de necrópolis de claro carácter guerrero, relacionadas con tipologías aquitanas, que marcan una línea entre Buzaga (valle de Elorz), Pamplona, San Pelayo (Alegría-Dulantzi), Aldaieta (Langraitz Ganboa), en la Llanada Alavesa (…)”. Por tanto, todas estas excavaciones de la Llanada alabesa demuestran que éstas serían poblaciones fronterizas con godos y después con musulmanes, de ahí que sus gentes estuvieran fuertemente armadas y con una población elevada para la época, bien organizadas y con un alto dominio de la siderurgia, pero con un centro político muy al norte sobre el río Garona desde donde irradiaría el poder baskón siguiendo las antiguas calzadas romanas como vamos a ver. Es más, todas estas excavaciones mencionadas demuestran una nula influencia goda en la zona boscosa de Baskonia (s. V-VIII), en la Llanada Alabesa y al norte de Herriberri-Olite, ya que los godos nunca se enterraban con armas en las más de 500 tumbas encontradas debido a su creencia de que el viaje hacia el más allá no podía hacerse con las mismas.

El ajuar de los enterramientos encontrados en Alaba son iguales o similares a los encontrados en Bizkaia en las excavaciones de Finaga (Basauri), Argiñeta (Elorrio), Mesterika (Meñaka) o el hallazgo de una francisca (hacha guerrera) en Kortezubi en la ermita de Santimamiñe; significativamente, junto a una estela indígena. Este ajuar es también similar al encontrado en Alta Nabarra como en las excavaciones de Buzaga (valle de Elortz), Tafalla, Iruña y el Pirineo, cordillera en la cual Iñaki Sagredo Garde en su libro “Vascones. Poblamiento defensivo en el Pirineo” (2011) describe que pasado el siglo III de las primeras incursiones bárbaras "cuando existían situaciones de peligro, las gentes de Burgui o de Isaba, se refugiaban en antiguos poblados o incluso vivían en ellos".

La influencia “aquitana” observable, sobre todo en las armas encontradas (franciscas y scramasaxes cuyo diseño se atribuye a los germánicos), supone para algunos autores que la hipótesis de la “baskonización tardía” bascule a una hipótesis de una “aquitanización tardía”: una supuesta invasión de los aquitanos o “auskos” que habrían llevado con ellos nuevas técnicas de trabajar los metales y el euskera, lo cual, en el caso del territorio de los baskones prerromanos es muy contradictorio por la abundancia de nombres en euskera que, como hemos visto, también los hay entre berones, karistios, bardulos y autrigones (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/01/las-primeras-palabras-en-euskera.html). Esta nueva hipótesis tampoco tiene consistencia alguna según hemos visto en diferentes artículos y que seguiremos viendo al estudiar los documentos grecolatinos y las crónicas francas.

En realidad, la influencia en todas las excavaciones del sur pirenaico es de la Baskonia continental (del río Garona al Pirineo, actuales País Vasco y Gascuña) y la que luego será Aquitania (ríos Garona-Loira), territorio todo él conocido entonces con el nombre de ducado de Baskonia (s. VI-VIII). En el norte de este ducado es donde se encontraban las tierras más ricas, los obispos y fuerzas eclesiales más importantes y desde donde irradiaba el poder a toda Baskonia incluido el sur. Significativamente, la capital de ducado de Baskonia era Toulouse (Tolosa) desde el siglo VI tras la derrota de los godos ante los francos del rey Clodoveo ayudado por los baskones en la Batalla de Vouillé (507) y hasta el año 768, cuando, tras el asesinato del conde baskón Waifre y el secuestro de su familia, el ducado de Baskonia siguió su rumbo independiente del ducado de Aquitania y surgieron fuerzas convergentes en el sur baskón entre los “nauarri” de las crónicas francas que aparecen en el año 769, los cuales fundarán el reino o Estado de Nabarra tras las dos Batallas de Orreaga-Roncesvalles contra los francos (años 778 y 824 respectivamente). Conquistada y dominada la Aquitania medieval (entre los río Garona al Loira), durante el reinado del gran rey franco Carlomagno, la frontera entre éste y los baskones era el río Garona, donde significativamente los ejércitos carolingios en el año 769 situaban junto a Burdeos la fortaleza de “Franciacum”, frontera por tanto entre baskones libres y los franco-aquitanos del “Primer Reich”.

El centro político de la Alta Edad Media baskona estaba al norte de la Baskonia continental, sin olvidar que los arqueólogos franceses, entre los que se encuentran N. Aberg, E. James o S. Lerenter, distinguen perfectamente en las distintas excavaciones que han realizado, un conjunto de caracteres arqueológicos definido como “facies baskona” o “aquitana”, diferenciable de otra calificada como “septentrional o franca” (“Navarra estado europeo” Tomás Urzainqui Mina 2003). Las similitudes son lógicas si se leen las crónicas francas donde la tensión política entre baskones y francos fueron una constante por ambas partes (los baskones llegaron a saquear Paris y secuestraron al rey franco Chiperico en el año 719), pero también la colaboración mutua contra los emergentes musulmanes como en la Batalla de Tours o Poitiers (año 732) entre el soberano “prínceps” baskón Eudón el Grande y el mayordomo real de los francos Carlos Martel (el padre de Carlomagno). Para entonces Eudón había conseguido parar la maquinaria bélica musulmana en el año 721 en la “Batalla de Toulouse”, la primera derrota del califato de Damasco de Sulaimán en Europa que fracasó al intentar tomar la capital del ducado baskón.

CONCLUSIÓN

Lo que estas excavaciones corroboran es lo que dicen las crónicas francas, los documentos hispano godos o las crónicas asturianas, donde se explicita que en la Alta Edad Media estas tierras de Bizkaia, Alaba, Orduña y Ayala de la Baskonia Occidental fueron “siempre poseídas por sus moradores”, junto con las de Berrueza, Deio y Pamplona. De lo que no hay es rastro arqueológico o documental de la llegada de nuevos Pueblos del norte o de oriente y sí un abundante material arqueológico y documental que nos señala una continuidad poblacional en la Edad Media, herencia directa de nuestros “antepasados premedievales”.