GÉNESIS DE LA NACIÓN VASCA o NABARRA

GÉNESIS DE LA NACIÓN VASCA o NABARRA
Aitzol Altuna Enzunza



“Con la caída del Imperio romano, en Vasconia se consolida una forma de poder independiente con respecto a los nuevos poderes emergentes de los pueblos germanos que se lo están repartiendo, resultando Navarra el único caso en Europa en que el Poder político no tenga su origen en alguno de esos pueblos germánicos” (“Navarra Estado europeo” Tomás Urzainqui Mina -2003-)

No hay referencia a los Pueblos euskaros prerromanos a partir de los siglos IV-V. La última mención histórica del Pueblo de los autrigones es del Cronógrafo en el año 354, del mismo año es la referencia a los karistios, la de los bardulos es del año 456 (“Historia de Euskal Herria” José Luis Orella Unzué). Idacio de Gallaecia en año 456 dice que: "Las costas de los cántabros y de los bardulos fueron cruelmente devastadas" por los hérulos. Por tanto, estos Pueblos euskaros prerromanos, pervivieron dentro del Imperio Romano que los identifican claramente. Sin embargo en los años de la caída del Imperio Romano Occidental, ya desde el año 449, el propio Idacio en “Olimpiada” habla de “las Baskonias”, por tanto, el autor hispano habla de estos Pueblos individualmente como en su conjunto.

Antes de la llegada de Roma existían una serie de Pueblos euskaros como existían Pueblos celtas o Pueblos ibéricos (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/01/los-nombres-de-los-pueblos-prerromanos.html). A partir de mediados del siglo V todos los Pueblos euskaros aparecemos por primera vez como uno solo y en un territorio definido: Baskonia, extendiendo los autores grecorromanos y después los francos el nombre de uno de los Pueblos euskaros a todos ellos por el idioma y cultura que tenemos en común, que nos distingue del resto y que nos unió frente a los ataques de los diferentes Pueblos “bárbaros” que llegaron a partir del siglo III.

En el siglo VII, el conocido como “cosmógrafo de Rávena” (Italia) en su libro "Geografica", incluye un mapa con toda Baskonia y habla de “Vasconum patria” (patria de los vascones o vascos). La copia que se conserva del Anónimo de Rávena es del siglo XII. La copia habla de una “Guasconia” –entre los ríos Loira al Garona- con ciudades cercanas al río Loira como Limoges, Poitiers, Bourges, Burdeos y Agen, de la que dice antes se llamaba “Aquitania” y de “Spano-gasconia” pero en referencia al territorio entre el río Garona y los Pirineos con ciudades como: Lectourne, Couvesarans, Conemes, Bigorra, Eauze o Bazas en Las Landas. Es por tanto en el siglo XII la primera vez que aparece escrito "Gasconia" con "g" en referencia a la Baskonia continental que se va romanzando en su lengua creando el gascón desde el euskera: "La patria que se llama Baskonia (Guasconia), que era llamada por los antiguos aquitanos. Así mismo, junto a la misma Baskonia, está situada la patria que se llama Hispano baskonia (Spanoguasconiam)” ("Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX" Alberto Pérez de Laborda).

El propio cosmógrafo o Anónimo de Rávena habla de la Baskonia sur pirenaica, por donde dice que había una calzada romana por la costa con nombres desconocidos como: Sandaquitum, Cambracum y Tenobrica hacia Oiasso (Irun) bajando después a Pamplona donde se junta con otra que pasa el Pirineo por Turisa (poblado encontrado entre Auritzberri-Orreaga).

La explicación del surgimiento del ducado de Baskonia compuesto por gentes baskonas en su sentido más amplio de eúskaras -que no están romanizadas ni latinizadas-, la da el Catedrático en Historia Medieval José Luis Orella en el libro “Historia de Euskal Herria Tomo I: “El saltus (zona boscosa o montuosa) permanece inalterable a lo largo de la historia romana sirviendo de soporte lingüístico y cultural de los vascones, los cuales encontraban en el saltus sus raíces más antiguas y el lugar refugio en los momento de acoso”. Las poblaciones se regían según el pacto “alcanzado” con Roma, así el autor latino Plinio el Joven en el siglo II comenta que sólo una cuarta parte de ellas se regía por el derecho romano y tres cuartas partes por el indígena anterior, lo cual será de vital importancia para los baskones y el derecho pirenaico o Fueros. Por tanto y como es evidente, los vascos sobrevivimos al Imperio Romano manteniendo nuestras leyes y costumbres (Fueros), idioma, religión y cultura para darnos nuestro propio Estado.

El poeta bordelés Décimo Magno Ausonio (310-394) en sus cartas a su discípulo y sobrino San Paulino de Nola (355-431) a finales de siglo IV, trata de salvajes y paganos a los baskones de los bosques “saltus”. Paulino provenía también de la actual Gascuña (Pueblo de los ausko o aquitanos), donde al menos fuera de las ciudades de Novempopulania (Aquitania I) la población seguiría siendo euskaldun cuasi monolingüe: “Si alguien, sin mácula de debilidad, gasta su vida en un bosque vascón (saltus vasconum), su carácter inmaculado como antes, no se ha infectado de la barbarie de sus huéspedes”.

Vertisti Pauline tuosdulcissime mores?
Vasconis hoc saltus et ninguida Pyrenaei
Hospitia et nostri jacti hoc obliuio caeli?
Inprecer ex merito quid non tibi, Hiberia tellus!

... quod tu mihi uastos
Vasconiae saltus et ninguida Pyrenaei

Non recipit mens pura malum neque leuibus haerent
Inspersae fibris maculae: si Vascone saltu

Ac si Vasconicis mihi ui ta fuisset in oris,
Cur non more meo potius formata ferinos
Paneret, in nostros migrans, gens barbar ritus?

También ahonda en este sentido el baskón kalagurritano Marco Aurelio Prudencio (348-410), el poeta cristiano en latín más grande de todos los tiempos, profesor de retórica y abogado tras estudiar filosofía y teología en Zaragoza (Caesaraugusta) que además fue gobernador romano de la provincia hispana de la Tarroconensis. Prudencio dejó escrito que las tierras de los baskones se extendían por ambos lados del Ebro y Pirineos y al río Ebro le llama "el río vascón". El poeta baskón, con ocasión del canto a los legionarios mártires San Emeterio y Celedonio, alude a la “Vasconum gentilitas” de la que dice: “¿Crees todavía en esa gentilidad vascona, en otro tiempo tan grosera, cuya cruel falta hizo verter sangre sagrada?”

El propio José Luis Orella Unzué en el libro mencionado define el “Saltus Vasconum”: “Es el territorio situado al norte de una línea imaginaria que corre desde Jaca a Pamplona, llegando hasta el límite con Álava. Es decir, es el territorio montañoso que discurre al sur y al norte del Pirineo y que viene limitado por ambos prepirineos”. La Enciclopedia Auñamendi explica de manera similar el “Saltus Vasconum": "Ha de entenderse por tal todo el tramo montañoso pirenaico, es decir, la montaña formada por la cordillera pirenaica vascona y sus series de valles a ambos lados de la misma (…) Ausonio (s. IV), dice Vasconis hoc saltos el ninguida Pyrenaei (XXIX, 51), y Paulino, su amigo, Vasconiae saltus et ninguida Pyrenaie. Parece referirse a los Pirineos marítimos”. Por tanto los “salvajes baskones” abarcaban una amplia franja a los dos lados del Pirineo y las montañas que le siguen, según la terminología actual: macizo de Gorbea, Aramotz, montes del duranguesado, sierras de Elgea, Aitzgorri, Unkilla, Aralar, Urbasa, Andia, montes de Iturrieta y de Entzia.

A estas montañas habría que añadir la Sonsierra de Nabarra (hoy rebautizada como Sonsierra de Cantabria, entre La Rioja, Alaba y Alta Nabarra) y probablemente los montes Obarenes y la Sierra de la Demanda o Arandio donde habitaron berones y autrigones: “Se puede afirmar que, cuando finaliza el período republicano (romano), solamente las tierras de la Rioja Baja, con Graccurris y Calagurris como núcleos más importantes, se encuentran totalmente romanizadas. En cuanto a las zonas correspondientes a las actuales Rioja Media y Alta, en lo que era propiamente el territorio berón, subsistían en buena medida los usos y costumbres de las gentes que habitaban allí antes de la llegada de los romanos. Esta pervivencia de lo indígena es todavía más acusada en las zonas montañosas de los valles altos del Cidacos, Jubera, Leza, Iregua y Najerilla, habitadas por comunidades pastoriles que, salvo contadas excepciones, no recibirán la influencia romana hasta bien avanzado el siglo I d. de C.” (Libro “La Rioja, espacio y sociedad" editada por la Fundación Caja Rioja).

Los Pirineos y las sucesivas sierras montañosas a las que los romanos también denominando Pirineos, eran lugares densamente poblados a donde mucha gente volvió abandonando las ciudades como Veleia (Iruña de Oka) o Pamplona, ya que en ambos casos se han encontrado restos de un gran saqueo a finales del siglo III seguramente cometido por las primeras invasiones bárbaras. La gente volvería a ocupar lugares más fácilmente defendibles que es donde estaban los castros prerromanos, en montes de media altura con grandes vistas y empalizados para su defensa como Malmasín en Arrigorriaga, Buzaga en el valle de Elortz, Henaio en Alegria-Dulantzi y un largo etc. Iñaki Sagredo Garde en su libro “Vascones. Poblamiento defensivo en el Pirineo” (2011) describe que pasado el siglo III de las primeras incursiones bárbaras "cuando existían situaciones de peligro, las gentes de Burgui o de Isaba, se refugiaban en antiguos poblados o incluso vivían en ellos", como ya mencionamos y explicitamos mejor en el artículo anterior.

Respecto al nombre que recibieron, Julio Caro Baroja señala en su libro “Los vascones y sus vecinos”, que “vascones” sería el plural de “vascus” (vasco). Según el insigne etnólogo e historiador español en el libro mencionado: “Que –tania no se diferencia de –itania en su significado y que se trata de una forma latina de denominar regiones según grupos étnicos y poblados de éstos (…) hemos de aceptar como principio general, que en la península son conocidos antes los nombres de los pueblos que los de las regiones (antes vascones que Vasconia y los Cántabros que Cantabria)”. Por tanto la palabra "Baskonia" hace referencia al lugar en el que habitan los vascos o baskones, Baskonia sería el “territorio de los vascos”. Este nombre (baskón o vasco) no existe en el idioma baskón, el euskera. Es muy probable que el nombre que nuestros antepasados se daban a sí mismos tuviera relación con el actual “euskaldun” o poseedor del euskara, como eusko, ausko o el más cercano de uasko que no parecen más que variedades dialectales, es más, en la escritura en latín la “u” y la “v” no se diferenciaban. Sobre esta cuestión decía Julio Caro Baroja en su libro “Sobre historia y etnografía vasca”: “Que uasc-, vasc- esté en relación con eusk o con ausc- (en los ausci de la Novempopulania), es muy probable” (el paréntesis es del propio Caro Baroja). El historiador ronkalés Estornés Lasa (1907-1999) también apuntaba a que eusko, vasco y ausko sean lo mismo. El uso común del nombre “baskones” o similares por francos por el norte así como de godos y musulmanes por el sur, sólo denota la unidad política, lingüística y cultural que perciben el resto de los Pueblos y Estados colindantes.

El prestigioso historiador vallisoletano Antonio Tovar en 1987 explicaba cómo se había creado un único Pueblo o nación donde antes de la llegada de los romanos había muchos (como muchos eran los Pueblos celtas o los Pueblos íberos): “Creemos que lo que hay aquí es la identificación del nombre, ya no tribal, de vascones, con las gentes euskaldunes o de habla euskaldun, por lo cual se dice que es parte de Vasconia Vitoria y se presenta a los vascones de la montaña, que probablemente eran los antepasados de labortanos, bajo-nabarros y suletinos de Iparralde al norte de los Pirineos, con ese nombre” (…) “Podemos muy bien suponer que en esa época de aislamiento, en la que los vascos, tanto del Norte como al Sur de los Pirineos, se mantienen fuera de los reinos visigodo y franco, la denominación de la tribu de los vascones se convierte en nombre general y se aplica tanto a la llanura de Araba y La Rioja como a los confines del territorio euskaldún con la Aquitania franca”.

En todos estos siglos los baskones fuimos independientes gracias a nuestra resistencia al imperialismo godo, musulmán y sobre todo franco, creando nuestro propio Estado soberano, poniendo la fuerza de nuestro Pueblo en manos de un gobierno en un territorio bien definido en su núcleo y bajo la organización ancestral de Concejos y Juntas basados en la costumbre como primera fuente del derecho, es decir, creamos el Estado baskón. No existe constancia documental de suceso bélico alguno interno entre los Pueblos euskaros entre el 476 y el 824 ni posteriores, año de la creación comúnmente aceptada del reino de Pamplona-Nabarra desde el sur baskón, por lo que una conciencia nacional y un interés común en la defensa del territorio, riquezas y gentes frente a diferentes invasiones, debieron de ser las razones que nos llevaron a todos los baskones a aunar esfuerzos y crear un Estado vasco o nabarro.

Exponemos la opinión de diversos historiadores de la “Enciclopedia Historia de Euskal Herria” -Rafael López, Joseba Agirreazkuenaga, Román Basurto y Rafael Mieza 1985-: “Si bien tradicionalmente la historiografía ha considerado como imposible que en la Edad Media surgieran conciencias nacionales ni sentimientos nacionales por el escaso desarrollo que presentaban entonces las estructuras políticas, económicas e ideológicas, últimamente tal consideración va perdiendo terreno a favor de una nueva concepción de los fenómenos de identidad colectiva nacionales cuyo nacimiento se tiende a datar cada vez más en fecha más temprana. En el caso de Vasconia (incluido Caro Baroja), esta nueva aproximación al problema del nacimiento de las primeras entidades políticas basadas en la existencia de una conciencia grupal encuentra una perfecta adecuación con la aparición en las fechas apuntadas del Ducado de Aquitania (en referencia en realidad al ducado de Baskonia que es el único nombre que aparece en las crónicas de los siglos VII-VIII) y el Reino de Pamplona (que después toma el nombre nacional de Nabarra en el siglo XII).”

Es la opinión compartida también por los historiadores y políticos nacionales más relevantes y que estudiaron en profundidad nuestra génesis como Pueblo. Por ejemplo en el libro “Nabarra en su vida histórica” el historiador pamplonica Arturo Campión (1854-1937) decía: “los baskones se nacionalizaron en forma de reino de Nabarra. Durante un tiempo, difícil de acotar, baskón y nabarro fueron términos equivalentes (…) El edificio histórico se asentaba sobre la base étnica en cuanto esta se exteriorizaba mediante el idioma, las costumbres, las instituciones y la conciencia nacional colectiva”. El primer Lehendakari el bilbaíno Jose Antonio Agirre, era de la misma opinión: “Nabarra era el nombre nacional” y en otro texto: “Sancho el Mayor sostengo que su genio indígena no solo sintió la unidad nacional sino que supo realizar una Confederación de Estados nacionalmente homogénea. (…) Esta tesis no solo encuentra eco en los tiempos del Mayor sino también en los que precedieron a la Monarquía Pirenaica en esos trescientos años de lucha contra el invasor germano que es cuando se forma realmente la nacionalidad vasca con voluntad de existencia y de lucha”. Ambos escribían Nabarra con “b”.