LAS PRIMERAS PALABRAS EN EUSKERA CONTRADICEN LA HIPÓTESIS DE LA “BASKONIZACIÓN TARDÍA”

LAS PRIMERAS PALABRAS EN EUSKERA CONTRADICEN LA HIPÓTESIS DE LA “BASKONIZACIÓN TARDÍA”
Aitzol Altuna Enzunza


Las estelas funerarias o “gizon-harri” se asemejan muchas de ellas a cabezas enterradas por su forma donde estaba "gogo", el alma, y no son más que lápidas funerarias con símbolos astrales, cuya principal característica es la simetría de las mismas. La mayoría son concéntricas, es decir del centro salen el resto de las figuras, y simétricas.

Pedro Zarrabeitia Miñaur en su libro “Estelas discoidales de Euskal Herria” (edit. Pamiela 2011) comenta que en Zuberoa las estelas son “hilargiak”, de donde viene “hilarriak”, pues eran, según la tradición, representaciones de la luna llena para que el alma de los difuntos no volase hacia el astro nocturno. Pero lo más aceptado es que son antropomorfas, con cuello y hombro. Este libro reproduce muchísimas estelas con fotos y dibujos donde se puede apreciar la riqueza y variedad simbólica de nuestros ancestros: “serían envolturas antropomorfas de símbolos astrales (…). En un proceso mental muy esquemático y representativo, con una capacidad para la abstracción sorprendente, nuestros antepasados identificaban la forma y el movimiento del sol, la luna y los astros con círculos, arcos, ruedas, lazos y espirales sin principio ni fin; la luz solar con flores de seis o más pétalos y estrellas de múltiples puntas; los ciclos y ritmos del día y de la noche o la estaciones y los períodos lunares con líneas onduladas o en zig-zag, con trazos repetidos y cenefas de pequeñas triángulos alternados”.

Aunque la mayoría están desubicadas, se cree que miraban al Este, al nacimiento de la diosa Eki o Eguzki, dentro de la religión matriarcalista vasca frente a las patriarcales indoeuropeas de celtas o de romanos por ejemplo. El sol pasó de ser una representación astral a la representación del Dios cristiano, la luz del Espíritu Santo que vence a las tinieblas. También hay estelas con lunas crecientes o con estrellas de seis puntas. Las primeras estelas tenían por tanto motivos astrales propios y fácilmente diferenciables de otros Pueblos, sobre todo de los indoeuropeos y de los íberos.

Sobre este tipo de estelas, en el documental de la EiTB “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía” escrita y protagonizada por Alberto Santana, ve una "extraordinaria abundancia" en la zona del Alto Garona (Gascuña) de "documentos (¿?) y lápidas escritas en piedra y en mármol" de época prerromana que "sólo pueden ser interpretados desde el euskera (…) cuando en el occidente de la actual Euskal Herria no hay ninguna prueba" de ello. Veamos qué hay de cierto en esta afirmación.

En el territorio actual del País Vasco, hay 5.000 estelas localizadas de diferentes siglos y otras rotas o semiderruidas de hace más de 2.000 años, una cantidad muy superior al resto de Europa. Existen unas 2.500 perfectamente catalogados y otros 2.500 a la espera de serlo, muchas en manos de particulares. De época prerromana se han documentado 26 en Bizkaia (enteras), 64 en Gipuzkoa, 31 en Alaba, 257 en Alta Navarra, 358 en Baja Navarra, 213 en Lapurdi, 204 en Zuberoa y también son muy frecuentes en Gascuña (la Baskonia romanzada continental). Fuera de Baskonia, donde más estelas se han encontrado es en Portugal con unas 1.000 y en el norte de Catalunya (pero donde aún existe toponimia euskérica y se habló euskera hasta por lo menos el siglo XII http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2015/09/hasta-cuando-se-hablo-euskera-en.html Catalunya y Andorra).

En lo que a Bizkaia respecta, por ejemplo en la necrópolis de Berreaga, entre Mungia-Gamiz-Fika-Zamudio, se han hallado varias estelas y 149 fragmentos de las mismas del Pueblo euskaro de los karietas o karistios, todas ellas decoradas con temas geométricos y astrales, con formas trapezoidales (el 90%) o discoideas (el 10% restante). Esta necrópolis y poblado (del 350 a.C. al año 100), es de los más importantes de los hallados en territorio bizkaíno de la Edad de los Hierro. En esta excavación se ha encontrado cerámica autóctona, otra más elaborada similar a la de los celtíberos (comarca de los ríos Tajo-Duero-Guadiana) y otra romana o “terra sigilata”, estas dos últimas obtenidas probablemente mediante el intercambio comercial, pues el poblado es anterior a la conquista romana de la comarca.

San Pedro de Elorriaga en Lemoa (valle de Arratia) recoge el principal conjunto de epígrafes romanos de Bizkaia (con inscripciones), pudiéndose apreciar un total de nueve estelas de los s. III-IV d.C. Tres de ellas están inscritas en latín: APRILIS VIT/ALEI FILIO AN/NORUMX/VI (April lo dedica a su hijo Vital, muerto a los 16 años). Sólo la clase alta romana sabía escribir, la cual preferentemente vivía en las grandes urbes del “Ager” (pasará lo mismo en toda la Alta Edad Media). Usaban el latín como escritura común y el griego como lengua de cultura. Junto a estas tres estelas hay otras 6 de clara simbología nativa explicada al principio del artículo.

La cuestión es que en unas pocas de estas estelas o lápidas aparecen unas pocas palabras en euskera en relación a nombres de dioses personales (teonimia) o nombres de personas (antroponimia) que no se pueden traducir al latín, de ahí que nos hayan llegado escritas en el idioma que hablaba aquella población; como pasará en la Alta Edad Media, por ejemplo en el Fuero Viejo de Nabarra con los nombres de los impuestos o en las glosas emilianeses. La mayoría son lápidas de tumbas o “aras votivas” donde se hacían las ofrendas a estos dioses indígenas o “manes” como es el caso de “Lakubegi” de Uxue (Alta Nabarra), el balcón de las Bardenas. Luis Nuñez Astrain en el libro “El euskera arcaico” (2002) comenta que esta situación no es nada extraordinaria: “Advierte el mismo Gorrochategui en 1988 que el antiguo carácter ágrafo del euskera lo compartió igualmente el idioma celta del sudoeste de Inglaterra, el galés, allí la única lengua del pueblo y que, sin embargo, no dejó rastro alguno escrito. Y además, siendo dos lenguas que no se escribían –ironías del destino–: - tanto el galés como el euskera son las dos únicas lenguas de Europa occidental que, habiendo estado bajo el poder de Roma, han sobrevivido hasta nuestros días”.

El historiador Antonio Tovar comentaba como en el territorio Quetzua los textos de la lápidas de difuntos indígenas así como los nombres de los mismos están en español, lo cual no significa que todos ellos hablasen sólo español y ni siquiera que este idioma fuese el preponderante, sino más bien el idioma del imperio, de sus funcionarios y de su administración frente a la agrafía y persecución a la que se vio sometido el idioma hasta entonces hegemónico que era el quetzua. Esta situación nos es familiar, sólo tenemos que mirar la Euskal Herria bajo el régimen franquista.

Es más, la no presencia de epigrafía celta en las estelas es aún más significativa que la no aparición de palabras en euskera, ya que la epigrafía celta es muy frecuente en toda celtiberia pues eran los celtas Pueblos poseedores de la escritura. Decía Koldo Mitxelena que la “Lengua escrita, como podemos comprobar sin trabajo en toda la historia del país, no significa lengua única, ni siquiera lengua corriente y usual. Pero sí supone un cierto bilingüismo, al menos en algunas clases o grupos de una comunidad”. Que todos los escritos entre los Pueblos euskaros en idiomas indoeuropeos sean de época romana y que no haya de épocas anteriores como ocurre en el resto de la península, nos hace creer que sean legionarios y funcionarios romanos sus autores como así se puede confirmar en numerosos casos.

El historiador ronkalés Estornés Lasa (Isaba 1907-Donostia 1999) explicaba que existen en las estelas funerarias numerosas palabras en euskera entre los “ausko” de lo que era la provincia romana de Aquitania I. En total se han encontrado en Aquitania aproximadamente unos 400 antropónimos y 70 teónimos, muchos de ellos en euskera en todo o en parte. Se calcula que sólo el 25% aproximadamente del euskera inscrito en los mismos se entiende a través del euskera actual, por lo que es muy probable que estemos descartando palabras que sí son euskera por ser términos ya perdidos. Los sitios de aparición de estos nombres son: Baudéan (Hautes-Pyrénées), Saint-Aventin, Haute-Garonne, Saint-Bertrand-de- Cominges (Haute-Garonne), monte Gar (Haute-Garonne), Luchon (Haute-Garonne), Cadéac (Hautes-Pyrénées), Ardiège (Haute-Garonne), Sain-Gaudens (Haute-Garonne), Loudenvielle (Hautes Pyrénées), Cardeilhac (Haute-Garonne), Saint-Pée-d'Ardet (Haute-Garonne), St.-Béat (Haute-Garonne), Gourdan (Haute-Garonne).

El caso de San Beltrán de Commiges, al pie del valle de Aran leridano (origen del río Garona-Garonne), es especial, pues fue repoblado con los baskones que Pompeyo Strabón, padre de Pompeyo el Magno, llevó a esas tierras en los primeros años del siglo I a.C. (Lugdunm Convenarun), al menos es lo que apuntaba tardíamente San Jerónimo (372-420, balcánico), el cual matizaba además que eran baskones de la “sojuzgada Pamplona” (75 a.C.).

Luis Nuñez Astrain en el libro mencionado comentaba al respecto: “Esta comarca soportaba en época romana una población alta y un comercio intenso por el río Garona con Burdeos como principal puerto. El profesor Joaquín Gorrochategui ha estudiado comparativamente la densidad de nombres vascos y de nombres galos en las lápidas latinas de cada zona de Aquitania y ha llegado a la conclusión clara de que la lengua vasca era netamente dominante en la cuenca del Adur (Baiona-Dax/Akize, pueblo de los tarbelli, los más rebeldes a la conquista romana) y en las zonas altas próximas a los Pirineos -oeste y sur de Aquitania- mientras que la lengua céltica de los galos penetraba desde su territorio propio en Toulouse y orilla derecha del Garona hacia la orilla izquierda -norte y este de Aquitania-, desvasquizándola”.

Tal y como recoge Estornés Lasa en sus libros sobre los “Orígenes de los vascos”, un resumen de esas primeras palabras escritas en euskera sería: “Aher Ama Amoena Andere Arix Arte Asto Atta Bai Begi Bele Bels Berri Bihox Bihox Buru Erdi Erri Garr Gison Har Gorri Idi Ili Illun Ilur Itur Ituri Lapur Larra Larra Lehen Lur Neska Sembe Osto Lex Oia Ocho Vasco Viriatu etc. De estas palabras coinciden con el euskera actual sus propios sufijos y la sintaxis de composición cuando se trata de nombres compuestos o de nombre y adjetivo como enhar belz”. El filólogo gipuzkoano Koldo Mitxelena (1961-1962) demostró en el trabajo “Los nombres indígenas de la inscripción de Lerga” que el uso frecuente de la “h” sería indicador del euskera, como en la lápida encontrada en esa población de Alta Nabarra (baskones): Umme Sahar fi[lius] Narhungesi Abisunhari filio. Anno XXX (Hijo mayor, hijo de Narhunges, hijo de Abizunhar)”. Luis Nuñez Astrain en el libro mencionado comentaba que: “Es muy característica del euskera arcaico la existencia de la h (signo de aspiración), porque no existía en ninguno de los idiomas circundantes (idiomas celtas e íbero), lo cual facilita grandemente la identificación de una palabra arcaica como vasca”.

En la actual Bizkaia (en territorio karistio) hay una sola lápida con un nombre en euskera y lo mismo en Gipuzkoa (en territorio baskón), por lo cual, se ha creído que podría no hablarse euskera, pero esto es un anacronismo pues lo que no hay que olvidar es que estos territorios en realidad se crean en la Edad Media dentro del ducado de Baskonia y el reino de Nabarra (s. VII-XI) y que en época romana pertenecían a los Pueblos autrigones o karistios (Bizkaia y la comarca del Deba) y bardulos o baskones (Gipuzkoa central y al Este del río Urumea –Oarso-), en cuyo “ager” (zona agrícola) sí que van apareciendo palabras en euskera, en la llanada de Alaba y Alta Nabarra Occidental (demarcaciones igualmente medievales). Del mismo modo, no se han encontrado en Lapurdi ni en Baja Nabarra lápidas o aras con nombres en euskera y hay una sola en Zuberoa en pleno Pirineo, pero donde nadie discute se hablaba euskera al pertenecer en su conjunto al Pueblo de los aquitanos o “ausko” mencionados (lapurdenses-tarbelli y sibuzate respectivamente).

Debemos además ponderar que los propios romanos hicieron bajar a los Pueblos prerromanos a los llanos, lo que hizo que el “ager” -donde ya habría más población- se creasen grandes ciudades, como en la Llanada Alabesa o en la comarca del Ebro, por donde discurría un gran comercio siguiendo las calzadas, con una élite social local que sabría escribir en sus grandes ciudades frente al mucho más pobre “saltus” o zona de bosques del Pirineo y montes vascos que para los romanos configuraban una misma cadena montañosa (siendo además geológicamente cierto pues el Pirineo geológico acaba en Punta Angulo, entre Artziniega –Ayala, Alaba- y Mena –Burgos-).

Dentro de la Euskal Herria actual reducida a sus siete territorios, tenemos estas estelas en euskera, lo que abarca a todos los Pueblos prerromanos euskaros:
Zuberoa: Atharratze-Tardets, Pueblo de los aquitanos o ausko (Herauscorritsehe).
Gipuzkoa: Oiartzun baskón (conocida como Andrearriaga, “Valerio Beltesonis”).
Bizkaia: Forua, «ara votiva» karistia con un teónimo en euskera (Iviliae). Ara funeraria encontrada en los terrenos del convento que en la localidad poseen los franciscanos, la cual durante un tiempo realizó las funciones de pila de agua bendita bautismal en el pórtico de la iglesia parroquial de San Martín de Forua: «Iviliae sacrum M(arcus) Caecilius Montanus pro salute Fusci fili(i) sui posuit. Rai(us) quintio fecit» (Marco Cecilio Montano, de la Sagrada Ivilia, estableció aquí a su hijo Fusco por su seguridad. Lo hizo Raio Quint”). Datable del siglo I d. C. tallada en mármol rojo del cercano monte Ereño.
Alaba: Miñao Goien karistio (Helasse), Iruña de Oka karistio (Illuna), Ollabarre karistio (Aittia), S. Román de S. Millán bardulo (Lutbelscottio, Luntbelsar), Angostina bardulo, Alegria-Dulantzi bardulo, Araia bardulo y Artziniega en Ayala autrigón (teónimo Vinumburus) etc.
Goi Nafarroa, baskones: Uxue (Lacubegi), Barbarin (Selatse), Gares, Lerga, Izkue (Itsacvrrinne), Andion (Errensae), Lerate (Losae), Zirauki (Losae/ Loxae), Argiñariz de Guirguillano (Urde), Larraga (Errensae), Izkua (Itsacurrinne), Gesalaz (Larahe/ Larrahi), Eslaba, Zangotza, Lerga (Abisunhari), Urbiola (Edsuri), Muez (Or[du]netsi), Andelos-Medigorria (Urchatetelli), Tafalla (Agirseni), Ziraurki (Losae), Arguiñáriz (Loxae) etc.

La inscripción en el concejo de Trespuentes (Transpontem) del municipio de Iruña de Oka que mencionamos (poblado romano de Veleia), fue descubierta mucho antes que las ostracas encontradas por LURMEN en el 2006, cuya veracidad se ha cuestionado, aunque las pruebas en su contra son cada vez más endebles y que supondrían otras 180 palabras en euskera así como 10 frases. En una casa cercana al yacimiento aparecieron en el siglo XIX dos lápidas con las inscripciones “Illuna” y “Tichia”, citado por el Padre Fidel Fita (1883) testigo de su existencia ya que después desaparecieron: Rhodanus Atili f(ilius) servos an(norum) L Tychia uxor [Ill?] una socra. I(c) e(st) (Aquí yace Ródano, siervo, hijo de Atilio, de 50 años de edad. Pusiéronle esta memoria su mujer “Tychia” y su suegra “Illuna”). Existe una inscripción a César Augusto en Veleia dedicada por los “cariete y venneses”. Veleia, en la actual Iruña de Oka, era la ciudad eúskara más importante y la tercera ciudad de la provincia Tarraconense, después de la capital Tarraco (Tarragona 20.000 habitantes) y Caesaragusta (Zaragoza 20.000 habitantes), albergando hasta 10.00 habitantes en su momento de máximo esplendor.

Fuera de estos territorios pero perteneciente a los diferentes Pueblos eúskaros o la Baskonia histórica tenemos estelas con palabras en euskera en:
Zaragoza: Comarca baskona de cinco Villas y cercanías como en Ejea, Valpalmas (Serhuhoris), Sofuentes (Dusanharis y Argitanus), Los Bañales de Uncastillo pero cerca de Sádaba (antigua Tarraca Irurcidarin y Ederetta,) o el teónimo “Eihar” de la “Tabla de Contrebia” dentro de los bronces de Botarrita, a 22 Km de la capital.
Cantabria oriental: Otañes, autrigones (Salus Umeritana).

La Rioja: Tal y como mencionamos en un artículo anterior (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2015/12/el-celtismo-en-la-hipotesis-de-la_15.html), han aparecido de momento 19 estelas. Por ejemplo en San Andrés de Cameros (Agirsaris), berones. U. Espinosa en el trabajo más importante realizado sobre estas estelas aclara: “la elementalidad teórica de ejecución y la distancia geográfica y cronológica entre algunos ejemplares no pueden pertenecer a una “officina lapidaria”, sino que deben derivar de la homogeneidad social y cultural de las gentes que las tallaron, lo que indica in reducto del iberismo (se refiere a los pueblos vascos) en estos espacios serranos. El no celtismo se ve en los temas, símbolos y onomástica. En ellas, el uso del latín en ocasiones denuncia su ausencia de conocimiento escrito”. Por tanto los arqueólogos descartan el celtismo de estas estelas del Ebro y son productos de los ritos de los indígenas de los diferentes pueblos euskaros prerromanos de la zona. Estas estelas tienen una continuidad en la Edad Media de otras 54 estelas con los mismo motivos indígenas por lo que la supervivencia de la población euskaldún quedaría demostrada. Las palabras en euskera en toda La Rioja primeros siglos: Agirseni, Lesuridantar, Aemilia, Onso, Oandissen, Aranciris, Arathar, Sesenco, Onse, Agirsar, Attasis (Atta con el genitivo latino) etc.
Luis Nuñez Astrain en el libro mencionado es de la misma opinión: “las inscripciones halladas en los valles altos de los ríos Iregua y Leza (Agirsar, por ejemplo, aparece cerca del nacimiento del Iregua) apoyan una posible presencia vasca antigua en territorio berón”, es decir, en el “saltus”.

Soria: Rioja soriana (baskones) en Valloria (Oandiseen), río Cidacos.
Lleida: en Guissona (la Segarra) jacetanos baskones (Iessó), Florejacs (Lavrbeles), Val de Aran auskos y en Isona en Pallars (Aeso).

Ninguna de estas estelas de Baskonia tiene los conocidos símbolos y adornos celtas prerromanos y después tampoco las conocidas cruces celtas laureadas, por tanto, no tienen relación con estos Pueblos. En los Concilios de Toledo de los siglos V-VII, se emitieron órdenes expresas para prohibir el uso de las estelas funerarias sin conseguirlo del todo. En el siglo XI con el cambio de milenio, se expandió la cultura autóctona de estelas por toda Nabarra coincidiendo con el primer románico introducido en la Península Ibérica desde el monasterio de Leire por el rey nabarro Sancho III el Mayor (1005-35). Con la Reforma protestante, tomaron de nuevo fuerza las estelas por todo Iparralde en el siglo XVI. Las últimas estelas funerarias coinciden en Hegoalde con el final de la invasión española en el siglo XVI sobre Nabarra y en Iparralde con la masacre o genocidio sobre la población vasca por ser “aristócratas” y por no saber francés tras la Revolución Francesa (1789).

Aunque es indudable que en las comarcas fronterizas (los ríos Garona y Ebro) habría amplias zonas bilingües o asentamientos de gentes con idiomas celtas e íberos (a las que se les uniría las poblaciones creadas o repobladas con los legionarios romanos), estas estelas con teónimos y antropónimos en euskera entre autrigones, karistios, bardulos y berones entre otros, desmontarían la posibilidad de una “baskonización tardía” o invasión del Pueblo de los baskones en los siglos V o VI al resto de Pueblos mencionados y a los que habrían llevado el euskera, hipótesis de principios del siglo pasado retomada por el historiador Alberto Santana en el documental de la EiTB “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía”, menos aún antes de estos siglos como vimos en el anterior artículo http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/01/los-nombres-de-los-pueblos-prerromanos.html.

Pero no son las palabras en euskera más antiguas como veremos en el siguiente artículo.