HACE 400 AÑOS DE LA PRIMERA HIPÓTESIS DE UNA VASCONIZACIÓN TARDÍA

HACE 400 AÑOS DE LA PRIMERA HIPÓTESIS DE UNA VASCONIZACIÓN TARDÍA
Aitzol Altuna Enzunza



Arnault Oihenart (Maule 1592-Donapaleu 1667) era miembro en Donapaleu del último Parlamento de Nabarra libre (Baja Nabarra, Iribarren en su nombre original). El rey de Francia Luis XIII no fue aceptado como rey de Nabarra y ayudado por el cardenal Berulle, entró el 15 de Octubre de 1620 con su ejército en Pau (capital del Bearne), y disolvió también el Parlamento de Nabarra, para proclamar su unión a la corona francesa: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Nabarra y nuestro país y soberanía de Bearn, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”. El reino pirenaico reunido en Juntas rechazó el “Edicto de unión”, pero fue incapaz de hacer frente al poderoso ejército francés.

El jurista e historiador Arnault de Oihenart escribió después uno de los primeros libros en euskera de la historia con el título “Les Proverbes Basques recueillis par le Sr. D'Oihenart, plus les poésies du mesme auteur” (1657). En realidad esta obra comprende dos partes: “Atsotitzac edo Refrauac” y “Oten gastaroa neurthizeatan”; la primera parte más extensa es una colección de refranes y la segunda contiene poemas, la mayoría de carácter amatorio y en algún caso religioso.

Pero la obra más conocida de Oihenart es sin duda “Notitia utriusque Vasconiae, tum ibericae, tum aquitanicae” escrita en latín. En ella se cuestionó por primera vez la hipótesis sobre el origen de los vascos conocida como “el vasco-cantabrismo” y se formuló también por primera vez una nueva hipótesis que será conocida como “la vasconización tardía”.

En el siglo XVII estaba en boga la hipótesis del vasco-cantabrismo, que partía de la referencia a la estoica defensa de la que hablaban los textos grecolatinos frente a las legiones romanas de los “cántabros”, lo cuales, según esta teoría, eran en realidad los “vascones” prerromanos, lo que explicaría la supervivencia del euskera de aquellos “cántabros” sin romanizar.

La primera mención a esta cuestión es del historiador leonés Lucas de Tuy “el Tudense” (fallecido en 1249) en su “Chronicon mundi”, el cual llamó “rey de Cantabria” al rey de Nabarra y “cantábricos” a todos sus súbditos, cuando ya los reyes de Nabarra no usaban el término que en los siglos X-XI se empleó para denominar a una parte de La Rioja y no a todo el reino de Nabarra, debido a la repoblación de la Sonsierra con cántabros vencidos en época romana y donde una población hoy abandonada aún lleva el nombre de “Cantabria”.

Serían las primeras referencias historiográficas conocidas a la cuestión del “cantabrismo” de los baskones. Según recoge la Enciclopedia Auñamendi, existió toda una corriente historiográfica que comenzaba por el cronista soriano Alonso Fernández de Palencia (conocido como Alfonso de Palencia, 1423-1492), el cual llamó «Regum Cantabriae» al reino de Nabarra en su Crónica del rey castellano Enrique IV “Gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis”. Del mismo modo, el Obispo de Gerona Juan Margarit Pau (1421-1484) de la corona de Aragón, en su “Paralipómenon Hispaniae”, expresó en latín que “la Cantabria contenía todo el reino de Nabarra, y tenía los tres pueblos de várdulos, vascones y berones”.

El literato Fray Antonio de Guevara al escribir en 1539 sus “Epístolas familiares”, tenía bien claro dónde estuvo Cantabria: “el oráculo de los hispanos era Proserpina, cuyo templo estaba en Cantabria, que ahora se llama Navarra”. Los historiadores discutieron hasta el siglo XIX sobre esta cuestión, y la palabra cántabro pasó de significar “nabarro”, a “vasco” en general, a sólo “vasco occidental” e incluso a “euskaldun” (en la terminología actual), según el autor y época. Así tenemos que vascos tan dispares en su procedencia y siglo como San Francisco de Xabier (alto nabarro) o San Ignacio (gipuzkoano) en el s. XVI y el zuberotarra Agosti Xaho en el siglo XIX digan que son “cantaber”. La polémica incluso “saltó el charco” pues Balthasar Echave "el Viejo" escribió su “Discurso de la antigüedad de la lengua cántabra” en México en el año 1607, el cual era una encendida defensa del uso del euskara entre los vasco-americanos, en este autor, la lengua cántabra es el euskera.

Para más información se pueden leer los artículos:
https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/08/las-seis-cantabrias-y-los-baskones.html
https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/09/el-nabarro-cantabrismo.html
https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/10/historiografia-sobre-el-vasco.html


El historiador tolosarra Pablo Gorosabel (1803-1868) en su libro “Noticias de las cosas de memorables de Guipúzcoa” (1868) comentaba cómo fue Oihenart el que puso los cimientos para desmantelar la hipótesis vasco-cantabrista: “Este distinguido escritor trató de probar en ella que el límite oriental de dicha región en tiempo de los romanos era tirando una línea desde los montes de Oca hasta la villa de Laredo, con lo cual excluye de esta comarca a Guipúzcoa, Vizcaya, Alava, Navarra y Rioja (…) Por lo que hace a la época de la denominación de los godos y sarracenos, reconoce Oihenart que el nombre de Cantabria se aplicó al territorio de la Rioja”.

Arnault Oihenart rechazó por tanto y por primera vez en su obra “Notitia Utriusque Vasconiae” el vasco-cantabrismo, el cual había sido el eje central de la historiografía de los baskones hasta entonces y lo será durante dos siglos más: “que en latín se denominan cántabros a los que los franceses llaman vascos o vizcaínos y los españoles vascongados”. Todavía no se empleaba de manera general la voz “vasco” que extendió el etnólogo y naturalista alemán Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX, usada entonces por los franceses o el Vaticano tan sólo para los vascos continentales.



Si Oihenart puso los cimientos para descartar la falsa hipótesis del vasco-cantabrimo, creó sin embargo en el libro mencionado sobre la historia del Pueblo vasco otra nueva falsa hipótesis sobre un posible corrimiento del Pueblo de los “vascones” del sur pirenaico hacia el continente a Novempopulania-Aquitania donde habitaban los Ausko (en plural latino “ausci” de donde deriva el nombre). La hipótesis tenía como base la confusión entre los “vascones” prerromanos y los “vascones” medievales, nombre éste que desde el siglo V con Idacio abarcaba a todas las gentes euskaldunas desde los ríos Garona al Ebro.

La documentación que podía apoyar la hipótesis de Oihenart es escasa, por ejemplo se sabe el caso de San Beltrán de Commiges al pie del valle de Aran (origen del río Garona-Garonne), el cual fue repoblado con los baskones que Pompeyo Strabón, padre de Pompeyo el Magno, llevó a esas tierras en los primeros años del siglo I a.C. (Lugdunm Convenarun), al menos es lo que apuntaba tardíamente San Jerónimo (372-420, balcánico), el cual matizaba además que eran baskones de la “sojuzgada Pamplona” (75 a.C.).

También existe una frase mucho más tardía en “Historia Francorum” de Gregorio Tours del año 587, la cual se puede considerar la base de esta hipótesis: “Irrumpieron los vascos de entre las montañas, bajaron a los llanos, devastaron viñas y campos, incendiando las casas, llevándose a muchos cautivos con sus ganados. Contra los cuales actuó a menudo el duque Austrovaldo, pero causándoles poco daño”.

La hipótesis sobre la invasión de los baskones sur pirenaicos sobre Aquitania y también a los territorios occidentales donde habitaron bardulos, karistios y autrigones (aproximadamente desde el río Asón hasta el Urumea), dice Oihenart que aconteció en el siglo V y lo explicaba así: “Dije en el primer libro de esta obra que los Vascos (en referencia a los vascones prerromanos mencionados) habitaron en el lado citerior del Pirineo, en Hispania, en tiempo antiguo, y de esto no existe entre los doctos controversia alguna (…). Después de la muerte de Graciano, decaído y tendido al fin el dominio de Roma en la Galia y en Hispania, y particularmente devastada la región pirenaica por los alanos, vándalos, suevos…que dos años antes de la toma de Roma…atravesando el Rhin, había invadido la Galia, y llegado hasta el Pirineo: y detenidos algún tiempo por este obstáculo, se habían derramado por las vecinas comarcas…, no fue difícil a los Vascos (en referencia otra vez a los vascones), pueblo belicoso y deseoso de dilatar sus fronteras, el enseñorearse de aquel país montañoso, que está al pie del Pirineo por el lado de la Galia. Cuánto adelantaron en aquel ímpetu, difícilmente nadie podrá determinar”.

Entre otros muchos, Julio Caro Baroja escribió contra esta hipótesis original de “la vasconización tardía” en su libro “Sobre la lengua vasca y el vasco iberismo” (1988): “Yo no me explico cómo teniendo a la vista varios textos de Estrabón, varios autores se han empeñado en sostener que la existencia de la lengua vasca en Francia (sic.) es debida a invasiones medievales, idea que ya mantuvo Oihenart (…)”.

La arqueología desmontó por completo la hipótesis de Oihenart como el propio historiador zuberotarra desmontó la hipótesis del vasco o nabarro-cantabrismo. Se ha demostrado que esta primera hipótesis de la “vasconización tardía” es falsa ya que han aparecido en Aquitania unos 400 antropónimos y 70 teónimos euskera en lápidas y aras votivas, por lo que ha aquedado acreditado que los “ausko”, el Pueblo que habitaba Novempopulania-Aquitania romana, tenía el euskera por idioma.

Sin embargo, lo curioso es que, siglos después de Oihenart, nuevos escritores, algunos historiadores y filólogos españoles, siguen sosteniendo nuevas versiones de ésta varias veces centenaria hipótesis de la “vasconización tardía” que nos recuerda mucho a lo acontecido con la historiografía sobre el “vasco-cantabrismo”.