CARACTERISTICAS DEL ESTADO MODERNO

CARACTERÍSTICAS DEL ESTADO MODERNO
Aitzol Altuna Enzunza

"La soberanía es la piedra angular sobre la que se erige el edificio conceptual en el que el estado moderno ha sido aprehendido y el estado que se piensa a sí mismo como soberano actúa de forma diferente del que no se concibe como tal.

Las relaciones sociales en cuya generación y configuración ha intervenido la fuerza -o la amenaza de la fuerza- física son declaradas políticas y el conjunto de todas ellas constituye el espacio o la organización políticos de determinada unidad social. La política alcanza ahora su autonomía tras haberse independizado de la religión, de la moral y de la ley que definirán en adelante distintos y separados subconjuntos de la totalidad social. El estado es uno de esos subconjuntos." Joseba Ariznabarreta “Pueblo y Poder”.

El pensamiento político considera que para que se pueda afirmar que hay un Estado moderno se deben dar una serie de condiciones.

1. El Estado es independiente, no existe un poder superior a él dentro de su jurisdicción, es soberano según comentábamos en el artículo “Orígenes del Estado moderno de Nabarra”, donde, por ejemplo, recordábamos lo que decía el historiador nabarro del Beárn Pierre Tucco Chala (nacido en 1924), el cual afirmaba que: “ciertos juristas siguen los análisis de Jean Bodin –teórico absolutista-, creyendo anacrónica toda reflexión sobre la noción de soberanía antes del siglo XVI. Esto no es así, pues los estudios más recientes muestran que las palabras “soberano” y “soberanía” eran conocidas desde la mitad del siglo XII y de un empleo corriente en el siglo XIV”. El galdakanés Joseba Ariznabarreta en su reciente libro “Pueblo y Poder” resumía lo que es un Estado moderno: “La soberanía, principio o fuente del poder (potestas), pertenece al estado como tal, el ejercicio del poder (dominiun), al jefe efectivo del estado, es decir, al gobierno. Mediante la noción de soberanía se designará desde entonces la capacidad en ejercicio de ese órgano de poder político -el estado moderno- para mantener duraderamente el orden interno y la independencia respecto del exterior. Dicho con otras palabras, soberanía significa que el estado cuenta con los recursos ad hoc suficientes para ejercer la violencia interna y externa exigidos para el normal y rutinario desenvolvimiento de la actividad general del pueblo del estado”.

2. Institucionalización política: separación del poder político del religioso. El Estado dispone del monopolio del poder político (que en última instancia son las fuerzas policiales y el ejército, el monopolio de la violencia armada). Nos referimos al poder religioso usado como elemento para el control de las masas, como poder ideológico. Pero hasta la Edad Media (e incluso hoy) como decía Maquiavelo: “Jamás hubo Estado ninguno al que no se diera por fundamento la religión, y los más prevenidos de los fundadores de imperios le atribuyeron el mayor influjo posible en las cosas de la política”.

3. Despersonalización del poder: el poder del Estado existe y se ejerce independientemente de quien lo haga en cada momento. El Estado no es una cuestión de un rey o gobernante. Manuel García Pelayo en “Del mito y de la razón en la historia del pensamiento político” comenta al respecto: “Unido al nacimiento del Estado moderno va el de una economía destinada a sustentarlo financieramente, es decir, a hacer frente a los gastos necesarios para mantener funcionarios a sueldo, sostener un ejército mercenario y desplegar una política interior y exterior mucho más activa y costosa que la de los tiempos precedentes.

El Estado moderno -especialmente en su versión absolutista- se ha formado paralelamente al desarrollo de la administración burocrática. Ello no ha sido así por azar histórico, sino por necesidad estructural, pues el Estado es una institución no ciertamente separada, pero sí destacada de la sociedad, y superpuesta a ella; no independiente, pero sí autónoma de la realidad social, de tal manera que los poderes sociales necesitan de un proceso de transformación para convertirse en políticos, mientras que en la Edad Media ambas dimensiones del poder se hallaban confundidas” (por ejemplo, en Nabarra el Concejo de los valles no era ni es parte del poder estatal, sino que es un poder social que ni hoy controlan los partidos políticos ni ningún órgano estatal).

Ahora bien, el Estado se destaca de la sociedad al asumir el monopolio de los intereses públicos y se superpone a ella mediante un cuerpo de funcionarios, que sólo obedece a los principios y normas del Estado, que está estructurado según una jerarquía distinta y superior, en su orden a la jerarquía social (de tal modo que el más inferior de los funcionarios tiene, dentro de su competencia, un poder jurídico superior al más poderoso de los particulares), y que no es agente de los intereses parciales de los grupos sociales, sino de los tenidos por intereses generales del Estado.

Además, el Estado moderno se ha construido bajo la idea de la soberanía y, por tanto, de la unidad del poder del Estado, lo que lleva implícito que todo poder derive de un centro originario y que, por consiguiente, no se ejerza por los funcionarios como propio Derecho, sino a título de una competencia impersonal.

4. Formalización de ese poder: derechos y jurisdicciones que evitan la arbitrariedad. De acuerdo con ello, las Constituciones prohíben a los prelados, condes, barones, caballeros y ciudades -es decir, a todas las dignidades y personas físicas o colectivas que hasta entonces habían detentado poderes públicos- el ejercicio de la jurisdicción criminal en sus tierras, la cual queda exclusivamente reservada a los jueces del Estado; la desobediencia a este mandato se castiga con la muerte.

5. Integración del Estado en la sociedad: es difícil distinguir el pueblo de la institución. Esta característica no es nueva, desde el comienzo muchos de los Estados como el baskón eran étnicamente homogéneos y fue la propia nación baskona la que se dio un Estado fundamentándose en el derecho pirenaico (nación-Estado).

Estas son las características de los llamados “Estados modernos”, se considera que lo son todos para el siglo XVII tras la Paz de Westfalia. Los Estados imperialistas se configuraron como plurinacionales hasta la Revolución Francesa de 1789 que supone el alzamiento de una nueva clase social: la burguesía. Revolución tras la cual, en teoría, la soberanía descansa sobre la nación según ya pregonaba los teóricos de la ilustración al menos desde Rousseau, aunque en la misma Revolución se intenta en realidad otra cosa: crear una única nación desde la comunidad estatal plurinacional, es el Estado-nación creado desde el poder, un Estado imperialista como el francés (que después imitarán los españoles) que tenía sometidos a diferentes pueblos, naciones y Estados, lo que ha traído 200 años de genocidio étnico en todos sus aspectos, en especial la lengua.

En su libro “Vasconia” (1962), F. Krutwig lo explicaba así: “La idea de nacionalismo, tal y como nos es hoy familiar, nace con la Revolución francesa. Esta despertó el sentimiento de patria. No se quiere decir, ni mucho menos, que los pueblos no tuviesen anteriormente conciencia de su personalidad.
Anteriormente, la conciencia nacional de los pueblos, no era una fuerza activa, no representaba ningún sentimiento dinámico. En realidad, sería más exacto decir que con la Revolución Francesa nace la dinámica nacional.
Quien quiera que lea la historia de los vascos, verá que éstos han tenido en todo momento conciencia de formar un pueblo diferente”.

En su libro “La cuestión vasca” Federico Krutwig argumentaba: “De esta forma los fundadores del socialismo científico desmitificaron los conceptos de “nación” y “nacionalidad” que en el uso burgués se habían convertido en unos fetiches de la burguesía vencedora especialmente después de la Revolución Francesa. Como en Alemania y en los países de cultura alemana estas palabras no habían sufrido aún la mitificación burguesa, los conceptos de nación, nacionalidad etc., tenían un sentido social diferente.
En la concepción marxista, el concepto de nación (y de nacionalidad) es un concepto cultural que se desarrolla dialécticamente sobre una base étnica”. Este desarrollo de la nación, a partir de una base étnica, es en efecto lo que le inducía a Stalin a afirmar que: “una nación no es un conglomerado accidental, ni efímero, sino una comunidad estable de hombres”.