LA DEFENSA DEL REINO NABARRO EN BIZKAIA

LA DEFENSA DEL REINO NABARRO EN BIZKAIA
Aitzol Altuna Enzunza




Las rutas comerciales del pescado en escabeche, salazón o fresco, de las villas bizkaínas como Ondarroa, Lekeitio o Bermeo se hacían por el puerto de Urkiola hacia los santuarios de Estibaliz (cercano a Vitoria-Gasteiz) o San Millán de la Cogolla en La Rioja desde tiempos inmemorables. El Santuario de Estibaliz ya existía en el 1074 dependiendo de Santa María la Real de Nájera, donde estaba la corte real Nabarra. Este último monasterio poseía ermitas y tierras en Bermeo, Axpe de Busturia así como la ermita y tierras de San Martín de Amatza en Iurreta para su abastecimiento de pescado. A la vuelta, la recua de mulas, traía productos de La Rioja, Alta Nabarra o Castilla, especialmente trigo y vino. En el “Libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita (1343), se describe la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma y se dice: “cuantos en el mar viven vinieron al torneo, arenques y besugos vinieron de Bermeo”.

El principal camino comercial era el que iba desde la capital Bermeo a Gernika y por Gerrikaitz (Munitibar) bajaba por el Camino de Santiago a Bolibar para ir a Durango y desde allí por Urkiola a Vitoria-Gasteiz. El segundo camino más frecuentado sería el que desde Bermeo llegaría a Gernika y por Muxika seguiría el Camino de Santiago y posterior Ruta Juradera, por lo que subiría a Morga para bajar a Goikolejea-Larrabetzu y por Legina alcanzaría el monte Ganguren en Galdakano para bajar dirección Malmasín por el “camino de Etxebarri” y dirigirse a Orduña o hacia el valle de Aiala-Orozko y la meseta por Altube. El camino real o “errepide” más habitual fue el de Orduña, que seguía la calzada romana por Valdegobía-Gobiaran; el paso por Altube no se popularizó hasta el siglo XVI. De Orduña el camino iría a Pancorbo y a la meseta castellana o torcería hacia la villa nabarra de Vitoria.

Todos estos caminos comerciales estaban jalonados por fortalezas-castillo baskones y después nabarros en los pasos altos, en colinas o montañas de mediano tamaño (se ven menos afectadas por la niebla y son de más fácil acceso). Estos castillos eran en magníficos oteaderos del territorio, como el de Malmasín en Arrigorriaga cuya primera mención es de 1076 (cruce Bermeo-Orduña y Castro Urdiales-Balmaseda-Bilbao-Orduña), Gaztelumendi (en el monte Bizkargi, controlaría la posterior Ruta Juradera-Larrabetzu-Txorierri) o el castillo que controlaba el paso del Alto Deba a Vitoria y Alaba por Arlaban, así como las importantes salinas de Leintz-Gatzaga en Aitzorrotz entre otros.

El castillo de Ereño estaría junto a la actual ermita en la cima del monte Ereñozar a 442 m, controlaría la importante cantera de mármol rojo ya explotada en época romana y mantendría a salvo Urdaibai de las invasiones sobre la costa Nabarra, en especial de los vikingos o normandos acantonados en Baiona y expulsados por Alfonso I el Batallador (1104-34), del que apareció una moneda en las excavaciones de Ereño en el 2009.

No lejos del castillo, y según la tradición, estaba la casa-torre de los Gautegiz del año 798, construida por García Noreña, de la que no queda rastro alguno. Junto a ella, Fortún García, construyó la casa torre de Arteaga en el 914, que se haría con la posesión de la primera.
El castillo se reconstruyó a mediados del siglo XI, «No sabemos si lo construye Sancho IV de Nabarra para defender el territorio de los nobles o si es que Íñigo López, conde de Vizcaya, se rebela y lo levanta para controlar el acceso de las tropas reales desde Álava», puntualiza el historiador Iñaki García Camino , y donde surgiría el castillo actual en el siglo XV-X. Los primeros datos escritos se refieren a datos posteriores a la funesta conquista castellana en relación a os asaltos protagonizados por el rey castellano Alfonso el Sabio de Castilla que lo cercó en el verano de 1277. Igual fortuna sufrió el castillo en 1289, siendo el protagonista en esta ocasión Diego López de Salcedo que llegaba bajo las órdenes del rey castellano Sancho el Grande; de nuevo fue sitiado el castillo en 1334 por Alfonso XI y en 1357 por el rey Pedro el Cruel cuando perseguía a su hermano Don Tello (señor de Bizkaia), ocasión que terminó con la destrucción de la fortaleza . Mujika y Arteaga, son herencias dadas a dos hijos por Furtado García de Abendaño, que fundaron esas dinastías, así es como construyen las torres y luego los palacios actuales sobre los mismos.

El castillo de Butrón es del siglo XI, se construyó en la Anteigleisa de Gatika sobre la antigua casa de los Butrón, fundada por el Capitán Gaminiz en el siglo VIII, en el peñascal de Ganzorri o Gantzurritz. En el siglo XIII-XIV la torre primitiva fue transformada en un castillo inexpugnable, cabeza del bando Oñacino, traidor a Nabarra, los caudillos más famosos de la comarca y los más pendencieros banderizos de Bizkaia. Según cuenta Lope García de Salazar en su libro “Bienandanzas e Fortunas”, Juan Pérez Butrón, biznieto del señor de Ajangiz, sería el que comenzó el linaje en el siglo XIII y el que mandó construir el primer castillo.

Desde el castillo de Untzueta en la misma cima del monte que le da nombre, se divisa Zeberio, Orozko, parte del valle del río Nervión (Amurrio, Orduña o Llodio) y montes como Gorbeia, las montañas del duranguesado o los de la costa vizcaína, así como los lindes con Castilla y Cantabria más allá de la sierra Salvada o aún más lejos de las Enkartaciones. Estaba construido el castillo sobre el río Altube. J. I. Ibarguen en su Crónica General nos cuenta que el capitán Opamio construyó el castillo en el año 549. En los siglos IX-X surgió un Señorío en Orozko independiente de Alaba, después integrado en el valle de Aiala y finalmente en el Señorío de Bizkaia en 1785. No queda nada de la calzada que llegaba hasta la montaña, pero sí se conserva en el museo de Orozko alguna de las bolas de piedra o bolardos utilizados a modo de proyectiles para la defensa de esta atalaya o castillo bizkaíno así como los restos de una catapulta de grandes dimensiones que nos dan una idea de la defensa del mismo. Hay referencias de que su construcción pudiera encontrarse en el siglo VI como hemos dicho y de su destrucción por el fuego en el siglo X, en el año 935, para ser de nuevo reconstruido.

El castillo de Zarragoitxi sería quizás el alcázar de los señores de Bizkaia, controlaría Bermeo desde el alto, así como todos los caminos que salían y llegaban a la capital bizkaína. Gaztelugatxe, también en Bermeo, sería un castillo de control naval, pues la fuerza naval de Nabarra no ha sido estudiada pero tendría su importancia. También existe un camino comercial y ruta Xacobea que desde Bermeo por Gaztelugatxe y la ermita del románico nabarro de San Pelaio llega a Bakio. La posición estratégica de Gaztelugatxe servía para vigilar y controlar el mar, es el lugar al que se retiró el Señor de Bizkaia Juan Núñez de Lara junto a varios caballeros o donde se refugiaron los bermeanos Juan de Mendoza y Martín de Arostegi cuando se levantaron contra el rey castellano Alfonso XI (1311-1350), éstos resistieron las acometidas del ejército castellano durante más de un mes, lo que obligó a la retirada definitiva de las tropas castellanas.

En el duranguesado, en Astxiki, existía también un castillo que controlaba, cerca de la cima, el paso estratégico por el puerto Urkiola y el duranguesado entre la costa de Bermeo y los grandes monasterios del interior del reino baskón. En Astxiki se han encontrado 2 monedas del invasor de la Nabarra Occidental Alfonso VIII (1154-1218), 41 puntas de flecha que por su tipología (sin alas) son de finales del siglo XII, así como restos de 4 espadas cortas o scramax, usadas habitualmente por el ejército nabarro. El castillo es al menos de finales del siglo X . Otros topónimos “Gaztelu” nos hablarían de castillos bizkaínos no documentados ni excavados aún, como en el monte Mandoia en Bedia.

Todos estos Castillos también controlarían las principales entradas de posibles tropas extranjeras en el señorío bizkaíno. Por el Oeste las Enkartaciones serían la primera línea de choque, el Ibaizabal y los valles que se esconden tras él (Txorierri y Uribe), sería una segunda línea, para, finalmente, esconder Bizkaia una tercera defensa, los montes y nabarros del duranguesado.

En la tenencia nabarra de las Enkartaciones, según el fraile barakaldés Martín Coscojales (1542-1607) en su libro “Antigüedades de Vizcaya”, tendrían el mismo origen el castillo De la Piedra de Zalla y el de Balmaseda sobre el alto que controla el pueblo y la antigua vía romana Pisorica que vendría desde Castro Urdiales: la defensa de la zona de los musulmanes primero, después de asturianos y castellanos, pues estarían construidos sobre el año 735.

La defensa del reino nabarro en Bizkaia se complementaría con las villas amuralladas como Durango, la más antigua de las villas bizkaínas (año 1150) y seguramente otras poblaciones que ya serían villa con Nabarra , como la “cabeza del señorío”, Bermeo, y otras que entonces quedaban fuera del señorío, como Orduña, donde se han encontrado los restos de un castillo nabarro, el más grande por sus dimensiones.

Toda Bizkaia estaría jalonada de pequeños señores emparentados en linajes con sus casas-torre que serían, junto a las iglesias románicas, las únicas construcciones de piedra de Bizkaia y que se alzarían por su rey a “la llamada del apellido”. La escasa población bizkaína durante la Edad Media, haría de esta maraña de pequeñas fortalezas una forma efectiva de control del territorio.

“La torre bizkaína tiene su forma peculiar; a veces, modesta si la comparamos con construcciones militares de otros lugares. Se aleja de la grandiosidad de los castillos clásicos castellanos porque su función fue distinta mientras que aquellos eran fortalezas de carácter ofensivo-defensivo contra pueblos enemigos, la torre vasca era la vivienda de los Parientes Mayores, jefes de un linaje o bando, que defendían su pequeño territorio. La torre vasca se halla más emparentada, en su origen, con el primitivo Donjón francés o el Keep inglés que con el castillo español. El parecido se difuminará cuando, en el siglo XIV, construcciones francas e inglesas adoptaron su definitiva y característica forma circular. Pero, entorno al XI, fueron de madera y cuadrilongas, pasando en los siglos XII y XIII a construirse en piedra, manteniendo aún su planta cuadrada. Se trata de la misma evolución que podemos suponer para la torre vasca (…)

De porte similar a la torre vasca son las torres que se extienden por todo el Norte peninsular. La diferencia entre aquella y éstas radica, más que en la forma externa, en la definición de sus moradores y en la relación de éstos con sus vecinos. En el caso vasco, son jefes de linaje con los que sus circundantes tienen relación de parentesco; en el otro, son señores feudales a quienes se paga tributo o "pecho" y con los que mantienen una relación de vasallaje.

La torre vasca primitiva fue un edificio netamente militar, situado en lugares estratégicos como altozanos, cruces de caminos, proximidades e interior de las villas o junto a ferrerías o molinos que representaban los medios de producción y de rentas con que contaba su dueño. Al lado de la torre se levantaba una casa llana principal y otras secundarias. La principal era la residencia del heredero del solar, desde que éste contraía matrimonio hasta que pasaba a ocupar la torre a la muerte de sus padres. Las casas secundarias eran habitadas por allegados o criados. El conjunto de éstos edificios, a los que solía añadirse la ferrería o el molino, se denominan "jauregia", "lugar o casa del señor” .

El llamamiento al apellido de los linajes, creará en la Edad Media los Bandos o “banderizos”, estos “Señores de la Guerra” poseerían los molinos y ferrerías de aire, controlarían los puentes de pago, tendrían arrendadas algunas caserías (antecedente del caserío vasco), con su hacienda y rebaños, siendo el resto pequeños propietarios y sobre todo bosques y pastos comunales. Estos señores que no llegaron al feudalismo en Bizkaia gracias al derecho foral y vivirían en su solar con su casa-torre.

El Sur bizkaíno estaría a salvo, pues antes las tropas castellana tendrían que sortear la defensa de castillos y casas-torre del condado alabés, con los Mendoza y Gebara a la cabeza y con poderosas plazas como Vitoria-Gasteiz, el castillo de Trebiño, que nunca fue conquistado , o poblaciones como la de Salvatierra-Agurain que ya serían importantes villas según los restos y documentos recientemente hallados.

La señal de guerra vendría dada desde los montes, y la orden de guerra correría como la pólvora por todo el señorío, en pocos minutos no habría rincón de Bizkaia que no supiera de la invasión extranjera. Según la leyenda tardía del "cronista y archivero de Señorío de Vizcaya", el enkartado Antonio Trueba (s. XIX), los montes bocineros servían para comunicar las reuniones de las Juntas Generales, así como para alertar de la posible presencia de tropas extranjeras, pero esto es improbable pues el sonido no llegaría tan lejos y lo que sí está constatado es el uso del fuego para comunicarse entre los castillos nabarros. Serían los montes bocineros según esta tradición el monte Ganekogorta, el Oiz (duranguesado), el Gorbea y el Sollube, el cual daría aviso a los bizkainos de Bermeo-Busturia y toda la comarca de Urdaibai. Sí se habla en 7 documentos entre los siglos XIV y XV de “Tannidas las çinco vosinas", pero seguramente era parte del protocolo de apertura de las propias Juntas.  Además, una señal de humo también sería visible desde el monte Kolitza (Balmaseda, detrás del Ganekogorta). El Kolitza era el monte bocinero de la tenencia nabarra de las Enkartaciones o Enkarterriak junto al Ganekogorta. La representación de las Juntas Generales de Gernika se estructuró sobre la base de los municipios a finales del siglo XV siendo trasladada desde Aretxabalagane, donde se reunían anteriormente -en el Alto de Morga-. 

Dentro del ducado de Baskonia y posterior reino de Nabarra, serían los duques y reyes los que llamarían a las armas mediante su representante en el territorio, el señor de Bizkaia, salvo en el breve período entre el derrumbamiento del ducado de Baskonia (768) y la creación del reino de Pamplona-Nabarra con la integración de Bizkaia al mismo a finales del siglo IX o principios del siglo X, que es cuando Bizkaia podría haber tenido un “rey” o un caudillo, bien hereditario o bien puntual dentro de las familias más poderosas (lo segundo es mucho más probable). El pueblo, artesano, pastor, pescador, comerciante o agricultor, se unirían entorno al caudillo elegido, soberano en su territorio, para la defensa común del territorio en una guerra de guerrillas o con ejércitos bien armados, como ocurrió en Orreaga-Roncesvalles con Eneko Aritza.