PAISAJE DE LA ARRATIA MEDIEVAL


PAISAJE DE LA ARRATIA MEDIEVAL
Aitzol Altuna Enzunza, Galdakano (Nabarra)

Dimako Artaun auzoko nire aititeri eskeinia, harek esaten eustan umetan: “arratiako zekorra txikerra bañe gogorra”.

www.arratia.net: “Esta Mancomunidad esta formada por los municipios de ARANTZAZU, AREATZA, ARTEA, BEDIA, DIMA, IGORRE, LEMOA, UBIDE, ZEANURI. Territorialmente abarca una extensión aproximada de 206,70 Km.2 y una población de 12.167 habitantes”.


LO COMUNAL y EL CASERÍO ARRATIANO

Parte de la idiosincrasia vasca y arratiana por extensión era el “auzolan”, el “trabajo vecinal”, por el cual los vecinos se ayudaban a la hora de labrar la tierra, para arreglar un caserío o creaban caleros comunales en los barrios. Era también característica la tierra comunal, donde todos compartían la explotación de los bosques, de la cual se beneficiaban y tenían la obligación de limpiarlos para evitar fuegos, estando reglado por ejemplo la cantidad de leña que cada uno podía obtener de los mismos. Estas tierras comunales son uno de los principales rasgos distintivos de los Fueros, el derecho pirenaico que los regulaba.

Las tierras comunales eran muy numerosas y servían a muchos pobres para no pasar hambre, siendo la castaña el principal elemento de subsistencia durante siglos. Las ericeras, cerco redondo de tres metros de diámetro y uno de alto por término medio donde se dejaban a secar las castañas, era una construcción común en todos los bosques hasta que en el siglo XIX la tiña mermó los castañares vascos. De esos bosques, de sus robles y encinas, se sacaba el pan de bellota que era comido por los vascos desde tiempo inmemorial, tal y como recogen los cronistas romanos y, en menor medida, se plantarían manzanos y se produciría sidra en la vertiente cantábrica. Los alrededores de las numerosas ermitas eran también tierras comunales, por lo que no hay construcciones en sus inmediaciones en la Edad Media (salvo la casa del clérigo o de la serora).

Respecto a la configuración social de la Bizkaia medieval, estando como estaba dentro de su reino nabarro o Estado propio hasta el año 1200, tal y como se señala en la enciclopedia histórica dirigida por Estornés Lasa “Historia de Euskal Herria, Tomo I”: “no puede negarse que el País Vasco conociera un tipo de feudalismo, si bien éste era apenas conciliable con las formas de organización de la sociedad vasca tradicional, estructurada con base en las asambleas de barrio, pueblo, país o valle; auténtico contrapoder popular frente a los derechos feudales de los señores. Otro factor que vino a atenuar el carácter del feudalismo local fue la condición originaria libre o alodial, es decir, exenta de toda servidumbre (señorial o real), al menos del territorio vasco de la vertiente oceánica”.

Existían dos zonas bien diferenciadas, serían el “saltus” (zona boscosa y con mayor número de tierras comunales) y el “ager” (zona agrícola al sur), donde el mayor arraigamiento de las instituciones romanas dio lugar a una temprana aparición de un tipo de sociedad feudal, al conocerse desde época romana la propiedad privada sobre la tierra, con excepciones como los pastizales comunes de las Bárdenas reales (facerías y parzonerías) que también se daban en el Pirineo, Aralar o en el Gorbea en el caso de Arratia. Finalmente, la Iglesia católica, con sus “comanderías” o tierras de su propiedad, crearon otra forma de feudalismo.

En el saltus donde habría que situar toda Bizkaia, continúa el citado libro: “el modelo de feudalismo que se dio en este ámbito de Vasconia pudo ser similar al que se originó en otros países de Europa, poco o nada romanizados (Alemania, Inglaterra, Países Escandinavos), cuyos rasgos específicos en el conjunto feudal fueron: a) proceso lento en la conversión de los campesinos libres, que oponen resistencia a la cristianización y a la servidumbre, en campesino dependiente; b) la organización sociopolítica prefeudal de esta comunidades constituyó un contrapunto fuerte al poder de la nueva clase de señores feudales, formada a partir de la aristocracia de los clanes. Esta serie de factores diferentes dio lugar a un modelo de feudalismo original en los países mencionados, entre los que se puede incluir probablemente una amplia zona de la País Vasco (incluida Arratia). Como características más destacables de esta modalidad de feudalismo se señalan, su tardía aparición y la debilidad del poder personal de los señores (…).

Los alodianos, es decir, los campesinos que disponían de tierras alodiales, constituían una auténtica aristocracia rural, no sometida a la servidumbre de los amos, integrada por individuos, normalmente de condición humilde, que eran propietarios de pleno derecho. Las exacciones señoriales, o reales de carácter público, como los impuestos, no destruían el alodio.” Los alodios o campesinos libres, fueron muy numerosos en toda la Baskonia húmeda o “saltus”, después reino de Pamplona-Nabarra, y por extensión en toda Arratia.

Todas las tierras comunales pertenecían a los condes o señores, los cuales durante el reino nabarro eran llamados “tenentes” –meros administradores en nombre del rey-, y nunca llegaron a ser señores feudales en el “saltus”, por lo que los campesinos podía hacer uso libre de esas tierras, era el llamado “dominio eminente” frente al “dominio útil” de los campesinos.

Las primeras aldeas tras la caída del Imperio Romano aparecen en Europa en torno al año 800. En Bizkaia se abrirán claros en los bosques y en el litoral, pero éste pronto se volverá peligroso por las incursiones normandas o vikingas. Se han encontrado estas aldeas en Gerrika, Arta, Bolibar y Iturrieta en Lea-Artibai y en Bermejillo y San Esteban de Karranza en las Enkartaciones, en los hoy barrios de Miota, Gazeta, Santo Tomás de Mendraka (Elorrio), San Martín de Finaga (Basauri), Abrisketa (Arrigorriaga), Gerekiz (Morga) o Momoitio (Garai) en el duranguesado, en Otzerinmendi, Arzuaga, Artea, o Elgezua en el valle de Arratia.

De ser todas las tierras comunales y la población dispersa en el “saltus vasconum”, tras la paz impuesta por las Juntas y Hermandades contra los linajes, se empezaron a crear lo que se llamaban “korta”, “(x)sala” o “sarobe” -“sel” como decían en Castilla-, que era un prado con una piedra en medio como señal de que una familia y su ganado apacentaba en ella; no era símbolo de propiedad sino un simple derecho de pasto frente a las construcciones temporales anteriores: “terrenos pacederos en círculo perfecto que tienen en su centro un mojón llamado piedra cenizal” y que también comprendía albergue y arboleda (“Historia de Euskal Herria Tomo II”). Desde ese siglo XIII, la propiedad de los seles están en manos de los monasterios, infanzones o parientes mayores -aunque los explotaba el pueblo-, no se cerrarán los mismos hasta el siglo XV.

Por mediación de la propiedad privada que suponían los seles aparecieron, cogiendo la forma de los hórreos y debajo de ellos (arriba el granero), las viviendas vascas del “saltus”: los caseríos o baserri. Las construcciones de las primeras casas en las aldeas eran de madera, se las denomina “caserías”, con techos de brezo y arbustos, por lo que no se han conservado, aunque se han podido encontrar restos de su asentamiento en el suelo y en la roca cerca de la parroquia del municipio costero de Gorliz. Por tanto, son el antecedente de los posteriores caseríos vascos del siglo XIV en adelante, donde se va introduciendo la piedra. Incluso cabe hablar de una evolución natural en el tiempo de la construcción popular vasca, A.Llanos 2002: “es fácil reconocer en las construcciones de nuestros pueblos y caseríos actuales unas técnicas (aparejos, de mampuesto, adobes, manteados de barro y entablamentos) exactamente igual que los utilizados en aquellos poblados de los que nos separan aproximadamente 3.000 años”.

Los caseríos en su forma actual, primero de madera y con las esquinas de mampuesto o incluso de sillería, y después casi totalmente de piedra con o sin entramado de madera, se empezaron a construir sobre los siglos XIII-XIV, imitando sus formas a la de los hórreos o “garaizak”, pues los primeros caseríos serían hórreos con sus bajos tapados por maderas para cerrar el espacio de la vivienda. Los hórreos se conocen desde época romana. La primera noticia de un hórreo que se tiene es su descripción por Marco Terencio Varrón, jefe del ejército pompeyano en el s.I a.C. como “granjería sublimia”: “Otros construyeron en sus campos unos graneros suspendidos sobre el suelo, tal como en la Hispania Citerior (…)”.

La majestuosidad de las construcciones populares del “saltus vasconum”, nos muestra un pueblo que vive mucho mejor que en los territorios colindantes de Cantabria, Asturias, Castilla etc. y que en la mayoría de los países europeos, donde las viviendas, salvo las de los nobles y las de algunas villas, eran mucho más modestas en general. El baserri es la más importante construcción popular de los vascos del “saltus” o zona boscosa-montañosa y una de las más importantes de toda Europa, a lo que contribuyó sin lugar a dudas su situación de alodios y el derecho pirenaico consuetudinario o basado en la costumbre y por tanto en el pueblo.

Pero el boom del caserío vasco se produjo a finales del siglo XV (1490-1500) gracias a la bonanza económica del momento, favorecida por la protoindustria, molinos y ferrerías para la fabricación de armas y todo tipo de productos de hierro. Baserri vendría de “baso-herri”, “baso” bosque y “herri” en su significado antiguo de “tierra”. El caserío o edificio sería “etxe” y toda la heredad con terrenos, animales, habitantes, aperos etc., conformaría el “baserri”.

Hoy existen 24 tipos de caserío vasco, 10 de ellos en Bizkaia, uno de ellos típicamente arratiano: sin soportal, con patín o entrada a la vivienda por el segundo piso, cuadra en la planta de abajo para aprovechar el calor de los animales, actualmente encalado y con piedras entresacadas a la vista. Uno de los caseríos más antiguos de Arratia sería el Errandonea en Ipiñaburu (Zeanuri), de dos aguas, además estaría el caserío Urberka (semiderruido) y otros como el caserío Zulaibar o en el barrio Asterria.

«No puede ni debe buscarse la existencia de un caserío originario» ya que surgen de manera conjunta, por centenares, en la última década del siglo XV (1490-1500), explica el arquitecto Juan Ángel Larrañaga, uno de los autores del libro “La arquitectura del caserío en Euskal Herria”: «Esto no significa que no existieran caseríos anteriores a esta fecha, pero eran otro tipo de edificaciones, de pequeñas dimensiones y cada una con su función: una para vivienda, otra para el grano.». La principal característica del caserío o “baserri” es la «autosuficiencia» (…) «hay que romper el mito de que los caseríos los construían los propios labradores. Es falso. Los artesanos, actuales arquitectos, que también hacían otro tipo de edificaciones, como catedrales, son los verdaderos constructores del caserío».

Tras la invasión castellana y francesa del reino de Nabarra, el derecho pirenaico en el que se sustentaba el Estado baskón también en lo comunal, fue atacado constantemente, con un “contrafuero” tras otro lo que dio lugar a las “matxinadas” o alzamientos encabezados por los “matxinos” o ferrones, llamados así por ser su patrono San Martín.

LAS FERRERÍAS, MOLINOS y CALEROS

Por otra parte, como soporte a la economía arratiana y bizkaína en general, estaba la siderurgia junto con el molino. Los molinos de agua o hidráulicos (de aceñas o de rodete, según fueran las ruedas de las aspas verticales u horizontales) son introducidos en el siglo VIII en Tudela por los musulmanes, llegando poco después al reino de Pamplona-Nabarra, así en el siglo IX a Alaba y en el X-XI a Gipuzkoa y Bizkaia, todos territorios del reino baskón.

En el Cartulario de San Millán de la Cogolla se habla de la primera exportación del hierro de Bizkaia, en una donación de “Arroncio” en el 871 a la iglesia alabesa de “Ocoizta” (Acosta). Se tiene constancia escrita que a finales del siglo IX que en Alaba había una “industria siderúrgica” y que durante el siglo X se exportaba mineral de hierro desde el puerto de “Uhart” (Ugarte, río Galindo, Barakaldo, Bizkaia).

Las ferrerías de viento o de monte, “haizeolak”, aparecen en el País Vasco en el siglo VI a.C., en plena Edad de Hierro, mejoradas sensiblemente en época romana, según los yacimientos arqueológicos de ferrerías de esta época como la de Forua (Bizkaia) y las ancestrales minas de hierro de las que ya hablaban los propios romanos, como la de Triano en Gallarta (Bizkaia).

Eran muy parecidas físicamente las haizeolas a los caleros comunales de los barrios en “auzolan” o a los individuales de algunos caseríos que se usan incluso hoy en día, por tanto siempre cerca de poblaciones. En los caleros, el interior estaba reforzado con la propia piedra caliza (sin tierra) y los restos son de este material y no de escorias de hierro.

Estas ferrerías de monte o “haizeolas”, junto con los molinos, eran vitales para la supervivencia de los bizkaínos del interior, al estar alejados de las actividades marinas y al ser estas tierras malas para los grandes cultivos, siendo esta actividad protoindustrial precursora ancestral de nuestra industria siderúrgica, así como una buena alternativa a la actividad pastoril y una fuente de excedentes para comerciar y adquirir aquellos alimentos escasos en la región: desde el vino, trigo y demás productos agrícolas del interior, hasta el pescado de la costa bizkaína. Estas haizeolas fueron tremendamente abundantes desde la Alta Edad Media en el “saltus vasconum” o baskonia boscosa, estaban situadas en zonas apartadas que han permitido su supervivencia, aunque muy mal conservadas entre la maleza, en Arratia todavía no se ha llevado a cabo esta labor que Xabier Orue-Etxebarria ha empezado en Galdakano-Bedia, siendo con ello el primero en toda Europa

Eran construcciones de piedra de 4-5 metros de altura, se hallaban estas explotaciones en zonas de monte conocidas como “egurbides” (caminos de leña), por tanto en bosques para aprovisionarse de maderas que quemaban con profusión, siempre cerca de pequeños riachuelos de monte tan abundantes en el paisaje arratiano y bizkaino en general, y cerca también de las metas de hierro. La técnica era bastante precaria en su resultado, pues en las paredes interiores rellenas de arcilla de los hornos, quedaban impregnados restos del preciado metal y las escorias contenían todavía gran cantidad del mismo. La rica toponimia terminada en “-ola” (“ferrería) en Arratia o en Bizkaia en lugares donde no se ha conservado documentos o restos de ferrerías, nos daría una pista de su abundancia.

A veces son confundidas las haizeolas con caleros por su similar apariencia, pero los caleros solían ser de uso comunal o de un caserío cercano, por tanto cerca de éstos y no requieren de riachuelos. Las zonas de las “haizeolas” serían también zonas propicias para los carboneros, de donde se sacaría otro excedente tras un arduo trabajo en las “txondorrak” que aún se hacían en el valle de Arratia a mediados del siglo XX.

Es en el siglo XII cuando aparece en Italia la ferrería hidráulica como una pequeña empresa, llegando poco después al País Vasco. Su uso se disparó a partir de los siglos XIII-XIV y era muy normal que estuvieran junto a la casa-torre de los rico-hombres de Bizkaia.

Un historiador dejó escrito "no hay en Bizkaia riachuelo o arroyo que no haya tenido en sus orillas ruinas de aceña". Para las ferrerías y molinos de agua se requerían presas y ríos de más caudal que los pequeños riachuelos de las “haizeolas,” que fueron abandonadas poco a poco por el mejor resultado de esta nueva explotación ferrona.

En 1540 el bizkaíno Marcos Murualabe de Balmaseda y el milanés Fabriario introducen el martinete en la Península Ibérica. Se dispara la industria naval y armera vasca (bosques y costa lo propician), donde habrá rápidamente más de 300-400 ferrerías que trabajarán las 24 horas del día, aprovechando la fuerza de los numerosos ríos y nuestras ancestrales minas de hierro. Las ferrerías mayores o “zearrola” son verdaderas empresas donde se maleaban los “tochos” de hierro y las ferrerías menores o “martinetes” se usaban para trabajos más sencillos como herramientas, azadas, palas y otros aperos de labranza (o armas en tiempos de guerra).

Muchos molinos y ferrerías compartirían instalaciones y las ferrerías desaparecerán finalmente o se convertirán en simples molinos para moler grano al aparecer los altos hornos.

En Arratia todos estos elementos, molinos, ferrerías de monte y fluviales y caleros, son muy abundantes, especialmente en Zeanuri, donde está el calero San Justo en el barrio Ozerinmendi, el cual aún se pone en funcionamiento una vez al año en “auzolan”, o como la ruta de los molinos que se hace cada año en el mes de mayo, recorrido que pasa por los 18 molinos que se conservan en esta localidad a las faldas del monte Gorbea:

“De aquí se ascenderá hacia el conjunto de caseríos de Urretxi, para seguidamente descender hacia la barriada de Undurraga y dirigirse al molino de Ibargutxi; se trata de un molino rehabilitado por la familia Larrazabal, donde aquellos que lo deseen tendrán la oportunidad de acceder a su interior para contemplarlo en funcionamiento. Desde Ibargutxi caminarán hacia el molino de Lanbreabe, y desde aquí se volverá hacia el embalse de Undurraga para bordearlo, en esta ocasión, por la margen opuesta, y dirigirse hacia la ermita de San Lorenzo donde estará ubicado el punto de avituallamiento, que correrá a cargo de Gastronomía Cantábrica. Tras reponer fuerzas, los caminantes pasarán junto a los molinos de Intxaurbe, Axpe y Zulaibar, y ya en el último kilómetro del recorrido, se encontrarán con el molino de Olabarri, un molino totalmente rehabilitado y acondicionado para recibir visitas; se accederá al interior para contemplar las diferentes dependencias y verlo en funcionamiento, y, finalmente, enfilar los últimos 300 metros que restan para alcanzar la meta situada en la plaza de Zeanuri.
Los participantes que hayan completado los aproximadamente 18 kilómetros del recorrido habrán tenido la oportunidad de conocer el patrimonio de los molinos de Zeanuri y gozar de la sinfonía de colores que por estas fechas primaverales ofrece la naturaleza” http://www.pasionporinnovar.com/2009/04/zeanuri-de-molino-en-molino.html.

LAS ANTEIGLESIAS Y LAS VILLAS

Las Juntas de Bizkaia finalmente la formaban 72 anteiglesias junteras (elizate o elizaurre), 20 villas, 1 ó 2 representantes de Durango y 2 de las Enkartaciones. La merindad de Durango en 1740 pasó a tener 7 votos en Junta. La representación de las Juntas Generales de Gernika se estructuró sobre la base de los municipios, a finales del siglo XV.

Además, el Señorío de Bizkaia estaba dividido en seis merindades, que eran: Arratia-Bedia, Busturia, Durango, Markina, Uribe y Zorroza, más las villas y la ciudad de Orduña, así como las Enkartaciones. Al frente de las merindades se hallaba un merino o juez que impartía justicia. Las merindades también celebraban sus Juntas o reuniones. Las fronteras entre las merindades eran las lomas de los montes.

La primera de todas las iglesias de Bizkaia según la tradición recogida por Iturriza, es Santa María de Garai en Gerrikaitz (Munitibar), a los pies del monte Oiz por la ladera Norte, según esta tradición, el día de la virgen del año 968, el 15 de agosto, durante la celebración de la misa, tras la comunión, un águila tomó una calavera de una osera cercana y tras llevarla por los aires, la dejó caer en un campo de hierbas en Bolibar, al otro lado del monte Oiz, "cenaorriac", y allí se erigió la colegiata de Zenarruza (Ziortza), Bolibar. Sin embargo, su datación más antigua se remonta al siglo XI.

Antes del siglo XI se creen cristianas varias sepulturas de Argiñeta al estar enterrados los cuerpos en posición de decúbito supino, mirando al Este y sin ajuar, frente a otras cercanas de la misma época como en Momoitio (Garai), Zengoitia (Durango a Markina), Andikoa (Berriz) o Zenarruza (Bolibar), donde los enterramientos aparecen bajo losas sobres las que se han realizados rituales con hogueras y los muertos llevan todo tipo de amuletos como cuentas de collar o dientes de animales totémicos.

Julio Caro Baroja: “En suma, hasta el siglo IX no hay datos que permitan pensar que hubiera cristianos en parte de Guipúzcoa, Vizcaya y el extremo norte de (Alta) Navarra. En el siglo X puede ser que se empezara la cristianización sistemática”. “Los pueblos del Norte” (1973, p.137)

En Bizkaia existen pocos restos o vestigios anteriores a la arquitectura de estilo románico nabarro introducido por Sancho III el Mayor a comienzos del siglo XI, sobre todo por que se construía en madera que no resiste el paso del tiempo.

El arte románico de la Nabarra occidental, pero también el de los Pirineos y el del resto del reino, es el arte de estilo románico nabarro introducido por Sancho III el Mayor (1005-35) y sus descendientes mediante la reforma Cluny (Borgoña), que convirtió a nuestro reino en puntero en toda Europa. Este arte se extiende durante los siglos XI, XII y XIII desde el monasterio de Leire. En el siglo XIII, pero sobre todo XIV, es sustituido por el arte de estilo gótico.

“Y resulta innegable que el iniciador de ese movimiento fue un gran rey de Nabarra (Sancho III el Mayor), al que todo el norte de España, y no solamente su Reino, le debe una verdadera explosión espiritual y artístico.
Los monumentos de arte románico, en concreto, todavía en la actualidad, dan testimonio de esa explosión” Pierre Narbaitz “Nabarra o cuando los vascos tenían reyes” (edit.Txalaparta pág 127).

En el año 1025, Sancho III reunió en Leire a todos los obispos y grandes hombres del reino, al conde de Barcelona y a su pariente y cortesano el conde de Gascuña Sancho VI Guillermo, para hacerles partícipes de la reforma benedictina, resumible en “ora et labora”, de los “monjes negros” franceses de Cluny y en la que además participó el abad -y amigo personal de Sancho el Mayor-, San Odilón. La orden cluniense ya se había instalado un año antes en San Juan de la Peña (jacetania, norte de Aragón, reino de Pamplona), mediante monjes nabarros que se formaban en la famosa abadía de la Borgoña francesa. Es, además, el impulsor definitivo del Camino de Santiago el cual conduce de la costa al interior por los grandes cenobios del reino nabarro.

Con este rey, el reino baskón alcanzó su máxima extensión y se consolidó definitivamente en Europa, todos los territorios de habla vasca estaban bajo su poder (salvo la comarca de Tudela), será llamado por los cronistas árabes "Señor de los Vascos" (amir al-bashkuns). También se le nombra como rey de “Wasconum gens” y de “Wasconum nationem”.

El origen de la mayoría de las iglesias y ermitas de las provincias vascas, territorios del viejo reino baskón, están construidas por orden de reyes nabarros o caballeros nabarros en este estilo románico nabarro, aunque la mayoría de la gente del lugar lo desconoce, son ellas el centro aglutinador de poblaciones dispersas.

Sobre Orozko, por ejemplo, Pedro Mari Ojanguren comenta en “Paseos por Orozko”: “¿Cuándo se constituyeron las parroquias de Orozko como tales? No hay noticias de ello, como tampoco las hay del resto de Bizkaia. Pero si situamos la creación de los arciprestazgos, entre ellos el de Orozko, a finales del siglo XII, podemos aventurar que las parroquias también son de ese mismo tiempo”.

En el caso de los actuales territorios de Bizkaia, Gipuzkoa o Alaba (existen 240 ermitas e iglesias catalogadas en éste último territorio), cabe afirmar que todo el arte románico que esconden son arquitectura Nabarra, pues estos territorios pertenecen al reino hasta las navidades del año 1200.

No es extraño que entre las más antiguas ermitas o pequeñas iglesias haya muchas de advocación a San Martín, pues según la tradición, fue el que evangelizó estas tierras (San Martín de Tours, Francia, murió en el 397), al igual que de advocación a San Miguel, patrono de Nabarra y del ejército nabarro, con San Miguel de Aralar como máximo exponente. Así en Arratia tenemos la ermita de San Miguel de Turture (Artea, Castillo de Elejabeitia), la ermita de San Martín y la Parroquia de San Miguel (Igorre).

“El culto a San Miguel debió de propagarse y arraigar con fuerza en Bizkaia gracias a la política de organización del territorio emprendida por Sancho III el Mayor, quien en 1017, al fundar el monasterio de Aralar, convirtió al arcángel en el protector de la monarquía de Pamplona.” Iñaki García Camino, Doctor en historia, Diputación de Bizkaia.

En Arratia muchas iglesias y ermitas como las de San Cristóbal y San Andrés de Zumeltzu de Igorre o la mencionada de San Miguel de Turture en Elejabeitia , podrían remontar sus orígenes a este románico nabarro, así como las iglesias de San Pedro de Elorriaga (Lemona), San Pedro Apóstol de Aranzazu o San Lorenzo de Zeanuri, que dieron lugar a estas anteiglesias. Además existen en Arratia tallas de vírgenes románicas en Artea-Castillo de Elejabeitia y Arantzazu.

Zeanuri, por ejemplo, tiene una iglesia (Santa María), una Parroquia (Santiago Apóstol) y una veintena de ermitas diseminadas por las barriadas del municipio muchas de las cuales se pueden remontar al siglo XII.

Por tanto, la introducción definitiva del cristianismo en toda Gipuzkoa y Bizkaia y por extensión e Arratia, se produce dentro del reino de Pamplona-Nabarra (s.X-XI), aprovechando la plenitud a la que llega el reino baskón en esos siglos y el impulso comercial y cultural que suponía el Camino costero de Santiago, que tiene un Camino principal (dos en el caso de Gipuzkoa) pero numerosos ramales que impregnan todo el territorio bizkaíno y gipuzkoano con templos del románico nabarro.

Casi todas las ermitas e iglesias actuales bizkaínas y gipuzkoanas fueron mandadas construir por reyes y señores del reino de Pamplona-Nabarra de forma masiva en los dos siglos que duró el románico (siglos XI hasta principios del XIII) y no por la Iglesia católica. Muchas de esas ermitas e iglesias aún conservan rasgos o restos arquitectónicos del románico nabarro, en otras no se han conservado, aunque sí se sabe que hubo ermitas o iglesias anteriores sobre las que se construyeron las actuales.

Los problemas de rango municipal se dirimían en los "Consejos Vecinales", elemento peculiar del Fuero nabarro. Eran los consejos de la villa, anteiglesia, valle o reino, eran orales y sin testimonio escrito al principio, de aquí surgirían los ayuntamientos o “ajuntamientos”. Entre todos los vecinos que querían un cargo público se sorteaba en Asamblea Municipal o Cruz Parada mediante insaculación en sufragio universal por “fuegos” (lo que coincidiría con un representante por caserío) y por turnos. El nombramiento era público, se hacía a principios de año y era para dos años, su aceptación era obligatoria. El Consejo municipal se celebraba el domingo a la salida de misa mayor presididos por los “fieles regidores”, bajo el pórtico de la iglesia, de ahí los preciosos pórticos de las iglesias vascas que no hay en otros lugares, con sus mesas de piedras de cuando se empezó a levantar acta de las reuniones, por tanto los municipios actuales fueron creados alrededor de las iglesias románicas.

En estos Consejos Vecinales se dirimían disputas, se emitían sentencias y se resolvían problemas comarcales o municipales de toda índole, y se resolvía quién iba a representar al municipio en Juntas Generales. Cualquier sentencia leve se suspendía si se daba fianza o se señalaba fiadores; existía la "validez de la palabra dada" (la famosa palabra de vasco) siempre que se realice en los lugares convenidos. En el fuero de Durango, por ejemplo, se dice así: "ninguno no sea osado de entrar en la huerta agena, nin llebar hortaliza ninguna agena, et qualquiere que lo hiciere peche 80 mrs (maravedíes) al dueño, et quatro mrs al ortelano, et si el tal fechor negare, jure a la puerta de San Vicente de Yurreta (…)"

Los Fueros no son más que las leyes consuetudinarias que nos dimos los vascos para nuestra convivencia y que terminaron de desarrollarse bajo el amparo del Estado vasco o reino de Nabarra: es el conocido como Derecho Pirenaico, que bien se puede llamar nabarro.

El Fuero de Bizkaia se sabe que es vigente al menos desde 1110 y se escribe el 21 de julio de 1452 el Fuero Viejo, reescrito de nuevo en 1526, tal y como relata Andrés de Mañaricua. Si el rey no juraba los Fueros, en la ley primera de los mismos establecía que: “los vizcaínos, así de las villas como de la tierra llana de Vizcaya, como de las Enkartaciones, como de Durango, que non deben responder al pedido (del rey) ni al de su Tesorero ni Recaudador”. Este es uno de los grandes hechos diferenciales de los Fueros o derecho pirenaico que se mantendrá pese a la invasión castellana: “Leyes antes que reyes”.

Frente a las anteiglesias o “Tierra Llana, sin amurallar”, estaban las villas, concedidas por los reyes con su carta de privilegios que recibía el nombre de “fuero de villa” .

Las villas de Bermeo (ratificado su fuero por Castilla en 1285), Plentzia (ratificado su fuero por Castilla en 1299), Otxandiano (ratificado en 1239) o Durango (1150), ya lo serían con Nabarra, al igual que probablemente muchas villas costeras gracias a su importancia debido al comercio naval con el Norte de Europa y sus astilleros, pero no se han encontrado sus cartas pueblas originales y sólo se sabe de las posteriores castellanas de los siglos XIII-XIV. Hoy, el derecho Pirenaico o nabarro (los Fueros), sobrevive en el derecho privado de la Tierra Llana o anteiglesia, en la legislación de las herencias por ejemplo.

En la actualidad, tienen el carácter de villa en Bizkaia: Bilbao (1300), Lekeitio (1325), Ondarroa (1317) y Gernika (1366) en la costa (la ría de Gernika era navegable hasta esta villa con puerto), en el interior Gerrikaitz (1366, Munitibar), Mungia (1376), Errigoiti (1376), Larrabetzu, (1376, con el nombre de Villanueva de Berresonaga), Elorrio (1356), Ermua (1297), Markina (1355), Ugao-Miravalles (en 1375 y pese a la oposición de Bilbao, que veía en ella una importante competencia, pues se convertía en importante villa en el camino a Orduña y después por Altube ya comentado) y las enkartadas de Portugalete (1322), Lanestosa (1287) y Balmaseda (1199). Orduña tiene categoría de Ciudad, la única de Bizkaia.

En Arratia la única villa sería Areatza-Villaro (1338). Villaro es el nombre de la villa de la semidespoblada Areatza, cuya carta puebla fue dada por la traidora familia de Haro, en concreto por el marido de María Díaz de Haro II en 1338 (de ahí el nombre “Villa-Haro”), D. Juan Núñez de Lara. El casco urbano de Areatza responde a la tipología habitual de las pueblas medievales, con dos calles largas paralelas -Bekokalea y Goikokalea- cortadas transversalmente por los cantones de Zubizarra e Ilargi y fue declarado Bien Cultural con la categoría de Conjunto Monumental en 1996 (Deia “Arratia monumental”, 4 de abril 2010).

LAS CASAS TORRE:

Toda Bizkaia estaba jalonada de pequeños señores emparentados en linajes que se alzarían por su rey a “la llamada del apellido”. La escasa población bizkaina de finales del siglo XII, haría de esta maraña de pequeñas fortalezas una forma efectiva de control del territorio. La señal de guerra vendría dada desde los montes bocineros, y la orden de guerra correría como la pólvora por todo el señorío, en poco minutos no habría rincón de Bizkaia que nos supiera de la invasión extranjera.

Estos “Señores de la Guerra” poseerían los molinos y ferrerías de aire, controlarían los puentes de pago, tendrían arrendadas algunas caserías, con su hacienda y rebaños, siendo el resto pequeños propietarios y sobre todos bosques y pastos comunales.

Otro tipo de construcción típico de la Bizkaia medieval son las casas torres de estos señores, las cuales tienen especial relevancia en el origen de algunos pueblos arratianos. Igorre o Iurre, es un nombre proveniente de la torre del linaje de los "Yurregoikoa", instalados en la anteiglesia en 1198, poco antes de la invasión castellana, actual palacio Vildósola y procedentes de Iurreta, junto a la villa de Tabira de Durango, por tanto dentro del reforzamiento de la frontera Nabarra, en ese momento amenazada por Castilla. Pero habría más familias con sus casas torres hoy desaparecidas, como los Urkizu, que dan nombre al barrio de entrada a Igorre:

“El historiador del siglo XV Lope García de Salazar, experto conocedor de los linajes de Bizkaia, nos informa de algunos aspectos: al calificar a los Usún-solo de "antiguos'" y "buenos" escuderos, únicos por él enseñados, con los de Isasi, dentro de la anteiglesia; y al encuadrarlos entre los parciales de Abendaño el de Urkizu, en Igorre. (…)”

www.arratia.net: “En Igorre, Durante la Baja Edad Media (s. XI-XV) destacaron los núcleos de Elexalde, Elgetxu, Urkizu y los surgidos en torno a la ermita-parroquia de Sta. Lucía y San Cristóbal. En este último caso se observan enterramientos cristianos cerca del templo erigido entre el s. XI y XII.
Durante el Medievo eran constantes los abusos y las guerras internas de los señores feudales o jauntxos (Ugarte, Ubiritxaga, Irazabal...) sobre todo los de los Zumeltzu. La población se vio empujada a pedir ayuda a los Abendaño de Álava, dirigidos por Pedro Ortiz de Abendaño. Al llegar asolaron la casa Zumeltzu (s. VIII) reconstruida posteriormente fundada por Sancho Díaz de Noreña cerca de la iglesia de San Andrés. Los Abendaño edificaron ahí mismo la torre Urkizu, desde donde controlaban sus posesiones. Así, estos “Parientes Mayores” o nobles, se convirtieron en los jauntxos más poderosos al Sur de Bizkaia, dominando todo el valle de Arratia hasta el s. XVII”.

Castillo de Elejabeitia proviene de la unión de las repúblicas de San Miguel de Elejabeitia con su ermita del siglo XI, y Santa María del Castillo, llamada así por el castillo que el capitán nabarro Fortunio Martínez de Zumelzu mandó levantar en el 869, hoy conocido como "gaztelu o torrea", reedificado en el siglo XVI, y que controlaba el camino a Barazar.

www.arratia.net: “Castillo fundada en 869 por Fortunio Martínez de Zumelzu y su mujer María Iñiguez De Elejabeitia; las casas de Ugarte, Ugartezaharra y las torres de Gallano y Vildosola construida en 1190.Había además dos ferrerías, dos molinos, una fuente de agua sulfurosa y una ermita bajo la advocación de Santa María. Las treinta casas restantes eran feligresías de la parroquia de Elejabeitia, cuya iglesia estaba dedicada a San Miguel. Tenía para su servicio un beneficiado presentado a partes iguales por el dueño de la casa solar de Elejabeitia y por el de la de Urízar de Dima, repartiéndose entre ambas el producto de los diezmos. La primera fue fundada el año 827 por Sancho Moro”.

Bedia perteneció a Galdakano, se desanexionó en 1742 cuando la hasta entonces ermita de San Juan pasa a ser parroquia, con una estética que recuerda a la de Andra Mari de Elexalde (Galdakano). El amojonamiento de sus montes se produce en 1765. Respecto a su origen, éste se remonta a los linajes de los siglos XI-XII. Las guerras contra el intento de conquista por Castilla y las numerosas muertes de vascos que conllevaron, hizo que tras el laudo arbitral de Londres de 1177 los reyes de Nabarra tuvieran que repoblar estos territorios y reestructurar las vías comerciales para evitar el paso por la cercanías de la fortaleza de Malmasín (Arrigorriaga), plaza militar ocupada como cabeza de puente por Castilla con la intención de una posterior ocupación de todo el señorío nabarro de Bizkaia.

Así fue como Sancho de Galdakano y Torrezabal, emparentado con los reyes de Nabarra, vino desde la capital del reino y repobló la comarca por mandato del rey de Nabarra; se asentó primero en Bedia, población que entonces pertenecía a la parroquia de Galdakano como hemos dicho, y después pasó su casa solariega a Galdakano, donde mandó construir una “torre o castillo”, conjunto defensivo cercano a Malmasín (unos 5 Km en línea recta separaban ambos castillos). En Bedia pudo quedar el hijo de Sancho, del mismo nombre que el padre, en la casa-torre de Tosubando, aún hoy en pie, cuya existencia está constatada desde 1075 y que fue fundada por Sancho Ortiz de Bedia, el cual da nombre al municipio. En el municipio existían otras casas torre como Gortazar, Jauregizuria, Hutxarain o Barrueta.

Sancho Ortis de Bedia se sabe que era contemporáneo del primer historiador bizkaino García Salazar del siglo XV (preboste de Bilbao y merino en Bedia), esas “siete generaciones” nos llevarían a finales del siglo XII: “El linaje de Vedia e de Usansolo son de buenos escuderos antiguos e de Vedia es agora principal del Sancho Ortis de Vedia, que se falla que aviene en siete generaciones del cauallero de Galdaño, que fue natural de Nauarra, e vino a poblar allí, e viene del de padre en padre”.

EL CAMINO REAL, ERREGEBIDEA

El Camino Real -Erregebidea o “Errepidea”-, existió cuando menos hasta finales del siglo XIX, pero sus inicios se puede remontar a la Edad Media. Los caminos que venían desde Bermeo, principal puerto pesquero y capital de Bizkaia hasta 1602, y desde Castro Urdiales-Bilbao, hacían uno en Etxebarri, que hasta 1502 perteneció a Galdakano. A la vuelta, la recua de mulas, traía productos de La Rioja, ribera Nabarra o Castilla, especialmente trigo y vino. En el “Libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita (1343), se describe la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma y se dice: “cuantos en el mar viven vinieron al torneo, arenques y besugos vinieron de Bermeo”.

Con el tiempo, Bilbao se hizo más poderoso que la villa bermeana, así tomó más fuerza el camino Real que siguiendo la comarca del Ibaizabal llegaba a Bedia, tomando camino Lemona y el valle que abre el río Arratia, el cual vierte sus aguas en este municipio al Ibaizabal. Por tanto, es en Lemona donde comienza el valle de Arratia, siguiendo el Camino Real hacia Igorre, dirección Artea (Castillo de Elejabeitia) por el puente de Aranzazu, hacia la villa de Areatza (Villaro) y Zeanuri, para subir el puerto de Barazar por Ipiñaburu y alcanzar Alaba. Otra alternativa menos frecuentada, sería salirse del valle de Arratia en Igorre, y por el puerto de Dima tomar hacia la villa Nabarra de Vitoria-Gasteiz, siempre pasando por Otxandiano, Ubidea y Legutiano, para ello se habrían construido numerosos puentes sobre el río Arratia, los cuales estarían controlados por las familias más poderosas que cobrarían en muchos casos por el paso por los mismos.

El camino que subía a Barazar, lo hacía por un trazado muy diferente al actual, empezando en el barrio de Ozerinmendi de la anteiglesia de Zeanuri, para seguir por Undurraga y dirigirse hasta Ipiñaburu y Abarakorta, para aparecer en Saldropo por una calzada empedrada hasta la meseta. Ipiñaburu, barrio de Zeanuri que llegaba hasta Ibargutxi, no llegó a contar con asiento en las Juntas de Bizkaia con parroquia en Ipiña pese a presentar candidatura. Recientemente se ha recuperado una parte ínfima del Camino Real o Erregebide a su paso por Ipiñaburu.

Acaba Arratia lejos de sus orígenes en Bedia-Lemona, en el municipio de Ubidea, antiguo barrio de Zeanuri separado en 1540 al conformarse la parroquia de San Juan Bautista, y que debía su importancia a las numerosas ferrerías de herraje y clavazón que funcionaron en la comarca como las de Zuazola, Aurtenola, Sartenera y la que da nombre al municipio, la de Ubidea.