EL VALLE NABARRO DE IRAURGI

EL VALLE NABARRO DE IRAURGI
Aitzol Altuna Enzunza

El rey franco Carlomagno y su magnífico ejército fueron derrotados en Orreaga-Roncesvalles por miles de soldados baskones, el duque Roldán murió en la refriega y la derrota franca fue total, los poemas épicos medievales de toda Europa cantaron la gesta baskona que vengaron así la quema de Pamplona y la muerte de su duque Waifre, era el 15 de agosto del año 778.
La lucha contra los francos continuó hasta que en el año 824 tuvo lugar la Segunda Batalla de Orreaga-Roncesvalles contra las tropas del hijo de Carlomagno conocido como Luis “El piadoso” (Ludovico Pío), donde los baskones se unieron al buruzagi Eneko Ximenez “Aritza” y a su familia que llegarán a gobernar de nuevo y poco a poco toda Baskonia sometidos al Derecho Pirenaico, por tanto al pueblo baskón: ‘‘fuero que ha el rey de Navarra con todos sus navarros y los navarros con el Rey’’. Eneko Aritza fue nombrado primer rey del Estado de Pamplona-Nabarra, reino euskaldun en idioma y cultura. Los vascos nos autodeterminamos en Orreaga: creamos nuestro Estado, es nuestro “Askatasun Eguna”.

Sancho Altuna, familia de Urrestilla en Azpeitia, según las crónicas familiares, participó en esta batalla junto con otros baskones gipuzkoanos como señala el historiador artajonés Jimeno Jurio y tal y como se puede leer en una lápida en humilladero del puerto de Pasai-Donibane: (…) “cuando fuimos a Orrierriaga y al monte Pirineo, ahora llamado de Roncesvalles, a luchar contra el ejército de Carlo Magno, rey de los francos, con nuestro pueblo de Vasconia."

La primera noticias de Gipuzkoa son del siglo XI, año 1025, se trata de un documento de cesión de unas "tierras de Iputz", que quizás signifique "frontera" y que estaban dentro del reino de Pamplona-Nabarra. El documento en cuestión dice que, Garsea Acenáriz primer señor de “Iputz” bajo el rey de Nabarra Sancho III el Mayor, donaba a San Juan de la Peña el monasterio de San Salvador de Olazábal en Altzo. La “Iputz” primigenia iba desde la Sierra de Aralar a la capital del territorio que era Getaria, tenencia entre los ríos Deba y Urumea y que por tanto incluía el valle de Iraurgi.

Surgieron en las hoy tierras gipuzkoanas dos divisiones administrativas o tenencias nabarras más para la mejor defensa del territorio a finales del siglo XII reinado de Sancho VII el Fuerte, eran las tenencias de Aitzorrotz (Deba Goiena) y San Sebastián (Oarso Aldea); en ésta última, su padre Sancho VI el Sabio había fundado en 1180 la villa de San Sebastián-Donostia. Las tres tenencias nabarras son los tres tejos del actual escudo de Gipuzkoa.

Gipuzkoa fue conquistada junto con el resto de la Nabarra Occidental en diferentes acometidas castellanas que acabaron con la toma del castillo de la Mota de la villa de San Sebastián (monte Urgull) que defendía su tenente Juan de Bidaurre, recompensado después por el rey nabarro por su valentía en la lucha; el castillo de Ausa (Aralar) y Ataun no cayeron en manos castellanas hasta 1355.

El rey invasor desde Burgos sustituyó la originaria soberanía nabarra por la suya en San Sebastián en 1202 y en Hondarribia en 1203, hará lo propio con el resto de Gipuzkoa y en toda la Nabarra Occidental, siempre bajo la violencia armada del ejército invasor advirtiendo que: “si alguien actuare contra este mandato incurre en la regia indignación y pague 400 aureos (1.000 en el caso de San Sebastián)”.

La invasión castellana trajo fuertes problemas sociales al tener que dividir los ancestrales pastos comunales entre dos Estados, se llamará "la frontera de malhechores". La poderosa familia de Azpeitia de los Oñaz era la más perjudicada por tener intereses en Urbasa, en la Burunda, en el Goierri gipuzkoano y en los pastos comunales de Aralar, tierras a caballo entre la Nabarra conquistada y la Nabarra libre. En estos años, en 1321, tiene lugar la Batalla de Beotibar y es el inicio de la “Guerra de Banderizos” entre las familias que seguían luchando por su libertad y las que intentaban sacar provecho de la situación. Se creó entonces “La Hermandad de frontera” para poner paz entre hermanos, se denominó “Hermandad de los Hipuzcoanos e de los Navarros”, será el germen de la actual provincia de Gipuzkoa con las tres tenencias nabarras.

Castilla reforzó la Nabarra conquistada creando villas a lo largo de la nueva frontera, como las de Segura (1256) o la de Tolosa (1256), así hasta que en el año 1310 el rey de Castilla Fernando IV mandó fundar la villa de Garmendia de Iraurgui después Salvatierra de Iraurgi, la actual Azpeitia, valle donde se fundó poco después la villa de Azkoitia (1324). Pero en Azpeitia para entonces y desde hacía muchos siglos, ya existía población, eran los terrenos de las familias nabarras de Ozaka e Iribarrena dentro de la anteiglesia o “eleizate” del románico nabarro de Soreasu. Se le asignó a Azpeitia el fuero también nabarro de Vitoria-Gasteiz, villa fundada un año después que San Sebastián por el mismo rey nabarro Sancho VI el Sabio, fueros de villa que en realidad sólo conceden derechos de carácter económico y obligaciones de fortificación y defensa a una población preexistente.

Siglos después, en mayo de 1521, el azpeitiarra Eneko Oñaz de Loiola fue herido en un asedio que duró 6 horas mientras intentaba mantener para Castilla-España la recién conquistada fortaleza de Pamplona contra la voluntad de los naturales de Alta Navarra, alzados con su rey Enrique II “El sangüesino” por su libertad contra los invasores españoles con el Duque de Alba a la cabeza. Convertido en el eclesiástico Ignacio en la Sorbona, Eneko Oñaz (Ennekus según firmaba, latinizado como Ynego e Iñigo) llegó a ser en la universidad de París profesor de Francisco, natural del castillo de Xabier (deformación de Etxeberria), cuyos hermanos Juan y Miguel de Jaso y Azpilikueta fueron de los más aguerridos defensores de la libertad del reino nabarro, por lo que fueron despojados de todos sus bienes y Miguel quemado en la hoguera con el falso cargo de “brujería” al no aceptar su rendición y la conquista de su país como muchos otros nabarros.

El cronista del rey español Felipe II, el mondragonés Esteban de Garibay (s.XVI), se inventó un pacto irrompible entre la corona castellano-española y los nabarros occidentales para defender los Fueros o las leyes nabarras nacidas de la aplicación del Derecho Pirenaico. Esta idea fue mantenida por el carlismo primero y por el nacionalismo vasco después a modo de “Cuatro Estados vascos” independientes entre sí que pactan con la corona española, cuando lo que son los territorios en los que los españoles dividieron la Nabarra peninsular y sus habitantes somos la nación nabarra de los antiguos baskones, nación invadida primero, colonizada física y mentalmente después en diferentes oleadas imperialistas hasta el presente, sujetos en la actualidad a su imperio armado y donde los imperialistas han conseguido que nos peleemos entre nosotros para lograr ellos sus objetivos: la explotación de nuestras tierras y recursos así como la asimilación de nuestro pueblo. Pese a todo, los vascos somos nabarros porque como nación, jamás hemos reconocido otro Estado.