NABARRA CRISTIANIZÓ BIZKAIA

NABARRA CRISTIANIZÓ BIZKAIA
Aitzol Altuna Enzunza



“La introducción y el asentamiento del cristianismo, para los cuales se dan fechas muy diversas (válidas posiblemente las tempranas y las tardías a la vez, para diversas partes del país), contribuyeron a la consolidación del nuevo orden, cuya culminación podemos poner en el establecimiento del reino de Navarra, nuestra mayor realización política” Koldo Mitxelena en “Lengua común y dialectos vascos” (1981).


En el año 1025 Sancho III “el Mayor” reunió en el monasterio de Leire perteneciente al obispado de Pamplona a todos los obispos y grandes hombres del reino, además de al conde de Barcelona y a su tío y cortesano el conde de Gascuña Sancho VI Guillermo. Quería el nabarro hacerles partícipes a todos ellos de la reforma benedictina, resumible en “ora et labora” de los conocidos como “monjes negros” franceses de Cluny, cuyo abad y amigo personal de Sancho “el Mayor”, San Odilón, participó en el evento. La orden cluniense ya se había instalado un poco antes en San Juan de la Peña mediante monjes nabarro-aragoneses que se formaban en la famosa abadía de la Borgoña francesa. Este monasterio está situado cerca de Jaca en el norte de Aragón, entonces dentro del reino de Pamplona y tumba de varios reyes de Nabarra. Esta orden eclesial no dependía del obispado sino directamente de Roma.

El monasterio de San Salvador de Oña fue fundado en el año 1011 por Sancho García (conde de Castilla 995-1017) y su esposa Urraca Gómez. La primera abadesa de Oña fue Onecca (femenino de Eneko), hermana del conde castellano-leonés (tutora de Tigrida, hija de Sancho y menor de edad), la cual al morir en el año 1029 sin descendencia, legó todos sus numerosos bienes (en Burgos, Palencia y Trebiño) a su sobrina, prohijada y esposa del rey Sancho Doña Munia “la Mayor”. El propio Sancho III "el Mayor" reformó con la orden benedictina el monasterio donde fue después enterrado, eliminando además el convento de monjas en ese año 1033, para lo cual llegó desde San Juan de la Peña en el norte de Aragón el abad San Iñigo (escrito entonces “Ennego”), este monasterio jacetano fue fundado precisamente por Sancho III “el Mayor” en el año 1026.



Firma de Sancho III el Mayor, fundador del vizcondado de Lapurdi.
Lápida en el panteón de los reyes de San Isidro de León donde habría supuestamente trasladado el cuerpo su hijo Fernando al hacerse rey de ese reino y dice: “Aquí yace Sancho, rey de los montes Pirineos y de Toulouse” (Hic situs est sancius rex pirineorum montium et Tolose”).
Su sepulcro en Oña (el escudo es muy posterior).
Cuadro que representa el testamento de Sancho entre sus hijos, donde dejó a Sancho Garçea "El de Nájera" todo el reino baskón de habla vasca, a Fernando el condado de Castilla de su madre Doña Munia y a su hijo bastardo Ramiro varias tenencias así como el condado de Aragón. Al cuarto, Gonzalo, Sobrarbe y Ribagorza.

Con este rey, el reino baskón alcanzó su máxima extensión y se consolidó definitivamente en Europa, todos los territorios de habla vasca estaban bajo su poder (salvo la taifa de Tudela), será llamado por los cronistas árabes "Señor de los Baskones" (amir al-bashkuns). También se le nombra como rey de “Wasconum gens” y de “Wasconum nationem”. El historiador bajo nabarro Pierre Narbaitz (1910-1984) en su libro “Nabarra o cuando los vascos tenían reyes”, concluye que: “Y resulta innegable que el iniciador de ese movimiento fue un gran rey de Nabarra (Sancho III "el Mayor"), al que todo el norte de España (sic.), y no solamente su reino, le debe una verdadera explosión espiritual y artístico. Los monumentos de arte románico, en concreto, todavía en la actualidad, dan testimonio de esa explosión” (edit.Txalaparta pág 127).

Sancho “el Mayor” dio carta de villa a Nájera donde residía la Corte de nabarra por aquél entonces y donde nació su primogénito en el año 1012 del mismo nombre que el padre, por lo que será conocido como Sancho Garçea III “el de Nájera” (traducible como “el joven Sancho”). Fundó Sancho Garçea Santa María la Real de Nájera donde será enterrado y recuperó ese mismo año 1052 Calahorra al emir hispano de Córdoba. En el año 1053 podemos decir que superó la obra eclesial de su padre al fundar el monasterio de San Millán (de Suso) de la Cogolla, también en La Rioja, y justo un año antes de morir en una épica batalla de Atapuerca en el año 1054 contra su hermano Fernando I "el Grande", rey de Castilla y León por parte materna. Recibió Sancho Garçea los santos sacramentos de San Iñigo de Oña en el mismo campo de batalla.


Bizkaia dependía primeramente de los obispados alabeses, en opinión del bilbaíno Andrés Eliseo de Mañaricúa (Bilbao 1911-1988), que es el historiador que más ha indagado sobre esta cuestión. Según Mañaricúa, el primer obispado alabés habría sido el de “Velegia” en la actual Iruña de Oka. Este historiador identifica este obispado con la “Beleia” (sic.) del itinerario de Antonino del siglo III (la copia conservada es del siglo IV) y de "Notitia dignitatum" de la cancillería romana del s. V, que es además citado en la crónica albeldense en el siglo X con su obispo Alvaro de "Velegiae" (sic.). Mañaricúa identifica el obispado veleiense con la Vitoria Vieja de los documentos y escritos épicos del siglo XIII (sobre todo en "De Rebus Hispanie" de Ximénez de Rada), llamada así en confrontación a la villa nabarra de Vitoria Nova, fundada sobre la puebla de Gastehiz por Sancho VI "el Sabio" a finales del siglo XII.

Este obispado posteriormente se habría trasladado a Armentia a las afueras de la actual Vitoria-Gasteiz. Comenta A. Mañaricúa sobre Bizkaia: “Que a finales del siglo XI, este territorio se incorporara a Calahorra no es argumento para deducir que a ella perteneciera en tiempos anteriores. Y menos aún si tenemos presente la circunstancia política en la que se dio dicha incorporación” (“Obispados en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya”).



Por tanto, la Bizkaia nuclear como la comarca de Durango dependieron del obispado Armentia desde el siglo X y hasta su desaparición a finales del siglo XI, cuando pasará a depender del obispado de Nájera primero y poco después del de Calahorra, tras la invasión temporal castellana de 1076 por la felonía de los López de Haro. Los obispos de Alaba de los siglos IX, X y XI hasta ese año 1076, firman como obispos “in Álava et in Vizcaia”, lo que no deja dudas sobre la separación de ambas y la no-pertenencia de Alaba y Bizkaia al obispado castellano de Burgos, ni a Castilla, y mucho menos a Asturias.

El historiador bizkaíno J.A. García Cortázar junto a otros autores escribía: “En los siglos X-XII los pequeños monasterios de las Encartaciones van a depender del gran monasterio de Oña y obispado de Valpuesta, mientras que los de Bizkaia y Álava lo harán de San Millán de la Cogolla con los obispados alternativos de Armentia-Calahorra-Nájera y los de Guipúzcoa de Leire y San Juan de la Peña (Jaca) con los obispados de Pamplona y Bayona (éste hasta el siglo XVI), todos monasterios del reino de Pamplona-Nabarra” (“Introducción a la Historia Medieval de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya en sus textos”). Junto a las Enkartaciones, las comarcas hoy bizkaínas de Orozko y Orduña, así como los valles alabeses de Ayala y de Llodio, dependían del monasterio de Oña y del obispado de Oca-Valpuesta.

El obispado de Valpuesta sustituyó temporalmente al de Oca o Auca tras la conquista musulmana de gran parte del territorio de la diócesis, después fue reconquistado por los baskones en el siglo IX que la restauraron, por lo que pasó a pertenecer al reino de Pamplona-Nabarra desde ese siglo de los primeros cartularios con palabras castellano de Valpuesta hasta que fue conquistada toda Castilla Vieja y la Bureba por el reino de León entre los años 1054-1076, pasando finalmente la diócesis de a Burgos en el año 1087 (https://lehoinabarra.blogspot.com/2016/06/el-origen-del-castellano-en-valpuesta-y.html). 

Mapa de Eneko del Castillo con las diócesis del reino de Nabarra entre los siglo IX-XI

Impulsará además Nabarra el Camino de Santiago por su territorio y será el Camino de la Costa el que se usará al principio en los siglos IX-X. También se usará el llamado Camino baionés o vasco de la Llanada alabesa en esos siglos por donde discurría anteriormente la importante calzada romana “Vía Asturica”, pero era más inseguro. El llamado “Camino francés”, que es el que recorren ahora la mayoría de los peregrinos, fue precisamente desarrollado bajo el reinado del rey nabarro Sancho III el Mayor y después por su nieto el rey nabarro-aragonés Sancho Ramírez “el Restaurador” a finales del siglo XI. Este Camino de Santiago fue tomando relevancia a medida que la frontera musulmana-cristiana fue descendiendo y estabilizándose hacia el Duero en el siglo siguiente.



El arte románico de la Nabarra occidental, pero también el de los Pirineos y el del resto del reino, es el arte de estilo arquitectónico “románico nabarro” introducido por Sancho III el Mayor (1005-35) y sus descendientes mediante la reforma Cluny, que convirtió a nuestro reino en puntero en toda Europa. Este arte se extiende durante los siglos XI (primer románico), XII (románico pleno) y XIII (románico tardío) desde el monasterio de Leire.

Por tanto, la vida de este estilo artístico románico nabarro introducido por Sancho III el Mayor y sus descendientes desde el monasterio de San Salvador de Leire, tuvo como referencia episcopal los grandes monasterios interiores del reino, los principales para Bizkaia fueron los monasterios de San Millán de la Cogolla (La Rioja) y San Andrés (o San Prudencio) de Armentia hasta el siglo XI, aunque hay algunas donaciones de ermitas bizkaínas y otros bienes en el siglo XI a San Juan de la Peña en Aragón. El origen de la mayoría de las iglesias y ermitas de la Nabarra marítima hasta Santoña en Trasmiera cuando menos (Santa María del Puerto, Santoña, fundada en 1042 por Garsea III “el de Nájera”), así como de muchas de Castilla Vieja y La Bureba (Burgos), Alto Aragón, La Rioja o Gascuña, están construidas por orden de reyes nabarros o caballeros nabarros en este estilo románico nabarro.





LA CRISTIANIZACIÓN DE BIZKAIA

Bizkaia era una comarca más englobada en el ducado de Baskonia, al menos durante los gobiernos de Otsoa I Lupo y su hijo Eudon I el Grande (años 670-734). Cuando el ducado de Baskonia cayó en la anarquía tras la muerte en el 768 de su duque Waifre a manos de los francos, surgieron diferentes organizaciones regionales. La más importante fue la creada al sur de Baskonia por los llamados “nauarri”, que ya aparecen documentados en las crónicas francas sólo un año después, en el año 769. El reino de Pamplona-Nabarra tuvo a Eneko Aritza como primer soberano a partir del año 824 tras las Dos Batallas de Orreaga-Roncesvalles. Será Eneko y su hijo del mismo nombre, junto a su familia de caudillos pirenaicos, quienes fueron aglutinando todas las fuerzas baskonas hasta volverlas a englobar en los siglos X y XI.

En las Genealogías de Meyá o Roda (970-992) escritas en las Cortes nabarras y descubiertas en la diócesis de Urgell (Santa María de Meyá, Lleida), es donde aparece la primera referencia de un “Comitis Biscahiensis”, por tanto ya dentro del reino de Pamplona. Bizkaia era una unidad política libremente adherida al reino de nabarro mediante el matrimonio de la princesa nabarra “domna Belasquita, usor fruit domni Momi Comitis Bizcahiensis”. La princesa nabarra Belasquita aparece firmando con su padre el acta fundacional de San Martín de Albelda en La Rioja en el año 924. La Bizkaia nuclear iba en esos siglos desde el río Ibaizabal en su desembocadura (llamada Nervión en textos romanos pero no por la población), hasta la ermita de San Andrés de Astigarribia en Mutriku junto al río Deba, según consta en un documento de la época.

Andrés E. de Mañaricúa asevera que la lápida romano-cristiana de Morga del año 362 es “la primera inscripción cristiana conocida en la Península (…) Aunque una simple decoración de cruces no sea por si solo un argumento (…) es un indicio digno de mencionar la cerámica de barro fino decorada con cruces en relieve hallada junto a restos humanos en la cueva de Goiko-lana en Berriatua. Según su descubridor J.M. De Barandiaran es de tipo de la edad del hierro y parece ser de los primeros siglos del cristianismo en el País, desde luego anterior al siglo V” (“Estudios acerca de la cristianización del País Vasco” Labayru Ikastegia -2013-).

También se han encontrado presencia de cristianos en época romana en Forua debajo de la iglesia de San Martín, pero tras la caída del Imperio Romano Occidental, la religión judeocristiana tardó cinco siglos en volver a aparecer en Bizkaia, aunque sí se mantuvo en el centro y sur alabés. “Para encontrar nuevos restos arqueológicos que expresamente denoten su cristianismo, hemos de llegarnos al siglo IX”, dice A. Mañaricúa en el trabajo mencionado: “Esta escasez de restos (…), que no es privativa de la vida religiosa de nuestro pueblo sino común a todos los demás aspectos de su historia en estos siglos, ha movido a algunos historiadores a retrasar en no poco la introducción de cristianismo en Vizcaya y Guipuzcoa”.

El estudioso de la historia y el arte vasco Juan Plazaola Artola (1919 San Sebastián -2005), lo razonaba así: “La fundación de monasterios es quizás el signo manifestativo más elocuente de una difusión de fe y la vida cristiana. En el siglo X la cristianización del País Vasco meridional –escribe Lacarra- se propaga por iniciativa privada; gentes que se retiran a hacer vida religiosa creando monasterios de un solo clérigo o de varios por el sistema actual (…). En el siglo XI el cristianismo sigue haciendo progresos en la masa rural y muchos de esos monasterios de iniciativa privada entran bajo la regla de una gran abadía. Entre los siglos X-XI esa especie de colonización eclesiástica se va produciendo por Bizkaia (…)” (“Historia del arte vasco”).

El antropólogo español Julio Caro Baroja era de la misma opinión: “En suma, hasta el siglo IX no hay datos que permitan pensar que hubiera cristianos en parte de Guipúzcoa, Vizcaya y el extremo norte de (Alta) Navarra. En el siglo X puede ser que se empezara la cristianización sistemática” (“Los pueblos del Norte” 1973, p.137).

Por tanto, la introducción definitiva del cristianismo en toda Gipuzkoa y Bizkaia se produce dentro del reino de Pamplona-Nabarra (s.XI-XII), aprovechando para ello la plenitud a la que llega el reino baskón en esos siglos, además del impulso tanto comercial como cultural que suponía el Camino costero de Santiago, que tenía una ruta principal en Bizkaia (dos en el caso de Gipuzkoa), pero que contaba con numerosos ramales que impregnaban todo el territorio bizkaíno y gipuzkoano con templos que extendieron el románico nabarro y la influencia de la Iglesia Católica.

El primer historiador bizkaíno, el banderizo Lopez García de Salazar del siglo XV, confirma el hecho de la fundación de “monasterios” por parte de la corona Nabarra, en el sentido de iglesias de patronato laico bien realengas o bien diviseras confirmadas en un documento por Garçea “el de Nájera”. Habla el banderizo de una primera fase, relacionada con la lucha contra los musulmanes que correría a cargo de los caballeros (por tanto alejada de tierras bizkaínas, gipuzkoanas y del norte de Alaba), una segunda fase donde es la corona la que funda monasterios al aumentar la población y para consolidad su poder, y sólo en una tercera fase la iniciativa vendría de Roma con el aumento de las villas y la construcción de iglesias en ellas para cobrar el diezmo, por tanto más en los siglos XIII-XIV y dentro ya del estilo gótico tras la conquista castellana de la Nabarra Occidental.

(Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia-" de la Diputación de Bizkaia)

Según la tradición recogida por el escribano José Ramón Iturriza y Garate (Berriz 1741-Munitibar 1812), es Santa Lucía de Garai en Gerrikaitz (municipio actual de Munitibar-Arbatzegi-Gerrikaitz), la primera de todas las iglesias de Bizkaia. Esta ermita se encuentra a los pies del monte Oiz por la ladera Norte. Según esta tradición, el día de la virgen y de la Primera Batalla de Orreaga, el 15 de agosto del año 968, durante la celebración de la misa y tras la comunión, un águila tomó una calavera de una osera cercana y tras llevarla por los aires, la dejó caer en un campo de hierbas en Bolibar, al otro lado del monte Oiz, "cenaorriac", y allí se erigió la colegiata de Zenarruza (Ziortza). Sin embargo, su datación más antigua se remonta al siglo XI.


En toda la Bizkaia nuclear y duranguesado, anterior al siglo XI, tan sólo se puede asegurar que sea cristiano un sepulcro. Se trata de una de las enormes moles de piedra acumuladas desde diferentes lugares del duranquesado en la ermita de San Adrián Argiñeta en Elorrio, la cual tiene la inscripción que dice “in Dei nomine Era 921”, Era Hispana que corresponde al año 883 del actual calendario gregoriano (utilizado desde el siglo XVI). En otro artículo daremos el nombre de los lugares donde han aparecido este tipo de tumbas y otras de la misma época, así como todos los textos del siglo XI que hacen referencia a diferentes lugares de Bizkaia. En las Enkartaciones, hay sólo dos documentos del obispado de Valpuesta del siglo X donde se mencionan las iglesias enkartadas de San Cipriano de Pando en Karrantza y Santa María de Pobeña.


(Foto "Erdi Aroko Artea/Arte Medieval -Bizkaia-" de la Diputación de Bizkaia)




Advocaciones más frecuentes en Bizkaia en los siglos XI-XII

El 12% de las iglesias y ermitas de Bizkaia son de advocación a San Miguel, normalmente en los altos, patrono de Nabarra desde San Miguel Excelsior en Aralar, y cuya advocación se extendió desde 1017 con Sancho III el Mayor por todo el reino junto al románico desde Leire. En Bizkaia se encuentra esta advocación especialmente en el valle de Arratia, Ibaizabal y Bermeo. Pero ese culto llegó tardíamente a la costa: “El culto a San Miguel debió de propagarse y arraigar con fuerza en Bizkaia gracias a la política de organización del territorio emprendida por Sancho III el Mayor, quien en 1017, al fundar el monasterio de Aralar, convirtió al arcángel en el protector de la monarquía de Pamplona” Iñaki García Camino.

Es una talla de San Miguel de Andra Mari de Galdakano la más antigua de Bizkaia, gótica y datable entre los años 1270-1369, la única conservada de esta época junto con otra de Artea en Arratia. Estaba en la polser en el lado de la epístola en el altar mayor. Esta devoción nabarra era muy abundante en esos siglos en Bizkaia, aunque solo han llegado hasta nosotros 21 tallas estudiadas en el trabajo del galdakoztarra Jesús Muñiz Petralanda "Imágenes del arcángel San Miguel en Bizkaia".

Aún así, un número muy superior a las de 11 de Alaba (con Uda-Trebiño), 7 de Gipuzkoa, 3 de La Rioja (dos en Ezkaray y una Santo Domingo de la Calzada) y las tan solo 6 tallas más el relieve de la catedral de Pamplona en Alta Nabarra: "Se ha sugerido que la monarquía navarra no fue ajena a la difusión de la advocación de San Miguel en el País Vasco ("El culto a San Miguel como posible origen de la ciudad de Vitoria" Boletín del Seminario del Arte y Arqueología, XXI-XXII pp 15-27). Y es muy probable que así fuese también en el caso particular de Bizkaia. De esta opinión es García Camino quien ha constatado que se trata de una de las advocaciones más numerosas en la Alta Edad Media en nuestro territorio, solo superado por la de la Virgen María".




El historiador y arqueólogo de la Diputación de Bizkaia Iñaki García Camino, en su tesis doctoral "Arqueología y poblamiento de Bizkaia, siglos VI-XII", afirma que: "Si creemos, sin embargo, teniendo en cuenta el área de expansión del culto - centrado en el duranguesado- que su influjo debió de proceder de Oriente, de (Alta) Navarra, vinculado con el ciclo de influencias y expansión de la monarquía de Pamplona, especialmente tras la llegada al trono de Sancho el Mayor", en referencia a la fundación del santuario de Aralar documentado en el segundo tercio del siglo XI y dos poemas del siglo X que vinculan al arcángel con la monarquía nabarra entre otras muchas referencias. Galdakano contaba con una ermita de advocación de este santo en el monte Upo, en Usansolo camino Mandoia, cuya advocación fue después cambiada.

Esta ermita fue llamada después de San Babas y en el siglo XVIII aparece con el nombre actual de San Segismundo, un noble borgoñés del siglo VI. El historiador berriztarra Iturriza comenta al respecto (1790): “en el pórtico de la ermita de San Miguel en el monte Upo, jurisdicción proindivisa entre Santo Tomás de Olavarrieta, vecino de Ceberio y la anteiglesia de Zarátamo, se concierta la obligación de hacer vivero de nogales”. La ermita actual es del siglo XVIII y no queda nada de la original.






La advocación a San Juan Bautista parte de San Juan de la Peña en Aragón (dentro del reino de Nabarra, comarca de Jaca) y llega en la segunda mitad del siglo XI a Bizkaia, sobre todo en el entorno del monte Oiz, donde las ermitas de Momoitio, Zengotita y Arzuaga son las más antiguas, además de San Juan de Gastelugatxe que fue entregado al cenobio jacetano en 1053.

La advocación a San Lorenzo también es antigua, de la segunda mitad del siglo XI, con Mesterica, Islas (Arteaga), Lamikiz, Zeanuri y Maruri. San Bartolomé en Miota (Elorrio), Berreaga y Santo Tomás en Bolibar y Etxeberria son también de la misma época. Del siglo XI también hay templos de San Martín de Tours en Finaga y San Martín de Iurreta y San Martín de Forua, en ésta es en la que se encontró un templo cristiano-romano del siglo IV sin continuidad en el tiempo sobre el que se erigió el templo actual
Andra Mari de Elexalde, Galdakano


Las primeras devociones marianas dentro del reino nabarro y cerca de Bizkaia, las tenemos en Santa María de Puerto en Santoña 863 y en retes de Tudela en Artziniega (valle de Aiala), con el nombre de Santa María de Tudela.

El culto a la Virgen María cuajó perfectamente con el matriarcalismo y el culto pagano a Amalur, Maya o Mari de los nabarros, pero su penetración fue tardía, del siglo XI-XII. Del siglo XI existen varios textos que nos hablan de ermitas o iglesias de Busturia de Santa María de Axpe y Santa María de Barezi, Santa María de Barrika, Santa María de Mundaka y de Santa María de Alboniga en Bermeo (todas muy cercanas en la ría de Gernika), que son las primeras iglesias y ermitas bizkaínas documentadas de advocación mariana, aunque habría que añadir otras como las de Etxano y Zenarruza que aparecen en los textos sin mencionar su advocación, a las que hay que añadir las de Santa María de Lemoniz y Santa María de Gautegiz-Arteaga que conservan restos de esta época (A. Mañaricua “La Inmaculada en Vizcaya”).

De especial interés tienen las imágenes de la Virgen y el Niño de Andra Mari de Galdakano, la Antigua de Lekeitio, Andra Mari de Jainko en Arrieta y las de las Artea y Arantzazu en Arratia del siglo XII, por tanto son cinco las vírgenes nabarras de Bizkaia.

Andra Mari de Lekeitio dentro de la iglesia gótica

Fue Sancho VI el Sabio el que introdujo el culto mariano a la Virgen de las Nieves o Virgen Blanca en el reino baskón, como en el conocido caso de Vitoria-Gasteiz, pero que, sin embargo, no contó con importantes representaciones en Bizkaia. Son la excepción la ermita de Nuestra Señora de la Blanca del Barrio Paresi de Busturia del s. XII y la ermita de Nuestra Señora de las Nieves en Artzentales, además, se celebra también en la Enkartaciones esta festividad en Lanestosa.


Tras la creación del Camino Francés y desde el s. XII, el Camino Costero era de uso puntual, no tanto por lo montañoso del terreno sino sobre todo por la peligrosidad de su gente, según se recoge en el Concilio de Trento que excomulgó oficialmente por este motivo a todos los vascos además de por paganos (1562-1563), sin que, hasta la fecha, se haya levantado tal excomunión. Aunque parece que el motivo era más bien otro: tras la conquista castellana se les prohibió a los obispos de Bizkaia, a sus vicarios y a sus representantes la entrada en el señorío, incluso hubo acuerdos en tal sentido de las Juntas de Bizkaia como la del año 1487. El Fuero viejo de Bizkaia de 1452 ya se remarcaba que: “en el dicho condado no entrase obispo ni sus vicarios ni otros”, esta cuestión fue eliminada del Fuero Nuevo del año 1526, pero parece que costó mucho más tiempo que tuviera efecto. Con ello los bizkaínos evitaban pagar censos y diezmos, así como la influencia política de los obispos castellanos.

JJ López de Ocáriz y F. Martínez de Salinas "Arte románico en Álava"