EL CURA SANTA CRUZ, 100 AÑOS DE SU MUERTE
Aitzol Altuna Enzunza
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| Una de las partidas del cura Santa Cruz Bertso Karlista: Fueroko lege oiturak leialki gorderik, oraindaño izan gera zorionez beterik; gure on au goitiarrak eraman eziñik. portiz digute eraso erruki gaberikrik |
El clero vasconabarro se posicionó mayoritariamente por el bando carlista sobre todo por la preponderancia de la Iglesia Católica como religión oficial del Estado que defendía, frente a la libertad de culto o incluso el laicismo del liberalismo más radical.
Durante el llamado "sexenio democrático" tras la revolución conocida como La Gloriosa en el año 1868 que supuso la expulsión de Las Españas de Isabel II de Bourbón y Bourbón, se proclamó la Constitución de 1869 que duró hasta el año 1873, donde aparecía por primera vez la libertad de culto, lo que provocó un gran escándalo en la Iglesia Católica, pese a seguir siendo la religión oficial y la única financiada por el Estado.
El artículo 21 establecía que: «La Nación se obliga a mantener el culto y los ministros de la religión católica».
Además, el liberalismo había impulsado las desamortizaciones de los bienes de la Iglesia en los años 1835-36 (Mendizabal), 1841 (Espartero) y 1855 (Madoz), aunque estas propiedades rara vez llegaron a manos del campesinado y fueron comprados por los españoles más pudientes.
Es más, para los carlistas, liberalismo y libertad eran términos incompatibles, así lo escribía el tradicionalista y carlista, Diputado valenciano Antonio Aparisi y Guijarro defendiendo la causa foral:
"La España liberal está condenada a dictadura o a tiranía: los que amen la libertad que se despidan de ella, que no hay libertad para la España liberal (...), en 1833 las provincias de España en lo antiguo más libres, algunas de las cuales conservaban todas sus franquicias y otras recordaban con amor vehementísimo sus Fueros, se alzaron en favor de Don Carlos" (Fernando Sánchez Aranaz "Carlismo, memoria de una disidencia" -2023-).
EL CURA SANTA CRUZ LOYDI
Destacó en la Segunda Guerra Foral o Carlista el guerrillero gipuzkoano "el Cura Santa Cruz", Manuel Ignacio Santa Cruz Loydi (Elduain 1842-Colombia 1926), el cual resumió así al final de su vida el motivo por el que se alzó con el carlismo:
“La fe y la religiosidad han sido siempre proverbiales en aquella bendita tierra; y la creencia de que el triunfo de las armas carlistas era también el triunfo de la religión, venía a ser por entonces una persuasión íntima y general” (1918).
Manuel Ignacio Santa Cruz Loydi nació el día
23 de marzo de 1842 en Elduain en el valle de Berastegi en el caserío conocido hoy como “Sorregieta”.
Era hijo de Francisco Antonio Santa Cruz Sarobe de Elduain y de Juana Josefa Loydi Urrestarazu de Amezketa. Su padre había luchado en las
filas carlistas en la Primera Guerra Foral o Carlista.
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| Retrato del año 1873, al comienzo de sus andaduras como guerrillero |
Entró Manuel Ignacio con 19 años en el Seminario de Vitoria gracias a un tío suyo donde se hizo sacerdote. Fue cura de Hernanialde desde 1866, donde empezó a esconder armas que le entregaban
para su custodia a la espera de un nuevo alzamiento carlista.
Sus sermones empezaron a inquietar a las autoridades liberales que le inquirieron para presentarse en el cuartel, cosa que no hizo.
En octubre de 1870 mientras celebraba misa en su parroquia, llegó un batallón entero del ejército español para detenerle, al parecer, fue el sacristán de ideología liberal el que le había denunciado.
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GUERRA SIN CUARTEL
Año y medio después entró Manuel Ignacio en Gipuzkoa como
capellán de la partida del líder carlista Rekondo, que al poco
tiempo se rindió acogiéndose al Convenio de
Amorebieta el 24 de mayo de 1872.
Pero, Santa Cruz no quiso hacer lo mismo y se refugió en Iparralde o Tierra de Vascos. Regresó a los pocos días en el mismo mes de mayo de nuevo a Gipuzkoa al frente de una partida de 16 hombres. Se echó al monte con ellos y se hizo fuerte en los frondosos bosques gipuzkoanos, tenía 30 años.
Bandera del cura Santa Cruz en el museo del carlismo en Estella-Lizarra. La bandera usada por las guerrillas de Santa Cruz era la bandera negra con una calavera (con o sin tibias cruzadas) y la leyenda “guerra sin cuartel” (bordada por la monjas de Elorrio) y otro con el lema "Victoria o muerte". La bandera de los ejércitos españoles liberales-unionistas era la actual bandera española, pero, la de los carlistas no era la Cruz de San Andrés o de Borgoña blanca con cruz roja, cuyo origen explicamos en LEHOINABARRA: DESDE EL DESCONOCIDO INVENTOR DE LA BANDERA ESPAÑOLA HASTA SU IMPOSICIÓN ACTUAL. Los carlistas no usaron la bandera borgoñesa de los Tercios españoles hasta el alzamiento con sus enemigos ancestrales de 1937, los militares, con los que concurrieron a esta contienda que para ellos fue la Cuarta Guerra Carlista LEHOINABARRA: EL CARLISMO EN 1936: ¿TRAIDORES O TRAICIONADOS?
El 6 de agosto de ese año 1872 el cura Santa Cruz al frente de una veintena de hombres, atacó un convoy liberal que llevaba armas desde Bergara a Arrasate-Mondragón, apoderándose de 41 fusiles.
Fue detenido y llevado a Aramaiona en Alaba, gracias a un simpatizante local logró escapar de nuevo, mientras esperaban la llegada del ministro de Guerra Fernando Primo de Rivera para fusilarlo, tío del futuro dictador.
Cueva de Ipizte en Aramaiona donde se refugió el cura Santa Cruz con su partida y donde hay una urna con un rosario y fotos suyas
EL SANGUINARIO CURA SANTA CRUZ
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| Sobre esta Segunda Guerra Foral y el Estado Carlista pleno que se creó en Euskal Herria, hablamos en LEHOINABARRA: EL ESTADO CARLISTA |
En el año 1873 comenzó su fama de sanguinario, llegó a fusilar al mando carlista y ex Guardia Civil Egozcue, al que acusó de intentar lo mismo contra él y, sobretodo, de haber fusilado para entonces a dos de sus hombres.
Poco más de un mes más tarde, en junio, mandó fusilar a unos 36 carabineros en el paso de Endarlatsa en Lesaka (Alta Nabarra) en la muga con Lapurdi, pese a rendirse éstos tras un largo asedio a su fortaleza con muertos en ambos lados.
Aunque se le conoce como "el cura guerrillero", realmente Manuel Ignacio Santa Cruz llegó a contar con hasta 800 soldados regulares del ejército carlista a su cargo bien uniformados y con artillería; casi todos sus soldados eran gipuzkoanos, sobre todo de la comarca de Oarso Aldea entre Oiartzun-Errenteria.
Él firmaba los bandos como comandante, incluso después de que fuera depuesto por el pretendiente Don Carlos VII de Bourbón como vamos a ver.
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| El pretendiente Don Carlos con su camarilla de militares en el año 1874 en Azpeitia (Gipuzkoa) |
Santa Cruz personalmente nunca disparó tiró alguno, sino que dirigía la partida. Eso sí, mandó fusilar a mucha gente sin que haya un estudio que nos dé un número aproximado de ejecuciones; también arrojó a varios enemigos a simas como la de Iguzkitza en Alta Nabarra, acusados de espionaje o traición.
Él mismo confesaba a los reos antes de matarlos si se dejaban, dándoles su absolución. Incluso mandó apalear concejales por avisar a los liberales de su presencia o a militares carlistas por cobardía, desobediencia y traición.
Ejecutó a una mujer embarazada acusada varias veces de espionaje. Por el mismo motivo, apaleó a varias más o les cortó el pelo a cero, untándolas con miel la cabeza y emplumándolas después para exhibirlas por los pueblos.
En las Guerras Carlistas (como en la mayoría), los fusilamientos en ambos bandos fueron muy frecuentes, también a mujeres acusadas de espías o incluso a las madres de altos cargos militares como el caso del General carlista Ramón Cabrera "el Tigre del Maestrazgo"; lo extraño realmente en estos actos de guerra era la condición de sacerdote del guerrillero Santa Cruz.
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| Don Carlos VII y su camarilla |
Su excesiva dureza, tanto contra las tropas de ocupación liberales-unionistas como después también contra los dirigentes carlistas en Gipuzkoa, fue lo que le hizo muy famoso. A éstos los llamaba "ojalateros", ya que decía que repetían muchas veces "ojalá" pero nunca hacían nada (esto mismo se documenta en la Primera Guerra Foral).
EL ESTE DE GIPUZKOA BAJO SU CONTROL
Pero, lo que más llamó negativamente la atención de sus mandos, fue que prohibiera circular a cualquier persona por Gipuzkoa sin su salvoconducto, lo que él justificaba diciendo que así evitaba a otros mandos carlistas con los que los pueblos afines no comulgaban.
La cuestión es que, al parecer, la gente de Gipuzkoa apoyaba a Santa Cruz, tal y como se desprende de varias misivas del Comandante General carlista de la provincia, Antonio Lizarraga:
"Guipuzcoanos: Santa Cruz será vuestra perdición. Abandonadle, abandonadle cuanto antes, si queréis evitar al Rey y a Guipúzcoa días de amargura y de desolación que no tardarán en traer las locuras de ese hombre funesto".
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Y en otra misiva proclama Lizarraga: "Mirad, pues, lo que hacéis; examinad a quién seguís: desechad indignas sugestiones y que nunca os ciegue la pasión, la simpatía o el terror, y plegados todos a la Causa y desprendidos de lazos personales, perjudiciales siempre, agrupaos en derredor de vuestros verdaderos jefes, para morir o vencer con ellos al grito mágico de ¡Viva los Fueros! ¡Viva Don Carlos! ¡Viva la Religión! símbolo de libertad, de paz y de ventura".
CONDENADO A MUERTE POR AMBOS BANDOS
Santa Cruz sufrió numerosos intentos de asesinato por ambas partes debido al alto precio que pagaban por su cabeza, de ahí su saña con los espías.
Es conocido el intento de asesinarlo en una ocasión por un secuaz disfrazado de sacerdote, el cual decía querer conocerle porque lo admiraba; lo llevaron a su presencia dos de sus guardias personales con la bayoneta calada, Santa Cruz le habló en un latín básico y al no saber responderle, mandó fusilarlo allí mismo.
Santa Cruz se sentía traicionado ante la tibieza de sus mandos y no se presentó ante su superior el General pamplonés Antonio Leizaraga o Lizarraga cuando éste se lo requirió.
Lizarraga y el ceutí Antonio Dorregaray, Capitán General del carlismo en los cuatro territorios forales, le formaron un consejo de guerra en 1873, siendo condenado a muerte en nombre del pretendiente Carlos VII y destituido de su cargo de comandante.
Santa Cruz tampoco se presentó, había interceptado a un espía la misiva de su sentencia a muerte por lo que ya sabía lo que le esperaba, huyendo de nuevo hacia Tierra de Vascos; después fue indultado.
El gobierno liberal puso un precio de 40.000 reales a su cabeza, a lo que el de Elduain dicen que contestó: "Mucho me alegro que valga tanto mi cabeza. Mi hermana en Tolosa paga catorce reales por la cabeza del cerdo, y si es grande dieciocho. Más que esto no puedo ofrecer yo por la cabeza del gobernador de San Sebastián".
Volvió después una vez más a la cabeza de 50 guerrilleros, y esta vez luchó con su partida tanto contra liberales-unionistas como contra los propios carlistas por todo el sur de Euskal Herria.
Se hizo fuerte rodeado de sus incondicionales de nuevo en los montes de Aritxulegi-Aiako Harria entre Oiartzun-Renteria (Gipuzkoa), Lesaka-Bera (Alta Nabarra) y cercano a Lapurdi por Endarlatsa, donde ya había estado antes su base desde finales de 1872 y donde tenía incluso piezas de artillería, estando oficialmente toda la partida "fuera de la ley", buscados y perseguidos por ambos bandos.
EL FIN DE LA GUERRA, SU ENTREVISTA EN LONDRES CON CARLOS VII
Finalmente, Santa Cruz tuvo que refugiarse en Lille (Francia), donde recibió la noticia de la pérdida de la guerra en 1876. Después pasó a Inglaterra donde estuvo en Londres de marzo hasta octubre.
Xabier Azurmendi en su extenso libro "El Cura Santa Cruz" (1986), relata cómo en su estancia en Londres pasó los primeros meses visitando el convento de Padres Carmelitas donde había muchos euskaldunes, sobre todo bizkaínos.
Llegó a profesar de nuevo misa, así como después en la iglesia de los padres jesuitas, con los que ya se había juntado Santa Cruz y en cuyas casas residía desde que fueron ellos quienes le ayudaron a salir de Francia.
Farm Street Church de los jesuitas en Londres
Una de estas misas fue oída por un secretario de Don Carlos llamado Melgar que lo reconoció, y se puso en contacto con el prior carmelita natural de Markina que preparó el encuentro como un desayuno privado tras la misa. Ambos no se habían visto antes.
En el encuentro Don Carlos se reconcilió con Santa Cruz, el cual se presentó como su fiel servidor pidiéndole perdón por sus errores. Hay relatos de testigos de cómo Don Carlos también pidió perdón por todos los errores cometidos, aunque estuvieron mucho tiempo a solas por lo que no se sabe exactamente de qué hablaron y en qué términos.
SU MALA PRENSA ENTRE LOS ESCRITORES ESPAÑOLES DEL 98
Las biografías del cura-guerrillero Santa Cruz son muy dispares en cuanto a la valoración de su vida, siendo difícil distinguir lo ocurrido de la propaganda elaborada contra él.
En general, es mayoritaria una visión de hombre despiadado y que no se andaba con contemplaciones a la hora de acabar con vidas humanas, más propio de un militar en tiempos de guerra que de un hombre de Dios.
Su figura fue mitificada como un personaje sanguinario por los grandes escritores españoles de la Generación 98. Acérrimos liberales como el donostiarra Pío Baroja lo hicieron sobre todo en su novela "El Cura Santa Cruz y su partida" (1918), pero también en su famoso libro "Zalacain el aventurero". El propio Santa Cruz le contestó a Baroja negando o matizando muchas de sus acusaciones.
Baroja sí llegó a conocer de joven a Santa Cruz, no así Benito Pérez Galdós cuando escribió sobre él en sus "Episodios Nacionales". Miguel de Unamuno lo utilizó como figura legendaria y retórica del carlismo en el contexto histórico y filosófico de su libro "Paz en la guerra" (1897).
También escribieron y debatieron sobre él Azorín y Valle-Inclán. Éste último simpatizó con el carlismo para evolucionar hacia el republicanismo, usó la figura de Santa Cruz como personaje en su trilogía "La Guerra Carlista", pero, no llegó a conocerlo.
Inclán describió de la siguiente manera que sirve como resumen general de este cura guerrillero para estos escritores, en su mayoría de ideas liberal-unionistas:
"Era un hombre regordete, más bajo que alto… con algo de esa personalidad enigmática de los seres sanguinarios, de los asesinos y de los verdugos" (Gerifaltes de Antaño -1909-)
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| Cuadro de José Barahona Pérez (Museo del Carlismo) |
MISIONERO EN AMÉRICA
En una carta que escribía el cura Santa Cruz desde Londres a su gran enemigo y superior el general carlista Lizarraga, le decía:
“Muy distinguido general de mi respeto, aprovecho una ocasión para pedir a VE perdón de las faltas que haya habido de mi parte y le suplico tenga seguridad de mis simpatías para con VE. Mi mayor deseo es tener ocasión para probarlo. El humilde servidor en Jesucristo que ruega al señor por su salud" (1876).
Fue así, arrepentido de sus actos como militar, cuando decidió redimirse partiendo con tan solo 34 años como misionero, tras recibir el indulto del papa Pio IX en el año 1876, el mismo en el que finalizó la guerra.
Los últimos 50 años de su vida los hizo de misionero en América entre Jamaica (donde pasó los primeros 14 años) y Colombia, donde fue conocido como el padre Loydi.
Llegó el padre Loydi a Pasto en Colombia a la casa que la Compañía de Jesús tenía allí en el año 1892, dando clases geografía, francés e inglés. Entró ya muy mayor en la Compañía de Jesús o jesuitas, en el año 1920 como novicio e ingresó formalmente en la Orden el 31 de julio de 1922 a los 80 años, el día de San Ignacio.
Mantuvo Santa Cruz una relación distante con el hijo del pretendiente Don Carlos VII y también pretendiente Jaime de Bourbón (rama llamada jaimista del carlismo), al que escribió en marzo de 1926 desde Colombia:
«… Cuando S.M. Don Jaime de visita en Bogotá, me envió su retrato con dedicatoria, que tanto agradecí. Para manifestarle mi gratitud, le contesté, haciendo votos por su salud y por su triunfo… Hoy cumplo 84 años …»
El cura Santa Cruz murió en Colombia el 10 de agosto de ese año 1926 a los 84 años de edad de muerte natural. Sus restos descansan en la iglesia de San Ignacio en el pueblo de San Ignacio de Buesaco en las montañas colombianas, donde llamaba a misa a son de corneta recordando sus tiempos de militar.
El propio padre Loydi había fundado esta aldea a más de 5.000 metros de altitud que actualmente tiene 59 habitantes, y mandó además construir la ermita en honor a su paisano el santo-guerrero y fundador de la Orden de los Jesuitas con el que se sentía muy identificado.
Sixto Enrique de Borbón (Pau 1940), descendiente del pretendiente Carlos VII y líder de Comunión Tradicionalista, le rindió homenaje en el año 2005 (en el centro de la foto), rama ultraderechista extinción del Carlismo oficial de su hermano Carlos Hugo, el cual es autogestionario y federalista y que hoy continúa su hijo Carlos Javier Borbón y Parma (Holanda 1970) LEHOINABARRA: EL CARLISMO HOY
COROLARIO:
Santa Cruz ha sido el cura guerrillero euskaldun más famoso junto a Bernat Goienetxe "Matalas", el cual también se alzó con 800 campesinos en el siglo XVII contra el poder feudal del rey francés para defender el comunal del pueblo, cuya historia narramos en: LEHOINABARRA: ZUBEROA, VIZCONDADO DE NABARRA





























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