CRÓNICA DE LA INVASIÓN DE 1512 DESDE LA NABARRA OCCIDENTAL

CRÓNICA DE LA INVASIÓN DE 1512 DESDE LA NABARRA OCCIDENTAL
Aitzol Altuna Enzunza




El florentino Nicolás Maquiavelo (1467-1527), coetáneo a Fernando II de Aragón, en su libro “El Príncipe”, dijo sobre éste: “El rey de España ha querido fortificarse en el reyno de Nabarra, que ha conquistado y cuya posesión deseaba (…) Un príncipe de nuestro tiempo, cuyo nombre no conviene mencionar, predica continuamente la paz y la lealtad, siendo en realidad enemigo de ambas; de hecho, si hubiese observado tanto la una como la otra, habría perdido repetidas veces el prestigio y el Estado”.


El historiador Manex Goyhenetche (1942-2004) en su libro “Historia General del País Vasco” comentaba: “Navarra fue el primer laboratorio de observación y aplicación del maquiavelismo”.

Euskal esaera zaharra: “izatez katolikua, egitez katilukoa”.



Fernando II de Aragón será conocido por los historiadores nabarros como “el Falsario” , ya que para justificar la invasión española del Estado de Nabarra, mandó falsificar varias bulas papales (él era analfabeto), con las cuales pretendía excomulgar a los reyes de Nabarra o jefes del Estado nabarro. El 17 de julio de 1512 ya había mandado falsificar un supuesto Tratado de Blois, por el que se atribuía acuerdos perniciosos contra Castilla a los firmantes: Francia y Nabarra; el Tratado realmente se firmó un día después, el 18 de julio, y en él no había artículo alguno de los publicados por Fernando; en el original, Nabarra se mostraba neutral ante una posible guerra entre las poderosas Castilla y Francia, las potencias europeas y mundiales del momento en una política bautizada como “de balancín” .


El clérigo nabarro Miguel Ulzurrun, autor del falso Tratado de Blois, fue compensado tras la ocupación militar del reino con la alcaldía de Pamplona. Con estas falsificaciones, el maquiavélico Fernando “el Falsario”, preparaba al mundo para aceptar la invasión militar del reino de Nabarra y la posterior represión contra su población.


La pretensión de invadir el reino de Nabarra no era nueva, el hermanastro de Fernando, Carlos Príncipe de Viana, en el 1442 añadió a sus armas un hueso que roían dos lebreles con la inscripción: "Utrinque roditur" (“se muerde de una y otra parte”), aludiendo a Castilla y Francia y donde el hueso era Nabarra, expoliada en sucesivos ataques en fechas como 1054, 1076, 1136, 1175, 1199 ó 1462 como más destacadas. En el 1468 falleció de cáncer de pecho la madre del Fernando de Aragón, la castellana Juana Enríquez, la cual en su lecho de muerte exclamó: “¡oh hijo qué caro me cuestas!”. Antes de morir, confesó Juana haber envenenado a su hijastro el príncipe Carlos, heredero a las coronas de Aragón y de Nabarra.


Fernando II rey de Aragón y Silicia, tras la conquista del reino nazarí de Granada (1492) comenzó a titularse rey de “Las Españas”, pues entonces gobernaba también el reino de Castilla, lo que hizo de forma definitiva tras recluir en Tordesillas a su propia hija Juana “La Loca” en 1509, la verdadera reina de Castilla tras la muerte de su madre Isabel I “la Católica” acaecida en 1504, todo ello pese a contar Fernando con la oposición de la nobleza castellana. Juana “la Loca” ha sido la única reina realmente española, aunque de abuela portuguesa, de la que heredó sus problemas mentales como probablemente los padeció antes su madre, una de las mayores integristas religiosas de la historia.


Tras la muerte de Isabel I “la Católica”, Fernando II de Aragón se casó con Germana de Foix, pariente de los reyes nabarros, hermana del rey consorte Gastón de Foix muerto en abril de 1512, poco antes de la invasión, pero que no poseía derechos sobre el reino nabarro, pues los derechos sobre la Corona Nabarra eran de su mujer Leonor (en Nabarra nunca hubo “Ley Sálica” de origen franco que impedía heredar a las mujeres). Fernando II de Aragón tenía, por tanto, la pretensión de conquistar y asentar después la corona Nabarra mediante un hijo con Germana de Foix que justificara su invasión y la continuidad de la corona ante los nabarros.


“Navarra en su vida histórica” Arturo Campión: Fernando el Falsario tuvo un hijo con Germana de Foix que murió al de pocos horas de nacer, con la intención de separar Aragón de Castilla pese a ver jurado a su primera esposa Isabel que no lo haría. Fernando “recurrió a los medios de artificio y los brebajes que apuró para tener descendencia, en vez de vigorizar su naturaleza, acortaron sus días”.



Por parte invasora, la decisión de atacar la Nabarra reducida fue de Fernando de Aragón “el Falsario”, pues el pueblo y las Cortes castellanas habían perdido todo su peso (hecho permanente después en la historia española). La invasión comenzó con una mentira más: Fernando II de Aragón se alió con Inglaterra donde gobernaba el cismático Enrique VIII, quería, decía Fernando, ayudar a los ingleses a recuperar la Guyena, que era como llamaban entonces a la parte occidental de Gascuña-Aquitania que los ingleses perdieron en el siglo XV tras la Guerra de los Cien años contra Francia (finalizada en 1451), para lo que solicitó Fernando el paso de sus tropas por Nabarra al rey Juan de Albret o Labrit.


Juan de Albret denegó el paso a las tropas de Fernando, no le hacía falta, las tierras invadidas de la Nabarra Occidental de Alaba, La Rioja, Bizkaia (que abarcaba entonces otras tierras al occidente bajo el control de los señores de Bizkaia hasta Cudeyo en la bahía de Santander), Gipuzkoa y las suyas de Aragón eran más que suficientes para llegar a Aquitania; Juan de Albret (rey culto con una importante biblioteca, refinado y poco belicoso, parecía el anverso de Fernando “el Falsario”), no se fiaba, era lógico, ante la traición del ambicioso líder beamontés: el Conde de Lerín III, conocido por el pueblo como “txikirihandi” por su desmedida ambición, y el manifiesto deseo de Fernando de gobernar toda Nabarra. El conde de Lerín estaba casado con la hermana bastarda de Fernando el “Falsario”.



Curiosamente, eran las mismas excusas (bula incluida) que casi tres siglos antes había puesto el rey castellano Alfonso VIII para invadir la Nabarra Occidental, en ambas ocasiones con el beneplácito en estos actos imperialistas del Emperador de Roma, el papa.

Fomentar la división interna antes de la definitiva invasión militar, era una táctica que a Fernando II de Aragón le había dado un gran resultado para conquistar Granada en 1492. Fernando apoyó en el viejo reino nazarí al tío del futuro rey Boabdil tras la muerte de su hermano, fomentando la disensión interna de la población que facilitó la conquista del reino de Granada ocho siglos después de la llegada de las primeras tropas musulmanas a la península.


Fadrique Álvarez de Toledo, duque de Alba, salió de Agurain-Salvatierra (Alaba) el 19 de julio, pero dejó de lado la ruta que conducía a Aquitania como prometió a los ingleses y tomó con su ejército Pamplona-Iruña el 25 de julio de 1512, sin previa declaración de guerra, con ayuda de los naturales beamonteses. Fernando II de Aragón, “el Falsario”, instaló su corte en Logroño ocupada por Castilla a Nabarra a finales del siglo XII durante la invasión de la Nabarra Occidental, desde donde dirigió la conquista y posterior destrucción de lo que quedaba de Nabarra, reducida para entonces a Alta -Baja Navarra como territorio independiente, sin correr peligro alguno. “El Falsario” nunca pisaría la parte recién invadida del reino de Nabarra por miedo a un nuevo alzamiento de la población.


Los 10.000 ingleses enviados por el rey inglés Enrique VIII habían desembarcado en Pasaia (Gipuzkoa e históricamente el principal puerto natural nabarro entonces mitad de Hondarrabia –San Juan- y mitad de Donostia -San Pedro-), pues la orden era hacer uno con las tropas castellanas y emprender la batalla contra los franceses que ocupaban Baiona,

Al observar las verdaderas intenciones del rey aragonés, levaron anclas los ingleses, pues sólo les quería Fernando para mantener ocupados a los franceses mientras el rey Falsario invadía la Nabarra reducida; antes, las tropas inglesas cometieron numerosos saqueos en Gipuzkoa: en San Sebastián, Irun, Hondarribia, Renteria, Hernani y Oiartzun .


Enrique de Inglaterra fue consciente de este nuevo engaño de Fernando “el Falsario”, como él mismo reconoció en una carta enviada al Habsburgo Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y a la sazón, el otro abuelo Carlos V de Alemania (gantés de nacimiento y borgoñón de espíritu), según recoge el historiador francés Pierre Boissonnade (1865-1935) en su libro “La conquista de Navarra”: “gracias a mi auxilio conquistó el rey de España el reino de Nabarra”.


El Duque de Alba sitió Pamplona con 15.000 soldados. Entre sus capitanes, no había ningún nabarro occidental. Con el duque español iban 2.500 jinetes, 12.000 infantes, 1.500 lanzas y 20 piezas de artillería que habían estado concentrados en Vitoria-Gasteiz, villa fundada tres siglos antes por Sancho VI el Sabio de Nabarra. El ejército imperial español lo componían sobre todo soldados de Castilla y Aragón, pero también soldados de Extremadura, Andalucía oriental, Murcia y de toda la Nabarra Occidental.


La Nabarra reducida contaba con una población aproximada de 100.000 personas en esta época, y su capital, desprovista de murallas, de entre 6.000 y 10.000 habitantes. Las Cortes de Nabarra convocaron a 300 caballeros y 4.000 soldados para defenderse de la invasión. Las fuerzas invasoras eran por tanto varias veces superiores a las que defendían la Nabarra reducida. El pueblo nabarro apoyó unánimemente a sus reyes naturales, tal y como recogen las Actas de las Cortes de Nabarra de 1511 y 1512.


El rey de Nabarra Juan III de Albret o Labrit tuvo que huir ante la manifiesta superioridad del ejército imperial español y a pesar de los numerosos levantamientos en toda la Nabarra libre a su favor (Estella, Tudela, Monjardín, valles pirenaicos etc.). Los gipuzkoanos, con ayuda de los beamonteses alto nabarros, les persiguieron. La artillería pesada del ejército de Albret a su paso por Baztan y Belate fue abandonada. Eran 12 cañones que portaban mercenarios lansquenetes alemanes. Estos cañones fueron recogidos por vigías gipuzkoanos sin lucha alguna, tal y como lo demuestra Pedro Esarte en su libro “Navarra 1512-1530”, ya que la tropa castellana tardaría aún un tiempo en llegar. Esos cañones fueron llevados a la ocupada Pamplona y se añadieron desde entonces al escudo de Gipuzkoa y al de algunos municipios gipuzkoanos como Antzuola (hoy eliminados).


Para entonces, la Nabarra Occidental había sido invadida hacía tres siglos por Castilla, pese a lo cual seguía habiendo partidarios de volver a su Estado original y el mantenimiento de los Fueros del Derecho Pirenaico -leyes del reino nabarro- era unánime entre la población. España tenía la clara intención de usar a los nabarros occidentales contra los nabarros que permanecían libres en un futuro, como así fue.


Las autoridades y familias distinguidas de la Nabarra Occidental, habían medrado en Castilla a la sombra de sus reyes, encabezados por los Haro los primeros años, y sobre todo los “segundones” de las grandes familias que participaban gustosos de las conquistas a los musulmanes en la península por los castellanos que suponían nuevos títulos y riquezas, y después por todo el mundo.


Durante los primeros siglos tras la invasión de la Nabarra Occidental (s.XII), las clases dirigentes estaban divididas en dos bandos, los favorables a volver a ser libres dentro de nuestro reino de Nabarra (los gamboínos) y los acomodados a la nueva situación que medraban a la sombra de la todopoderosa Castilla (los oñacinos), creando pequeñas guerras civiles entre “jauntxos” o señores de la guerra, o entre éstos y labradores, que fueron perdiendo el sentido original con el transcurrir de los años hasta convertirse en una guerra abierta por bienes y tierras, hechos recogidos en sus crónicas por el primer historiador bizkaíno el banderizo muñatón Lope García Salazar en el siglo XV. La casa de Abendaño estaba al frente de los gamboínos y las de Salazar-Muñatones y Butrón-Muxika al frente de los oñacinos.



LA PARTICIPACIÓN DE LOS NABARROS OCCIDENTALES EN LA CONQUISTA DE 1512-24

Iparla 10 (2011): “Alfonso VIII e Inocencio II, Fernando el Católico y Julio II, Louis XIII y sus sucesores atacaron y usurparon el reino de Nabarra por la violencia y el terror, sin condiciones previas, ni votos, ni consultas ni elecciones “para reconocer la voluntad de los pueblos” antes de la conquista y la anexión.”


(Lizarra-Estella 1931) Jon Oria Oses, Jon Oria Oses doctor en historia por Nottingham, Cambridge y Londres historiador estellés, en su trabajo “Influencia de la conquista en el pensamiento, la cultura y la literatura” comenta: “Sus soberanos, junto con el pueblo, llamarían a esta pérdida «usurpación», un término que aparece en los documentos de la época (…) A Navarra nos la barajaron entre España y Francia sin respeto ni a sus instituciones ni a su historia, rebajándola como está ahora (…)”.

La invasión castellana de la Nabarra Occidental (período prolongado de avances y retrocesos entre los siglos XI al XV), trajo fuertes problemas sociales al tener que dividir los ancestrales pastos comunales entre dos Estados, se llamará "la frontera de malhechores". La poderosa familia de Azpeitia de los Oñaz era la más perjudicada por tener intereses en Urbasa, en la Burunda, en el Goierri gipuzkoano y en los pastos comunales de Aralar, tierras a caballo entre la Nabarra conquistada y la Nabarra libre. En estos años, en 1321, tuvo lugar la Batalla de Beotibar, narrada como el punto álgido de la “Guerra de Banderizos”, sin embargo no fue más que una nueva escaramuza entre las familias que seguían luchando por su libertad y las que intentaban sacar provecho de la situación. Se creó entonces “La Hermandad de frontera” para poner paz entre hermanos, que también se denominó “Hermandad de los Hipuzcoanos e de los Navarros”, será el germen de la actual provincia de Gipuzkoa con tres tenencias Nabarras.


Siglos después, en mayo de 1521, el azpeitiarra y capitán de las tropas castellanas Eneko López de Oñaz y de Loiola (latinizado como “Iñigo”), fue herido en un asedio que duró 6 horas mientras intentaba mantener para Castilla-España la recién conquistada fortaleza de Pamplona contra la voluntad de los naturales. Convertido después en San Ignacio de Loiola, cuenta con una escultura en Pamplona que recuerda éste su último hecho de armas.

La situación del pueblo llano de la Nabarra Occidental y de las villas era muy diferente. Castilla reforzó la Nabarra conquistada creando villas a lo largo de la nueva frontera, como las de Segura (1256), Ordizia (1256) o la de Tolosa (1256), así hasta que en el año 1310 el rey de Castilla Fernando IV mandó fundar la villa de Garmendia de Iraurgui después Salvatierra de Iraurgi, la actual Azpeitia, valle donde se fundó poco después la villa de Azkoitia (1324). Pero en Azpeitia para entonces y desde hacía muchos siglos, ya existía población, eran los terrenos de las familias Nabarras de Ozaka e Iribarrena dentro de la anteiglesia o “eleizate” del románico nabarro de Soreasu. Se le asignó a Azpeitia el fuero también nabarro de Vitoria-Gasteiz, villa fundada un año después que San Sebastián por el mismo rey nabarro Sancho VI el Sabio, fueros de villa que en realidad sólo conceden derechos de carácter económico y obligaciones de fortificación y defensa a una población preexistente, donde se incluyen las “levas” y recaudaciones forzosas para las diferentes guerras imperialistas de los castellanos y después de los españoles.


La situación del pueblo nabarro occidental durante la guerra entre 1512-1530 y su posicionamiento en esta invasión, era muy comprometida. Sirva como botón de muestra la orden de reclutamiento de alabeses por la asamblea de Alaba reunida en Vitoria para la conquista de la Nabarra reducida:
“QUE TODOS SE PRESENTEN CON SUS ARMAS DISPUESTOS A TIRAR, SIN RETRASO, INMEDIATAMENTE, A LA CIUDAD DE ESTELLA, BAJO PENA DE VIDA Y LA PRIVACIÓN DE TODOS LOS BIENES, A FIN DE SERVIR EL SERVICIO DE SUS ALTEZAS CON EL SACO LLENO DE LAS PROVISIONES NECESARIAS PARA OCHO DÍAS”.


“Las tropas alavesas, que sumaban un total de 2.000 hombres (…) se introdujeron por Eznate, portillo situado entre la localidad alavesa de Eguino y la localidad Nabarra de Ciordia, y en cabeza de estas tropas se encontraban los beamonteses, exiliados, dirigidos por Luis de Beamont”, Estibaliz González Dios .


Las tropas alabesas no tuvieron tiempo de participar en la toma de Pamplona a cargo del Duque de Alba y sólo participaron en batallas sobre reductos de resistencia, principalmente en la toma del castillo de Estella-Lizarra, sitiado 6 semanas por tropas castellanas del marqués de Comares. Los alabeses eran dirigidos en estas batallas por su Diputado General, Martínez de Alaba, el único que sacó provecho de la guerra.


Los 1.200 alabeses que sitiaron Estella, iban acompañados de tropas alto Nabarras del conde de Lerín y riojanas del Duque de Nájera. Al no conseguir la plaza, Fernando de Aragón “el Falsario” solicitó a la Diputación Alavesa de 1.000 hombres más “so pena de las vidas y perdimiento de todos sus bienes”. La amenaza de Fernando se extendía también a las Hermandades alabesas, así “el Falsario”, a través de la Diputación, amenazó con 100.000 maravedíes a las Hermandades que no cumplieran con su parte y 50.000 a los procuradores .


El 23 de noviembre de 1512 las tropas alabesas fueron licenciadas, para entonces Álava y su cultivo de cereal estaba arruinado por el coste de la guerra. En diciembre hubo otro llamamiento amenazante del rey español para el reclutamiento de tropas que duró hasta el día 12 del mismo mes.


En el intento del rey de Nabarra Juan de Albret de recuperar la libertad de su reino tras la muerte de Fernando de Aragón acaecida 1516, otros 800 alabeses fueron movilizados para tomar Olite y Sangüesa. Hubo también disposiciones a favor de las viudas de guerra y huérfanos de soldados por las Juntas alabesas, requiriéndoselo así a las Hermandades, todo ellos so pena de una multa de 2.000 maravedíes.


La Hermandad de Orozko (hoy perteneciente a Bizkaia pero entonces dentro de Álava), no quiso mandar soldados y vituallas contra Alta Navarra, por lo que las Juntas le impusieron una multa de 50.000 maravedíes. Hubo embargos de bienes a los que no acudieron a la orden militar de alistarse y también existía la venta del puesto de las clases más pudientes que no querían ir por otros alabeses más pobres, estas situaciones también tienen su reflejo en Gipuzkoa y Bizkaia.


José Antonio Recondo en su trabajo “Tolosa en la conquista de Navarra” , comenta que Lope de Isasti en su libro “Compendio historial de Guipuzcoa” de 1850, hablaba de 3.000 gipuzkoanos y de 400 lanzas reclutadas para la conquista de Nabarra. Tarsicio de Azcona demuestra que Gipuzkoa fue en esa conquista sobre todo un gran centro de aprovisionamiento y logística, no así de soldados (documentos del Archivo de Simancas).


Similares documentos han aparecido en villas gipuzkoanas como en el caso de Azpeitia, por el que se demuestra que las villas eran obligadas también a participar en las guerras de los reyes castellanos bajo coacción.

Víctor Herrero lo relata así en su trabajo “La participación de Gipuzkoa en la conquista de Navarra: El ejemplo de las villas de Azkoitia y Azpeitia (1516-1524) (Diario de Noticias de Gipuzkoa, 19 de sept. 2011): “El contacto geográfico entre el reino y la provincia fue utilizado por la monarquía castellana para incidir en la conquista del reino. (…) Observamos, a través de esta documentación contable, cómo fue esa participación. Se envían cartas a las Juntas Generales de la provincia pidiendo que se preparen un número determinado de hombres y esta última, a su vez, solicita a cada una de las villas el levantamiento de los mismos (…) No obstante, es cierto que estos llamamientos no son voluntarios, el alistamiento es una imposición del gobierno de la villa a petición del gobierno de la provincia (…)


Podemos hablar de 3.000 hombres en pie de guerra en la provincia, que según los listados de las pagas que se llevan a cabo, son carpinteros, carteros, caseros o se dedican a otras profesiones. Básicamente no son soldados; son alistados no voluntariamente. (…) En teoría quien en la época concede las mercedes, las exenciones de impuestos, los derechos…. era la propia monarquía. Sin embargo, lo que demostramos a lo largo del estudio es que esos beneficios no se obtuvieron. Consolidada la conquista de (Alta) Navarra la monarquía no otorga a las villas nuevos privilegios, por lo menos en el periodo que hemos analizado que va desde 1516 a 1524. Lo que se advierte es el endeudamiento de estas villas, es decir, quienes al final asumen el coste de estas movilizaciones son las villas, a través de distribuir esas deudas entre sus vecinos”.


A mediados de noviembre del año 1512, al mando de Lautrec y Odet de Foix, 14.000 gascones y bearneses de infantería y 400 a caballo, entraron en Gipuzkoa para intentar tomar Hondarrabia y Donostia-San Sebastián. Tuvieron que desechar tomar Hondarrabia al estar fuertemente custodiada con gente de la provincia y tropas españolas recién llegadas por lo que se dirigieron a San Sebastián. Finalmente abandonaron la provincia de Gipuzkoa camino Francia sin lograr su objetivo. Durante esta incursión, fueron reclutados los tercios de Tolosa, los más numerosos de la provincia al ser la más poblada (en aquel entonces, la villa tolosana abarcaba todos los pueblos circunvecinos). Por tanto, también en Gipuzkoa, los reclutamientos se hacían a la fuerza, so penas graves de multas y confiscaciones de bienes de los gipuzkoanos, como en las demás provincias.


La situación fue igual o similar en Bizkaia. Fernando de Aragón “el Falsario” pidió a las Juntas de Bizkaia y a sus villas el reclutamiento forzoso de 4.000 bizkaínos, así lo hicieron las anteiglesias de Galdakano (que incluía a Bedia), Arrigorriaga (que incluía Basauri) y Zaratamo o las villas de Bilbao, Balmaseda, Portugalete, Ugao y Plentzia. En otra misiva el aragonés daba orden a los Señores de la Guerra del bando oñacino para que también mandaran tropas y vituallas. Tras numerosas negociaciones con idas y venidas de representantes bizkaínos a las Cortes castellanas, se consiguió, finalmente, reducir los reclutados a 2.000 naturales del señorío.

Las tropas bizkaínas acudieron a la invasión de la Nabarra reducida bajo la bandera de San Andrés (incorporada luego por Sabino Arana a la “ikurriña”): soldados, ballesteros (de los que eran los galdakaneses los de más prestigio) y sus capitanes: un gamboino, Martín Ruiz de Abendaño (familia asentada en la casa-torre de Urgoiti de Galdakano) y un oñacino, Gómez Galán de Butrón.

Tal y como narra Amaia Barrenetxea, Doctora en historia y Directora del “Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico Vasco” , lo curioso del caso es que ya el Corregidor o representante de los reyes de Castilla había mandado la orden de reclutamiento bajo amenaza… ¡en el mes de febrero de 1512! Cinco meses antes de la invasión. Sin embargo, la orden no se hizo pública hasta octubre, cuando las tropas gasconas, bearnesas y francesas de Lautrec entraron en Gipuzkoa como hemos comentado.


La orden a las tropas bizkaínas era la de la creación de una armada para la defensa de San Sebastián y Gipuzkoa al mando de Juan de Lazkano, otra tropa de tierra para defender dicha provincia de Gipuzkoa y una tercera para acudir a la invasión de la Nabarra reducida con vituallas para la toma de Pamplona y Garazi (San Joan de Pie de Port). Bilbao, por ejemplo, mandó 87 reclutas para la armada, 175 para la defensa de San Sebastián y 234 para la invasión de la Nabarra reducida.

Las villas de cada provincia adelantaban el dinero de las soldadas y otras veces las Juntas, después intentaban recuperarlo de las arcas reales sin mucho éxito al parecer.


Por el “fuero de ferrerías” de 1440 de Bizkaia y de las Enkartaciones, los ferrones pero también los carboneros, estaban exentos de acudir al servicio de armas aunque lo reclamaran así las Hermandades o el propio rey español, pero debían de producir todo el material para las guerras de estos reyes y sus ansias imperialistas.


EPÍLOGO DE LA CONQUISTA DE 1512-24 DESDE LA NABARRA OCCIDENTAL.


El conquistador Coronel español Villalba sobre Baja Navarra "El valle era rebelde y convenía fuese castigado. E dada licencia a sus infantes, con mucha crueldad, los moradores fuesen sometidos a saco, pegando fuego a las casas, que sus llamas todos los montes alumbraban... incitados a tomar las armas poca defensa hicieron. El coronel mandó hacer esta crudeza porque requeridos que a la obediencia viniesen... escarmentarían los comarcanos. Los infantes no cesaban de robar e como la licencia estuviese a su albedrío, muchas doncellas e otras fueron forzadas...".


Castilla primero y España después, reclutaban siempre por la fuerza y bajo amenaza de pena de muerte, tropas entre el pueblo de la Nabarra Occidental –más fácil lo tenían entre las élites guerreras o banderizos-, sobre todo las “levas” o marinos, y pedía a las Diputaciones Forales y a sus villas, fuertes contribuciones económicas, víveres, hierro o barcos para las diferentes guerras imperialistas en las que se embarcaba.


Fue también así en la conquistada e invadida Alta Navarra hasta la instauración del servicio militar en 1841, tras perder casi completamente los Fueros o leyes nabarras basadas en el autóctono Derecho Pirenaico tras la Primera Guerra Carlista y la imposición de la irónicamente llamada “Ley Paccionada”. Ocurrió igualmente en el resto de territorios nabarros del Sur tras la Segunda Guerra Carlista en 1876 y en los del Norte tras la Revolución francesa de 1789. Por tanto, tras la conquista española, Alta Navarra tuvo de igual modo que contribuir con soldados y dinero a las conquistas imperialistas como lo venía haciendo la Nabarra Occidental.


Pese a todo, durante los siglos XIV, XV y XVI, los reyes castellano-españoles tuvieron que pedir reiteradamente a sus Corregidores de Gipuzkoa, Bizkaia, Alaba y también en La Rioja, que reclutaran tropas contra la Nabarra reducida y otras guerras a pesar de ser un claro contrafuero, pues no podían cumplir las órdenes regias al oponerse el pueblo.


Es revelador el texto redactado por el lingüista vallisoletano Dámaso de Frías en el mismo siglo XVI de la invasión de la Nabarra reducida: “los vizcaínos (sic), como gente que de nadie confiesan haber sido jamás vencidos ni sujetos (…) dicen que eran navarros, que debajo de este nombre estaban y se incluían”. Se llamó “Bizkaia” a toda la Nabarra Occidenal hasta mediados del siglo XIX, hasta Cudeyo en la bahía de Santander, Miranda de Ebro-Pancorbo o Rioja, fronteras del reino de Nabarra, como dan testimonio todos los mapas dibujados en diferentes países durante esos siglos (“Mapas para una nación” J.M. Esparza Edit. Txalaparta año 2011).


El historiador nabarro P. de Agramont y Zaldivar, en el siglo XVI afirmaba: “Siempre han estado los guizcoanos sujetos a la corona de Navarra, no por encomienda, sino como súbditos y vassallos. Porque si esto no fuera, nos les hicieran mercedes como les hacían, assi a caualleros particulares como a iglesias u monasterios. Entre los cuales tienen de este rei Don Pedro en San Salvador de Leire, la que les hiço en la villa de San Seuastian y sus annejos y la burdina de Oristegui; que si no fuera rey absoluto no la pudiera hacer”.


Esta política imperialista de usar nativos -como los López de Haro, los oñacinos o los beamonteses- en las conquistas de los territorios de los que se iban apoderando los castellano-españoles era muy común y utilizada en la conquista de Flandes (que no se independiza hasta 1581), Estados de la península itálica, Portugal (1640-1668) o en la conquista de América, donde el núcleo del ejército de Hernán Cortés eran amerindios “antiaztecas”.


Cuando los reyes de Nabarra quisieron recuperar mediante la diplomacia el territorio militarmente invadido de su reino, Fernando de Aragón el “Falsario” les respondió a los embajadores de Nabarra que él “había conquistado el reyno con justo derecho ya que el papa se lo había entregado por entredicho a quien primero lo conquistare y que Dios le había dado gracia de poder conservar su conquista por la fuerza”. Por tanto, nadie dudaba entonces de que aquello era una conquista militar por la fuerza y contra la voluntad de los nabarros.


Fernando de Aragón murió en 1516, antes de acabar la definitiva conquista de Nabarra que continuó su nieto el flamenco de nacimiento Carlos V de Gante. Fernando de 64 años y su esposa Germana de Foix de 16 años, hermana del rey consorte de Nabarra, trataron de tener descendencia que les sobreviviera y justificara la invasión, pero sin conseguirlo. Poco después, y en el mismo año, murió el rey de Nabarra Juan III de Albret.

En febrero de 1521 Carlos I de Gante juró los Fueros de Bizkaia, los de Gipuzkoa el 23 de mayo y también los de Alaba, inmediatamente después solicitó una nueva leva de soldados para luchar en Alta Navarra.


La desesperación de los historiadores-políticos españoles para justificar la invasión era tal, que Palacios Rubios, tras declarar cismáticos a los últimos reyes de Nabarra y por ello mismo ilegítimos, retrotrae esta ilegitimidad hasta el primer rey de Nabarra, Eneko Aritza. Según Palacios, tampoco éste fue rey legítimo porque al no heredar la monarquía de los godos, que sí gozaban de la legitimidad por la donación del emperador de Roma, Honorio . O sea que la dinastía pirenaica era silvestre, y por tanto, no legítima.

Wikipedia: “Juan López de Palacios Rubios (1450-1524) fue un jurista español cuyo verdadero nombre es el de Juan López de Vivero. Es el redactor del famoso "Requerimiento" que lleva su nombre, leído durante la Conquista de América a los indígenas, conminándoles a someterse pacíficamente. En el texto se les informaba a los nativos que eran vasallos del monarca castellano y súbditos del papa y, en el caso de que opusiesen resistencia se les anunciaba que serían sometidos por la fuerza y convertidos en esclavos”. Del mismo modo escribió sobre la invasión de la Nabarra reducida (Wikipedia): “De Justitia et Jure obtentionis ac retentionis regni Navarrae, obra de la que se dice que es una clara apología de la conquista de Navarra por Fernando el Católico”.


A los nabarros los españoles nos hicieron lo mismo que a los indígenas americanos: "La conquista de Navarra es unos de los sucesos más sangrientos de la historia, aun compasándolo con las cruzadas o con la conquista de América. Los representantes de la Iglesia les llegaron a ofrecer a las tropas castellanas la oportunidad de elegir esclavos entre los navarros" Peio Esarte, historiador baztanés estudioso de la invasión con sus libros “Represión y reparto del Estado navarro” y en “Navarra: 1512-1530”.

En 1521 los Comuneros de Castilla se sublevaron contra Carlos de Gante y su Corte flamenca. También lo hizo el conde de Salvatierra-Agurain con una pequeña tropa comanda por el propio Pedro López del Ayala. Las Hermandades alabesas dieron orden de reclutamiento a petición de las Juntas Generales y lograron reunir un pequeño ejército con el Diputado General Martínez de Álava a la cabeza, no pudiendo frenar a los hombres del conde de Salvatierra si no fue por la ayuda que les prestó el condestable de Castilla con las suyas.


Fue el conde de Salvatierra derrotado en el puente de Durana (entre Retana y Gamarra a las afueras de Vitoria-Gasteiz) por el galdakanés Martín Ruiz de Abendaño en abril de 1521; murió en prisión el sublevado conde de Salvatierra en 1524. Sus bienes fueron, en gran parte, al Diputado Martínez de Álava por este servicio a la corona española. La burguesía vitoriana como Martínez de Álava, aprovecharon estas guerras para desplazar a la pequeña nobleza rural.

Tras la invasión total del reino, los propios alto navarros, tantos los traidores beamonteses y como los agramonteses, fueron llevados por los españoles a luchar contra los “Comuneros” castellanos alzados contra el rey Carlos V de Alemania, justo después de la primera invasión, en un intento claro de no gastar a su ejército y debilitar aun más al ejército nabarro recién conquistado.


El 23 de abril de 1521 fueron derrotados los Comuneros de Castilla que no aceptaban al emperador Carlos V de Alemania como su rey, por considerarlo a él y a su corte flamenca extranjeros. Los cabecillas comuneros fueron decapitados y, después, los comuneros que se salvaron fueron obligados a atacar la Nabarra reducida para que les fueran perdonadas sus deudas, aunque el emperador no cumplió su palabra.


Tras la muerte de Fernando II de Aragón ”el Falsario”, el pueblo nabarro se alzó varias veces con su nuevo rey Enrique II “el sangüesino” a la cabeza. Enrique era nabarro y educado según el Derecho Pirenaico conforme a Fueros, y como juraron en el año 1494 en el acto de su coronación comos reyes de Nabarra sus padres D. Juan y Dña Catalina: “Al qual heredero primogénito o primogénita, haremos vivir y criar en este dicho reyno en la lengua y con la gentes de aquel” (B. Estornés Lasa “Lo que No nos enseñaron”).


Enrique II era rey de Nabarra y Vizconde de Beárn, ambos Estados independientes y de larga trayectoria histórica, además de copríncipe de Andorra al ser conde de Foix. Poseía Enrique II otros territorios del antiguo ducado baskón (para entonces Gascuña) y otros más. Su firma era: “Don Juan de Albret, rey de Nabarra, duque de Nemours, de Gandía, de Montblanch y de Peñafield, Conde de Foix , Señor del Beárn, Conde de Bigorra, de Ribagorza (Aragón-Catalunya), de Pontiebre, de Peyregort (Peregorri), de Marsan, Tursán, Limousín, Gabardán y Catellbon (Catalunya), Vizconde de Limoge, par de Francia y señor de la ciudad de Balaguer (Catalunya)”.

Enrique II rey de Nabarra, apodado “el sangüesino” pues nació en el palacio real de esta villa, mandó a su secretario Miguel de Olite escribir los derechos sobre territorios, villas y señoríos lo que hizo en media docena de cuadernos. Miguel de Olite hizo un balance de todo el reino y propuso “hacer probança” de cómo el reino comprendía: ”Guipúzcoa, Bizcaya y Alaua y mucha parte de Rioja hasta el olmo de Burgos (…) como las sepulturas que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parecen las armas de Navarra, así como en Logroño y en otro lugares, que de poco acá se han borrado”.


En mayo de 1521, el rey de Nabarra Enrique II “el sangüesino” recompuso su tropa de 12.000 infantes, como era natural en el reino nabarro los reclutamientos se hacían a “la voz del apellido”. La mayoría del ejército la componían, bearneses, gascones (de sus diversos territorios) y bajo navarros, comandados por el mariscal Asparros (Andrés de Foix, señor de Asparros, pariente cercano de Enrique).

La revuelta en Gipuzkoa tras la supresión el año anterior de los Fueros llevó a muchos de sus naturales a tener que reclutarse con el monarca Carlos V de Alemania I buscando su perdón. El 3 de junio en Vitoria se emitió un comunicado real: “quedó asentado que servirían todo el condado (alabés) con 2.500 hombres pagados por un mes (…) en la guerra de Navarra”, todo ello es narrado por Pedro Esarte en su libro “Navarra 1512-1530”: “Al parecer, los soldados reclutados no conocían siquiera el frente de destino, puesto que en esas fechas (Alta) Navarra se encontraba ya liberada y las hostilidades se producían en La Rioja”.


Finalmente, fueron reclutados por la fuerza por el nuevo rey de España para continuar la guerra en Alta Navarra sobre 3.000 infantes gipuzkoanos, 1.000 alabeses al mando del Diputado General Diego Martínez, y 2.000 bizkaínos al mando de los cabecillas banderizos de Abendaño y Butrón que se sumaron a las fuerzas Imperiales. El Señor de Butrón confesó en una carta que lo único que le movía era su ambición por conseguir los favores del emperador. Estas tropas, participaron en la definitiva Batalla de Noain, donde murieron más de 5.000 leales a Nabarra y que supuso el punto de inflexión de la guerra.


El ejército Imperial castellano de 30.000 hombres consiguió bordear la sierra por el occidente del Perdón o Erreniega y Zizur, gracias al conocimiento del lugar de traidores al reino, y atacó a Asparros por delante y por detrás, Enrique de Albret “el sangüesino” vio como su ejército era derrotado en Noain el 30 de junio de 1521. Asparros fue hecho prisionero tras quedar ciego y herido, después logrará la libertad tras pedir un rescate. Don Pedro de Nabarra hijo, que también participa en la batalla, huyó y se refugió en Baja Navarra. El ejército Imperial español retomó el control de toda Nabarra. El desorden se extendió a toda la Nabarra reducida, las tropas de ocupación no fueron controladas por los militares de rango: los saqueos, violaciones, asesinatos de civiles fueron masivos.


En lo que respecta a la liberación de la Nabarra Occidental durante la invasión, en septiembre de 1521 el general francés Sr. de Bonnivet, con el apoyo de su rey Francisco I cuñado del rey de Nabarra y con un ejército compuesto con gascones (vasallos del rey de Nabarra), alto navarros huidos y bajo navarros, así como con 6.000 lansquenetes alemanes, volvió a la carga y recuperó San Juan de Pie de Port en Baja Navarra (Garazi), Amaiur y el Peñón (cerca de Orreaga-Roncesvalles). El 18 de octubre de ese año tropas Nabarras, gasconas y francesas tomaron también Hondarribia tras 12 días de asedio y Behobia (Irun). Con ellos se levantaron los roncaleses, salacencos y los de aezkoa. Hondarrabia fue el último bastión nabarro frente al insaciable imperialismo hispano donde se refugiaron 1.000 nabarros con la ayuda de 2.000 gascones y franceses.

“Existe en el Archivo General de Navarra una copia del Decreto de Emperador Carlos V, fechado en Burgos el 29 de abril de 1524, es decir un mes y cuatro días después del Armisticio en el que reconoce que Fuenterrabía (Hondarribia) fue tomada u ocupada por los propios nabarros que no la tenían tomada los franceses. Este documento forma parte del Protocolo 1531. secc. Pedro Ollacarizqueta, fajo 2. nº 12, fol. 441-443.” José María Olaizola.


Es el 30 de junio 1522, justo un año después de la Batalla de Noain, tuvo lugar la llamada “Batalla de San Marcial”, que no pasó en realidad en una escaramuza más de las miles que hubo, pero que después fue magnificada y coloreada por los historiadores imperialistas, sobre todo exagerando la participación real del pueblo de Hondarrabia, tal y como bien recoge el historiador nabarro Peio Esarte en su libro “Navarra, 1512-24”.
Tomás Urzainqui en “Tudela y Donostia siempre navarras”: “En 1522 se celebró por orden del rey de España Carlos I un consejo de guerra contra las milicias municipales guipuzcoanas por haber abandonado sus puestos de combate frente al ejército navarro que había recuperado Hondarribia, donde permaneció hasta 1524”.


El 29 de abril 1524, cayó Hondarrabia tras 2 años y medio de asedio y numerosas peripecias, salieron los fieles nabarros Miguel y Juan de Jaso Azpilikueta (hermanos del que será San Francisco de Xabier), que se había refugiado en la fortaleza de Hondarrabia cuando no se pudo seguir la defensa del castillo de Amaiur en 1522 ante la abrumadora superioridad española (200 nabarros frente a 20.000 españoles), con ellos estaba Pedro mariscal de Nabarra hijo.

Carlos V de Alemania, que desde 1516 será también Carlos I de España (no le corresponde título alguno por Nabarra al no ser rey legítimo de esas tierras), mandó colocar su escudo imperialista en el castillo de Sancho II Abarca que reconstruyó Sancho VII el Fuerte, símbolo de la toma de la fortaleza y del castillo de Hondarrabia, así como de la invasión de toda Alta Navarra.

El rey navarro Enrique II “el sangüesino”, finalmente sólo logró liberar Baja Navarra entre 1527-1530, gracias sobre todo a la constante rebeldía de la población, territorio que mantuvo la independencia unido al vizcondado del Beárn hasta 1620, cuando el parlamento de Nabarra que se reunía en la iglesia de Donapaleu (Saint Palais) fue ocupado por tropas francesas, convirtiéndose Nabarra desde entonces en una colonia española y francesa (antes de romanzarle el nombre llamada Iribarren)


Las Cortes Generales de Navarra acordaron y expusieron la siguiente solicitud a Carlos I: "Como el reino de Navarra ha sido y es reino por sí e tiene su chancillería, y antiguamente solían ser así del dicho reino la provincia de Guipúzcoa e tierra de Álava, por especial la villa de Los Arcos con sus aldeas y la villa de San Vicente, Briones y Laguardia con sus aldeas e tierras, los cuales ha poco tiempo que se enajenaron, y hay causa para ello y es todo uno, en que el rey católico mandó hacer la unión del reino de Navarra a Castilla, suplicamos a Su Majestad que a su dicho reino de Navarra, ahora esta seiñalada merced y tierras, lugares sobredichos, mande venir con Navarra et sean incorporadas y agregados por siempre a la jurisdicción y chancillería del reino de Navarra".


“Entre los reyes católicos y Hitler yo no veo ninguna diferencia (…) Todos los Estados colonialistas como son España, Francia (…) se han emperrado en decir: o aceptas, o te aniquilamos, eso es el colonialismo (…) La historia de Navarra nos la han manipulado nuestros propios verdugos, los Falsarios españoles, y nos la han colonizado” Jon Oria Oses de Lizarra (Nabarra), escultor, doctor en historia por Nottingham, Cambridge y Londres.