BILBAO ERA CARLISTA-FORALISTA.
DESMONTANDO EL MITO DE UN BILBAO LIBERAL-UNIONISTA
Aitzol Altuna Enzunza
Las llamadas Guerras Carlistas en la historiografía española, estarían dentro de las Guerras Forales (años 1833-40 y 1872-76) y matxinadas en la defensa foral de la historiografía vasconabarra, ya que, en nuestro país, todo el Pueblo se levantó para defender sus leyes, usos, costumbres y el modelo administrativo heredado del ducado de Baskonia y del reino de Nabarra, no porque reinase un rey o una reina en Las Españas.
La situación económica y política de los territorios forales del reino de Nabarra, la resumía un ilustre habitante de la villa bilbaína durante los años 1830-37 coincidiendo con el inicio de la primera contienda, se trata del Cónsul británico en Bilbao John Francis Bacon, que además era un furibundo liberal John Francis Bacon - Wikipedia, la enciclopedia libre, el cual escribió dos libros sobre la contienda, uno de ellos fue "Historia de la revolución de las provincias vascongadas" (1838), donde escribe:
"Las provincias desconocen las personas privilegiadas, por la sencilla razón de que en ellas abundan los propietarios independientes; al propio tiempo que llenan de admiración sus ayuntamientos, en los que rige una organización tan excelente y bien temperada a las necesidades y deseos del pueblo, que no podría inventarse otra que la sustituyese, ni cosa que fuese más apetecida de sus habitantes. No sucede lo mismo en el resto de la Península [...].
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| Batzarra o Asamblea ante el árbol de Gernika en la Casa de Juntas del año 1866, poco antes de la Segunda Guerra Foral |
Sigue el cónsul explicando: "En las provincias exentas, sin más impuestos que los que ellas determinan, libre de la plaga de un ejército permanente, desprendidas de todo empleado real que no sea su Corregidor (representante del señor de Bizkaia), y de clero de mayor auge en su recinto que el de los curas de almas y los religiosos de unos pocos conventos, en estas provincias favorecidas por la equilibrada distribución de los terrenos, que las ponen en el caso de ignorar hasta cierto punto los extremos opuestos de opulencia y pobreza, es donde ve uno la identidad de lo que en tiempo de su mayor prosperidad fueron las pequeñas Repúblicas de Grecia y de la Italia.
[...] los ciudadanos de las Provincias Vascongadas son hombres libres, y los de España unos meros rebaños, maltratados y restringidos al antojo de sus amos".
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| Sobre el origen de las Guerra Forales o Carlistas y la ideología del primer carlismo-foralista, hablamos extensamente en el artículo "Foralistas e independentistas": LEHOINABARRA: FORALISTAS e INDEPENDENTISTAS |
Los llamados "liberales" no eran anticlericales, ni siquiera en su mayoría querían un Estado aconfesional o laico (la primera Constitución sin religión oficial en España es la de 1931 de la Segunda República), tampoco eran especialmente progresistas en lo social y menos liberales en su modelo económico, al contrario, eran tremendamente proteccionistas.
Los liberales-unionistas querían transformar una corona de diferentes Estados, llamada significativamente en las diferentes Constituciones y monedas Las Españas, en un nuevo modelo Imperial que limitaba el poder de la corona siguiendo el ejemplo francés, pero, además: uniforme en leyes con una única Constitución común para todos los "españoles" (extendiendo el término a todos los habitantes de la corona en toda su extensión territorial), con un único gobierno y una única administración centralizada en Madrid, convirtiendo a todos los súbditos en única nación monolingüe, mucho más fácil de gobernar, explotar y de dominar.
Los liberales-unionistas españoles querían, simplemente, un modelo de Estado más centralizado, gobernado por los nuevos ricos que estaban apoyados por los propios Generales del Ejército Español que gobernarán durante siglo y medio a base de Golpes de Estado y dictaduras, frente a la caduca aristocracia y la caricaturesca monarquía.
Se trata de un Estado-nación que fueron creando manu militari y al que llamaron España en singular, situación propiciada por la ocupación francesa (1808-14) que les enseñó el modelo a seguir (Constitución de Bayona de 1808), y por la gran pérdida de gran parte de las colonias de ultramar, debido sobre todo a la inutilidad y felonía ante los Bonaparte de los Bourbones Carlos IV y de su primogénito oficial Fernando VII (cuyo padre biológico era el Primer ministro Manuel Godoy) LEHOINABARRA: EL LIBERALISMO-UNIONISTA: EL ORIGEN DE LA ESPAÑA ACTUAL
BILBAO ERA CARLISTA-FORALISTA
Iñaki Rahm en su libro "Leyendas y certezas de la historia de Bilbao" (2001), nos relataba cómo la villa de Bilbao reducida entonces al Casco Viejo de la Siete Calles-Zazpi Kaleak (sin las repúblicas de Abando, Deusto y Begoña), nunca fue liberal y sus habitantes se alzaron por Carlos de Bourbon, el hermano de Fernando VII, como la única opción para mantener los Fueros de Bizkaia frente a su sobrina la infanta Isabel de Bourbon y su madre, la regente María Cristina de Bourbon-Dos Sicilias.
Los Fueros de Bizkaia
El Fuero Nuevo o Constitución de Bizkaia escrito en 1526, se aplicó también en las villas bizkaínas durante 350 años ininterrumpidamente hasta 1874 en todo aquello que no regulasen sus cartas fundacionales, por tanto, casi todo el derecho penal y casi todo el derecho civil, salvo, sobre todo, las herencias que se regían por el Código Civil de Castilla y no había la libertad de testar de las anteiglesias o "testar a la nabarra".
En su libro “Aforados y no aforados de Bizkaia” Adrián Celaya (Barakaldo 1917- Bilbao 2015), el que fuera catedrático de Derecho Foral en la universidad de Deusto y máximo conocedor del derecho foral bizkaíno, decía que:
“El fuero de Logroño (base de casi todos los fueros o cartas de villa de Bizkaia incluido el de Bilbao) contiene pocas disposiciones de carácter civil, y se reducían casi únicamente a la regulación de los mercados, por lo que en un principio no puede suponerse que existiera diferencias importantes en materia civil con los moradores de la Tierra Llana (sin amurallar, llamadas también anteiglesias)".
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Bilbao al principio de la Primera contienda
Iñaki Rahm estudió las Actas Municipales de esta convulsa época, de donde ha podido sacar muchas conclusiones con lo que en ellas está escrito:
"La historiografía oficial ha hecho creer a pies juntillas a todo el mundo, incluso a casi todos los bilbaínos, la leyenda de que el vecindario de la villa de Bilbao salió en 1833 en defensa de la monarquía de Isabel II y que la mayoría del pueblo bilbaíno en su lucha 'por la libertad', es decir, por una cierta versión del pensamiento social y político liberal, combatió heroicamente para evitar que los carlistas ocupasen la villa".
"Nada más lejos de la realidad que esa leyenda superpuesta por la historiografía hispana sobre los hechos probados. Es una leyenda fingida festejada que, a diferencia de la también llamada 'liberación de Bilbao' de cien años después, la del 19 de junio de 1937, que se estuvo celebrando durante casi casi cuarenta años, pero que todos sabíamos que lo que se festejaba era una ficción de liberación".
"En cambio, las leyendas de las 'liberaciones' de Bilbao del siglo anterior, la del 1 de julio de 1835 (sitio del General carlista Zumalakarregi) y la del 25 de diciembre ce 1836 (ambas durante la Primera Guerra Foral), y sobre todo la última, la del 2 de mayo de 1874 (Segunda Guerra Foral), se han mantenido durante todo el siglo XX, como dogmas históricos sin ningún análisis ni información sobre la autenticidad de la denominación".
Por tanto, la situación de Bilbao a comienzos de la Guerra Foral durante el cerco liberal-unionista 1833, fue muy similar al cerco al Gobierno de Euzkadi de 1937.
Los liberales de Bilbao
Mapa Historia de Euskal Herria LUR
Las aduanas de Euskal Herria con España y Francia, hacía que estos países no tuvieran casi relación entre ellos. En el año 1779 el rey de Las Españas Carlos III, emitió un nuevo Real Decreto que agravaba los productos de los territorios forales en un 15% al considerarlos al mismo nivel que cualquier otro país extranjero. En un estudio realizado por Rodrigo Rodríguez Garraza en "Navarra de reino a provincia" (1974) sobre el comercio entre los 1775-79, se reflejaba que tan solo el 0,5% del flujo de las cuatro provincias forales era con España y un 37,2% con Iparralde o Tierra de Vascos y Francia, el otro 62,3% era entre ellas.
Los únicos liberales de Bilbao eran los comerciantes más ricos, que veían en la unión aduanera de las coronas de Las Españas un gran mercado potencial, aunque ninguno de ellos quería la supresión foral, por tanto, no eran unionistas:
"A pesar de que las palabras del mismo general Espartero transcritas en el acta municipal del 26 de abril de 1834, copiando su informe a la Reina Gobernadora sobre quienes eran los que estaban de su lado, muestran con el excesivo entusiasmo en la descripción, que eran, 'la parte más sana e ilustrada, la más escogida y acomodada', que es una forma sutil de decir que, aunque en su opinión eran muy seleccionados, también que eran muy pocos, y en ningún caso la ciudadanía en general.
Por supuesto que ni siquiera la totalidad de los acomodados, 'la inmensa mayoría de los bilbaínos que tienen algunos bienes de fortuna' que todavía dirían en actas de junio de 1836".
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Vista de la villa de Bilbao y del canal o ría en 1862. Los liberales vasconabarros más importantes los describimos en el siguiente artículo, donde ninguno de ellos quería la supresión foral y había quien proclamaba la unión de toda Nabarra: LEHOINABARRA: SERAFIN OLAVE: EL FUERISTA Y REPUBLICANO ESPAÑOL DE LA NABARRA OSOA |
Tal y como señala Rahm, la inmensa mayoría de los bilbaínos era carlista-foralista:
"A los otros, a la mayoría del vecindario, los denomina 'una porción de la clase meramente proletaria', lo que oculta a casi todos los que no eran ricos, que los no acomodados siempre suelen ser la mayoría, pero eso si, en este caso, con el peyorativo juicio de valor de 'seducidos por la sugestión y el fanatismo'. O sea que además de decir que eran los pobres, induce a suponer que eran los fanáticos, los sugestionables, los menos inteligentes".
Son los mismos argumentos que utilizaron los fascistas españoles un siglo después tras la toma de Bilbao o el bombardeo de Gernika.
Bilbao en la segunda mitad del siglo XVIII, dibujo a acuarela de Francisco Antonio Richter. Archivo Euskal Museoa Bilbao, Museo Vasco.
Sobre el euskera en Bilbao en el siglo XIX hablamos en
LEHOINABARRA: BILBAO: EUSKALDUN Y NABARRO EN EL SIGLO XIX En él se ve que durante la Segunda Guerra Foral el rey Alfonso XII se dirigía en una misiva en euskera a todos los bilbaínos en 1875
Incluso ya tomada Bilbao, los propios unionistas explican su situación en franca minoría social, los entrecomillados de Rahm son entresacados de las propias Actas municipales:
"Un año después hay otro oficio del Ayuntamiento bilbaíno, del 15 de junio de 1835, en el que se dice que 'los más acérrimos defensores del trono de la augusta reina' son 'los que tienen algunos bienes de fortuna', 'los mayores propietarios y los más acomodados comerciantes', aunque hay otros informes que dudan de esa opinión y que incluyen solamente a los 'dos tercios' de los acaudalados".
Como siempre en un estado de ocupación, la población fue amedrentada y duramente castigada:
"Además de que eran los pobres, las autoridades liberales, todavía en agosto de 1837, para mayor amedrentamiento de la ciudadanía, imponían seis duros de multa mensual a los 'que tuviesen hijos en la facción', en referencia al carlismo".
LA OCUPACIÓN DEL EJERCITO LIBERAL-UNIONISTA DE BILBAO
La toma de las ciudades o villas principales es siempre en toda guerra una de las claves para afianzar posiciones:
"Todo ello para, en primer lugar, cumplir el designio de apoderarse de un puerto y plaza mercantil importante y como intención final doblegar 'en esas cuatro provincias', su 'execrable rebelión'.
Basándose en estos hechos reales puede uno preguntarse cómo pudo fabricarse y cómo pudo nadie creerse el mito del pueblo heroico de Bilbao oponiéndose a la invasión carlista".
Wikipedia: Muerte de Sarsfield, xilografía por dibujo del ilustrador bilbaíno Vicente Urrabieta (1805-1879), Galería militar contemporánea 1846.
El asesinato del cruel General Sarsfield a manos de los propios liberales independentistas pronabarros la narramos en LEHOINABARRA: LEÓN IRIARTE y PABLO BARRICART: LIBERALES E INDEPENDENTISTAS NABARROS
"Pero, el segundo de los hechos fácilmente contrastables en la revisión de los datos exactos de la historia es que a Bilbao quién realmente llegó para invadirla y ocuparla fue, el 25 de noviembre de 1833, el ejército del general Sarsfield (principal militar liberal de todo el norte peninsular), cuando los carlistas eran mayoría, tenían mayoría en el poder político en Bilbao lo mismo que en todos los demás municipios de Bizkaia y ya se habían manifestado en favor de Carlos de Borbon los dos batallones de 'paisanos armados' ".
Es decir, los dos batallones de milicianos bilbaínos (compuesta por comerciantes y artesanos en su mayoría) que había creado el ayuntamiento de Bilbao como marca las normas forales: eran carlistas-foralistas.
La realidad de estos batallones era la de todo el carlismo, estaban mal armados y apenas tenían instrucción militar, aunque aún se practicaban los alardes forales por lo que las milicias carlistas eran conocidas como "el ejército de los pobres":
"La realidad es que estos dos batallones de bilbaínos, que, para una población de unos doce mil, componían un total de entre mil y mil cien vecinos, no estaban todavía ni convenientemente armados ni uniformados ya que, como se puede leer en las actas municipales de las semanas anteriores, el municipio les había negado fondos para armas y uniformes, así como para 'raciones' alimentarias, escudándose en una mala situación económica".
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| Foto de carlistas durante la Segunda Guerra Foral |
La llegada del ejército liberal de los llamados despectivamente por la población "peseteros" (por cobrar 2 pesetas por alistarse que no se les daba a los voluntarios carlistas), "cristinos" por la regente italiana María Cristina de Bourbon-Dos Sicilias (de donde viene en euskera "guiri-stino" usado como sinónimos de "extranjero") o "beltzak-negros" (por el color de sus uniformes), provocó la huida masiva de una población que se sabía indefensa ante la llegada de un ejército en parte profesional, por lo que la resistencia fue mínima.
Cuadro del siglo XIX copiando de un grabado de 1862 donde se ve la iglesia y el puente de San Antón, el palacio de los Legizamon o el convento de San Francisco en Bilbao la Vieja que los liberales-unionistas convirtieron también en su cuartel militar
"Esos denominados 'paisanos armados', e incluso más de la mitad de la población, huyeron de la villa en desbandada con mujeres y niños, la noche anterior al 25 de noviembre, por lo que la acción del ejército cristino se realizó con mucha comodidad, como consecuencia de esa evacuación".
Este abandono de los batallones armados, provocó críticas y malestar en el bando carlista. El ejército liberal-unionista tomó la villa sin apenas resistencia, tal y como se desprende de la Actas Municipales recogidas por Iñaki Rahm, donde consta un muerto y tan solo catorce heridos.
"En cuanto al número de los ocupantes llegados ese primer día eran, según el historiador J.R. Urquijo, que menciona el dato de la Diputación de Vizcaya, que 'las fuerzas que ha reunido el enemigo que ocupa Bilbao no pasan de tres mil y doscientos hombres, cuya mayor parte son quintos, gente mezquina y desalentada' ".
Además, los liberales-unionistas contaron con la llegada importantes de tropas de las armadas francesa e inglesa que atracaron a lo largo de toda la ría, llamada entonces "canal de Bilbao", sus buques de guerra.
La Legión Auxiliar Británica llegó a contar con 4.000 efectivos atracados en barcos a lo largo de la ría bilbaína y cientos de franceses formaron parte de las nuevas Milicias Urbanas, también llamadas Milicias Nacionales, llamados "alardes" en el derecho foral.
“Mapas para una nación” J.M. Esparza donde (Alta) Nabarra consta en mayúscula por ser todavía "reino" y no una "provincia". Los Mapas usados hasta Las Guerras Forales todavía incluían muchas de las comarcas nabarras hasta Santoña, tierras riojanas o castellano-viejas.
"Contingente de tropa que no parecerá poca si se considera que el numero total de varones en edad de combatir en la villa no pasaba de dos mil quinientos y que la cantidad de fusiles en poder del municipio era muy pequeña, aunque no existe una cifra válida porque varía mucho de unas a otras informaciones oficiales.
El hecho manifiesto es que una gran parte de la población había huido la víspera ante la noticia de la llegada del general Sarsfield y sus tropas".
Unas nuevas Milicias Urbanas fueron creadas por los liberales-unionistas y sus colaboradores que pidieron los listados de todos los voluntarios carlistas obligando a los que no había huido a alistarse o sufrirían la represión habitual en una contienda militar:
"Pero como parecía que ese reclutamiento no resultaba suficiente, el 8 de enero el Ayuntamiento decretó el 'alistamiento de todos los jóvenes de la villa', y además ordenaron imponer una multa de 10.000 maravedíes a los que no se presen taran. Se sabe que algún tiempo después a los que se resistían al alistamiento llegaron a encarcelarlos. Para su reeducación, decían, Y muchos, ni así se alistaron".
Como vamos a ver, había muchos más soldados de ocupación llegados de fuera del señorío y de Euskal Herria que bilbaínos.
Soldados liberales-unionistas La bandera con Cruz de San Andrés o de la Borgoña francesa no fue habitual entre los regimientos carlistas o requetés hasta el siglo XX (también llamados boinas rojas o "txapel gorriak", aunque fueron los liberales los primeros en usarlas). La bandera de la armada española de 1785 se convirtió en 1843 en la del ejército liberal-unionista español, será después la bandera de España tan solo desde 1909, aunque con matices. Explicamos el origen de ambas banderas en: |
La ocupación total de Bilbao
"Pero el hecho irrefutable es que la ocupación militar de la villa rebasó todo lo imaginable en cuanto a lo que pueda pueda considerarse como pura 'ocupación', como ocupación militar de una ciudad. El ejército invasor cristino lo ocupó todo, absolutamente todo, sin ninguna exageración, porque así fue".
La población que quedó dentro de las murallas de la villa tuvo que ceder sus viviendas y comida a los ocupantes.
"La ocupación acabo llenando plenamente todos los edificios y viviendas de Bilbao llegando hasta a la totalidad de las mismísimas cocinas de las casas, de todas las casas, absolutamente todas las cocinas del vecindario.
Mencionamos este detalle de las cocinas porque en las imposiciones, 'ordenanzas', militares lo que se denominaba como 'alojamiento' obligaba a ofrecer a la tropa, entre otros detalles, el de 'asiento junto a la lumbre', o sea en la cocina. Además, claro está, de en todas las salas, comedores, habitaciones y todas las camas de todas las viviendas particulares".
La población total aproximada de Bilbao
"Bilbao, que para aquel año 1833 había recuperado la población cercana a los doce mil habitantes que tenía en 1808, y que tras las olvidadas masacres que se produjeron cuando la ocupación de la villa por los ejércitos de Napoleón, había quedado reducida a menos de diez mil habitantes, que ocupaban poco más de dos mil viviendas.
El censo de vecinos, cabezas de familia, en 1833 ascendía a dos mil seiscientos noventa y uno. A la llegada del ejército liberal, entre cuatro o cinco mil soldados inicialmente, que llegaron a convertirse hasta en diez mil en los meses posteriores".
Hay que tener en cuenta, como hemos dicho, que la mitad de la población había huido para entonces, por lo que el número de soldados llegó a duplicar al de los bilbaínos.
Los principales edificios civiles y eclesiales se convirtieron en improvisados cuarteles:
"La céntrica iglesia de San Nicolás se convirtió de inmediato en el parque de artillería del ejército, rodeada de un cercado, incluso con garitas de centinelas en los exteriores. Hubo otros edificios, y las restantes iglesias, que se acabaron convirtiendo en cuarteles, o en hospitales, que llegaron a existir hasta nueve en el recinto urbano".
Tropas de ocupación
Sabemos también de dónde procedían las tropas iniciales que ocuparon Bilbao:
"Las fuerzas que en el momento de escribir ese oficio precisaban de acuartelamiento eran 1.100 soldados del Rgto de Alcázar de San Juan, 510 del de Mondoñedo, otros 1000 del 2º ligero y otros 1000 del 4º, más 500 del de Compostela y otros 500 del de Cuenca".
A ellos se incorporaron nuevas tropas de refresco venidas de otras partes de España hasta llegar a los 10.000 contingentes mencionados como el Regimiento de Ronda.
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"'Bilbao supo alojar 10.000 soldados en su reducido recinto' dice el memorial a la Reina del 18 de julio de 1838, es lógico preguntarse cómo Bilbao, que no tenía ni un solo cuartel, ni tampoco ningún edificio militar, cómo hubiera podido instalar los soldados que llegaron ese primer día, y hasta los veinte batallones que según acta municipal del 21 de junio de 1837, llegaron a albergar los pocos edificios de la villa".
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En el centro de la foto está el edificio Zubialde, en su día era una torre que fue rebajada y totalmente modificada, se derribó en el año 1866. La torre perteneció a la familia Bilbao La Vieja y su construcción es incluso anterior a la villa. Ésta era la residencia de los señores de Bizkaia y de los reyes de Castilla cuando venían a Bilbao y estaba muy cerca del ayuntamiento en la Plaza Vieja o Mayor, hoy Mercado de la Ribera. |
Enfermedades y graves problemas de convivencia
A la ocupación de las tropas de las calles, todos los edificios y viviendas de Bilbao, se sumó el hacinamiento por el elevado número de soldados, lo que provocó graves consecuencias para la población, tal y como se recoge en otra Acta municipal que describe Rahm:
"El 17 de febrero de 1837 se pediría 'que salgan uno o dos de los batallones'...por 'lo recargado que se halla de alojamientos este vecindario y la gravedad de las enfermedades reinantes', tifus, sarna, venéreas, 'de soldados que se echan diariamente en casas pobres mal ventiladas'. Tenían por 'el riesgo en que se halla el mismo ejército' ".
A ellas hay que añadir la que en las Actas municipales llaman "terrible plaga del mal venereo", probablemente fruto de la prostitución y de las violaciones, tal y como da a entender el enorme incremento de bebés en los orfanatos y de los nacidos no bautizados durante la ocupación.
Bilbao en el siglo XIX, donde se distingue perfectamente el camino que desde Zamudio baja por el alto de Santo Domingo hasta el puente de San Antón junto a la iglesia, el antiguo ayuntamiento, la catedral de Santiago etc.
Un ejército de ocupación que esquilma a los bilbaínos hasta la ruina total
Otro de los problemas gravísimos para el Ayuntamiento de Bilbao, fue el de la financiación y manutención de la ocupación militar:
"Un resumen publicado por los regidores informa de que en los seis primeros meses habían suministrado al ejército, y pagado de sus fondos, 1.549,675 libras de carne, 1.726.266 cuartillos de vino, 774.837 raciones de pan, 600.000 reales en cebada, 400.000 reales gastos en nº en camas, calzado, etc. y otros 300.000 en gastos de fortificaciones".
El ayuntamiento de Bilbao acabó totalmente arruinado, así como la mayoría de los bilbaínos.
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