EL ORIGEN DE LOS AYUNTAMIENTOS DE BIZKAIA

EL ORIGEN DE LOS AYUNTAMIENTOS DE BIZKAIA
Aitzol Altuna Enzunza

En el año 1779 John Adams, segundo presidente de EE.UU., estuvo en Bilbao, por tanto 3 años después de la independencia de su nación. John Adams, en su extenso libro “Defense of Constitutions of Governement of the USA”, reflejó el sistema democrático bizkaíno y su influencia en el norteamericano con diferentes datos forales, el libro fue publicado en Londres en el año 1787. Un busto de este presidente norteamericano frente a la Diputación de Bizkaia en la Gran Vía de Bilbao así lo recuerda.

Las primeras aldeas tras la caída del Imperio Romano Occidental, aparecen en Europa en torno al año 800. En Bizkaia se abrirán claros en los bosques y en el litoral, pero éste pronto se volverá peligroso por las incursiones normandas. Se han encontrado restos arqueológicos de estas aldeas en Gerrika, Arta en Bolibar e Iturrieta, todos en la comarca de Lea-Artibai, además de en los hoy barrios de Miota, Gazeta y Santo Tomás de Mendraka – los tres en Elorrio-, en Momoitio (Garai) en el duranguesado, en Otzerinmendi, Arzuaga, Artea y Elgezua en el valle de Arratia, en Bermejillo y San Esteban de Karrantza en las Enkartaciones, también en San Martín de Finaga (Basauri, entonces Arrigorriaga), Abrisketa (Arrigorriaga) y en Gerekiz (Morga). Además, los bizkaínos volvieron a habitar las cuevas tras la caída del Imperio Romano, buscando un refugio seguro, son el caso de Peña Forua (Forua), Santimamiñe, Sagastagorri (Kortezubi), Ereñuko Arizti (Ereño), Lumetxa (Lekeitio) y Goikolau (Berriatua).

El rey de Nabarra Sancho I Garcés (905-25) creó las primeras “tenencias” o divisiones administrativas para el control y gestión del territorio, configuradas para defenderse de los ataques de los musulmanes, por lo que la mayoría de las primeras tenencias estaban en la Ribera. Llamó Sancho a las tenencias “Udalla u Udalha”, “el concejo”, que denominaba después al territorio mancomunado y hoy a los ayuntamientos, según explica Iñaki Sagredo Garde . El propio Iñaki comenta que: “El tenente recibe parte o la mitad de las rentas del territorio y la totalidad del impuesto de multas o caloñas, además de otros emolumentos designados por la fórmula de mesnadería o pago anual por mantener sus armas y caballos prestos para acudir a la hueste real ”.

Los tenentes y el rey estaban sujetos a los Fueros, que no son más que las leyes consuetudinarias que nos dimos los baskones para nuestra convivencia y que terminaron de desarrollarse bajo el amparo del Estado baskón o reino de Nabarra, basadas en “la costumbre” del pueblo como fuente principal de derecho: es el conocido como Derecho Pirenaico, que bien se puede llamar nabarro (lo que hoy sería una Constitución) . Así lo explicaba el historiador ronkalés Estornés Lasa (1907-1999) en su libro “Lo que NO nos enseñaron”: “El Fuero contiene la parte sustancial y permanente, que no cambia con el tiempo ni las circunstancias, como la defensa del ciudadano con instituciones que les protegen ante las autoridades arbitrarias”. En el reino da Nabarra, los reyes tenían que jurar primero los Fueros antes de ser alzados y proclamados como tales sobre un escudo. Es decir, la ley, para los bizkaínos como para todos los nabarros, estaba por encima del rey y era anterior a él, “Leyes antes que reyes”, es uno de los grandes puntos diferenciadores del Derecho Pirenaico.

Tras la invasión del señorío nabarro en los años 1198-1200 por Castilla, los bizkaínos reclamaban la jura de los Fueros bizkaínos a sus “señores” según la costumbre para reconocerlos como tales, éstos fueron los propios reyes de Castilla desde 1378, pues obtuvieron por herencia ese año el título de “señor de Bizkaia”. Para llevar a buen puerto la invasión de Bizkaia, el rey de Castilla contó con la ayuda de los tenentes nabarros desterrados y traidores de la familia López de Haro, los cuales fueron los primeros señores de Bizkaia bien documentados (s. XI reinando Sancho III el Mayor de Nabarra). La cuestión es que el reino castellano tenía sus propias leyes o Fueros castellanos, diferentes a los Fueros del Estado baskón de Nabarra que mantenían los bizkaínos pese a permaneces invadido su territorio. Los reyes castellanos (después españoles) resultaban ser una figura lejana.

El Fuero General de Bizkaia se sabe que estuvo vigente al menos desde 1110 y se escribió el 21 de julio de 1452 el llamado “Fuero Viejo”, reescrito de nuevo en 1526. Tal y como relataba el historiador bizkaíno Andrés de Mañaricúa, en estos Fueros escritos, los bizkaínos pedían al rey de Castilla que confirmase el Fuero como señor de Bizkaia, pero no esperaban a dicha confirmación para ponerlo en vigor y mandaban “que de hoy en adelante e aun fasta confirmar las dichas leyes e fuero e derecho por dicho Señor Rey, usan por ellas e juzguen e determinen por el dicho fuero”. Si el rey castellano no juraba los Fueros de Bizkaia, en la ley primera de los mismos se establecía que: “los vizcaínos, así de las villas como de la tierra llana de Vizcaya, como de las Encartaciones, como de Durango, que non deben responder al pedido (del rey) ni al de su Tesorero ni Recaudador”.

Los problemas de rango local se dirimían en los Fueros en los "Consejos Vecinales", elemento peculiar del Derecho Pirenaico y por ende de todo el reino de Nabarra. El Consejo Vecinal, se celebraba el domingo a la salida de misa mayor presididos por los “fieles regidores”, al principio bajo un árbol sagrado (siguiendo el culto pagano), y siglos después en las “ante-iglesias” o pórticos que darán nombre a esta administración municipal o reuniones vecinales (que también serán llamadas “repúblicas” del latín “res-pública”).

La definitiva configuración de estos Consejos Vecinales en los pórticos de las iglesias o ermitas, hará de las mismas el centro unificador administrativo de una población hasta entonces -y en general- dispersa. Se usarán como primeros centros techados estos pórticos de las ermitas e iglesias tras la total cristianización de Bizkaia por iniciativa de la Corte nabarra reinando Sancho III el Mayor mediante la reforma cluniense desde Leire y con la masiva construcción de iglesias de estilo románico por todo el territorio bizkaíno, bien por los reyes de Nabarra (de realengo), bien por señores locales (iglesias diviseras) o incluso se construía su “fábrica” en “auzolan” por el pueblo. La anteiglesia era llamada al principio “monasterio” y en plena Edad Media pasó a llamarse anteiglesia.

El primer historiador bizkaíno, el banderizo López García de Salazar del siglo XV en el libro XXV, confirma el hecho de la fundación de monasterios por parte de la corona Nabarra (serían iglesias de patronato laico). Habla de una primera fase, relacionada la lucha contra los musulmanes que correría a cargo de los caballeros), una segunda fase donde es la corona la que funda monasterios al aumentar la población y para consolidad su poder, y sólo en una tercera fase la iniciativa vendría de Roma con el aumento de las villas y la construcción de iglesias en ellas para cobrar el diezmo, por tanto más en los siglos XIII-XIV y dentro ya del estilo gótico.

En el caso de los actuales territorios de Bizkaia, Gipuzkoa o Alaba (existen 240 ermitas e iglesias catalogadas en éste último territorio), cabe afirmar que todo el arte románico que esconden son arquitectura Nabarra, pues estos territorios están bajo soberanía del reino baskón hasta las navidades del año 1200. De ahí que toda Nabarra cuente con preciosos pórticos de iglesias con las funciones que hoy corresponderían a una casa consistorial y que no hay en otros lugares (salvo de manera puntual), con sus mesas de piedras de cuando se empezó a levantar acta de las reuniones, como la perfectamente conservada de Andra Mari de Galdakano. A veces también se celebraba el Consejo en los cementerios cuando éstos empezaron a construirse pegados a las iglesias frente a los enterramientos interiores al pie del altar anteriores. A finales del siglo XVIII se empezaron a construir las casas consistoriales o ayuntamientos.

Se llamarán, según el caso, Consejo de la anteiglesia, Consejo del valle o Consejo de la villa. Las villas, en el caso de Bizkaia, se constituían sobre anteiglesias o poblamientos previos (como el puerto de Begoña con su entonces iglesia de Santiago, independizado como villa de Bilbao en 1300), amurallados para su defensa, con un “fuero de villa” que las organizaba internamente (sin aplicar el Fuero General) y que les daba derecho a mercadear a cambio de pagar unos impuestos al señor de Bizkaia que era el que se los concedía. Con Nabarra ya era villa Durango sobre el año 1150 con Sancho VI el Sabio y también, probablemente, al menos Bermeo, capital bizkaína o “cabeza de Bizkaia” hasta 1602. En Elorrio, Mungia y en Ugao-Zeberio, subsistieron paralelamente la villa y la anteiglesia con sus propios Consejos.

Los Consejos eran orales y sin testimonio escrito al principio. En estos Consejos se dirimían disputas, se emitían sentencias y se resolvían problemas comarcales o municipales de toda índole (aunque también existía el Consejo del reino de Nabarra para los asuntos nacionales), y se resolvía quién iba a representar al “ajuntamiento” en las Juntas Generales de Bizkaia.

Parte de la idiosincrasia de los municipios del reino da Nabarra (aunque también existía en otras partes de Europa), es el mencionado “auzolan” o el “trabajo vecinal”, por el cual los vecinos se ayudan a la hora de labrar la tierra, arreglar caminos, reconstruir un caserío, una iglesia o creaban caleros comunales en los barrios entre otras muchas funciones. Es también característico la tierra comunal, donde todos comparten la explotación de los bosques, de la cual todos se benefician y tienen la obligación de limpiarlos para evitar fuegos, estando reglado por ejemplo la cantidad de leña que cada uno puede obtener de los mismos, de ahí el nombre “foguerizaciones”, “foguera” u hoguera, usado para medir la población y para tener derecho también al voto en las “Consejos Vecinales”, elemento el cual se ha mantenido hasta el presente paralelo a los Ayuntamientos “institucionalizados” en muchos lugares del agro nabarro en general y bizkaíno en particular.

Idoia Estornes Zubizarreta: “En el mes de septiembre de cada año se hacía -se hace- el auzolan ordinario, y el extraordinario por la primavera. Una comisión de cada barrio es la encargada de comunicar a cada uno de los vecinos, el día, lugar u hora de la citación. El vecino que por alguna razón no pudiera acudir debía de mandar un sustituto. Esta prestación vecinal puede tener el carácter de obligatoria reciprocidad ordea o expresa un movimiento de solidaridad gratuito en el caso de tratarse de servicios prestados a una viuda, un campesino enfermo o escaso de personal. A estos auzolanes contribuye también el municipio suministrando en dinero lo equivalente al rancho y dando los explosivos que hagan falta para romper rocas o piedras grandes, cuando el servicio es público; en caso de ser efectuado para un individuo o familia privados, éstos se comprometen a proporcionar el alimento del día y a corresponder a su debido turno.

Relacionado estrechamente con esta institución se halla la vizcaína lorra, consistente en prestaciones de los vecinos en trabajo, materiales u otros efectos en casos de incendios, construcción de viviendas, falta de estiércol, desgracia, etc. La institucionalización del auzolan la vemos cristalizada en las cofradías administradoras de montes y tierras comunales”.

Pese a estar ya estructurada toda Bizkaia municipalmente en “anteiglesias” para los siglos XI-XII, cuando hiciera buen tiempo, se usaría todavía la sombra de un árbol representativo siguiendo la antigua religión baskona-pagana, normalmente una encina o un roble. Por ejemplo, cerca de la iglesia románica nabarra de Andra Mari en el barrio Elexalde de Galdakano, a 100 metros a la derecha del camino, existía un roble centenario llamado “Guzur Aretza”, donde los galdakoztarras se juntaban antes y tras oír misa para hablar sobre los asuntos que les preocupaban o tratar cuestiones del día a día. Incluso parece que se tomaba confesión en el mismo, tal y como se recoge en un documento ante la visita obispal de 1591: “…soy informado que lo había acostumbrado oír de penitencia en la (…) de la dicha iglesia debajo de árboles fuera de sagrado…”. Este roble fue talado por el ayuntamiento en 1935, antes las protestas de los vecinos se plantó otro en medio de una fiesta. Otro ejemplo en el mismo municipio, es el roble del barrio de Ordeñana que ejercía parecidas funciones, como rezar el Santo Rosario o lugar de baile.

El nombramiento como máximo representante municipal era público, se hacía a principios de año y era por dos años, su aceptación era obligatoria. Entre todos los vecinos se sorteaba en Asamblea Municipal o Cruz Parada mediante insaculación (sorteo) en sufragio universal por “fuegos” o “fogueras” (lo que coincidía con un representante por caserío) y por turnos. Eran los llamados “fieles regidores” de los cuales Galdakano, por ejemplo, contaba con dos por su gran extensión, predecesores de los alcaldes ya en el siglo XIX. Para poder ser regidor se exigía ser propietario y mayor de 25 años. Galdakano (que incluía los actuales municipios de Etxebarri y Bedia), por ejemplo, en las primeras “foguerizaciones” conocidas del s. XVI, contaba con un total de 73 hogueras o casas, sobre 300-500 habitantes .

Las funciones de los “fieles regidores” era la de recaudar impuestos, dirimir en disputas municipales o autorizar festejos. Existía también la influencia de las familias banderizas incluso en la villa de Bilbao, donde un regidor era oñacino y otro ganboíno (su influencia se mantuvo incluso en las Juntas Generales de Bizkaia hasta el siglo XIX). Cada municipio, fuera villa o anteiglesia, mandaba sus representantes a las Juntas Generales o gobierno del señorío, donde la anteiglesia de Galdakano, por ejemplo, ocupaba el asiento y voto número 38º por la merindad de Uribe. Las Juntas de Bizkaia finalmente la formaban 72 anteiglesias junteras (elizate o elizaurre), 21 villas, 1 ó 2 representantes de Durango y 2 de las Enkartaciones. La merindad de Durango en 1740 pasó a tener 7 votos en Junta.

Los municipios o “anteiglesias” se agrupaban primeramente en “merindades”, parecidas en funciones a las antiguas “tenencias”. El señorío de Bizkaia quedó compuesto por seis merindades, que eran: Arratia-Bedia, Busturia, Markina, Uribe, Zorroza y Durango, más las villas y la ciudad de Orduña así como las Enkartaciones. Al frente de las merindades se hallaba un merino o juez que impartía justicia. Las merindades también celebraban sus Juntas de Infanzones o reuniones. Las fronteras entre las merindades eran las lomas de los montes, lugar de las primeras poblaciones o aldeas bizkaínas alto medievales que dan nombre al señorío, de “bizkar” loma.

Este sistema “auzocrático” decayó a mediados del siglo XVIII, como ponen de manifiesto los documentos que demandan voz y voto para los numerosos arrendatarios tras la crisis económica de ese siglo, que hizo que la propiedad privada se concentrara en unas pocas manos. Pero el desastre fue mayor tras las sucesivas guerras de finales del siglo XVIII y las más importantes del siglo XIX (Guerras contra la ocupación francesa y las Guerras Carlistas), las cuales supusieron la supresión casi total de los Fueros. Es entonces cuando desde las autoridades españolas se empezó a exigir bienes para hacer frente a cualquier responsabilidad que derivara de las funciones públicas, ya desde la segunda Constitución española del año 1812 (tras la de Baiona de 1808, aunque ninguna de las dos se aplicaron en tierras forales), es el llamado voto censario o de los hombres más ricos, al que tenían derecho menos del 0,15% de la población.

Por ejemplo, en 1842 y tras perder la Primera Guerra Carlista, Galdakano contaba con 2.000 vecinos (ya sin Bedia y Etxebarri), de los cuales sólo 25 eran propietarios, y el puesto de alcalde recayó en el más rico ellos: “…tiene mucho montazgo, jarales, castaños, pastos para el ganado, hierbas medicinales, bellas fuentes de aguas sabrosas, siendo la de la venta de la Cruz mineral ferruginosa, abundante pesca de anguilas, truchas, barbos y bermejuelas…800 personas de comunión, tres ferrerías con agua perenne, seis molinos, carnicería, hospital, bella casa consistorial reedificada por la anteiglesia en el año 1755, cuatro tabernas, escuela primera letras…” (Ramón de Iturriza “Historia General de Vizcaya”, 1793).

A parte de una casa consistorial, contaba Galdakano con una cárcel -como otros muchos municipios-, documentada desde 1796. Cualquier sentencia leve se suspendía si se daba fianza o se señalaba fiadores; existía la "validez de la palabra dada" (la famosa palabra de vasco) siempre que se realice en los lugares convenidos. En el fuero de Durango, por ejemplo, decía así: "ninguno no sea osado de entrar en la huerta agena, nin llebar hortaliza ninguna agena, et qualquiere que lo hiciere peche 80 mrs (maravedíes) al dueño, et quatro mrs al ortelano, et si el tal fechor negare, jure a la puerta de San Vicente de Yurreta (…)"

La representación de las Juntas Generales de Gernika se estructuró sobre la base de los municipios, villas o anteiglesias a finales del siglo XV desde su ubicación original donde está la ermita de Aretxabalagane en el municipio de la anteiglesia de Morga, la cual data de al menos del siglo XI (hoy se conserva perfectamente la también ermita juradera y su conjunto de Idoibalzaga en la villa de Errigoiti). Se hacían las reuniones de las Juntas Generales de Bizkaia “so árbol de Gernika” y con un pie descalzo como mandaba la tradición, aunque también se usaba la ermita de Nuestra Señora de la Antigua cercana cuando llovía, ermita ampliada y reformada en el siglo XIX cuando se convirtió en las actuales instalaciones.

Jean Jacques Rousseau (1712-1778) dejó escrito, aunque con ironía: “Gernika es el pueblo más feliz del mundo. Sus asuntos los gobierna una Junta de campesinos que se reúne bajo un roble y siempre toman las decisiones más justas”.
“El árbol de Guernica ha conservado
la antigüedad que ilustra a sus señores,
sin que tiranos le hayan deshojado,
ni haga sombra a confesos ni a traidores.
En su tronco, no en silla real sentado,
nobles, puesto que pobres electores,
tan sólo un señor juran, cuyas leyes
libres conservan de tiranos reyes”
(Tirso de Molina -1571 Madrid-1648 Almazán-,
“La prudencia de la mujer”, acto I, escena I en “Comedias de Tirso de Molina”).