RITOS FUNERARIOS ANCESTRALES

RITOS FUNERARIOS ANCESTRALES
Aitzol Altuna Enzunza

Para los antiguos vascos, todos los seres vivos tenían alma (gogoa), ésta es inmortal y reside en la cabeza, “burua”, la parte más importante del cuerpo: nere buruaz beste egin (suicidar mi cabeza), burua lurrera bota (tirar mi cabeza al suelo), burua ispiluan ikusi (mirar mi cabeza en el espejo) etc. –modo reflexivo-.
Al morir, el alma va al cielo a través del arco iris (Ortzadar, “cuerno de Dios”), hasta llegar a la luna (ilargi, iletargi, “luz de muertos”), luego vuelve a la tierra en forma de lluvia y entra en otro ser: la rueda de la vida, muy parecido al hinduismo actual.
Se dejaba a los muertos en los altos para que los carroñeros librasen el alma (como en el Tíbet actual).

En un momento de la prehistoria se empiezan a enterrar los cuerpos, probablemente a los brujos o chamanes, y se crean para ellos monumentos funerarios: son los dólmenes, sitos mayoritariamente en los pasos pastoriles, usados por diferente gente, de supuesta influencia celta pero que sólo se dan donde hay tribus preindoeuropeas, como en Baskonia, Carnac o el famoso Stonehenge de la actual Inglaterra.

Desde el 5.000 a.C. se estarían usando los dólmenes, pero las invasiones producidas en Europa sobre el 2.800 a.C. acabarían con esta cultura. Entre los ritos funerarios practicados no serían extraños el canibalismo y los sacrificios humanos.

Los dólmenes son la primera arquitectura monumental conocida del País Vasco. Se habría introducido desde Alaba donde están los más antiguos y grandes dólmenes, quizás desde el norte de Portugal. El dolmen de Aizkormendi de Eguilaz (Alaba) es el primer monumento prehistórico descubierto en el País Vasco.

Colin Renfrew cree que los dólmenes eran marcas de territorio, “símbolos duraderos de la ocupación de la tierra”.

Los dólmenes conocidos en e País Vasco se reparten así: 121 en Gipuzkoa, 64 en Alaba, 68 en Bizkaia, 430 en Alta Navarra, 76 en Lapurdi, 35 en Baja Navarra y 12 en Zuberoa.

Los dólmenes con cámaras artificiales, estaría tapados con tierra formando un montículo llamado túmulo. Existen túmulos llenos de tierra y piedras, con cámaras, de grandes dimensiones en Bretaña (Carnac) y mucho más sencillos en Euskal Herria. Algunos túmulos no guardan dólmenes en su interior sin que se sepa su función.

De la misma época que los dólmenes son los menhires, enorme piedras alargadas clavadas en la tierra, “Zutarria” (“piedra en pie”) o “Iruinarri” y su distribución es la siguiente: Gipuzkoa 14, Alaba, 16, Bizkaia 6, Alta navarra 247, Lapurdi 18, Baja Navarra 54 y Zuberoa 61.

El tercer tipo de enterramiento ancestral son los crónlechs, son más recientes en el tiempo pues se empezarían a usar en el 2.000 a.C.
Algunos crónlechs, los menos, son enormes observatorios o calendarios solares, posicionando las piedras de forma que marquen el lugar de aparición del astro rey en el horizonte en los días más importantes del año, como los solsticios (sol quieto).

Los hay que parece que fueron usados como zócalos de lo que habrían sido las moradas de las gentes del lugar ya que se han encontrado restos de postes clavados en el centro, al modo de las tiendas de campaña hechas con pieles y maderas, aunque antiguos, seguramente más recientes en el tiempo.

Los Crónlech según J.M. Barandiaran tienen su origen en Bohemia (Chequia) y Baviera (Alemania), pasando por Suiza y el norte de Italia antes de llegar al País Vasco.

Existen túmulos tapando dólmenes, rodeados de crónlech y con algún menhir incrustado en éste último, lo que sería el sincretismo perfecto de toda la cultura dolménica que resumiría 5.000 años de religiones, pues por el espacio de tiempo tan enorme que abarcan, irían cambiando las creencias y mucho más los ritos, adaptándose generación a generación.

Tanto los dólmenes, crónlech y túmulos serían usados por los diferentes clanes o tribus generación tras generación. Son todas ellas construcciones de “piedra seca”, simple superposición de piedras sin ningún tipo de conglomerado.

Entre el valle de Leitzaran (Gipuzkoa, frontera baskones y bardulos) y Andorra, existen a los dos lados del Pirineo sobre 1.104 crónlech que por su tipología (círculos de 3 a 6 metros de diámetro, a veces de forma radial, el más pequeño es de 1,2 metros y el más grande de 21 metros) y cronología (1000 a.C. al año 1) no se parecen a ningún otro crónlech del mundo, son los “Mairu baratz” o “harrespil”, se hayan en 413 conjuntos, de los cuales 291 están en Euskal Herria sobre todo en Alta y más aún en Baja Navarra; se han encontrado cenizas de enterramientos en el centro e incluso dentro de vasijas, un par de puñados como mucho, por tanto meramente simbólico y no todo el cuerpo, además las cremaciones parece que se hacían fuera de los círculos.

En el monte Okabe (provincia de Navarra) presenta la mayor concentración de estos ritos funerarios, hay hasta 26 de estos círculos, siendo la zona de Ilarrita donde más hay.

Existen crónlech en general: 127 en Gipuzkoa, 5 en Alaba, 5 en Bizkaia, 557 en Alta Navarra, 83 en Lapurdi, 158 en Baja Navarra y 41 en Zuberoa. Se han contado 78 túmulos en Gipuzkoa, 91 en Alaba, 49 en Bizkaia, 247 en Alta navarra, 18 en Lapurdi, 54 en Baja Navarra y 61 en Zuberoa.

La extensión de los mismos coincide con los territorios donde habitaban los Baskones y otros pueblos dependientes de éstos a la llegada de los romanos de forma sorprendente, lo que nos hablaría de una sociedad fuertemente estructurada, con sus sacerdotes, clases sociales que darían lugar a crónlech de diferente tamaño y en lugares considerados mejores o peores, por tanto de sociedades “divididas” en jerarquías, lo que podría ser la esencia de un primer Estado vasco, frente a la poblaciones occidentales de los pueblos vascos, con sus 72 amuralladas poblaciones (actuales Bizkaia, Gipuzkoa y Alaba), pero con otra estructura social propia de “poblaciones indivisas” .





Elementos relacionados con los ritos funerarios:

La svástica: de la que hemos hablado en esta web en el primer artículo de Mitología, que han aparecido en el poblado de la Hoya (s. XIV a.C.) o en la estela bárdula de Inglaterra de la época de Adriano (s.II).

Por su antigüedad y simbología, svásticas, y el sol y luna creciente que aparecen en la mencionada estela.

Los eguzkilores o flores de cardo en las puertas de los mismos: representa el sol que confunde a los espíritus negativos de la noche creyendo que ya es de día o clavándose con sus espinas. En otras leyendas, las “lamias”, se quedaban contando las espinas de los eguzkilores hasta que la luz del alba les hacía huir a sus moradas.

Para ahuyentar a los espíritus se usan también ramas de espino y helechos floridos, pero también las cruces griegas de fresno de los dinteles de los caseríos.

Kuttunak: amuletos de fresno, huesos o pieles de animales, para lograr deseos o alejar fuerzas negativas, en especial garras de tejón para preservar de males a los niños), plantas especiales (laurel, hierba doncella o el mihura=muérdago). Hoy se usa la palabra como sinónimo femenino de “cariño” o “amor”.

El hacha (aizkora, “piedra arriba”) se colocaba fuera, en la entrada de las casas de los pastores (llamadas bordas), con la hoja mirando al cielo, pues se creía que si hiciera tormenta, los rayos pegarían en la hoja del hacha y se romperían. Se relacionaba el hacha con el rayo, pues al golpear éste el pedernal saca chispas que se asemejan a rayos.

Las estelas funerarias o “gizon-harri”se asemejan a cabezas enterradas por su forma (donde estaba "gogo", el alma), no son más que lápidas funerarias con símbolos astrales, cuya principal característica es la simetría de las mismas. Son concéntricas, es decir del centro salen el resto de las figuras, y simétricas (con alguna excepción), en ella son frecuentes símbolos como los lauburus o esvásticas. Son numerosas hasta el siglo VI-VII y tienen un resurgimiento en los siglos XV-XVI. En ellas, las espirales, significarían traspasar la muerte hacia un la paz eterna y la resurrección.

Existen otras estelas tabulares de casi dos metros de largas algunas (como la encontrada en Finaga, Arrigorriaga, y usada hasta poco por los domingueros como mesa). Es en Bizkaia donde se encuentran los mejores ejemplos de este tipo de arte exclusivo de los vascos.

Las argizaiolak o argiolak (o pilomenak en Ataun): cerilluelos de difuntos, tablas decoradas con todo tipo de símbolos de formas antropomorfas de madera con una vela en forma de cerillo enroscada, exclusivo de Baskonia. Argizari=cera (argi=luz), ola=madera. Al morir el dueño de la casa es a las abejas a las primeras que hay que informar para que produzcan más cera y así encender una vela al muerto: "Iratzar zite, buruzagia hil zazite" (recogido por JM Barandiaran).

Las argizaiolak son más recientes pues se usan cuando menos desde el sigo XVI hasta el presente que se ha mantenido vivo sobre todo en el Goierri gipuzkoano o en el de Alta Navarra, aún hoy es de uso frecuente en Amezketa (Gipuzkoa). Serviría para que el paso al más allá fuera alumbrado a los muertos. Se llevaba desde la lumbre del hogar a la Iglesia hasta el asiento que ocupaba cada familia, representada esta por la mujer o etxekoandre. Su forma antropomorfa representaría al muerto.
El uso del fuego o la luz en los funerales es constatable en numerosas culturas desde época dolménica.