LA SUPERVIVENCIA DEL EUSKERA




LA SUPERVIVENCIA DEL EUSKERA
Aitzol Altuna, Galdakano


“Todos los pueblos que no tienen memoria desaparecen”.

El País Vasco es en la actualidad una región europea muy pequeña, pero no ha sido siempre así. En el siglo I a. C., a la llegada de las legiones romanas a tierras vascas, los vascos nos extendíamos muy al Norte y muy al sur de los Pirineos, se trata del territorio donde habitábamos desde tiempos remotos y que tendría entonces los siguientes límites aproximados: por el Norte más allá de Burdeos y del río Garona hacia el Loira, por el Noroeste la frontera estaría en Tolouse bajando al nacedero del Garona en el Valle de Aran en Lleida (territorio llamado primero Novempopulania y después Akitania), abarcando todo el Pirineo a ambos lados, siguiendo hacia el Sur por el río Segre hasta Zaragoza, antigua Salduba, con el Ebro como frontera natural, “Quod inquietos baskones proelabiur", remontando el mismo nos contrariamos con diferentes pueblos vascos hasta el río Anson y más allá .

Los primeros datos escritos sobre los vascos y nuestra lengua nos lo dan los romanos y los vascos romanizados. Será el gran Julio César, nefasto para los vascos pues ocuparía militarmente la parte continental en el año 56 a.C., el que empiece su biografía sobre las Galias dividiéndola en tres, lo hace así: de Norte a Sur hay tres poderosas naciones: los belgas, los galos y akitanos. Para añadir en "Comentarios I": "A los galos separa de los aquitanos el río Garona", es decir, los akitanos no son galos. Pero también deja escrito: "los akitanos, eran de parecido físico, lengua y costumbres iguales que la provincia vecina, La Hispania Citerior", probablemente de donde luego lo recoge el egipcio Estrabón en el siglo I y que evidentemente se refiere a los vascos del sur de los Pirineos según señaló muy bien Julio Caro Baroja: "es lógico pensar que los aquitanos fueran, en primer término, semejantes en lengua y aspecto a sus vecinos de la Península, que Estrabón llama Iberia en general, es decir, a los vascones". El propio Julio Caro Baroja señala en su libro “Los vascones y sus vecinos” que “akitano” viene de “auski”, que era el plural y que el singular sería “auscus” (ausko), del mismo modo “baskones” sería el plural de “vascus” (vasco).

Los lugares donde aparecen las primeras palabras en euskera son estelas Akitanas de los siglos I-II, la zona más romanizada. Más de 400 nombres propios en lápidas o estelas, dentro de textos latinos normalmente, y 70 de divinidades, la mayor concentración de divinidades de todo el Imperio Romano junto a los encontrados en el occidente de la Península Ibérica. Lápidas aparecidas en Saint-Aventin (Haute-Garonne), Saint-Bertrand-de-Comminges (Haute-Garonn), Baudéan (Hautes-Pyrénées), Luchon (Haute-Garonne), Cadéac (Hautes Pyrénées), Ardiège (Haute-Garonne), Sain-Gaudens (Haute-Garonne), Loudenvielle (Hautes Pyrénées), Cardeilhac (Haute-Garonne), Saint-Pée-d'Ardet (Haute-Garonne), St.-Béat (Haute-Garonne), Gourdan (Haute-Garonne), monte Gar (Haute-Garonne) o Bagnères-de-Bigorre,

Pero también se han encontrado este tipo de estelas con inscripciones en euskera en Angostina (Alaba), Oiartzun (Gipuzkoa), Miñao Goien (Alaba), Atharratze (Zuberoa), Iruña de Oka (Veleia, en Alaba), S. Román de S. Millán (Alaba), Usua (Alta Navarra), Herat (Alta Navarra), Barbarin (Alta Navarra), Lerga (Alta Navarra), Dulantzi (Alaba), e incluso en el Pirineo como Escuñau (Val de Aran, Lleida, Catalunya) etc.

Tal y como recoge Estornés Lasa en sus libros sobre los “Orígenes de los vascos”, un resumen de esas palabras sería: Aher Ama Amoena Andere Arix Arte Asto Atta Bai Begi Bele Bels Berri Bihox Bihox Buru Erdi Erri Garr Gison Har Gorri Idi Ili Illun Ilur Itur Ituri Lapur Larra Larra Lehen Lur Neska Sembe Osto Lex Oia Ocho Vasco Viriatu etc.

Sabemos que en el Norte de Hispania o “tierra de conejos” como llamaban los cartagineses primero y los romanos después a la Península Ibérica , estaba aún sin dominar ni conquistar en el siglo I a.C. (las Guerras Cántabras son del año 26 a.C.), por tanto los astures (o zoelas), la actual Galicia y el oriente de la comunidad cántabra se romanizaron en los siglos I y II, salvo zonas boscosas o selváticas.

Respecto a los idiomas de esa región, siguiendo a J. Caro Baroja, en lo que hoy es Galicia y el norte de Portugal (provincia de Gallaecia), además del celta los autores romanos nos dicen que se hablaban otros idiomas sin mencionar cuales. Después, a lo largo de la cornisa cantábrica, nos dice Estrabón III, 3,7 (155): “semejante es la vida de todos los montañeses, y, como queda indicado, incluyo entre ellos a los que habitan la costa septentrional de Iberia, a los galaicos, astures y cántabros hasta los vascones y el Pirineo, pues todos tienen las mismas costumbres”. Para los romanos los idiomas de astures o gallegos eran incomprensibles y la de cántabros y vascos impronunciables, los primeros serían idiomas celtas y los segundos vascos con zonas fronterizas bilingües. Hubo zonas limítrofes que pasaron de un idioma a otro según el poder político o invasiones fronterizas como es el caso conocido de Calahorra (Kalagorri, hoy La Rioja), que pasó del euskera al celta (celtíbero) para volver al euskera.

En el norte de Aragón y de Catalunya y a lo largo de todo el Pirineo, lo que se hablaba sin lugar a dudas para J. Caro Baroja, era algún dialecto del euskera. Son las ciudades las latinizadas, pero como dice Estrabón “las ciudades no ejercen gran influencia, dado que la mayor parte de la gente sigue viviendo en las selvas y constituyen una amenaza permanente”.

El substrato común de esos pueblos del cantábrico, del Pirineo y de la Baskonia continental sólo puede ser uno y es el conservado sobre todo en la cultura vasca, de la cual el idioma es sin duda el elemento más significativo e importante.



Tras la caída del Imperio Romano y sobre el euskera, Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca y el vasco-iberismo” comenta que “no hay razón para dejar de admitir que en Aquitania se habló vasco hasta la Edad Media”, serían el euskera y el gaélico los únicos idiomas que sobrevivieron a los romanos.

La comarca más al Sur donde se hablaría euskera desde época romana y hasta la Edad Media, estaría probablemente cerca de la actual ciudad de Soria en Garrai (la antigua Numancia celtíbera), La Rioja con el Ebro como frontera natural hasta los montes de Oca o Auca- Atapuerca . Por el Oeste el límite se situaría en el valle de la Hoz de Arreba y entre Santillana del Mar-Santander al Noroeste por la costa.

Todos ellos son fronteras del ducado de Baskonia en el siglo VI y después del reino de Pamplona-Nabarra en el siglo XI con Sancho III el Mayor dadas a su hijo Sancho García (Gartzea) IV el de Nájera, muchos de estos territorios serían repoblados de nuevo en la Edad Media con “baskones” para los que luego se usará el nombre nacional de “nabarros” con el reino de Pamplona-Navarra, pues se llamaba “nabarros” a los habitantes euskaldunes del reino – la “lingua navarrorum”-, que lo eran casi todos, incluso antes de que el reino de Pamplona pasara a llamarse de Nabarra en el siglo XII con Sancho VI el Sabio.

En La Rioja o en Burgos, en la zona de los antiguos autrigones hasta Atapuerca, por ejemplo, hubo repoblaciones, seguramente con bizkainos y alabeses, pero según la máxima autoridad en la materia, Merino Urrutia, lo mismo que J. Caro Baroja o más recientemente Jabier Sainz Peonzaga en “El euskera en la Ribera de Navarra” (Ed. Pamiela), los habitantes seguían siendo euskaldunes y la vasquidad anterior a la ocupación asturiana y musulmana (muy breve) no desplazó el euskera, al menos en Rioja Alta y las comarcas de Burgos mencionadas .

"Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas (Briviesca) y desde siguiendo hacia el río Razon, donde nace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima de la cuesta y por medio de Galaza, y allí está el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe, antigua ciudad abandonada (Garray), y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016" Cartulario de San Millán de la Cogolla, La Rioja (reino de Pamplona-Nabarra) doc. 166.

Tal y como recogen los historiadores nabarros Iribarren y Kanpion, Sancho III el Mayor dejó a su primogénito “toda la población euskara”. El historiador español Menéndez Pidal es de la misma opinión: “(Sancho el Mayor) quiso unificar un gran reino navarro, predominantemente vascón por su lengua”. El medievalista bizkaino Anacleto Ortueta (siglo XIX), sobre este gran rey Europeo dijo: “Sancho III el Mayor eligió sabiamente las fronteras del Estado Vasco, pues los límites que dio a Navarra fueron los geográficos naturales. Es el genio tutelar de la nacionalidad vasca. Gracias a él vivimos como pueblo”.

El historiador español más importante del siglo XX, Ramón Menéndez Pidal, escribió también en "España y su Historia" que el rey navarro Sancho III el Mayor (1000-1035): «reparte sus estados entre sus cuatro hijos, apareciendo como uno de los más audaces estadistas estructuradores de fronteras y de pueblos, dejando al primogénito García (Gartzea) el solar de la dinastía, el antiguo reino de Navarra, homogéneamente vascón por su lengua».

En la lápida de la tumba de Sancho III lo deja claro, escrita en latín dice: “Aquí yace Sancho, rey de los montes Pirineos y de Toulouse” (museo de León). (“Hic situs est sancius rex pirineorum montium et Tolose”).

A. Tovar y K. Mitxelena en 1968 lo tenían claro: “La lengua vasca se conservó probablemente porque los vascos como los cántabros se rebelaron contra los invasores y no llegaron a ser incorporados a los reinos francos y visigodos”.

Son los primeros testimonios escritos y por tanto históricos sobre los vascos. Hoy en día sigue existiendo gente con una cultura e idioma común heredados de miles de años en lo que queda de la histórica Baskonia y de su hija, el Estado o reino de Pamplona-Navarra, en un territorio mermado en su extensión natural por diferentes invasores y que los nativos llamamos, en la lengua que nos oyeron hablar los romanos, celtas, íberos, francos, godos, árabes y demás pueblos que vinieron mucho después: Euskal Herria.

“La cultura y folklore vascos están también en riesgo de desaparición. Si la región vasca continúa siendo un apéndice de España (Francia), es muy probable que se desvanezca completamente. ¿Cuál es la única fórmula que puede salvarlo? Un Estado vasco, en el que todas sus instituciones de autogobierno – la burocracia, el sistema educativo, los medios de comunicación – sean puestos a su servicio”. Hillel Halkin, THE JERUSALEM POST 10 Feb. 2005