NOVA VICTORIA Y VICTORIA VIEJA

NOVA VICTORIA Y VICTORIA VIEJA
Aitzol Altuna Enzunza

Sancho VI el Sabio de Nabarra fundó en 1181 una villa sobre la puebla de Gastehiz, población arqueológicamente constatada desde la Alta Edad Media y que ya estaba amurallada en el siglo XI, su existencia está documentada reinando Sancho III el Mayor en la Reja de San Millán del año 1025, donde Gastehiz aparece escrita con “h” aspirada. Le dio el rey Sancho VI el Sabio de Nabarra a la nueva villa el nombre de Nova Victoria con "c", la cual finalmente perdió, seguramente por la dificultosa pronunciación para sus habitantes, casi todos euskaldunes o nabarros monolingües. El rey Sancho VI dejó escrito: “Os doy esta Villa que se dice Nueva Victoria, con todos sus términos, poblados, yermos, los que al presente posee o en otro tiempo poseyó (…) el nuevo nombre de Victoria a la que antes se llamaba Gastehiz”.

Hay quien cree que el nombre se lo puso el rey Sancho en recuerdo de “Victoriacum”, ciudad fundada por el rey visigodo Leovigildo en algún lugar no determinado aún, el cual pudiera ser Vitoriano en el valle de Zuia a las faldas del monte Gorbea, idea que apoyó en 1927 Adolf Schulten (historiador, filósofo y arqueólogo alemán). Sería un intento frustrado de dominar estas tierras baskonas por los bárbaros germánicos de origen escandinavo. Pero esta posibilidad no tiene mucha consistencia, es más, la posibilidad de que los godos llegaran a Alaba no tiene base documental cierta y nula base arqueológica. En realidad, la duda se basa en una escueta frase de Juan el Biclarense, cronista godo nacido en el año 540, que dejó escrito que en el año 581: “Leovigildus Rex partem Vasconiae occupat et Civitatem quae Victoriacum nuncupatur condidit".

En el mismo texto el cronista sitúa poco antes a su rey Leovigildo conquistando Ejea de los Caballeros (Egessa escribe), hoy Cinco Villas de Aragón pero que entonces era una ciudad baskona. Siete años antes, Leovigildo se encontraba en Amaya, Burgos: “Leovigildo en el año 574 tomó la ciudad de Amaya, hoy existe Peña Amaya lejos del País Vasco, en Burgos-sur”, así lo escribe Santiago Segura Munguía en su libro “Mil años de historia vasca a través de la literatura greco-latina”. Por tanto, las dos ciudades casi seguras, Ejea y Amaya, están muy lejos del valle de Zuia fronterizo entre Alaba y Bizkaia, cerca del puerto de Altube.

El arqueólogo bizkaíno Agustín Azkarate comenta las diferentes opiniones de la historiografía sobre la posible ubicación de Victoriacum : “El ilustre historiador alemán [Adolf Schulten] se dejó influenciar sin duda por una corriente de opinión mayoritaria que, ya desde antiguo (P. Flórez, P. Henao, P. Risco, et.), venía ubicando la vieja fundación de Leovigildo con algún lugar de la Llanada alavesa, identificado unas veces con Vitoria y otras con Vitoriano (Zuia) o Armentia (hoy a las afueras de Vitoria-Gasteiz)”.

La idea de que el nombre de la ciudad provenga de la contraposición a una “Vitoria la Vieja” goda de la Llanada es sostenida por la Enciclopedia Auñamendi o por Tomás Urzainki en su libro “La voluntaria conquista”: “La fundación de la nueva Victoria o Vitoria, fue acompañada del correspondiente Fuero otorgado en Estella el mes de septiembre del año 1181. Sancho VI el Sabio la llamó Nova Victoria, tal vez por diferenciarla de aquella otra Vitoria, llamada Victoriacum, que el año 581 levantó Leovigildo, situada sobre la Iruña (de Oka) del extremo occi¬dental de la llanada alavesa”.

El propio Agustín Azkarate habla de los autores que propusieron la ubicación de “Victoriacum” en Iruña de Oka en la Llanada alabesa, antigua ciudad romana de Veleia: “(…) la opción alavesa ha ido ganando adeptos incluso en fechas recientes. En la actualidad, y desde que A. Barbero y M. Vigil propusieran una nueva ubicación para Victoriaco en Veleia (la vieja Iruña próxima a Trespuentes), la idea ha ganado adeptos, convenciendo al parecer a historiadores de prestigio como A. E. Mañaricúa o el propio J. A. García de Cortázar (…)”.

Es difícil de vislumbrar el interés de los godos por una posible puebla remota en las faldas del Gorbea de escaso valor estratégico y tiene mucho más sentido que la histórica y gran ciudad romana de Veleia tuviera interés para los godos, pero… para entonces Veleia estaba semi abandonada, lo que nos devuelve al mismo punto de origen.
Diputación Foral de Álava: “La irrupción de los bárbaros en la península a principios del siglo V d.C. no supuso un corte total en la historia de Veleia. Los últimos datos arqueológicos sobre la ciudad corresponden a enterramientos de finales del siglo V d.C. ocupando espacios de habitación ya abandonados”. Por tanto, no parece a tenor de los datos arqueológicos recientes, que Veleia fuese una gran ciudad o estuviera siquiera poblada para finales del siglo VI cuando se escribe el texto de Juan el Biclarense. El dato seguro nos lleva ya del siglo IX, cuando se instala en Veleia (Vellegia) una sede episcopal, de la cual sabemos que uno de sus primeros obispos, de nombre Álvaro, falleció según la Crónica nabarra de Albelda, en el año 888 .
Es más en “Historia General de España, Crónica del Señorío de Vizcaya” (año 1865), el historiador Francisco Rodríguez García, comenta que, según San Isidoro de Sevilla (599-636), Recadero, hijo de Leovigildo, tan poco éxito obtuvo contra los baskones que “más parecía, haberse propuesto ejercitar los pueblos en la disciplina militar que alcanzar la victoria sobre las gentes con quienes guerreaba” (pág. 17) “Los vascos no estaban sujetos al imperio (godo), sino absolutamente independientes, libres y obrando en todo como declarados enemigos de los godos y francos” (pág. 18).
Otros autores han propuesto otras soluciones, como alguna población cercana a Ejea de los Caballeros o en la ribera de Alta Nabarra, tal y como comenta Azkarate: “(…) siempre hubo voces discordantes -como las de E. Garibay, Moret, Caro Baroja o Balparda- que mostraron su disconformidad con estas reducciones”. Joseba Abaitua (2010) resume los únicos datos conocidos: “Todos los episodios conocidos, en efecto, apuntan hacia la cuenca media del Ebro (…):
1. La fundación de Olite por Suintila (621),
2. El ataque vascón a Zaragoza (Froya 643),
3. Los acontecimientos del reinado de Wamba (672-680) y la geografía de los movimientos de este monarca (ataques probablemente a la Ribera baskona), e incluso
4. Las últimas acciones por parte de Rodrigo inmediatamente antes de la invasión islámica (año 711), invitan a tomar en serio esta posibilidad (el reyezuelo godo “Rodil”, romanzado como Rodrigo, intentaba invadir Pamplona cuando los musulmanes llegaron a la península ibérica, por tanto se encontraban los últimos godos todavía muy lejos de dominar la Llanada alabesa. Iruña-Pamplona sólo fue dominada por los bárbaros godos entre los años 681-683, un siglo después del comentario de Juan el Biclarense)”.
En todo caso, es del todo improbable que esta discusión tan tardía sobre los godos en Alaba tuviera influencia alguna a la hora de elegir el nombre de la villa de Gastehiz por el rey nabarro Sancho VI “el Sabio”, pues es muy improbable que éste pudiera conocer la cita de Juan el Biclariense y menos que la relacionase con Vitoria Vieja, es más, la corona nabarra nunca se consideró sucesora de la goda, al contrario, los baskones que fundaron el reino nabarro fueron manifiestos enemigos de los godos a los que no estuvieron sometidos pese a las coletillas “perdomuit feroces vascones” y similares de la documentación de la época.

Parece acertada la idea de que el nombre de “Nova Victoria” fuese una contraposición a “Victoria Vieja” (sino, no tendría sentido el adjetivo), pero se trataría de una población renacida en Iruña de Oka a la sombra de lo que fue la antigua Veleia romana, seguramente gracias a la sede episcopal allí fundada en el siglo IX.

La existencia de una población llamada Vitoria Vieja en la Llanada tiene una base sólida en la crónica “De rebus Hispaniae” de Ximénez de Rada, coetáneo a los hechos y cronista del rey invasor Alfonso VIII que destruyó Vitoria en 1200, el cual habla de que "el noble rey Alfonso obtuvo (sic) Vitoria, Ibida, Alava y Guipúzcoa y sus lugares fortificados y castillos, a excepción de Treviño que le fue entregado más tarde a cambio de Inzura. Asimismo entregó Miranda (de Arga) a cambio de Portilla. Adquirió San Sebastián, Fuenterrabia, Beloaga (Oiartzun), Zeguitagui, Aizcorroz, Aslucea, Arzorocia, la vieja Vitoria (Victoriam veterem), Marañón, Aussa, Athavit, Irurita y San Vicente ”. El propio Tomás Urzainqui en su libro “Continúa la irracional conquista” (Pamiela 2012) comenta que el sustituto del cronista castellano Ximénez de Rada, Gonzalo de Hinojosa, dejó escrito que: “Alfonso VIII ganó (sic) Sant Vicente e Sant Sebastián, a Fuenterravía, a Beloaga, a Aleuni, Arlucea, e Azcorrociam que llaman Vitoria la Vieja”.

El arqueólogo bizkaíno y experto en esta época, el mencionado Agustín Azkarate, encontró las importantes tumbas de Aldaieta (Nanclares de Ganboa), que, junto a otras en Aistra (Haiztara), Zornoztegi o Alegria-Dulantzi (todas ella en la Alaba nuclear), demuestran el dominio continuo de baskones sobre toda la Llanada alabesa o “A-laua” y la nula influencia goda. El trabajo de José Luis Solaun Bustinza, recogido en su tesis doctoral sobre la cerámica alabesa alto medieval , remarca que “la necrópolis de Aldaieta evidencia ya un predominio absoluto de la cerámica común local”. No hay documento alguno coetáneo a los godos que nos haga siquiera sospechar de su presencia en Alaba.

Lo curioso de la obsesión goda de las historiografía española, es que en 1821 llegaron a Vitoria-Gasteiz y se instalaron en el céntrico parque de la Florida 4 enormes estatuas de 13 toneladas de los reyes Ataúlfo (supuestamente primer rey godo peninsular, a pesar de que no estuvo ni 3 meses en la península), Teudio, Sigerico y Liuva I, los cuales probablemente no pisaron territorio baskón. Estos reyes godos eran parte de 14 estatuas que se habían construido para la balaustrada del Palacio Nuevo de Madrid de los borbones y terminadas a finales del siglo XVIII, pero que no fueron del agrado del rey español Carlos III que pidió otras 94 más para repartirlas por toda España (Toledo, Ronda, Aranjuez, Burgos, El Ferrol o San Fernando de Henares), varias de las cuales también mandó a Iruña-Pamplona y a Vitoria-Gastehiz, aunque estas ciudades baskonas nunca fuesen sometidas por los godos.