EL EUSKARA Y SU RELACIÓN CON OTROS IDIOMAS

EL EUSKARA Y SU RELACIÓN CON OTROS IDIOMAS
Aitzol Altuna Enzunza


Como escribió R.L. Trask en su libro “History of Basque”: “Se le han propuesto conexiones (generalmente genéricas) al menos con el antiguo ibérico, con el antiguo aquitano, con el indoeuropeo (especialmente, celta, latín, griego, eslavo antiguo y sánscrito), con el picto, con las lenguas bereberes del norte de África, con el semítico, con el etrusco, con le minoico, con el sumerio, con el urálico (especialmente el finés), con el buru chasqui, con el dravídico, con las lenguas munda de la India, con las lenguas yeniseicas y chukchi-kamchatkianas de Siberia, con el chino-tibetano, con el esquimal, con las lenguas na-dene de Norteamérica, y sobre todo con los idiomas caucásicos, del norte y del sur. Y esta lista no tiene nada de exhaustiva”.


Morris Swadesh (Holyoke, Massachusetts –USA-, 1909-1967 creó un mapa mundial de idiomas actuales según la lingüística comparada, atendiendo a su origen común.
El método Swadesh léxico-estadístico o glotocronológico se basa en la toma de 215 palabras en dos grupos de poco más de 100, son palabras clave de un idioma: pronombres personales, numerales bajos, partes del cuerpo, nombres de parentesco, algunos verbos de acción, algunos adverbios de tiempo y lugar, objetos de la naturaleza, acciones muy corrientes, acciones corporales e interrogaciones.

Swadesh aseguraba que en el vocabulario básico, el ritmo de cambio es tan regular en las lenguas, que había podido crear un sistema de medición del tiempo transcurrido en el que dos idiomas estuvieron relacionados en el pasado, aunque hoy están separados geográficamente, por el número de elementos sustituidos de la lista, calculándose a razón de 1,4 por ciento cada siglo.

Según Swadesh, ese vocabulario básico de 100 ó 215 palabras cambia menos de un 20% por milenio en cada idioma. Estas variaciones en el vocabulario dejan un poso común a dos o más lenguas actuales relacionadas entre sí, que se trata de medir cronológicamente, estableciendo de esta forma la distancia entre un idioma y sus parientes más modernos.

Si el número de palabras de misma raíz entre dos idiomas de esos dos grupos de 100 es menor o igual al 5% se considera casualidad (pero esta cifra o corte no responde a nada en concreto), y si es superior se ha demostrado que sería fruto de algún pasado común; se ha estudiado una fórmula sacada de realidades entre idiomas conocidos para, en función del porcentaje resultante, saber cuando se produjeron el contacto entre esos idiomas. Pero el método tiene muchas partes aleatorias, no es, obviamente, como el estudio del “método histórico” comparando idiomas que se han escrito durante milenios, por tanto su interés es siempre muy parcial.

La fórmula que se usa para saber el tiempo transcurrido entre el período en el que se produjo el contacto y el momento actual es:
t= log c/2log r (t = tiempo transcurrido, c = nº de coincidencias, r = constante de variación).

El resultado fue el siguiente lista 215 lista 100
Caucásico circasiano de noroeste: 6,62% 7,52%
Caucáusico ávaro de noroeste: 3,80% 5,37%
Georgioano, caucásico meridional: 4,73% 7,52%
Bereber del Rif (norte de Marruecos): 6% 9,67%
Bereber de Sus (sur de Marruecos) 7,38% 10,86%

Muchas de las similitudes dadas por buenas son más que cuestionables, tampoco se tiene en cuenta la evolución de las palabras, algunos préstamos de otros idiomas se dan por buenos etc. (Fuente: “El euskara arcaico”, Ed.Txalaparta, Luis Nuñez Astrain)

Vamos primero a ver relaciones fáciles entre idiomas conocidos y el euskara antes de usar este método, pero sin olvidar lo que R.L. Trask escribió en su libro “Historical linguistics” y en su “History of Basque” (1997), donde compara el húngaro con el euskara y encontró en dos horas de búsqueda 65 palabras parecidas que sólo pueden ser fruto de la casualidad, pero que nos hacen cuestionar muchas investigaciones; este ejercicio probado por otros investigadores con otras lenguas sin relación entre ellas, ha dado el mismo sorprendente resultado.

Como el mismo Trask sentencia: “No acierto a entender por qué algunos lingüistas se emocionan tanto cuando encuentran dos docenas de palabras vascas que se parecen a otras dos docenas de palabras bereberes o sumerias”.

El íbero y el euskara:

Se ha hablado mucho del parentesco entre el íbero y el euskera, pero el conocimiento actual del primero no permite, de momento, aplicar el método de Swadesh.

La península Ibérica tenía en el año cero entre 5 y 6 millones de habitantes (10 por Km. cuadrado). 1 millón de turdetanos (desde el valle del Ebro hasta Alfaro-Graccurris, hoy sur de La Rioja) que serían de la Hispania Ulterior (hasta la sierra de Cazorla y vera de Almería), 700.000 íberos no turdetanos y sólo unos 350.000 celtíberos.

Las ciudades más grandes de la Taraconensis, Zaragoza (Cesar Augusta) y Tarragona (Tarraco), llegaron a tener 20.000 habitantes, Iruña de oka (Veleia, Alaba) con 10.000 también estaría entre las más grandes y la más grande de la península era Mérida (Emerita Augusta) con 25.000.

Los Turdetanos, según Estrabón, eran los más cultos entre los pueblos de la península ibérica y tenía escritura y escritos históricos en prosa y en verso que “según se dice datan de seis mil años. También los demás íberos tienen escritura, pero no la misma, siendo también sus idiomas distintos”.

La escritura de los iberos constaba de dos tipos de alfabeto semisilábico que debían de expresar lenguas diferentes: el llamado meridional, turdetano o tartésico y el ibérico levatino u oriental. Del primero los restos documentados más antiguos (s. VIII-VII a.C.) provienen del sur de Portugal y Extremadura. A partir de los siglos V-VI a. C. se documenta en Andalucia Oriental y sureste. Se escribía de derecha a izquierda, al contrario del levantino. Son los levantinos, cuya influencia llegó hasta el sur de Francia a inicios del siglo IV a.C., los comparados con el euskara.

Pero como dejó escrito Tovar: “Entre un millar de palabras ibéricas, hay apenas cincuenta coincidencias vasco-ibéricas, la mayor parte problemáticas”.

A la confusión inicial ayudó el uso de los euskaldunes del Ebro medio del alfabeto ibérico (hoy usamos el alfabeto árabe), seguramente porque fueron ellos quienes trajeron la escritura a esa región al tener contacto con los pueblos de Oriente mediante el comercio mediterráneo.

El vasco-iberismo es una teoría que el primero en publicarla fue Lucio Marineo Sículo, en su libro “Opus de rebus Hispanice Urirabilibus”, Alcalá 1533, y fue difundida por Garibai o por el bizkaíno Andrés de Poza y Yarza (que da nombre a una conocida calle bilbaína) nacido en Orduña en el siglo XVI e eminente matemático, astrónomo, navegante y lingüista.

Los íberos son un pueblo originario probablemente del norte de África que habitó el Levante español desde el siglo VIII a. C. sobre los también africanos capsienses anteriores, así como la zona montañosa del interior peninsular, dejando en toda esa región numerosos vestigios arqueológicos cuyo centro era Contestania: entre el río Júcar y el Segura, su núcleo más importante estaba, por tanto, en la hoy provincia de Alicante. Mucha gente cuestiona el origen africano del íbero, gente cualificada como Mitxelena lo sitúa en Europa. La relación del íbero con el camítico admitida como cierta durante mucho tiempo, es rechazada por muchos otros lingüistas, partidarios del origen europeo del íbero.

No es éste el caso de Baskonia, donde no ha sido encontrado resto íbero alguno. Lo que sí es indiscutible es la no-relación entre la cultura íbera y la vasca, otra piedra en el camino para los que quieren ver que el euskara viene del íbero, como lo fueron el Alemán Humboldt o Schuchardt, impulsor de esta teoría, apoyada con entusiasmo por algunos historiadores españoles y vascos, por la que los vascos serían un reducto de los íberos que poblaron casi toda la península ibérica.

Los datos arqueológicos muy anteriores a la llegada de éste pueblo de claro substrato vasco, la continuidad de una población desde el paleolítico en tierra vasca o la presencia de vascos en zonas en la que nunca llegaron los íberos (como el País Vasco actual o en Aquitania), también desmienten ésta posibilidad

Los íberos trajeron a la Península Ibérica el bronce y el cobre y por tanto la metalurgia, que había surgido en la península de Anatolia como tantas cosas (Iraq, Irán, Turquía). Eran un pueblo más evolucionado materialmente que el vasco, por lo cual es lógico pensar que los vascos copiamos técnicas de los íberos y celtíberos (celtas de iberia, si se prefiere hispanoceltas), adaptando las nuevas palabras a nuestro euskera. Los vascos ya debíamos conocer el oro y la plata para entonces pues llamamos al estaño "zirraide" (literalmente: parecido a la plata) y al cobre "urraide" (parecido al oro). Curioso como significativo es el nombre del herrero en euskara "arotz" (a veces ebanista), que es la misma que extranjero o extraño (arrotz).

Sí tienen ambos idiomas parecida morfología, una división en sílabas de vocales y consonantes también parecida, la estructura fonética (rasgo central de una lengua) también lo es así como el parecido tipológico, que por sí no es significativo pero sí refuerza los otros parecidos.
Sin embargo, la sintaxis, por ejemplo, es muy diferente y el léxico común escaso; en el protoeuskara el uso de la “h” es profuso y diferenciador, rasgo que no tiene el íbero. En su libro “Fonética histórica vasca”, el mejor lingüista vasco de la historia, Koldo Mitxelena, escribe: “Se diría en resumen que “h”, un día común a todas la variedades de la lengua, se ha conservado hasta bastante tarde en la parte occidental del país (Alava, Rioja, Vizcaya); son embargo, a pesar de ciertas grafías de “refranes y sentencias comunes en vascuence, declarados en Romance” y otros textos vizcaínos antiguos como también de Landucci, no debía existir ya en el siglo XVI. Es altamente probable que la pérdida comenzara por la Alta Navarra, en contacto con el romance aragonés que no tenía h, y e la mayor parte de esa región era ya un hecho consumado en el siglo XI”.

Con todo ello, hoy en día estamos en condiciones de descartar el tantas veces argumentado origen íbero del euskara, teoría ya rechazada entre otros, por Koldo Mitxelena, por A. Tovar o por Julio Caro Baroja entre otros. Éste ultimo, en su libro “Sobre la lengua vasca” desmenuza la cuestión hasta dejar sin valor alguno los argumentos esgrimidos por la favorables al vascoiberismo, llegando incluso a afirmar, que a tenor de los datos disponibles hasta el momento, no se puede hablar siquiera de forma étnica o antropológica de íberos sino geográficamente.

Todo esto no es óbice para asegurar que dos pueblos que estuvieron en contacto tantos siglos es seguro que se prestaron algunas palabras, sobre todo en las zonas limítrofes, pero el euskara ya existía a la llegada de los íberos incluso en muchas tierras que ellos ocuparon o incluso sobreposición de pueblos en algunas comarcas (ahí están la toponimia vasca en zonas que se supone habitaban los íberos), por tanto un trasvase mutuo de palabras es más que probable. Este tipo de de préstamos son los llamados por los lingüistas como “préstamos areales” el que se produce por la concurrencia de diferentes idiomas en un mismo espacio (como hemos visto ya), y quizás un origen remoto común que podría explicar el resto de concurrencias entre ambos idiomas (del mismo modo que el castellano y el alemán tienen un origen indoeuropeo común), pero cuando los íberos llegaron a la península ibérica, el euskara ya se hablaba en ella.


Nos dice Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca”: “El gran lingüista holandés GMC. Uhlenbeck (…), según dice, la base del vasco hay que buscarla en un antiguo dialecto del Pirineo occidental relacionado con desaparecidos idiomas del sur de Europa y con los del Cáucaso en varios aspectos. Este dialecto –añade- estaba en cierta relación con el ibérico, venido del norte de África, lo cual explica las semejanzas que señaló Schuchardt entre la declinación vasca y la ibérica recontraída por él, así como los múltiples elementos de vocabulario vasco coincidentes con los de idiomas de África septentrional. Los primeros elementos indogermánicos que recibió fueron palabras aisladas, entrando en la época romana una considerable cantidad de elementos latinos”.

Los historiadores Moret u Oihenart (s.XVII) también tenían teorías parecidas al vasco-iberismo, pues hablan de que los vascos son los primeros pobladores de la península ibérica, cosa que hasta ahí, y tenor de los conocimientos actuales, parece que sí es verdad pero no como residuo del pueblo íbero sino como un pueblo diferente.






El bereber y el euskara:

Originalmente, el berebere y su cultura, cubrían el conjunto del Magreb y el Sáhara, por lo que histórica y antropológicamente se puede afirmar que los magrebíes son bereberes.

"Imazigen" es como se llama así mismo el pueblo berebere y significa "hombres libres"; berebere deriva del latín y viene a significar "balbuceo", era como les llamaban los romanos. El berebere o beréber es un idioma camitosemítico (familia lingüística de Asia Menor, actual Israel y países anexos) que se habla en el norte de África. En su máxima extensión se ha llegado a hablar berebere en los actuales Marruecos, Mauritania, Libia, Oeste de Egipto y las tribus Tuareg del Norte de Malí y Níger (éstos aún hoy lo hablan) y en el Sur del Sahara. Es un idioma dividido en muchos dialectos al carecer de Estado. Hoy entre en 40 y el 50% de los marroquíes hablan berebere (10 millones) y entre un 20 y un 30% de los argelinos (sobre 5 millones), también hay bereberes en Malí (400.000), Túnez (250.000), Libia (200.000) y Egipto (15.000).

El porcentaje de relación léxico-estadístico del euskera con el berebere del Sur es de un 7,38% y con el berebere de la zona de Rif (zona montañosa entre Marruecos y Argelia) es de un 6% (tomando las 215 palabras pues con las 100 aumenta el porcentaje). Luego sí hay una relación o substrato común entre ambos idiomas según éste método.

Se cree, por el porcentaje de relación, que el contacto tuvo lugar hace unos 8.000-9.000 años o quizás no se produjo nunca. Hay que fijarse en los fonemas, no en como se escriben actualmente, el contacto, de darse, debió de producirse hace 9.000 años y la escritura es una fenómeno relativamente reciente.

En berebere los nombres dados a los animales son muy parecidos a los dados en euskera. "Aker" (macho cabrío en euskera) "iker" en berebere, "asto" (burro) "ezet" en berebere; también coinciden en la forma de decir caballo, cuervo, río, hermano, yacer, nombre ("Izen" e "isem") "yo" y otros.

Hay que mencionar en éste análisis a los guanches, los habitantes anteriores de las Islas Canarias exterminados a la llegada de los españoles. Por los escritos encontrados (la arqueología lo ratifica) se cree que los guanches hablarían un idioma bereber y serían en su mayoría de esa procedencia. Debido al aislamiento de las islas, este idioma mantendría un grado de relación con el euskara mayor que el bereber del Sur y el de Rif.

Se ve muy claro en la utilización del verbo auxiliar que sigue la misma pauta de tablas que el euskara, el parecido se acentúa con el euskara bizkaíno (tablas como las de nor-nori, nor-nork etc., que todos los que hemos estudiado euskara hemos visto).

Los guantxes o primeros habitantes de las Islas Canarias son mayoritariamente de sangre bereber. Hay quien ve topónimos vascos en las Islas Canarias aunque esto parece excesivo, son topónimos como: Los Llanos de Aridane (Harrigane: cima de piedra), Argindei, Tinizara (Tinitzaha), Tajuia, Tenegia, Jedei (Iedegi) en La Palma y en Lanzarote: Masdeche (Mahats-etxe: uva-casa), Haria, Orzola, Guinate (Gainate: paso de en alto), Yaiza (haitza: roca), Ajache, Tesegite, Mozaza etc. Como anécdota se puede contar que los primeros conquistadores de las Islas Canarias creyeron que los nativos hablaban euskara.

La relación del euskara con el bereber es cuestionado por falta de suficientes pruebas por gente de tanto peso moral, con profundos conocimientos y reconocida reputación científica sobre la materia como era el filólogo vasco Koldo Mitxelena, que cree, sin embargo, necesario estudiar más la relación del euskara con los idiomas caucásicos.

El mismo Schuchardt, además de la relación con el íbero, estudió el posible parentesco con lenguas de la familia camítica del Norte de África, relación que ya había sido apuntada en 1894 por G. Von der Gabelentz. Lingüistas como Uhlenbeck o como Lafon no niegan la posibilidad de tal parentesco, pero ven mayores posibilidades de lograr resultados positivos en el estudio de las relaciones con otros grupos de lenguas, principalmente con las lenguas caucásicas.

Julio Caro Baroja dice al respecto: “He de advertir de todas suertes que la relación establecida por Schuchardt entre el vasco y los idiomas africanos llamados camíticos no es tan fundada como se ha pretendido. Por lo contrario, la hipótesis de una relación entre el vasco y los idiomas caucásicos, que es acaso la que menos interés ha producido en la Península, parece ser la más prudente, porque se basa en observaciones de orden lingüístico, morfológico, estricto, y la Antropología física”.

Los bereberes son de origen Cro-Magnon al igual que los vascos.

Los idiomas caucásicos y el euskara:

La relación entre el vasco y las lenguas caucásicas fue formulada por primera vez de modo científico por A.Trombetti (1902-03), quien más tarde en 1925, publicó su obra “Le origini de la lingua basca”. Otros habían sugerido ya esta posibilidad como Antoine d'Abbadie en 1836 y el propio Schuchardt más tarde.

El Cáucaso se encuentra a 4.000 kilómetros de los Pirineos vascos. En él conviven cerca de 50 pueblos diferentes con sus idiomas. La dificultad principal en establecer la relación euskaro-caucásica consiste en la falta de unidad entre las distintas lenguas caucásicas a su vez, hasta formar 22 lenguas distintas. Según la clasificación que ofrece Dumézil en Les langues du monde (1924), entre ellas están:

Noroccidentales: Abajaso (91.000 hablantes), Abaza (65.000), Circasiano o cherqués (328.500).
Septentrionales o veinajíes: Bácico (3.000), Inguso (159.000), Chechenio (320.000)
Nororientales o daguestánicas: Ávaro (461.000), Andí (8.000), Dido (7.000), Laco (94.000), Dargínico (273.000), Lezguio (189.000), Tabasarano (72.000)
Meridionales o kartvélicas: Georgiano (3.485.000), Suano (20.000), Mingrelio-lazo (349.000).

La relación léxico-estadística del circasiano y el georgiano con el euskara es del 7,52%, más alta que con cualquier otro idioma del mundo. El contacto se debió de producir, según este método Swadesh, en el magdaleniense hace unos 10.000 años.

Con el resto de los idiomas del Cáucaso, con los Kabardiano, abkahziano del noreste y con los idiomas katvelianos del Sur (megreliano, svaniano etc.), tiene el euskara parecido en la tipología (verbos, el ergativo etc.) y en la etimología de algunas palabras, pero su relación léxico-estadística con todos ellos es menor al 5%.

Para los curiosos recomendar el libro "El origen de los vascos" de B. Estornés Lasa donde se citan palabras comunes caucásicas y vascas, como el "gu" (nosotros) del euskara común al georgiano y svano, el "zu" (tú) del euskara y la misma palabra del circasiano o cherqués etc., según este autor habría centenares o miles de paralelismos, también es recomendable el libro “el euskera arcaico” de Luis Nuñez Astrain (edit. Txalaparta), de mayor precisión.

También existen paralelismos en aspectos sintácticos, como en el uso del ergativo (verbos transitivos-intransitivos, formas Nor y Nork) que no se dan en ningún otro idioma europeo, y que sólo se dan en el tibetano y en el burushaski en el mundo (aunque este último lo ha perdido recientemente).

Hay connivencias en el modo reflexivo de hacer frases como: “he visto mi cabeza en el espejo” (nire burua ispiluan ikusi dut), y no: “me he visto en el espejo”, que sólo se da en el georgiano además de en el euskara.

La /h/ aspirada, elemento propio del euskara (sobre todo en época romana), tiene su equivalente en los idiomas caucásicos.

Otro elemento común de los idiomas caucásicos y el euskara es el uso de base veinte para contar, que también es común al burushaski. Para entender lo que se quiere decir, en euskara hogei es veinte: berrogei (dos veces veinte, luego cuarenta), hogeitamar (veinte y diez, luego treinta) etc., incluso hay textos, de los primeros en euskara, donde el número cien (ehun en euskara) se dice bostogei (cinco veintes) o para cientosesenta zortzitan hogei (ocho veces veinte), por ejemplo. Esta métrica podría tener su razón de ser en los dedos que el hombre posee para contar, los de las manos y los de los pies, otros lo relacionan con los ciclos solares.

También usan el veinte como base, tal y como lo recoge Urbeltz en su libro “Bailando el Caos”: los Tamanas en el Orinoco, los Inuits en Groelandia, Ainus en Japón, ciertas culturas precolombinas de América Central, los mayas, o las africanas de Malinké del Alto Senegal y Guinea, los Banda de Africa Central, Los Yebu y Yoruba de Alto Senegal y Nigeria etc. En Europa lo usan los idiomas celtas como el galés y quedan restos en el inglés, francés o danés.

Pero los lingüistas actuales se muestran escépticos con el parentesco con los idiomas caucásicos, así, ya Mitxelena, decía: “En resumen, hay algunas similitudes léxicas vasco-caucásicas de las que no cabe demostrar que sean posibles, pero en cambio hay una gran cantidad cuya extraordinaria inverosimilitud puede demostrarse (…). Incluso si el euskara y las lenguas caucásicas remontan a un origen común, el número de eslabones intermedios desaparecidos debe de ser tan elevado que es de temer que, por no conocerlos, no se lleguen a establecer los antiguos lazos de parentesco”.

Otro lingüista vasco, Txillardegi (1996), comenta: “Hasta no aclarar el lío entre lenguas caucásicas y no decidir con nitidez con qué lengua caucásica vamos a comparar, no es muy serio tomar en cuenta este o el otro puntito de aquí y de allí de cualquier modo. Es cierto que, en resumen, en el terreno de la lingüística científica y de la investigación rigurosa, no podemos decir gran cosa sobre la hipótesis caucásica. Primero debemos de esperar un poco a ver si se aclara la madeja de las lenguas caucásicas.”

Si hubo una relación, tanto para Mitxelena, como para Xavier Kintana o para el francés Meillet, se tiene que remontar a los milenios quinto y sexto o anteriores.

El bereber por el método léxico estadístico no está relacionado ni con el árabe, ni con el egipcio, pero tampoco con el georgiano, sí con el euskara como hemos dicho (y con los idiomas camitosemitas del que procede). Luego el euskara es un idioma que puede tener elementos comunes con el georgiano y con el bereber, pero éstos no lo están entre sí.

No existe ningún otro idioma con los que se ha emparejado el euskara por el método léxico-estadístico que dé un porcentaje de correlación superior a ese 5% crítico.

Ni tan siquiera el etrusco parece guardar relación con el euskara como alguna vez se ha creído, a pesar de algunos topónimos de posible origen vasco de la zona. Los etruscos eran una tribu instalada en el norte de la península italiana entre los ríos Arno y Tíber que vivieron durante los siglos X al VII a. C. provenientes de Asia Menor y que desaparecieron como pueblo tras la conquista romana en el siglos III a.C. De los etruscos se han encontrado más de 10.000 inscripciones no descifradas pero sin aparente relación con el euskara. Fueron los creadores del arco de medio punto y de la bóveda.

Existe también un estudio del especialista ruso Bouda que ha descubierto voces afines entre el euskara y los idiomas hablados en Siberia (el chuk y chouk): en palabras como luz (argi e yrgi), cuervo, cuello, carreta o trineo por ejemplo.

Según los especialistas también existió contacto con los idiomas de los Urales y el euskara: el finés, el húngaro o el ostiak. Michel Morvan, Timo Riiho y María Teresa Echenique han estudiado el caso, y aunque no han llegado a nada convincente (el método léxico-estadístico da un porcentaje siempre inferior al 5%), el primero de ellos concluye que: “Lo que hemos dicho a todo lo largo es que el euskara está emparentado con el uralo-altaico y no que forme parte de la familia uralo-altaica, lo que es muy diferente”.


El autor argentino Gandía dice "El pueblo vasco es el pueblo más viejo de Europa. Su lengua es la que se hablaba desde el Cáucaso al Atlántico y desde el norte de África al norte de Europa en los períodos paleolítico y neolítico. Los arios o indoeuropeos, los etruscos, los íberos y otros pueblos de la antigüedad son posteriores a los vascos".