LOS VASCOS A LA LLEGADA DE LOS ROMANOS

LOS VASCOS A LA LLEGADA DE LOS ROMANOS
Aitzol Altuna Enzunza


Aníbal decide marchar sobre Roma, desembarca con su ejército, al atravesar el Ebro en el 218 a. C. los vascos se incorporaron a su ejército como lo escribiera después Silio Itálico (años 25-101) en su libro "Púnicas": "Los cerretanos (tribu vasca) y el baskón, que nunca se pudo habituar a cubrirse con casco, no dudaron en aportar armas".
"Delante de todos se encontraron el cántabro y el baskón, las sienes descubiertas"
"El cántabro y baskón desdeñaban la protección del casco".
"Y el joven se alejó de las armas mortíferas ante el baskón hábil y el cántabro protegido con dardos".

Aníbal sería finalmente derrotado pero regresa vivo a Cartago. Aquí se acaba la relación de los vascos con los cartagineses, los vascos entramos en la “historia escrita” y dejamos atrás la prehitoria.

5.6. Los romanos (siglos II a.C. al V):

Hacia el año 179 a. C. se daría el primer contacto entre romanos y vascos. Los datos que tenemos de los vascos en ésta época son sesgados y a veces oscuros.

Los vascos actuales no hemos conocido dominación alguna hasta la llegada de los romanos, Eso no quiere decir que no hayamos tenido contactos con otros pueblos, los ha habido en ambas direcciones, pero los romanos son los primeros en extender su imperio sobre los diferentes pueblos vascos.

Los escritores romanos como Tito Livio, Valerio, Máximo, Tácito, Plinio o los griegos Ptolomeo y Estrabón, nos dan las primeras noticias que tenemos de los vascos escritas al comienzo de la era cristiana (algunos escriben por referencias, pues no han pisado el país, lo que les lleva a cometer errores) y nos sitúan: del Garona (la franja Garona-Loira ya es más celta que vasca o bilingüe), hasta Andorra y por el río Segre hasta Zaragoza, para subir por toda la cuenca del Ebro hasta Santillana del Mar.

Dice Estrabón de los vascos y pueblos de la cornisa Cantábrica, entre otras cosas: "Todos los montañeses son sobrios: sólo duermen sobre el suelo; llevan los cabellos largos y sueltos, al estilo de las mujeres; mas si han de pelear se ciñen la frente con una venda. Se alimentan comúnmente de macho cabrío... Las tres cuartas partes del año, bellotas de roble es el mantenimiento, las cuales secas y majadas, sirven para hacer pan... Cerveza de cebada es la bebida diaria. El vino escasea, y el poco lo consumen en los convites familiares a que son muy aficionados esos pueblos. En vez de aceite manteca. Siéntanse a comer según edad y dignidad. Corren manjares mano a mano. Sin interrumpir la bebida los hombres se ponen a bailar, ora con coros al son de la flauta y trompeta, ora brincando uno por uno, en porfía quién da el salto más alto y cae después con más gracia sobre las rodillas. En Bastetania las mujeres bailan mezcladas con los hombres, enfrente de su pareja (...)".
A tenor de lo descrito no parece que hayamos cambiado tanto. Añade el historiado griego que "curan como los griegos", es decir, dejando a los enfermos en lo caminos para que otros que hayan pasado por la misma situación los curen.

Sidonio Apolinar manda una carta a su amigo Trigetio en el 463 donde ensalza las langostas de Lapurdo (Baiona), los mejillones del Garona y el pescado del Adour (Atturi).

En un principio, la presencia romana, supone un alivio para los vascos, ya que los romanos se deshacen de sus principales enemigos, los celtas e íberos, los cuales hacen desaparecer de la historia; es una reflexión que parece nadie quiere hacerse, el saber por qué los vascos sobrevivieron allí donde pueblos supuestamente más avanzados y desarrollados sucumbieron.

Sólo en el año 187 a.C., Manlio Acidino, derrotó a los celtíberos (celta de Iberia) junto a Calahorra (Calagurris oppidium), causándoles 12.000 bajas. Las numerosas cecas en tierras fronterizas entre celtas y vascos se cree que serían de monedas acuñadas para pagar a los mercenarios vascos por su ayuda a Roma.


La romanización:

Siguiendo a Caro Baroja veamos cómo se va romanizando la península ibérica y los idiomas que se hablaban:

El sur peninsular, el más romanizado desde el siglo II a.C. (incluso más que el Este), vivían los turdetanos que hablaba algún idioma diferente al del resto de la península. En ese sur podría haber también asentamientos de minoasiáticos llamados tirsenos, que también habitaron zonas de Italia y algunas islas griegas y que son más conocidos como etruscos (quizás sean ellos los turdetanos), también es fuerte la influencia de fenicios (sobre todo en ciudades), púnicos y libios.

Al norte del Guadiana (entonces llamado Anas) y hasta el Tajo vivían pueblos celtas que hablarían idiomas celtas, un país seco, poco poblado y estéril, llamada Bauretania.
Después, al norte, viven los celtíberos de Lusitania (con su dialecto o idioma correspondiente), de habla parecida pero diferenciable, según Cayo Plinio ya en el siglo I. El idioma ligur parece según Caro Baroja, introducido por los propios celtas llegados de países germánicos origen del mismo (norte de Italia).

En ese siglo también estaban latinizados el valle del Ebro arriba desde su desembocadura en Tarragona y regiones de la meseta peninsular.
En el Mediterráneo y en la mayoría de la meseta se hablaría algún dialecto íbero (de Narbona a Jativa) o con algún elemento celta (celtíbero), así como en la cuenca del río Jalón (que da sus aguas al Ebro cerca de Zaragoza).
En el norte mediterráneo habría núcleos griegos en ciudades o barrios pero de forma aislada, por lo que su influencia en el habla de la región fue escasa (como ocurrirá después con los judíos).
En Occidente la situación no es clara y el norte está aún sin conquistar del todo en el siglo I a.C. Son las ciudades las latinizadas pero como dice Estrabón “las ciudades no ejercen gran influencia, dado que la mayor parte de la gente sigue viviendo en las selvas y constituyen una amenaza permanente”.
En lo que hoy es Galicia norte de Portugal, estaban Gallaecia, donde además del celta los autores romanos nos dicen que se hablaban otros idiomas sin mencionar cuales.

Después a lo largo de la cornisa cantábrica, nos dice Estrabón III, 3,7 (155): “semejante es la vida de todos los montañeses, y, como queda indicado, incluyo entre ellos a los que habitan la costa septentrional de Iberia, a los galaicos, astures y cántabros hasta los vascones y el Pirineo, pues todos tienen las mismas costumbres.”

Los astures (o zoelas), la actual Galicia y el oriente de la comunidad cántabra se romanizó en los siglos I y II, salvo zonas selváticas. Para los romanos los idiomas de astures o gallegos eran incomprensibles y la de cántabros y vascos impronunciables, los primeros serían idiomas celtas y los segundos vasco o celta mezclado con vasco.

Hubo zonas limítrofes que pasaron de un idioma a otro según el poder político o invasiones fronterizas como es el caso conocido de Calahorra (hoy La Rioja), que pasó del euskara al celta (celtíbero) para volver al euskara. En el norte de Aragón y de Catalunya lo que se hablaba sin lugar a dudas para Caro Baroja, era algún dialecto del euskara.

El substracto común de esos pueblos del cantábrico sólo puede ser uno y es el conservado en la cultura vasca.

En textos de Estrabón o Julio César los bardulos y baskones con todos los cántabros hasta el Miño y el Duero, juntado por tanto Gallaecia con Tarraconensis, pero tras conquistar y pacificar la zona se crean dos realidades administrativas distintas, fundamentadas en la existencia de realidades culturales distintas como hemos visto.

Las conclusiones que Caro Baroja saca sobre los idiomas hablados en la Iberia a la llegada de los romanos son:
1. Que en el siglo I a. de J.C. en el extremo sur de España se hablaba un idioma libio.
2. Que en el valle del Guadalquivir se hablaba también fenicio.
3. Que el latín ya iba dominando en proporciones considerables por toda Hispania.
4. Que en el centro, oeste y noroeste se hablaban idiomas célticos desde hacia varios siglos.
5. Que desconocemos la naturaleza del idioma en que están ciertas inscripciones del sur, pero que Estrabón nos dice que no era el mismo que el del resto de la Península.
6. Que es lícito pensar que en el norte se hablaba una lengua difícil a oídos griegos y latinos, que pudiera ser la generadora del vasco.
7. Que en la región pirenaica es donde se encuentran los vestigios más claros de que se habló un idioma parecido al vasco.

De todos modos, el bilingüismo y el trilingüismo no serían algo excepcional frente a la diglosia actual.

Los pueblos vascos prerromanos

“El hombre es un animal social. Por mucho que retrodevanemos el ovillo del tiempo siempre topamos con grupos, pero nunca con individuos aislados y solitarios. Bandas, linajes, clanes, tribus, castas, ciudades, estamentos, reinos, territorios feudales, imperios, iglesias, repúblicas, ligas o federaciones, clases, naciones, estados....., agrupaciones sociales con otra denominación y estructura, comunidades o asociaciones, en definitiva, pueblos, -solos o coaligados- unidades sociales básicas, agentes efectivos de organización social y cultura, de cuanto positivo y negativo para la humanidad ha acaecido en el tiempo.

Se trata indefectiblemente de conjuntos humanos organizados, inmediatamente conscientes de su identidad, nómadas o sedentarios pero, en cualquier caso, adscritos a un territorio (estable o coyuntural) que consideran de uso exclusivo y que satisfacen sus deseos o necesidades mediante el empleo de recursos y energías que controlan directa o indirectamente”.

“Pueblo y poder” Joseba Ariznabarreta, capitulo primero.


Los pueblos vascos o las distintas unidades políticas vascas que citan esos autores son (grupos humanos con una dinámica política y cultural diferenciada aunque con el mismo substrato vasco):

Aquitanos: a su vez se dividían en numerosas tribus, clanes o bien familias, doce según Julio César. De ellas han llegado hasta nuestros días la de los Beárneses, zuberotarras, salacencos, araneses (Lleida) o ronkaleses. Vivirían en las tierras de Aquitania o Gascuña actual, incluido parte de Iparralde: la Baskonia continental. En Aquitania residiría la mayoría de la población vasca por ser la más apropiada para ello.

"Aquitania" probablemente viene de la tribu principal de la zona "Ausco" o “Ausko” (la “c” latina se lee como una “k”), de ahí ausko+itano. “Ausci” o “Auski” (de Auch) es el plural de “Auscus”.

Una tribu aquitana importante de esta época fue la de los tarbelli, al norte de Baiona, de la que Estrabón decía tenían minas de oro de gran riqueza de la que se extraían hojas tan finas que apenas necesitaban ser refinadas. La mina, sin embargo, parece que estuvo cerca de Baigorri (Baja Navarra).

Las tribus aquitanas eran las de los mencionados tarbelli, iluronenses (Olorón), bigerriones (Bigorre), convenes, consoranni, elusates (Eauze), aturenses, lactorates o lactorati (al norte hasta el Garona), bernani (Beárn), vasates y la dominate de los ausci.

Autrigones: la llamada Castilla Vetula o Vieja, desde Santoña y desde el río Ansón (que desemboca en Laredo) donde harían frontera con los cántabros (que a su vez por occidente irían hasta el río Sella y bajando por el Cea hasta el norte de Tierra de Campos), serían autrigones los habitantes de la Bureba burgalesa y bajarían por los montes de Oca (a 15 Km. al norte de Burgos capital) y más al sur hasta la parte occidental de La Rioja, Sierra de la Demanda. Los habitantes de este último territorio luego serían conocidos como ruccones (montes de Oca, Sierra de San Lorenzo y de La Demanda o Arandio), y formarián un frente de resistencia contra visigodos y suevos.

Sería también tierras autrigonas las Enkartaciones bizkaínas hasta el río Ibaizabal-Nervión. En Alaba la frontera estaría en la Valdegobia autrigona (Valle de Gaubea o Gaubia). Es una de las tribus más extensas e importantes. La última mención histórica de este nombre es del Cronógrafo del año 354. Estrabón llama a esta tribu "al(l)otrigues" y Floro "Autrigonas".

Caristios: o Carietes El pueblo vasco llamado por los romanos como Karistio o Karieta dominaba toda la comarca de habla bizkaína actual: desde el río Nervión hasta el río Deba en Gipuzkoa y el norte de Alaba hasta Trebiño, con ciudades como Veleia (Iruña de Alaba), Zuazo y Armentia (Suesation), además de otras en la costa .

Las recientes excavaciones en Busturia (en la costa bizkaína), demuestran que ya en el solutrense (hace 19.000 años), los habitantes de esas tierras se desplazaban en verano hasta Trebiño a acechar las manadas de herbívoros que se reunían en aquellos verdes prados, ya que se han encontrado piezas de silex de Trebiño en esas excavaciones de Busturia.

Dice Julio Caro Baroja “la clara distinción dialectal del alavés con relación al navarro o al guipuzkoano, es decir que el alavés (…) era un habla que se parecía más al vizcaíno”. Pero no así en su parte Oriental. Lo mismo hacían los caristios de Labeko koba en Arrasate-Mondragón (Gipuzkoa, Alto Deba). Algunos iban hasta Orduña (actualmente enclave bizkaino en Alaba).

Hay quien cree indoeuropeos prerromanos los nombres de los ríos Deba o Nervión. En realidad Ptolomeo escribe “Nerua” o “Nerva”, emperador romano del s.I que construyó el foro a la diosa romana de la sabiduría y de la guerra, “Minerva”, en Roma. Es más creíble que sean nombres traídos por los romanos, pues no se ha encontrado resto alguno de asentamiento indoeuropeo a cientos de kilómetros a la redonda (habría que irse hasta el Ebro), ni existen restos de luchas que desplacen a la población autóctona que lo justifiquen hasta los asentamientos romanos en la costa y desembocaduras de ríos.

Del mismo modo, nombres como Lezama, Beizama, Zegama, Aldama, Ulzama etc., tendrían que ser revisados (se consideran también indoeuropeos), ya que son topónimos totalmente aislados frente a los masivos vascos que los rodean. Algunos podrían ser una forma de dar nombres de lugar a un “fundi” mediante un término vasco con un sufijo equivalente al latín ”-anus” (mencionado por Julio Baroja), trasformando “-ana” en “-ama”, pues existen sus equivalentes Lezana, Bezana o Aldana. Pero puede que sean simplemente topónimos vascos: “Leza=vallado” “ama”=principal o “inicio” (J.Dueso ) y así cabe una traducción vasca en todos ellos: Ulzama=presa en el desfiladero, Bei-zama=prado de vascas, Aldama=ladera pedregosa etc.(N.Nabarte Iraola “Diccionario de apellidos vascos”).

La falta de asentimientos o restos no autóctonos en todo Bizkaia, Gipuzkoa y Lapurdi, pese a todas las catas arqueológicas, no se puede obviar en cualquier teoría prehistórica, pues los restos arqueológicos son datos irrefutables, tanto como la falta de ellos.

Várdulos o bardulos o Bardieta (Bardyeta): zona de habla gipuzkoana actual, del río Deba al Oria y el valle de Leitzaran, tal y como aparece en los mapas de la época, con un alargamiento por la actual Alaba hasta Trebiño con ciudades como Alegría-Dulantzi (Tulonia) o Alba (Albeniz? Cerca de Salvatierra). Algunos autores romanos hablan de “Varduli” (Mella) y de “Vardulli” (Plinio), en ella Caro Baroja observa la palabra vasca “uri” o “uli” con sus variantes (ciudad). La última vez que aparecen escritos es en el 456 nombrados por Idacio (después todos serán baskones como veremos). La frontera con los baskones sería el río Urederra y el río Ega a su paso por Lizarra (luego Estella). Donde Araceli era baskona. La Burunda y la Tierra de Aranatz, el valle de Lana y el alto valle Ega (Marañón y Aguilar de Codés) serían también bardulas (hoy Alta Navarra). Su primera diócesis fue la de Auca del siglo III, conquistada después por los musulmanes.

Berones: La Rioja centro y oriental, parte de Alaba al sur y norte de Soria, éstos vascos tendrían al parecer influencia celta, pero ya hemos desmotado un poco estas teorías que hay que situarlas en su justa medida: los celtas se asentaron en todo lo que sería después el “Ager Vasconum” pero su huella no es tan profunda como se quiere hacer pensar. Como hipótesis, pudiera ser que “Berona” fuera una palabra deformada de “Barona”, donde nos encontrarnos con la voz “Barona” o “comarca fronteriza” (“bar” es “fronterizo” en los topónimos vascos y gascones y “-ona” comarca).

Eduardo Aznar Martínez, sin embargo, propone estas interpretaciones:
“ Y es que dentro del vocabulario vasco existe un término con las variantes «Beruña / Beroin / Beruin», que literalmente significa “vendimia”, y por extensión “mosto, vino”. Como esta palabra no parece tener en principio ninguna etimología posible a través de las raíces de la lengua, es muy razonable pensar que tal vez no sea otra cosa que la derivación de un viejo término latino *Beronia (e incluso tal vez *Berunia, por el conocido paso fonético O > U que se produce desde antiguo), aplicado al antiguo país de los «berones» -tribu que habitó la mayor parte de La Rioja-. Tiempo después, las gentes de habla vasca habrían ido asociando esta palabra con la cultura del vino riojano, hasta el punto de olvidarse completamente de su significado original.
Sin duda a partir de expresiones creadas por jornaleros que se trasladaban a vendimiar a La Rioja, como por ejemplo *Beruñara noa = “me voy a Beronia”, se asociaron como conceptos indisociables el de “país berón” y el de “vino” y “vendimia”, hasta el punto de perderse definitivamente el sentido geográfico original, para adquirir uno de actividad laboral: la expresión *Beruñara noa se interpretó como “me voy a la vendimia”. Todo un ejemplo de la profunda ligazón que siempre ha existido entre el euskera y la historia de La Rioja.
De hecho parece también muy posible que el nombre tribal «berones» no sea otra cosa que un antiguo gentilicio utilizado en principio para denominar a personas que vivían en la desembocadura del Iregua, dentro del territorio del actual Logroño.
En efecto, en documentos medievales se le suele denominar «Bero» al río Iregua, y posiblemente fuera éste su primer nombre, derivado tal vez del término euskérico «bero» = “caliente”. De tal manera, «berones» querría decir simplemente “los del río Bero”.

Govantes en su Diccionario Geográfico Histórico de La Rioja, cita "Briones conserva el nombre de los antiguos Berones, pueblo celta que poseía este país cuando los Romanos conquistaron España". Pero tuvo pobladores más antiguos según restos de la Edad de Bronce, encontrados por la ermita de los Mártires.

El poblado de La Hoya, cerca de Laguardia (Rioja alabesa), se han encontrado asentamientos desde el megalítico que no pueden ser más que de vascos y posteriores con influencia celtíbera, nos podemos hallar, quizás, ante los mencionados berones o familiares cercanos.

La onomástica estudiada descarta que la celtización de la Rioja fuera total y confirma la pervivencia de elementos preindoeuropeos (vascos), tanto en su parte Oriental, central y qué decir de la Occidental de la Sierra de la Demanda o de Arandio, Tierra de Cameros, Ojacastro o comarca de Valdezcaray (todas al sur del Camino francés de Santiago), contrariamente a lo que han venido manteniendo muchos autores que han extrapolado el testimonio de Estrabón sin más pruebas, cuando es sabido errores o excesos de apreciación en otros muchos casos”.

Pudieran ser, con mucha probabilidad, vascos mezclados con celtíberos o vascos con influencia celtíbera, al menos en algunas ciudades, no así en el campo que serían completamente vascos. Se sabe por las crónicas romanas que estuvieron luchando con Pompeyo con los baskones y luego con César Casio Longino en el 48 a.C. La actual Logroño, La Guardia (de Navarra poblado de la Hoya), Biana (Alta Navarra, quizás Vareia/Varea, excavaciones de La Custodia las más importantes de la zona) o Tricio (Tritium Magallum) serían Beronas, estando la frontera en la cuenca del Ega, donde Dulantzi-Los Arcos sería ya baskón y fronterizo.

Baskones: la tribu más poderosa a este lado de los Pirineos, de los ríos Oria al Bidasoa en Gipuzkoa hacia el norte por los Pirineos todo Lapurdi hasta Baiona cuando menos y la provincia de Navarra actual ampliada por los extremos hacía Aragón, incluyendo los suesetanos de las “Cinco Villas” (Ejea de los Caballeros, Uncastillo, Sos, Tauste y Sádaba, en la comarca también está Navardún, cuya etimología denota su pasado navarro), llegando hasta la misma Zaragoza, entonces llamada con el nombre vasco de Salduba hasta Alagón; por el Oeste, ciudades como la riojana Calahorra (antigua “Ilurcis”) se consideran baskonas al igual que Cascante y otras al sur del Ebro. La hoy Rioja alabesa según Caro Baroja pudiera ser también Baskonia y Rioja Baja. Los baskones bajan por el río Gallego, el río Aragón y Arba hasta los montes de Castejón, por el noreste, todo el Canal del Berdún, hasta Jaca.

El dialecto vasco-ronkalés (probablemente también el salacenco y quizás el de Aezkoa), emparentado con los que se hablaban en Aquitania, hace pensar que este valle no era baskón y sería su frontera por los Pirineos.

En Botarrita, la antigua Contrebia Belaisca, cerca de Zaragoza, se hallaba la frontera triple o trifinium entre los baskones, íberos sedetanos de Zaragoza o Salduba y los íberos de Botarrita donde se ha hallado un bronce con antropónimos vascos.

La palabra “baskón” es el plural de “vascus” según recoge Caro Baroja.

Vescetanos provincias de Huesca y Zaragoza actuales. Capital Osca, Ptolomeo señala: "Oscensis Regionis Vescitanie". Los clásicos consideran también a los vescetanos emparentados con los baskones.

Los Jaccetanos serían una subtribu de Baskones alrededor de la ciudad de Jaca (Jacca, de donde tomarían el nombre). Ilerdenses: Lleida, de ahí el gentilicio. A veces aparecen los vescetanos como ilerdenses. Los ilerdenses son tribus de aquitanos al sur pirenaico según algunos autores.

Cerretanos: al Este de los ilerdenses. Zona de Andorra, según Silio Itálico están emparentados con los baskones, valles de Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgel y la Cerdaña. En los siglos VIII-IX, también seguían prestando servicios militares a los baskones, ya dentro del reino de Pamplona.

Por otro lado no está claro el origen o la influencia de lo vasco entre:
Turmódigos: o Turmogi, actual Burgos capital hasta el río Arlanza cuando menos y el norte de la hoy provincia de Soria (donde vivían los Pelendoneses, que también ocuparían el sur de la actual provincia de La Rioja) (según R. Menéndez Pidal). (Ver mapa 25). Aunque su origen podría ser celta según algún autor, de la actual Bélgica, mezclados quizás con vascos pues la toponimia vasca es muy clara.
Vacceos: o Vaccaei, al Oeste de los anteriores, Tierra de Campos (según R. Menéndez Pidal). Los vacceos y turmogos fueron sometidos en una serie de campañas entre los años 73 y 56, algunas dirigidas por Pompeyo y Quinto Metelo. Todavía en la época de las guerras civiles entre Pompeyo y César y después durante la guerra de los hijos de Pompeyo y Octavio, sigue habiendo conflictos con los vacceos, que no acaban definitivamente hasta la guerra del 29 contra los cántabros, astures, autrigones, vacceos y turmódigos, así que puede decirse que los vacceos fueron el pueblo que más tiempo resistió a la dominación romana, junto con los aquitanos.
J.J. B. Merino Urrutia en su libro “El vascuence hablado en Rioja y Burgos”, señala: “el vascuence se habló tardíamente, por lo menos en toda la Rioja alta, la Bureba y cercanías de Burgos (Comarca de Juarros, nombre que proviene de la deformación de la palabra vasca “zugarro”, olmo, que marcaba la frontera entre Navarra y Castilla en Ibeas de Juarros), corriéndose también por la montaña de Valdelaguna, del partido judicial de Salas de los Infantes (…) como ya sostuvo el ilustre D. Ramón Menéndez Pidal en su conferencia del III Congreso de Estudios Vascos en el año 1923, quien aseguraba que también pasó hasta los Vacceos, de Tierra de Campos”
Julio Caro Baroja en su libro “Sobre la lengua vasca”, tras el estudio de distintas inscripciones en monedas, plomos y vasijas llega a la conclusión que: “aquitano, el vasco actual y el idioma de los antiguos ilergetes, cerretanos y hasta mediterráneos de más al sur parecen tener cierto parentesco que no se puede explicar por influencias célticas”, por tanto éstos también serían pueblos vascos a la llegada de los romanos, pero ya interiores..
Hay más tribus periféricas, pero éstas parecen ser las más importantes.

Conclusión

Los Pirineos nunca fueron frontera como ahora, esa imagen se creó con las guerras religiosas del siglo XVI. Las inscripciones en lápidas halladas en Escanau (Valle de Arán, Lleida) presentan un aire aquitano que contienen al menos dos nombres euskéricos: Ilurberrixo y Anderexo, se tratarían de las primeras palabras escritas en euskara.

En la actual provincia de Alaba vivían los caristios, bardulos y autrigones que hacían frontera en el actual Trebiño (Trifinium). Merece la pena resaltar que muchas de las tribus o grupos de personas (baskones, autrigones, bardulos y caristios claramente) ocupan tierras donde se combinan un fuerte contraste de climas y orografía: todos tienen salida al mar, zona boscosa y grandes llanuras actas para el cultivo del cereal u otros (y en épocas anteriores zonas de caza donde en verano pastaban grandes manadas de herbívoros, como Trebiño). Quizás esta combinación era la que hacía su economía pastoril y con una dependencia del agro del sur viable (sin olvidar que eran zona de paso para el comercio con la meseta).

Muchas veces las crónicas romanas no diferencian a caristios, bardulos o várdulos y autrigones llamando a todos várdulos o bardulos (también bardietas).

Desde el siglo IV no se usan los términos caristio o bárdulo en texto alguno. A partir de César Augusto se les empieza a llamar a todas las gentes vascas por el nombre de baskones, pero sobre todo tras la caída del Imperio Romano: todos ellos forman parte de una unidad cultural y lingüística y crearán un Estado para su pervivencia. Estado que saldrá de esa unidad de baskones o Baskonia del siglo VI, Estado que da forma política a una realidad social y que será conocido en el mundo como Nabarra, Estado garante de la recién formada nación vasca, País Baskón, la cual se muestra unida en los siglos de la caída del Emperio Romano, período de violencia armada donde logran defender sus intereses contra el invasor, creando su propio Estado, que es el que termina de configurar la nación vasca.

Escocia, Gales, Irlanda o Inglaterra son naciones que mantienen en su historiografía que la Alta Edad Media ya habían surgido con una conciencia social clara, contradiciendo a los que sostienen que la nación surge en 1789 de la Revolución francesa, iguales datos existen para Navarra, tal y como señala Urzainqui. Jon Nikolas no acepta que el origen de las nacionalidades se sitúe en la Revolución francesa. «Eso es fruto de la confusión entre nacionalidad y estado-nación», matiza. En su opinión, el origen de las nacionalidades hay que buscarlo muchísimo más atrás en el tiempo, en el Paleolítico, cuando surge la palabra y, en torno a ella, empiezan a estructurarse una serie de comunidades humanas. Unas comunidades que, a través de sus propias experiencias, vividas en un espacio geográfico más o menos determinado, han desarrollado una identidad colectiva, de la que el idioma es fiel reflejo. En un momento dado, interactuando con los recursos naturales de que disponen (economía), esas comunidades alcanzan una conciencia nacional (…) «¿Por qué nos dicen que no existimos como pueblo, cuando tenemos nuestro nicho ecológico-cultural bien marcado ya en épocas en las que los arios, hoy el grupo dominante, ni siquiera habían aparecido en Europa?»,” (Jon Nicolas Autor de «Arquitectura de las naciones»).

Algunos quieren ver en estos nombres los pueblos vascos celtas de la zona, pero si así fuera ¿por qué no hay rastro arqueológico celta de esa época? Los pocos restos celtas hallados son anteriores. Ni tan siquiera en el euskara han dejado huellas importantes como hemos visto; sin embargo los euskalkis (dialectos), de los que hablaremos, sí coinciden en muchos casos con las demarcaciones de esos pueblos (aunque haya teorías que sitúan los euskalkis en tras la conquista del reino de Navarra, como Koldo Zuazo).

Los nombres de al menos algunos de ellos (autrigones o berones) sí son celtas, no cabe duda que tribus celtas llegaron y asentaron como queda dicho en esas zonas, pero fueron rápidamente asimilados por los lugareños; los romanos nos tienen a los vascos por un solo pueblo, hablamos euskara y no existe dato alguno que lo ponga en cuestión.

Pero la sorpresa de esta constatación es aún mayor como se desprende de este artículo del Diario Vasco del 13 de Octubre del 2003: El equipo de antropólogos físicos compuesto por Mikel Iriondo, María del Carmen Barbero y Carmen Manzano, en un artículo publicado en la prestigiosa revista American Journal of Physical Anthropology establece, conforme al estudio del ADN, la existencia de tres grandes grupos de vascos. Por un lado, los vizcaínos. Por otro, los guipuzcoanos y los alaveses. El tercer gran contingente lo forman los navarros y los riojanoalaveses. ¿Sorprendente? Menos de lo que parece si uno se detiene a reflexionar sobre afinidades o relaciones. «Esos tres grupos -señala Iriondo- coinciden aproximadamente con la división de los dialectos del euskara: guipuzcoano, vizcaíno y dialectos navarros».

Estos antropólogos físicos de la Universidad del País Vasco han estudiado el material genético de 800 personas residentes en 17 áreas del País Vasco y Navarra. Su única característica en común es que sus cuatro abuelos habían nacido en la misma comarca. Lo más sorprendente, apunta el estudio, es que cien siglos después aún pueden encontrarse diferencias entre los grupos surgidos en el gélido Paleolítico «y que van unidas a la existencia del euskara», es la conclusión que sacan tras largos estudios con las técnicas más avanzadas.

Las tres grandes comunidades se corresponden también, a grandes rasgos, con las divisiones tribales que anotaron los historiadores del Imperio Romano hace 2.000 años. Es decir, vascones, berones, autrigones, caristios, bárdulos y aquitanos.

Durante las glaciaciones, y debido a lo extremo del clima, las tierras al sur de los montes Gorbea, Anboto, Aitzgorri, Aralar y de los Pirineos estaban despobladas. Cuando remite el frío, los antepasados de los vascos empiezan a colonizar nuevos territorios. ¿Cómo? Iriondo señala que Álava se nutre de individuos procedentes de Gipuzkoa que se fueron desplazando a través de la cuenca del Deba. Navarra se repobló con familias llegadas del norte de la provincia, en concreto de las comarcas pirenaicas. Esos mismos habitantes navarros (y no los alaveses, como pudiera pensarse) se asentaron y fundaron poblados en la Rioja Alavesa, de ahí las tribus vascas observadas por los romanos.

Otra de las hipótesis que avanza la investigación realizada por la UPV es que los vascos se parecen más a los aragoneses que a cualquier otro pueblo europeo, conclusión que es evidente si recordamos la vasquidad de Salduba (Zaragoza) o de todo el Pirineo aragonés y más al Oriente por tierras hoy catalanas.



La costa vasca antes de la llegada de los romanos (I)

Poblamientos en la Edad de los metales

Respecto a la estructura de los poblados de los karietas o karistios al que pertenecerían, por ejemplo, los primeros galdakoztarras de Artxanda o de Aspuru en la sierra del monte Ganguren a la llegada de los romanos, así como de otras gentes, tribus, clanes o mejor pueblos vascos del “saltus vasconum” o zona boscosa de la costa, poco a poco vamos sabiendo más detalles.

Todas las poblaciones estaban situadas en altos estratégicos que controlan la totalidad del valle. Eran poblaciones amuralladas y dentro de las murallas existían lujosas casas sobre suelo labrado, hechas de madera y tierra y en algún caso incluso con vigas de piedra introducidas en el suelo, para recubrir después la casa con plantas y cuernos; contaban con sus hornos de pan y almacenes para el grano, incluso dentro del poblado amurallado se practicaba la agricultura y la ganadería.
En los siglos VI al IV antes de nuestra Era, se introduce la construcción de viviendas de base rectangular que aprovechan mejor el espacio, frente a las redondas anteriores.

Las murallas aparecen al contacto con las invasiones indoeuropeas, como los celtas, que traerían la necesidad de una defensa conjunta del territorio, lo que conllevaría a la estratificación social y a la creación de una clase de guerreros frente a otra agrícola y por tanto de familias dominantes que se constituirán ahora y que perdurarán siglos.

Además de estas “ciudades” amuralladas o castros, existirían pequeñas comunidades dispersas e incluso se habitarían las cuevas hasta la segunda Edad de Hierro (siglo III a.C.), para pasar entonces a usarse como grandes almacenes.

Un estudio de Xabier Peñalver, revela la existencia de castros vascos amurallados y prestos para la defensa del territorio siguiendo los grandes ejes de los valles fluviales, en sitios elevados y con el terreno previamente preparado para acoger la posterior edificación.

Estos castros estarían relacionados entre sí (están en altos con una vista natural los unos de los otros), autónomos en recursos naturales, pastoriles (guardaban el ganado dentro de las murallas) y agrícolas (se han hallado todo tipo de cereales propios de la época, dentro y fuera de la muralla), todos ellos en las actuales provincias occidentales de Bizkaia, Gipuzkoa y norte de Alaba, pero también en el norte de Lapurdi, Baja Nabarra y Zuberoa, iguales que los que hacían sus vecinos celtas, astures y cántabros.

Han aparecido de momento 2 de estos castros en el norte de Alaba, 8 en Bizkaia, 8 en Gipuzkoa, 10 en el norte de Lapurdi, 28 en el centro y norte de Baja Navarra y 17 en Zuberoa, éstos en plenos montes Pirineos (aquitanos).
Ya en el interior, en la baskona Alta Navarra, se han hallado 109 ubicaciones, casi siempre próximas a los grandes ríos: el Arga, Aragón, Ebro y Ega.

De la Edad de los Metales, existen en la "recóndita" Gipuzkoa de “gens” o pueblo bardulo (entre el río Deba y el Urumea, por el sur hasta Uda-Trebiño), que se hayan encontrado hasta hoy, 8 castros o ciudades amuralladas . La más antigua de estas ciudades amurallada es la de Buruntza (Andoain), de hace 3.000 años, y la más reciente la de Intxurre (Albiztur-Tolosa), de hace 2.030 y con 1 km de muralla, justo a comienzos de la romanización.
Son castros de entre 1 y 5 ha. de extensión, salvo el de Intxurre que es con mucho el más grande con 17 ha. y donde no hay rastro de celtas, son por tanto vascos nativos con un mantenimiento de la población que venía de antiguo como lo demuestra los extractos de cerámicas encontradas que se remontan al neolítico (5.000 a.C.).
Estos castros tienen muros de dos metros y medio de grosor compuesto de tierra, adobe y piedras y encima un añadido de madera (la técnica se fue perfeccionando), con sus fosos de hasta 2 metros y trincheras.

Por desgracia no existe un estudio tan profundo y completo para Bizkaia, aunque en la necrópolis de Berreaga, entre Mungia-Gamiz-Fika-Zamudio, se han hallado 149 estelas prerromanas completas o fragmentos, todas ellas decoradas con temas geométricos y astrales y con formas trapezoidales (el 90%) o discoideas (el 10% restante).
Esto nos hace pensar en el mayor poblamiento bizkaino prerromano y origen del posterior poder político que surgió del mismo, junto con las poblaciones costeras de la ría de Urdaibai o Gernika, donde serían desplazados por los romanos los habitantes de Berreaga (salida natural del valle hacia la costa, con el cabo Matxitxako, Bermeo, como referencia).

Esta necrópolis y poblado de Berreaga (del 350 a.C. al año 100), es el más importante de los hallados en territorio bizkaino de la Edad de Hierro y de los pocos de Bizkaia, junto a los más pequeños del Poblado de Marueleza (Nabarniz, restos del siglo I a.C.), Santuario de Kosnoaga y Gastiburu (los dos en Gernika-Luno, siglo I a.C.), Cueva de Kobeaga (Ispaster, siglo VII a.C.), Castro de Arrola (Arratzu, habitado desde el siglo III a.C. hasta época romana) y Cueva de Santimamiñe (Kortezubi, siglo VII a.C.): todos ellos en la ría de Gernika.

En Momotio, Garai (cerca de Durango), existe una necrópolis del siglo IV a.C. con tumbas parecidas a las alto medievales reubicadas en Argiñeta (Elorrio).

También serían importantes las cuencas Ibaizabal-Nervión y río Deba, potenciadas en época romana, de donde surgiría Bizkaia en la Alta Edad Media.

"Nos hallamos ante obras realizadas por gentes bien organizadas que han contado con la participación de especialistas y que han elaborado un proyecto de defensa muy definido al que han dado gran importancia y dedicado enorme esfuerzo colectivo para su ejecución. El hallazgo de estas grandes construcciones defensivas, unido al de los restos conservados en el interior de los recintos que delimitan, apunta a que no estamos ante refugios temporales sino más bien, al igual que estaba sucediendo en estas fechas en amplias zonas del continente, ante poblados estables, defendidos con impresionantes medios, y que requerirán de una continuo trabajo de mantenimiento." Xabier Peñalver, "Orígenes".

Los hallazgos de estas ciudades amuralladas preparadas para la defensa del territorio hacen necesario repasar de nuevo todos los libros de historia: a la llegada de los romanos los vascos contábamos con una estructura política consistente en pequeñas ciudades-amuralladas en su parte occidental hasta el valle de Leizaran, que permitía una sólida defensa del territorio, comerciábamos con otros pueblos, poseíamos tecnología tan avanzada como en otras partes de Europa.

Es difícil de creer que estas ciudades amuralladas que vivieron libres durante siglos o milenios y que se defendieron de invasiones indoeuropeas anteriores, no ofrecieran resistencia al imperialismo romano.


La costa vasca antes de la llegada de los romanos (II)


La economía vasca prerromana

En la Edad de Hierro (500 a.C.), aparecen nuevos progresos como el uso de este metal, el hierro, que desplaza al bronce (ahora usado para hacer adornos), aparece la rueda maciza para el carro con bueyes o comienza el uso del torno para la alfarería.
Estos avances se producen no por la invasión de nuevas gentes (de lo que no hay rastro alguno), sino porque el comercio, que era una actividad muy extendida (se comercializaban los excedentes), daba lugar a contactos con otros pueblos de quienes y, como en la actualidad, se copiaban sus avances tecnológicos.

Así, se han encontrado molinos en forma de barcos, balanzas para el comercio, joyas de vidrio o cerámica para conservar los cereales. Incluso en Intxurre (Tolosa, Gipuzkoa), se ha encontrado un trozo de pulsera y partes de un collar que sólo se elaboraba en Centro-Europa, lo que nos da idea de un comercio trans-fronterizo importante. El comercio con el exterior es también evidente en un brazalete fabricado en Marsella y hallado en Basagain.

Los restos se disparan a partir de la segunda Edad de Hierro y la tecnología metalúrgica demuestra un gran avance.

En cuanto al tipo de economía y explotación del territorio, hay que resaltar que muchos de los pueblos vascos (baskones, autrigones, bardulos y karietas claramente) ocupaban tierras donde se combinaba un fuerte contraste de climas y orografía: todos tenían salida al mar, zona boscosa y grandes llanuras actas para el cultivo del cereal u otros, éstas últimas fueron también zonas de caza donde en verano pastaban grandes manadas de herbívoros, como Trebiño. Por tanto, esta estructura se basa en un comercio interno importante dentro del pueblo, entre los clanes o ciudades amuralladas.

Quizás ésta combinación era la que hacía la economía pastoril de la costa vasca viable, al combinarse con una dependencia del agro del sur, sin olvidar que eran zonas de paso obligatorio para el comercio exterior entre la Península Ibérica y el resto de Europa, tal y como hemos visto.

Los romanos hablan de embarcaciones autóctonas muy precarias que sólo servirían para ríos y para navegar por la costa que completaría la dieta alimenticia.

Por tanto, parecen estructuras económicas y políticas cerradas y completas, no dependientes de otras con las que comerciarían.

Estos hallazgos desmontan por completo las teorías de que los vascos a la llegada de los romanos no practicaran una agricultura intensiva y eran simples pastores trashumantes, pues la agricultura y el comercio entre los vascos se daban hasta en las regiones menos propicias para ello como es Gipuzkoa.


Estructuración política de la costa vasca anterior la invasión de los romanos:

Según Urbano Espinosa, era una “población con niveles de recursos de lotes de aprovechamiento agrícola-ganadero iguales en un territorio de propiedad comunal. Por lo que sabemos, la organización familiar, la estratificación social, el gobierno de grupo, tiene mucho que ver con las comunidades vecinales que han llegado en el campo de la ciencia jurídica hasta la actualidad” .

Eran poblados de pocas hectáreas pero muchos, cercanos y visualmente comunicados (mediante señales de humo, ruido de cuernos o de otros instrumentos etc.), lo que hace suponer que eran unidades sociológicamente completas, poblados estrechamente relacionados entre sí, por cultura e intereses económicos y políticos, que se concretarían en reuniones conjuntas en determinados lugares y fechas, podríamos ver en ellos clanes vascos de hasta segundo grado de parentesco unidos a su vez en pueblos que comparten bosques, pastos y sus frutos.

Los caudillos, revestidos de “autoridad”, no son reyes que transmitan su poder a sus hijos, sino que son elegidos por una asamblea de ancianos (gerontocracia) en época de guerra, atendiendo a los linajes guerreros más importantes y reunidos bajo robles, tejos o encinas con el beneplácito de la élite “aristocrática”. Zaharren biltzarra: bil+zaharra o batzarra: batu+zaharrak, al estilo de la “gerusia” en la Esparta griega.

La actividad militar será función de una clase social en tiempos de paz, poniendo en pie de guerra a toda la población mediante el llamamiento al apellido en torno a los linajes, igual a los bandos o “banderizos” de la Edad Media.
El pueblo artesano, pastor, pescador, comerciante o agricultor, se unirían al caudillo elegido, soberano en su territorio, para la defensa común en una guerra de guerrillas o con ejércitos bien armados .

Los pueblos vascos Orientales


Al Este del río Urumea

De una estructura política más potente nos habla la cultura que entre el valle de Leitzaran (frontera baskones y bardulos) y Andorra se creó a los dos lados del Pirineo (baskones y aliados jaccetanos, cerretanos e ilerguetes), donde se han encontrado alrededor de 1.104 crónlech, que por su tipología (círculos de 3 a 6 metros de diámetro, a veces de forma radial) y cronología (1000 a.C. al año 1) no se parecen a ningún otro crónlech del mundo. Se hayan en 413 conjuntos, de los cuales 291 están en Euskal Herria, sobre todo en Alta Navarra y más aún en Baja Navarra en proporción a su territorio.

Además de las consabidas batallas entre romanos y celtas, donde los primeros contaron con la ayuda de los baskones, a la llegada de los romanos en el siglo II a.C., sus cronistas cuentan que en el sur aquitano, en los Pirineos, gobernaba el rey Pisón, citado por Julio César como nieto de un rey aquitano aliado de Roma (Bello Gallico III, 12,4) y que murió luchando junto a Julio César contra los germanos (B.G. IV 12).
La batalla definitiva entre romanos y vascos tuvo lugar en Sos de Albert en el 56 a. C., en la cual Craso (que es el que narra toda la guerra), a la sazón lugarteniente de Julio César, con 6.000 hombres de infantería y una fuerza de caballería importante, fue el vencedor frente al jefe aquitano Adietuanus que se rindió con sus mejores 600 hombres. Existen monedas aquitanas con el nombre "Rex Adietuanus", con una loba en el reverso, símbolo de la conquista romana (la loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de Roma). En la batalla Julio César dice que los aquitanos tuvieron la ayuda de los "cántabros", en este caso, se refiere sin duda a otros pueblos vascos del sur de los Pirineos.

Los Estados en un sentido puro (un gobierno permanente y estructurado frente un pueblo que obedece ), nacieron probablemente en Asia, allí surgieron los Estados despóticos de Babilonia o el faraónico de Egipto por ejemplo, creados en el neolítico con la agricultura intensiva y grandes poblaciones, se extendieron definitivamente por Europa mucho después, con las polis griegas y Roma.

Pero no fueron el romano o el griego los primeros Estados europeos. Del mismo modo que las grandes pirámides de Egipto nos hablan de grandes civilizaciones y por tanto de Estados (pues sin Estados no hay civilizaciones), los círculos de piedras que conforman Stonehenge o los monumentos de Carnac (Morbihan, Bretaña), nos estarían hablando de estructuras sociales desarrolladas, de clases sociales, religiones con una casta sacerdotal, constructores y beneficiados de esos trabajos, es decir, de los primeros Estados europeos, al igual que estos crónlechs pirenaicos. Clases sociales que darían lugar a crónlech de diferentes tamaños y en lugares considerados mejores o peores, por tanto de sociedades “divididas” en jerarquías.

Con Roma se extendió la escritura a toda Europa y con ella el conocimiento escrito de la historia, así se dejó atrás definitivamente la prehistoria.

En el País Vasco existían sacerdotes y, sobre todo, sacerdotisas, cuyos ritos llegan al siglo XVI con enterramientos en crónlech, siglo en el cual serán perseguidos por la Inquisición hasta su total aniquilación y la desaparición de toda aquella cultura religiosa .


Cunclusión:

La sociedad vasca prerrománica de la costa hasta el Urumea y hasta el valle de Leizaran, parece constituida al modo de la ibérica del nordeste: ciudades coaligadas, amuralladas en colinas (castros), que forman una red de defensa del territorio junto a otras poblaciones más pequeñas pero algunas también amuralladas, con sus trulli, "kapanagas" o toscas bordas para el día a día (antecedentes del baserri o caserío vasco), con sus torres y atalayas para el control de posibles invasiones.

Al Oeste de Leizaran existía una estructura militar, política y religiosa más potente, tanto al sur de los Pirineos como en la Baskonia continental, llamada por Roma Novempopulania, 9 pueblos, que nos idea de esa coalición de ciudades amuralladas o castros.

Quizás podamos estar hablando de los primeros Estados vascos.