DATOS SOBRE LA ANTIGÜEDAD DEL EUSKARA

DATOS SOBRE LA ANTIGÜEDAD DEL EUSKARA
Aitzol Altuna Enzunza
Se especula mucho sobre el origen del euskara, antes de dar nuestra opinión y argumentar sobre el mismo, vamos a ver si el propio euskara nos puede ayudar.

De la antigüedad del idioma nos da pistas el propio euskara como recogen Menéndez Pidal o Tovar: Aitz-kora (hacha, literalmente: piedra arriba), aitz-lur (azada, piedra-tierra), A(i)zkon (lanza), zulakaitz (cincel) o aiztoa (cuchillo, boca de piedra) y sus derivados: basaitzur, opatxur, aitzur-sarde etc. Estas palabras nos remiten a épocas cuando estos instrumentos aún se hacían de piedra o roca (aitz).

En los idiomas Europeos más extendidos actuales se transparenta esta misma raíz preindoeuropea de origen euskérico (vasco): así la voz española "hacha", la francesa "hache", la inglesa "adze" y la alemana "axen" (que no son ni latín ni celta) derivarían de ésta voz.

Se consideran también muy antiguas la palabra “su” (fuego), pero es más curioso lo que ocurre con la raíz “ur” como: "lur" (tierra), "elur" (nieve o "no tierra" quizás "ez-lur"), "egur" (madera), "zur" (también madera), "euri" (lluvia), hezur (hueso) etc., todas ellas con la raíz "ur" que hoy significa "agua", quizás sufijo en el pasado. Al parecer, en un inicio, la palabra era más parecida a "hur" con "h" ("h" aspirada, con un sonido parecido a la "j").
De esta palabra deriva también la voz "urte" (año), literalmente deshielo, es decir, esta raíz nos habla de una época donde la abundancia de agua es mucho mayor que la actual, nos habla de épocas glaciares, quizás del magdaleniense (14.000-9.000 a. C.), cuando el euskara era la lengua de comunicación entre los europeos.

En euskara verano es "uda" e invierno "negu", primavera "udaberri" (“nuevo” verano literalmente) y otoño "udazken" (fin del verano) o “udagoien” (culminación del verano); la conclusión es que sólo había dos estaciones claras, invierno y verano y las otras dos son más recientes, volvemos al comentario anterior, esto sólo es cierto hoy en zonas cercanas a los polos terrestres.

También la palabra "Horma" (hielo y pared al mismo tiempo) nos remite a esas épocas glaciales donde las paredes eran de hielo.

Para el que tenga curiosidad es sorprendente la cantidad de nombres para llamar a los meses del año (mes=ilabete = fase lunar literalmente) de los vascos de las diferentes zonas sobre los que se han escrito incluso libros . Por señalar algo, el nombre actual de enero "urtarrila" (mes del año literalmente), parece reciente, otro nombre del mismo mes "ilbeltz" (mes negro) parece anterior y nos daría pistas sobre el tiempo; febrero "otsaila" o "zezeila" nos habla de lobos y toros (otso=lobo, zezen=toro), época de caza; "orrila" y "ostoila" (mes de las hojas) para mayo, deben estar formados en épocas cuando el País Vasco era más frío; Bildilla (mes de la recogida) no encaja tampoco como "octubre", salvo que se refiera a frutos secos etc.

Sobre ciertas palabras comunes

Es muy curioso observar ciertas palabras consideradas también muy antiguas y que se repiten en varios idiomas: “Is”, “iz”, “its” “itz”= agua (salada?), de algunos topónimos, como Ispaster, Itziar (pueblos costeros), I(t)zaro (isla bizkaína) o de algunos nombres como izurde (delfín: “itz” + “urde”, cerdo). En euskara al mar se le llama “Itsas-oa” (-oa es “lugar de”), con esa misma raíz –its, donde –as podría ser el pluralizante.
“Izotz”, hielo, se divide en Iz (agua) otz (fría); esta misma raíz aparece en el inglés ice (o su forma anterior ise), en islandés antiguo iss, en danés y sueco is, en holandés ijs, en alto alemán “is” y probablemente en el avéstico aexa, irlandés aig y bretón sko(u)ur.

La palabra escarcha en euskara, “lei”, tiene sus homónimos en el lituano ledas, letón ledus, checho-eslovaco ledus, servocroata led, poláco lód y ruso led.

En euskara el nombre para el oso es “Hartz/artz”, ya documentado en época romana (harbelste: oso negro). Pues bien, el nombre de este animal sagrado (Arctos en griego y ursus en latín), en muchas culturas polares o que lo fueron hace siglos, tiene la misma raíz: así en irlandés Art, en galés Arth, en bretón Ourz, en avéstico Arsa, en armenio Ardch y en osetio Ars. Se le llama Ártico al Círculo polar o “país de osos”.

Mircea Eliade, escritor rumano (1907-1987), especialista reconocido a nivel mundial de la historia de las religiones señala que: “Dado que las condiciones ambientales eran poco más o menos las mismas que en la época glaciar, los cazadores “hiperbóreos” prolongarían en las regiones septentrionales y árticas una cultura que había desaparecido en el sur con los cambios climáticos. (…) Eurasia septentrional recibió y conservó, adoptó y enriqueció una cultura y una espiritualidad que habían conocido antes una brillante época creadora en el Paleolítico franco-cantábrico (es decir, Baskonia)”.

Aportaciones de la arqueología y etnología sobre la antigüedad de ciertos elementos de la cultura vasca

La arqueología nos aporta más pistas sobre la antigüedad de la cultura vasca: un hueso de ave con tres orificios encontrado por J.M. Barandiaran en Isturitz, Baja Navarra (auriñaciense, de entre 20.000 a 40.000 años), sería el instrumento musical más antiguo hallado en Europa, muy parecido a un Txistu moderno (igual pero en hueso), aparecido junto a huesos de Neandertal; en una pintura de la cueva de Trois-Fréres, aparece claramente un mago o chaman disfrazado con piel de bisonte, o animal semejante, toca un instrumento con la mano izquierda, mientras la derecha está libre, al igual que en el Txistu.

También se ha encontrado un instrumento musical de asta de ciervo en Altzeta (Forua, Bizkaia), con dos orificios y varias muescas del nivel altamirense (o magdaleniense, cueva de Madelein, sur de la Francia actual, 14.000-9.000 a. C., en el Paleolítico superior), que tendría similitudes con una alboka actual (instrumento musical vasco que no se ha de confundir con el albogue medieval), sin que ello signifique que sea antecesor directo de este instrumento.

Otro instrumento vasco conocido como “Txalaparta” hace referencia al ruido que se emite al golpear dos troncos alargados horizontales con dos palos cortos de forma rítmica (txakun) y cuya cadencia es intercalada con el golpear improvisado de otros dos palos (errena). La txalaparta (o zalaparta) es el ruido resultante que no el instrumento, e imita el trotar de los caballos, animales sagrados que interfieren entre los vivos y el más allá. Este instrumento se cree usado por los chamanes vascos en sus ritos, aunque después serviría incluso para comunicar mensajes cortos, sentido conservado en el entorno de las sidrerías (Astigarraga y Lasarte), reducto de los últimos “txalapartaris” de donde se rescató en los 70 gracias al movimiento musical “Ez dok hamairu”, cuyo símbolo ere precisamente una txalaparta.

Existen otros elementos no musicales de la cultura vasca cuyo origen podemos remontarlo también al paleolítico. De época Auriñaciense es un grabado sobre un candil de hueso de ciervo que representa una fila de huesos y rombos unidos a la manera de una "sorgin guraizea" (tijera de bruja), que aún se sigue usando en el País Vasco durante algunos festejos populares como los carnavales de Zuberoa (donde representa al rayo), y que algunos creen que los vascos usábamos como arma.

Son también del paleolítico superior los "bastones" (makilas) encontrados en cuevas de Baskonia y que podrían ser utilizados como símbolos de mando o para ceremonias mágicas (también auriñacieneses) y que hoy se regalan a las autoridades cuando visitan el País Vasco.

Decía el profesor Luis Pericot en el discurso pronunciado en la clausura del XII Pleno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1952: “¿Quién sabe qué es la lengua vasca? Nada puede en los países europeos devolver a un hombre del siglo XX la sensación de transponerse a 5 ó 10.000 años antes. A nosotros nos basta para ello con escuchar a unos campesinos vascos en alguna de sus fiestas populares improvisando en su vieja lengua y cerrar los ojos. ¡Estamos oyendo a unos pastores neolíticos o acaso a quienes pintaron Altamira!”.

En realidad todos los idiomas se hablaban desde una etapa arcaica. Desde la Edad de Piedra no se han “inventado” nuevos idiomas sino que se han transformando, adaptándose a las nuevas circunstancias: mediante préstamos areales (por contacto), por la influencia de culturas más avanzadas técnicamente, por imposiciones imperialistas o por la evolución normal del idioma y la necesidad de adaptación a las nuevas circunstancias tanto de nuevos materiales como de técnicas nuevas, conceptos nuevos, animales nuevos etc.. Pero sólo en algunos idiomas ha dejado rastro nítido esta evolución en su vocabulario hasta podernos remontar al paleolítico, como en el caso del euskara, pero también en las lenguas germánicas y en otras indoeuropeas.

Lo que ocurre es que algunos idiomas siempre se han hablado en las mismas regiones y a pesar de su contacto con otros idiomas, han permitido que nos lleguen muchos elementos de forma clara del lenguaje y de la cultura de aquellos antepasados, “asabak” o “arbasoak”, como es en el caso del euskara y de la cultura vasca, como el idioma de una misma gente que habita la misma región desde…de ello hablaremos en otros artículos.