ARBOLA O ZUHAITZA

ARBOLA O ZUHAITZA
Aitzol Altuna Enzunza


Hay árboles alrededor de los cuales se celebraban ferias, las Juntas Vecinales e incluso las Juntas Generales, como el famoso árbol de Gernika que tiene sus réplicas por todo el país. Los árboles hacían muchas veces de mojón, para ello se plantaban árboles de una clase diferente a los que les rodeaban. El bosque con su Basajaun era sagrado e incluso para cortar su leña se requería de un ritual: “Guk botako zaitugu eta barkatu eiguzu” (nosotros te vamos a tirar y perdónanos), que recogió el fundador de Euskaltzaindia Resurrección María Azkue. El propio Azkue contaba que cuando se vendía un bosque se creía que éste se encoleriza y siempre solía caer y algún árbol encima de alguien que pasara por él.

Existen al menos 4 inscripciones dedicadas al dios “fagus” en la Aquitania euskaldun de época romana (de donde viene “pagoa”, haya en euskera), por lo que el haya y otros árboles como el chopo (sobre todo en la Ribera), la encina, el roble o incluso el pino (en el caso de la Ulzama), serían un tótem dentro de la religión naturalista y animista vasca anterior al cristianismo. Eran los árboles protectores de las cosechas contra los rayos como se ve en el ritual “maiatzarena”, sincretizado por el cristianismo como el día de la “Santa Cruz”, celebración que compartimos en su día con fenicios, griegos, celtas, romanos y en la actualidad con nuevas naciones como ingleses, españoles, portugueses, franceses, italianos, belgas, checos, suizos o suecos.

Julio Caro Baroja en su libro “Sobre historia y etnografía vasca” comentaba que: “Según ha demostrado G. Lacombe, en vascuence ocurría lo mismo que ocurría en indoeuropeo, que las ideas de bosque, árbol y roble estaban estrechamente relacionadas, que la referida palabra “aritz” significaba roble o árbol genéricamente en alto navarro y vizcaíno”. Sin embargo esta teoría de Lacombe apoyada por Caro Baroja no parece del todo correcta, pues, aunque “haritz” y “aretxa” se usó como sinónimo de “árbol”, no son los términos más extendidos como veremos. Tampoco ésta otra frase del escritor argentino Jorge Luis Borges sobre el euskera es cierta: “Qué raro ese idioma tan antiguo y con tan pocas palabras. Para decir árbol dicen arbola”.

Según explica Euskaltzaindia, en el primer libro en euskera de 1545 escrito por el bajo navarro Bernard Etxepare aparece “zuhamu” para decir árbol y en el libro “Gero” de Axular de 1643 aparece ya “zuhaitz”. Los autores zuberotarras de esos siglos emplean “Zuhaon(tze)”. Otras formas también documentadas son “zuhatz”, “zugatz”, “zuaritz”, “zuhain” y similares. Como nombre personal se documenta muy pronto, así tenemos a Blasco Sanxo de Zuhaz en el año 947 o en el topónimo "Mazaneto de Ugarte Zuhaz Nabar" en 1055.

La forma “arbole” y “arbola” es también muy antigua, pues aparece en el libro del alabés Pérez de Lazarraga (1563-65) y en los libros de los labortanos Joanes Leizarraga (1506-1601) o Etxeberri de Sara (1668-1749), así como en escritores zuberotarras de los siglos XIX como Joan Batista Artxu o Martin Eguiateguy. La forma “arbol” sin la “a” final, también está presente en nuestra literatura al menos desde el siglo XVII, sobre todo en textos gipuzkoanos desde el oiartzuarra Sebastián Mendiburu (1708-1782), el “cicerón vasco”. En otros autores aparecen las dos raíces o términos: “arbol(a)” y “zuha(i)tz”.

Incluso existe otro término para árbol recogido por euskaltzaindia como es “errexal”. El lingüista gipuzkoano Koldo Mitxelana dijo el siglo pasado en alusión precisamente a esta cuestión: “Nork esan behar ziokeen (Arturo) Campioni horixe berori egotziko ziotela luzaro gabe euskarari, arbola (zuhaitza, zuhamua, aretxa, errexala, etc.)”. Lo que no es frecuente es que un idioma tenga tantos sinónimos para la palabra “árbol”, lo que demuestra la riqueza del euskera, justo lo contrario de lo que pensó, desde el desconocimiento absoluto del idioma, Jorge Luis Borges.

Si miramos a la toponimia o nos fijamos en los apellidos, es fácil ver que el término “Zuhaitz” estaba extendido por todo el territorio baskón, también por Bizkaia y Gipuzkoa. Un apellido como "Zugasti", que según la Enciclopedia Auñamendi significa "lugar de árboles bravíos", tiene casas solares en: Mungia, Larrabetzu, Gorliz, Lezama o las Enkartaciones en Bizkaia y en Mondragón, Beasain, Donostia, Usurbil o Zaldibia en Gipuzkoa. Existen caseríos Zugastieta (arboleda) en: Mungia, Muxika (donde también es el nombre de un barrio) o Lezama en Bizkaia y en Zestoa, Oñate, Tolosa, Idiazabal o Zaldibia en Gipuzkoa. Además, tenemos otros similares como: Zugazti (en Gipuzkoa y Alta Navarra), Zuhazti (Lapurdi), Zuhaiztegi y Zuhaitzi. La propia Enciclopedia Auñamendi nos da con esta raíz y sus variantes “zuha(i)tz/zuga(i)tz” (con “z” o con “s”), topónimos y apellidos como: Izarzugaza, Izarzugazaga, Suastegui, Suasti, Suhazti, Sugasti, Sugasnabar, Zugazagoitia, Zuazketa, etc.

No es tampoco algo raro que en euskera, como en otros idiomas europeos, existan sinónimos de palabras, uno de ellos en latín y otro con una raíz propia: korrika/lasterka, saltatu/jauzi egin, tiratu/erakarri etc. y en inglés por ejemplo: move/shift, obstruct/jam, reduce/ go down etc. Tampoco es raro encontrarnos en euskera nombres de árboles que tienen raíz latina: los importados pikondo, gaztainondo, gereziondo, pinondo o el mencionado pago (que se introdujo en el país en el primer milenio a.C.).

La conclusión es que “arbola” es un préstamo del latín “arbor” como tantos otros que tiene el euskera y pese a tener varias voces propias. La palabra “arbola” se extendió tempranamente desde el latín, ya que aparece también en escritores de Iparralde (mientras que en francés, gascón, occitano o en catalán se escribe “arbre”), hasta llegar a extenderse por todo el país, como en el tan conocido “Gernikako Arbola” del bardo de Urretxu Jose Maria Iparragirre en el siglo XIX. Sin embargo, en la actualidad, el término “arbola” está en desuso frente a “zuhaitz(a)”.