DE ORDIZIA A VILLAFRANCA

DE ORDIZIA A VILLAFRANCA
Aitzol Altuna Enzunza


El camino de Santiago por la costa cantábrica se usaba sobre todo en los siglos IX-X. El camino interior por la Llanada alabesa con sus monasterios, ermitas e iglesias románicas surgidas desde el principal centro espiritual nabarro que era Leire, fue desarrollado bajo el reinado del gran rey nabarro Sancho III el Mayor (1005-35), alejado el peligro musulmán. Medio siglo después, el rey nabarro de estirpe aragonesa Sancho Ramírez I, terminó por configurar el llamado “Camino francés”, que es el que recorren en la actualidad la mayoría de los peregrinos a Compostela.

El primer camino costero traía peregrinos que desembarcan en la bahía de Txingudi o llegaban andando hasta Irun siguiendo la costa, para, por San Sebastián-Donostia, Zarautz, Getaria y Zumaia, penetrar en Bizkaia desde Markina y seguir hacia la importante Colegiata de Zenarruza en Bolibar, atravesaba el monte Oiz dirección Gernika por Munitibar, donde se confunde con la posterior y conocida “Ruta Juradera” a Bilbao. Se tardaban 6 jornadas en completar este recorrido hasta el puerto begoñés de Bilbao.

El segundo camino Xacobeo, el iniciado por Sancho III el Mayor, partía también de Irun y se precipitaba dirección sur por la actual N-1 española: Oiartzun, Astigarraga, Tolosa, Ordizia, Segura, Beasain para acceder a la Llanada alabesa por el paso ancestral, después calzada romana, del túnel de San Adrián de Zegama a Zalduondo, controlado por su castillo roquero nabarro, y seguir por la Llanada alabesa hacia Salvatierra-Agurain, una floreciente villa nabarra según demuestra un documento recientemente encontrado por el historiador local Fernando Sánchez Aranaz. Finalmente, se accedía por el Santuario de Estibaliz a Vitoria para proseguir el Camino de Santiago hacia la Puebla de Arganzón, alcanzando Castilla en 6 jornadas desde Irun.

Estos caminos o rutas comerciales y de peregrinación, con sus comerciantes y peregrinos, con sus repoblaciones con francos, gascones y autóctonos, articularían las relaciones económicas de la época por lo que serían una importante fuente de ingresos.

El rey castellano Alfonso VIII retomó la conquista armada de Nabarra en el año 1199. Atacó por Pancorbo (La Bureba) y cercó Vitoria. No pudo tomar los castillos de Portilla (hoy representado en el escudo alabés), el de Trebiño, el de Toloño, el de la Laguardia y cuevas de Arana, por lo que dirigido sus tropas hacia los castillos hoy gipuzkoanos de San Sebastián (la Mota), Hondarribia, Aitzorrotz (Arlaban), Beloaga (Oiartzun), Ausa, Ataun y Mendikute (Arzorozia) con desigual resultado.

La villa nabarra de “Victoria” (1181), repoblación y amurallamiento sobre la puebla de “Gastehiz”, era la principal plaza armada de nabarra dentro de un entramado de castillos, tenencias y villas que se estaban construyendo en las tierras occidentales ante la amenaza castellana. Vitoria y sus fuertes murallas aguantaron el sitio de las tropas castellanas durante 9 meses, hasta las Navidades de 1200 al mando del veterano militar Martín Ttipia (anterior jefe militar de Garazi), cuando el obispo de la Pamplona acudió en busca del rey para pedir a Sancho el Fuerte que permitiera la rendición de la ciudad y salvar así a sus habitantes. Castilla dijo respetar los fueros nabarros de Vitoria “mientras el río Zadorra corra hacia el Ebro”, por lo que todos los años por San Juan un síndico, un escribano y un alguacil entraban en el río y tiraban un papel para ver hacía dónde corría” (“Mil nuevas noticias insólitas del País de los vascos” Iñaki Egaña).


La invasión castellana trajo fuertes problemas sociales al tener que dividir los ancestrales pastos comunales entre dos Estados, se llamará "la frontera de malhechores". La poderosa familia del valle nabarro de Iraurgi de los Oñaz era la más perjudicada por tener intereses en Urbasa, en la Burunda, en el Goierri gipuzkoano y en los pastos comunales de Aralar, tierras a caballo entre la Nabarra conquistada y la Nabarra libre. Se creó entonces “La Hermandad de frontera” para poner paz entre hermanos, se denominó “Hermandad de los Hipuzcoanos e de los Navarros”, será el germen de la actual provincia de Gipuzkoa con las tres tenencias nabarras, las Aitzorrotz con las tierras del Alto Deba, Oarso o San Sebastián con el Este del Urumea y la central de Iputz.

Castilla reforzó la Nabarra conquistada creando villas a lo largo de la nueva frontera, como las de Segura, Tolosa y Ordizia, todas de mediados del siglo XIII. Las nuevas villas que creó Castilla en la nueva frontera entre la Nabarra Occidental y el territorio nabarro que se mantuvo independiente, buscaban dominar la frontera mediante verdaderas fortalezas que eran estas villas, dependientes directamente del rey castellano y con obligación de defensa por los villanos contra una posible recuperación del territorio por sus reyes naturales, a cambio de los privilegios del fuero de villa, sobre todo comerciales y de impuestos.

Ordizia estaba dentro de la tenencia nabarra de Iputz que iba desde Aralar hasta la costa con Getaria como principal villa, centro comercial y pesquero. El historiador nabarro J.L. Orella Unzué comenta sobre la fundación de la villa sobre la anteiglesia de Ordizia: “Se cree que fue en 1256 cuando el castellano rey Alfonso X el Sabio creó la villa, dentro de un plan de fundaciones en el que también entraban Segura y Tolosa. Primitivamente, la que luego llegará a villa juntera se asentaba junto a la ermita de San Bartolomé, y se denominaba "Ordizia". Fue el citado rey el que le cambió el nombre mediante un Privilegio librado en Sevilla el 30 de junio de 1268: “puebla, en aquel lugar que dicen Ordicia, a que nos ponemos nombre Villafranca”.

Sucesivamente y siguiendo el camino marcado por el río Oria y a una jornada de camino de Segura (antes San Andrés de Erraztiolaza) fundó otra villa burguesa en Villafranca (de Ordizia), para seguir luego la misma ruta fluvial y en el mismo año 1256 fundar otra tercera villa en Tolosa y sucesivamente abrir los caminos y puertos de la mar a la lana castellana llegando por Hernani al puerto de Pasajes, controlado por la villa libre de San Sebastián o caminando hasta la villa igualmente libre de Fuenterrabía, siendo así que ambas villas, fundadas por los reyes navarros, estaban fuera de la demarcación guipuzcoana (la mencionada tenencia de Oarso o San Sebastián).

Por lo tanto, rememoramos la fundación de las villas burguesas del Oria que recibieron el fuero de Vitoria-Gasteiz porque fueron comerciantes vitorianos los emprendedores económicos de estas fundaciones, así como vitorianos fueron los que impusieron a las nuevas villas el fuero vitoriano que asumía el antiguo poblamiento existente y que venía recogido con su nombre euskérico primitivo y que en consecuencia no admitía la duplicidad de hábitats o «populatum» que se hubiera dado de haber recibido el fuero de Jaca (Lizarra-Estella; El Antiguo-San Sebastián; Astubiaga-Fuenterrabía; Asquizu-Guetaria; Oyarzun-Rentería, etc.). Por lo tanto los reyes de Castilla premiaban a la castigada Vitoria-Gasteiz con un centro económico y jurídico de las villas del Oria, que verían pasar a través de sus caminos carretiles los fardos de lana castellana que iban camino de los puertos marítimos de exportación hacia las rutas de Flandes”.

Según relata Serapio Múgica Zufiria (1854-1941) en su libro “Geografía de Guipúzcoa”: “En el término de la villa existen las ermitas de San Bartolomé de Ordizia, que fue la primitiva iglesia parroquial” y fue también el primer centro de mercado en los siglos XI-XII cercano al río Oria, cuando ya era una centro importante dentro de la Ruta Xacobea que Sancho III el Mayor llevó al interior por la Llanada Alabesa desde la costa buscando la comodidad del viajero así como conectar la costa pescadora, ganadera y ferrona con el territorio agrícola interior, lo que potenció el camino del río Oria y su paso por San Adrián.

Tiene la ermita de San Bartolomé una bonita puerta de entrada y en un tiempo tuvo tres altares. Actualmente luce una imagen de San Bartolome (literalmente, “hijo de Ptolomeo”, discípulo de Jesús de Nazarét que supuestamente llegó a predicar en la India y Armenia), flanqueado por la Virgen de Lourdes y un Sagrado Corazón. En las paredes laterales hay sendos cuadros de San José y de la Virgen María. La ermita de San Bartolomé de Ordizia fue totalmente reconstruida en 1859 tras el paso de las tropas francesas en su retirada que la quemaron en 1813.

La zona tiene los nombres de San Bartolome, Beratzategi, Baratzategi, Baratzeta o Estazioalde (http://www.ordizia-euskaraz.com/toponimia/fitxak/san-bartolome). Su primera referencia documentada sin embargo es tardía, del año 1548 y dice así: “...y para todas las Yglesias de la juridición de Villafranca sendas libras de azeite para las lamparas y para Sant Barttholome de Villafranca.” (AGG-GAO, CO ECI 3457). Luego aparece una casa de serora (una especie de monja) junto a la ermita que sería la responsable de cuidarla y ayudar en los servicios religiosos como de atender a los peregrinos del Camino de Santiago: “...conduzion de los maderos de Arginzolas para la casa seroral de San Bartholome...” (AGG-GAO, CO HM 11).

Serapio Múgica Zufiria (1854-1941) en el libro mencionado aclara sobre Villafranca y su posterior evolución territorial: (...) Su importancia creció considerablemente con la agregación de los lugares que se incorporaron á su jurisdicción municipal en virtud de escritura de concordia otorgada á 8 de Abril de 1399, confirmada por el rey (castellano) Don Enrique III, en Turégano á 5 de Agosto de 1402. Fueron estos lugares los de Arama, Ataun, Beasain, Gainza, Isasondo, Legorreta, Zaldivia y las casas de Lazcano que hemos citado al hablar de este concejo. Esta sumisión de los lugares era siempre voluntaria y ajustada á las condiciones que se consignaban en la escritura de concordia”.

En 1512 se quemó Villafranca, probablemente durante las guerras imperialistas para la invasión de la Nabarra libre. Para su reconstrucción la reina española Juana “La Loca” le concedió a Villafranca la celebración de un nuevo mercado semanal todos los miércoles del año sin pagar impuestos reales por ello.

Villafranca fue desde 1916 Villafranca de Oria y Villafranca de Ordicia desde 1970, pero desde 1980 sus pobladores han recuperado su nombre nabarro y la villa es oficialmente de nuevo Ordizia.