ENEKO LÓPEZ DE LOIOLA, DE GUERRERO A SANTO

ENEKO LÓPEZ DE LOIOLA, DE GUERRERO A SANTO
Aitzol Altuna Enzunza

Eneko López de Loiola nació en Azpeitia (Gipuzkoa) el 24 de diciembre 1491, pero será conocido por el mundo como Ignacio de Loiola tras fundar la Compañía de Jesús, los jesuitas, en 1540 “Para mayor gloria de Dios” (Ad maiorem Dei gloriam). Murió el 31 de julio de 1556 en Roma y fue canonizado el 12 de marzo de 1622. San Ignacio de Loiola es patrono de Gipuzkoa y copatrono de Bizkaia junto a San Valentín de Berriotxoa.

Eneko era el menor de 13 hermanos de la poderosa familia banderiza de los Oñaz de la torre de Loiola y su madre fue Dª Marina Sáenz de Likona de la torre de Likona de Ondarroa en Bizkaia pero originaria de Lekeitio. En sus cartas personales usaba los nombres de Ennekus (Eneko, “mío” bautizado así en honor a San Enecón, Abad de Oña) y las latinizadas de Ynego e Iñigo. “Ignactius” se documenta por primera vez cuando a los 44 años recibe el título de Maestro (Doctor) en Artes (Humanidades, Filosofía y Teología) por la Sorbona de París. Ignacio es el nombre de un santo de Antioquia (Turquía), nombre que Eneko tomó al entrar en el ministerio eclesial (la voz “Iñaki” es una relectura de Sabino Arana en el s. XIX). Se cambia de nombre según era costumbre al tomar los hábitos y como él mismo explica «por ser más común a las otras naciones» o «por ser más universal», pero sólo lo usará cuando escriba en latín o italiano.

Eneko nació por tanto en Gipuzkoa, territorio invadido por Castilla al reino baskón de Nabarra en el año 1200 en el que estaba integrado desde su génesis en los siglos VIII-IX. La invasión castellana de la Nabarra Occidental (período prolongado de avances y retrocesos entre los siglos XI al XV), trajo fuertes problemas sociales al tener que dividir los ancestrales pastos comunales entre dos Estados, se llamará "la frontera de malhechores"; las familias más poderosas se dividieron entre los favorables a Castilla encabezados por los Oñaz que medraron en su Corte y los partidarios de volver a su Estado original encabezados por los Ganboa.

La poderosa familia de Azpeitia de los Oñaz era la más perjudicada por la invasión castellana al tener intereses en Urbasa, en la Burunda, en el Goierri gipuzkoano y en los pastos comunales de Aralar, tierras a caballo entre la Nabarra conquistada y la Nabarra libre. Se creó entonces “La Hermandad de frontera” para poner paz entre hermanos, que también se denominó “Hermandad de los Hipuzcoanos e de los Navarros”, será el germen de la actual provincia de Gipuzkoa con tres tenencias invadidas a Nabarra.

Antes de convertirse en Ignacio, el joven Eneko era un hombre de armas de esta aguerrida familia banderiza de los Oñaz para lo cual fue educado y con la que participó a lo largo de su vida en diferentes escaramuzas contras sus enemigos los ganboínos, llegando incluso a ser juzgado tras una emboscada a unos clérigos de la que se libró gracias a las influencias de su familia. En su vida de soldado al servicio de la Corte española, Eneko participó en un lamentable hecho del que salió muy mal parado pero que cambió radicalmente su vida.

La madre de Eneko mandó a su hijo adolescente de 16 años con el Contador Mayor de Castilla y Consejero Real de los Reyes Católicos, Juan Velázquez de Cuéllar, a petición de éste que lo ahijó y del que fue su paje. El propio Eneko escribió mucho después que esos años los pasó «dado a las vanidades del mundo y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas con un grande y vano deseo de ganar honra»; además, se aficionó en esta larga estancia en Arévalo y Valladolid a los duelos, al juego y a las mujeres. También se convirtió Eneko en tierras castellanas en un buen escribano, cultivó la literatura, la música y el Arte, lo que le servirá en la segunda etapa de su vida. Al morir en 1518 Juan Velázquez, Eneko pasó a servir a su pariente el duque de Nájera, el Antonio Manrique de Lara, el virrey colonial impuesto por Fernando de Aragón “el Falsario” al reino de Nabarra que acababa de invadir en 1512, pero que seguía alzado en armas por su libertad.

Fernando de Aragón “el Falsario” era rey de Castilla tras la muerte de su mujer Isabel “la Católica” en 1504 y tras encerrar a su hija Juana “la Loca” en un convento, se intitula rey de “las Españas” desde la toma de Granada en 1492. El 25 de julio de 1512 las tropas imperiales de Fernando, comandadas por el Duque de Alba, invadieron a sangre y fuego el reino de Nabarra desde la Burunda sin previa declaración de guerra. Los reyes de Nabarra Juan y Catalina, así como su hijo Enrique de Albret o Labrit “el Sangüesino”, tuvieron que huir de Nabarra en una primera instancia ante la sorpresa, pero desde su Estado de Beárn intentaron recuperar el reino baskón varias veces.

Muerto Fernando de Aragón en 1516, el aguerrido Eneko participó con el ejército imperial contra el alzamiento del pueblo castellano por su libertad en la “Guerra de los Comuneros” ante el emperador Carlos V de Alemania, al que no aceptaban como a su nuevo rey por ser extranjero, y destacó en la pacificación de Nájera (La Rioja), así como de Gipuzkoa en el año 1520. Un año después Eneko estuvo presente en el intento más importante de liberar Nabarra.

En mayo de 1521, el rey de Nabarra Enrique II “el sangüesino” recompuso su tropa de 12.000 infantes, como era natural en el reino nabarro, los reclutamientos se hacían a “la voz del apellido”. La mayoría del ejército la componían, bearneses, gascones (de los diversos territorios del rey) y bajo navarros, además de franceses, comandados por el mariscal Asparros (Andrés de Foix, pariente cercano de Enrique).

Durante la toma de Pamplona por las tropas nabarras, el 22 de mayo de 1521 (lunes de Pentecostés), los últimos soldados imperiales con su alcaide el capitán Herrera se acantonaron en el castillo de Santiago que las tropas nabarras de liberación bombardearon. Se encontraba el castillo donde hoy la Diputación y fue mandado construir por el propio Fernando de Aragón en 1512, por miedo a que la población se alzase contra él. Eneko López de Loiola era para entonces capitán de las tropas castellanas y fue herido durante el bombardeo, rompiéndole una bala de cañón una de sus piernas e hiriéndole en la otra -tras un asedio que duró de 6 a 12 horas-, mientras intentaba mantener para la corona de “las España” la conquistada Pamplona-Iruñea contra la voluntad de los naturales. 3 ó 4 días después cayó el castillo pamplonés en manos de los lealistas nabarros. En sendos textos de 1521, las ciudades de Pamplona y Tudela celebraron su liberación de las tropas extranjeras españolas ocupantes con palabras tan elocuentes como: “la salvación que de la cautividad de la servidumbre en que nosotros y todo el reino de Nabarra habíamos caído, nos ha restaurado en nuestra antigua franqueza y libertad”.

Previamente a ser herido, Eneko mandó bombardear la ciudad de Pamplona y a sus habitantes desde el castillo, razón por la cual la población civil de Iruñea intentó lincharlo tras su captura. El encargado de custodiarlo y llevarlo luego hasta la casa familiar de Loiola fue Esteban de Zuasti, pese a ser parte de la tropa Nabarra de liberación. Convertido ya en San Ignacio de Loiola, cuenta –extrañamente- con una escultura de “la ciudad de Pamplona en su recuerdo” desde 1950.

Eneko volvió a su torre en Loiola en Azpeitia, donde la recuperación fue larga y dolorosa e incluso tuvieron que intervenirle por segunda vez cortándole la pierna, quedando cojo de por vida. Leyó durante su convalecencia libros como la “Vida de Cristo” del cartujo Ludolfo de Sajonia y el “Año Cristiano” o la vida del santo del día. Como dice el propio Eneko en su autobiografía (Fuente: Wikipedia):

“Y cobrada no poco lumbre de aquesta leción, comenzó a pensar más de veras en su vida pasada, y en quánta necesidad tenía de hacer penitencia della. Y aquí se le ofrecían los deseos de imitar los santos, no mirando más circunstancias que prometerse así con la gracia de Dios de hacerlo como ellos lo habían hecho. Mas todo lo que deseaba de hacer, luego como sanase, era la ida de Hierusalem, como arriba es dicho, con tantas disciplinas y tantas abstinencias, cuantas un ánimo generoso, encendido de Dios, suele desear hacer”.

La situación del pueblo llano de la Nabarra Occidental y de las villas era muy diferente a la Eneko López de Loiola, mercenario cabecilla banderizo procastellano. Castilla reforzó la Nabarra conquistada creando villas a lo largo de la nueva frontera sobre poblaciones nabarras ya existentes como las de Segura (1256), Ordizia (1256) o la de Tolosa (1256), así hasta que en el año 1310 el rey de Castilla Fernando IV mandó fundar la villa de Garmendia de Iraurgui -después Salvatierra de Iraurgi-, la actual Azpeitia, valle donde se fundó poco después la villa de Azkoitia (1324).

Fueros de villa que en realidad sólo conceden derechos de carácter económico y obligaciones de fortificación y defensa a una población preexistente, donde se incluyen las “levas” de soldados y recaudaciones forzosas para las diferentes guerras imperialistas de los castellanos y después de los españoles.

La situación del pueblo nabarro occidental durante la guerra entre 1512-1524 y su posicionamiento en esta invasión, era muy comprometida. Víctor Herrero lo relata así en su trabajo “La participación de Gipuzkoa en la conquista de Navarra: El ejemplo de las villas de Azkoitia y Azpeitia (1516-1524)”: “El contacto geográfico entre el reino (de Nabarra) y la provincia (Gizpuzkoa) fue utilizado por la monarquía castellana para incidir en la conquista del reino. (…) Observamos, a través de esta documentación contable, cómo fue esa participación. Se envían cartas a las Juntas Generales de la provincia pidiendo que se preparen un número determinado de hombres y esta última, a su vez, solicita a cada una de las villas el levantamiento de los mismos (…) No obstante, es cierto que estos llamamientos no son voluntarios, el alistamiento es una imposición del gobierno de la villa a petición del gobierno de la provincia” (bajo amenaza de enajenar todos sus bienes y de dar con sus huesos en prisión).

Las villas de cada provincia adelantaban el dinero de las soldadas y otras veces las Juntas Generales, después intentaban recuperarlo de las arcas reales sin mucho éxito al parecer, lo que las dejó económicamente muy mal paradas. Pese a todo, Tarsicio de Azcona demostró que Gipuzkoa fue en esta conquista sobre todo un gran centro de aprovisionamiento y logística, no así de soldados (en realidad labriegos, artesanos y comerciantes), gracias a los documentos encontrados en el Archivo de Simancas.

Cuando se recuperó de sus heridas, Eneko López de Loiola abandonó toda su vida anterior de soldado, comenzó su peregrinaje a Arantzazu, Montserrat y Manresa. En esta última localidad catalana escribió en los 10 meses que pasó meditando en una cueva sus “Ejercicios Espirituales”. Luego siguió su peregrinación hasta llegar a Jerusalén.

Se convirtió en Ignacio y tomó los hábitos el 25 de junio de 1537, creó la Compañía de Jesús en 1540, de la que será su “primer general”. Llegó a ser profesor en la universidad de la Sorbona de París del joven Francés de Jaso (Francisco de Xabierr, como él firmaba al hacerse jesuita, 1506-1552), que Ignacio quiso que le sucediera -sin éxito- al frente de la Compañía de Jesús, cuyos hermanos mayores Miguel y Juan de Jaso y Azpilikueta fueron unos de los grandes héroes defensores de la libertad de Nabarra defendiendo el castillo de Amaiur (1522) y después el de Hondarrabia (1524) tras mandar Fernando de Aragón destruir su castillo familiar de Xabier.