CUATRO VICTORIAS HISTÓRICAS POR NUESTRA LIBERTAD

CUATRO VICTORIAS HISTÓRICAS POR NUESTRA LIBERTAD
Aitzol Altuna Enzunza

En el siglo VIII los baskones teníamos dos grandes enemigos, el califato de damasco y el reino de los francos, uno al sur y otro al norte, pero los derrotamos dos veces a cada uno, lo cual marcó la frontera de nuestro territorio e hizo que pudiéramos vivir en libertad, es decir, gobernándonos a nosotros mismos y construyendo nuestro reino o Estado de Nabarra. Gracias a estas victorias militares frente al imperialismo y la construcción de nuestro Estado, hoy existimos como nación entre las naciones del mundo.

Se alzaba independiente el ducado de Baskonia desde el siglo VII, tal y como comentaban la crónicas francas: “Entonces (año 660) surgió un individuo, llamado Lupus (Otsoa), (…) nobilísimo e ilustre patricio de la ciudad de Toulouse, que extendía su principado sobre todas la ciudades hasta los montes Pirineos y sobre la raza perversa de los wascones” (Liber ex Miraculis S. Martialis «Monumenta Germaniae Historica, Scriptorum» s. VIII-IX). Al menos desde esta fecha, la capital baskona será Toulouse sobre el río Garona, de donde los francos habrían expulsado junto a los baskones a los visigodos tras la Batalla de Vouillé en el año 507.

Los musulmanes entraron por el sur en Europa en el año 711, en tres años desapareció el débil reino visigodo de la península ibérica casi por completo, y llegaron las huestes sarracenas a las puertas del ducado de Baskonia. El historiador musulmán Ibn Adhari sobre lo acontecido en el año 714 comentaba: “Muza conquistó el territorio de los baskones y penetró hacia el interior de sus tierras, hasta que se encontró con un Pueblo que se asemeja a las bestias”. Los musulmanes querían hacerse con toda Europa y siguieron hacia el norte atravesando los Pirineos por los dos extremos.

El imparable ejército musulmán que había conquistado desde Oriente Medio todo el norte de África, se abalanzaba inexorable contra la Europa cristiana. El caudillo militar As-Samh, enviado por el califa de Damasco Sulaimán, cruzó los Pirineos en el año 719 por el Este tomando Narbona, el último reducto godo en el continente. Desde Narbona en el año 721, As-Samh intentó conquistar el ducado de Baskonia y sitió la gran ciudad amurallada de Carcasona que se interponía, pero sin éxito, por lo que siguió hacia Toulouse. Según comenta el catedrático en historia y derecho José Luis Orella Unzué en “Historia de Euskal Herria”: “Había que hacer frente a los árabes de As-Samh que se dirigían hacia Toulouse a la que sitiaron. Eudón se encontraba en Burdeos reunido con su ejército de vascones y aquitanos y presentó batalla delante de la villa en el lugar denominado por los árabes El Balat”. La capital del ducado de Baskonia fue sitiada durante dos meses, lo que dio tiempo a reaccionar al príncipe baskón Eudón “el Grande”. La batalla tuvo lugar el 9 de junio del año 721 y será conocida como la “Batalla de Tolouse”, donde la vitoria fue total para el príncipe de Baskonia con su ejército. Eudón era príncipe soberano que no rendía vasallaje a ningún otro rey tal y como parece en Liber Pontificalis, las biografías pontificales coetáneas a los hechos:

“(…) Eudón; príncipe de Aquitania los envolvió, les hizo pedazos y les mató en un solo día, según la relación que envió al papa, trescientos setenta mil hombres, no perdieron ellos más de mil quinientos, que permanecieron sobre el lugar, habiendo distribuido antes del combate pequeñas porciones de sus tres esponjas venditas, que el papa (Gregorio II) le había enviados recientemente, y que el mismo Eudón había hecho repartir entre sus soldados quedando invulnerables a la muerte y heridas aquellos que las poseían”. El título de príncipe es el mismo que el pontificado daba por ejemplo a los reyes visigodos.

La derrota fue muy importante pues los musulmanes se retiraron y tardaron once años en rehacerse, sin embargo se posicionaron en Septimania (la región oriental de Narbona, hoy Rosellón-Foix), así como en la ribera del Ebro, rodeando por el Sur y el Este al ducado de Baskonia. El príncipe Eudón pactó con el walí o caudillo musulmán-bereber Munuza (Otman ben Neza) para proteger sus posesiones orientales, casando a su hija Lampegia con Munuza, con ello aseguró su posición en la Cerdaña, la parte suroeste de Septimania situada a caballo entre los dos lados del Pirineo.

Pero las huestes de la media luna no cejaron. El califa de Damasco mandó otro poderoso ejército encabezado por el wali “Al Gafiki”, el cual atacó de nuevo en el año 732 el ducado baskón como primer paso en la conquista de toda Europa. Llegó el ejército musulmán a Iruña-Pamplona y pasó el Pirineo por Orreaga-Roncesvalles con la idea de tomar Burdeos, la segunda gran ciudad baskona tras Toulouse, ambas sobre el río Garona. El jefe de las tropas musulmanas Al Gafiki siguió hacia el norte y Eudón con su ejército fue derrotado en primera instancia por los musulmanes. Eudón pidió ayuda a su enemigo el mayordomo franco Carlos Martel. Eudón en el año 719 había entrado con su ejército en París aprovechando las guerras entre los dos reinos en que se dividieron los francos -neutrasianos y austrasianos-, llevándose el tesoro real y al mismísimo rey franco Chilperico II que la había pedido ayuda tras perder en Vichy en el 717 frente a Carlos Martel. El franco merovingio Carlos Martel o Martillo atacó a Eudón, al que persiguió por París y Orleans, firmando la paz en el año 720 por la que Eudón devolvió el tesoro regio y a Chilperico II, justo un año antes de la Batalla de Toulouse.

El 10 de octubre del año 732 baskones y francos se unieron por un gran enemigo común, y una nueva batalla contra las tropas del califa tuvo lugar a 20 kilómetros al nordeste de Poitiers, se llamará la “Batalla de Tours” en la historiografía europea. Las tropas musulmanas fueron definitivamente derrotadas y Al Gafiki murió en la contienda, retirándose el resto de su ejército a Narbona que habían recuperado tras apresar y asesinar al traidor Munuza y a la princesa baskona Lampegia. Un cronista coetáneo de esta batalla, Isidoro de Pacensis o de Beja (año 754), llamó “europeenses” a los francos y baskones de Carlos Martel y Eudón, es tras esta batalla cuando aparece la conciencia de dos culturas diferentes: la europea y la asiática (representada por los musulmanes). Esta batalla es conocida en las crónicas árabes como "ruta de los mártires”. Parte del ejército del califa Abderramán Abdalá I intentó regresar a Córdoba atravesando los Pirineos por su parte central, eligió para ello el valle del Ronkal donde fue exterminado por los baskones. Esta derrota supuso lo más lejos que llegaron en el continente europeo los musulmanes.

La historiografía imperialista atribuye muchas veces la victoria sólo a los francos o considera a Eudón súbdito de Carlos Martel. Eudón u Odón fue reconocido como rey, príncipe y duque internacionalmente y era llamado por el papa “príncipe romano”, lo cual en la Europa medieval, donde seguía la ficción de la continuidad del Imperio Romano y donde el papa determinaba qué reyes gobernaban los asuntos terrestres, era tanto como reconocer su soberanía. B. Estornés Lasa en su libro “Orígenes de los vascos” (1966) comenta además que el ducado baskón-akitano regentado por Eudón el Grande no uso otro nombre que el de Baskonia.

Después de esta batalla Carlos Martel atacó el territorio de Aquitania y Baskonia con grandes pillajes, y consiguió dar muerte a Eudón en el año 735, el cual fue enterrado en la isla aquitana de Ré, con ello logró vengarse de Eudón. Con Eudón el ducado de Baskonia llegó a su cima política, todo el territorio baskón estuvo unido bajo su poder soberano. La debilidad en la que quedó el ducado baskón tras su muerte, provocó la codicia franca que intentó conquistarlo una y otra vez. Así figura en las crónicas francas: Vasconias depredatur; Pampilonam capit; partem Vasconiae occupat;Vascones una expeditione vastavit; Vascones humiliavit; cum omni exercitu Vasconiae partes ingreditur; feroce Uvasconum gentes debellatutus aggreditur etc. (Adolf Schulten 1870-1960, historiador, filólogo y arqueólogo alemán).

Otro punto de inflexión en la caída del ducado de Baskonia fue el asesinato del duque aquitano-baskón Waifre en el año 768, otra vez a manos de los francos tras sobornar a su guardia personal. Quedó entonces separada Aquitania (entre los ríos Loira-Garona) de la Baskonia continental (Garona-Pirineos). Gobernó la Baskonia continental un duque en precaria independencia ante los francos y separado por primera vez de los aquitanos. Fue probablemente éste el momento en el que la Baskonia peninsular dejó de ser controlado por los príncipes baskones y cuando surgieron diferentes buruzagis entre los llamados “nauarri”, documentados desde el año 769, que eran los que realmente controlaban el territorio ante los asturianos (que pasarán por ser el último reducto “godo”) y los musulmanes. Según dejó escrito el biógrafo del rey franco Carlomagno de nombre Eginhard (770-840), el río Ebro nacía en “territorio de los nabarros”, por lo que bajo este nombre se denominaba a todos los baskones del sur de los Pirineos. Ese mismo año 769 Carlomagno o Karolus Magnus (reinó entre los años 768-800), construyó junto a Burdeos la fortaleza de “Franciacum”, frontera entre baskones y franco-aquitanos. Carlomagno era nieto de Carlos Martel, el cual se había autoproclamado rey comenzando una nueva dinastía que será conocida como “carolingia”.

Estos territorios del sur baskón que surgen como organizaciones independientes tras la muerte de Waifre, se empezaron a unir de nuevo tras derrotar a un ejército de unos 20.000 francos el 15 de agosto del 778 en la Primera Batalla de Orreaga-Roncesvalles. Según el historiador Jimeno Jurio, en esta batalla también participaron gentes de territorios hoy gipuzkoanos, baskones del norte, bearneses y gentes de Bigorre. Un importante contingente de un ejército ligero y veterano de cien mil guerras, habría derrotado a otro desconocedor del terreno y que venía de una campaña contra los musulmanes y el asedio a Zaragoza. El estímulo baskón pudo ser variado, destacando la venganza por la muerte de Waifre o la quema de Pamplona, pero ante todo, sería una batalla por mantener su independencia y parar el avance del Imperialismo franco.

La lucha contra los francos continuó con victorias y derrotas de los duques baskones hasta que en el 824 tuvo lugar la Segunda Batalla de Orreaga-Roncesvalles. El príncipe franco Pipinio era nieto de Carlomagno y había recibido en el año 814 un reducido reino de Aquitania de su padre Ludovico Pío con ciudades como Doué la Fontaine (región de Anjou), Ebreuil (región Auvernia, Allier), Angeac Charente (la única en Aquitania) y Chasseneuil (región de Poitou). Armó Pipinio un nuevo ejército al mando de los condes Eblo y Aznar con la intención de extender su dominio al ducado de Baskonia. Cruzaron los francos los Pirineos en el año 824 en una fecha sin determinar. Eblo y Aznar entraron en Pamplona sin aparentes dificultades, escarmentaron con la horca a muchos habitantes para evitar ser atacados por la retaguardia, nombraron abades y gobernantes fieles a los francos de nuevo. A la vuelta, recorrieron el mismo camino que Carlomagno, por Ibañeta y por Luzaide-Valcarlos. Eblo y Aznar fueron atacados y apresados donde antes fuera derrotado el ejército de Carlomagno.

En esta batalla destacó Eneko Aritza Ximeno de alrededor de cincuenta años, buruzagi asentado sobre los montes pirenaicos. Los baskones del sur se unieron bajo el caudillaje de Eneko que contaba con la ayuda de su hermano Garçea Ximenez -del que nacerá después la segunda dinastía pirenaica de reyes nabarros-, y que llegarán a dominar de nuevo y poco a poco toda Baskonia. Eneko Aritza se unió en la batalla con los Belasko, que hasta entonces se mostraban partidarios de una alianza con los carolingios y que dominarían la llanada alabesa, el corredor de la Sakana y Pamplona, así como probablemente el Aragón primigenio. El primer rey de Pamplona-Nabarra había formado una gran coalición con sus hermanastros musulmanes del sur baskón, los Banu Casi, antiguos terratenientes baskones desde época romana que se cambiaron de religión y que harán de tapón con el emir de Córdoba, lo que dio un respiro a los “nauarri”.

Eneko Aritza era hermano uterino de Muza, caudillo de los Banu Qasi. La madre de Eneko Aritza (cristiana y de nombre Oneka) enviudó y se casó con el Banu Qasi Fortun ben Fortún (nombre de él y de su primer hijo que denota su procedencia baskona), por lo que Eneko Aritza, primer rey de Pamplona, y Muza ben Muza, señor de los baskones ribereños, eran hermanos de madre. Cristianos y musulmanes baskones habitaban para entonces Pamplona-Iruñea, según la tumbas que aparecieron en la plaza del Castillo y tiradas a un vertedero por el ayuntamiento. Este «reino» musulmán formaba parte del autoproclamado emirato cordobés independiente de Damasco desde el año 756, y actuaba en la práctica como un reino independiente, por lo que Muza recibió el nombre en las crónicas asturianas del “Tercer rey de Hispania”. En el año 824 la protección de Muza a los baskones de Pamplona, hizo posible la consolidación del reino de Pamplona frente al expansionismo franco y musulmán. Estas dos victorias de los baskones frente a los francos lograron recomponer el Estado baskón que desde entonces será conocido como reino de Pamplona-Nabarra. Eneko Aritza habría sido coronado, según la tradición, en el valle del Ronkal.

En todos estos siglos los baskones fuimos independientes gracias a la resistencia al imperialismo godo, musulmán y sobre todo franco. Logramos controlar el territorio baskón y tuvimos una familia real que unificó el poder en un gobierno durante 1000 años de historia de libertad (años 600-1620) y más de 40 jefes de Estado. No existe constancia documental de suceso bélico alguno interno entre vascos o baskones entre el año 476 de la Caída del Imperio Romano Occidental y el año 824, año de la creación comúnmente aceptada del reino de Pamplona-Nabarra sobre el ducado de Baskonia. En sus orígenes, Nabarra era un reino geográficamente horizontal y vertebrado por los Pirineos, por lo que una conciencia nacional y un interés común en la defensa del territorio, riquezas y gentes frente a diferentes invasiones, debieron de ser las razones que nos llevaron a todos los baskones a aunar esfuerzos y crear el Estado baskón de Nabarra.

Para poder elegir como día de la nación baskona entre estas grandes cuatro glorias patrias que marcan un punto de inflexión y que aseguraron nuestra existencia hasta el presente, decía el político y lingüista Federico Krutwig Sagredo en el año 1978: "Euskalherriaren garhaipen historiko bat hospatzen den egun batetan finkatu behar lizateke. Neure aburuz hunelako fetxa historikoa Euskalherrian, Orstaroaren (abuztuaren) 15a izan da, noiz euskaldunek Frantziaren harmada Orreagan suntsitu bait zuten. Euskaldunen viktoria hau mundu osoan ezagutzen da" (Se tiene que fijar en un día que se celebre una victoria histórica para Euskal Herria. Para mí que esa fecha histórica en Euskal Herria, ha sido el 15 de agosto, cuando los euskaldunes derrotaron a la armada francesa en Orreaga. Esta victoria de los euskaldunes es conocida en todo el mundo).

Así es como la victoria baskona del 15 de agosto del año 778 ha pasado a los anales como una de las grandes batallas de la historia de la humanidad, y ha sido el punto de inflexión al imperialismo que ha permitido a numerosas naciones europeas sobrevivir a la Edad Media y llegar hasta el presente. Numerosos cantares de gesta o épicos narran esta batalla y llegaron a su cumbre con la “Chanson de Roland” en el siglo XI, primer libro en romance de toda Europa. Pero hubo versiones de la batalla en poemas de los Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Alemania, Gales o Castilla, lo que da muestra del eco que tuvo la derrota franca en todo el medievo europeo y mundial.

Decía el ilustre historiador nafarzale Juan Iturralde y Suit (1840-1909) que “un Pueblo que a sí mismo se ignora, es como si no existiera”. Este 15 de Agosto a este Pueblo no le puede ocurrir precisamente eso, que ignore qué ocurrió en esa fecha en el año 778 o que ignore estas cuatro grandes batallas donde los baskones salimos victoriosos de los imperialistas que intentaban, como lo hacen hoy, la total aniquilación de nuestra historia, nuestra lengua, nuestras costumbres…en fin, la total aniquilación de nuestra nación o Pueblo.