LA HUELLA DEL EUSKERA EN EL CASTELLANO

LA HUELLA DEL EUSKERA EN EL CASTELLANO
Aitzol Altuna Enzunza


Claudio Sánchez Albornoz (Madrid 1893-Ávila 1983), catedrático de historia en las universidades de Madrid, Barcelona y Buenos Aires, así como presidente en el exilio de la Segunda República española, creía que: "el Reino de Navarra desde sus comienzos en el siglo X usó promiscuamente dos lenguas habladas: el vasco y el romance navarro, afín al castellano". También afirmó en su libro histórico-político con el significativo título de “Vasconia o la España sin romanizar” que “el pueblo castellano nació de la matriz vasco-cantábrica. No soy el primero en lanzar la idea de la acción Vasconizante-castellana”.

Efectivamente, ya había hablado de esta cuestión entre otros Ramón Menéndez Pidal (La Coruña 1869 – Madrid 1968), filólogo e historiador español más prestigioso del siglo XX, presidente de la Real Academia de la Historia y estudioso del origen del castellano, el cual sostenía "el incuestionable substrato vasco del idioma castellano". Menéndez Pidal al estudiar los "Orígenes del español" defendió que “Castilla había metido una cuña vasca en Hispania”, aludía al idioma castellano que había nacido dentro del territorio baskón del reino de Nabarra y por tanto tenía una innegable influencia del euskera o lingua navarrorum como vamos a ver.

Estas afirmaciones de estos grandes popes del idioma español y de España, tienen gran parte de verdad, pero son un poco exagerados en cuanto al uso de los idiomas romances en Nabarra. En las zonas menos romanizadas sería del euskera el único idioma, la mayoría de Baskonia fuera de las grandes villas gasconas y francas (siglos XII-XV sobre todo), zonas de frontera y el Sur musulmán donde nunca se perdió el euskera. Como bien decía el historiador artajonés Jimeno Jurio en su libro “El euskera en Navarra”: el romance nabarro no parece popularizado durante la Edad Media, salvo en la Ribera nabarra y en algunas zonas de La Rioja, es decir en las comarcas fronterizas. En otros lugares de la periferia del reino de Nabarra se popularizaron otros romances, como es el caso del gascón, a los que habría que añadir los territorios del reino nabarro que serán la cuna del castellano como hemos visto en otro artículo (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/07/el-origen-nabarro-del-romance-castellano.html).

Por consiguiente, tal y como lo aseveran Sánchez Albornoz y Menéndez Pidal entre otros muchos, el castellano nació en tierras nabarras de Castilla Vieja-Bureba-Valdegobía-Trasmiera sobre un substrato vasco-autrigón que se estructurará administrativa y eclesialmente dentro de la diócesis netamente euskaldún de Valpuesta (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/06/el-origen-del-castellano-en-valpuesta-y.html).

El romance nabarro (con sus variantes riojana y aragonesa), el gascón (con sus variantes aranesa y bearnesa) y el castellano, son todos ellos romances creados dentro del reino de Nabarra en sus zonas periféricas por el contacto y luchas fronterizas o territoriales con otros reinos donde se hablaba algún dialecto del latín o incluso para entonces algún idioma romance, lo que hizo necesarios estos idiomas intermedios con el euskera para poder entenderse de cara a mercadear y relacionarse a modo de pidgin o lengua franca. Por ejemplo, “El cantar del mío Cid” es el poema épico peninsular más antiguo ya que se conserva una copia del año 1307 firmada por Per Abbat, pero no está en castellano sino en romance nabarro, tal y como demostró el experto Antonio Ubieta Arteta. Es más normal de lo que parece, pues se escribe en la zona fronteriza conquistada a Nabarra por Alfonso VII de Castilla en 1134 donde siguió hablándose este romance que muchas veces se ha confundido con el castellano por su parecido o afinidad como decía Sánchez Albornoz.

Las primera palabras en castellano se consideran hasta ahora las halladas en las glosas emilianenses allá por el siglo X, al ser ratificadas como tales por Ramón Menéndez Pidal. En las mismas glosas, a sus márgenes y a modo de aclaración, el mismo fraile habría escrito las primeras frases en euskara: "güec ajutu ez dugu" y "izioqui dugu" (“nosotros no hemos ayudado” y “hemos merecido” o quizás “hemos encendido”, no está claro), X siglos después de los cientos de palabras escritas en euskara en las estelas de época romana por todo el territorio de Baskonia (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/01/las-primeras-palabras-en-euskera.html).

Estas glosas fueron escritas en San Millán de la Cogolla en la actual Rioja sobre el año 942, monasterio fundado por el rey nabarro Sancho I Garcés pocos años antes (“Donemiliaga Kukulakoa” en euskara en relación a la “kukuila” o capa que usaban los monjes), cuando en esas tierras se conservaba también el euskara y pertenecía a la corona de Nabarra no al condado leonés de Castilla. Según describe en su libro “Sancho III el Mayor” el ex catedrático en historia José Luis Orella Unzué: “El monasterio de San Millán de la Cogolla en el que hacia el año 950 en un manuscrito latino de su escritorio un amanuense incorporó unas anotaciones de las hablas vernáculas de la región, la lengua navarra romance y el euskera”, son las primeras glosas en romance nabarro y no en castellano. San Millán de la Cogolla era el monasterio más relevante de la península en los siglos X-XI. A modo de anécdota, añadiremos que los reyes nabarros utilizaron el romance castellano como lengua para sus escrituras oficiales 60 años antes que lo hicieran los propios condes castellanos que usaban el latín.

Al ser el núcleo del castellano gente euskaldún y por tanto bilingüe, hizo que el idioma nabarro transmitiera al castellano profundos elementos que lo hará distanciarse de otros romances que se fueron creando en toda Europa occidental en aquellos siglos. Este tipo de préstamos son los llamados por los lingüistas como “préstamos areales”, son los que se producen por la concurrencia de diferentes idiomas en un mismo espacio, ello no significa que el castellano venga del euskera, sino que el haber nacido sobre gente euskaldun dejó su impronta en él, aunque no tan importante como en el romance gascón, donde el euskera es determinante, o en el romance nabarro-aragonés, hoy casi desaparecido y reducido a puntos muy concretos de la montaña aragonesa. Así es como algunos elementos considerados específicos del castellano, en realidad son cuñas del euskera en el idioma castellano como dijo Menéndez Pidal.

La constatación de esta realidad es incluso anterior al siglo XIX. Así lo decía el Padre Fita en el “Boletín de la Real Academia de la Historia” española en el año 1881: “…El idioma vasco ha transmitido al habla de Castilla la claridad y limpieza de sus vocales; y es radical importante de la española…”.

Miguel Thomson en el blog amaatta comentaba: “Sobre la relación del español con el vasco, llama la atención la coincidencia en la pobreza vocálica, con solo 5 vocales, mientras que otras lenguas romances son más ricas en su repertorio vocálico, excepto el sardo que también tiene 5 vocales.
Otra característica que me parece coincidente es la estructura de algunas formas verbales del castellano medieval. La complejidad del vasco está sobre todo en la conjugación verbal, que incorpora marcadores no solo para el sujeto, sino también para el complemento directo, el indirecto e incluso el interlocutor. En este sentido, en el castellano medieval hay formas verbales que recuerdan a las vascas. Por ejemplo, hoy decimos “se los llevaré”, pero, según los primeros textos medievales, la conjugación original del castellano era “llevárselos he”, que incorpora el complemento directo y el indirecto en medio de la forma verbal, como en vasco (eramango dizkiot)”.

La aportación vocálica del euskera al castellano es algo comúnmente aceptado, así lo recoge por ejemplo la Wikipedia: “En el latín clásico hay diez fonemas vocálicos, cinco son vocales breves /a, e, i, o, u/ y cinco vocales largas /ā, ē, ī, ō, ū/. Aunque la escritura latina es defectiva ya que no distinguía las breves de las largas. Todas ellas se representaban usualmente sólo mediante los cinco signos que para este fin tenía el alfabeto de las colonias griegas de Italia: A(a), E(e), I(i), O(o), V(u) (los signos del griego para las vocales largas η y ω sencillamente no fueron usados para representar vocales). Ocasionalmente durante el imperio algunos textos marcaron algunas de las vocales largas con á, é, í, ó, ú”.

Incluso en algunas consonantes del castellano está presente el euskera, como el caso de la “h”. El filólogo gipuzkoano Koldo Mitxelena (1961-1962) demostró en su trabajo “Los nombres indígenas de la inscripción de Lerga” que el uso frecuente de la “h” sería indicador del euskera, como en la lápida de época romana encontrada en esa población de Alta Nabarra (baskones): Umme Sahar fi[lius] Narhungesi Abisunhari filio. Anno XXX (Hijo mayor, hijo de Narhunges, hijo de Abizunhar)”. Luis Nuñez Astrain en el libro “El euskera arcaico” comentaba al respecto que: “Es muy característica del euskera arcaico la existencia de la h (signo de aspiración), porque no existía en ninguno de los idiomas circundantes (idiomas celtas e íbero), lo cual facilita grandemente la identificación de una palabra arcaica como vasca”. En la Reja de San Millán de la Cogolla del año 1025 (La Rioja y dentro del reino de Nabarra), en la lista de los nombres de pueblos alaveses facilita, aparece la “h” aspirada de forma muy generalizada, por tanto estaba aún viva en el occidente nabarro en el siglo XI y se puede seguir su pista durante varios siglos más.

Ramón Menéndez Pidal en el libro “Del elemento vasco en la lengua española” comenta sobre la “h”: “En mi colección de Documentos Lingüísticos, fuera de la Rioja y del Norte de Castilla, no veo ejemplos de h, hasta fin del siglo XIV, ni aun en la parte Sur de Burgos, a pesar que de aquí, como de Toledo, reuní muchos más documentos que de ninguna otra región. Los casos que aparecen en otras partes de Castilla son tardíos y pocos: Henares en año de 1398, y hazer, hazerse, hebrero en Andalucía, año 1492. Creo que esta comparación cronológica y geográfica es bastante expresiva para señalarnos como punto originario de la h las regiones limítrofes al País Vasco”.

Pero hay otras aportaciones más del euskera al castellano, algunas consideradas como “exclusivas” del castellano que no lo son. Julio Ortega Galindo en su texto "Orígenes y naturaleza de Vizcaya", dice: "En el castellano se observan huellas fonéticas indudables de que quienes lo comenzaron a hablar o eran vascos o convivían íntimamente con ellos”:

El sonido de la b y de la v se mezclaron dando lugar a un solo fonema /b/. Es muy conocida la frase de Julio César que exclamó: "Beati Hispani quibus vivere bibere est" (Benditos los hispanos para los que vivir es beber).

La aparición eventual de una vocal protética delante de /r/ inicial. La introducción de la r como fonema ápico-alveolar vibrante múltiple /rr/. Este fenómeno se documenta con claridad en castellano antiguo (así ‘arredondo’ por ‘redondo’), aunque ha dejado algunos rastros en el actual (arrepentirse cast. ant. ‘repentirse’ lat. ‘repaenitere’; ‘arruga’ lat. ‘ruga’).

La consonante f en principio de palabra fue aspirada, transformándose posteriormente en una h muda (fierro>hierro).

Los sonidos palatales de ñ y ll.

Sin embargo el número de palabras en euskera que pasaron al castellano es más bien bajo, quizás por la pronta expansión de Castilla hacia territorios musulmanes y la invasión de toda la Nabarra Occidental entre los siglos XI-XII, lo que hizo que la comarca perdiera su importancia fronteriza y el castellano se impusiera definitivamente al euskera al ser la lengua administrativa y del poder.

Según el DRAE hay noventa y cinco (95) palabras en el castellano actual que vienen del euskera frente a las 4.000 del árabe por ejemplo. Palabras tomadas por el castellano del euskara son: ama (de casa, de cría, de llaves), bayoneta (de Baiona donde se hacían), alud (de “lurte”, según la RAE), alpargata, angula (aunque a su vez viene del latín “anguila”), aquelarre, ascua, ayo, bizarro, boina, zurrón, cachorro, cartolas, cazurro, cencerro, cinzaya, chirula, cococha, chabola, chaparro, chaparrón, charro (“aldeano” en Salamanca del euskera “txar” según la RAE), chatarra, chispear, chiquito, chirimbolo, chirimiri, chistera, chistorra, gabarra, ganzua, guiri (de “guiristino” o cristinos: soldados de María Cristina que venían a luchar contras los carlistas vascos), izquierda, laya, mochila (de mochil, según la RAE de motil-mutil), morcilla-morcón, órdago, pilpil (onomatopeya de la ebullición), pizarra, soca-tira, socarrón, zamarra, zurra (paliza), zurriaga(zo). Además de otras de origen probable vasco como ciénaga, socarrar, arroyo y algunas más. Otras son modernas como: ertzaintza, abertzale, zulo, lehendakari etc.