ORÍGENES DE LA INDUSTRIA FERRONA EN LA NABARRA MARÍTIMA


ORÍGENES DE LA INDUSTRIA FERRONA EN NABARRA MARÍTIMA
Aitzol Altuna Enzunza


El tenente era el administrador y protector militar del territorio a su cargo en nombre del rey de Nabarra, pero también se encargaba de la recaudación de impuestos, controlaba las infraestructuras de puentes y caminos, construía torres o castillos y poseía lagares, molinos o ferrerías.

Estas ferrerías y molinos eran vitales para la supervivencia de los nabarros de Bizkaia y Gipuzkoa interior, al estar alejados de las actividades marinas y al ser estas tierras malas para los grandes cultivos, siendo esta actividad protoindustrial precursora ancestral de nuestra industria siderúrgica, así como una buena alternativa a la actividad pastoril y una fuente de excedentes para comerciar y adquirir aquellos alimentos escasos en la región: desde el vino, trigo y demás productos agrícolas del interior del reino, hasta el pescado de la costa Nabarra.

- El molino manual aparece en la historia de la humanidad hace 5.000 años. El rotativo de sangre o de fuerza animal al menos en el siglo V a.C. y luego vino el molino romano.
Los molinos de agua o hidráulicos (de aceñas o de rodete, según fueran las ruedas de las aspas verticales u horizontales) son introducidos en el siglo VIII en Tudela por los musulmanes, llegando poco después al reino de Pamplona-Nabarra, así en el siglo IX a Alaba y en el X-XI a Gipuzkoa y Bizkaia.

- Las ferrerías de viento o de monte, “haizeolak”, aparecen en el País Vasco en el siglo VI a.C., en plena Edad de Hierro, mejoradas sensiblemente en época romana, según los yacimientos arqueológicos de ferrerías de esta época como la de Forua (Bizkaia) y las ancestrales minas de hierro de las que ya hablaban los propios romanos, como la de Triano en Gallarta (Bizkaia).

Pero estas haizeolas son tremendamente abudantes desde la Alta Edad Media en el “saltus vasconum” o baskonia boscosa, situadas en zonas apartadas que han permitido su supervivencia, aunque muy mal conservadas entre la maleza. Se usaron desde la caída del Imperio romano hasta el siglo XIII, pero incluso hasta el XVI y en zonas de Gipuzkoa hasta el XVII.

Eran construcciones de piedra de 4-5 metros de altura, se hallaban estas explotaciones en zonas de monte conocidas como “egurbides” (caminos de leña), por tanto en bosques para aprovisionarse de maderas que quemaban con profusión, siempre cerca de pequeños riachuelos de monte y cerca también de las metas de hierro.
La técnica era bastante precaria en su resultado, pues en las paredes interiores rellenas de arcilla de los hornos, quedaban impregnados restos del preciado metal y las escorias contenían todavía gran cantidad del mismo.

Eran muy parecidas físicamente las haizeolas a los caleros comunales de los barrios en “auzolan” o a los individuales de algunos caseríos que se usan incluso hoy en día, por tanto siempre cerca de poblaciones. En los caleros, el interior estaba reforzado con la propia piedra caliza (sin tierra) y los restos son de este material y no de escorias de hierro.

En el Cartulario de San Millán de la Cogolla se habla de la primera exportación del hierro de Bizkaia, en una donación de “Arroncio” en el 871 a la iglesia alabesa de Ocoizta (Acosta). Se tiene constancia escrita que a finales del siglo IX en Alaba había una “industria siderúrgica” y que durante el siglo X se exportaba mineral de hierro desde el puerto de Uhart (río Galindo, Bizkaia).
En el fuero nabarro de San Sebastián del siglo XII, se trataron por primera vez los derechos del “fierro”.

El estudio finalizado en el 2008 y realizado un grupo de arqueólogos y aficionados encabezados por el geólogo galdakoztarra Xabier Orue-Etxebarria sobre estas ferrerías de monte, ha sido el primero en toda Europa. Ahora se sabe que desde el siglo IX-X en adelante las haizeolas eran muy abundantes en Galdakano-Bedia donde se ha llevado a cabo este estudio , lo cual es extensible al resto del territorio bizkaino y baskonico montuoso. Se sospechaba o se sabía de su existencia por documentos, pero nunca habían aparecido sus restos en ninguna cata arqueológica europea y muchas “haizeolas” se confundía con caleros, de ahí la importancia de este primer estudio.
La rica toponimia terminada en “-ola” (“ferrería” ) de Galdakano y Bedia, en muchos casos sin relación con ferrerías hasta hoy conocidas y por tanto muy antigua, nos da una idea de su abundancia pasada, en especial en “mehatzeta” (“comarca de minas”, Usansolo), topónimo que denota a su vez una explotación minera antigua en la comarca. En Bedia hay enormes cuevas de este período fruto de extracciones mineras. En total, se habrían encontrado más de 35 haizeolas, en lo que sería sólo una primera aproximación. Una lista de estas primeras haizeolas y topónimos registrados serían:
Azuola en el barrio Agirre, Olazarreta en el barrio Goikoetxe, en barrio Olabarri, en barrio Olabarrieta, en Olarragane y Olabarrena en Erletxeta; Artola y Jaurola en el barrio Artola; Padrola o Padarrola y Lupaola en Gumuzio; Udaoleta en Kortederra; Olea, Oleta y Oletatxu en Torrezabal, Olaetxe en Usansolo-centro; Olangoiturri, Olagoiti y Olagorreta en Arteta; Azaola, Gomenzola y Olakolanda en Lekubaso. Otras: Ludaola, Arretzola, Olabaso, Olabeaga, Olagorta, Olaguren, Olarretaxu, Olatxueta etc.

Las ferrerías de aire más antiguas y las más interesantes entre las estudiadas, son las de Gomentola (o Komentola) y Asabola, en las faldas meridionales del monte Otzagari, comarca de Lekubaso-Mehatzeta (Usansolo), donde está la casa torre de Isasi-Goikoa (aunque abandonada y semiderruida), y otra tercera cercana al puente de Torrezabal (Zuazo), en la margen izquierda del Ibaizabal, reestructurada después como ferrería hidráulica, controladas por tanto por dos de las familias más importantes de Galdakano bajo el reino nabarro a finales del siglo XII.

Es precisamente en ese siglo XII cuando aparece en Italia la ferrería hidráulica como una pequeña empresa, llegando poco después al País Vasco. Su uso se disparó a partir de los siglos XIII-XIV y era muy normal que estuvieran junto a la casa-torre de los rico-hombres de Bizkaia.
Un historiador dejó escrito "no hay en Bizkaia riachuelo o arroyo que no haya tenido en sus orillas ruinas de aceña". Para las ferrerías y molinos de agua se requerían presas y ríos de más caudal que los pequeños riachuelos de las “haizeolas,” que fueron abandonadas poco a poco por el mejor resultado de esta nueva explotación ferrona.

En 1540 el bizkaíno Marcos Murualabe de Balmaseda y el milanés Fabriario introducen el martinete en la Península Ibérica. Se dispara la industria naval y armera vasca (bosques y costa lo propician), donde habrá rápidamente más de 300-400 ferrerías que trabajarán las 24 horas del día, aprovechando la fuerza de los numerosos ríos y nuestras ancestrales minas de hierro. Las ferrerías mayores o “zearrola” son verdaderas empresas donde se maleaban los “tochos” de hierro y las ferrerías menores o “martinetes” se usaban para trabajos más sencillos como herramientas, azadas, palas y otros aperos de labranza (o armas en tiempos de guerra).

Muchos molinos y ferrerías compartirían instalaciones y las ferrerías desaparecerán finalmente o se convertirán en simples molinos para moler grano al aparecer los altos hornos.
El primer alto horno se construye en Bizkaia y en toda Nabarra en 1834, luego vino el de Santa Ana de Bolueta en 1849 (Bilbao), sobre una ferrería documentada desde el siglo XV, por tanto como una prolongación natural de la tradición ferrona de la Nabarra marítima.

La transformación continua de nuestras empresas se ve en estos ejemplos de Galdakano: sobre el molino de agua de Guturribai de cuatro ruedas se construyó después una “Fabrica de harinas” y más tarde la empresa conocida como “la Cantábrica” propiedad de “la Dinamita” (U.E.E).
Aprovechando las instalaciones de la antigua ferrería de agua de Usansolo, documentada en siglo XVI en una comarca repleta de “haizeolas” cercana a las minas de Mehatzeta, se creó la Fábrica de Hierros de San Juan en 1885, que en 1897 se convirtió en la Fábrica de hilados de la “Josefina”, la cual se vendió a Firestone Hispania S.A. para la fabricación de neumáticos para vehículos, junto al palacio barroco de Areizaga (usada aún hoy como despachos), anterior casa-torre de Usansolo que da nombre a la comarca.

CONCLUSIÓN

La Nabarra occidental era interesante económicamente por poseer numerosos bosques, por sus puertos, artesanos constructores de barcos y buenos marinos , también por sus mineros, canteros y paños de reconocido prestigio (como los de la villa nabarra de Durango), pero además ya existía una importante protoindustria ferrona alto medieval que se intuía en los documentos que han llegado hasta nosotros pero que ahora se ha demostrado que era mucho más importante de lo que se pensaba y que hacía de la Nabarra Marítima una comarca política y económicamente estratégica.

La imagen que se tiene de una Bizkaia y Gipuzkoa interior medieval aislada, económicamente atrasada y pastoril, no se sostiene a la luz de todas estas nuevas evidencias arqueológicas.