ORIGEN POLÍTICO DE LOS DIALECTOS DEL EUSKERA

ORIGEN POLÍTICO DE LOS DIALECTOS DEL EUSKERA

Aitzol Altuna Enzunza


“No existe ninguna lengua que tenga una homogeneidad total en cuanto a las formas en las que se usa una lengua. Cuanto más amplio es el ámbito geográfico en el que se usa una lengua, más variedades locales hay (dialectos).Todo el mundo habla una variedad de esa lengua. Llamamos lengua a lo que tienen en común esas variedades, pero es una abstracción y nadie habla de abstracciones. La existencia de una lengua estándar no elimina esa variedad (…). Por consiguiente, la idea de que en el dialecto estamos en lo irregular y asistemático y en la lengua ante lo sistemático y regular es un puro dislate. (…) La idea de una lengua fija e inmutable es uno de los mitos más arraigados en la cultura occidental (..)” (“La dignidad e igualdad de las lenguas” Juan Carlos Moreno Cabrera, Catedrático de Lingüística).

"Ceren aunitz moldez eta differentequi minçatcen baitdira euscal herrian: Naffarroa garayan, Naffarroa beherean, Çuberoan, Lapurdia, Bizçayan, Guipuzcoa, Alaba-herrian, eta bertçe aunitz leccutan", Axular, “Gero”, siglo XVII.


Luciano Bonaparte, el ilustre dialectólogo francés, en una labor de investigación realizada en parte personalmente y en parte con la ayuda de colaboradores, dejó plasmados en un mapa, que lleva fecha de 1863 , los límites de la lengua vasca en cada uno de sus dialectos: el bizkaino, el gipuzkoano, el labortano, el suletino, alto-navarro meridional, alto-navarro septentrional, bajo-navarro oriental y el bajo navarro occidental. Incluso recogió en el mapa dos grados de intensidad en el uso de la lengua. Es el primer mapa de Euskal Herria.

Koldo Mitxelena en 1958 distinguió además el aezkoano, el salacenco y el ronkalés y añadió el hablado en Alaba, Rioja y norte de Burgos, desaparecidos entre los siglos XVI al XIX. Estudios más recientes, como el de Koldo Zuazo “Euskalkiak, herriaren lekukoak” (2005), observan 5 dialectos: el Occidental (200.500 hablantes bizkainos), el central (223.000, Gipuzkoa, y se ha ido extendiendo a los valles navarros de Araitz, Larraun, Basaburua e Imotz), el alto navarro (30.000), el bajonavarro-labortano (70.000 que penetra en el noroeste de Zuberoa y en el valle alto navarro de Luzaide), el suletino (11.000 que se habla también en una localidad administrativamente bearnesa: Eskiula). En su libro Koldo Zuazo menciona también el alto navarro oriental: ronkalés y salacenco, 300 hablantes únicamente, de fuerte influencia del suletino, por lo que luego lo ve más como subdialecto. La primera mención de los dialectos vascos se la debemos a Arnaut Oihenart, historiador suletino del siglo XVII.

En 1981 se publicó un artículo de Koldo Mitxelena, "Lengua común y dialectos vascos", donde hizo una breve mención al tema que nos ocupa. Defendió la tesis de que los dialectos no podían ser muy antiguos y presentó dos razones para ello: El amplísimo número de características comunes a todos los dialectos, lo cual sería improbable si éstos fueran tan antiguos. El elevado número de innovaciones comunes a todos los dialectos, hecho difícilmente explicable de ser antiguo el fraccionamiento dialectal. Por poner un ejemplo, las abundantes palabras provenientes del latín han seguido una evolución similar en todos los dialectos.

Decía Koldo Mitxelena: “Ya por los siglos X-XI eran manifiestos los contrastes, occid. baltz, barri / or. beltz, berri, con una divergencia insignificante, si no hubiera cobrado importancia gracias a la escasez del material utilizable. Es de mayor entidad la oposición occid. (h)uri / or. (h)iri, «villa», cuya razón de ser no está nada clara, a mi entender: en la zona que es después de dialecto guipuzcoano, había sólo -iri, a lo que parece, pero huri- cubría Alava, hasta su frontera oriental y aún más allá, ya que su área comprendía Arana, por ejemplo, y Val de Lana en Navarra. Los límites señalados por Menéndez Pidal en trabajos que luego aparecieron reunidos en el libro En torno a la lengua vasca, Buenos Aires (Austral 1962, pp. 73 ss.), exigirían algún retoque dentro de la zona propia y seguramente vasca de lengua.

Aunque Ili-, Ilun- (-Ilon-) se documenta cerca de un milenio antes que huri-, -(h)uri, yo me he inclinado a dar prioridad, faute de mieux, a estas últimas formas en la idea de que el cambio de vocal posterior a anterior era más simple, y estaba mejor apoyado por paralelos, que el contrario. En todo caso, para lo que aquí importa la isoglosa, indicio de diversidad dialectal, ya estaba establecida por el año 1000. Lo estaba posiblemente antes, pero esto no es un hecho, sino una mera conjetura”.

Veamos cada uno de los elementos que se han considerado origen de los dialectos del euskera.

SOBRE LOS PUEBLOS VASCOS A LA LLEGADA DE LOS ROMANOS Y LOS EUSKALKIS:

Es cierto que los pueblos vascos que describen los romanos parecen coincidir en muchos casos con los dialectos, pero esa impresión cuando se baja al detalle resulta ser falsa.

Las recientes excavaciones en Busturia (en la costa bizkaína) y en Labeko Koba (Arraste-Mondragón), demuestran que ya en el solutrense (hace 19.000 años), los habitantes de esas tierras iban en verano hasta Trebiño a cazar los herbívoros que se reunían allí en manadas, se han encontrado piezas de silex de Trebiño en esos dos lugares que lo confirman. Las piezas de silex con las que se fabricaban muchas de las herramientas eran de difícil obtención y se encontraban en muy pocos sitios como el mencionado de Trebiño, en Urbasa o en Kurtzia (entre Sopelana y Barrika en Bizkaia). Ese es justo el territorio que se les atribuye a los karistios o karietas.

Estornés Lasa señala que la bifurcación dialéctica a partir de un fondo común ocurrió al afincarse las poblaciones en zonas fijas, al desaparecer la gran caza, que coincide con el magdaleniense (14.000-9.000 a. C.). La población pasa de ser trashumante a mantener pequeñas poblaciones que cazan en los alrededores y que luego se convertirán en agrícolas y pastoriles en pequeña escala (neolítico, 4.000 a. C. en el caso vasco, que coincide con la aparición del citado como "tipo vasco" o vasco actual), no alejándose de valles y lugares más o menos cercanos.

Es más que probable que los diferentes pueblos (mejor que tribus) en los que nos dividíamos los euskaldunes a la llegada de los romanos tuvieran diferencias dialectales, pues eran sociedades políticamente y económicamente cerradas, pero que comerciaban entre sí y con otros pueblos no-vascos . Pero esas diferencias en el habla no son las que ahora percibimos.

La falta de una unidad política está sin duda en el origen de sus euskalkis, el comercio que existía entre ellos y las enormes diferencias de sus dialectos frente a los idiomas pueblos indoeuropeos haría que no fueran definitivos para una divergencia total y la creación de diferentes idiomas con una misma raíz (como los idiomas romances respecto al latín), por lo que podemos hablar de un único idioma, quizás con menos divergencias dialectales que en el presente, pues son sociedades que evolucionaban de una forma muchísimo más lenta que la actual.

El hecho que el territorio del pueblo karistio o karieta parezca coincidir con el habla bizkaina actual, es cierta pero con excepciones, como la parte oriental de Alaba de habla bizkaina que pertenecía al pueblo bardulo, y es imposible que ese dialecto sea tan antiguo, pues en ese caso sus diferencias con el resto serían mucho mayores, según señalan todos los lingüistas. Se explica mejor el dialecto bizkaino por otras circunstancias que veremos más adelante.

Los demás euskalkis tampoco coinciden plenamente, ni mucho menos, con Pueblo prehistórico euskaro alguno: ni en caso del bardulo, ni el baskón, ni el ausko (akitano), ni los autrigones, ni los berones, por dejar la lista en los clásicos.

Koldo Mitxelena en el mencionado artículo (1981), en los pocos textos que existen, sí que ve alguna diferencia dialectal: “En la onomástica antigua hay alguna que otra señal de polimorfismo, como la alternancia t / h en Tals-co- / Hals-co-, etc. Alguna vez he sugerido que aquit. Ombe- (-co, -xo) sea el correlato de Vm.me-, con indicación de frontera silábica, que razonablemente no es otra cosa que vasc. ume «niño, cría», cf. Umea sobrenombre medieval frecuente en (alta) Navarra. Pero, aun si esto fuera así, sólo tendríamos una indicación de la etapa, fácil de interpolar, en la reducción de /nb/, es decir, [mb], a/m/, asegurada por ejemplo por la correspondencia aquit. Sembe-: vasc. común seme «hijo»”.


Sobre los dialectos vascos en el artículo “Sobre el pasado de la lengua vasca”, comentaba el propio Koldo Mitxelena: “¿Puede establecerse alguna correlación entre éstos y las antiguas divisiones tribales? ¿No estarán más bien en conexión con hechos más recientes como las divisiones eclesiales? Estas explicaciones no tienen por qué excluirse. Para la primera, la coincidencia más notables que ha observado es en Guipúzcoa, cuyo territorio no es dialectalmente unitario ni tampoco corresponde por entero a la extensión que los geógrafos antiguos parecen asignar a alguno de aquellos pueblos de modo que la zona de habla alto-navarra coincidiría con territorio vascón y la de habla vizcaína al oeste con territorio caristio, con lo cual la parte várdulo de Guipúzcoa sería el solar del moderno dialecto guipuzcoano”.

SOBRE LAS DIÓCESIS Y SU INFLUENCIA SOBRE LOS DIALECTOS

Al binomio "Pueblos o tribus -dialectos" establecido por Oihenart (s. XVII ) se le añadió un tercer elemento en el siglo XX: el de las diócesis eclesiásticas. Esa tesis fue recogida posteriormente por Julio Caro Baroja en dos libros que tuvieron una amplia difusión: "Los pueblos del norte de la Península Ibérica" (1943) y "Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina" (1946). También Menéndez Pidal sostuvo en 1962 que en varios idiomas europeos, y entre ellos en el euskera, los límites dialectales son ajenos a las divisiones administrativas modernas, no coinciden con ellas, y en cambio se acomodan bien a la demarcación de las diócesis eclesiásticas, herederas a su vez de la administración imperial en tiempos de Constantino (siglo IV).

Koldo Zuazo: “La hipótesis de la relación "tribus-diócesis-dialectos" tiene su mejor apoyo en la zona occidental: en Bizkaia, Araba y valle del Deba. Se dice que esa zona estuvo poblada por los caristios -no por los autrigones, como por error dijo Oihenart-, que eclesiásticamente constituyó la diócesis de Armentia, que luego se integró en la de Calahorra, y que en ella se hablaba un tipo de euskera similar.

También se cita a menudo el caso de Oiartzun-Hondarribia-Irun, pero ahí tenemos ya una contradicción, pues, si bien esa zona se supone que estuvo poblada por los vascones y se ha considerado de habla Navarra (sic), eclesiásticamente perteneció a la diócesis de Baiona, y no a la de Iruña, tal como en principio cabría esperar.

De todos modos, los desajustes son todavía mayores en otros lugares, por lo que habitualmente se silencian y se ocultan (…). Pues bien, las provincias de Iparralde están divididas en tres obispados y, según parece, estuvieron ocupadas por una única tribu.

La relación "tribus-diócesis-dialectos" tampoco se cumple en Gipuzkoa y Navarra. Eclesiásticamente, la mayor parte de esas dos provincias estuvo encuadrada en un único obispado, el de Iruña. Sin embargo, estuvieron pobladas por dos tribus diferentes, la de los vascones y la de los várdulos y, desde el punto de vista lingüístico, se hablan dos dialectos principales, todo ello sin olvidarnos de las peculiares hablas de los valles navarros de Salazar y del Roncal. En definitiva, no parece que las demarcaciones eclesiásticas sean una continuación de la antigua organización tribal (…)”


Algunas de las primeras diócesis parecen albergar un territorio natural, conocido desde mucho tiempo atrás, pero no parecen estar relacionadas con los pueblos vascos prerromanos ni coinciden con los euskalkis actuales.

La Burunda y la Tierra de Aranatz, el valle de Lana y el alto valle Ega (Marañón y Aguilar de Codés) serían tierras bardulas (hoy Alta Navarra) pertenecían a la diócesis de Auca, con sede en Villa Franca de Montes de Oca en el siglo IV (hoy provincia de Burgos). Conquistada después por los musulmanes (s. VIII), carece de continuidad alguna para dejar huella en el Euskara en una época tan inicial para la Iglesia católica y socialmente muy convulsa.

La ocupación musulmana hizo que la diócesis de Auca pasara a Valpuesta (Oeste del río Nervión y de Alaba ). Se crea sobre tierra autrigona sobre el 804, aunque es improbable que cuando se funda la diócesis quedara nada de los antiguos autrigones (lo mismo sirve para otros pueblos vascos prehistóricos), pero sí es cierto que incluso hoy, las gentes que ocupan el territorio de ese antiguo pueblo vasco, mantienen una relación social y económica estrecha.
Valpuesta tiene un matiz netamente alabés según el historiador español Pérez de Urbel . Sobre 1060 desaparece la diócesis de Valpuesta a favor de Burgos, lo cual es sin duda una decisión política, por lo que la influencia de Valpuesta debió de ser escasa sobre el euskara hablado en su territorio, el cual no se conserva.

La diócesis de Armentia se crea junto con la diócesis de Nájera cuando Calahorra es tomada por los musulmanes, pero es efímera (200 años), pues al ser recuperada Calahorra por el rey navarro García IV el de Nájera (sobre 1045), la diócesis volvió a su sede originaria hasta el siglo XIX. La diócesis de Armentia existió entre los siglos IX al XI (tiene obispos entre el 871 y 1087), que sí que recoge en su seno la tierra Karistia o Karieta y el euskara occidental o bizkaino, pero esta diócesis albergaba también territorios de otros pueblos prehistóricos vascos, bardulos e incluso autrigones (ver mapas). Calahorra, antigua ciudad del pueblo baskón, no cumple tampoco con la distribución actual de los euskalkis.

La diócesis de Pamplona esconde bajo su sotana gran parte de la tierra del antiguo pueblo baskón, pero ni mucho menos todo él, ya que también lo eran los habitantes del las Cinco Villas aragonesas que no pertenecen a la diócesis de Pamplona, y los habitantes de la diócesis de Baiona, que, como veremos, también eran baskones. Además incorpora al antiguo pueblo de los bardulos en su mayor parte. Es más, tampoco coincide con euskalki alguno, pues extendía su manto sobre los hablantes del gipuzkoano actual, que ocupan la parte costera del territorio del pueblo de los bardulos pero no todo él. La diócesis de Pamplona pudo estar erigida para el siglo IV .

La diócesis de Baiona con su patrono San León, degollado en el siglo IX, era el Vizcondado de Lapurdi, comunidad humana ancestral por otra parte. Las noticias que se tienen es que Lapurdi nació además de abarcando la provincia actual, con territorios hoy gipuzkoanos: del Bidasoa hasta el Urumea (San Sebastián), así como otros hoy alto navarros: Alto Baztan (Maia, Elizondo, Irurita, Azpilikueta), Cinco Villas (Bera, Lesaka, Etxalar, Iantzi y Aranaz), Valle de Lerin (Sunbilla, Zubieta, Donamaria, Bertiz y Nabarte) y además parte de Baja Navarra (Arberoa, Orzaize, Garazi y Baigorri).
No es descartable que los “lapurdo” o lapurdum (como se refieren en textos latinos tardíos a Baiona) tuvieran relaciones estrechas con los “baskones” prehistóricos, como sostenía, por ejemplo, el Doctor en historia Manex Goyhenetche. Por tanto, no coincide la diócesis con todo el pueblo baskón, y en ese territorio actualmente se hablan los euskalkis labortano, alto navarro y bajo navarro, con la influencia del gipuzkoano en la comarca de Oiarso en épocas recientes. La diócesis casi coincide en el tiempo pero el vizcondado parece ser anterior, pues la diócesis se sabe que existe al menos desde 1105 y los primeros vizcondes de Lapurdi son la mayoría navarros descendientes de Sancho Abarka a través de su hermano, por tanto del siglo X. La ciudad de Baiona pertenecía al obispado y el puerto al vizconde.

El artículo de Koldo Zuazo en Gara se equivoca al decir: “También se cita a menudo el caso de Oiartzun-Hondarribia-Irun, pero ahí tenemos ya una contradicción, pues, si bien esa zona se supone que estuvo poblada por los vascones y se ha considerado de habla (alta) navarra, eclesiásticamente perteneció a la diócesis de Baiona, y no a la de Iruña, tal como en principio cabría esperar.” Los habitantes de la diócesis de Baiona sí podrían ser baskones en su totalidad, no así los de Pamplona, que eran bardulos y baskones.

En el siglo XVI (1566), tras la conquista del sur del reino de Navarra, las tierras gipuzkoanas y alta navarras de la diócesis de Baiona pasan a la diócesis de Pamplona, pero es una decisión claramente política del emperador germánico-español Felipe II que así se lo pidió al Papa.

La diócesis de Tarazona se crea sobre otra comarca económica, geográfica y social natural con tierras de la ribera media del Ebro y llega hasta tierras de Tudela, por lo que poco aportó al Euskara (ver nota 9).

En Iparralde, la diócesis de Olorón del siglo VI, tenía a los suletinos y bajo navarros limítrofes bajo su cetro, lo que sí coincide con su euskalki actual, pero como veremos, no parece que surgiera en esos momentos de la historia, sino que ese euskalki es mucho más reciente en el tiempo y se explica mejor por otras causas.

Akize (Dax, Baskonia), sería la diócesis de la parte norte de Baja Navarra, país de Mixe y Ostabarret: Amiküze, Oztibarre, Landibarre y Bidaxune. Hablarían estos pueblos un subdialecto del bajo navarro, pero esta diferencia parece más bien motivada por una mayor relación comercial con los territorios al norte que por la influencia diocesana, es además una diferencia dialectal pequeña, sería más bien un subdialecto del bajo navarro.

Por tanto y resumiendo, las diócesis de Iparralde no parecen guardar relación con los antiguos pueblos vascos ni con los euskalkis, pero tampoco la diócesis de Pamplona, está más ajustada en el caso de la diócesis de Armentia con el euskera bizkaino y los karietas (pero abarca territorios de más pueblos prehistóricos del territorio alabés y no explica los subeuskalkis dentro de ella) y sólo Valpuesta sería coincidente con un pueblo prehistórico vasco, cuyo euskara no se ha conservado para poder ser estudiado. Pero estas dos últimas son las dos más efímeras, por lo que parece difícil que pudieran crear una diferencia significativa sobre el euskara de sus territorios.

Las primeras diócesis, Auca, Calahorra, Valpuesta, Pamplona, Baiona, Armentia, Tarazona, Olorón y Dax, pudieran atender más a una necesidad de predicar sobre una población que se relaciona por cercanía (facilidad geográfica), que tienen una vida política y económica en común de forma natural, lo cual les hacen coincidir en grandes territorios con las divisiones de los pueblos prehistóricos que seguían las mismas premisas de relaciones económicas-políticas siguiendo los valles que marcan sobre todo los ríos y salidas naturales entre el mar y el interior. Pero luego (como hoy) son decisiones políticas, tanto en el caso de la diócesis tardía de Baiona, como cuando Castilla empieza a despertar para ser el reino depredador que fue. Parece más que las primeras diócesis se adecuaran a la realidad social en la que pretendían predicar que fuente creadora de dialectos en esos primeros siglos.

La Iglesia católica no usó los idiomas nativos hasta el Concilio de Trento en el siglo XVI, por la presión de los Protestantes que ya lo hacían, por lo que la influencia de la Iglesia católica anterior a ese Concilio y sus diócesis, debió de ser muy limitada sobre los euskalkis, al menos a través de la liturgia o en la creación de un euskalki de clase social alta, pues el idioma litúrgico y de clases altas sería el latín, lo que llevará a crear los idiomas romances en la Alta Edad Media. Lo vemos mejor con varios ejemplos:

El propio Koldo Zuazo en su libro “Euskalkiak, herriaren lekukoak”, relata que en el alto Deba (de Arrasate a Gatzaga), el obispado de Vitoria del que dependía toda Gipuzkoa incluido este valle, mandaba en el siglo XIX curas nativos, pero sin respetar el euskera bizkaino que se habla en la zona. La consecuencia fue que los naturales de ese valle se acostumbraron al euskera gipuzkoano y se convirtió en el euskera de relación entre las clases altas y el euskera de escritura y lectura habituales, considerando a aquellos que sólo hablaban bizkaino como gente iletrada, sin que con ello desapareciese el euskera bizkaino de esos valles.

En el mismo libro, Ruiz de Larrinaga en 1954 dice: “Sucede en todas estas poblaciones (Valle del Deba) que miran con desdén al bascuence de Vizcaya y son muy apasionados al dialecto del Beterri (Tolosa aldea): sermones y pláticas se predican en ese dialecto de Beterri y muchísimas personas hacen estudio de ese dialecto por cuyo motivo hacen una mezcla pero todavía no han podido guizpuzcoanizar al vulgo”.

El propio Koldo Zuazo aporta otro buen ejemplo de la actividad unificadora de la Iglesia sobre el idioma de sus feligreses en siglos pasados al hablar de los subdialectos: “El tercero y el más moderno lo fijamos en la zona central de Bizkaia, en las comarcas de Mungialdea, Busturialdea, Txorierri y Arratia. Se ha desarrollado a partir del siglo XIX y sus principales agentes propagandísticos han sido los sacerdotes y los miembros de determinadas congregaciones religiosas, por lo general franciscanos, carmelitas y pasionistas”.

La influencia de la Iglesia católica en aquella sociedad es mayor de lo que la gente puede percibir hoy en día, incluso para unificar el idioma formal hablado, que siempre tendría algún reflejo en el idioma más popular como hemos visto en los ejemplos que nos aporta Koldo Zuazo. Pero en los primeros siglos la situación era muy diferente, cuando se predicaba en latín parece que su influencia en esos siglos debió de ser más hacia la creación de romances o “corrupciones” del latín que hacia la dialectización del Euskara .

El euskera eclesial de base latina no tiene gran diferencia dialectal, por lo que difícilmente se puede remontar a la Alta Edad Media, sino más bien al Concilio de Trento, s. XVI.

SOBRE LAS RUTAS COMERCIALES Y LA INFLUENCIA DE LAS VILLAS

El Régimen Foral suponía que las fronteras económicas estuvieran en el llamado “Cordón del Ebro”, por lo que los vascos seguíamos manteniendo nuestras relaciones comerciales anteriores a la ocupación militar de la Navarra Occidental, sin estar constreñidos económicamente a las hoy llamadas provincias en las que fuimos divididos, aunque hubo una fuerte fricción entre la parte ocupada y la parte del reino que seguía libre, con amplias comarcas fronterizas.

Bizkaia ha tenido más relación comercial con Vitoria y luego con la meseta castellana que con Pamplona. Vitoria fue fundada como villa en 1181 sobre el poblado de Gasteiz por Sancho VI el Sabio de Navarra y dejó de hablar euskera en el siglo XIX, durante las carlistadas probablemente .

Así, no se puede olvidar que, por ejemplo, Bizkaia y Alaba formaría una unidad económica, tanto dentro del reino de Navarra como después con Castilla, con sus pasos por Altube, Barazar u Orduña, con comarcas internas naturales (como Uribe costa o duranguesado por ejemplo) y con otros valles más o menos aislados que generarían también pequeñas diferencias dentro de los dialectos. Son Rutas Comerciales ancestrales que se mantienen con el paso de los siglos e incluso de los milenios.

Es un error dar preponderancia económica y política a Bilbao en la Alta y Baja Edad Media bizkaina como hace Koldo Zuazo, en vez de a Bermeo, capital de Bizkaia hasta el siglo XVII (1602). Pero parece que Bermeo tampoco aporta mucho al euskera bizkaino, su aislamiento geográfico y escasa población, pese a ser su capital, tuvieron que ver sin duda.

Se ha considerado al euskera bermeano un subdialecto y donde es más probable que surgiera el “na” frente al “naz” más extendido en el bizkaino que Koldo menciona en su artículo: “Llama la atención en el caso de Bizkaia la escasa incidencia de su capital, Bilbao. Son pocas las innovaciones que parecen haber surgido allí y ninguna de ellas ha alcanzado una difusión importante. Por citar un ejemplo, la pérdida de la -n final en las formas verbales de pasado (za, “era”, en lugar de los generales zan/zen), que tal vez pudiera tener su origen en Bilbao, tan sólo se ha testimoniado en algunas pocas localidades de Uribe Kosta, próximas a la capital”. Uribe-Kosta (Barrika, Berango, Gorliz, Lemoniz, Plentzia, Sopelana, Getxo, Erandio, Leioa y Urduliz) pero también en Bermeo.

Todas las rutas comerciales salían de la capital bizkaina y se dirigían a la Llanada Alabesa, preferentemente a Vitoria-Gasteiz y a La Rioja, lo que explicaría el parecido de sus euskalkis, lo mismo que el de la comarca del Deba con su salida natural hacia Vitoria por Arlaban. El euskera bizkaino de Oñate es parecido al de Vitoria-Gasteiz, con el que tenía una relación comercial fluida que no tenía con el valle paralelo del Urola gipuzkoano, que habla otro dialecto, el gipuzkoano o central.

Por tanto Koldo Zuazo acierta en ver diferencias motivadas por las salidas naturales de los excedentes de los productos de la costa hacia el interior de la Llanada alabesa y la meseta, pues está constatado este tránsito desde época prehistórica, cuando los habitantes de Urdaibai en la costa bizkaina iban a cazar hasta los actuales territorios de Trebiño en la Llanada Alabesa.

Además, Vitoria influyó sobre otros territorios limítrofes, tal y como señala Koldo Zuazo: “También quisiera señalar que, vista la silueta del euskara occidental, su núcleo ha de situarse necesariamente en Gasteiz. Si estuviera en Bizkaia, sería improbable que las innovaciones hubieran llegado al oeste de (alta) Navarra. La presencia de rasgos occidentales en el Goierri también se explica mejor partiendo de Gasteiz, pues no ha de olvidarse que ha existido una importante vía de comunicación que unía Araba con la costa a través del túnel de San Adrián.”

Tampoco se puede olvidar que el Este de la actual Alaba no pertenecería al condado alabés dentro del reino navarro donde fue integrado a la fuerza tras su ocupación militar por Castilla, y que su relación económica-cultural era más estrecha con la zona del oeste de Alta Navarra colindante (Buruza, Ameskoa y Landa), donde aparece un subeuskalki común con influencia alabesa que menciona Koldo Zuazo.

En el libro “Euskalkiak, herriaren lekukoak”, Koldo Zuazo comparte la misma apreciación Kardaberaz, cuando dijo que dentro del bizkaino existían palabras o giros diferentes en zonas comercialmente muy relacionadas, como Uribe costa, Plentzia-Matxitxako (Bermeo)-Mungia, Zeberio-Otxandio-Orozko (pasos a Vitoria-Gasteiz) y más claramente el duranguesado.

Es paradigmático la influencia de las comarcas económicas y sociales naturales en los euskalkis si se mira al Goierri gipuzkoano (Beasain, Ordizia, Segura, Legazpi etc.). Así, en Abaltziseta e Ikastegieta hablan un euskalki de transición al Beterri tolosarra con el que son fronterizos, Urretxu y Zumarraga hacia el valle colindante de Urola, y lo mismo ocurre con los pueblos que limitan con Alta Navarra por Etxegarate y los que lo hacen con Alaba por el paso de San Adrián.

La fuerte plaza comercial que era la villa de Tolosa , extiende la influencia de su euskera a los valles colindantes de Alta Navarra de Larraun, Basaburua e Imotz, que hablarían euskera gipuzkoano (incluso a la Sakana).

Respecto al Este de la actual provincia de Gipuzkoa, pese a ser ocupada casi en su totalidad en ese año 1200, la comarca de Oiarso, siempre ha sido la salida natural de los valles que desde Pamplona se dirigen hacia el mar (incluso en el presente con los popularmente conocidos por los gizpukoanos como “mea playas”), lo que explica que, pese a estar divididos por la fuerzas de las armas, las relaciones sociales y comerciales fueron intensas.

Un ejemplo claro de la relación estrecha comercial y social entre Gipuzkoa y Alta Navarra son los pastos comunales como los de Aralar, que dieron lugar a la “frontera de malhechores” en los siglos XIII y XIV del canto de Beotibar, al pertenecer de la noche a la mañana a Estados diferentes, sin que estos pastos estuvieran antes mojonados, ni existieran alto navarros y gizpuzkoanos (creación política posterior a la ocupación militar castellana), pues todos ellos era conocidos en el mundo como “navarros” .

Salazar y Ronkal, siempre han tenido una relación comercial y pastoril con Zuberoa, lo que explica la influencia del idioma suletino en los primeros, como el bajo navarro en el euskera de Aezkoa.

En el caso de Zuberoa, su relación amor-odio con Beárn es, cuando menos, medieval, lo que explicaría la influencia del romance bearnés en el euskera de Zuberoa, donde además el bearnés fue idioma oficial entre los sigo XIV al XVI, sin olvidar a su vez la importante influencia del euskera en el bearnés expuesta por historiadores y lingüistas . Incluso hoy el bearnés es un idioma que se oye en muchos mercados de Zuberoa.

Por otro lado, los marinos tienen siempre diferencias respecto al interior e incluso una jerga común por la relación comercial entre puertos. Otro de los elementos unificadores podría haber sido la trashumancia pastoril, sin que parezca que ninguno de estos dos hechos haya influido, más que superficialmente, en los euskalkis que hablan marineros y pastores.

Una situación parecida y constatada, sería el caso de las personas que iban a trabajar a Zuberoa a su industria textil en los siglos XIX-XX y que volvían a sus lugares de origen recogiendo en el trayecto elementos del suletino.

También se nota en los territorios de los subeuskalkis o subdilectos las relaciones comerciales preferentes de algunos valles con otros o con villas importantes y con grandes días de mercado: Tolosa, Vitoria-Gasteiz, Maule, Garazi, Pamplona etc.

SOBRE LA LITERATURA

Mucho más reciente es la influencia del euskera literario a favor del gipuzkoano, al igual que el prestigio de los bertsolaris (poetas populares) gipuzkoanos.

La literatura unificó el euskera clásico (siglos XVI al XVIII), la primer “euskera batua” podríamos llamar “nafarrera”. Koldo Zuazo: “Otro paso importante se dio, con toda seguridad, entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XX. A mediados del XVIII surgió el dialecto literario guipuzcoano, en el siglo XIX tomaron cuerpo el vizcaíno y el suletino y en el siglo XX el navarro-labortano, lo que propició el distanciamiento entre los diferentes dialectos”.

La política también intervino en el origen de euskera literario. Así, el último euskera literario fue el euskera alto navarro, lo cual denota la represión sobre la población de esa parte del reino navarro que continuó durante los siglos que siguieron a la ocupación militar castellana (s. XVI al XVIII según demuestra Peio Esarte), que coincidió con la popularización de la literatura gracias a la invención de la imprenta.
Es suficiente recordar para esta afirmación que los primeros libros y el primer movimiento literario y unificador del euskera (la Escuela de Sara ) se da en la parte independiente del reino en esas mismas fechas (siglos XVI-XVII). Tanto el libro de B. Etxepare como el Nuevo Testamento de Leizarraga, cuentan además con la subvención de los reyes navarros, Enrique II “el sangüesino” (que era euskaldun) y su hija Juana III respectivamente (ésta de religión protestante).

Pero todas estas constataciones no explican las mayores diferencias dialectales actuales frente a las constatadas de esos primeros siglos de la literatura en euskera, lo que nos lleva a buscar una explicación de más calado social para la situación actual.

SOBRE EL POSIBLE ORIGEN POLÍTICO DE LOS DIALECTOS ACTUALES

Koldo Mitxelena en 1957: El fraccionamiento dialectal es “consecuencia de la división política del país y de la falta de focos culturales unificadores”. Aunque K. Mitxelena aprecie dos causas, para nosotros, son la misma.

Una gran uniformidad vendría tras la caída del Imperio romano, quizás ya con los bagaudas (s. III-VII) y el trasiego de gentes por todo el territorio de los pueblos vascos, pero desde luego con la unificación de todos los pueblos vascos en un único ente político con el ducado de Baskonia (VI-IX, en este blog se hace un resumen de estos siglos en el trabajo "Historia del Ducado de Baskonia") y sobre todo con el reino de Navarra, donde los vascos alcanzamos la plenitud política, con las cosas buenas que tienen los Estados, pero que acarrean indefectiblemente una mayor uniformidad, dependiendo siempre de las diferencias de las que se partan, el grado de democracia interna o de la época de la que hablemos por ejemplo, pues las posibilidades actuales de uniformización de la población no se tenían en épocas anteriores.

Ésta sería la percepción comentada al principio sobre un euskera mucho más uniforme que relata Koldo Mitxelena para esos siglos de la Alta Edad Media, que ratifica el propio Koldo Zuazo, y de donde debemos de partir para explicar los dialectos actuales del euskera. Esto aclararía lo que K. Mitxelana comenta: “las abundantes palabras provenientes del latín han seguido una evolución similar en todos los dialectos.”

Creo que el mejor resumen sobre la pervivencia de las actuales diferencias dialectales, probablemente las mayores en la historia del euskera, lo hace el propio Koldo Zuazo en el artículo mencionado:

“Por otra parte, dentro de la estructura del euskera observamos dos cortes importantes, también presentes para el siglo XVI. Uno que separa el euskera de las provincias de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa del de Iparralde y Navarra, y otro que separa el euskera de Iparralde del de Hegoalde. Tal vez la fragmentación del Reino de Navarra esté en la base de ambos hechos, pues fue a partir de entonces cuando las provincias de Lapurdi y Zuberoa, sobre todo, orientaron sus relaciones políticas y sociales hacia centros ubicados al norte de los Pirineos, mientras que Araba, Bizkaia y Gipuzkoa quedaron integradas (sic) en el reino de Castilla. La reordenación (sic) de las provincias vascas operada entre los siglos XI-XII pudo repercutir en la evolución posterior de la lengua y tal vez fue entonces cuando se dio el primer paso importante en el proceso de la dialectalización del euskera. (…).”

Tampoco es baladí la constatación de la centralidad del euskera alto navarro, pues según Koldo Zuazo: “El euskara altonavarro es el que menos elementos diferenciadores tiene”.

Desde el punto de vista político, se pueden diferenciar diferentes etapas en la creación de los dialectos vascos o euskalkis:

1. Prehistoria
Los diferentes Pueblos euskaros formaban unidades políticas independientes, por tanto es más que probable que existieran diferencias dialectales constatables en los pocos nombres y el vocabulario en euskera que nos ha llegado, ya tras la ocupación romana. Aunque podemos hablar de sociedades divisas y por tanto de Estados en su sentido prístino (al menos entre baskones y aquitanos), es difícil que esas estructuras políticas tuvieran el carácter unificador del idioma que después mostrarán los Estados, potencial que tendrá varias fases históricas pero lejos de esos primeros albores de la historia escrita. Por tanto, es difícil que los euskalkis de los primeros pueblos vascos conocidos fueran muy diferentes entre sí, circunstancia que se refleja en los pocos datos que tenemos y que parecen corroboran los restos encontrados en lápidas de esta época ya mencionadas (seme-sembe).

La conclusión sería que es imposible que las diferencias dialectales que observamos hoy en día sean las que tenían los diferentes pueblos euskaros prehistóricos, ni coinciden, contra lo que se ha pretendido, con sus territorios, aunque, sin duda, había diferencias entre sus formas de hablar euskera, menores probablemente que las que tenemos actualmente. Sólo en algunos casos tienen territorios parecidos, como los karietas y el euskalki occidental o bizkaino, pero esta circunstancia se explica mejor por ser comarcas económicas ancestrales de trasiego comercial que ya usaban los pueblos vascos prehistóricos y que se han mantenido hasta el presente.

2. Durante la ocupación romana
Se dio una unidad política al sur pirenaico en la provincia de la Tarraconensis, que hace que los romanos dejen de mencionar a los diferentes pueblos vascos. Lo mismo, y más claramente, debió de suceder en Novempopulania. Parece casi imposible estudiar la influencia de las grandes ciudades romanas en el euskera dialectal como Veleia, Pamplona, Calahorra, Oiasso (Irun), Varea, Sant Bertrand de Commiges, Auch, Flaviobriga, Eauze, Jaca etc.

Veleia era la ciudad vasca más grande al sur de los Pirineos con 10.000 habitantes en su momento de esplendor con una cohorte permanente, sólo superado en la provincia Tarraconese por Zaragoza y Tarragona con 20.0000 habitantes cada una y en la península hispánica era Mérida la ciudad romana más grande con 25.000 habitantes, por tanto Veleia era “enorme” para su época. Veleia (hoy Iruña de Oka), debió de ejercer una influencia política y comercial importante en el mundo vasco-romano. La importancia del Imperio romano en los idiomas se refleja en que sólo el euskera y el gaélico sobrevivieron en Europa a su devastadora maquinaria bélica y burocrática y religiosa después. Parece muy difícil de averiguar si estas ciudades, donde sólo la clase dirigente sabría latín , tuvieron la influencia que después tendrán Vitoria o Pamplona sobre el euskara, pero la lógica nos dice que debió de ser así.

Las diócesis surgieron a partir del siglo IV con Calahorra y Pamplona. Su influencia inicial sobre una población que convirtieron al cristianismo es lógica si se observan hechos parecidos más recientes y documentados como la cristianización de América, pero esas primeras diócesis no coinciden ni de lejos con las diferencias dialectales que observamos hoy en día. El empleo del latín en la liturgia y en la escritura hasta el Concilio de Trento del siglo XVI, nos hace pensar que su influencia anterior a ese siglo sobre los euskalkis fuera escasa, y parece estar más relacionada con la creación de idiomas romances en detrimento del propio Euskara, al menos en las zonas bilingües, como el castellano en la diócesis de Valpuesta .

3. La creación del reino de Navarra
Tobar y Mitxelena en 1968 dijeron “La lengua vasca se conservó probablemente porque los vascos como los cántabros se rebelaron contra los invasores y no llegaron a ser incorporados a los reinos francos y visigodos”.

“(…) los dialectos han venido distanciándose unos de otros a lo largo de los siglos, desde los primeros textos medievales que nos permiten apreciar la distancia interdialectales hasta la actualidad. Los dialectos del euskera moderno tienen pues más distancia entre sí que los del euskera clásico (siglos XVI al XVIII), y éstos, a su vez, tienen más que los del euskera medieval (siglos XI-XII)”. “El euskera arcaico” Luis Nuñez Astrain (2003).

Tras la caída del imperio romano se produce una gran convulsión social. En el territorio del euskera se puede ver una primera etapa de revueltas populares que difícilmente se pueden achacar a simples campesinos, pues llegaron a tomar la ciudad de Tarazona, que estaba fuertemente amurallada, o devastar la comarca de Zaragoza, eran los movimientos bagaudas.

Tras el desorden inicial, surgió en el territorio del euskera un único ente político y un único pueblo, plasmado en el ducado de Baskonia, sobre los siglos VI-VII, del que hablan los cronistas de la época. De él surgió un núcleo de resistencia al imperialismo germánico al que los francos llamaron “nauarri”, que se convertiría en el germen del Estado baskón de Pamplona-Navarra en el siglo IX. Ya no hay “pueblos vascos” en plural, sino que francos, visigodos y después musulmanes, hablan de un único pueblo. El Estado nabarro llega a su plenitud con Sancho III el Mayor a comienzos del siglo XI. La unidad política traerá la unidad en el idioma que observan Koldo Mitxelena y Koldo Zuazo, sin olvidar que el propio Sancho III el Mayor impulsó también la unidad religiosa que se completó en el siglo siguiente.

El reino de Navarra, hija del ducado Baskón, supuso una revolución religioso-social en la Navarra Occidental que hoy no podemos imaginar, donde debieron de tener una gran influencia las innumerables iglesias levantadas donde antes apenas había construcciones de piedra, y aún más, en aquella escasa población de tradición oral, la predicación de letrados clérigos que debieron llegar con ellas desde otros territorios del reino, que por tanto, también eran euskaldunes (diócesis de Armentia y Pamplona como hemos visto):
En Bizkaia no existen restos católicos anteriores al siglo XI , cuando Sancho III el Mayor introduce el románico desde Leire. Es más, los restos de iglesias del siglo XI en Bizkaia se reducen a 16 ventanas y no es hasta el siglo XII, con Alfonso I el Batallador y después con Sancho VI el Sabio, cuando casi todos los municipios de la Bizkaia actual se crean entorno a las recién fundadas parroquias o anteiglesias que reestructuran todo el territorio, con la constatación de de docenas de iglesias y ermitas de ese románico tardío, la mayoría de realengo, por tanto son reflejo de una actividad política desde el centro del reino disfrazada con sotana. En Gipuzkoa hay al menos una veintena de restos de iglesias del siglo XII y en Alaba existen 240 ermitas o iglesias de época románica. Esta frenética actividad eclesial y de construcción, debió de llevar consigo una uniformización en estas tierras de aspectos como el idioma, pues es muy improbable que antes se hubiera producido una presión político-social suficiente desde el centro del reino (Nájera, Pamplona o Leire) para que Mitxelena o el propio Koldo hablen de un euskera común Alto Medieval.

“Parece claro que en países con población rural ha debido de prevalecer más que en zonas con ciudades de regular tamaño el régimen monasterial y de patronatos o dominios laicos como el que se da en Vizcaya” Julio Caro Baroja .
El historiador navarro Lacarra comentaba al respecto: "fundamentalmente parece que el capital necesario para la edificación de las parroquias procedía de las rentas que les concedieron los reyes (...), son constantes las donaciones que los reyes hacían utilizando el erario público”. Hacia el año 1500 la parroquia era todavía una institución civil, posteriormente ese nombre quedó exclusivamente para designar las demarcaciones del clero.
El primer historiador bizkaino, el banderizo Lopez García de Salazar en el libro XXV, confirma el hecho de la fundación de monasterios por parte de la corona Navarra (iglesias de patronato laico bien realengas o bien diviseras). Habla de una primera fase, relacionada la lucha contra los musulmanes que correría a cargo de los caballeros (por tanto alejada de tierras bizkainas, gipuzkoanas y del norte de Alaba), una segunda fase donde es la corona la que funda monasterios al aumentar la población y para consolidad su poder, y sólo en una tercera fase la iniciativa vendría de Roma con el aumento de las villas y la construcción de iglesias en ellas para cobrar el diezmo, por tanto más en los siglos XIII-XIV y dentro ya del estilo gótico .

Pedro Mari Ojanguren comenta en “Paseos por Orozko”: “¿Cuándo se constituyeron las parroquias de Orozko como tales? No hay noticias de ello, como tampoco las hay del resto de Bizkaia. Pero si situamos la creación de los arciprestazgos, entre ellos el de Orozko, a finales del siglo XII, podemos aventurar que las parroquias también son de ese mismo tiempo. A ello contribuye, por otro lado, la datación en estas fechas de muchos de los templos parroquiales de Bizkaia”.

En las actuales provincias de Iparralde, curiosamente, el románico y la actividad eclesial también se disparan bajo el reinado de Sancho III el Mayor, mediante su tío y vasallo Sancho Guillermo, del que heredó luego el ducado el rey navarro.

El primer mapa del reino de Pamplona-Navarra (donde también se dibuja el ducado de Baskonia), se encontró en el monasterio de Saint Server (Aire d´Adour) y es precisamente de esta época (s. XI), fue hallado en uno de los principales templos de la Baskonia continental, que habría dibujado la mano de un clérigo emparentado con la más noble familia de Zuberoa, vasalla de Navarra, y después una de las 12 familias más importantes del reino: Estefano de Mauléon, Stephanus Garssia Placidus. Se trata de un códice de 208 páginas adornadas con 102 miniaturas, de los más importantes de Europa.

Por tanto, dentro del reino navarro el gran unificador hay que buscarlo en la cristianización y restructuración en anteiglesias de aquellas zonas que permanecían paganas (el saltus vasconum: Bizkaia, Gipuzkoa, norte de Alaba y la zona pirenaica), desde la actividad política de los tenentes o señores que venían de la corte pamplonesa en muchos casos o estaba estrechamente relacionada con la misma, como administradores de las tenencia y de los señoríos-condados en todos los aspectos tanto económicos, como sociales-religiosos y judiciales.

Parece que los señoríos, condados o tenencias navarras tuvieron un efecto unificador en los euskalkis al no ser demarcaciones feudales, sino “tenencias” donde los tenentes son meros administradores en todos los aspectos de la vida ciudadana en nombre del rey. Esto explicaría el hecho cierto del aspecto unificado del euskera de esos siglos expuesto por los socio lingüistas.

4. La Ocupación militar del reino Navarro
Al ser más reciente, tenemos más datos de la conquista militar de Alta Navarra por las tropas de Fernando el Falsario, 1512-24. La represión sobre el euskera tras la conquista debió de ser tan brutal como la que padecieron sus hablantes, el pueblo navarro, desposeído incluso de sus nombres de pila en “lengua navarrorum”, que se prohibieron en ese siglo XVI hasta hace pocos años (con un pequeño período en medio a principios del siglo XX), aunque algunos crean que estas cuestiones sólo pasaban con el gran caudillo español Francisco Franco.

Koldo Zuazo en su estudio recogido en el libro mencionado, “Euskalkiak, euskararen lekukoak”, es contundente al remarcar que la principal diferencia, si cogemos todas la diferencias entre los dialectos del euskera, la marca la frontera entre los dialectos del oeste y centro (el “bizkaino” y el gipuzkoano) y el resto (alto navarro e Iparralde).

“Oso ezaugarri haziak banatzen du Euskal Herriak zati bitan. Alde batean daude mendabala eta erdialdea eta bestean berriz Iparraldea eta euskara nafarra (garaia). Hauxe da hain zuzen euskararen baitan dagoen banaketarik garbienetarikoa, nahiez eta orain artean sekulan ez den argiro nabarmendu”. (…)

Es una frontera dialectal que lo fue política desde finales del siglo XII al XVI, donde debieron de surgir por tanto las diferencias fundamentales entre esas dos comarcas dialectales, fruto, simplemente, de la imposición militar sobre los navarros, separándonos entre “bizkainos” y los que podían seguir llamándose navarros.
Los navarros occidentales: bizkainos, alabeses y gipuzkoanos, conformaron una unidad política inicial muy efímera como Señorío de Bizkaia, e incluso al euskera se le llamó “bizkaino” en esos siglos .

Así, el bizkaino actual debió de gestarse del siglo XII en adelante, y queda para los lingüistas averiguar lo poco que quedaría del dialecto del euskera arcaico de karistios o autrigones.
Las diferencias del bizkaino no se acentúan hasta el siglo XIX, según Lakarra (1986) y Koldo Zuazo (1988), lo cual podría achacarse según el último, a la irrupción del euskera bizkaino literario, donde muchas veces se han buscado las diferencias con el resto de euskalkis, por muy marginales que fueran al inicio en su extensión. El propio Koldo en su libro “Euskalkiak, herri baten lekukoak” recoge varios ejemplos, como usar el verbo “dauz” (“tiene”) por el más antiguo y extendido en el propio bizkaino de “ditu” e igual al resto de euskalkis.

El valle de Leintz del Alto Deba no se incorporó hasta el siglo XVI a Gipuzkoa (Arrasate, Aretxabaleta, Eskoritza, Bergara y Gatzaga) y el Señorío de Oñate hasta 1845. Todo el Valle del Deba perteneció al señorío de Bizkaia durante el reino de Navarra y luego a la tenencia de Aitzorrotz (el Bajo Deba de Eibar, Mendaro, Soraluze, Mallabia, Elgoibar, Deba, Ermua y Motriko y los pueblos mencionados del Alto Deba). Aún hoy, en cuanto a organización territorial, el Alto y Bajo Deba están separados.
La pervivencia de un euskera occidental (el llamado bizkaino) en todo el valle del Deba, se ha debido probablemente a su fuerte vinculación económica con el resto de comarcas occidentales y más escasa con la Gipuzkoa central.

Por el contrario, se observa que el Bajo Deba, incorporado antes a la “provincia” de Gipuzkoa, tiene una mayor influencia en su euskalki del euskera gipuzkoano, pero en este caso no parece ser la demarcación política la principal razón.

La estrecha relación con la zona colindante de Bizkaia es evidente. Así, para Elena Barrena, el topónimo de “Markina” data desde el siglo XIV “denominó a una amplia zona situada entre el valle de Itziar y Durango, comprendiendo las tierras de las actuales Marquinas vizcaínas, Echeberri y Jemein (sic) –entonces Marquina de Yuso– (o de abajo), y las guipuzcoanas Eibar y Elgoibar Marquina de Suso (o de arriba)-”, es decir, eran tierras de frontera entre Bizkaia y Gipuzkoa, “marcas”.
La influencia del euskara gipuzkoano en el Bajo Deba es superficial y debe ser bastante reciente, quizás fruto de la revolución industrial que tanto marcó esa comarca a finales del siglo XIX principios del XX o el turismo interno gipuzkoano en la costa en el siglo XX, pues como veremos, los gobiernos de los diferentes territorios (Juntas) en los que quedó dividido el reino Navarro en su parte Occidental, en la época Foral, no se preocuparon del euskera ni supusieron territorios económicos cerrados.

Se podría pensar que las pequeñas diferencias entre el euskalki de Bizkaia y el de Alaba, observables por ejemplo en el libro de J. Pérez de Lazarraga, puedan tener un origen político (dos provincias diferentes tras la ocupación militar de la Navarra Occidental), pero no hay corte alguno entre sus subeuskalkis bizkainos u occidentales, sino más bien un continuo, por lo que la simple distancia y la falta de centralidad política explicarían mejor esas diferencias y las relaciones económicas los subeuskalkis dentro de ellos (sin olvidar en este caso otros factores que mencionamos, como varias congregaciones religiosas, al menos en el caso de Bizkaia).

Gipuzkoa durante el reino de Navarra no tuvo una personalidad propia, en realidad había varias tenencias dentro de la actual provincia y no una unidad administrativa, por tanto el euskalki del euskera gipuzkoano difícilmente es anterior al siglo XII.
La comarca de Irun, Oiartzun y Hondarribia, mantenían relaciones comerciales y sociales estrechas con Pamplona desde época romana, con la que les unía una importante calzada, y antes como salida natural hacia el mar del pueblo de los baskones al que pertenecían. En el reino formaron una tenencia propia.
De hecho intentaron integrarse en Alta Navarra tras su conquista, así entre 1638 a 1666 y en 1702 y lo lograron entre 1805 a 1814. Tras un estudio de los continuos litigios que se producían en la zona y un informe posterior, se dictó una Célula Real española en tal sentido en la que intervino incluso el rey de España Fernando VII, por la que se obligó a Hondarribia a integrarse en Gipuzkoa. En el mismo informe, se recomienda crear un pueblo con los barrios de San Juan (Hondarribia) y el de San Pedro (Donostia), de donde nació el pueblo de Pasaia actual, nombre de un caserío de la zona (el nombre de Pasajes se usa hoy sólo para el puerto).

Por tanto, las diferencias entre el gizpuzkoano y alto navarro, se debieron de producir también en esos siglos, entre el XII y el XVI cuando Alta Navarra es ocupada y la “frontera de malhechores” desaparece. Las relaciones comerciales por ser territorios cercanos y economías naturales, explicaría la proximidad del euskera gipuzkoano y el alto navarro, siendo paradigmático de esta fuerte relación social y económica la influencia de Tolosa en los valles alto navarros de Araitz, Larraun, Basaburua e Imotz, donde se habla gipuzkoano.

La ocupación militar de la Navarra Occidental en varias fases del siglo XII debió de ser determinante en la configuración de los euskalkis.

4. La separación de Iparralde y Hegoalde
Es cierto que Lapurdi y Zuberoa se incorporaron con el ducado Aquitano a la corona inglesa en ese mismo siglo XII (tras la toma del ejército inglés de Baiona en rebeldía), aunque como territorio vasallo gobernado por los propios vascos como señala el historiador suletino L.Davant. En el caso de Zuberoa la relación con el reino de Navarra se mantuvo mucho más estrecha hasta la ocupación del ejército aquitano-inglés del castillo de Mauleón a principios del siglo XIV. Pero, tras la guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia, Zuberoa y Lapurdi pasaron al vizcondado del Beárn. La unión política con Navarra vino poco después, a mediados del siglo XV, mediante matrimonio de la reina de Navarra y el conde del Beárn que era independiente del reino francés.

Por tanto, realmente, el euskera de Iparralde se separó del de Alta Navarra entre 1512-24, el haber estado unidos hasta esa fecha es lo que marca su proximidad dialectal frente a la de los dialectos occidentales y el central o gipuzkoano.

La ocupación del ejército francés de los parlamentos donde se reunían los gobiernos independientes del Beárn y Baja Navarra en 1620, también tiene su reflejo en el euskera de Iparralde.

“Alrededor de 1600 se producen en la lengua vasca cambios tan importantes de pronunciación y gramática que nos hubieses permitido distinguir en torno a ese año dos períodos distintos (…).” “El euskera arcaico” Luis Nuñez Astrain (2003).

La unidad lingüística y la política se unen en la apreciación del suletino, historiador y político, Ohienart, para el cual, en 1657, en todo Iparralde, se hablaba un único euskalki: “Por lo demás, en reglas anteriores y en los ejemplos de las declinaciones y de las conjunciones vemos casi únicamente el dialecto de Vascetania, es decir, el usado por los vascos aquitanos, vulgarmente denominados vascos en la actualidad”.

Luciano Bonaparte hablaba de 3 euskalkis en Iparralde dos siglos después: labortano, bajo navarro y suletino. Pero los lingüistas actuales hablan más de un continuo, donde sólo los extremos se diferencian claramente, el labortano de la costa y el suletino, por tanto parece claro que sus diferencias se producen principalmente tras la pérdida de un poder central como era el Estado nabarro-bearnés en 1620, remarcándose las diferencias en los dos extremos, los que menos contactos económicos y sociales tienen. Sin olvidarnos otros factores mencionados, como la oficialidad del gaskón-bearnés entre los siglos XIV-XVI en Zuberoa y la relación económica e histórica entre ambos vizcondados.
En el Beárn se habló euskera por todo su territorio hasta perderse en los siglos XVI-XVII y en muchos valles y pueblos incluso en el siglo XIX, pérdida territorial que también tendría una explicación política.

El caso de Eskuila que Koldo Zuazo menciona, último reducto del euskera en el Beárn, era propiedad de un ricohombre bajo navarro en la Edad Media, es otro caso paradigmático de cómo es la política la que mayores diferencias crea entre dialectos.

5. Otras explicaciones políticas de algunas comarcas
Algunas diferencias que Koldo Zuazo observa, tienen claras explicaciones políticas fruto de la conquista: la actual frontera española-francesa, totalmente artificial y sólo justificable por la violencia armada ejercida contra los vascos, se fija en 1659 en el "Tratado de los Pirineos" en la isla de los Faisanes sobre el río Bidasoa, copropiedad durante 6 meses de Irun y Hendaia, hoy Lapurdi-Gipuzkoa, isla llamada "Konpantzia" en euskera. El llamado Tratado de “Paz” de los Pirineos se produjo tras la ocupación militar del reino de Baja Navarra y Beárn por las tropas francesas en 1620 y después de 24 conferencias llevadas a cabo entre Luis de Haro y el Cardenal italiano Mazarino en 1659 (que eran la personas que realmente mandaba en Francia, la primera potencia mundial para entonces).

En 1765 el rey español y el francés firmarán el “Tratado de Elizondo” (Baztan), para marcar la frontera entre Baja Navarra y Alta Navarra, pues no existía, había una gran comarca a modo de “marca” entre los Estados ocupantes español y francés.

El hoy pueblo alto navarro de Luzaide es fruto de la división administrativa española y francesa llevada a cabo en 1765, cuando el rey español y el francés firmaron el “Tratado de Elizondo” (Baztan) para marcar la frontera entre Baja Navarra y Alta Navarra, pues no existía.
Urdazubi, Zugarramurdi y Luzaide son poblaciones hoy alto navarras pero insertadas tardíamente en esta nueva frontera política por lo que hablan todavía los euskalkis labortano y bajo navarro en el caso de Luzaide, que por tanto debieron de surgir entre la ocupación de 1512-24 y esa fecha de 1765. Para su estudio ya hay testimonios escritos tan importantes como los del propio Axular, Pedro Agerre Azpilicueta (1556-1644), escritor de la obra cumbre de la literatura vasca "Gero" (1643), nacido en el caserío “Axular” de Urdazubi (Urdax), Alta Navarra, pero donde se habla euskara labortano.

Lo cierto es que hasta el "Tratado de Baiona" de 1856, el río Bidasoa no fue frontera entre el Estado francés y el español. Ambas orillas del río en su desembocadura al mar Cantábrico eran jurisdicción de Hondarribia, e incluso la población de Hendaia (hoy dentro del Estado francés) no era sino un barrio de dos casas (Iturriaga y Etxeberri) de la localidad gipuzkoana. En ese tratado, el valle de Aldude, que hasta entonces había formado una unidad territorial, queda dividida entre los dos Estados conquistadores del Estado de Nabarra, País Baskón, que se reparten el botín de guerra. Además se crearon las demarcaciones entre el Baztan, Balderro y Baigorri.

6. Acercamiento entre los dialectos de Hegoalde
Es contundente esta afirmación de Koldo Zuazo: “Ez da erraza argitzea bikoiztasunaren zergatia. Garbi dago, Gipuzkoa, Bizkaia eta Nafarroako sartaldean bateratze bat izan dela joan den hiru mendeetan, XVIII.ean hasi eta orain arte.”
No cabe duda, la conquista de todo el territorio navarro sur pirenaico por España, acercó, “curiosamente”, de nuevo los euskalkis de la Navarra Occidental y Alta Navarra, tras los dos primeros siglos de represión brutal sobre la población de Alta Navarra que narra Peio Esarte en su libro “Represión y reparto del Estado navarro”.

7. La creación de nuevas unidades administrativas
Recientemente, el imperialismo ha creado nuevas divisiones dialectales mediante políticas lingüísticas diferentes, pues durante el Régimen Foral, las Diputaciones no se habían preocupado por el euskera, aunque como dijo Koldo Mitxelena en “Historia de la literatura vasca”:

“Sería inexacto suponer que las autoridades fueron opuestas, por razones mejores o peores a fomentar el uso de la lengua vasca y sólo ésta. Obras inéditas en castellano salieron con retraso parecido: la “Suma” de Zaldibia, muerto en 1575, vio la luz en 1945; el compendio de Isasti, escrito hacia 1620, en 1850, la crónica de Ibargüen-Cachopín continúa inédita. En realidad, en Guipúzcoa y Vizcaya por lo menos, la aversión se extendía sin discriminación a todo escrito en la lengua que fuera. La única literatura que se costeaba sin regateos era la legal de los interminables pleitos por atribuciones, límites o precedencias.
No obstante lo dicho, sería injusto en sumo grado acusar a los vascos de los siglos XVI a XIX, incluso en sus clases más elevadas, de menospreciar la lengua. Aparte de que tal acusación quedaría desmentida por la tenaz adhesión que el pueblo ha venido prestándole, todos los vascos han sentido un orgullo desmedido por su idioma, orgullo que ha encontrado su expresión más conocida en las numerosas apologías que se le han dedicado desde el siglo XVI”.

Los Estados nunca se habían preocupado tanto por el idioma que hablaba su pueblo como desde la creación de los Gran Estados-nación totalitarios tras la Revolución Francesa, pero sus políticas afectaron a la expansión y a la unificación de los idiomas imperiales, pues menosprecian los idiomas de los pueblos cuyo Estados habían conquistado, los “patois ”.
Pero, recientemente, la situación ha cambiado, la pequeña autonomía que consiguieron a finales de los años 70 las diferentes comarcas en las que quedó dividida la Navarra sur pirenaica (Comunidad Autónoma Vasca y Comunidad Foral Navarra, CAV-CFN), ha acarreado la uniformización del euskera dentro de las mismas debido a su gran influencia mediante la enseñanza y políticas lingüísticas. La misma importancia han tenido en la uniformización los medios de comunicación, que nunca habían tenido la fuerza que tienen hoy en día, más en un “mundo globalizado”, y que nunca habían tenido una continuidad en euskera, todo ello a favor del euskera batua con base gipuzkoana, si se prefiere del Beterri-Tolosa.

Tanto es así, que muchos niños de cualquier provincia vasca sólo hablan en batua, lo que está provocando que las diferencias entre los euskalkis vuelvan a desaparecer, pero se están acentuando entre Estados, así, la distancia entre el euskera de Iparralde y Hegoalde es cada vez mayor (hecho que también constata Ibon Sarasola en su libro “Euskara batuaren ajeak”). Del mismo modo, aunque con mucha menor intensidad, también se observan recientes diferencias dialectales entre las diferentes administraciones españolas (CAV-CFN).

En Oiartzun las hermanas Fraila en 1996 estudiaron el euskera por barrios y encontraron que los más cercanos a Alta Navarra eran los que tenían un euskera más parecido ese euskalki, es más, también detectaron que los jóvenes tenía ya una presencia importante en su euskera del gipuzkoano que no tenían sus mayores.

El Ronkal, Salazar o Aeskoa son valles alejados de otras poblaciones de Alta Navarra y que miran a sus vecinos de Iparralde, también en su euskalki, pero entre la juventud ya se empieza a notar la presencia del batua y la unidad administrativa española de la Comunidad Foral Navarra. Este mismo ejemplo se repite en el Baztan.

Oiartzun-Hondarrabia e Irun hablan un euskalki intermedio entre labortano y alto navarro: por su relación natural social y económica. Lezo y Renteria hablan un euskera más parecido al gizpukoano, pero como señala K.Mitxelena: “siempre había pensado (…) que la mezcla del alto navarro y guipuzcoano que se observa en el habla de Renteria se explicaba por una penetración continua de formas guipuzcoanas en el primitivo fondo navarro”. Son ejemplos que recoge Koldo Zuazo en el mencionado libro.

Todo ello nos puede llevar a que en un futuro que no parece tan lejano, haya dos euskalkis, el de Iparralde y el de Hegoalde, con pequeñas diferencias ancestrales dentro entre ellos, más remarcados cuanto más lejos estén los hablantes o menos relaciones cotidianas tengan .

CONCLUSIONES

Los dialectos actuales no coinciden con los del siglo I ni con las diócesis eclesiales, su evolución ha sido paralela a la del propio Pueblo baskón.

Los euskalkis no son estancos a los largo de la historia ni en cuanto al territorio ni en cuanto al grado de sus diferencias: Pueblos diferentes prehistóricos con sus idiomas parecidos nos unimos en los siglos VI-XII y después la desunión política, fruto de la ocupación militar del Estado baskón de Nabarra que provocó el alejamiento también en sus hablas. Dentro de cada territorio, habría otros factores que marcarían o atenuarían las diferencias entre los euskalkis: la Iglesia y las diócesis sobre todo a partir del Concilio de Trento del siglo XVI, el trasiego económico y las grandes villas o mercados, el aislamiento parcial de algunos valles y el euskera literario, principalmente. En nuestros días, el euskera batua introducido desde la enseñanza, ETB, radio y prensa, sería un nuevo factor de uniformización pero que no consigue superar el principal elemento de desunión: los Estados español y francés.

Por tanto, los dialectos hoy observables son básicamente, fruto de la conquista que provocó la pertenencia a diferentes Estados de los territorios nabarros y dentro de ellos incluso a diferentes administraciones, situación que se extiende hasta la actualidad, lo que provoca que continúe el alejamiento actual del euskera de Hegoalde y el de Iparralde como principal rasgo dialectal actual, y en menor medida también el de Alta Navarra frente al de la Navarra Occidental, insertados en unos entes administrativos españoles con cierta autonomía CFN-CAV .

Los dialectos del euskera se diferencian muy poco dadas las circunstancias políticas negativas para los baskones, si hoy perviven las diferencias dialectales, es sobre todo por la falta de una unidad política, un Estado baskón.