CATALUNYA Y NABARRA ERAN SOBERANOS EN EL SIGLO XVII

CATALUNYA Y NABARRA ERAN SOBERANOS EN EL SIGLO XVII
Aitzol Altuna Enzunza

“¿Siset, que no veus l'estaca /on estem tots lligats? /Si no podem desfer-nos-en / mai no podrem caminar! (...) Baina guztiok batera/saiatu hura botatzera/usteltzen hasia dago ta/ laster eroriko da./Hik bultza gogor hortikan,/ta bultza nik hemendikan,/ikusiko dek nola, nola/laster eroriko dan.” L´Estaca, Lluís Llach.


Existió en Nabarra en el año 1648 un intento poco conocido de alzamiento para volver a la independencia perdida, siglo en el que el reino de Nabarra desapareció como Estado soberano en 1620. Eran años donde los Estados invadidos por los dos grandes imperios del momento, España y Francia, se revolvieron, gracias al vigor demostrado por los Pueblos oprimidos por el imperialismo y su intento de uniformizarlos y explotar sus recursos y personas.

El rey del imperio español de la familia germánica de los Austria o Habsburgo, coronado como Felipe II siguiendo la nomenclatura castellana, estaba emparentado con la corona portuguesa por parte de su madre Isabel de Portugal, por lo que quiso quedarse con la corona portuguesa tras quedar vacante el trono al morir su rey en una batalla en Marruecos, entrando el duque de Alba con el ejército imperial español a sangre y fuego en el Estado luso derrotando al ejército popular portugués en 1581, como antes lo hizo su antepasado en la Nabarra reducida (1512-24).

Sus sucesores Felipe III y Felipe IV endurecieron las condiciones de los portugueses, impusieron nuevas leyes, impuestos etc., por ello ese período de la historia de Portugal se conoce como los "60 años de cautiverio". Con la conquista de Portugal una única fuerza política mandaba sobre los diferentes reinos de Hispania desde los romanos, como después pretendía San Isidoro de Sevilla habían hecho los fugaces godos de origen escandinavo (s. VI-VII), aunque éstos en realidad nunca consiguieron doblegar a los baskones.

Portugal recuperó su independencia violentamente quitada contra la voluntad del Pueblo portugués, el cual se alzó en armas contra el invasor y tras una larga lucha (1640-1668) logró expulsar a los tercios españoles. La paz vino con la firma del “Tratado de Lisboa”, en el cual España recibió a cambio de abandonar Portugal la plaza colonial de Ceuta en el norte de África, hasta entonces portuguesa. Galicia hizo un tibio intento de seguir a sus hermanos portugueses con los que ya estuvieron unidos en el pasado (s. XI), pero sobre todo fue Catalunya la que se levantó contra las tropas imperiales españolas y el intento del conde duque de Olivares, primer ministro o válido de Felipe IV, de intentar equiparar todos los “reinos de las Españas” como se llamaban entonces: Multa regna, sed una lex, “Muchos reinos, pero una ley», con la obligación implícita de sostener el ejército imperial español aportando dinero y hombres, carne de cañón para los intereses del rey de las Españas, sin contraprestaciones.
El conde duque Olivares a Felipe IV: "Tenga V.M. por el negocio más importante de su Monarquía, e hacerse rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente V.M. con ser rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, conde de Barcelona sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España, al estilo de Castia sin ninguna diferencia, que si V.M lo alcanza, será el Príncipe más poderoso de mundo" (…) "Que todos sus Estados procedían de herencia legítima, salvo Navarra y territorios de Indias, que fueron conquistados"..

Es la conocida como “Guerra dels segadors” o “Guerra de Catalunya” (1640-1652). Los hechos empezaron en el mes de enero de 1640, cuando las villas de Catalunya tuvieron que alojar a 40.000 soldados reales para pasar a luchar a Francia. En realidad Catalunya era un frente más de la guerra de los Treinta Años que enfrentaba a la Francia de los borbones con España y Alemania de los Habsburgo por la hegemonía imperial en Europa (1618-1648). Las exigencias y los abusos de la soldadesca española que llegaron a quemar poblaciones enteras, generaron una auténtica espiral de violencia. Los actos de represión indiscriminada y los choques entre campesinos armados y soldados fueron creciendo. Los campesinos, al modo de una “matxinada”, entraron en villas y ciudades y provocan disturbios, siendo herido uno de ellos. El conde duque de Olivares ordenó el encarcelamiento de dos consejeros de Barcelona y del diputado de la Generalitat Francesc de Tamarit, acérrimo defensor de los Fueros o leyes catalanas.
Los dos insurrectos fueron liberados el 7 de junio, el día del Corpus de Sangre, junto con otros presos por dos mil campesinos armados que entraron en Barcelona (“Museo de historia de Catalunya”) y que causaron la muerte del odiado conde de Santa Coloma, noble catalán y virrey de Catalunya, título que se le daba al gobernador impuesto por la corona española a modo colonial, lo cual reforzó el conflicto, pasaje recordado en el actual himno catalán.
En 1640 la Generalitat, presidida por Pau Claris, y el Consell de Cent, rompió con la monarquía hispánica proclamando unilateralmente la independencia a modo de República catalana soberana el 17 de enero. Felipe IV y el conde duque Olivares planearon la invasión del Principado. Pau Claris convocó una Junta de Brazos y tomó medidas para crear un ejército catalán y por tanto un Estado catalán independiente. Paralelamente, representantes de las instituciones obtuvieron del rey francés Luis XIII en Guerra con Felipe IV, el compromiso de ayuda militar a una república catalana pues el Pueblo había tomado las calles y la oligarquía catalana no conseguía controlarlo.
Luis XIII, rey de Francia educado por Richelieu que gobernaba con mano dura el reino de Francia, acababa de anexionar la corona soberana de Nabarra a la de Francia mediante el Edicto de la Unión de 1620, impuesto militarmente el 15 de Octubre de ese año con la toma de las Cortes Nabarras de Donapaleu y los Estados Generales del Bearne de Pau: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Navarra y nuestro país y soberanía de Bearne, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”. Richelieu había declarado en 1628 que "tanto Navarra como el franco-condado nos pertenece". En 1621, en el debate de los Estados de Bearne, se acordó por unanimidad declarar “traidores a la patria” a todos los que aceptarán el Edicto de la Unión con Francia. Por tanto, Luis XIII no fue reconocido por los representantes de los Estados de Nabarra y Bearne como su rey, por lo que fue una invasión contra los Tratados Internacionales y sin previa declaración de guerra; la situación duró hasta la brutal represión tras la Revolución Francesa (1789) contra la población baskona con cientos de muertos y masivas deportaciones de la población civil.

Como señaló Tomás Urzainqui en una intervención ante la “Comisión de Autogobierno del parlamento español de la C.A.V”., en la Nabarra Occidental en mayo del 2002: “Para las Cortes y Estados Generales de Navarra-Bearne, la “unión” a España o a Francia significaba el fin de las libertades garantizadas en sus Constituciones y la introducción de prácticas absolutistas, autoritarias y neofeudales; así se amortigua la brasa que desde 1512 y hasta 1620 se había mantenido encendida al Norte de los Pirineos después de la ocupación del Sur. Pero la libertad y la soberanía no se extinguen ni prescriben”.

La invasión española de la Catalunya convertida unilateralmente en Estado independiente, comenzó por Tortosa en noviembre de 1640 y en enero de 1641 las tropas estaban ya en Martorell, los soldados españoles siguieron con sus abusos enconando aún más al Pueblo catalán contra ellos. La Junta de Brazos, presionada por Richelieu, proclamó al rey francés Luis XIII conde de Barcelona. La batalla de Montjuic del 26 de enero 1641 entre españoles y catalanes apoyados por las tropas francesas, dio paso a la guerra de los dels segador que duró casi 19 años. El presidente de la Generalitat Pau Claris murió un mes después de la victoria de Montjuic y las nuevas autoridades no podían detener los excesos de los lugartenientes franceses.
Luis XIII tomó el Rosellón con su ejército, así como Monzón y Lleida en 1643, Felipe IV al año siguiente recuperó las dos últimas plazas. España no pudo tomar Barcelona hasta 1651, jurando al año siguiente Felipe IV los Fueros catalanes. El Borbón Luis XIII traicionó a Catalunya y firmó el “Tratado de los Pirineos”, por eso luego Catalunya no apoyaría al francés y primer rey Borbón Felipe V, quitándoles éste los Fueros y todas sus libertades hasta el presente -a pesar de haberlos jurado en 1701-, junto al resto del reino de Aragón y principado de Catalunya al que se había unido en el siglo XII y mediante los “Decretos de Nueva Planta”.
La actual frontera española-francesa, totalmente artificial, se fijó en 1659 en el "Tratado de los Pirineos" en la isla de los Faisanes el sobre el río Bidasoa, copropiedad durante 6 meses de Irun y Hendaia (en realidad un barrio de Hondarrabia), Lapurdi-Gipuzkoa, isla llamada "Konpantzia" en euskara. El llamado Tratado de Paz de los Pirineos se produjo después de 24 conferencias llevadas a cabo entre Luis de Haro y el Cardenal italiano Mazarino en 1659 (que era la personas que realmente mandaba en Francia, la primera potencia mundial para entonces frente a España que había perdido este puesto); el Tratado fue ratificado por el compromiso contraído entre Luis XIV rey de Francia y la infanta española Mª Teresa. Se aprovechó ese Tratado para separar el sur y el norte pirenaico tanto de Nabarra como de Catalunya hasta el presente.
En esta guerra de “Los Treinta Años”, el imperio Español salió derrotado y perdió ante Francia el Rosellón catalán y la isla de Cerdeña que pertenecía el reino aragonés-catalán, pudiendo recuperar después Lleida que también había perdido. En 1648, aprovechando el estado de excepción y los numerosos frentes abiertos al Imperio español, las tierras holandesas se independizaron de España; Sicilia y Nápoles se alzaron también contra el imperio.
En esta guerra, el virrey colonial que se había impuesto a Alta Navarra tras su invasión (1512-1524), tenía órdenes muy concretas: convertir Alta Navarra en un centro más de reclutamiento de tropas para ir contra Catalunya, pero la Diputación Foral protestó por contrafuero y sólo salió medio batallón el cual desertó en masa abandonando las banderas impuestas por los españoles (Javier Gallastegui “Don Miguel de Iturbide y Navarra en la crisis de la monarquía hispánica 1638-1648”).
En Nabarra en 1648, el capitán Miguel de Iturbide diputado del reino y personaje importante conocido en la Corte Nabarra por sus pulsos con el virrey español, salió a favor de los desertores al ejército español, lo que creó gran revuelo en la Corte madrileña que temía una revuelta en toda Nabarra donde aún seguía la represión española con su ejército acantonado en la Ciudadela por miedo al Pueblo nabarro. Miguel fue llamado a la Corte española para “aclarar ciertos asuntos”; el rey de España, Felipe IV, trató de llevar a la prisión de San Marcos en León a Iturbide, como dejó escrito: “por cuestiones encaminadas a mayor quietud y sosiego de la ciudad de Pamplona”.

Como relata Carlos Padilla, el ex maestre de Campo del Ejército de Catalunya encarcelado en la Corte de la cárcel: “a un caballero llamado D. Miguel de Iturbide y a otro letrado (Zuría Mayor, capitán de caballos corazas), ambos navarros, perecieron esta otra noche; ya son muertos, dicen que de repente”. En una carta de un cortesano español se justifica: “el pretexto fue conjuración en Navarra, eran de allí entre ambos” (“Represión y reparto del Estado navarro” Pedro Esarte).

Se le acusaba por tanto a Miguel de Iturbide de intentar conspirar con ayuda francesa para recuperar la independencia de toda Nabarra en un momento en el que España parecía desmoronarse ante el empuje de los Pueblos oprimidos por el imperio, por lo que fue detenido, llevado a Madrid y fusilado. Iturbide era pamplonés y Caballero de la Orden de Santiago, poco antes de su muerte declaró: "la lengua matriz de este reino, en todo lo que toca las montañas, desde la ciudad de Tafalla hacia los Pirineos, y en particular en esta ciudad de Pamplona, es la bascónica o baskongada, como dicen los ystoriadores".